sábado, 17 de octubre de 2020

Elecciones en Bolivia

Ese es el hilo que subimos a twitter acerca de las elecciones en bolivia.

Pero el propósito de reabrir momentáneamente el blog es subir lo que escribimos en enero sobre la institucionalización del MAS, cuando todavía no era claro si dejarían que el partido de Evo Morales participara en las elecciones. El sólo hecho de que así sea es un triunfo político del MAS. Sus chances en las elecciones son altas, pero desconfiaría de todas las encuestas. Vamos con el artículo:

La institucionalización del MAS como respuesta al golpe en Bolivia.

La inestabilidad actual en Bolivia no es sólo producto de un golpe de Estado. Hay un hilo que conecta el exilio obligado de Evo Morales con su largo período en el poder ejecutivo. Hasta su triunfo electoral en 2005, el país vivió en una sostenida inestabilidad política en el contexto de un constante control por parte de las élites económicas —que eran también políticas— y las fuerzas armadas que formaban parte de ese poder permanente. No abundaremos en los mecanismos del golpe ni en cómo arribó al poder Áñez pero sí en algunas particularidades que hacen a la singularidad del proceso de —¡ejem!— reorganización en Bolivia (y Sudamérica).

El innegable rol de Estados Unidos

EE.UU. avanzó rápidamente para conseguir una victoria en la segunda nación más "bolivariana" del subcontinente luego de sucesivas derrotas en su objetivo principal: Venezuela. Sí, sí, Bolsonaro, Macri y la subsumisión a las estrategias geopolíticas del aún imperio global. Pero por cada decisión EE.UU. paga precios: la intromisión descarada en Bolivia y Venezuela tuvieron el costo de mostrar marcadamente los alineamientos en la región y disgregar internamente aún más a los electorados, tendiendo a una mayor inestabilidad en los subconjuntos nacionales. Esto, claro, sin asegurar en Bolivia nada más, por ahora, que la salida de Morales.

La incapacidad democrática de las elites santacruceñas 

Los años del masismo en el poder podrían ser definidos también como los años de la incapacidad de las clases acomodadas del Oriente boliviano para dotarse de un partido democrático que pudiera representar sus intereses regionales. 

Acostumbrados a un folclore político que excluía al resto del país —al altiplano, en realidad—, los "cambas" se nuclearon siempre en torno al Comité Pro Santa Cruz, suerte de Cabildo en el que los peces de billetera gorda (enrolados en distintas Logias) decidían los destinos políticos de la ciudad (y no tanto así de la región como hasta aquel 2008 del intento de secesión de la Media Luna fértil) sin consultar con la Alcaldía y, ahora, siquiera con el Gobierno Autónomo Departamental, concesión arrancada por Santa Cruz al gobierno de Morales. 

Así, los partidos y figuras políticas tradicionales (MNR, MBL, MIR) supieron ser emergentes de la Bolivia del remedo colonial, asentado en La Paz, Cochabamba y Sucre, motivo de resentimiento para el afectado orgullo camba. Paradójicamente, fue Evo Morales quien finalmente y mejor representó los intereses del Oriente boliviano, al pactar con la Media Luna una suerte de pax que aquietó las aguas cruceñas del Piraí separatista mientras les entregaba cierta autonomía y extendía el cultivo de la, oh sí, soja.

El orden del MAS entre el caos preelectoral

Luego del golpe resultaba difícil vislumbrar el camino de Morales y su representatividad. La formalización de las estructuras partidarias del MAS le permiten ahora pensar en una persistencia. A poco de consumada la destitución, muy amigablemente sugerida por los altos mandos militares, el MAS prestó a sus representantes en el Congreso para asegurar un llamado a elecciones en las que pudieran presentar candidatos. 

Pareció entonces una capitulación pero, a tres meses de las elecciones, puede decirse que con el nombramiento de Arce y Choquehuanca como candidatos, Morales comanda el único partido con una oferta ordenada. Arce como cabeza de fórmula es interpretado como un guiño al electorado centrista, una jugada arriesgada cuando muchos postulaban al militante Andrónico Rodríguez a la presidencia. ¿Aprendizajes electorales de la Argentina reciente?

El desconcierto del resto de los candidatos, sumado al escaso apoyo de Brasil y EE.UU., hace que el llamado de Jeanine Áñez a no "dispersar el voto" el próximo 3 de mayo sea una advertencia y un síntoma. Lo señala también algún editorialista cruceño al decir que “Ortiz, Patzi (...) ya no caben para estas próximas elecciones” mientras pregunta, en un inadvertido lapsus, “¿qué parte del libreto no entendieron?”. Camacho y Pumari reciben también aplazos.

Esta institucionalización del MAS, como inteligente respuesta a un golpe pergeñado contra un partido personalista que no supo pensar en una fórmula distinta a Morales - García Linera, puede rastrearse y fundarse en expresiones callejeras espontáneas surgidas al calor de la represión ejercida por las fuerzas de seguridad en noviembre pasado: el pedido no era tanto por un retorno de Morales como por la continuidad del respeto que habían ganado en la vida pública y política (muy a pesar de los cambas y elites paceñas) los olvidados de siempre en Bolivia, las cholas y cholos, los y las campesinas. No se trataba de un politizado grito de "Evo volvé" sino un más extendido "¡la Whipala se respeta, carajo!”. La semiología de esta frase permite sostener esperanzas en el hermano, vecino y plurinacional Estado: los antes olvidados anunciaban así que habían llegado para quedarse y no para retornar a un estatus pre MASista.

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