1. Múltiples lecturas. Cada actor tiene interpretaciones bajo las cuales ampararse para festejar. Clarín y Tiempo Argentino, la prensa de izquierda y LA NACION.
2. El FpV: triunfo nacional. Lectura válida para elecciones que son distritales: Verbitsky ayer demostró cómo fueron los totales nacionales de las legislativas -y no algún resultado particular y específico- los que prefiguran los resultados de las siguientes elecciones ejecutivas. El kirchnerismo tiene un piso importante de votos luego de 10 años de gobierno, de buena parte del establishment apostando por un cambio, de una campaña mediática en contra que no cesará y de dos años complicados en términos económicos, de relato, estrategia y construcción política. Si a ese combo sumamos a Lanata y los cacerolazos, hay espacio para hacer un elogio a la victoria moral también. Para sumar, además, la opción política opositora con mayor visibilidad afirma abrazar parte de sus logros como una base para luego presentar sus propuestas. No debemos olvidar, tampoco, que una elección legislativa tiene, como propósito republicano y formal, reconfigurar el sistema de fuerzas en el Congreso. De repetirse el resultado de agosto en octubre el oficialismo nacional puede mostrar que conserva su preminencia legislativa.
2. Estas PASO dieron conclusión formal al fantasma de la re-reelección. Tanto para los opositores que la agitaban como para los oficialistas que viven del bussiness del país cristinista.
3. Acabaron también, estas PASO, con el fantasma de “la oposición". No hay una sola oposición ni la habrá. El punto 2 conspira contra un Frente Capriles en 2015, pero existía y existe una base de imposibilidad material y operacional que impidió la formación de un frente opositor único aunado bajo un liderazgo claro. No existen ni un Chacho Álvarez ni un De la Rúa.
4. Massa. Habrá que ver si consigue ser, por lo menos, el Eduardo Duhalde versión post '97. Cuenta, para ello, con ventajas y desventajas. Entre las segundas, no maneja la PBA al nivel en que lo hacía Duhalde en su momento. Entre las primeras: se perfila como el candidato opositor al oficialismo, tome éste el cariz que sea. Ganó, que no es poco, pero no se comió al kirchnerismo crudo como hicieron -o pudo- parecer al momento del cierre de listas. Su hipotético crecimiento, ahora, se constituirá con votos opositores y, fundamentalmente, aquellos ubicados no con centro en el peronismo sino hacia la derecha en el esquema tradicional francés. Insaurralde, por su parte, puede crecer en votos conservadores y algo (¿poco?) hacia la centroizquierda no enceguecida por el antiperonismo.
5. El pan-republicanismo: es la segunda fuerza verdaderamente nacional y cuenta con la posibilidad de reeditar, con miras al 2015, el ACyS. El radicalismo es su socio mayoritario, pero es el socialismo el que cuenta, hoy, con el mejor candidato, aún a pesar de la edad de Binner. El comportamiento del total de votos de Unen en la CABA es todavía un misterio debido a la volatilidad de pertenencia del electorado distrital y a lo heterogéneo de los candidatos que participan en el espacio.
6. Los oficialismos distritales triunfaron, pero en menor medida que en 2011. Casos testigos de triunfos del partido gobernante: el NOA, el NEA, Santa Fe, Córdoba. Casos que atestiguan que la economía y el clima político no son el del 2011: Mendoza, Santa Cruz, Neuquén, Chubut, La Rioja.
7. 2015. De no mediar una catástrofe, dentro del peronismo se resolverá la sucesión de Cristina. De no mediar una catástrofe económica (o una política, producto de no comprender el mensaje de las urnas), Cristina algo tendrá que ver con ello. Más aún si puede mejorar aún más el nivel de vida de las clases populares. Al peronismo oficialista y al opositor se les sumarán, testimonialmente, el pan-republicanismo y un espacio de centro derecha en la figura de Macri (lo que dependerá, lamentablemente para el PRO, de cómo resuelva su futuro el peronismo primero y el FR de Massa, en un segundo momento, luego.
8. Hemos asistido al final -bastante más luminoso del esperado, por cierto- de las carreras políticas de Carrió y Solanas. Y de una parte del dispositivo oficialista: aquellos que no cuentan con votos propios y dependieron, hasta ahora, del consumo de poder electoral de CFK.
9. El mensaje de las urnas nos habla de un piso al que el país ha arribado, producto de esta década kirchnerista. Existen nuevas demandas, toda vez que aquellas surgidas de la década neoliberal y su posterior debacle, y aquellas que se acumulaban desde la última dictadura (aunque algunas perdurarán, como el más difícil juzgamiento de las responsabilidades civiles y las estructuras que aún persisten en funcionar con un chip caduco -Justicia, FF.SS.-) han sido mayormente saldadas. Los nuevos tiempos plantean nuevos desafíos. La resolución de éstos, a pesar de todo, seguirán enfrentando a visiones polares características de nuestra historia. La grieta de la que habló Lanata, lamentablemente para él y los suyos, y felizmente para quienes queremos que las cosas sigan cambiado para bien, continuará existiendo.
10. La democracia cumplirá en octubre 30 años. Es, definitivamente, motivo de alegría. Aunque debamos elongar el concepto para abarcar y comprender los intentos destituyentes carapintadas y los golpes del establishment, exitosos frente Alfonsín y Menem y fracasados ante el kirchnerismo.