lunes, 31 de agosto de 2015

¿Boleta Única, Voto electrónico o levantar la mano en una plaza?

“Si con este sistema electoral no podemos, quizás con otro sí”, podría ser el razonamiento al que apelan Macri, Massa, Sanz y Stolbizer. O sus promotores en el establishment, que tienen como único fin desbancar al oficialismo. Bueno, no, no es la reflexión que los anima: es la que tratan de vender a su electorado y –aspiran– a sus potenciales nuevos votantes. La opinión pública como objetivo con el sistema electoral como excusa.

No debería ser necesario explicar la irresponsabilidad de intentar cambiar un sistema de votación a menos de dos meses de los comicios, pero ya lo dijo Sergio: si los argentinos queremos, en 48 hs. nos ponemos de acuerdo. Claro, no considera que los argentinos todavía no se pusieron muy de acuerdo respecto a Messi y la Selección, Tévez como jugador del pueblo o sobre si Fantino es o se hace (las dos cosas, apuntamos aquí). De todos modos, como dijimos, cambiar el sistema de votación es una excusa, el fraude la excusa para la excusa. Todo es una gran excusa para justificar una probable derrota, para deslegitimar el hipotético triunfo del peronismo y mantener al sistema político en jaque merced al aparato de medios opositor y sus peones actuando en el teleteatro de nuestras vidas políticas por TN.

Julio Burdman señaló recientemente en Bastión Digital por qué las modificaciones que se proponen son, en realidad, una excusa. Apuntó: “Hace un tiempo ya que hay un cierto consenso político en Argentina acerca de la necesidad de actualizar el mecanismo de votación. Pero hay un factor que entorpece el cambio: el discurso deslegitimador que adoptó una parte de la dirigencia política y social para tratar el asunto (…) ¿Qué dice el discurso entorpecedor? (…) Dice, en resumidas cuentas, que el peronismo hace trampa, y que hay que cambiar el sistema para que el peronismo deje de hacer trampa. Obviamente, ante esas acusaciones nunca demostradas ni respaldadas en evidencia, el peronismo se pone a la defensiva. Aún cuando la mayoría de los dirigentes del oficialismo esté de acuerdo con la necesidad de hacer cambios en la forma de votar, jamás se prestará a participar en un debate que los ubica en ese lugar…”.

Se trata de una encerrona, colocar al oficialismo en una posición incómoda: si admite los pedidos de modificar el sistema electoral, estaría implícitamente admitiendo la existencia de fraude. Si no lo hace… ¡es porque quiere ganar con fraude! ¡Todos a las plazas! ¡A guglear fotos de marchas de antorchas en Honduras! En ajedrez, lo que intenta la oposición se llama Stalemate, claro que en política existe la posibilidad de saltar los escaques de jaque moviendo al Rey, por ejemplo, como a un caballo. Lo que se dice, salir del laberinto por arriba.

La solución para la falta de fiscales, o de ciudadanos que coloquen un voto de Macri en las urnas, es la boleta única, o la electrónica, o alquilar equipos de votación a cualquier empresa privada y que al sistema lo maneje Samsung o mi vecino, que vende posnets. Como decíamos en la Agencia Paco Urondo, “...va a ser un tema de campaña, y formará parte de la propuesta de Macri en base a la implementación intempestiva que hizo de la Boleta Única Electrónica en CABA...”. Juan Pablo Ruiz Nicolini (@tuQmano) señaló, antes de las elecciones en la Ciudad Autónoma, las diferencias entre la implementación del sistema en Salta y en CABA: “Uno de los problemas de la aplicación del nuevo sistema en la C.A.B.A. reside en los cortos plazos entre las sanciones de las normas que regulan los preocesos electorales y las fechas de los comicios. Este problema de timming atenta contra una efectiva y necesaria capacitación del electorado (…) Mientras que en el pionero caso de Salta el proceso de implementación del sistema que llevó a la elección del Gobernador por parte de la totalidad del electorado tomó más de 6 años, cuatro de los cuales se realizaron elecciones, la C.A.B.A. determinó que todos los habilitados para elegir Jefe de Gobierno utilicen el sistema en las próximas elecciones. Así las cosas, resulta claro que la experiencia porteña no satisface por lo menos dos de los requisitos básicos estipulados por Tula: la gradualidad en la implementación y una extensa campaña de difusión pública”.

Existe cierto consenso entre los cientistas políticos acerca de la necesidad de actualizar el sistema de votación. También respecto a que hacerlo de buenas a primeras para octubre sería suicida. Como casi todo lo que ocurre a nivel político en el país, por defección de las fuerzas opositoras, resolver estas cuestiones recae sobre las espaldas del oficialismo (son históricas ya las marchas y contramarchas de los representantes opositores en el Congreso, vaciando el recinto en las votaciones para apoyar las medidas tomadas en soledad por el oficialismo a medida que se acercan las elecciones). Cualquier modificación, necesariamente, surge de la resolución de las tensiones que los equilibrios de fuerzas en un momento determinado suponen. Burdman lo apunta con claridad en su texto. De todos modos, estas consideraciones no podrían estar completas sin considerar los pros y contras de cualquier modalidad factible de ser implementada. En el caso de la Boleta Única de papel, método que aparecería con mayores posibilidades de ser implementado considerando los tiempos, habíamos realizado una crítica en este blog antes de las elecciones de 2011 (es que es un clásico: ponen en debate la cuestión en tiempo electoral, cuando discutirla sería irresponsable). Considero que amerita copiar el post aquí, casi completo:

“…Miguel Ángel Duarte, profesor de Derecho Político en la UNC, señala las ventajas y desventajas del SBU. Entre las primeras: permite que el elector arme su propia combinación al optar por candidaturas de distintos partidos para tramos diferentes; refuerza la identidad de los partidos por medio de sus simbolos e ideas principales; se supera la confusión provocada por las sumatorias, características del Sistema de Boletas por Partidos; genera mayor transparencia al momento de optar por las candidaturas; otorga mayor equidad a la competencia electoral, puesto que todos los partidos tienen aseguradas sus propuestas de candidaturas en la mesa al momento del comicio

Detengámonos un segundo en las ventajas. Armar la propia combinación es algo que, siguiendo una línea de pensamiento netamente liberal, suena bien, ¿no? Algo así como ir al supermercado y elegir los productos que más nos gustan. Sólo que los partidos políticos tienen una razón de ser: permiten que las ideas encuentren un cauce orgánico que les permita desarrollarse. Por eso de que la organización vence al tiempo: no existe forma de llevar adelante un proyecto si no es a través de una estructura que les de soporte.

Escapa a mi comprensión como el SBU podría reforzar, como dice el punto 2, las identidades partidarias. La transparencia suena deseable también, pero todo sistema tiene sus flancos para ser explotados. Respecto al punto 5, puede sonar soberbio, pero yo no le confiaría la cosa pública a un partido que no puede asegurar ni la presencia de sus boletas en el cuarto oscuro.

Vamos a las desventajas señaladas por el docente de la UNC: un personaje famoso puede obtener más votos que los dirigentes políticos tradicionales, tal como se pudo observar en el caso Santa Fe, y que haciendo uso de los más sencillos avances tecnológicos, sorprendentemente, la picardía electoral facilita la permanencia del “voto clientelar” o “de intercambio” con una simple foto tomada por un teléfono celular al momento de votar, tal como se suscitó en la localidad de Pilar, según denuncias que se hicieron públicas.

¿Sólo esas dos? ¿Nada acerca de que atenta contra la disciplina partidaria? Algo que podría luego favorecer la fragmentación de los votos en el Congreso, actuando como limitante para la consecución de consensos. ¡Consenso y diálogo! Volviendo a lo que decíamos más arriba, respecto al punto 1 de las ventajas: ¿queremos una democracia de partidos políticos o de liderazgos personales? ¿No es precisamente este último rasgo el que caracterizan una y otra vez como nocivo nuestros editorialistas opositores?

Sabemos que el SBU fue utilizado en las últimas elecciones de Santa Fe y Córdoba. Repasemos los resultados a modo de conclusión.

Córdoba:
Elecciones de 2005; categoría diputados nacionales: votos en blanco 4,29%; votos nulos 4,18%.
Elecciones de 2007; categoría diputados nacionales: votos en blanco 6,73%; votos nulos 1,34%.
Elecciones de 2011, con el SBU, categoría Gobernador y Vice: votos en blanco 2,47%; votos nulo 2,29%. A cargos ejecutivos, claro. Atención en la categoría Legisladores Distrito Único: votos en blanco 18,67%; votos nulos 2,09%.

Santa Fe:
Elecciones de 2005; categoría diputados nacionales: votos en blanco 8,89%; votos nulos 3,17%.
Elecciones de 2007; categoría diputados nacionales: votos en blanco 9,07%; votos nulos 0,74%.
Elecciones de 2011, con SBU, categoría Gobernador y Vice: votos en blanco 2,30%; votos nulos 4,24%. Categoría diputado provincial: votos en blanco 8,30%; votos nulos 8,13%.
Y tomando como ejemplo el distrito de Belgrano: categoría Gobernador: votos en blanco 2,37%; votos nulos 3,54%; categoría diputados: votos en blanco 14,54%; votos nulos 9,37%
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viernes, 28 de agosto de 2015

Se utilizó a Tucumán como plataforma para introducir la figura del fraude a nivel nacional

APU: Pasó de todo en Tucumán desde el domingo. En primer lugar, un triunfo esperable de Manzur (de hecho las encuestas previas daban números similares). Después, las críticas por supuesto "fraude", las marchas opositoras, la represión policial. ¿Cómo explica ese encadenamiento de hechos?

RT: Las denuncias de fraude fueron aventadas aun antes de los comicios. Inmediatamente luego de las PASO, cuando la disputa se circunscribió a lo provincial –y habiendo visto los números del FpV, que solo perdió frente a Cambiemos en Yerba Buena, nuestro San Isidro local–, Cano y el radicalismo todo, Macri cuando vino a apoyar la fórmula del Acuerdo por el Bicentenario, se dedicaron a preparar el terreno para desconocer y deslegitimar el resultado. Pero es, en parte, lo que viene ocurriendo desde siempre. En esta ocasión, la diferencia estuvo en que se utilizó a Tucumán como plataforma para introducir la figura del fraude a nivel nacional, pensando en octubre. Aunque funciona a varios niveles, siendo uno de ellos el circunscribir la disputa en términos peronismo/antiperonismo. Peronismo como sinónimo de todo lo malo, claro...

También charlamos sobre los #Tucumanazos, la reacción del oficialismo y las implicancias de cara a octubre. Completo en el portal de la Agencia Paco Urondo...

miércoles, 26 de agosto de 2015

Tucumán como punto de partida para octubre/noviembre

Máxima de la hora: todo aquello que sirva para golpear al peronismo será amplificado, aunque implique disminuir a la democracia.

Triunfo del FpV: claro, incuestionable. 14 puntos porcentuales. Más de 100.000 votos. Victoria en la urnas, derrota en la opinión pública. Si uno de los objetivos era evitar una celebración del PJ-FpV, en la primera de las dos elecciones ejecutivas que restan camino a octubre, pueden darse por satisfechos. ¿Al costo de deslegitimar la voluntad popular? ¿Y cuándo les importó?

Triunfo opositor: antes que celebrar sus victorias en ¿Capital?, Yerba Buena, Concepción y Bella Vista, prefirieron nacionalizar las sospechas de fraude como peones sacrificables en la estrategia del antikirchnerismo rabioso. Así, los grandes medios colaboraron estableciendo la línea editorial y Cano, Amaya, Macri, Massa y Stolbizer certificaron su grado de responsabilidad política: nulo. Pasó corriendo el Teorema de Baglini y les gritó que le dan lástima. Se dio una vuelta el fantasma de Alfonsín, le preguntó a la JR cómo hará para grafittear su cara con la palabra democracia en las paredes tucumanas y volvió a repetir que se quiebre...
Cano, con su actitud golpista, deslegitimadora, bien puede haber sepultado sus chances de ser, alguna vez, gobernador de la provincia.

#FraudeEnTucumán: urnas quemadas (algunas por candidatos del radicalismo, otras por luchas internas dentro del mismo oficialismo), episodios de violencia relacionados a esto, no alcanzan para cuestionar el triunfo del PJ-FpV o su magnitud. Aún si todos los votos de las urnas quemadas se computaran únicamente para Cano, representarían alrededor de 11.000 votos, un 10% de lo que necesitarían para empatar —ya no ganar— la elección. La Junta Electoral Provincial, el Observatorio Electoral de la UNLP y la Dirección Nacional Electoral descartaron cualquier sospecha de fraude. La misma oposición lo hizo, al no realizar presentación alguna ante la Justicia. Se dirigieron, en cambio, al Tribunal de Justicia Inmediata Periodística. Son gente seria.

#Tucumanazo fue otra cosa, aunque alguien adulterara hasta la Wikipedia, porque manchar la memoria de las luchas estudiantiles y obreras contra la dictadura en 1970, en las redes sociales, no es suficiente. Se trató de un cacerolazo, de la misma magnitud y composición social de los de antaño. Votantes capitalinos que replican el razonamiento porteño sin comprender el interior, provincial en este caso.

Represión. Repudiable e innecesaria, pero estaríamos sesgados de no computar la responsabilidad de los medios y los referentes opositores en la exaltación de los ánimos. Hasta los mismos periodistas de La Gaceta reconocían en Twitter que la gente suelta que manifestara debía estar advertida de las ganas de pudrirla de instigadores como La Bancaria. Por si faltaran pruebas, el paro convocado inmediatamente por el sector.

Rol de la oposición. Irresponsable y hasta hijo de puta, al mandar familias a la Plaza a resolver algo que ellos no pueden electoralmente. No les da la nafta en las urnas pero sí para incendiar todo. Primero solicitan abrir las urnas, se lo conceden y entonces piden votar de nuevo. Exigen institucionalidad y República, pero a los demás, como corresponde.
No puede soslayarse en el análisis los ejércitos de trolls dedicados a amplificar las acusaciones de fraude, en muchos casos con imágenes falsas. Este cronista debió sufrirlos en Twitter, Facebook inundado de gráfica a la que nadie cuestiona legitimidad u origen y WhatsApp viralizando una cadena que sostenía que una jueza nacional, que estuvo la noche de los comicios en el Correo, le habría confiado a su hijo que Cano ganó por 5 puntos pero la amenazaron de muerte para silenciarla.

Rol del oficialismo. Se refiere, fundamentalmente, al sistema de acoples provincial, que permite múltiples listas bajo la categoría legisladores y colabora para peleas internas que, en distritos chicos como San Pablo, puede ser la mecha de actos vandálicos como los ocurridos. Hagamos la salvedad: sistema bancado también por el tándem Amaya/Alfaro y del que José Cano también hizo usufructo. ¿Vale quejarse de las reglas después e intentar jugar el partido de nuevo?

Perspectiva para octubre/noviembre. Tucumán como largada hacia las generales y un eventual ballotage. En una entrada anterior, apuntamos que el proceso político abierto contra Dilma y el PT en Brasil podían ser un objetivo a replicar en nuestro país. Pensábamos por entonces en el escenario de ballotage reñido, de resultado cerrado entre Rousseff y Aécio Neves. Pecamos de ingenuidad: ese proceso se abrió en nuestro país con Tucumán. Deslegitimar el triunfo para golpear. Golpear para conseguir concesiones. Concesiones para malquistar el humor social y todo se transforma en un círculo vicioso que atenta contra la voluntad de la mayoría.
No es tanto un plan orquestado por los Illuminati como una sucesión de oportunidades que van habilitando otras, en las condiciones y contexto que plantean la realidad actual.
Como decíamos al principio, todo aquello que sirva para golpear al peronismo... Porque cabe preguntarse, ¿qué pretenden en Tucumán?, ¿votar de nuevo? Imposible. Como el triunfo del FpV sirve de cimiento para la candidatura del espacio en octubre, el quilombo propiciado en Tucumán por la oposición (con base en las desprolijidades del sistema) sirve para la candidatura de Macri. Pero no en Tucumán, sino en la zona núcleo y en los grandes centros urbanos. Se trata de incrementar las chances de un ballotage recortando las posibilidades de crecer a Scioli y maximizando las de Macri. En términos de albañilería: bajarle el techo a DOS y subirle el piso a Mauricio (estrategia en la que, al apelarse al eje peronismo/antiperonismo, involucra también a los votos de De la Sota y Massa en la región centro; la complicidad de Massa al denunciar fraude entonces se explica solo en su ya reconocida estupidez).

Mientras el kirchnerismo se peroniza, habiéndose alvearizado con Scioli, la oposición se capriliza: “mantener lo bueno" hasta el día de los comicios para deslegitimar el resultado después. Habría que ser ciego para pensar que esto se agota en octubre o aun noviembre.

sábado, 22 de agosto de 2015

Las elecciones en Tucumán

El pasado 9 de agosto llovía en Tucumán. El frío invitaba a permanecer bajo las colchas, comer porquerías y ver tele. Aun así, el presentismo en los comicios alcanzó el 77% y fue, a pesar del clima, un día peronista. La boleta del PJ-FpV, con Scioli y Alperovich, sumó más del 57%, mientras que la de Cambiemos apenas un 20%. UNA quedó tercera con un muy respetable 16% . 37 puntos porcentuales separaron al peronismo del experimento opositor, podríamos agregar que sentenciando así las elecciones de este domingo 23, cuando elijamos gobernador, intendentes, legisladores y comuneros.

Este domingo, en cambio, será un día de sol y peronista. Se espera una diferencia superior al 10% (algunos arriesgan hasta un 20%, yo diría cercana al 15% y cerramos) entre las fórmulas de Manzur y Jaldo vs Cano+Amaya. Hugo Haime, el encuestador que más se acercó a los números arrojados por las PASO (se quedó corto en un 2%, dentro del margen de error), pronostica para este domingo un 50% a 35% a favor del FpV y un 10% para la fórmula de Ricardito (ito es un decir) Bussi. Lo podemos ver en La Borra de Andy Tow, Calvo, Pomares y Col.:


Hemos pintado con anterioridad el panorama tucumano. Antes de las PASO, analizando la conformación de las opciones electorales primero y las que serían las claves de los comicios después. Luego de las PASO posteamos una breve semblanza pues habíamos anticipado los resultados en los análisis previos. No es mucho lo que pueda decirse de nuevo, cuando las incógnitas son fundamentalmente dos: cuánto será la diferencia que separe al FpV de Cambiemos y quién ganará la municipalidad capitalina. Valga decir que evitamos cualquier triunfalismo antes de que los votos sean contados, pero también sea dicho que el peronismo local ha puesto en los últimos días más fichas en la candidatura de Pablo Yedlin, para la intendencia de SMdeTucumán, que a la misma candidatura de Juan Manzur.

Por el lado de Cambiemos, las típicas cantinelas acerca del fraude, adelantando un discurso derrotista. Cano luego de las PASO, esta misma semana, en cada intervención ante los medios ha puesto sus esperanzas en la fiscalización y no en sumar votos adentro de las urnas.

No hay mucho más análisis por hacer, solo resta que hable el soberano. Dos comentarios respecto a los debates organizados por La Gaceta y Canal 8 bajo el hash #TucumanElige:

1. Al debate entre candidatos a gobernador no concurrió Manzur. De todos modos no puede decirse que Cano lo haya “ganado”. Por lo que vi, no estuvo muy bien y ni siquiera el resto de los convidados hizo foco en su figura para atacarlo; lo cual sería conveniente si no resultara un indicador del nivel de expectativa que genera su candidatura. Solicitó, sí, que quienes quisieran votar por Bussi legislador, corten boleta, admitiendo que necesita rascar cualquier fondo de olla.


2. El debate de candidatos a intendente estuvo más animado, con acusaciones cruzadas varias. Las crónicas dicen que Alfaro estuvo muy nervioso, Yedlin muy tranquilo y Vargas Aignasse la piloteó bien. Arriesgamos pronóstico: si Gerónimo hace una buena elección, Yedlin puede ser el próximo intendente y el Acuerdo por el Bicentenario perder hasta aquello que consideraba seguro hasta el 9 de agosto.

Para finalizar, un lindo gráfico de un politólogo tucumano amigo, @tuQmano, con la evolución de los guarismos para gobernador en la provincia a través del tiempo (y recomendamos su colaboración a los Cuadernos Electorales del CIPPEC con un resumen de lo que está en juego este domingo):

miércoles, 19 de agosto de 2015

Ollas de teflón para las feijoadas de la abundancia

En el gran teatro de representaciones y tragicomedias que suele ser la política, Brasil era –hasta hace poco– ese espejo en el que debíamos mirarnos: un paraíso para el capital, matizado con conciencia social y un ejemplo de transparencia institucional. Se blandía la miríada de funcionarios acusados o sospechados de corrupción eyectados de los distintos gabinetes e investigados por la Justicia brasileña. Sirva esta introducción para contextualizar: Brasil es más ancho y el PT abarca menos que el peronismo en nuestro país; aun así, la transformación que está llevando adelante, la incorporación al sistema de tantos postergados, hambrientos, es mayor que la realizada por el kirchnerismo en estos años. Comparar es ser injusto, pero los distintos procesos latinoamericanos pos neoliberales tienen puntos de encuentro y vaya si los tuvimos con el Brasil de Lula y Dilma, aunque Alemania solo nos hizo 4 en 2010 y nunca de local. Pero todo esto es historia conocida.

Trazamos recientemente, a medida que se desarrollaba el tiempo electoral en el hermano país, paralelos con la Argentina. Someramente: las terceras posiciones de Marina Silva y Sergio Massa, la estratificación del voto por segmentos sociales y ubicación geográfica, los intentos por recuperar márgenes de acción por parte de los grupos de poder o presión, limitados ante el avance del estatismo (menor en el Brasil del PT; o más imbricado el capital privado con el Estado en el Brasil desde siempre, como lo demuestran los procesos judiciales en marcha). Intentaremos algo parecido con el proceso destituyente en marcha. ¿Golpismo? Puede ser, aunque esa palabra incluya en el imaginario a las FFAA y el quiebre del orden constitucional. No, golpe fue el 7 a 1 en la semifinal. En la región, en cambio, la metodología destituyente en boga pugna por emergencias de tipo institucional, en las que la legitimidad de origen se vea jaqueada por la de ejercicio, abriéndose así caminos para sucesiones menos traumáticas que las de un golpe tradicional. Honduras y Paraguay como ejemplos más claros, pero Ecuador, nuestro país, Venezuela y ahora Brasil enfrentan similares desafíos. Lo que pueda surgir de este atolladero político no es todavía preocupación para sus promotores, enfrascados en golpear a Dilma, el PT y al mismo Lula.

Hay razones, cómo no, porque la hermandad latinoamericana era fácil y hermosa como una garotinha de Ipanema, borracha de cachaça, cuando casi todos los países del subcontinente crecían a tasas chinas empujadas por el boom de las commodities y su foco en el postergado mercado interno. Encontraron además –lo sabían antes, pero era más complicado lograrlo– que políticamente la ecuación también cerraba, no solo por la orientación nuevaizquierdista de la mayoría sino como un modo de incrementar el peso relativo de la región en el concierto mundial. Ahora, cuando los modelos de nuestros países se encuentran cara a cara con algunos limitantes, se torna más difícil proyectar con el futuro como horizonte. Aparecen entonces las presiones por devaluación, apertura comercial, un retorno a políticas de concentración económica. Tanto en Brasil como en nuestro país se habla del “costo” del mercado laboral presionando a la productividad. ¿Qué es eso de pretender escapar de nuestro destino latinoamericano de atraso y subdesarrollo? Los industriales paulistas no son decorado, y el poder relativo del mercado en Brasil es mayor al que el kirchnerismo enfrenta o enfrentaba cuando los superávits gemelos desbordaron las arcas del BCRA. La decisión de privilegiar los acuerdos pactados con el Mercosur, aun ante la presión paulista por tratados de libre comercio con la Unión Europea, no pueden ser obviados en el análisis de la actual crisis de representación en Brasil.


Y entonces llegan los cacerolazos brasileiros con ollas de teflón para preparar feijoadas de la abundancia. Las protestas callejeras en Brasil tienen ya un desarrollo en el tiempo, pero han sido las últimas las que más atención suscitaron al conjugarse con la embestida judicial del Petrolão. Un ataúd con las imágenes de Dilma y Lula, un globo gigante con o primer trabalhador del PT en traje a rayas. Se comieron 7 pero igual salen a la calle: “Abajo el comunismo”, “SOS Fuerzas Armadas”, “#LulaNuncaMais”, “Impeachment” (para el que solo falta –dicen– que el PMDB abandonara el gobierno). Un cacerolazo bien organizado entonces, como corresponde. ¿Es el ajuste, la inflación, el aumento de tarifas? Es todo eso, pero no tanto. El Folha consigna 135 mil manifestantes en São Paulo el #16A. En un distrito con 20 millones no parece un número definitivo, menos aun si observamos la composición social de los manifestantes, similar a la de nuestros caceroleros: clase media y media alta que pide que no haya más corrupción y sí más democracia. Demandas legítimas, pero que no están en los planes de quienes podrían tomar la posta. Algo que los movimientos de izquierda brasileños tienen claro, por suerte, cuando dicen que defender al gobierno es “defender los derechos de los trabajadores, los derechos sociales del pueblo, la democracia, la soberanía nacional, las reformas estructurales y los procesos de integración latinoamericana”. El programa de la derecha se dirige hacia una colisión contra estos postulados en caso de arribar al poder.

Es evidente que Dilma está jaqueada (más allá de los niveles de imagen positiva que le atribuyan), pero no es tanto por las manifestaciones de protesta callejera como por la embestida judicial y los problemas internos de su gobierno: se quiebra su coalición, un ítem más significativo en Brasil, en un gobierno parcelado, que el “no positivo” de Cobos o la renuncia de Chacho Álvarez para Cristina y De la Rúa; no sabe quién o quienes pueden ser los siguientes en traicionarla y hasta Lula reconoce vacilaciones en Dilma. Pero el origen de esta situación no debe ser rastreada únicamente en la horrible horrible corrupción; tampoco, o no únicamente, en los trece años que lleva el PT en el gobierno y el lógico desgaste; ¿en la política económica conducida post elecciones por el banquero Joaquim Levy? No, un temblor que ya se hacía sentir se catapultó a sismo merced a los resultados ajustados del segundo turno electoral. El reñido balotaje entre Dilma y Aécio Neves, 51% a 48%, fue tanto síntoma de las dificultades del PT como un estímulo para la derecha brasileña. La campaña para destronar al partido gobernante ya había sido muy fuerte durante el desarrollo del proceso electoral, cuando intentaron catapultar a Marina Silva pensando en una opción intermedia, un Capriles posible que pudiera acumular todos los votos de la derecha y sustraer algunos de la coalición gobernante. De la contienda electoral, Rousseff emergió más débil aun. La entrega del ministerio de economía, el ajuste fiscal en educación, desarrollo social, la devaluación del real, los gestos amistosos al establishment y la pérdida de instrumentos políticos (Cunha y Temer en Diputados, Calheiros en el Senado, el PMDB al control de los resortes de sucesión presidencial) fueron todos –en distinta medida– tributarios del resultado de las urnas.

Para retornar a nuestro país, la posibilidad de un eventual balotaje que enfrente a Scioli contra Macri nos dirige hacia caminos que Brasil transita en lo que a erosión del poder político respecta. Se ha dicho ya que el próximo Presidente, sea quien sea, encontrará un Estado más fuerte que cualquiera de sus antecesores. Será, también, un Presidente que deberá convivir con una sociedad civil menos paciente y con corporaciones económicas prestas a continuar la batalla, a sabiendas de que la pax que emergerá como mandato de los comicios (Scioli, Macri, Massa o aún De la Sota, todos pelean por el centro) constituirá una herramienta de presión en el futuro. Aun cuando las chances de Macri sean mucho menores, llevar al sistema político hacia un balotaje (algo para lo que pretende colaborar Massa) representaría una victoria en términos de atomización del poder político para el gobierno que surja. Es algo que el oficialismo parece comprender, cuando apuesta sus fichas a un triunfo en primera vuelta. No se trata de evitar solo la chance de otorgarle una posibilidad más a la oposición, sino minimizar las oportunidades de que un futuro gobierno del FpV deba sufrir un desafío como el que hoy viven Dilma, el PT y el pueblo brasileño.

miércoles, 12 de agosto de 2015

En la @PACOURONDO, sobre la alianza Macri-Massa, la PBA y el NOA/NEA

APU: Desde espacios opositores empezaron las presiones para una eventual alianza entre Macri y Massa. ¿Cómo ve esa posibilidad de cara a octubre?

RT: Me parece que el objetivo de alentar una alianza Macri-Massa es generar expectativa en la oposición y bajarle el precio al triunfo del FpV. Que no habrá sido del 40%, pero cuando los opositores se entusiasmaban con la diferencia del 5% el domingo a la noche, el mediodía del lunes los encontró asustados por la brecha final de 8,5%, obligándolos a recalcular.

A mi modo de ver, la alianza entre el PRO –o Cambiemos– y el Frente Renovador ya era inconveniente para Macri antes de las PASO y por eso no se produjo. Desde el massismo mismo reconocen que el FR se hubiera quebrado ante la eventualidad (y el FpV hubiera sido beneficiario de ello). Pretender reflotar esa ilusión ahora, en adversidad, es utópico. Requeriría, además, una arquitectura complicada, que no le serviría a Macri para ganar sino, tan solo, para forzar un ballotage. Por si fuera poco, los números para tomar tamaña decisión se conocerán cerca de octubre, algo que empaña aún más la esperanza de la oposición más rabiosamente antikirchnerista (o antiperonista). Sector minoritario que no comprende que conformarlos implica alejarse del centro que permite ganar elecciones.

martes, 11 de agosto de 2015

Apostillas de las PASO 2015 en Tucumán

Alegría en el peronismo tucumano, pensando que los resultados de las PASO fueron la avant premiere de los resultados para el ejecutivo provincial del 23 de agosto. Será el oficialismo el que sostenga ahora el apotegma canista que rezaba "no hay 23 sin 9". Algunos datos:

1. Los resultados vienen a confirmar lo que sostuvimos en los posteos que dedicamos al pago chico: el primero aquí y el segundo por acá. Los números de la encuesta de Haime estuvieron hasta tímidos y cautos (anunciaba un 55,5 para Scioli y el resultado fue 57,14%):


2. 37 puntos porcentuales separan al Frente para la Victoria de Cambiemos. Macri no resultó un candidato traccionante para la precandidata a senadora por la UCR, Elías de Pérez y tampoco ocurrió –como era previsible– a la inversa. Arrasó Alperovich en el rubro, confirmando lo bien que hizo Cano en guardarse para dentro de dos semanas y prolongar, aunque en mucho menor proporción luego de los resultados, el suspenso en la pelea por la gobernación.


3. Tan dura fue la derrota que los candidatos del Acuerdo para el Bicentenario, José Cano y Domingo Amaya ni siquiera aparecieron por la sede de Cambiemos en la noche del domingo. En las buenas vamos a estar y en las malas, eh, bueno, no se, vamos viendo. No me llamés vos, yo te llamo...

4. Un dato que no puede ser soslayado es el que determina, por sobre los demás –esperables–, la desazón del republicanismo vernáculo: el triunfo del FpV en la capital tucumana. Quienes hayan leído las entradas anteriores, linkeadas en el punto 1, comprenderán cabalmente la importancia del resultado:


5. Scioli y el FpV consiguieron guarismos absolutamente plebiscitarios en el interior tucumano, lo que habla de la postergación que sufría y de lo aceitado de la maquinaria electoral oficialista. Ejemplos: Graneros, 80,08% y Burruyacu 79,98%.

6. Llovió bastante el domingo en la capital tucumana , pero aún así fue un día peronista.