martes, 15 de agosto de 2017

2017 y la democracia de la derrota

Pasaron las primarias y nos dijeron que algunas cosas que dábamos por supuesto fueron sólo eso: hipótesis que luego la cruda verdad desnudó; y así quedamos, medio en bolas. Pero intentemos apuntar algunas cuestiones que no pude leer en ningún análisis, quizás porque leí pocos, sepan disculpar.

1. El peronismo no es sólo PBA. No haremos un pormenorizado, pero sí diremos que el empate/derrota del peronismo en PBA obturó que éste, en frentes provinciales, triunfó ampliamente en Tucumán, Catamarca, Río Negro, Chaco, ¿a Santiago del Estero cómo le decimos? En definitiva, puede que desde el puerto se dificulte ver el bosque porque parecen creer que el peronismo nace en la primera zanja de Alsina y finaliza en la frontera del Conurbano o quizás un poquito antes. No.

2. En Tucumán el Frente Justicialista le sacó casi 22 puntos de diferencia a Cambiemos, duplicando la distancia que separó a ambos en la recordada elección a gobernador de 2015. Tucumán era contabilizada como una de las provincias ganables por Macri, considerando que contaban con un candidato competitivo, instalado, muchos años de peronismo al frente de la gobernación, el antecedente del fraude que nunca fue y los presupuestos del PEN para disciplinar (al oficialismo distrital) y construir (la victoria del —oh— cambio). Hicieron todo mal desde Nación y la UCR local y el PJ tucumano resultó fortalecido de cara a 2019. Es la provincia más grande gobernada por el PJ y consiguió 200.000 votos de distancia. Pero ocurrió algo similar en Catamarca con el ya tradicional Frente Cívico y Social derrotado por el oficialismo provincial o también en Chaco. Entonces:

3. El mapa no varió mucho del de los resultados que arrojó 2015. En general ganaron los oficialismos, con las excepciones de Santa Cruz, Neuquén y Córdoba. ¿Cómo le decimos a la Docta? ¿Perdió el cordobesismo? ¿Ganó nuevamente el amarillismo? ¿Son antes antikirchneristas? ¿Son la prolongación del interior bonaerense?

4. El kirchnerismo te hizo creer que podías tener un celular con un salario medio y el macrismo te hizo creer que ganó por 7 puntos en PBA. Es cierto que a partir de las expectativas creadas por las encuestas publicadas, el empate parece antes un triunfo cambiemista. Pero mientras Cristina perdió sólo 1 punto de lo cosechado por Aníbal Fernández en 2015 (35 vs. 34), la lista del #cambio perdió 5 puntos de los 39 alcanzados por Vidal entonces. Sí, fueron 4 puntos más de los pronosticados por los encuestadores, pero es posible que se trasladaran desde los 19 puntos de Solá en 2015 (vs. los 15 de la fórmula Massa-Stolbizer este domingo). Ergo:

5. El macrismo fue más exitoso para instalar el eje político futuroM vs pasadoK que Unidad Ciudadana en imponer un debate basado en la economía macrista excluyente. Entonces:

6. A Macri lo vo-ta-ron. Sirve de consuelo el “2 de cada 3 le dijeron que no", pero no saltás el cerco repitiéndolo sin un Clarín de tu lado. Desde 2012 no damos pie con bola para entender qué quieren las mayorías. Lo irónico es que lo único que parece ofrendar Cambiemos es novedad, buena onda y antikirchnerismo. Es probable que los golpeados por la economía macristas no sean aún suficientes. O no alcancemos a comprender aún al nuevo sujeto histórico, más liberal, que el macrismo sí. ¿O es que no existe este sujeto todavía?

7. Teoría de los subconjuntos peronistas en PBA. En Salta y Chaco, los PJ y Unidades Ciudadanas locales fueron separados y sin embargo ganaron. Pero de presentarse juntos, en internas, las diferencias hubieran sido mayores. En PBA, desde 2012, el peronismo sufre fragmentaciones y arribó a estas legislativas divido en tres opciones filoP: moyanismo social sin Moyano, kirchnerismo sin malos modales y cristinismo sin poder. Lo ominoso es que éstos se inscriben en diagramas de Venn que no pueden sumarse sin excluir algún subconjunto. Podés intentar lad sumas UC+Cumplir o Cumplir+1País pero nunca adicionar al kirchnerismo con Massa. Nótese la personalización. Es un problema del distrito que puede no impedir recuperar la gobernación bonaerense, pero que complica las chances nacionales del peronismo por la dispersión del voto que promueve. Como ocurrió en 2015.

8. A futuro. Lo que 2015 legó y este resultado —que no sancionó a Cambiemos— afirmó es el retorno de la democracia de la derrota. La persistencia del kirchnerismo en PBA y los peronismos enfrentados al PEN en las provincias otorgan esperanza, pero un sistema que persiste inscripto en el clima de 2015, bajo la sombra del balotaje y en un marco de relativa paz social disminuye las probabilidades de ganar (o gobernar los primeros tiempos) contra Clarín, la SRA, las multinacionales, los bancos y sin un decidido apoyo del sindicalismo todo. ¿Las condiciones bajo las que llegó y operó en principio el kirchnerismo fueron excepcionales? Hasta ahí. Cambiemos puede reproducirlas con su política económica, pero no en el corto plazo. Y 2019 no queda tan lejos.

lunes, 7 de agosto de 2017

Sobre Tucumán en Artepolítica

...el peronismo tucumano tuvo también la capacidad suficiente para surfear la ola macrista; desde unas iniciáticas relaciones cordiales con el PEN a las actuales críticas de Manzur a la administración de Mauricio Macri. ¿Las razones de este vuelco? Los chispazos tienen explicación en la economía sturzeneggista, sin duda, y en el incumplimiento de promesas y acuerdos por parte del gobierno nacional (indisimulable durante las últimas inundaciones que sufrieron amplias zonas del sur provincial), pero también razones estratégicas: al debatir con Macri, Cano es ninguneado o puenteado, y puede leerse en este reposicionamiento de Manzur una aspiración por nacionalizar su figura, discutiendo las políticas económicas del oficialismo nacional.

Cambiemos. Tucumán tiene su historia y particularidades, como la que apunta que nunca un radical ganó la gobernación provincial. Ni siquiera en 1983; estuvieron cerca en 1987...

Completo aquí...

jueves, 13 de julio de 2017

La resiliencia de los sectores populares, los '90 y hoy

En un comentario al posteo inmediato anterior, Esther, una de las comentaristas más lúcidas que tuvieron y tienen los blogs que aún no se fueron, hace algunos aportes a la descripción de la Argentina del macrismo:

1. Creo que hay otro factor de resiliencia de los sectores populares: los bienes materiales obtenidos en el gobierno anterior. Te hiciste una casita o ampliaste la que tenías. Compraste tu primer cero kilómetro. Compraste electrodomésticos, dispositivos electrónicos varios. La casita sigue estando. El auto aún está “bastante nuevo”. Todavía no se te rompió el lavarropas ni la heladera. El celular o el televisor última generación ya no son última generación pero te sirven igual. 
¿Te preguntás si todo eso lo podrías hacer ahora? Posiblemente no, o por lo menos no hasta que se te queme la heladera y te encuentres que no tenés con qué comprar otra. 

2. Creo (sin mayores evidencias salvo mi memoria poco confiable) que en los noventa la línea divisoria entre los qe se salvaron y los que se hundieron pasó, básicamente, por tener o no tener trabajo. Quienes consiguieron o retuvieron el laburo zafaron, o incluso les fue bien, quizás hasta muy bien. Los que no, se cayeron del sistema. 
Ahora, creo, las cosas son diferentes; la línea divisoria se está constituyendo dentro del campo laboral; tener trabajo no es o no será sinónimo de “salvarte”. Hay o habrá una fracción considerable de trabajadores que son o serán pobres, incluso muy pobres.
(Hablo en presente y futuro porque, obviamente, el proceso actual aún no ha llegado al término deseado por sus diseñadores.)

3. No sé qué es la “clase media” pero sí que muchos nos creemos parte de ella. La cuestión, no siempre percibida, está en la respuesta a la pregunta elemental: ¿podés mantener tu estilo de vida y sostenerlo en un tiempo largo si te quedás sin laburo o sin la jubilación? Si no es así, si dependés del trabajo en forma directa (ya sea del actual o del que tuviste antes y ahora se transformó en jubilación), entonces pertenecés, antes que nada, a la clase trabajadora. ¿Cuántos nos pensamos desde esta óptica?

4. Hace un tiempo leí, en algún blog o no sé donde, un cartel (que tampoco sé de dónde salió ni quién lo hizo) con la mejor síntesis de todo lo que escribí antes. Decía: “Laburante / no hay laburo / se hace laburo al votar”. ¡Debería ser slogan de campaña! Un slogan que no es pura triquiñuela publicitaria, sino más bien teoría pura puesta en palabras simples. 

5. Decís: «¿Es posible en Argentina? Eso es, exactamente, lo que esperan quienes pueden ser el soporte económico de un proyecto macrista y a lo que se refieren como “temor al retorno del populismo"».
Mi temor es, justamente, que en octubre haya demasiados que crean en el relato macrista, porque si a estas alturas siguen creyendo en ese relato es porque quieren creer o ignoran demasiado. En cualquiera de los dos casos estamos ante una matriz cultural bien complicada.

lunes, 10 de julio de 2017

La Argentina macrista

En “2017", un posteo de mayo de 2016, adelantamos las que, a nuestro parecer, constituían las necesidades de Cambiem... del macrismo, bah. Y entre esas la ausencia, por entonces, de un relato que diera cauce a su transitar, habida cuenta que pontificar sobre la meritocracia no alcanza sino para justificar la poda de derechos y servicios sociales del Estado. Ya lo encontraron: el relato del macrismo es la lucha contra las mafias. ¿Los docentes exigen mayor incremento salarial? Son mafiosos. ¿Un empresario de la informalidad quiere pararse de manos? Le allanan y clausuran todo en nombre del combate contra las mafias. La mafia de los trapitos, de los manteros; se viene salvando la mafia de los que explican chistes y la mafia de los familiares que te piden la cuenta de Netflix. ¿El peronismo? Mafia. ¿Los coniceteros? Mafia. ¿Diana? Maffía. Claro, no sería posible sin el concurso mediático y algunas figuras como Carrió o Stolbizer y Massa, actores de reparto en un remedo del honestismo noventista que criticaba la corrupción menemista pero jamás el modelo económico.

En “2017 (parte II)", de diciembre pasado, sostuvimos que el deterioro económico macrista no sería el eje principal de los tiempos electorales, aunque siguiendo la evolución todos los indicadores así debería ser. Por supuesto, el manejo del PEN, PBA, CABA, los buenos términos con Clarín y la banca ideológica de LA NACION dificultan cualquier debate racional (aunque ya pagamos en 2015 el exceso de racionalidad en una campaña). Ocurre además que, si bien el desempleo, la caída de actividad, consumo y los sucesivos tarifazos son notorios a lo largo y ancho del país, impactaron de manera diferente según área geográfica y nivel socioeconómico. Más a las clases populares que ya adversaban al macrismo, más en el conurbano que en el interior. Además, existe un fenómeno poco mencionado: la resiliencia de los sectores populares, que saben acomodar su economía a tiempos de guerra distributiva. Cayeron los consumos de leche, yogur, carne y gaseosas, pero la vecina empezó a vender pizzas y no están a $150. A la vuelta de tu casa una parejita hace ahora empanadas y en la esquina venden sánguches de milanesa y lomitos. Un liberal te diría que no pagan impuestos y alabaría el emprendedurismo, un pragmático te diría que el sueldo no alcanza o alguno se quedó sin laburo y hace lo que puede. Elijan su propia aventura.

El macrismo propone una tendencia a lo descrito: ya no son todos clase media en lo que a consumos culturales y de bienes se refiere sino que nos latinoamericanizamos más, ampliándose la brecha entre pudientes y no pudientes, diferenciándose los patrones de consumos. Si la clase media definió la Argentina moderna y sobre todo a partir del advenimiento del peronismo, una continuidad del macrismo (cuya mejor definición a la fecha pertenece a Ernesto Semán y su “naturalización de la intemperie") tiende a una escisión social más clara en términos económicos, con un sector de la clase media pauperizándose y otra mucho menor que puede disfrutar las mieles de la regresión redistributiva. Una sociedad de ricos y pobres, con patrones culturales y de consumo diferenciados. Al decir de Grobocopatel: somos menos pobres de lo que tendríamos que ser.

¿Es posible en Argentina? Eso es, exactamente, lo que esperan quienes pueden ser el soporte económico de un proyecto macrista y a lo que se refieren como “temor al retorno del populismo".

domingo, 2 de abril de 2017

#1A

Bajen las cacerolas para que los de atrás puedan ver.

Si el común denominador de la manifestación pro oficialista fue el canto “No vuelven más" (sobre la melodía de la marcha peronista), se confirma que antes que un apoyo a Macri se trató de una nueva manifestación antiperonista. Una prologación de aquellos cacerolazos contra Cristina. Pobre Emilio Monzó.

Delirante en su convocatoria “en defensa de la Democracia", cuando ésta no se encuentra en riesgo; entienden los macristas silvestres, de todos modos —y de ahí el relato “golpista" al que apela el oficialismo—, que la gobernabilidad de Macri en estos casi 16 meses fue una concesión del peronismo. Ya fuera por convicciones liberales (los massistas y peronistas más macristas), por miedo a carpetazos (muchos otros, cuando no debido a amenazas directas de destino judicial) o porque entendieron que golpear a un gobierno débil en lo institucional, pero que además socava su propia legitimidad de ejercicio, no era negocio para nadie.

¿Le alcanza a Macri conservar, mimar, apelar al antiperonismo, exigirle el sacrificio de salir a la calle? Sí, le da oxígeno luego de las multitudinarias manifestaciones en contra. ¿Puede modificar con esto sus expectativas electorales? No. O es muy difícil. Aún así, Macri aprovechó para emplear a fondo la retroexcavadora con la que agiganta la grieta: “sin choripanes", felicitó a los manifestantes, cuando no había saludado a las anteriores marchas, opositoras; se apropió así una vez más del antiperonismo que lo justifica, que lo constituyó, sólo que ahora con la responsabilidad de ser el presidente de todos y no sólo de los que se creen más argentinos que el resto de los argentinos (perdón, Orwell).

Volviendo a los manifestantes (70 mil según Mariano Obarrio, 25 mil según otros), resulta preocupante que cambien los siglos, pasen las décadas y aún así haya quienes pretendan que el peronismo no forme parte del sistema político. La caracterización de la convocatoria (por la Democracia) y los mensajes psiquiátricos de algunos carteles traducen esa bronca que nace de comprender que no sólo forma parte sino que, en ocasiones, es casi el sistema político todo.

En la guerra de relatos, puede servirle al macrismo el estimular ese prejuicio que disocia peronismo y democracia. Desde su responsabilidad histórica es un error; y una continuación, además, en la política de hacerse fuerte desde su debilidad vía extorsión: dame gobernabilidad o sos golpista.

El peronismo puso mucho de su parte para quitarse el mote antidemocrático que le endilgan los sectores que dicen que los mejores días siempre fueron pre-peronistas. Durante los ocho años de Cristina, con Néstor y aún más en estos tiempos macristas, inclusive a costa de desalentar a su propia base electoral. El resto de ese camino deberá ser aportado por Macri y los suyos, tal y como apuntaron sus editorialistas militantes: debe completar su mandato, por primera vez desde 1928, un gobierno no peronista. Entregando recesión y ajuste, por ahora no parecen estar a la altura de lo que les demanda la Historia... si no es con el concurso del peronismo que aborrecen. Háganse cargo, macristas.

lunes, 27 de marzo de 2017

Que este blog y Kicillof digan si son kirchneristas

Escribimos poco y lo que sigue no es precisamente un análisis sino, aunque odiemos las compilaciones, un grandes éxitos (?) del blog. Sepan disculpar, como deberán también disculpar a Kiss&Love. ¿Qué dijo Axel ayer nomás?:

«El exministro de Economía y actual diputado nacional Axel Kicillof sostuvo hoy que una candidatura de la exmandataria Cristina Kirchner le es "muy funcional" al Gobierno, y consideró que la elección de medio término debe ser para "plebiscitar" la gestión del presidente Mauricio Macri y no la de la líder del Frente para la Victoria.

"Al Gobierno le resulta muy funcional que esta elección se discuta en términos de si gana Cristina o pierde Cristina. ¿Este es un plebiscito a Cristina Kirchner en 2017? Si Cristina terminó de gobernar con un millón o medio millón en la plaza y se fue...Estamos plebiscitando a Macri", recalcó el dirigente kirchnerista, dando a entender que no es conveniente exponer a su jefa política ya que podría tergiversarse el sentido de esta elección de medio término, que tiene que ver con evaluar el desempeño del Gobierno de Cambiemos...».

¡Que Axel diga si es kirchnerista! ¡Que muestre el “no fue magia" tatuado en el pecho! Porque, bueno, a este bloguero lo acusan con epítetos peores por decir cosas como ésta, de diciembre del año pasado:

«...Uno de los grandes interrogantes es hoy Cristina: ¿va o no va? Tiene votos, tiene piso y tiene techo. Tiene, además, un sabor dulce para el macrismo. Desglosemos: 1) el macrismo está tensando la situación elástica que dejó el kirchnerismo en la macro pero también en la microeconomía; el deterioro es evidente. Aún así, las demografías electorales pueden no obedecer únicamente a este factor, y si bien esto aleja a muchos del 51% nacional del balotaje (o aún de los resultados de octubre en PBA: 39,5% a 35,2% para Vidal vs. Aníbal F. y 32,9% a 37,1% para Macri vs. Scioli), la situación (a hoy) no es tal que los obligue a refugiarse invariablemente en el kirchnerismo. 2) Descontando el concurso de la prensa oficialista, plebiscitar al macrismo no será el único eje electoral. 3) Buceando en las profundidades de las macrinomics y las macripolitiks, el peronismo realmente existente, antes preocupado por su supervivencia, buscará refugio en sus distritos. En este cálculo, las de 2017 deberían ser elecciones nacionales para Macri y una sumatoria de comicios locales para el peronismo. Ahora sí, finalizado el desglose, podemos decir que Cristina candidata nacionalizaría las legislativas, rememorando el clima de noviembre de 2015. El macrismo, por supuesto, recibirá como maná poder apelar a su reflejo primitivo, aquello que le dio constitución, su eje de campaña desde siempre: el antikirchnerismo; y entonces cada contendiente distrital, sea formoseño o riojano, podrá sustraerse del debate local o de sus insustancialidades constitutivas para discutir con Cristina y el gobierno que terminó en diciembre pasado...».

Gracias, Axel, por tanto. Perdón, Los Huevos y las Ideas, por tan poco. Después, si les apetece (?), pueden darse una vuelta por Twitter y occservar con ánimo arqueológico (?) mi tuit fijado.

martes, 7 de marzo de 2017

Cambiemos: el laberinto del Presente

El macrismo operó durante todo su primer año bajo la consigna de que en su debilidad residía su fuerza; con la extorsión implícita de tener al imaginario del “golpismo" en la punta de la lengua para descalificar cualquier oposición. Esto pudo ser resumido en la expresión “dejen gobernar", aparecida a poco de iniciarse el gobierno, nadie sabe muy bien cómo o desde dónde pero en espejo equivalente al “Macri gato" que comenzó a utilizar, luego, la oposición silvestre en las distintas redes sociales.

El apelativo a la extorsión y debilidad de origen caducaron. Resultó claro el año pasado: la Luna de Miel había terminado aunque sus brasas calientes le otorgaran aún márgenes al macrismo. En cambio, la caída de imagen de febrero, que resulta perezoso atribuir sólo a los escándalos del Correo y Avianca —si bien operaron sobre una de las líneas de flotación de Cambiemos: la supuesta honestidad— cuando sabemos que el impacto de la corrupción para un gobierno es indirectamente proporcional a sus logros en economía; la caída de febrero, decíamos, es la resultante de una aritmética decepcionante: esfuerzos de la clase media y y más de los sectores populares sin resultados palpables, solicitud de mayores sacrificios sociales y ningún horizonte de reactivación que no sean apelaciones al voluntarismo. Todo esto no ocurrió porque la oposición así lo quisiera, sino por mandato de la recesión buscada por el propio oficialismo.

Es a partir del imperio de lo real sobre cualquier relato, sea oficialista u opositor, que la sociedad va a demandar a partir de ahora, y cada vez más, un gobierno que pueda encauzar a la economía pero también al debate político en términos distintos a la mera comparación con el pasado, argumento que ya sólo interpela al núcleo duro macrista que representa, quizás, el porcentaje que recibió el PRO en las PASO 2015: alrededor de un 24%.

El universo simbólico en el que fluía y se sentía cómodo el macrismo cambió. Ya no podrá hacerse fuerte desde la debilidad, desde ser no-peronistas y nóveles: el paro docente y la gran marcha gremial son posibles ahora no sólo por la legitimidad de sus reclamos sino porque existe ya un colchón social de demandas de gestión insatisfechas, y que no pueden además atribuírse a la pesada herencia sin que parezca una ridícula tomadura de pelo.

Párrafo aparte para lo ocurrido en la marcha, con las bases sindicales exigiéndole a la cúpula poner fecha para un paro general: fueron las demandas que el macrismo generó con su política de redistribución regresiva y el triunvirato no reclamó lo que habilitó esa interpelación a la dirigencia y a cielo abierto, en un mensaje que parece decir “más calle y menos palacio, muchachos". El resultado está en el aire pero el triunvirato y otros líderes sectoriales quedaron deslegitimados. Eso sólo puede ser una preocupación para el macrismo, aunque en el corto plazo pueda parecer tácticamente deseable.

Es entonces una buena parte de la sociedad la que exige tener un gobierno y no simples comentaristas de la realidad en posiciones de poder. En definitiva, que el gobierno sea fuerte y capaz de comandar la economía. Y no hay modo de conseguirlo que no implique un triunfo en la provincia de Buenos Aires. Si hasta el año pasado parecía que un empate o derrota digna le alcanzaban al macrismo, este año le demanda ya un triunfo.

Como bien describió Martín Rodríguez, el macrismo descansó durante su primer año apoyado en el relato de un pasado apocalíptico y la promesa de un futuro promiso. Pero tenía además un relato para ese presente, aunque se cuidaran de mencionarlo poco: era el momento de un sacrificio, de “pagar la fiesta", la “resaca del populismo". La sociedad le demanda ahora que abandone las apelaciones al pasado o el futuro y se ocupe del presente, un laberinto que al macrismo le cuesta transitar. Los analistas de todo el arco político lo tienen claro y más aún los macristas, a quienes atormenta una consigna: Cambiemos debe cambiar antes de que la demanda sea por un nuevo cambio.