martes, 27 de enero de 2015

#JeSuisStiusso

Somos actores y queremos actuar, clamaban mucho tiempo atrás nuestras estrellas televisivas. Somos periodistas y queremos preguntar, lloraban en lo de Lanata nuestros Bernstein y Woodward de cabotaje. Pronto cortarán la Panamericana nuestros Pepes Sánchez in the real life al son de Somos agentes de inteligencia y queremos agentedeinteligentear.

Decíamos la semana pasada que lo que ocurre es grave. No sólo por la muerte de Nisman sino porque —quedó cada vez más claro— involucra a los servicios de inteligencia, actuando al margen de la ley, de algunos consensos democráticos y también como herramienta de una política exterior que nos excede y comprende a EE.UU., Israel, Medio Oriente y varios gobiernos democráticos argentinos. Si estuvieron siguiendo a Santiago O'Donnell, sabrán que la pista iraní constituyó desde su inicio una política de Estado que incluyó a partidos políticos, periodismo y organizaciones de la colectividad judía; pacto implícito que se quebró al firmarse el memorándum de entendimiento con Irán que, válido es decir, fue propuesto como guinche que arrastrara la causa fuera del pantano en el que siempre se encontró. ¿Quebró el oficialismo ese pacto o éste fue abandonado por las fuerzas opositoras para ser utilizado en cambio como ariete en la lucha de facciones políticas? Nada está muy claro en ese sentido, cuando por ejemplo Obama busca acercarse a Teherán aún a pesar de contar con detractores en la política y los medios norteamericanos, a los que amenazó al respecto en su reciente discurso de State of the Union.

En nuestra política interna, al conocerse la muerte de Nisman, quien picó en punta para atacar al gobierno nacional fue Mauricio Macri. Luego se llamó a silencio para no avivar el fuego que podría chamuscarlo en nombre de su Fino Palacios, recomendado por la CIA, el Mossad e involucrado en la causa AMIA como encubridor. Luego el radicalismo, con la disputa en los territorios provinciales y contra el peronismo en mente (además porque durante el gobierno de la Alianza se modificó la ley de inteligencia, como detallara Martín Rodríguez). El Frente Renovador, en cambio, se sacó los zapatos y caminó en medias para no hacer ruido. Sólo la acostumbrada pantomima de sobreactuar representación en su pretensión de constituirse en querellante. El pasado de Massa en el kirchnerismo y como Jefe de Gabinete lo inhibe para un enfrentamiento más abierto.

A nivel social, mi impresión es que se trata de un tema más bien metropolitano, percibido como lejano por quien no cuenta con una adscripción política que lo haga parte de algún núcleo duro. Esto teniendo en cuenta el fogoneo mediático y más aún cuando se vislumbró que la denuncia contra Cristina y Timerman se caía a pedazos por ridícula (fuentes desopilantes y sospechas sin pruebas; le faltó sexo para constituir una trama de best seller). El martes pasado sostuvimos que habilitaba la emergencia de esa corriente emocional de odio contra el gobierno, expresada antes en sucesivos cacerolazos. Se derraman dosis importantes de voluntarismo de uno y otro lado: la muerte de Nisman no podría voltear al gobierno ni tampoco hay que mirar hacia Tacuarí y Magnetto cada vez que alguna situación jaquea al oficialismo. No puede soslayarse, de todos modos, el nivel de patetismo alcanzado por algunos periodistas del multimedios, así como también la pobre respuesta del gobierno la semana pasada, alarmante desde lo comunicacional, la inteligencia y el aplomo necesarios para afrontar la situación.

Otro sí: la judicialización de la política sirve para pegar, para la guerra de guerrilla, para mantener avispados a los núcleos duros, pero no para crear volumen político. Esto era algo que aún la Alianza UCR-Frepaso sabía y nuestra decepcionante oposición desconoce. Por suerte, quizás.

Respecto al anuncio realizado por Cristina ayer (hay que “suicidar" al encargado de la puesta en escena, eh, anoten), pueden leer un pormenorizado resumen del proyecto para reformar la ex SIDE acá. Nuestra evaluación es más bien simple: es absolutamente necesario, fue pospuesto demasiado tiempo pero ese no es argumento para oponerse y, en realidad, nadie con un poquito de buena leche (o chances de acceder al poder) puede sino estar de acuerdo. Si necesitan pruebas, sólo basta ver quiénes llevaron la voz cantante en este entuerto: marginales como Bullrich, delirantes como Carrió, la izquierda con Altamira (!) o segundas y terceras líneas sin juego propio. Sólo Cobos se permitió mostrarse frontalmente en contra y por los motivos detallados en el tercer párrafo.

martes, 20 de enero de 2015

#JeSuisNismanCharlieEToutLeMonde

En estas últimas semanas se instauró con fuerza de moda ser alguien más, Charlie Hebdo, Nisman, o identificarse desde la negación a la caracterización de esos personajes. Habíamos advertido aquí que no coincidimos con que deba ser el eje de ningún debate, porque —al fin y al cabo— se trata de una disputa semiótica donde cada bando intenta dotar de un significado distinto al disparador del parteaguas y no tiende ningún principio de resolución. Así, Charlie Hebdo sería la corporización de la libertad de expresión occidental frente al ataque fundamentalista musulmán y Nisman, el fallecido fiscal de la causa AMIA, un corajudo héroe, reconvertido por la muerte en mártir, que luchó por la Justicia, se enfrentó a la tiranía del kirchnerismo y, a causa de ello, apareció muerto en su departamento.

No vamos a transcribir aquí los detalles de cada caso. El que haya arribado a este texto los conoce o debe volver inmediatamente a postear estados bajo emoción violenta en Facebook. En definitiva, la visión que ahora tengamos de Nisman o Charlie Hebdo, de sus orígenes y derivaciones, termina por ser una cuestión de Fe. Cuando las circunstancias y contextos son desconocidas o decidimos, directamente, descartar algunos datos y tomar sólo aquellos que verifiquen nuestros prejuicios o intereses estamos frente a una conducta perfectamente humana... que debe necesariamente ser superada por el juicio que las instituciones que a tal fin hemos creado puedan desarrollar.

Qué difícil la mesura cuando nuestro sistema límbico toma por asalto al neocórtex y lo somete como rehén. Una abogada amiga sostuvo que para ella sería muy difícil trabajar como fiscal en una causa como la de Nisman, soportando presiones o amenazas, imposible si uno tiene hijos... para inmediatamente sostener que le volaría la tapa de los sesos a Cristina aunque eso destruyera a su familia. De allí los TT mundiales #CFKasesina o #TodosSomosNisman. ¿Usted quiere ser el Nisman que describen Santiago O'Donnell y los cables de la Embajada norteamericana o prefiere ser el que imagina suicidado por alguna oscura maniobra del poder político? ¿No quiere ser Charlie Hebdo o prefiere evitar pensar en el colonialismo occidental que comercia sangre por petroleo y lleva en cambio la libertad cargada en la punta del fusil? Tiempos extraños, difíciles y fascinantes nos han tocado. El mundo ya no es tan simple como antaño, cuando contamos cada vez con más información a nuestra disposición.

¿Qué podemos esperar del caso Nisman? Lo que ya desde ayer temprano pudimos observar: el intento por convertir la cuestión en el clivaje que determine el resultado electoral de este año. En Facebook dicen que estás con los asesinos o con los que quieren que se enjuicie a Cristina. En Twitter dicen que el kirchnerismo comenzó negando la inflación y termina negando un asesinato o, la contraparte, que a Nisman lo mandó a suicidar Magnetto para voltear a CFK. En los medios masivos, aquellos enrolados en la oposición (TN, radio Mitre) no dicen —pero dan a entender— que fue Cristina quien apretó el gatillo. Los medios oficialistas, por su parte, destacan datos duros (la no intervención de terceros en la escena, que determina con mayor probabilidad que se tratara de un suicidio) y leen la operación que el fiscal intentaba liderar contra el gobierno. Hay que decirlo, también: la acusación de Nisman no parecía sostenerse y la reacción del oficialismo parecía la adecuada para dar por tierra con ella. Pero más allá de toda esta batalla por el significado, las implicancias de la muerte de Nisman son graves. Jorge Asís tuiteaba que el gobierno debió cuidar al fiscal como si de cristal se tratara. Qué difícil. Sí podemos extraer un par de conclusiones: la primera es que aquellas corrientes que animaron los cacerolazos continúan allí, aunque se mantuvieran larvadas, subterráneas. Sin la fuerza de cuando el cepo al dólar, tristemente o no tanto. Demanda ahora, nebulosamentr, Justicia. Una demanda clasista, claro, porque luchar por una Justicia mejor sólo sería posible si hiciéramos de ésta algo distinto que el arma que sostiene en término último el status quo, encarcelando al pobre y palmeando en la espalda al que cuenta con colchón financiero. No, se trata de manifestarse en contra de este gobierno y poco más. La segunda es que el hecho da inicio, temprano, en enero ya, a un año electoral que será muy caliente. No sólo se pone en juego la Caja del Estado, sino que es el Poder mismo el que flota en el aire, y aquellos postergados en el área decisoria durante estos años no van sino a pujar por el retorno de la democracia de la derrota. Como tercera conclusión, en relación al caso específico, algo que me enseñaron en semiología: si escuchamos ruidos de cascos galopando, debemos pensar antes en caballos que en cebras. Pero casi todos parecen estar pensando en unicornios.

lunes, 12 de enero de 2015

#JeSuisDanielOsvaldo o #JeNeSuisPasScioli ¿Contextualizamos?

Scioli en un encuentro de Clarín y ahora con Mirtha Legrand... ¿se quiere quedar cojo, el manco? ¿Quiere cazar fuera del zoológico? ¿Nos quiere matar del disgusto a nosotros, los cripto rabollinistas culposos de izquierda (!)? Convengamos dos cosas: la primera, es una minoría politizada, intensa, la que critica estos dos movimientos nada inocentes de DOS. La segunda es la que intentará dar sustancia al post: así como hay quienes piensan que ahondar en el contexto de la masacre en Charlie Hebdo es justificar el terrorismo, hay en el oficialismo quienes piensan que hacer algo distinto a censurar la precandidatura de Scioli es entregarle el país a la Derecha.

Agreguemos el “pero" de la discordia. Contextualicemos a DOS escribiendo algo que ya sostuvimos antes pero quizás no tan descarnadamente: Scioli es hoy el candidato con más chances del PJ-FpV (también) porque el kirchnerismo se negó a construir un candidato propio. Y ojo con levantar la mano para decir Randazzo porque Florencio es tan peronista mazorquero (PJ PBA) como el que más, y sólo frente a la amenaza naranja puede ser considerado una forma de continuidad livianamente pura. Otro sí, la advertencia que en reiteradas ocasiones hiciera Abel Fernández: si todos hablan de Scioli, el que gana es DOS.

¿Qué ocurrió para que Scioli fuera el representante del FpV en el pelotón de presidenciables con chances? Bueno, su historia afuera y adentro del espacio, su persistencia y su tradicional perfil moderado y conciliador que conecta con cierto clima social (hablamos del business del país en penumbras). Pero además lo esperable: ningún partido pudo antes encadenar una sucesión presidencial excepto el radicalismo con Yrigoyen-Alvear (¡oh, el alvearismo!) y el PJ-FpV con Néstor-Cristina. Algunos rasgos propios del kirchnerismo potenciaron esta dinámica: la desconfianza natural en cualquiera fuera del círculo íntimo, La Cámpora enarbolando la bandera de la ortodoxia K, en un sentido casi religioso las más de las veces, la capitalización política tributada enteramente a CFK, Cristina negándose consistentemente a cimentar la construcción de una Dilma y el error fundamental (porque muchos terminaron creyéndolo): todos los votos todos, cada uno de los que componen el piso del 33%, son de CFK.

Massa es también un emergente del modo de construcción política del kirchnerismo, mal que nos pese. Es, además, el Scioli que buena parte del establishment pretendió: uno que quebrara con el kirchnerismo y tuviera, así, menos ataduras que la que jugar adentro, apelar a los votantes K, implica en el universo simbólico que condiciona luego lo concreto.

La búsqueda de una interna competitiva, que resulte la incógnita excluyente de las PASO, es por ahora una estrategia que parece tender al éxito. No será así, luego, si quien emerja ganador no aglutina en octubre el grueso de los votos del espacio en las primarias. El peronismo comprende esto cabalmente y no tendrá problemas para encolumnarse detrás del triunfador. No son pocos los indicios emitidos en ese sentido por el PJ-RA y el PJ-PBA también. ¿Qué pueden esperar entonces de Scioli los que JeSuis y los que JeNeSuisPas? Lo de siempre, su tradicional báscula entre gestos de lealtad (continuidad) e independencia (ruptura). En 2013, en un contexto peor que el actual, constituyó la alquimia que se reveló pagadora. Por si fuera poco, aún Randazzo, Urribarri o Aníbal Fernández, de resultar ganadores en la interna, deberían necesariamente realizar gestos que implicaran ruptura/independencia luego. ¿Entonces, General? ¿Los hay más o menos puros pero alvearistas son todos? Es bastante simple contextualizar: no es posible prometer futuro sólo apelando a la continuidad del pasado y presente.

sábado, 10 de enero de 2015

Ser o no ser Charlie Hebdo, esa *no* es la cuestión

Repudiar sin peros o contextualizar el atentado dividen las aguas del opinionismo nacional e internacional. Yo soy Charlie Hebdo o no soy Charlie Hebdo. Malditos fanáticos islámicos o Francia en Argelia, Estados Unidos y Al Quaeda, petróleo y sangre medioriental, etc. Cualquier posibilidad de comprensión se va al carajo así. Ahora, qué difícil repudiar sin la posibilidad de habilitar un debate que tienda hacia la comprensión del fenómeno, cuando todo repudio nace de comprensiones pasadas. Quizás si girase en torno a la secularización de las sociedades podría ser de mayor provecho. Pero ese debate se encuentra saldado ya, excepto para los radicalismos de cualquier índole.

¿Y Francia? Salió de cacería y abatió a quienes, presumen, serían los autores materiales. ¿Cuáles podrían ser las proyecciones políticas? Volveremos sobre ellas.

Rápidamente, luego del atentado, la prensa mundial sentenció: se trató de un ataque a la libertad de expresión. No de prensa, por suerte, porque no “bajaron” a un medio de comunicación sino que asesinaron a los periodistas/humoristas que en él se desempeñaban. Si así fuera, se entendería que el periodismo se sintiera un poco Charlie Hebdo. Pero no todos lo son y menos aún si buscan circunscribir el asunto a un debate simplista: “me matan por opinar distinto”. O la culpa es del Islamismo, como señalan en Revista Paco, clausurando cualquier complejidad o el reconocimiento del quilombo cultural y religioso que se inscrusta en la vieja Europa, constituída también por ciudadanos, hijos de inmigrantes cuya historia de vida fue atravesada por el sometimiento a una nación que ahora cobija a su descendencia.

Como bien apuntaron muchos, un atentado terrorista tiene por principal objetivo lo que su nombre indica: sembrar terror. Y conseguir difusión para una causa, la que fuera. Vaya si la consiguieron. ¿Es la libertad de expresión o la publicidad, entonces?

Ahorremos teorías conspirativas, nain ileven y la mar en coche: cuando atacaron el World Trade Center no buscaban destruir las finanzas internacionales ni Pearl Harbour significó algo más que una mojada de oreja al territorio continental norteamericano. Claro, fueron luego excusas perfectas para Hiroshima y el retorno a ocupar Medio Oriente. Pero idiotas útiles hay en todas las familias. Los encargados de pedir helado, por ejemplo. Pero, ¿por qué decimos que ser o no ser Charlie Hebdo no es la cuestión? Porque ninguna de ambas posturas apunta hacia una posible solución. La primera porque al negar complejidades, matrices de la historia, sólo puede dirigirse a destruir al Otro. Si el Islam es el malo, ¿cuál es la única solución posible? Hay mucho de inhibir cualquier debate que ponga en entredicho los valores occidentales y cristianos allí, qué decir del accionar occidental entonces. Los segundos, en cambio, los que se sumerjen en las complejidades o niegan ser Charlie Hebdo porque implica negarlas, corren el riesgo de agotarse en el trajín del laberinto de lo inmodificable. Y servir mientras tanto a los propósitos de quienes quieran plantear soluciones inmediatas.

Francia es atravesada desde hace mucho por un discurso xenófobo que elección a elección fue ganando adhesión. Marine Le Pen consiguió aggiornar y moderar a su partido con el objetivo de convertirlo en una real opción de poder. Este atentado seguramente le granjeará mayores simpatías y abrirá el campo político para estas expresiones. Dicha apertura, claro, implicará la posibilidad de su disputa, y puede ser la excusa perfecta, también, para que el resto de los partidos políticos franceses incorporen ese rasgo xenófobo que late en algunos sectores de la sociedad y que, en aras del triunfo de la civilización y el iluminismo y la Republiqué, ha sido negado consistentemente.

lunes, 15 de diciembre de 2014

2015: la PBA partida

Las encuestas nacionales referidas a candidatos, todas hablan de un escenario de mayor o menor paridad entre Scioli, Massa y Macri (con el liderazgo atribuido a quien haya puesto el billete). Todas —hagamos la salvedad para que el lector piense que cazamos algún fulbo'— son foto de un momento y no están dadas las condiciones para afirmar que pueden ser inapelables: ni el soberano tiene el voto in pectore ni están cerca de formalizarse las candidaturas en todos los niveles. Pero un fantasma recorre Argentina. Es el fantasma de que TODOS GANARON ALGO MENOS VOS, BOC... Perdón, es el fantasma de que todo se decide en la PBA. Y si todo se decide en el distrito que concentra 4 de cada 10 votos nacionales, nada está decidido aún.

Manolo recientemente apuntó la división geográfica en la cual se insertan los candidatos en pole: Macri en la CABA, Massa en la PBA y Scioli en el NOA/Cuyo. Útil el esquema para entender a grandes rasgos nuestro país y las razones de cada voto, no toma en cuenta los gaps entre contendientes en los distintos distritos. A su favor: nadie lo hace. Manolo es el primero en advertir que la encuestología se queda corta en la PBA y que la realidad es que los profesionales del rubro y sus consumidores son náufragos en bolas,gritando que se cogieron a Claudia Schiffer cuando apenas rindieron tributo a Onán.

Lo anterior, que es válido para la PBA y parte de la región centro (zona núcleo, digamos), no lo es tanto para CABA y NOA/NEA/Cuyo, adonde las preferencias están más claras. La más reciente encuesta de Aragón & Asoc., para provincia de Buenos Aires, certifica lo escrito: Massa 26, Macri 25 y Scioli 22%, dice el encuestador de Sergio y el Frente Renovador. La PBA, entonces, se encuentra partida en tres en lo que a preferencias hace. Los números deberían hablar por sí mismos, pero cualquier pelotudo con blog —éste— se puede tentar y ponerlos a cantar. Escuchemos su melodía: si Macri hegemoniza CABA Y Scioli el interior profundo y más peronista, ¿alcanza la diferencia a tiro de margen de error para decir que Massa hegemoniza la PBA? Los números verifican también una de las hipótesis que pretendían explicar la derrota del FpV en las pasadas legislativas: territorio sí, pero Massa fue además el instrumento para castigar al oficialismo en las legislativas y no es pequeño el favor que le debe al PRO. Definitivamente había voto macrista en la composición del triunfo renovador, no hay otro modo de explicar el 41% de Massa en 2013 y su actual 26% de intención. Ese último número representa un 10% nacional y no asegura un lugar en un eventual ballotage.

Bajo esta luz, la PBA no decide la elección en las PASO o primera vuelta, pero sí puede hacerlo en ballotage. Otra: más importante que el acompañante en la boleta presidencial será el candidato a gobernador de la PBA, y las listas que acompañen a esa boleta. No hay margen de error al respecto y muy poco espacio para refritar un De la Rúa - Ruckauf: el candidato a PBA debe ser ganador y el espacio que se equivoque en su selección no tendrá Presidente. Imaginamos entonces a Insaurralde frotándose las manos o mandando a Jesica a decir en los medios que se las frot... ¡ups! Retornemos mejor a la seriedad que nos caracteriza: ¡QUE CALIENTE ESTÁS, BOSTER... Ah, no, quería decir que —lamentablemente para el interior profundo— será la PBA la que en este turno se lleve las mejores promesas y compromisos. País federal, las pelotas. Ya matamos a la agenda porteña como leitmotiv de lo nacional, ahora dividamos la PBA a sangre y fuego. ¡A las lanzas! Sirva lo anterior para explicar, en parte, —esto también—, la contradicción de que sea el gobernador de la PBA (valdría también para un bonaerense como Randazzo) quien pueda constituirse en el candidato más federal de los que pugnan con chances. Gajes del oficio adeudados a las condiciones de posibilidad de los acuerdos y alianzas disponibles. Una guacha, la Historia.

viernes, 12 de diciembre de 2014

La Gallina Mecánica: River campéon de la Sudamericana

La corrida y suspenso de Antonio Alzamendi, en el cabezazo de esa pelota que le había puesto Alonso y rebotado luego en el arquero; el control, mediavuelta y zurdazo del Búfalo Funes en aquel otro gol inolvidable; el salto perfecto y el cabezazo franco, impecable de Hernán Crespo; el doble enganche hacia adentro y el latigazo casi desde el piso de Marcelo Salas; la final de esta Copa Sudamericana merecía quizás un gol hermoso como el de Pisculichi en Colombia o que entrara alguna de las muchas, demasiadas que tuvo Teo Gutiérrez. En cambio, quedarán en la memoria los frentazos plenos de Gabriel Mercado, Germán Pezzella y también, ¿por qué no?, la explosión de bronca, incontenible, justificada del muy buen arquero de Atlético Nacional, Armani, ante lo inapelable del 2 a 0.

Dicen los que saben que conviene siempre empezar cualquier texto con una frase impactante, ganchera o que posea una belleza suficiente para acariciar el alma. Este ya está avanzado pero va de todos modos: ¡Viva el fútbol, Pisculichi! Y que viva el fútbol, River, campeón de una copa internacional luego de tantos y sufridos años que es el primer título de este tipo para los miles de hinchas sub-20 que riegan el suelo de la Patria, países vecinos y galaxias aledañas.

El fútbol tiene algunas máximas, pocas: la de la manta corta, los goles que se fallan en el arco contrario, dos cabezazos en el área, pero una de las más verificadas sea quizás esa de los delanteros que ganan partidos y las defensas campeonatos. En esta Sudamericana podríamos invertirla para decir que los atacantes nos depositaron en la instancia última y fueron defensores, en cambio, los que nos entregaron el campeonato en la finalísima. Claro, se trataría de una exageración o de una licencia literaria: tanto Mercado como Pezzella o aún Funes Mori actúan como atacantes en las pelotas paradas, y no podrían ser tan efectivos sin el aporte de una pegada exquisita como la de un jugador netamente ofensivo, Leonardo Pisculichi.

Y si de hacer nombres se tratara, que recién en este cuarto párrafo arribáramos al de Marcelo Daniel Gallardo sería una injusticia. Hacer Justicia, Su Señoría, sería decir que este es el equipo del Muñeco, el de Gallardiola®, la Gallina Mecánica, el Bayern Muñe. Un amigo, @CineBraille, supo distinguir ya tres etapas en este River del segundo semestre: la primera, de Oro, abarca desde el segundo encuentro por el campeonato local hasta que trocamos los triunfos arrolladores por aquellos conseguidos en base a convicción ganadora, fase de Plata esa que terminó a su vez con la derrota frente a Estudiantes de la ídem. La de Bronce sembró dudas pero River supo emerger, fortalecido, en la serie de semifinales frente a Boca que significó el pasaje a la final y el final, también, de ese fantasma que acechaba en dichos enfrentamientos por torneos internacionales. Con la coronación en la Sudamericana parece fácil decir que disfrutamos más de aquellos primeros siete u ocho partidos que del campeonato conseguido en el semestre pasado, pero tampoco era tan difícil antes. Un sobrino de catorce, fanático, reconocía sorprendido que jamás había visto jugar así a su River, y eso sólo bastaba para llenar el alma de este bilardianomundialista interpretado fielmente por Sabella durante Brasil2014. Ese primer River de Gallardo sumaba conceptos de diversas vertientes: bielsista, sostenían algunos por la dinámica y las transiciones rápidas; passarelliano decían otros, considerando el pressing en tres cuartos de campo rival; guardiolista aportaban más allá, amparados en la empiria de un equipo corto que adelantaba la defensa hasta mediocampo y tenía prohibido jugar a más de dos toques. La mano del técnico fue fundamental para potenciar a un equipo que se iniciaba disminuido luego de campeonar; basta recodar que cada vez que River lo necesitó, Gallardo supo interpretar momentos y necesidades. Aún con un plantel corto, exigido por demás, encontró variantes, cambios tácticos, estratégicos y siempre ese signo de todo equipo que pretende grandeza y gloria: la respuesta comprometida de sus dirigidos.

Con Ramón Díaz, River fue un digno campeón que nunca apeló al lirismo pero defendía razonablemente bien. Pero una vez ganador, el riojano decidió alejarse comprendiendo que lo que vendría no podría ser mejor: la dirigencia no aportaría contrataciones rutilantes, Ledesma no podría empujar más el final de su carrera, Carbonero y Lanzini –los desequilibrantes– emigrarían sin remedio, quizás también Teo Gutiérrez y ni siquiera podría contar con su estandarte, Fernando Cavenaghi. El panorama parecía desolador y llegó Gallardo. Entonces River, con la sola incorporación de Pisculichi y el retorno de un resistido Carlos Sánchez, desplegó un salto de calidad de naturaleza casi incomprensible. Atónitos asistimos a un cambio de mentalidad, de juego y compromiso por una idea futbolística sólo comparable a la experimentada en la renovación que barrió al River de los ’80 con el arribo de Passarella y sus veleidades europeas. Luego Gallego y Díaz pudieron disfrutar mejor el fruto del semillero hasta que la desgracia dictaminó que debíamos estrellarnos con Aguilar, el Locarno, Aruba y el fantasma –aparecido– de la B.

Pero permítanse por un momento, éste, deshistorizar esta conquista para apreciar que aún así brilla bajo la luz de un fixture que asemejó este campeonato a una Libertadores. Cierto, se trató de la Copa Sudamericana, pero Libertad (Par), Estudiantes (LP), Boca y Atlético Nacional o San Pablo parecen un dream team soñado para el torneo continental que da inicio a cada temporada. Y River supo imponerse ante cada choque con la autoridad necesaria para hacer innecesaria cualquier controversia. La serie de la gran final sirve para graficarlo: luego de un primer tiempo en el que el equipo colombiano parecía un par de categorías superior, River se repuso, adelantó y acortó sus líneas, practicó juego asociado e hizo del empate un resultado justo y merecido. Las repeticiones del partido de vuelta en el Monumental hacen del 2 a 0, en cambio, un resultado mezquino y hasta azaroso. Nacional jamás pareció capaz de reacción y los jugadores, el DT y todos, en el estadio y afuera, celebrando el campeonato antes del pitazo final lo atestiguan. Fue una fiesta y, contrario a lo que sostiene el popularizado cartel, la Navidad llegó en un despliegue de alegría, de rojo y blanco inundando las calles y en el estruendo de los fuegos artificiales. Resta un domingo con posibilidades en el plano local, claro, pero si Racing decidiera ser campeón como parece, la Banda de Gallardiola, el Bayer Muñe, la Gallina Mecánica celebrará este semestre en forma absolutamente merecida. Y todos nosotros con ellos. ¡Salud entonces por la alegría de una final y nueva copa internacional! ¡Salud por la apuesta del Muñeco! ¡Salud por los aportes fundamentales de Barovero y Mora! ¡Salud por el regreso de jugadores de River a la Selección! ¡Salud por todo eso y más… y que viva el fútbol, Pisculichi!

martes, 2 de diciembre de 2014

“El miedo es que en vista de la actual paridad entre Macri y Massa, las PASO no actúen direccionando voto útil" (entrevista con la PACO URONDO)

Muy amablemente, los amigos de la Agencia Paco Urondo nos obligan a tirar postas a lo loco (!) en una entrevista que agradecemos y en la que el campo opositor es el tópico principal.

Allí decimos sobre Massa que: “...noto en los análisis porteños una tendencia al error: creer que una foto implica un armado. Es una mirada superestructural que luego no se verifica. El FR más que el PRO carece de estructura territorial fuera de la PBA y las fotos con Morales, Cano o Naidenoff no la proveen. Al contrario, son una renuncia a construir...".

Respecto a Macri y la estrategia del PRO decimos que Durán Barba se la comEH... NO, PARÁ, lo que observamos es que: “...va allí adonde hay una mayor tradición radical (Córdoba, Mendoza) y Massa en cambio se dirige hacia donde hay más voto peronista (NOA, NEA). En las provincias puede desengancharse la pelea local de la nacional, algo más complicado en la PBA o la CABA. Esa es la apuesta de los radicalismos provinciales. Macri y Massa son accesorios en esa estrategia...".

También que: “...es en la UCR donde se ha desencadenado una rebelión de los coroneles, y se comporta en los hechos como una federación de caudillos provinciales... (y) ...que aún sin un candidato medidor supo en este último tiempo proyectarse como una sombre sobre todo el arco opositor...".

Le bajamos el precio a la venta de renovación del bipartidismo, decimos que las elecciones en Brasil asustaron a los promotores de la oposición, que el triunfo del FpV en primera vuelta es posible pero en segunda también y nos reímos mucho de Gigliotti y Lady Gag... (OK, ESO ÚLTIMO NO, pero deberíamos). Una vez más le agradecemos a la Paco Urondo, a Enrique de la Calle, pedimos disculpas por la autocita del título pero sabemos que comprenderán las razones autopublicitarias (!) y los invitamos a leer la entrevista completa acá...