miércoles, 12 de junio de 2019

10 reflexiones apresuradas en este cierre de alianzas atolondrado

Todavía en caliente, intentemos algunas aproximaciones a lo que sería la configuración del escenario electoral hasta el momento:

1.- Movió Cristina y precipitó los acontecimientos en todos los espacios (excepto en el FIT. ¿Por qué tanta maldad, viejo?). Desde el periodismo oficialista inmediatamente resurgieron las voces de los que reclamaban un Plan V, H o Y. Por suerte el macrismo confirmó a Mauricio antes de que se les acabaran las letras del abecedario.

2.- Aún así Macri apeló a un Plan. No alfabético pero sí numérico. O simbólico, qué se yo. El Plan π. El Plan 3,141592Chetto. Un plan infinito (?). Pero corto de miras: no apuntó al electorado sino a los mercados. ¿Podía apelar al electorado? ¿Vos decís? ¿Con quién? Difícil. No hizo mal: necesita antes a los mercados que a los votos para llegar con vida al momento de las urnas. ¿Cuál sería la señal hacia los mercados? Que en un eventual segundo mandato tendría gobernabilidad como en este primero, con Michelángelo y su celular caliente. Por ahora, sobrevive colgado al FMI y a la benevolencia de Trump (?), que lo quiere por bueno y no porque necesite respaldo para avanzar sobre Venezuela, ¿eh? No, nada que ver.

3.- Pichetto no suma ningún voto peronista. Los votos familiares deberíamos consignarlos como pichettistas, porque de eso se trató: supervivencia. Sabía que su tiempo había terminado en Río Negro y sólo le quedaba el paraguas macrista, al que apeló siendo mejor soldado de Mauricio que varios mauricistas. ¿Le resultará complicado borrar con el codo todo lo que hizo antes para hacer macrismo llegado el caso? ¿Complicado para qué, si no hará política electoral?

4.- El café veloz entre Alberto Fernández y Massa se concreta mientras escribimos estas líneas. Massa suma votos. No tantos. Pero la verdadera aritmética se da al neutralizar su capacidad de daño, esa que utilizó en 2015 para asegurarle a Macri el balotaje que le dio el PEN y la decantación de votos antikirchneristas entonces. Sumarlo, así, permite incrementar las chances de recuperar la provincia de Buenos Aires (sin un Felipe Solá que reste votos peronistas) y ello habilita a pensar en un triunfo en primera vuelta o, en el caso de segundo turno, que el camino de octubre a noviembre sea para la dupla Fernández lo que fue para Macri en 2015. PBA define buena parte de la elección y la movida de Cristina con Alberto fue también un granito de arena para reconfigurar el Partido del Balotaje.

5.- En Twitter adelantamos que Urtubey se bajaría: Lavagna tiene un partido nacional en el Socialismo santafesino. Qué difícil la ancha avenida cuando desde el ejecutivo se polariza y desde la principal oposición también, con acento en el rechazo al macrismo. Les deseamos mucha suerte porque le restan más a Mauricio que a Fernández². Podrían recibir votos antiperonistas desencantados con Miquelányelo en la fórmula de la ex Alianza Cambiemos.

6.- Retornando al oficialismo, la movida Pichetto no es un espejo a la que realizó Cristina con Alberto: eso hubiera sido entronizar a Vidal y llevarse más peronistas macri-friendly: reconfigurar la coalición como hizo CFK, que inmediatamente recibió los avales de los gobernadores peronistas, prescindentes hasta entonces de lo nacional. A Macri lo saludaron, en cambio, los gobernadores radicales que amagaron con retirarse.

7.- Pero el macrismo sí debe reconfigurar su vínculo con la sociedad; ya no desde el antiperonismo que lo constituyó: ser el Otro del peronismo que gobierna desde hace 40, 70, 100, 1.000 años. El pasado incluye al peronismo y ahora Cambiemos también. Ya Pinedo y otras espadas del espacio adelantaron que se acabó la dicotomía P-antiP (uy, ¡qué difícil!) y que ahora será el supuesto republicanismo vs. el populismo. Como si no fueran populistas, ja.

8.- Qué lindos tiempos para los verduleros que tienen encuestadoras, pero las de verdad ya se están realizando y el macrismo viene perdiendo ciudades capitales y votos. 200.000 sólo en Tucumán. Puede perder mucho también en Santa Fe y no realizó movida alguna que le permitiera pensar en recuperar votos en el Conurbano. En el NOA puede llevarse palizas como las de Tucumán (62 a 20) y en el Jujuy que Morales maneja con lógica peronista perdió casi 15 puntos de 2015 a 2019.

9.- ¿Qué será, entonces? ¿El republicanismo o el bolsillo? ¿El supuesto respeto institucional o las tarifas impagables? ¿Los blanquitos chicos de camperita cheta añorando el mundo que describió Fukuyama a fines de los '80 o los sucios populistas hablando de empleo y consumo? ¿Será la política o el marketing?

10.- Porque tenía que haber un 10. Venite a San Martín, Leo Pisculichi. ¡Que viva el fútbol!

miércoles, 22 de mayo de 2019

Fernández para armar un nuevo Partido del Balotaje

Volvemos, un ratito. No como otros que no vuelven más. ¿O sí?

El tablero político mostraba hasta hace poco no sólo cierta inmovilidad, similar a la estasis sanguínea que determina falta de oxigenación y pasaje a metabolismo anaerobio con producción de ácido láctico y consecuente acidosis y... bueno, una cagada para la vitalidad del tejido, digamos. El tejido político en este caso. ¿A qué nos referimos? A los (no) candidatos que no se instalaban. A que nada novedoso conmovía el escenario o la dinámica más que la forzada introducción de  Lavagna que venía a suplir —antes que a ensanchar— la ausencia de un candidato para la angostita avenida del medio, en vista de la incapacidad para superar el dígito por parte de los cuatro jinetes de Alternativa Federal.

Resulta que Cristina movió y su jugada tuvo la fuerza suficiente para descomponer la situación de quietud que lentamente llevaba al macrismo a conservar chances de reelección pese a su fallida economía. ¿Significa esto que Fernández² ya ganó? Ni por asomo, pero se abrieron ahora presunciones sobre una mayor factibilidad, y no sería ésto ya sólo responsabilidad de la ineptitud macrista sino, además, de una reconfiguración del esquema que arribará a las PASO, generales y eventual balotaje.

¿Cómo hubiéramos llegado de no mediar el encumbramiento albertofernandis... en realidad el autodescenso cristinista? Con Cristina candidata, bastante floja de apoyos pese a que de mala gana muchos gobernadores se hubieran sumado para negociar legisladores nacionales; con Macri apostando a un nuevo balotaje antikirchnerista y con alguien de la Ancha Avenida del Cantero del Medio de la Avenida intentando llevar votos hacia el macrismo en noviembre como ocurrió en 2015. Sí, la reedición del Partido AntiK del Balotaje.

En fin; no. Había que meter un volantazo. ¿Qué ocurrió a partir de eso? Gobernadores peronistas que no estaban mirando lo nacional saludaron la decisión, Schiaretti se apuró a convocar una nueva reunión de AF (¿Alberto Fern...? No, dejá), sectores radicales, macristas y parte de la prensa le solicitan a Macri un gesto similar y activar el Plan Vidal, algo así como un "Tévez conduce desde el banco para que brille Mauro Zárate" (?). Mientras, el macrismo sigue perdiendo elecciones provinciales. Pero no cualquieras: pierde también en las grandes ciudades y en Santa Fe y Córdoba.

Ya muchos analistas ahondaron en conclusiones a partir del gesto: la humildad y belleza de Cristina (los kirchneristas), el establecimiento del fin de la grieta (los antigrietistas), la renovada perversidad de CFK (los macristas), el arrastre de los gobernadores (los pejotistas), pero pocos se detuvieron en cuáles serían las consecuencias prácticas de este giro electoral (sí, ya sé: ganar, ¿pero cómo?). Algunos apuntaron: ganar en primera vuelta con un peronismo unido. ¿Es posible? No parece que todos vayan a participar en unas PASO contra AF-CFK pero si no, la jugada habilita algo que no leí aún (corríjanme): un nuevo, otro, Partido del Ballotage, como llamó Ignacio Zuleta a Cambiemos (y que sumaba por entonces a Massa y al resto de opciones electorales que cabalgaban sobre el rechazo al kirchnerismo). La idea es entonces, a partir de ahora, que sea sólo el macrismo el que se enfoque en Cristina, vaciando ese discurso antiK en el resto de las fuerzas. En la mesa de arena, éstas tendrían mayores incentivos para confrontar con Macri, permitiendo que un eventual balotaje encuentre a esos votos más cerca del PJ que del gobierno. Justamente al revés que en 2015. ¿Es tan matemático? No, claro, pero con Cristina candidata hubiera sido más fácil reeditar el partido del balotaje que favoreció antes a Mauricio Macri.

sábado, 9 de junio de 2018

Pasado, futuro y presente para Cambiemos

En tiempos inmemoriales, cuando aún los pterodáctilos surcaban los cielos de la patria y los mamíferos no chupaban todavía la teta de la matria, decíamos que el macrismo se apalancaba en el pasado y prometía futuro. A pesar de ser gobierno, fugaba del laberinto del presente por sus entrada y salida. Atravesaba un universo simbólico sin tiempo, construido con imágenes. El macrismo era por lo que no era y por lo que sería. Nos preguntábamos entonces, cuando aún el meteorito de la corrida cambiaria no había irrumpido en la atmósfera cambiemista, calentando al dólar, las tasas, la inflación, las tarifas y el malhumor social, nos preguntábamos —decíamos— cuando golpearía el tiempo presente a ese macrismo alimentado a futuro y engordado a pasado.

Luego de las elecciones de medio término en las que derrotaron al peronismo y a Cristina, con el Plan B del tercer Plan B fracasado llegamos hoy al aquí y ahora para Macri y Cambiemos todo. Recapitulemos brevemente: el Plan A fue lluvia de inversiones + dólares agrarios; el Plan B, deuda para bancar el gradualismo electoral; el Plan C, un blanqueo filial y un ajuste grandparental; el Plan D, las Lebacs sturzeneggerianas con solicitud de ajustes provinciales y este último, el Plan E, retorno al FMI + profundización del ajuste. Frente a la disyuntiva de cambiar, Cambiemos eligió continuar.

Para el macrismo se agotaron los recursos históricos y las promesas del sci-fi futurista: se dio de frente con lo Real y se encontró, muy a su pesar, perdido en el laberinto del tiempo presente, que suele ser tirano.

domingo, 6 de mayo de 2018

La economía ornitológica bajo tormenta

En 2016 escribimos sobre la economía básicamente ornitológica del macrismo (capitales golondrina "invirtiendo" en bicicleta financiera y buitres en la "producción" de más deuda externa). Ha sido la tónica durante esta primera parte del mandato de Mauricio Macri, cuando esperaban que fueran instrumentos para capear la tormenta de las correcciones que creían necesarias para atraer inversiones (¿lo esperaban, realmente? ¿Es wishful thinking? No lo sabremos, pero era lo que decían por entonces).

Fue pensando en las elecciones 2017 que describimos las pretensiones políticas y económicas del macrismo, ya que el turno electoral legislativo se avistaba difícil entonces por la recesión buscada y generada por el macrismo apenas asumió: querían caer para rebotar. Lo consiguieron brevemente en 2017 y ganaron las elecciones. De todos modos, hasta los economistas macristas avizoraban un mediano plazo complicado, y apostaban a la inversión para la segunda mitad del mandato de Macri, creyendo que sólo sería necesario que confiaran en que Cambiemos, o el PRO, no estaban de paso.

Se pronostican ahora escenarios de catástrofe, y hasta las revistas de los centros financieros o diarios como el NYT y El País destacan las preocupaciones por una nueva crisis de deuda, un nuevo 2001, otro helicóptero republicano. Eran también las predicciones que hacía la oposición, desde todas las vertientes, allá por 2016 y 2017. A propósito, dijimo entonces que esos escenarios podían ser muy bien diferidos mientras Macri contara con la posibilidad de tomar deuda o regular el ajuste. Pero he aquí que, mucho antes de lo esperable, esas dos variables en las que se apalanca Cambiemos se van modificando: el gobierno anunció que no tomaría más deuda por este año, visto que deberían pagar más de lo que ya pagaban por ella y anuncia, además, un ajuste mayor al que venían proyectando, mientras los gurkas del establishment le solicitan poco amablemente que abandone toda pretensión de gradualismo.

¿Es este escenario el que planificaba el macrismo en sus comienzos? ¿El que anhelaban luego de ganar las elecciones de medio término? Definitivamente no. Una corrida cambiaria que los hizo fumarse 8 o 9 mil millones de dólares de reservas, las advertencias negativas de los centros financieros, lo que la devaluación y suba del dólar le agregará a precios y tarifas y un menor margen político para pasar entonces la reforma laboral que creen necesaria. Por supuesto, contar con el concurso de los gurúes y la prensa adicta les permite instalar que se hace necesario un mayor ajuste, que hay un exceso de pesos en plaza (cuando sigue cayendo el consumo, si no fuera tristísimo sería gracioso el argumento) y que todo se debe al incremento de la tasa de la Fed (cuando debe ser uno de los datos económicos más largamente pronosticado de los últimos tiempos y habiendo provocado, el gobierno mismo, una dependencia fenomenal de nuestra econonomía a los avatares internacionales y el humor de los especuladores).

Se trata de una tormenta, entonces, la vivida en los últimos días, pero como exacerbación de la dinámica desarrollada desde principios de este 2018. Pero puede pasar. Cuenta todavía con soga el macrismo; el problema es que se limitó enormemente en cuanto a las herramientas que disponía. Depende del endeudamiento y del ajuste: no pueden venir noticias agradables si sólo puede apelar a ello. No puede sino complicársele el frente político y pagar también por ello un costo electoral. ¿De qué magnitud? Dependerá de cómo navegue esta tormenta, si ésta se convierte o no en temporal y del juego gobierno-medios-poder judicial versus la escasa capacidad de respuesta que viene demostrando la oposición. Es,, claro, una oportunidad para esta última, pero no será simple si el peronismo territorial prefiere, pragmáticamente, cuidar sus parcelas antes que intentar una construcción que al menos lo acerque a Casa Rosada. Pero volvemos a una advertencia que hacíamos también por aquí previo a las legislativas: el que cuenta con más herramientas económicas, con la manija política y las balas de tinta y judiciales es el gobierno.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Golpe/lawfare en Perú: zafó PPK

Lawfare se instaló como el término para describir estos nuevos golpes institucionales, pero golpes al fin. Le ocurrieron con mayor o menor respeto de la institucionalidad a Lugo en Paraguay y Dilma en Brasil. Al fin y al cabo, surgen como una salida política cuando el presidente de turno no cuenta con el aval político y/o popular para asegurar su permanencia frente al embate de grupos de poder político/económico. Casi-casi, es lo que le ocurre a Pedro Pablo Kuczynski en Perú.

Un breve repaso nos recuerda que PPK accedió al poder al ingresar por escaso margen al balotaje como segundo de Keiko Fujimori, quien de ese modo consiguió la bancada más numerosa en el Congreso. Luego, con el aval político del resto de las fuerzas, en un escenario en el que se plebiscitó al fujimorismo como opción política, PPK se convirtió en presidente como el mal menor y representante del antifujimorismo que definió la elección.

Luego, enfrentamientos legislativos contra el fujimorismo, la avanzada de parte de éste para negociar la excarcelación de Fujimori padre, un manejo político poco sagaz de PPK y las revelaciones de Odebrecht que lo implican derivaron en este juicio político denominado allá vacancia presidencial. Al contar el presidente con una bancada minoritaria, y al haber sido aplazado a presentar su descargo frente al Congreso como paso previo a la vacancia, por amplia mayoría, muchos pensamos que la suerte de Kuczynski estaría echada.

Zafó.

¿Porque de repente se avivó, supo explicar lo que le tocaba del Lava jato odebrechtiano? No, antes prevaleció la incapacidad de las distintas oposiciones y la inexistencia de un candidato cantado a suceder al presidente para reconfigurar un mapa de poder que saltaría por los aires con buenas chances de llevarse puesyo al sistema político todo. Veamos que ocurrió en la votación para describirlo.

Se necesitaban 87 votos para destitiir al presidente y quienes pretendían vacarlo consiguieron 79, tan sólo 8 votos menos. La división de la oposición, o las oposiciones, no se dieron tanto entre partidos como hacia el interior de los distintos espacios políticos. Así, los votos que el fujimorismo necesitaba, les fueron negados por el propio fujimorismo, con Kenji Fujimori a la cabeza de esta rebelión interna, que sumó 10 abstenciones que, de votar como el resto de la bancada, hubieran sido suficientes para decirle adiós a PPK. En el fujimorismo, Kenji se encuentra enfrentado a Keiko, aún en sus deseos de excarcelar al patriarca fujimorista (Kenji presiona por su liberación, Keiko no).

Por el otro extremo del arco político, el de la izquierda que desde el Frente Amplio promovió el inicio del proceso, fue la bancada de Veronika Mendoza, ex FA hoy Nueva Fuerza, la que se abstuvo cuando sus votos hubieran sido también suficientes para destronar al presidente.

¿Intentaron un Lawfare y luego se arrepintieron? Como señaláramos, el sistema político peruano es débil, y para muestra bastan la emergencia en cada elección de partidos personalistas (antes Humala, ahora PPK o Mendoza), con presidentes que a poco de andar pierden el favor popular y abandonan el poder con escasísima aprobación, y la constante del fujimorismo de Fuerza Popular que, con Keiko a la cabeza, supo definir las últimas dos elección por la negativa, triunfando el clivaje antifujimorista. Ocurrió así que, en un comienzo, el sistema todo vio la posibilidad cierta de destituir a Kuczynski, pero vieron luego, quienes aspiran a suceder a PPK, que el antecedente podría jugarles en contra. Puede entonces decirse que con Kenji, que aspira a suceder a Keiko en el liderazgo y candidatura de su fuerza, y con Mendoza, que aspira a terciar en la disputa presidencial habiendo emergido como la tercera en discordia en las pasadas elecciones, el sistema político peruano se hizo de anticuerpos que lo protegieron, tímida y con escaso margen, de la enfermedad del lawfare.

Lo que se definía en Perú era la suerte de un nuevo golpe de Estado en Latinoamérica y así lo planteó sobre el final PPK, asustando con la posibilidad cierta de que el presidente del cuerpo congresal, fujimorista, Luis Galarreta, ocupara finalmente la presidencia. No ocurrió, pero PPK haría mal en proseguir bailando en su gobierno como hizo anoche. No se salvó, lo salvaron. Aunque se tratara del primer golpe contra un representante de la derecha, enhorabuena que fracasara.

jueves, 26 de octubre de 2017

Vidal y Cristina en la madre de todas las batallas

¿Maternidad política? Hasta ahora, PBA no alumbró a ningún candidato ganador de elecciones nacionales, pero si habilitó partos en nuestra historia reciente; el de Menem y el sindicalismo en 1989; del kirchnerismo, cuando Cristina y Néstor le arrebataron el bastión a Chiche y Duhalde; y del macrismo, cuando una casi ignota Vidal le ganó a la lista de Aníbal Fernández. PBA es un hito ineludible de cualquier elección nacional pero podés ganarla y aún así perder, como le ocurrió a Scioli. O perderla y aún ganar, como le ocurrió a la Alianza UCR-Frepaso.

Este domingo, PBA se tiñó de verdadero amarillo por primera vez, pero era multicolor desde 2013, hace ya cuatro años. Porque, sí, ganaron María Eugenia Vidal y Macri, aunque los que ingresarán al Senado serán los candidatos fantasma (una nueva categoría, luego de los testimoniales), Esteban Bullrich y Gladys González. Pero vaya una solicitud para los constructores del mito Vidal, la nueva figura de la política nacional: aflojen un poco, che, que Vidal fue antes el resultado de una suma de cálculos políticos equivocados y en menor medida forzados. Sin Massa 2013 y Felipe Solá 2015, sin Cristina y Aníbal, ambos Fernández, con Florencio Randazzo, es probable que no habría María Eugenia, la del beboteo maternal porque en política, para el macrismo, la mujer ocupa el lugar de humanizar primero a Mauricio e interpelar a un machismo todavía importante desde un lugar de no-desafío después. Caso distinto al de Cristina, que le ponía fichas a su imagen de Jefa y era entonces la Yegua. Una figura, si no feminista, femenina desde el desafío al ego machote.

Ampliemos. Dos machos poronga, pretendidos alfa, se cagaron para aceptar el desafío de la provincia. Perdón, La Provincia. Massa desde el FR, y FR, Florencio, desde el FpV. Ambos, como Urtubey en este turno, prefirieron antes la construcción de un perfil nacional, descansar para ello en los medios y entregar la provincia envuelta en papel regalo. Sí, estamos historiografiando porque comprender este triunfo cambiemista como si de una foto se tratara (¡oh, la maravillosa Vidal, oh, la maravillosa campaña!) es laburo del periodismo macrista que thatcheriza a la gobernadora. Y para ello les pagan, muy bien. A ver, Mariú, ¿cuánto hay para que subas una carta de puño y letra, que justo tenés ahí, a Los Huevos y las Ideas? No te quiero comprometer, eh. La leo yo, si querés. No te quiero comprometer.

La ventaja de ser ya oficialismo, manejar los resortes institucionales, presupuestarios, los medios, los tiempos, la pavimentación y la succión de votos massistas, avenideros, todo eso puede servir para explicar el triunfo de la fórmula Vidal - Vidal sobre Cristina - Taiana, pero sería imposible sin sumar todo lo anterior a la ecuación.

¿Y Unidad Ciudadana? ¿Fue, como dijo Dilma, la fuerza política que más creció en estas elecciones porque no existía y metió 37 puntos? No, eso es joda: fue el instrumento con el que Cristina se hizo cargo de una demanda de los intendentes PJ-PBA y del propio macrismo, que también buscó hacerla candidata. Porque le convenía a su campaña y a la malaria económica con la que enfrentaban elecciones, pero también porque perder con ella sería menos costoso que arriesgarse a hacerlo con alguien que construyera su carrera política a partir de un triunfo o derrota digna. ¿Fue UC y CFK senadora un error, entonces? No, era lo que había, dados los tiempos y el contexto, y eso entendió la gran mayoría de los territoriales PJ, que prefirió no subirse a un caballo que de antemano se sabía perdedor y que prometía un —otra vez— extemporáneo compromiso para 2019. No había, además, mejor candidata que Cristina porque ningún intendente pudo antes construir un polo suficiente que atrajera al conjunto. CFK fue no sólo la del piso más alto sino la que permitía un mayor cobijo al posponer los egos propios del intendentismo bonaerense. Gran elección de Cristina, entonces. Por sobre mis propias expectativas en un contexto en el que el gradualismo, las promesas y certezas del macrismo a la zona núcleo —sumados a los aportes del poder judicial, medios y servicios— podía hacernos prever, fuera del microclima tuitero de aliento cuasi barrabrava, de una derrota aún peor.

Ya leemos, claro, cuestionamientos a CFK por “hacer a la derrota del peronismo" en Salta y Chaco. Una lectura interesada, para continuar ensanchando la grieta interna entre kirchneristas de Cristina y peronistas del Perón herbívoro, cuando tanto uno como otro caso presentan particularidades distritales. En el anterior posteo apuntábamos sobre el privilegio del perfil nacional con el que insistió Urtubey, descuidando 2017 por pensar en 2019, en una lectura demasiado lineal del protomenemismo durante el alfonsinismo. Y algo de eso tuvo también el randazzismo bonaerense.

En Twitter y acá señalamos en repetidas ocasiones, tan temprano como en 2016, que para los distintos peronismos estas serían elecciones locales, de resistir el embate cambiemista para poder proyectarse nacionalmente luego, en base al resultado obtenido. Algunos no entendieron eso (Urtubey y Randazzo), otros sí (los gobernadores peronistas que revalidaron sus triunfos 2015). No existió para este turno un proyecto de poder unificado, un programa o una promesa que pudiera expresarse en una o un par de personas, aliadas, como ocurrió con en 1997, prefigurando el triunfo de De la Rúa en 1999. De ese modo, todas las elecciones eran distritales excepto, claro, para el presidente. Lo que llaman el Partido del Estado, que disfrutó antes el FpV. Y PBA, acostumbrada a ser la vedette nacional, malacostumbró a la política de mirada centralista a pensar que una definición allí implica en forma definitiva algo nacional. En un turno ejecutivo podría ser, pero justo quienes pretendían liderar una superación del kirchnerismo esquilmaron el traste a la jeringa en 2015, rehuyendo de la Maldición Bonaerense, pero entregando al intendentismo a lamer botas amarillas. Y a los brazos ciudadanos de Cristina en estas legislativas.

lunes, 23 de octubre de 2017

Follow the yellow brick road a 2019

Pese a encontrarse con un Congreso en buena medida adverso, en 2015 se dijo que Macri contaría con el PEN, PBA y CABA, los mayores presupuestos a nivel nacional y un esquema de poder distinto al del kirchnerismo inicial, que debió apalancarse en la opinión pública y los resultados económicos para alinear a su grupo de poder. El macrismo entra en una van —metáfora de aquel kirchnerismo— pero debe negociar con pocos afuera para arribar a sus consensos, bastante estándares para el credo liberalconservador, debemos agregar.

Ese macrismo, que en palabras de Michetti agredece a los héroes que bancaron el cambio y aún no lo sienten —eslogan sintomático de la economía y política comunicacional macrista si los hay—, puede decir sin faltar a la verdad que triunfó en su primer test electoral en el poder. Podrían tentarse entonces, cuando encuentren algunas (pocas) resistencias para sus cacareadas reformas, a nuestro conocido “si no les gusta, armen un partido y ganen las elecciones". Lo dirán sus periodistas, sin dudas, pero en lo que a manejo de percepciones se refiere tendrán tino, y lo demuestra el hecho de que apuntaran y acertaran en sus blancos: desbancaron a Urtubey en Salta y destrozaron a Massa en PBA y hasta en Tigre. Los peronistas blancos que se autoconstruían y eran publicitados por los medios porteños como alternativas racionales para una continuidad macrista fueron los grandes derrotados en estas legislativas.

El massismo esperaba conservar en este 2017 los casi 20 puntos con los que resistió con aguante en 2015. Era lo que Ias encuestas prePASO le auguraban. Se acercó, en cambio, al 15%, perdiendo casi los mismos puntos que sumó la lista de María Eugenia Vidal - María Eugenia Vidal (sic) por sobre lo que le pronosticaban en agosto. Anoche, la lista Massamarga (licencia poética) apenas arañó los 11 puntos, pudiendo sumarse su pérdida y la mayor participación para explicar el resultado cambiemista en PBA. Resulta así evidente que el cálculo político de Massa en 2015, de evitar un triunfo peronista y favorecer una alternancia que lo posicionara mejor de cara al pejotismo, resultó nuevamente fallido. Ya le había ocurrido en 2013/2014. Ahora, en la derrota salteña del urtubeycismo, ¿cuánto hubo de castigo por su macrifriendlismo si la Unidad Ciudadana provincial alcanzó el 22,5%, a escaso punto y medio de la lista del gobernador? ¿Y cuánto dirigió de su propio voto Urtubey hacia la lista amarilla con tanto elogio al macrismo? La ancha avenida podía ser una alternativa de emergencia al kirchnerismo, más para el Círculo Rojo que para un sujeto social inexistente. Y negar al kirchnerismo, que interpela a un colectivo, no resultó ganador. Ambos, Urtubey y Massa, prefirieron extemporáneamente la construcción de su perfil nacional antes que el resguardo de sus territorios. Y lo pagaron caro.

Quienes entendieron que las elecciones eran distritales —y sólo nacionales para Macri— fueron los gobernadores peronistas que consiguieron triunfos en sus provincias. El peronismo aguanta los trapos en Tucumán (y Manzur ya lanzó su campaña 2019), Catamarca, Formosa, La Pampa, Río Negro, San Luis, San Juan, ¿Misiones?, ¿Santiago del Estero? El caso tucumano resultó una prolongación de lo que escribimos en relación a las PASO, así que poco queda por agregar más que Manzur puede aspirar ahora a nacionalizar su figura (al contrario de lo que señalamos de Urtubey) y que José Cano puede correr la suerte de otros derrotados consuetudinarios. ¿Hay espacio para una liga de gobernadores? Bastante menos que el que hubo para condicionar y negociar con De la Rúa (el PJ contaba entonces con PBA, y candidatos en gateras para reemplazar al aliancista como finalmente ocurrió) pero el peronismo necesita un proyecto de futuro que tome en consideración la coyuntura y las aspiraciones del electorado y que habilite la emergencia de un liderazgo claro en un mapa que contiene al macrismo y liderazgos territoriales desperdigados.

¿Qué queda como dique de contención al macrismo? Poco. Deberemos continuar renegando con nuestro sindicalismo herbívoro y temeroso del carpetazo, algo lógico si enfrente se mancomunan el oficialismo, el poder judicial, los servicios y los medios en una ensalada que no permite diferenciar bien qué factor es ingrediente y cuál aderezo. ¿Y del Congreso, leitmotiv de estas elecciones, qué podemos esperar? El macrismo pudo en 2016 legislar merced a la chequera y a la extorsión con la gobernabilidad; en este 2017 se les complicó por errores propios pero, fundamentalmente, por su política económica en un año electoral. 2018 será diferente: no podrán apelar a la extorsión pero, además, será el año en que la reforma laboral y la poda de derechos sociales a la que aspiran deberá sortear el escollo del Congreso, menos adversativo merced, lamentablemente, a la voluntad popular.

Para una próxima entrega quedan Cristina, Vidal y la PBA.