lunes, 20 de mayo de 2013

Salve Onán

Entretenerse con Lanata, ya sea desde el oficialismo o desde el antikirchnerismo, es de pajero. Lamentablemente, el onanismo cultural suele ser uno de los vicios de eso que da en llamarse el ser argentino. ¿Viste el programa de Lanata? No. ¿Leíste la nota de Tiempo Argentino que retuitié que explica por qué es importante seguir recordando que Clarín miente? Tampoco.

En realidad, quizás el pajero sea yo, que no estoy muy embarcado en la lucha por el sentido común para la que, creo, existen ya otros canales más masivos que este humilde blog. Que suele ser brillante, ojo. Bah, no, pero tampoco es tan mediocre, convengamos. Son esos canales, más masivos, coto de caza de oportunistas. Y no se si está bien o no (algunos compañeros están convencidos de que no), pero esto es capitalismo, muchachos. Y el relato en nuestro país no roza niveles venezolanos como para mentirnos que caminamos hacia un socialismo que no existe. En Latinoamérica, que es el lugar en el mundo en que están actualizándose viejas ideas con algún sentido humanista, social, no existe. Y es, a la vez, el rincón más progresista del mundo. Qué jodido que está, ¿eh? Menos que antes (por estos lares, por lo menos), pero a veces pareciera que el horizonte es la imposibilidad.

Clarín miente, Lanata mienten. No explicitan cuál es el plan del establishment (el de De Narváez, supongo sin mucho temor a equivocarme). El oficialismo, por su lado, a veces, muchas, pinta con épica cuestiones que harían bien en ser patinadas con gris weberiano. Y tampoco explica el plan aunque uno lo intuya y apoye definitivamente hacia dónde se dirige. Como también detesta el plan que desde el clarinismolanatista impulsan, y compran -junto con la inexistencia electoral-, políticos pre-kirchneristas. Lamento si lo anterior es una repetición de esto.

Más allá de posicionamientos actuales o expectativas electorales, hay algunas cositas, tres o cuatro, ponele. O una, en la que todos deberíamos estar de acuerdo: que el piso sea siempre este (o el inmediato anterior, si conseguimos avanzar algún escalón más). Nunca menos. Y desde ahí partir para encontrar los mecanismos que permitan ir por más. Sí, muy lindo el voto a los 16 pero cómo seguimos mandando a los chicos a la Universidad con una economía que se mueve, en una medida importante, por canales informales (y en la que conseguir acortar la brecha de desigualdad cuesta tanto). O cómo hacemos que ésta, la economía, sea mayormente formal si eso significa parálisis, caos de tránsito y el largo etcétera de la conflictividad social como corolario de la Guerra de Tronos georgerrmartiniana. Ponernos de acuerdo en 4 o 5 cositas cuando el sistema política peronista -que es en buena medida el argentino-, al que califican como verticalista tiránico, es un conglomerado de liderazgos provinciales que aceptan un paraguas nacional, si les conviene, es difícil. ¿Quién asume el costo, sin reparto de dividendos, de una reforma impositiva? ¿Quién es el terrateniente buenito que la aceptaría sin poner al nuevo De Ángeli en cámara para que llore la tristeza de los niños ricos? ¿Cómo hacemos para salir de una lógica en la que las minorías intensas se disputan a las mayorías silenciosas con argumentos que datan de 2008? O cómo hacemos para escuchar a esas nixonianas mayorías silenciosas entre el ruido.

Nuestra historia indica que para conseguir cambios en serio se necesita una alianza policlasista que va mucho más allá del poder meramente institucional. Si nos encorsetamos uceerrísticamente dentro de los límites del republicanismo, los de abajo están fritos. Lo sabemos. Pero tampoco alcanza sola o mayormente con el poder del Estado. Se necesita un poco más: sindicatos, organizaciones sociales, el empresariado, medios de comunicación, etc. (antes, esta enumeración hubiera debido consignar a las FF.AA.). La estrategia de acumulación kirchnerista ha sabido dotar al Estado de mayores recursos, pero registra en el debe (quizás se trate sólo de un sueño, pienso ahora) ese "un poco más" que podría permitir, sí, que los enunciados comparando al kirchnerismo con el chavismo, el chauchescucismo y el fin de la república gocen de algún asidero en la realidad.

Repitamos, una vez más, que sólo debería ser posible el post-kirchnerismo. Entendido, claro, como comprensión y aprehensión del kirchnerismo. Desalienta escuchar que se piense que sólo Cristina puede garantizar alguna clase de post-kirchnerismo, que se ensaya ya, aunque no en lo discursivo (que es también, claro, mirá si después de hacer tanto discurso no lo vamos a reconocer, importante: mientras más radicalizada una posición, mayor espacio le entrega a la contraria, o siguiente, que puede sentirse bien cómoda ocupando el polo opuesto cerca de su extremo. El eterno péndulo). Entristece aún más que no exista un debate al respecto. Y llama a la franca desazón, a uno que no es opositor (imaginen entonces cómo se siente un opositor/odiador que se alimenta de PPT), que no exista una oposición política seria -y en serio- que se piense alternativa de poder y sea capaz de explicar su visión de país y futuro. Sus alianzas. Uno mira las opciones y es hasta capaz de votar Diana Conti 2015 aunque milite, racionalmente, en el antiultradianacontismoeterno.

Es lo que supimos, hasta ahora, conseguir. Nada muy distinto a cualquiera de nuestros países vecinos o a cualquier país serio e imperialista del mundo, ¿eh?

Mientras, Google censura las búsquedas. Pajeros.

jueves, 16 de mayo de 2013

Los noventistas culturales

En sectores no expresados actualmente por los grandes medios, pero de posición antagónica a la del oficialismo, el noventismo cultural es una obstinación todavía. Digo no expresados porque se consideran más sofisticados que el actual relato mediático, sostenido en un honestismo hipócrita. Acordaban más con planteos que LA NACION tiene ahora algo abandonados, inmerso en una clarinización que diluye su papel como tribuna de doctrina. Esto es, acordaban con el discurso de la seguridad jurídica, de la seducción de capitales y la “integración al mundo".

A pesar de haber debido soportar consecuencias por la implementación, exitosa, del credo neoliberal que lo utiliza como soporte discursivo, desde prácticamente 1998 hasta aproximadamente 2002, aún a pesar de observar sus consecuencias en los países de la periferia europea de manera escandalosa (y menos espectacularmente en los centrales), continúan considerando al “clima" de negocios y la “seguridad jurídica" como factores centrales a la hora de la inversión en un determinado país. Esa mirada simplista que, como todas las miradas, puede ser inocente sin saber que no lo es, desatiende postulados básicos del comercio. Uno en especial: la demanda, sostenida por el oficialismo desde que decidió que sería el mercado interno el motorizador de un ciclo virtuoso expansivo. Para los noventistas culturales no puede haber mercado si no existe un Estado garante de ganancias extraordinarias con bajo riesgo. Son, quizás, lecciones aprendidas de grandes maestros como Franco Macri, Soldati, Magnetto, Pérez Companc o Fortabat. Sí, sumen Cristóbal López o Lázaro Báez si gustan. El capitalismo bien entendido es prebendario o no es capitalismo.

Frente a disyuntivas económicas como la actual, los noventistas culturales buscan siempre refugio en el dólar. Cabe aclarar que no sólo ellos. Y consideran que lo correcto es aplicar el manual de la ortodoxia. Es “simple", dicen. Y las restricciones a las importaciones son una de sus muletillas favoritas. Si alguien se atreve a mencionar “sustituciones", rápidamente retrucarán que conviene comprar tal o cual insumo en China. Ahondar luego de ese punto no suele ser del agrado del noventista cultural, pues debería reconocer que la competitividad de nuestro país, para él, tiene poco que ver con variables como el tipo de cambio, y sí con el valor del trabajo nacional. En criollo: los sueldos deberían ser más bajos. Crecer a tasas chinas con salarios chinos sería su ideal.

Solían estar expresados largamente en la prensa especializada económica, los noventistas culturales. Pero desde que la política, a la que suelen soslayar -o no comprender-, se inmiscuyó en economía, se encuentran abandonados a su suerte. Es difícil, además, reconocerse noventista cultural en este país. Pero quedan algunos valientes todavía. Debatir con ellos es más fácil que con los honestistas-contratistas morales, y suelen aceptar argumentos con mayor facilidad también. Ojalá hubieran más noventistas culturales que se reconocieran como tales. El debate con ellos, quizás, sería más productivo.

martes, 14 de mayo de 2013

Polarización. Relatos. Moral

Polo positivo, polo negativo. Y polis. La polarización extrema bajo la cual describen a nuestra sociedad los militantes del polo negador no es tal. Pero el “país con buena gente" que presenta el polo positivista tampoco alcanza para describir cabalmente a nuestra sociedad, aunque uno sospeche que pueda ajustarse mejor a la realidad. Realidad, por supuesto, relatada tanto por los polos negador y positivista para atraer a la polis hacia su área de influencia.

Todo es relato. A esta altura esta verdad debería resultar de perogrullo. Pocas verdades pueden aceptarse como tales. Que nuestros sentidos traducen la realidad para que nuestro cerebro la interprete mediante confrontación con anteriores experiencias percibidas, y su elaboración gnoseológica, es una verdad que sólo ponen en entredicho las religiones cuando apelan a la fe como única fuente de verdad (que de todos modos fue incorporada). Aceptemos entonces -o tengan fe cuando les digo- que todo es relato.

“Todos chorros" es el relato dominante del antikirchnerismo psicopático. Todos son Lázaro Báez. Y si no, por lo menos, cómplices necesarios para la existencia de Báez, simplemente por olvidar que el plano moral debería ser -dicen- el Politics 101 que determine el voto. Son todos Jesús y tiran la primera piedra. Tienden a olvidar que escriben en -o hablan desde- medios que llegaron a ser dominantes no por arbitrio de la libre competencia sino por connivencia premeditada y alevosa con gobiernos de facto y democráticos de toda índole. Incluido el de Kirchner.

Este andamiaje del relato opositor tiene como meta la reducción de la política al plano moral, generando así su condición de imposibilidad. Si para que exista política deben primero mostrar la Visa al Cielo, con el sellado de San Pedro fresco incluido, no hay política posible. Fernández Díaz, valga el ejemplo [1], pretende desconocer que la política tiene lugar en el terreno de lo humano, en el barro donde todo puede encontrarse, desde habitantes de cada círculo infernal dantesco hasta pasajeros de la escalera al cielo zeppelinista, y no en el terreno de las ideas morales, argumento liberal desde Locke hasta nuestros días. Es que la moral pertenece al orden individual, mientras que la política se sitúa en la esfera de lo público, y es resultante de la confrontación e interrelación de muchas morales; o faltas de ella, que pertenecen al ámbito de lo real y, que si no se reconocen, el infantilismo de quien las niega sólo puede ser calificado como flagrante. Consolador, seguramente. Permite situarse en un plano superior, pero sin dejar de ser un infantilismo.

Por el lado del oficialismo, el clivaje bajo el que intenta orientar a la política, en cambio, es el de la acción, sea esta en forma concreta o mediante la participación en un debate que sea efectivamente político y no únicamente del orden de lo moral. En lo que a relato respecta, no pudo encontrar una transición que le permitiera cambiar pantalla desde la épica de las grandes gestas (cuando se trató de resistir vía minoría intensa) hacia la épica gris de un país en serio [2], más abarcativa, sin variar el norte pero sabiendo que la efervescencia de la pastilla de vitamina no es eterna. Muestra ahora, eso sí, algunos signos aperturistas que deberían ser alentados, como la posibilidad de que pueda estrenarse la visión más amplia, política e histórica de Adrián Caetano sobre Néstor Kirchner [3], relegando a la autocelebratoria y camporista versión de Paula de Luque (inferior hasta en lo que a recursos narrativos se refiere), el reporte post inundaciones de Cristina, haciéndose eco de un pedido que recorre la fibra íntima de cualquier sociedad (y más aún de una que tiene en su horizonte la verdad y la justicia) y, recientemente, la conferencia del equipo económico, que sirve para generar confianza y dotar de mayor volumen político a los nuevos instrumentos.

[1] http://www.lanacion.com.ar/m2/1580500-el-silencio-que-duele-mas

[2] http://loshuevosylasideas.blogspot.com.ar/2012/03/el-retorno-la-epica-de-un-pais-en-serio.html

[3] http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-219829-2013-05-12.html

domingo, 12 de mayo de 2013

Guillermomartinistas de Perón (#neogorilismo)

Va sin reflexiones, addendas ni nada. Simplemente quiero tener esta entrevista a Guillermo Martínez [1] en el blog:

Laura Di Marco
Para LA NACION

"Ha surgido un nuevo gorilismo en la era de los K, que consiste en rechazar todo lo que hace este gobierno por considerarlo contaminado y sospechoso. Se trata de un odio irracional, que no se toma el trabajo de analizar cada medida en particular ni de comparar honestamente a esta administración con las anteriores", dice el escritor Guillermo Martínez, uno de los narradores argentinos más traducidos en el mundo. Martínez, que además de escritor es matemático, considera a los Kirchner "la máxima izquierda que puede tolerar la sociedad argentina", aunque aclara que no se siente kirchnerista.

"Como hombre con militancia en la izquierda, reconozco que este gobierno hizo muchas de las cosas que haría un gobierno socialista, pero las alianzas que tuvo que trabar para poder sostenerse en el poder me parecen repudiables y hacen que yo no pueda sentir identificación", explica.

Hace casi un año, uno de sus relatos, "Infierno grande", fue publicado en la prestigiosa revista estadounidense The New Yorker. Martínez se convirtió, así, en el segundo autor nacional, después de Jorge Luis Borges, en lograr ese privilegio.

Se crió políticamente en el PC, más precisamente en la Federación Juvenil Comunista, y en los años 80, tuvo militancia gremial y política. "Cuando hacía política buscaba cambiar el mundo, pero no logré cambiar ni al consorcio donde vivía", ironiza.

Martínez afirma que los ciudadanos comunes tienen la tendencia a creer en las teorías del complot, porque ese mecanismo contribuye a elevarles la autoestima. Dice: "La gente tiende a descreer de las explicaciones más sencillas y lógicas y, en cambio, cree con facilidad en historias de poderes ocultos que conspiran para producirlos. Esa creencia genera la sensación de que uno es un iluminado y no un ingenuo, como todos los que «compran» la versión oficial. Por eso digo que es un mecanismo que está al servicio de elevar la autoestima. Aunque, ojo, a veces los paranoicos tienen razón. Es obvio que las logias existen, pero de ahí a suponer que todo lo publicado es falso hay un trecho largo".

-¿Será por eso que tienen tanto éxito los libros de historia que supuestamente muestran la trama oculta de las versiones políticamente correctas?

-Por supuesto que sí. A la gente le encanta cuando le cuentan que el hombre, en verdad, no llegó a la Luna, o que las Torres Gemelas en realidad cayeron por un autoatentado perpetrado por el FBI.

-¿El momento actual hace que se interese más o menos por la política?

-La política me interesó siempre. Como socialista, observé el surgimiento de este gobierno con escepticismo, pero poco después me sorprendió empezar a tener cierta esperanza. Por ejemplo, cuando se reabrieron los juicios a los militares, que ya nadie pedía; cuando tranquilizaron el desborde social sin matar a nadie y, sobre todo, cuando rompieron el discurso único en el manejo de la economía y dejamos de tener un monitoreo constante sobre nuestros asuntos.

-¿Por qué cree que existe tanto rechazo hacia el kirchnerismo, sobre todo en la clase media?

-Porque la clase media argentina -a diferencia de las clases medias en otros países donde he vivido, como Gran Bretaña o Estados Unidos- es muy ostentosa y sólo se solidariza con las clases más bajas cuando le va mal. ¿Te acordás cuando, en 2001, golpeaban cacerolas? Entonces, en el declive, es cuando la clase media está de acuerdo con un gobierno que impulsa el aumento de los impuestos o el blanqueo de la empleada doméstica. Pero esa alianza se rompe cuando las franjas medias empiezan a mejorar y entonces ya no están tan de acuerdo con los impuestos, porque tocan su bolsillo. Ese fenómeno encarna el nuevo gorilismo que vemos hoy.

-¿En qué consistiría ese neogorilismo del que habla?

-Es un odio irracional a cualquier cosa que haga este gobierno, sin tomarse el trabajo de pensar honestamente si la medida es buena o mala para ellos. O de comparar esas medidas con las administraciones anteriores, que no fueron mejores. Los brotes de felicidad que produjo la enfermedad de Kirchner fueron otro indicador. Lo más elocuente de este gorilismo es que cuando la clase media comienza a mejorar también empieza a mimetizarse con los valores de la clase alta.

-Pero ¿no es este gobierno el que basa su modelo en el aumento del consumo y mide sus logros en función de la cantidad de autos o de electrodomésticos vendidos?

-Sí, claro. Pero habría que recalcar que existe otro sector de la clase media que se enrola en la educación, en los deportes o en las ciencias, que está más volcado a la cultura y que no necesita consumir tanto. Por otra parte, el Gobierno también debería tomar en cuenta los consumos culturales para medir logros, en lugar de deprimirse porque no rompimos un récord de venta de autos. Es curioso observar lo que sucede con los autos y el tránsito en la Argentina, porque son reveladores de nuestra cultura política. Estar al volante es administrar un pequeño poder, que pone a prueba la autolimitación. Y por la forma en que se maneja, es obvio que eso no ocurre. Cómo manejan resume quiénes son los argentinos.

-¿Y la autolimitación no implica, también, renunciar a comprar dos millones de dólares cuando se tiene información privilegiada, precisamente por estar en el poder?

-Desde luego. Por eso siempre creí que haber nombrado la Corte que tenemos fue un momento de iluminación, en el que sí hubo una autolimitación. Fue un milagro.

-Usted señala los vicios de la clase media, pero el escaso apego de los Kirchner a la autolimitación, o sus alianzas dudosas, también socavaron sus lazos con las clases medias urbanas.

-El problema es muy difícil desde la ética política. Es probable que, para poder sostenerse en el poder en la Argentina un gobierno necesite hacer cosas repudiables: aliarse con intendentes impresentables, sindicalistas que chantajean, capitalistas amigos o con ciertos medios que ahora son enemigos, pero que antes eran amigos...

-Usted dice que los K son la máxima izquierda tolerable en la Argentina. ¿Y a Pino Solanas dónde lo ubica, entonces?

-Pino no podría hacer nada. No tendría la fuerza para barrer con viejas estructuras, ni tampoco para enfrentar factores de poder.

-¿Y Pepe Mujica no le gusta?

-Creo que a los gobernantes hay que juzgarlos por sus actos de gobierno. Y no me dio la sensación de que el Frente Amplio pueda considerarse de izquierda, ni tampoco Lula.

[1] http://www.lanacion.com.ar/m2/1253982-surge-una-nueva-forma-de-gorilismo-en-la-era-de-los-k

jueves, 9 de mayo de 2013

Dándole massa a Massa

No hay gobierno nacional sin PBA, sostiene acertadamente Manolo. Por el peso electoral de la PBA, casi 4 de cada 10 electores nacionales, el desarrollo de las tensiones que cruzan al peronismo bonaerense definen, en buena medida, los resultados electorales a nivel nacional. Y cuando no, son el catalejo que luego utilizan las distintas usinas del relato para vislumbrar el futuro. Ocurrió en 2009, cuando el triunfo "por muy poquito" de FDNarváez preanunciaba, para los relatores del establishment, la próxima neomenemización del peronismo. Celebraban. No ocurrió. Claro, no se trata únicamente de ganar sino, también, o más importante aún, qué hacer luego con ese triunfo.

Hemos hablado largo y tendido sobre qué significa Scioli. Intentemos pensar ahora qué significa Sergio Massa. O qué significa Massa de cara a estas legislativas 2013 y la proyección que implica hacia 2015. ¿Se presenta como candidato a diputado?, es la pregunta que recorre cualquier análisis. Acá preguntaríamos otra cosa: ¿a cuánto el tomate, doña? No, mentira. Volvamos. Según el Ing. Sbariggi, una reciente reunión en el Delta de Tigre indicaría que evalúa presentarse. Por nuestra parte, en marzo pronosticamos que para dirigentes como Scioli o Massa 2015 no necesariamente implica inmolarse ahora, en 2013. Aún lo sostenemos. Omix, por su parte, desde el ultra-massismo (je), plantea el mismo juego que el tigrense: un día dice que se presenta y otro día que no. Pero evalúa así sus posibilidades: "Quedan 2 caminos: a) No jugar y decirle al resto de la colonia política y con sorna: "se cagaron todo, eh" y b) presentarse, jugar con dos resultados probables: b1, que le salga mal y ser el ratoncito cerebro que cada mañana le dice a su compañerito de cautiverio que tienen que salir a conquistar el mundo. b2, que le salga bien, hacer la "gran Nassed" y divertirse con el antiguo sistema político argento de aquí al 2015". La opción b), claramente, es casi un A Todo o Nada. Sin las secretarias de Guido Kazka. Ah, disgresión: Nasser y Massa comparten la doble S, pero no creo que compartan el camino al socialismo. De otro modo, Pablo Marchetti estaría militando a full ahí. Fin de la disgresión.

Para intuir entonces si puede presentarse hay que contar con un dato que desconocemos: intención de voto. Otros datos a tener en cuenta son la posibilidad de que, como dice Artemio, el tercer trimestre registre un crecimiento que ronde un 6% anualizado (dudoso, pero cosas más raras se han visto en esta viña del Señor Uritorco; chiste interno) y las alianzas que deba concretar Massa para colgar una boleta de consejeros.

Respecto a la intención de voto cabe aclarar que, con el escenario electoral aún no resuelto (algo que juega a favor del oficialismo nacional), cualquier medición actual es futurología barata y zapatos de goma. Gerardo Fernández coincidió hace poco con el pronóstico del "Gallego" Fernández, del Peronismo Militante: entre un 15 y un 20%. No suena mal, pero tampoco significaría un gran cambio respecto a las perspectivas actuales del massismo. Con las desventajas del desgaste de una campaña, de las expectativas que se generen y -ay- de las definiciones que debería brindar para sentar su posición. Es lógico que algunos sectores del peronismo deseen su paraguas: son aquellos a quienes el kirchnerismo no les abre juego; pero romper con el oficialismo no parece, a los ojos de este cronista, algo que se conjugue con el eslogan massista (y sciolista) de "continuidad con cambios". A menos que quisiera ser algo parecido a un Marco Enríquez-Ominami, claro. Ocurre que presidencializar una elección legislativa es siempre arriesgado: significa adelantarse respecto a los tiempos políticos. Ello, en un esquema mediático híper-polarizado como el actual, en el que los relatos van dirigidos fundamentalmente a los ya convencidos, a la propia tropa, obliga además a cualquier candidato a optar por uno u otro extremo, cercenándose así la posibilidad de utilizar la preposición "con" y disminuyendo las chances de presentarse como una superación. Por si fuera poco, y pensando en 2015, un gobierno peronista que no comprenda a buena parte del kirchnerismo nacería herido, y con posibilidades de sumar mayormente por el lado del conservadurismo liberal y las huestes republicanas.

miércoles, 8 de mayo de 2013

El blanqueo es endeudamiento bajo nuestros propios términos (por Fede Murcia)

Un excelente resumen para explicar qué significa, en términos de política económica, el blanqueo lanzado ayer por el Gobierno Nacional. Lo escribió @fedemurcia en facebook y lo compartimos acá [1]:

Hasta hace algunos días, desde las usinas económicas de la oposición planteaban que había dos salidas para recomponer reservas:
La primera era devaluar y "sincerar" el precio del dólar al valor equilibrio de la convertibilidad (La base monetaria/cantidad de reservas). Algo así como $7,30. Esto es el famoso 40% de devauación de Sturzenegger.
La segunda, era salir a endeudarse "afuera" para conseguir U$S y aumentar las reservas que permitieran bajar el precio de equilibrio más o menos donde está.

Descartada la primera opción (devaluación) por todo lo que sabemos: salto inflacionario, decisión política de no devaluar (entre otras cosas por efectos electorales negativos), etc. Se opta por salir a endeudarse.

Salir a endeudarse "afuera" HOY, es aceptar varias condiciones:

1- Pagar intereses usurarios. A pesar de tener la menor tasa de endeudamiento sobre el PBI de todo América Latina, todo el proceso de desendeudamiento está en discusión hoy en la Cámara de Nueva York en función de la demanda de los fondos buitres. Situación que podría llevarla a un default técnico con los actuales tenedores de bonos reestructurados. O bien, que estos, frente a un fallo favorable a los buitres, inicien demandas similares por el 75% de quita que aceptaron. Lo cual llevaría la situación de deuda a foja cero.

2- Aceptar condicionalidades externas, vía supervisión de entidades de crédito internacionales como el FMI, Banco Mundial, BID, etc. que ya sabemos las consecuencias funestas que ha tenido para nuestra economía.

Qué es entonces el blanqueo?

Ni más ni menos que un endeudamiento con los propios argentinos que tienen activos en dólares guardados bajo el colchón o en cuentas en el extranjero, pero a tasas acordes con lo que el Gobierno está dispuesto a pagar. Y, sobretodo, sin condicionalidades externas, más allá de las básicas que tienen que ver con los compromisos del GAFI en materia de lavado de activos.

[1] https://m.facebook.com/federico.murcia.12/posts/10201000359842012

martes, 7 de mayo de 2013

Charla sobre Quincho

No nos referimos a los de Ámbito. Quincho es De la Sota, a quien en 2011 sindicamos como el nuevo Scioli para que el gobernador cordobés, ahora, nos desmienta como si uno fuera un periodista independiente cualquiera mientras acepta su condición de posibilidad: convertirse en el Macri del neoperonismo neofederal.


Vamos por partes: el nuevo Macri, porque el objetivo de Mauricio, siempre, fue que el peronismo fuera a tocarle el timbre. Perdió. Se quedó con un partido de derecha ex-cool, ex-posmoderno, vecinalista y sin posibilidades nacionales algunas. Hace rato. El PRO no existe sin Macri. Y Macri no tiene destino mayor que el actual. Su futuro se dibuja en pendiente.

Luego de las elecciones 2011 pensamos aquí que De la Sota podía aspirar a reemplazar a Scioli en el imaginario post-kirchnerista. Lamentablemente para quienes lo secundan, De la Sota es pre-kirchnerista, y jamás pudo desplazar su figura fuera de los límites de su provincia. Si el proyecto de este neoperonismo neofederal es trabajar para 2015, le auguro pocas chances. Más temprano que tarde, sin un liderazgo que sea realmente convocante, los distintos electrones que componen el inestable átomo emigrarán apurados en busca de algún polo con mayor potencial. Dentro del propio peronismo, claro.

Es que el destino de cualquier experiencia que intente ser peronista no puede sino ser dentro del propio peronismo. Veamos los componentes de esta nueva alquimia que hace militancia territorial mediante solicitadas de página entera en Clarín: Lavagna le pelea el cetro del travestismo político a Patricia Bullrich; Moyano intenta infructuosamente alquilar fiscales, punteros y alguna presencia en la calle desde los estudios de TN y secundando al líder gremialista de los patrones, Micheli; el Momo, bueno, tenía caja y ya no; Claudia Rucci presta el apellido; De Narváez es inclasificable (pero lejos está de ser la esperanza blanca que fue en 2009) y el Gallego De la Sota aporta una gobernación importante pero con escasas posibilidades de trascender nacionalmente. Ya la experiencia ¿peronista? ¡federal! naufragó con Duhalde (un muerto vivo resucitado cuando la troika (je) coloradofelipemacrista se hizo añicos por tratarse de un armado mediático) y hasta Rodríguez Saá tuvo un mejor desempeño nacional. Si analizamos, en cambio, la buena elección de Duhalde2011 en la CABA y en las PASO, y la volatilidad de este electorado, podemos inferir qué porción planea morder este nuevo armado neofederal y a quienes busca representar. Alianza de clases buscada: sectores populares peronistas enemistados con el relato progresista del kirchnerismo y sectores ABC1 enamorados todavía de la experiencia menemista que Macri no les supo conseguir. De la Sota fue explícito hace poco cuando declaró que "hay que pedirle perdón a la sociedad por los gobiernos peronistas". How cool is that, gordi!? Republicanísimo. Lamentablemente, una vez más, los sectores populares no kirchneristas pueden aspirar a proyectos de poder mayores, y los ABC1 difícilmente digieran un armado que incluya a Moyano y Venegas si el horizonte electoral no se crispa con un apellido Kirchner en la boleta contraria.

Finalmente, los acuerdos cupulares (cada actor de este nuevo armado es cabeza de ratón) difícilmente trascienden. El último que jugó el kirchnerismo ocurrió a poco de ganar Cristina (febrero de 2008), cuando Kirchner acostara a Lavagna convocándolo a Olivos y el bueno de Roberto se negara a sumarse a la cola.