
El fitopaecismo, como espejo dialéctico del antiperonismo capitalino -y allende la General Paz-, tuvo algunas consecuencias que podrían ser graciosas si no fueran insultantes. Hemos debido soportar, con la mejor de las sonrisas, que los intolerantes hablen de tolerancia y que los xenófobos hablen de convivencia pacífica. Alejandro Rozitchner recibió, como regalo del cielo, la oportunidad de pasar por respetuoso. Él, que el año pasado trató de yegua a la Presidenta y lamentó que su ausencia en el Colón fuera una "pérdida para la tradición ecuestre argentina", se dio el lujo de impartirle lecciones de civilidad democrática a Páez.

La imagen es de Mundo Perverso...Existe un imaginario extendido, propiciado -claro- por los Medios opositores: habría sido el kirchnerismo el que fomentó una horrorosa división entre argentinos, que el pueblo -snif- sufre. Lloro. Seco mis lágrimas. Y podemos intentar abordar ese sofisma desde un par de vertientes, ambas potencialmente válidas:
- El kirchnerismo pisó callos que no debían pisarse y por eso el odio, la bronca y la sed de venganza que provienen de sectores acostumbrados a ejercer el Poder sin que el poder político interfiriera "tanto".
- El kirchnerismo efectivamente buscó confrontar con esos sectores, como una manera de exponerlos y quitarles la impunidad que otorga el ocultamiento de lo que la escenografía no muestra. Ejemplos de eso fueron cuando Kirchner denunció los aprietes de la Corte Suprema menemista, cuando Página/12 publicó las demandas que le realizara al entonces Presidente José Claudio Escribano o cuando Kirchner contó en 678 que Clarín quería que el gobierno hiciera lobby para que el Grupo oligopólico se quedara con Telecom.
La lectura que responsabiliza al oficialismo nacional por promover el enfrentamiento es demasiado simple. Ahistorizante. Invisibiliza (uy, palabra seisieteochista si las hay) líneas de enfrentamiento históricas, que difícilmente puedan confluir. Librecambistas y monopolistas, saavedristas y morenistas, unitarios y federales, rosistas y antirosistas, conservadores y radicales, peronistas y antiperonistas y, hoy, kirchneristas y antikirchneristas. Porque aunque el antiperonismo subsista en los votantes, las elites ya no son antiperonistas. Están, más bien, en contra de este peronismo kirchnerista. Porque una confluencia de estas líneas que mencionamos -finalmente desastrosa para el país- se dió durante el menemismo, que englobó a sectores (mayoritarios) del peronismo con sectores (mayoritarios) del establishment. Tan buenos recuerdos dejó el menemismo que luego quisieron convertir a Macri y De Narváez en peronistas. Peronistas "bien", claro. Lindos peronistas, de esos que aquellos que odian al peronismo pueden amar.
Volvamos sobre esas líneas históricas, que en un país serio como EE.UU. se resuelven gracias al diálogo y al consenso de los tiros en una Guerra de Secesión. En nuestro país Perón promovió también el enfrentamiento (además de ser nazi, por supuesto, y despilfarrar los lingotes con los que uno se tropezaba en el Banco Central). En el '55 se fue sólo, de maricón que era nomás. No bombardearon Plaza de Mayo bajo la consigna "Cristo vence". Ese era el "consenso" y el "diálogo" que debía primar. A Alfonsín tampoco lo derrocó el Dios Mercado, a quien el kirchnerismo le puso coto acumulando reservas en el Banco Central. Digo, Jauretche y Cooke hablaban estupideces de puro mal entretenidos.
No, debe ser como dicen: es el kirchnerismo el que promovió y promueve el enfrentamiento, la intolerancia, el fascismo, el que imposibilita la convivencia pacífica. ¿Cómo no se aviene a hacer un gobierno bonito como el de De la Rúa? ¿O el de Menem, pero sin corrupción? O sin tanta, por lo menos.
Como decíamos el martes: buscan cambiar el actual clima electoral. Por uno más beligerante, más antikirchnerista. Que recuerde la disputa por la 125. La columna de Fito Páez fue como el maná, entonces. Pero mientras no entendamos que el relato que se hace de la "crispación" del oficialismo nacional es una estrategia comunicacional que buscó deslegitimar a un gobierno democráticamente elegido -y ahora busca restarle votos-, seguiremos a merced de la construcción de la realidad que hacen Medios masivos de comunicación con una clara inclinación ideológica y en defensa de sus propios intereses (ah, no, perdón. Me olvido de la inmensa tirada de Página/12, de Miradas al Sur, de El Argentino y la pantalla caliente de 678 y CN23, que contrarrestan fuertemente a Clarín, LA NACION, Canal 13 y TN. Porque Volver desapareció, pobre...).
Mientras pensemos que el "odio" y el "revanchismo" forman parte de lo que el gobierno nacional busca y no se trata de una proyección (en términos psicoanalíticos) que hacen los factores de poder económico y mediático de sus propias miserias sobre el Poder Ejecutivo Nacional, seguiremos a merced de estos factores de poder.
Mientras tanto, a poner la otra mejilla. A intentar que la respuesta al odio sean los argumentos. A intentar que el razonamiento impregne un poco el discurso único que "baja" desde los Medios masivos de desinformación. Porque el amor vence al odio.






