miércoles, 13 de julio de 2016

El macrismo: between a rock electoral and a hard place económico

Suele equipararse al poder (del Estado) con un violín: es tomado con la izquierda y ejecutado con la derecha. También con un noble equino, con intenciones similares. Estas famosas sentencias no se verifican matemáticamente, pero como toda frase popular encierran vestigios de veracidad o sirven, por lo menos, para justificar giros pragmáticos o aun regresiones distributivas cuyo salvajismo depende de muchas circunstancias.

A qué vamos, se preguntará usted si no soltó ya estas líneas maldiciendo el calesiteo. A que suele existir un divorcio entre las razones del voto y las razones de gestión. Quizás porque votan unos y gobiernan otros, vaya'saber. Ahora, los liberales suelen fingir afectación frente a las razones electorales porque los colocan en desventaja: que Argentina es un país estatista, que prefiere lo público sobre lo privado, que son todos unos zurdos de mierda, digamos. Recientemente listó las líneas de este consenso Carlos Pagni, en La Izquierda Diario, ante una pregunta de @RossoFer sobre la ideología de los argentinos:

1) lo nacional es mejor que lo extranjero.
2) los pobres siempre tienen razón respecto de los ricos.
3) cualquiera sea el tema, a priori, el Estado siempre va a resolver la cuestión mejor que los privados.

Señala luego Pagni que “estos tres axiomas que están en el corazón del discurso del kirchnerismo tienen un arraigo de décadas en la Argentina. Lo raro ha sido lo otro, lo insólito es que aparezca algo más ligado al capitalismo que en algún punto, por cinco minutos ponga en tela de juicio alguna de estas tres tesis, y contra este problema pelea en el fondo Macri". #Ponele. Macri debió colocarse a la izquierda de su electorado en aquella noche de triunfo larretista, cuando su público gritaba “¡noooo!" ante cada arenga del candidato a favor de algunos pilares kirchneristas como AUH, Aerolíneas o YPF estatizados. Pero de ahí a decir que pelea contra eso media la distancia entre la fantasía del optimismo y la melancolía de la realidad.

Ocurre que estos axiomas se verifican camino a las urnas, no tanto así luego. Pero no siempre, o debería ganar solo el peronismo y no es lo que sucede. De todos modos, no es este el “problema contra el que pelea Macri en el fondo", como señalara Pagni y como si de una batalla cultural PRO se tratara. Es 1 persona 1 voto para el domingo electoral y, en cambio, para el resto de los grises días de mandato, el peso de una corporación no es directamente proporcional al número de votos de sus integrantes sino a su capacidad de daño. O a las simpatías, compromisos y visión de país del gobernante de turno. Más aún, si estos axiomas guían la pelea electoral, el sentido común del ejercicio del poder está establecido, en cambio, en las coordenadas de un conservadurismo liberal-de-la-boca-para-afuera y lactante-estatal-del-bolsillo-para-adentro en el que la pax social está dada por la consecución de resultados económicos o, en su defecto, la entrega de las llaves de los despachos en un símil loteo del poder estatal entre corporaciones. Como hizo Cambiemos. Cuánto aguanta esto último es materia de otro posteo. Volviendo, esa suerte de consenso electoral genera una lógica que, luego, la patria corporativa trastoca durante el mandato por uno distinto.

Esto resulta trágico para la mayoría, y más aun para la mayoría silenciosa, ya que un gobierno que desafíe el consenso de ejercicio —si queremos ubicar al kirchnerismo en alguna categoría— está obligado a dar “batallas" culturales y un gobierno cuya gestión colisione contra aquel consenso electoral —sea “nueva" derecha, neoconservadurismo o liberalismo a secas (ubique al macrismo donde prefiera)— no solo no necesita “batallar" en las profundidades del subconsciente nacional sino que, con callar, con no decir lo que realmente hace mientras, en este caso, vende vitalismo y espiritualidad new age, le basta y sobra. Pero esa es la definición misma de batalla cultural: el macrismo no necesita explicar sino apelar a preconceptos como “racionalización", “sinceramiento" y “pagar la fiesta"; el kirchnerismo, en cambio, debió explicar cada medida a partir de 2008 así fueran AFJPs, YPF o AUH, aun cuando maridaran con los axiomas pro estatistas de la argentinidad electoralista al palo. Los consensos electorales y de gestión parecen pertenecer, así, a campos semánticos diferentes.

Quizás sea una de las razones por las que pocos esperan que las promesas de campaña sean cumplidas o, en todo caso, resulte gratuito incumplirlas.

Retornando a Pagni y Macri, lejos se encuentra el desafío macrista de la necesidad de desplegar una batalla cultural, aunque pretenda disfrazar de tal a un honestismo imposible e impracticable para el elenco gobernante. Su pelea de fondo continúa siendo la que señaláramos en febrero y luego en mayo: ¿la política electoral o la económica?, ya que sus necesidades de política económica colisionan con sus necesidades electorales. Y a más de un nivel. Entonces, mientras se aferran al tarifazo, se insinúa también un cambio de pantalla y encontramos a Cambiemos abandonando su prédica de ajuste fiscal y descuidando los propósitos económicos planteados en su primer semestre; ocurre que avistaron las legislativas de 2017, ahí en el horizonte. Bajan tasas, prometen retomar la obra pública, quieren impulsar el otrora adjetivado “deficitario" polo tecnológico de Tierra del Fuego con un canje de celulares y pretenden ampliar el Ahora 12 por la caída del consumo, aún a costa de enterrar su dogma liberal. Promesas todas de difícil cumplimiento, que no servirían para reactivar la economía sino, tan solo, para frenar la carrera hacia el abismo. ¿El objetivo es arribar a un equilibrio bajo la actual situación, sin mejora pero tampoco con mayores dificultades a las ya impuestas para la microeconomía? ¿Eso que Ernesto Semán definió recientemente como naturalización de la intemperie? Suena complicado bajo el contexto regional y global, agravado ahora por un Brexit con consecuencias imposibles aún de mesurar. Más aún si el gobierno, en tan solo siete meses, transita su Plan C (de blanqueo de capitales; el A fue el campo, el B las inversiones post arreglo con Singer). Por si fuera poco, fue el propio oficialismo quién se encerró en la encrucijada, golpeando al mercado interno, consumo y actividad; elementos que fundamentaron el consenso electoral durante los años de kirchnerismo.

2017 es un horizonte para el macrismo y puede ser su último o el hito que le otorgue un periodo de ocho años. Decíamos que su disyuntiva entre lo político y lo electoral funciona a más de un nivel, y esto es así pues quienes pueden acercar dólares (¿para bicicletear? ¿Hay mucho más para hacer si el propio presidente promete “invertir"en Lebacs?), sea en forma de lluvia, llovizna o goteo, necesitan antes que Macri triunfe en su apuesta por liberalizar y primarizar la economía, precarizar el trabajo y que pueda, además, asegurarles un horizonte de control y estabilidad política, algo que solo otorgaría un triunfo legislativo que allane el camino a una reelección. Se plantea así una paradoja: para triunfar en 2017, el oficialismo necesita de lo que podría ocurrir solo luego de un triunfo electoral. ¿Puede el macrismo resolver la situación? Te la debo, no estoy en tema, estamos aprendiendo.

2 pusieron huevos y comentaron:

Anónimo dijo...

https://drive.google.com/a/puentenet.com/folderview?id=0B9YQTN9_W5PHfjNxS2VEaUtpYndaZGpJLUlnbUtmdDVYQWlmQURKc3hZU3hLN1diaGx1Wjg&usp=sharing

Lucho Perrone dijo...

Yo que soy lo suficientemente chico como para no haber podido votar o entender porque votaba la gente en los 90 (apenas transitaba mi infancia y preadolescencia) no puedo entender porque la gente votaría a alguien que explicita y efectivamente les esta haciendo pelota el bolsillo.

En estos ultimos años no pasamos por golpes de estado ni por hiperinflaciones. Entonces como tanto se ha dicho, estos tipos tienen que inventar que habia crisis aunque nos dabamos cuenta.

Tan boludos seremos como pueblo/pais/gente/loquequieras???

De verdad, como van las cosas y uno ve que van a seguir, no entiendo que justificativo encontraran los votantes para votar a Macri, mas alla de ese 25/30% con el que partio en octubre2015.

Saludos