Toda esta novela alrededor de Boudou, Ciccone, Boldt, Clarín, Scioli, Righi, etc., tiene un resultado ya. No es el judicial sino el mediático. Fontevecchia
lo festejó este viernes:
"...Boudou ya perdió. La opinión pública no precisa que esté documentada la conexión directa entre él y Vandenbroele para tener la convicción de que están conectados...". No es del todo falso el razonamiento, porque el
pressing mediático, a la manera del asfixiante Barcelona, logró en parte su cometido: ensuciar a la política toda.
Son todos chorros (como dice elbosnio en un gran post). Es que para una porción de la población la única aproximación posible a la política es la moral. Llevado a un extremo, ese razonamiento alumbra un paradigma que reza: "no importa si es un completo inútil, estúpido, arrastrado frente al capital o piensa que Pelé fue mejor que Maradona; lo importante es que sea honesto". Si el país se prende fuego, cae en cesación de pagos, se pierden 5 millones de puestos de trabajo, queda anémico el sector industrial y se rompen todos los lazos sociales, no importa siempre y cuando quien estuviera a cargo fuera honesto.
Mentira. Aún si nadie se hubiera enterado de
la Banelco, De la Rúa no hubiera recibido palmadas en la espaldas si en lugar de tomar un helicóptero hubiera salido caminando de la Casa Rosada, cual si fuera la reencarnación rediviva del viejo Illia. Bill Clinton dejó EE.UU. mejor de lo que lo recibió y, aún así, tuvo que soportar la condena moral. Bush lo dejó destrozado y aún así los republicanos tienen chances de ganar esta próxima elección con recetas que harían parecer al mismo George W. un moderado izquierdista. El "roban pero hacen" con el que se defienden del escarnio algunos simpatizantes del peronismo es también ejemplo.
El problema, ahora, es que la Derecha no cuenta ya con un producto vendible para oponer a la opción política más tradicional. Preparó pacientemente el modelo de "gestión", empresarial, apolítico... y este entró en bancarrota en los países centrales que lo proponían. Su representante en Argentina, Mauricio Macri, es incapaz de administrar exitosamente el distrito más rico y con menos urgencias del país, mucho menos aún es capaz de construir una alternativa política de alcance nacional.
Existe varias desventajas adicionales para quienes compran teorías de think tanks liberales y buscan afanosamente degradar a la política: en nuestro país el modelo empresarial está cuestionado. No quizás al mismo nivel que el político, pero no conserva ese aura de pulcritud y belleza que lo caracterizó en un principio. Una reciente encuesta de Edelman
nos cuenta que:
"La confianza de los latinoamericanos en las empresas está en caída. Pese al crecimiento económico con reducción del paro y de la desigualdad social, en 2012 la imagen del sector privado se deterioró en Brasil, México y Argentina, las tres principales economías de la región, en las que la consultora estadounidense de relaciones públicas Edelman releva datos para su barómetro mundial de confianza. En la encuesta participan 30.000 personas de 25 países". A su vez, el
informe Vanderbilt de 2010 respecto a Cultura Política de la democracia en Argentina:
"exhibe los promedios nacionales respecto de la opinión ciudadana de que el Estado, en lugar del sector privado, debe ser el propietario de las empresas más importantes (...) en Argentina existe una percepción muy fuerte de que así deben ser las cosas. Con un promedio de 67,9 puntos (13 puntos por encima del promedio regional) nuestro país se ubica, junto con Jamaica, Paraguay y Chile, en el lote de naciones que comparte los valores más altos del continente. En claro contraste, el apoyo ciudadano a esta idea es dramáticamente inferior en Canadá y especialmente en los Estados Unidos". 2009 y 2010 fueron justamente los años en los que la oposición política al kirchnerismo reflotó la idea de las privatizaciones. Como podemos observar, no es -como a principios de los '90- la idea predominante en el humor social. A todo esto debemos sumar también que estos sectores quedaron casi indivisiblemente relacionados con el establishment. Muchos tienen la noción de que son efectivamente parte del mismo. No es halagüeño entonces el dato de que
el sector financiero es, globalmente, el que menos confianza despierta.
Volviendo nuevamente la mirada a la coyuntura, puede que los medios hayan conseguido, momentáneamente, ensuciar una vez más a la política. Fue el objetivo siempre, aunque ya no posean, como antes, los elementos de "limpieza" necesarios. Pueden intentar destruir la oferta de la competencia, pero no poseen nada para ofrecer a cambio.