domingo, 1 de mayo de 2011

Tenemos que parecernos a Chile, donde para trabajar hay que pagar antes.

"Cristina, no te vayas con Chávez..." rezaba un cartel allá por épocas de la embestida agrofinanciera, ¿no? Menos kadhaffismo entonces y más piñerismo. Veamos, en este día del laburante (¡salú, muchacho'!), que gracias a la legislación laboral vigente en el país hermano, una empresa puede cobrarle a una persona para que esta pueda trabajar. ¿Qué cómo?, dirá usted indignado (o no tanto, si es medio indolente). Sí: para poder trabajar de empaquetador tenés que pagar antes y recibir luego como toda paga la buena voluntad de la gente en forma de propinas. Dos notas encadenadas a las que llegamos gracias a Isa Jota (?) que me las mandó por mail:

Chile: pagar por trabajar

[aclaración: el título es confuso. Debería decir "pagar para trabajar"]
Vengo del supermercado LIDER (retailer chileno) y los universitarios que empaquetan las mercancías me dicen que deben pagar por ese trabajo. (...)
El pago lo recibe Universitarios Everest, empresa externa subcontratada por los ejecutivos del supermercado LIDER, que se lava las manos frente a esta obscenidad. A cambio de esos pagos, los jóvenes empacadores reciben la caridad de los clientes, vale decir la propina voluntaria.

Chile: ¿será posible terminar con el pago por trabajar?

Hace cuatro meses, en este mismo portal de noticias para Latinoamérica, contamos la historia de una forma de trabajo indecente existente en los supermercados chilenos. Empresas externas que reclutan jóvenes a los que cobran por administrarles su fuerza de trabajo y ponerla a disposición de los supermercados. Los jóvenes empaquetan y sólo reciben como beneficio la propina de los clientes.

Pagar por trabajar es un mecanismo que se aprovecha de la necesidad económica de los jóvenes pobres para maximizar las ganancias de los supermercados. Éstos no reconocen su relación contractual con los empaquetadores, ni tampoco con las empresas externas que los subcontratan. Un mundo sub-realista.

Alguna utilidad tuvo la historia que contamos. Los medios de comunicación se preocuparon del asunto. Los ejecutivos de los supermercados se pusieron nerviosos. Otros columnistas reprodujeron el tema. Incluso una jueza en Valparaíso dictaminó que existía relación laboral entre los jóvenes trabajadores y la empresa subcontratista (cuestión que ésta negaba).

Algo se remeció en la conciencia de algunos diputados, los que propusieron un proyecto de reforma al Código del Trabajo para frenar el abuso que afecta a los jóvenes empaquetadores. Y, dos senadores de Magallanes (al extremo sur de Chile), Bianchi y Muñoz, copatrocinaron el proyecto y conversaron con la ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, la que se manifestó interesada en la iniciativa.

Lamentablemente en Chile las leyes nuevas o las modificaciones a las existentes son asunto complejo y de trámite lento, si no cuentan con un serio compromiso del gobierno. El Congreso no tiene iniciativa legislativa y la rapidez del trámite para la aprobación de una ley, o su modificación, le corresponde al gobierno.
Así las cosas, pueden pasar largos años en el limbo proyectos de entera justicia que no cuentan con el respaldo del Ejecutivo o que éste no los califica con carácter de urgente. Así ha sido, por ejemplo, con la ley de regulación al lobby, que lleva más de ocho años invernando.

El proyecto parlamentario favorable a los empaquetadores que pagan por trabajar no resultará fácil por dos razones adicionales. Se trata de un número relativamente reducido de trabajadores, cercano a los 30.000, que no se encuentran organizados, por la propia naturaleza de su relación laboral y además están dispersos en diferentes supermercados y lugares a lo largo del país. En consecuencia, su capacidad de movilización y presión es prácticamente nula.

En segundo lugar, difícilmente el gobierno impulsará un proyecto que regule el trabajo de los empaquetadores, tanto por razones ideológicas como por el peso que tienen los dueños de supermercados en el gobierno de Piñera.

Vamos a lo ideológico. El concepto de “trabajo flexible”, presente en “el relato” de economistas y políticos de la derecha chilena, sostiene que al mercado, sin regulaciones, le compete definir el salario. Siempre han argumentado que es un error la existencia del salario mínimo, ya que impide a muchas empresas contratar trabajadores bajo ese límite. Y ello afectaría a empresarios y también a los propios trabajadores. Este argumento, es el que otorga fuerza al mecanismo de “pagar por trabajar” e inhibe una legislación que lo regule.

Están además los crudos intereses. El canciller Moreno (Falabella-Tottus) y el ministro de Minería y Energía, Laurence Golborne (Jumbo), han sido destacados ejecutivos de los supermercados más importantes del país. Ello se convierte en un freno implícito para iniciativas que apunten a la modificación del Código Laboral, que es muy favorable a al negocio de los supermercados.

El Código laboral chileno permite la existencia de variadas razones sociales (distintas empresas) para la subcontratación de faenas. Y ello es aplicado hasta el cansancio por multitiendas y supermercados. Es común la subcontratación de proveedores, promotores, bodegueros, reponedores, vendedores y empaquetadores que se desempeñan en un mismo supermercado, pero que responden formalmente a distintos empleadores. Con este mecanismo se oculta la subordinación directa de los trabajadores a la empresa principal. Así se reducen costos, se frena la sindicalización y se impide la negociación colectiva.

El caso de los empaquetadores constituye un extremo de la subcontratación. Es un acuerdo no formalizado entre los supermercados y las empresas que cobran a los jóvenes por trabajar. Precisamente ese vacío legal es el que les permite argumentar a sus ejecutivos que no tienen vínculo alguno ni con los empaquetadores ni con las empresas que los organizan.

En suma, existen razones poderosas que hacen difícil modificar la legislación laboral que obliga a los empaquetadores a pagar por trabajar. No obstante, el reclamo que ha surgido debiera servir para que los supermercados chilenos no impongan esta misma forma de trabajo indecente en otros países donde invierten.

No, si no es por nada que piden que nos parezcamos a algunos países un poco más "serios".

16 pusieron huevos y comentaron:

HUINCA dijo...

Ufff... ¿Y encima de que se les da trabajo, hay que darles propina?

Es lo que es, tocayo. No hay engaño. Ese es el modelo que quiere Macri; y no es desconocimiento: es porque lo conoce bien, y por eso lo quiere. Bueno, urnamente, habrá que impedirlo

Un abrazo
Rick

GeneralSusvin dijo...

Chile siempre un paso adelante. Cuando el camperiamarillento diputado Olmedo se entere, se va a querer matar, a él nunca se le ocurrió cobrarle a sus esclavos por tomarlos a su servicio.

profquesada dijo...

Lo impresionante no es que esto suceda en el Chile de Piñera sino que la legislación que lo posibilita haya sobrevivido al gobierno llamado socialista de Bachelet.
Hay muchos aquí que quisieron imponer y hasta cierto punto lo consiguieron el mismo modelo. Aquí también tenemos nuestros tercerizados. No es igual pero si es parecido.

Una forma de cobrarles es cobrarles la comida y el alojamiento. y eso lo hace el muy HDP.

ram dijo...

Muy lindo! Así uno entiende lo feo, sucio y malo que es un Moyano, y subversivo, claro, porque quiere romper "el orden establecido".

profquesada dijo...

Ricardo aprovecho para hacerte un comentario sobre otro tema. Te cuento:

Hoy pasé por el blog de Atilio Borón y leí su comentario sobre el número de la revista Barcelona en la que se habla del modelo. Bien, lo que escribió Atilio, objetivamente lo coloca en el campo de Pino Solanas, en una de las veredas anti-k sin ninguna posibilidad de error. Utiliza los mismos argumentos mentirosos o parcialmente verdaderos sin ningún pudor y sin el menor intento de justificación cuando, por lo menos son afirmaciones controversiales. Por ejemplo: que las políticas de este gobierno son una fábrica de pobres. Lo que es absolutamente falso. Salvo que creas que el INDEC en los últimos diez años se ha dedicado a dibujar y no a hacer su trabajo. Chau no vale la pena analizar y discutir el resto de sus críticas con él. Si y siempre es interesante con otros con los que podemos coincidir o no en algunas de las críticas pero desde adentro y siempre con la verdad. El tipo es como Beatriz Sarlo pero peor, más burdo. El dice que no es anti-k, el puede ser que no pero todo su discurso si (es un chascarrillo)
un abrazo.

nilda dijo...

aca tambien pasa algo con las mujeres que trabajan limpiando casas. Para estar en el padron de ciertos intermediarios hay que pagar. Tuve pacientas que trabajando una semana ¡terminaban debiendo guita!!! Y ellas no eran idiotas, sino que estas eran las reglas del juego. Primero pagas luego te dan trabajo y si la patrona no esta conforme no te paga(ellos seguro cobran) y me debes algo. Las reglas del juego. Por eso tenia razon Tuñon en eso de que hay que ponerle un gatillo a la luna para ver si esto cambia de una buena vez.

nilda dijo...

ademas odio dar propina. Me parece indigno. Pero los mozos que me atienden me miran como si fuera una amarreta. Yo diria "es una cuestion de principios" pero termino dejando una moneda, que no los conforma ni a ellos ni a mi. Malentendidos de la sociedad de consumo, ja.

nilda dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Javier dijo...

Que un proletario ofrezca su fuerza de trabajo sion recibir una contraprestacion a cambio me resultaba extraño , pero bueno hay casos donde dicen que es por volacion . Pero pagar para trabajar contradice los principios basicos de la economia

Un abrazo

Unfor dijo...

Ah, qué lindo! los contrato-basura de Carlitos Menem una delicia al lado de ésto.

Ricardo dijo...

Rick: siempre lo decimos: como Menem, si dice lo que quiere hacer, no lo vota nadie.

GralSusvin: es uno de los problemas de vivir en un país subdesarrollado: las ideas luminosas del primer mundo llegan tarde.

Profe: y todos los gobiernos socialistas que siguieron al pinochetismo. Es más, el primer artículo citado dice más adelante:

"...Hay que ser justos. La precariedad laboral no la inventó el actual presidente, sino su hermano José Piñera. Era la época en que las leyes laborales tenían un sólido apoyo en la fuerza material del general Pinochet. Sin embargo, cuando las armas fueron reemplazadas por la política no se hizo efectivo ningún cambio sustancial que favoreciera la posición negociadora de los trabajadores. Más aún, en tiempos de los cuatro presidentes de la Concertación, disminuyó la sindicalización y la negociación colectiva..."

(sigo...)

Ricardo dijo...

ram: por supuesto. Los negros sublevados no sólo es un espectáculo de mal gusto, sino subversivo.

Profe: abrí el blog de Borón pero no llegué a leer la nota. La voy a leer.

Nilda: no tenía esa info, mirá vos. Bueno, en épocas del duhaldismo y primeras épocas del kirchnerismo, los planes jefas y jefes, que fueron un paliativo impresionante, también daban lugar a un tipo parecido de intercambio con el puntero.

Javier: no creo que a los supermercados que utilizan esta especie de tercerización les joda quebrar ningún postulado económico. Chochos deben estar.
Es una vergüenza.

Unfor: sí, no llegamos a tanto acá.

Abrazos.

Algún Peronista dijo...

Y no quieren parecerse a Chile!!!
Estos negros argentinos no quieren trabajar, ni siquiera gratis.
Que verguenza.

Ricardo dijo...

Eh... Capaz que si tuvieran que pagar para poder trabajar lo valorarían, ¿no? Aprendamos de las naciones desarrolladas.

wal dijo...

Me vino a la memoria la mano de obra forzada que utilizaban los nazis en la segunda guerra...
Bueno, los embolsadores chilenos son "libres" de morirse de hambre en vez de ser matados de hambre como en la alemania nazi...

Wal

Ricardo dijo...

Los empaquetaron bien empaquetados.