Celebramos que la CSJ fallara a derecho antes que meramente de modo político. El momento elegido sí fue político, a cuatro años de su sanción y luego de las elecciones (más que Magnetto, el verdaderamente enojado debe ser Massa). Lo celebramos porque es un triunfo de todos, no sólo del gobierno sino uno importantísimo para el Estado. La Ley de SCA, hasta no hace mucho, era una de las etiquetas con más entradas de éste y muchos otros blogs amigos y compañeros.
El fallo abre oportunidades que bien aprovechadas pueden ser beneficiosas, pero una mala lectura del momento y oportunidad puede ser desastroso: el gobierno debe ir resolviendo lo mas weberianamente posible cada paso, y evitar caer en la tentación de dotar de un tono épico a cada decisión. Hacerlo sería continuar con la lógica de minoría intensa que derivara en los resultados del domingo. Lo explica mejor que yo mi amigo Aldo: «...esta oportunidad puede convertirse en un problema si el kirchnerismo elige sólo concentrarse en la batalla con Clarín que, reitero, no se encuentra en la agenda de la mayoría de la gente. Creer que este fallo modifica el escenario electoral o sustituye la imperiosa necesidad del cristinismo de articular nuevas políticas y alianzas, puede ser mortal...».
Lo que dice respecto a las alianzas me parece fundamental pensando en lo que viene -y cambiamos aquí, sepan disculpar, el enfoque del post-. Se ha mentado hasta el cansancio, luego de este domingo, el supuesto piso del 33% del FpV y que esto implica recuperar 7 puntos porcentuales para alcanzar en 2015 el 40% + 10 de diferencia. Sí, muy bien, puede ser, pero a no caer en el error cometido a partir de 2011 de pensar que todos los votos son de la Jefa. El voto es siempre del soberano que se acerca hasta su escuela, entrega el DNI y luego pone su boleta en un sobre para introducirlo en la urna. Y el bolsillo es fundamental para el humor con el que realiza todo lo anterior, pero también es importante para ello la política desplegada para apelar a ese voto. Es el componente de futuro de una decisión que implica también pasado y presente. Así, el 33% es piso si -y sólo si- se mantiene el actual esquema de alianzas al interior del FpV, conteniendo a todas sus vertientes y sus legítimas ambiciones. Si Cristina, en cambio, pretendiera continuar con el sectarismo que caracterizó el accionar de UyO, sin abrir el juego a otros referentes del FpV, aquellos con votos y proyección, el piso podría transformarse en techo de la noche a la mañana. Y lo decimos crudamente, aunque duela, porque mucho de lo que se criticó luego del los resultados comiciales ya era advertido en este y muchos otros blogs. El 33% no es tributario, únicamente, de la imagen de Cristina. Insaurralde debiera haber alcanzado el 52,2% por la imagen positiva que ostenta CFK en la PBA y no. El piso del FpV -lo sostuvimos antes también- se explica también en el arco de alianzas y en el equilibrio mantenido con las administraciones provinciales y todos los referentes que bajo esas siglas se nuclean. ¿O alguien duda de que si Scioli se hubiera declarado prescindente en la PBA, si no se hubiera demostrado unidad, el resultado para el FpV hubiera sido peor? No fueron pocos los comentaristas que en los posteos previos mencionaron la importancia de mantener el frente de alianzas unido. Y no podemos estar más de acuerdo con esa lectura.