Vaya una selección de fragmentos que sirven para releer lo que fue ocurriendo en los últimos años y, quizás, sirvan para tener una visión más global de lo que finalmente ocurrió en este año electoral. Extractos casi todos de las charlas que mantuvimos con la Agencia Paco Urondo:
Marzo/2014: “…creo que el lógico desgaste de tantos años de gestión kirchnerista, algunos errores forzados y de los otros, el escenario regional e internacional, más el desarrollo de las legislativas y los movimientos posteriores del FpV y FR permiten, ahora, una lectura distinta del fenómeno pos. Hace un tiempo la disyuntiva podría haber sido profundización kirchnerista vs. poskirchnerismo opositor. Hoy el escenario, creo, tiende a un enfrentamiento electoral entre una “alvearización” del kirchnerismo vs. un poskirchnerismo bastante menos kirchnerista que el año pasado…”.
Podemos decir ahora que, en la campaña, ese poskirchnerismo fue un poquito más kirchnerista de lo que suponíamos, pero tampoco al punto del continuidad con cambios de Massa en 2013 o Scioli en 2015. Macri jugó al cambio con algunas continuidades y, entre otras cuestiones, lo ayudó –o no evitó, como hubiera sido un relato de solo ruptura– a llegar.
Noviembre/2014: “…Es en la UCR donde se ha desencadenado una rebelión de los coroneles, y se comporta en los hechos como una federación de caudillos provinciales que privilegian lo local sobre lo nacional. De todos modos, contrario a la extendida reflexión de que el radicalismo se está suicidando, creo que aún sin un candidato medidor supo en este último tiempo proyectarse como una sombra sobre todo el arco opositor. Si podrán instrumentar de modo conveniente el tiempo que compraron pateando definiciones hacia adelante es una incógnita, pero al menos no se bajaron el precio enganchándose ahora mismo como furgón de cola del PRO o el FR…”.
Se engancharían recién en 2015, vía convención de Gualeguaychú, siguiendo la doctrina Sanz, que tuvo una visión más nacional y jugada que las conservadoras de Morales o Cano (más preocupados por sus destinos provinciales), la que triunfó. En el blog señalamos en abril de 2014 que
el negocio para la UCR se llamaba Mauricio Macri: “…Para el radicalismo de la provincia de Buenos Aires, condenado a resistir con Stolbizer y el apellido Alfonsín en elecciones desde hace tiempo, el espanto se llama Sergio Massa y su Frente Renovador. ¿Por qué? Porque desde que abandonó el FpV, el ex intendente de Tigre hizo usufructo de su pertenencia peronista pero fue sobre los votos de la representación republicana, vaciando de significado la existencia del radicalismo como partido de oposición (…) La lógica entonces es de superviviencia pura. Si el peronismo pretende ocupar todo el campo, el republicanismo antikirchnerista se abroquela para intentar alambrar a sus dirigentes y electores. Los sistemas políticos tienden a la homeostasis pero primero a la conservación. Y para ello el radicalismo bonaerese y algunos de sus referentes provinciales necesitan de un paraguas nacional del que carecen y podría ser Mauricio Macri…”. Vale señalar que Julio Burdman lo vio primero, en septiembre de 2013: “
El PRO debería abandonar su estrategia histórica de mirar al PJ y comenzar a mirar al panradicalismo”.
En Marzo/2015 apuntábamos una razón: “La UCR decidía en Gualeguaychú si se entregaba como partido a una facción opositora o si se fragmentaba para el rapiñaje por parte de Macri y Massa. Decidió por el primero y hay razones que avalan su decisión: encuestas, historia, electorado y oportunidad (…) decíamos que en la UCR se verificaba una rebelión de coroneles, los candidatos a gobernador con chances que privilegiaban sus necesidades distritales aún antes de que el Comité Nacional se expidiera. No fueron ellos los que decidieron el destino nacional de la UCR sino que, en la Convención, primaron en cambio los intereses del radicalismo de los grandes distritos: la CABA, la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, allí donde decíamos que iba Macri mientras Massa se dirigía al NOA. Los convencionales de la PBA desoyeron a quien debería ser su referente, Alfonsín, y siguieron a Sanz. Es lógico, de todos modos: los acuerdos distritales se mantendrán pero la UCR contará ahora con una candidatura traccionante y lugares en las listas (razones de supervivencia para la UCR-PBA) y quizás con algún que otro ministerio, de arribar Macri a la presidencia…”.
Sanz vio algo que los demás no: el voto radical ya se encontraba migrando hacia el opositor no peronista mejor posicionado. Pragmáticamente, la UCR siguió el camino de sus propios votos.
Luego,
algo sobre la interna del FpV, en mayo de este año: “El horizonte de continuidad del kirchnerismo se encadenaba entre Néstor y Cristina, no había otro plan. Luego del fallecimiento de Kirchner y el 54%, el oficialismo consideró más importante evitar un síndrome de pato rengo que construir, si querés, una Dilma. Scioli es entonces tributario voluntario e involuntario de ese déficit de construcción de un candidato del riñón. Pero además, recurro nuevamente a la figura del alvearismo, tendencia que el propio kirchnerismo intentó practicar en 2012 (rápidamente abortada) y luego sí más decididamente a partir de la derrota legislativa en PBA en 2013. Me parece que el perfil de Scioli se relaciona con eso (…) no existe otro candidato dentro del FpV que tenga el nivel de conocimiento y esa intención de voto…”. Por entonces y antes de las PASO, quisieron operar un acuerdo Macri-Massa. Veían con acierto que en la PBA se jugaba buena parte del futuro de la elección nacional: “…No veo a Macri habilitando una gran PASO cuando Massa se desangra solo día a día. De no mediar las Primarias, que actuarán a modo de primera vuelta, ya estarían acordando. Pero Macri cuenta con sumar el voto útil opositor luego de agosto: es al FR al que corre más el reloj. El establishment, en cambio, es más pícaro y puede jugar en la mesa de arena sin ensuciarse. Sabe que un triunfo importante del PJ-FpV en la PBA aleja las chances de un ballotage para cualquiera oposición. Y en consecuencia presionan”.
Cómo los ayudamos en PBA.
Tucumán también fue muy importante para el triunfo final de Macri:
permitió desplegar la Operación Fraude. Decíamos entonces: “Las denuncias de fraude fueron aventadas aun antes de los comicios. Inmediatamente luego de las PASO, cuando la disputa se circunscribió a lo provincial –y habiendo visto los números del FpV, que solo perdió frente a Cambiemos en Yerba Buena, nuestro San Isidro local–, Cano y el radicalismo todo, Macri cuando vino a apoyar la fórmula del Acuerdo por el Bicentenario, se dedicaron a preparar el terreno para desconocer y deslegitimar el resultado. Pero es, en parte, lo que viene ocurriendo desde siempre. En esta ocasión, la diferencia estuvo en que se utilizó a Tucumán como plataforma para introducir la figura del fraude a nivel nacional, pensando en octubre. Aunque funciona a varios niveles, siendo uno de ellos el circunscribir la disputa en términos peronismo/antiperonismo. Peronismo como sinónimo de todo lo malo, claro (…) La manifestación estuvo fogoneada, eso fue claro. No solo por la irresponsabilidad de políticos de la oposición, medios y periodistas, sino por el activismo digital también. Me tocó sufrir el accionar de los trolls en Twitter, me llegaron cadenas de whatsapp con mentiras, si entrabas a Facebook era el festival de las imágenes diseñadas. Ahora, todo eso necesariamente actúa sobre una base fértil que es el descontento que movilizó distintos cacerolazos desde el 2012, y por distintos motivos. Agregaría, además, que en San Miguel de Tucumán o Yerba Buena se replica ese espíritu porteño, que no comprende al interior. De la provincia de Tucumán, en este caso”.
Fue un gran golpe de Cambiemos: Cano se portó como un soldado y la oposición toda debió encolumnarse detrás del reclamo republicano que servía solo a Macri, el opositor que había quedado posicionado luego de las PASO. Funcionó como un sistema de engranajes:
1) le restó votos clasemediero y urbano al FpV (solo en Tucumán: 57% en las PASO; 51% en la elección provincial; 48% en octubre y recién en noviembre retornamos al número de las PASO, 58%);
2) habilitó la posibilidad de desconocer un posible triunfo de Scioli en primera vuelta y
3) mantuvo el antiperonismo en sangre del votante opositor a niveles casi tóxicos, en aras de mantener el voto bronca antikirchnerista que premió a Macri en octubre/noviembre.
Luego, con el triunfo de Macri puesto,
charlamos con la APU acerca del futuro del peronismo, ahora en la oposición, y las posibilidades a las que se asoma el futuro gobierno de Mauricio Macri. La subiremos completa, solo para tenerla también aquí, en el próximo posteo.