Leyendo a
A.C.Sanín, esta mañana, me preguntaba dentro de cuál de estos dos mencionados grupos podríamos encuadrar a nuestros queridos
analistas políticos. La respuesta a la que llego no es concluyente, ya veremos por qué. Veamos ahora como diferenciar a un neurótico de un psicótico. Las diferencias entre estos grupos de patologías están dadas, fundamentalmente, por cuatro cuestiones que son:
- Control voluntario del pensamiento
- Contacto con la realidad
- Capacidad de mantener una personalidad organizada
- Conciencia de la enfermedad.
Tomando como ejemplo a la
esquizofrenia, dentro de las psicosis, podemos decir que en ella hay una pérdida del control voluntario sobre los pensamientos. Incapacidad para diferenciar la realidad objetiva de la percepción subjetiva o pérdida del contacto con la realidad. Desorganización de la personalidad: su funcionalidad o capacidad para relacionarse, a todos los niveles (sociales, emotivos, etc.), está severamente afectada y, finalmente, no tiene conciencia de su estado. Éste no le genera angustia.
Aclarando el panorama: neurótico sos vos, que estás leyendo esto. Un psicótico estaría arrodillado en un rincón, departiendo un grato momento de confraternidad con la
Virgen María o
James Marshal Hendrix.
Si pensabas que esa voz que escuchabas era tu conciencia, ojo,
quizás se trate de un cuadro psicótico...Con respecto a nuestros analistas políticos, preocupados siempre por traernos pormenores de cosas importantes como las internas del peronismo federal, si
Reutemann finalmente saca o no su candidatura del recontra medio del culo, si se acercan o no
Carrió y
Solá y las grandes jugadas políticas de
Mauricio Macri como por ejemplo... este... eh... bueno, ¡eso! Sin olvidarnos, claro, de
Alfonsín,
Cobos y
Binner, que si uno menciona acá en Tucumán a
Hermes, piensan que se trata de alguna nueva marca de zapatos y preguntan si Messi va a ser el modelo de la campaña.
Últimamente la tienen con
Scioli, compañeros polmacarnistas, al que tratan de hacer saltar la valla para juegue decididamente contra
Kirchner. Cualquier cosa que se le oponga a Kirchner es bienvenida. Si resucitara el camarada
Stalin y dijera que Néstor es un blando lo citarían también, y desfilaría por cuanto programa de chimentos políticos hubiera.
Disgresión: que poca confianza le tienen al radicalismo que la reunión de
Magnetto fue con los del peronismo federal y ahora se autotocan con una candidatura de Scioli.
¿Cuántos le siguen dando pelota a los análisis de los
Van der Kooy,
Morales Solá,
Pagni o el gran
Luis Majul?
Jorge Lanata,
acá -levantado por
Puede Colaborar-, tira un
"editorial" con los simplismos del
"chori y la coca", los omnibus y
"los planes sociales" que harían que mi tía abuela se meara de la risa. Tiene problemas de incontinencia mi tía también, pobre. Ojo, que si algún bloguero escribiera con ese nivel de profundidad seguramente tendría millones, qué digo millones, ¡trillones de visitas! Y comentarios. Del tipo:
"macho, ¿en ésto perdés tu tiempo? Suicidate".
Y es que están divorciados con la realidad. Desde siempre, seguro, ¡pero cuánto más fácil les debe haber resultado escribir editoriales durante los años de
De la Rúa y
Menem! Por lo menos en esos momentos las giladas que escribían tenían asidero en la realidad. Escribían ajuste, se ajustaba. La corrupción, se achicaba el gasto público. Bien; como corresponde.
Ahora los editoriales se tratan, espasmódicamente, de
expresiones de deseo: que la oposición se junte. Que la oposición controle el Congreso. Que la oposición sancione leyes y la Presidenta tenga que vetar una por semana. Que Cobos sea el nuevo
San Martín. Que
Redrado sea el nuevo Cobos. Que Macri sea el nuevo
Menem. Que Menem sea un nuevo kirchnerista. Que Scioli decida, de buenas a primeras, saltar del barco para caer en medio del océano, a miles de kilómetros de cualquier playa.
O sea que tenemos una a favor de las psicosis:
desconexión con la realidad.
Releía
un post sobre Morales Solá, que va a estar esta noche dando una charla acá en el
Virla, a la que iría sólo para ver -como me dijo Lanata- la cara de los asistentes y no la del disertante. Los imagino
zombies, llevados no por el chori y la coca sino por el
caviar y el
champán que -piensan- podrían estar disfrutando si estos montoneros hijos de diez mil putas hubieran sido sacados a las patadas del gobierno y gozaran de retenciones cero. Los imagino no con el
bombo, sino aplaudiendo cuando el bueno de Joaquín soltara alguna de sus incisivas revelaciones, como por ejemplo las
comisiones investigadoras que se formarían en el Congreso para investigar a los K (remedos de la Conarepa) o las
consultas populares que llevaría adelante la oposición. Delirios sin sustrato real. Bien podrían transcribir lo que les dicta
Nerón al oído.
Pero una a favor de las neurosis: podemos estar seguros que la actual situación y mapa político les genera mucha
angustia a nuestros queridos analistas políticos. Lo cual los lleva a elaborar esas galimatías que intentan vender a los que se tapan la nariz para no oler el pescado podrido que compraron. A veces pierden, nuestros analistas, el control sobre sus pensamientos y se despachan con improperios como los de
Eliaschev o los delirios paranoicos -nada inocentes- de
Alfredo Leuco y su patético
"un bloguero K me quiso matar, su señoría".
En cuanto a la conciencia con respecto a su propio estado (punto 4), me juego a que piensan que no están enfermos de
odio, aunque sus escritos y opiniones reflejen lo contrario.
Para arriba a una hipótesis diagnóstica debemos considerar que estos
pacientes (nada pacientes) no viven en su mundo subjetivo, desconectados de la realidad objetiva. Sus columnas políticas, en cambio, sí, porque tienen por finalidad desconectar de la realidad a quienes los leen.
Quedan a su entera disposición, entonces, los comentarios, para las interconsultas pertinentes al caso. No se olvide de pagar el
plus al salir.