Hay que ponerle hard rock al asunto. Es difícil abordarlo desde el misticismo zen o la meditación trascendental
deepakchoprista. Es que frente al acontecimiento histórico de la recuperación de YPF los argumentos expuestos en contra de la expropiación carecieron de sustancia. Fueron inútiles, tontos y hasta feos. El criterio estético puede ser importante. Para los que compran rúcula y no lechuga mantecosa en la verdulería, por ejemplo. O para los artistas no
cooptados por el kirchnerismo cultural, como
Darín. A quien el público español quiere mucho, por supuesto. Para el desprevenido, los argumentos contrariando la decisión englobaron el aspecto temporal (¿por qué ahora y no antes?), el ad-hominen (el kirchnerismo ayudó a privatizar YPF) y el republicano neoliberal que apela a la seguridad jurídica, las inversiones que se espantarán y el peligro de caerse del mundo, como si éste fuera una cuna y Argentina un recién nacido imposibilitado de subsistir sin el caritativo auxilio de los fondos especulativos. Aunque hayamos prescindido de ellos a partir de 2002 para crecer, igual, a tasas récords. Con inclusión social. Aunque falte. Porque la tendencia, en buena parte de ese mundo que no es cuna, es a un empeoramiento de las tasas de desempleo y de indicadores sociales varios. Al contrario de lo que ocurre en Argentina y Latinoamérica. Otro argumento, menor, fue el de la
Kaja. A ese sólo basta mencionarlo lateralmente, porque el imaginario respecto al kirchnerismo/peronismo ya está instalado.
Una de las mejores críticas a las críticas que se le hacen al kirchnerismo respecto a YPF no vino precisamente del kirchnerismo. A ver, no fueron las
huestes K las que mejor impugnaron los dardos en contra. Fue Daniel Pliner
en LA NACION. De todas maneras, y acompañados de música cipaya y entreguista como
Rocks, de Aerosmith (La Pesada de Billy Bond del rock norteamericano), ahondemos en las impugnaciones opositoras. Algo hemos aportado ya:
la explicación de Norberto acerca de por qué la "discriminación" para con el pobre, pobre Repsol: era la manera para asegurar el control de la empresa con menos litigios y represalias (de la OMC, por ejemplo), ya que un tratado bilateral entre Argentina y España de 1992 habilita a nuestro país a la expropiación de las inversiones españolas y que el asiento de las demandas sean los tribunales argentinos. Tudo bom, tudo legal. Acérquenselo al senador Gerardo Morales o algún asesor, por favor. Es feo que siga pasando tantas vergüenzas.
¿Por qué ahora y no antes? Bueno, como dijo Kicillof, porque la revolución de Mayo fue en 1810 y no en 1808 o 1812: siempre existen los condicionantes. 2011 fue un año electoral, culminación de un primer periodo presidencial vivido en permanente clima electoral. El kirchnerismo estuvo contra las cuerdas entre 2008 y 2009. Pudo salir del rincón a las piñas, muchas veces (AFJPs, Ley de Medios), y con fintas y regates agotando a un oponente que tiraba piñas al aire, ciego y ahogado (AUH, crecimiento, matrimonio igualitario, una gran campaña electoral con el amor como leitmotiv). Recién ahora el oficialismo cuenta con el consenso, los votos ciudadanos y los votos del Congreso necesarios. Legitimidad revalidada y no segmentada. Gran momento gran de Carrió, ese. El argumento de la "Kaja" puede imbricarse, pero no puede ser tomado muy en serio cuando el viceministro de economía
«reconoció que para la administración e inversión de YPF se van a utilizar los dividendos del año 2011 más los correspondientes a este año» y se espera el concurso de petroleras que quieren participar en las oportunidades de negocios que la expropiación y la exploración abren.
La estrategia mediática para contrarrestar la medida fue netamente defensiva, dirigida a su público adicto (a-dicto y dicto): una gran mayoría apoya la recuperación, y esa gran mayoría crece hacia el interior del país.
Morales Solá habla de la
«peor crisis internacional desde el default» y desmerece todas sus columnas anteriores: si ésta es la peor qué queda para la Cumbre de Mar del Plata de 2005, cuando le mojamos la oreja a Bush, o la reestatización de los aportes que manejaban las AFJPs. O las miles de advertencias de la SIP respecto a la libertad de expresión y las millones de apelaciones opositoras previas a la tiranía, diarquía, dictadura K, Ceaucescu y Hitler. ¿Eran todas pavadas y lo verdaderamente revolucionario viene ahora? ¡Qué alegría! Y una vez más lo decimos: los analistas mediáticos están sobrevalorados y sobre-pagados (ja), si quieren análisis en serio, la blogósfera. Por eso recomiendo enfáticamente que lean a mi amigo Aldo Jarma, quien escribió
"Repsol: la historia del fracaso neoimperial español". Y que alguien le pague lo que le pagan a Alberto Fernández o Carlos Pagni, carajo. In-jus-ticia.
Queda sólo el ad-hominem: el kirchnerismo privatizador y el kirchnerismo reestatizador. Para contrariar a
mi estimado Jorge Fernández Díaz, el kirchnerismo no era tal en 1992. En esos años el menemismo y las ideas neoliberales triunfaban no sólo en Argentina sino en el resto del mundo. Latinoamérica, patio trasero norteamericano, estaba plagado de "buenos alumnos": Fujimori, Collor de Mello, Fernando Henrique Cardoso, Carlos Andrés Pérez. Menem -el mejor de ellos- llegaba siempre primero a clases, con la manzana en el bolsillo para la maestra y las joyas de la abuela para el director. Y ahora votará a favor de la expropiación; porque a diferencia de Carrió, Estenssoro o Bullrich, tiene votantes; que están a favor de la expropiación. Y además es peronista, y sabe que el kirchnerismo es el peronismo hoy. Quizás sea una síntesis de los condicionamientos que los distintos contextos imponen, pero no lo disculpa: fue quien llevó más lejos la ola neoliberal en el subcontinente y no sólo no se atrevió a desafiar al partido del Mercado sino que se asoció a él. Y lo benefició directamente en detrimento del pueblo peronista: sus aliados fundamentales fueron los sectores medios-altos y el establishment. El kirchnerismo, entonces, no era tal en los '90. Era sí, una voz disonante dentro del peronismo. Y no afuera, como el Grupo de los Ocho. Entonces, una cosa es juzgar a Néstor Kirchner, gobernador de una provincia con problemas fiscales, y otra a Kirchner presidente o Cristina presidenta de un país que, cuando entiende que las circunstancias nacionales (e internacionales, con una España con menor gravitación y con graves problemas económicos y sociales) son las adecuadas, decide avanzar en dirección clara hacia un horizonte de mayor autonomía nacional. Algo aceptado hasta
por España misma, que ahora aboga por un
«arreglo amistoso». Traducido al futbolandés: no quieren ser goleados y con el empate se conforman.