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domingo, 27 de marzo de 2011

El otoño de los periodistas


Son cada vez más esporádicas las columnas editoriales opositoras capaces de despertarme interés. Si se enfocan en lo coyuntural se tratan generalmente de un reto a la oposición o una crítica al oficialismo. Podemos resumir los argumentos para uno y otro caso. En el primero los conminarán a unir voluntades, a deponer egos y, cuando no, los maltratarán tachándolos como políticos adictos al fracaso. Las críticas al oficialismo van, en cambio, desde describir supuestas faltas al republicanismo hasta la voluntad de hegemonizar. Los temas van rotando entre inflación e inseguridad. Además, desde que vieron que inflando a opositores no conseguían que midieran, intentan generar contradicciones hacia el interior del peronismo: Scioli, Moyano y el sindicalismo malo, sucio y feo y, con mayor ahínco desde el acto del Luna Park, apuntan a La Cámpora.

Será por eso que cada vez son menos citados en los blogs Morales Solá, Grondona y Van Der Kooy. Será por eso que algunos artículos de Beatriz Sarlo tienen más repercusión. Disparos en la dirección correcta son las columnas de Reymundo Roberts: es más fácil colar el mensaje desde el humor que desde el odio. Tal vez no se equivoque Roberts cuando dice que su sueño es ser un bloguero K: su forzada ironía rinde homenaje al humor de la blogósfera oficialista y es un tributo al pensamiento jauretchiano desde las páginas mismas del diario emblema del conservadurismo en nuestro país.

Hoy Jorge Fernández Díaz publica una columna de la que sólo quiero rescatar dos frases ya que, me parece, pueden tratarse de un sincericidio o un llamado de atención para sus propios colegas. Describe una escena de periodistas de todo signo político, retirados en un geriátrico, que discuten y se atacan desde las dos posiciones en disputa dentro de la actividad, Periodismo Profesional o Independiente vs. Periodismo Militante:

Se oirán, de tarde en tarde, frases enfáticas como "la objetividad no existe, estúpido, ustedes trabajaban para las corporaciones". O "eso no era periodismo, era política, tarado, no había que casarse con nadie".

Desde un lado, el militante, niegan que trabajar para las corporaciones permita objetividad alguna, pero no niegan que eso sea periodismo. Me parece acertado. Desde el otro, el profesional o independiente, niegan de plano que tomar partido permita hacer periodismo.

Juzgando desde mis valores puedo decir que me genera menos contradicciones que el periodismo haga política (porque la hace) y muchas más que trabaje (como también lo hace) para las corporaciones. Que este sea un debate que se da en La Nacion nos permite apreciar que hondo calaron las definiciones de Martín García, y la importancia del debate generado alrededor de la nueva Ley de Medios.