Hay formas de la felicidad que involucran lo individual, lo familiar, o aún celebraciones como el carnaval (que se vive con mayor intensidad en el NOA o en el NEA) que difícilmente puedan servir como paralelo para la que genera una victoria como la de Argentina hoy. Suelen en cambio trazarse comparaciones entre las competiciones deportivas y la guerra. Ciertamente ante cada Olimpiada se recuerda que los conflictos bélicos eran puestos en pausa. Y quizás el sentimiento que genera este triunfo de la Selección, cómo involucra a lo colectivo, pueda ser comprendido en esos términos, como la emergencia triunfal de alguna batalla. Allí está la famosa foto del beso, y los yanquis que nos emocionaron hasta las lágrimas en cuanta película pusieran a francesitos engominados a agradecerles por el regalo de la recuperada liberté luego del Día D. Entonces la definición de Sabella: “cruzamos el Rubicón”, es exquisitamente adecuada. En términos poéticos y desde una mirada histórica, claro. Como Julio César, el DT argentino entiende que éste era el hito que la historia de la Selección demandaba, y ahora alea jacta est. Lo que viene sólo puede ser ganancia.
2. La pasión de Bergoglio.
Le relatan a este cronista una escena de los festejos en Salta capital. Unos jóvenes y mochileros alemanes se acercan a un grupo de folcóricos salteños por fuego. Sobre la ropa visten camisetas de Argentina y portan una vuvuzela a la que uno de los germanos sopla cuando considera que debe sumarse a la algarabía. La sorpresa del grupo local no es mayor que la de los alemanes, quienes relatan que en las tierras de Hitler y Goebbels no festejan así, que un festejo de esas características se reserva para el triunfo al final de la competición. La vergüenza los desanima, dice, a pintarrajearse la cara o celebrar cuando aún no triunfaron. “Ah…” –acota uno de los salteños, comprendiendo– “es que esto es pasión”, les explica. ¿Se puede explicar? Seguramente sería imposible sin observar el fenómeno. Empirismo para Todos.
3. Pipa corazón, aquí tenés los pibes para la festejación.
Insistía Alejandro Apo en los comentarios de Holanda – Costa Rica, en referencia al tiempo suplementario que nos entregará a los holandeses de Van Gaal más cansados, con el “alargamiento”. Si tuviera que apostar diría que revisó su email justo antes de la transmisión y la palabra se imprimió en su retina. Esperaba entonces alguna mención al Viagra que, por suerte, no llegó. Pero nada de esto tiene que ver con la figura del partido frente a Bulg… ¡Bélgica!, Gonzalo Higuaín. Consciente de las críticas, de su propia deuda de gol, el 9 argentino se señaló en su carrera alocada pero no con la actitud arrogante de un Cristiano Ronaldo: “Sí, lo hice yo”, le decía al mundo el Pipa, pero antes y después del tanto del triunfo jugó su mejor partido en este Mundial. Había tenido un gran primer tiempo contra Nigeria, que prolongó ahora durante los 80’ que permaneció en el terreno de juego. Aportando justo lo que aquí señalábamos como las virtudes que sólo él puede entregar en este plantel, pero sumando despliegue y aún retroceso, conducción y descarga ante la salida obligada de Ángel Di María. Es justo el hincha cuando critica a un goleador por la falta de gol. Es injusto el análisis cuando critica a un jugador como Higuaín sin reconocer su aporte al equipo en lo que va de la competición. Bienvenido al amor populista entonces, Pipa.
4. Argentina 1 – Bélgica 0
El gol tempranero simplificó el plan argentino, colocando la presión por el resultado sobre los hombros de la Selección belga. Supo Argentina defenderse ordenadamente, haciendo de la aplicación táctica (nunca una de sus constantes históricas) un valor a ser rescatado. Lavezzi por izquierda y Di María por derecha, Messi por el centro e Higuaín como primer defensor entregaron una imagen del equipo que, si bien no sirve al lucimiento, hace a las esperanzas de cumplir el objetivo de pasar a la final primero y levantar la Copa después. No le tocó a Mascherano recrear el partido inmenso que jugó frente a Suiza, más ayudado por Biglia en esta ocasión que por Gago entonces. El volante que revistó filas en el Anderletch belga funcionó al modo del Lobo Ledesma en River y descomprimió la labor del subcapitán argentino. En ese andamiaje defensivo deben ser destacados los centrales: Garay jugó para un 10 aún si no tuviera a Tamara Gorro para cebarle unos mates y Demichelis resultó un gran acierto de Sabella. Nos animaríamos a afirmar que se ganó el puesto y no sólo por su aporte aéreo y ubicación, sino porque entrega orden y una salida más prolija que Fernández (eso también descomprime a Mascherano). Basanta no desentonó y hasta Zabaleta estuvo más correcto en la marca, sin tanto espacio a su espalda para cubrir en carrera alocada mientras observa la espalda del delantero rival.
Los interrogantes frente a Holanda no son tantos entonces, y podemos resumirlo en uno: ¿quién será el reemplazante de Di María? De las opciones, aquí sólo abominamos (sí, es el término adecuado) de Maxi Rodríguez, único posible causal de un #LaConchaDeTuMadreSabella. Pueden ser Enzo Pérez, cubriendo el sector como durante este partido, o Ricky Álvarez, quien puede intercambiar lugares con Messi o Lavezzi de acuerdo al desarrollo del encuentro. Retornará Rojo y podemos apostar que Holanda esperará a nuestra Selección para salir rápido de contraataque. El partido a estudiar entonces, Sabella, es el que los holandeses le robaron con aquel penal regalado al México de Rafa Márquez.
A dos pasos de la gloria, muchachos.

