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martes, 16 de noviembre de 2021

Hay un derrotado electoral que vive

Nuevamente en El País Digital:

«...La felicidad no parecía impostada anoche en el búnker del Frente de Todos. Recuperó terreno frente a lo que desde las PASO parecía una segura paliza electoral. Histórica, según pronósticos interesados. El FdT dio vuelta resultados adversos en Chaco y Tierra del Fuego, recortó la distancia en provincia de Buenos Aires y mantiene la primera minoría en Diputados y Senadores. El caso chaqueño implicó un vuelco desde un 46.8% a 37.8% en favor de Juntos hasta un 44.2% a 42.8% en las Generales: un crecimiento de casi 7 puntos porcentuales para el peronismo mientras los Cambiemitas retrocedieron a su vez 4 pp. De todos modos, por el peso de PBA en el imaginario, en los votos y en la conformación de las Cámaras...

...¿Cuál fue la estrategia inicial de campaña de Juntos que puede explicar la tristeza en el triunfo? Veamos antes la del arco antiperonista en su conjunto: promovieron el discurso de los candidatos ultraliberales para dirigir el debate público y cuidar la estrategia centrista de Rodríguez Larreta, quien pretendía convertirse en el depositario único de un triunfo electoral. Así, antes de las PASO corrió a los “halcones” macristas, reubicó a Vidal en CABA y habilitó una colectora radical de derecha en su distrito y una de “centroizquierda” en PBA. Mauricio Macri se embarcó entonces en unas vacaciones europeas y se especuló con su “exilio” de la campaña. El gran ganador de las PASO, hubo coincidencia en el análisis, fue el Jefe de Gobierno porteño. Pero el tránsito de las PASO a los resultados de las Generales habilita algunos interrogantes: ¿Fue Macri nuevamente en campaña una de las causas de la recuperación electoral del FdT en PBA? Es una posibilidad. ¿Fue Macri una necesidad en la campaña de Juntos debido al crecimiento del libertarianismo? Probablemente: los ultraliberales/libertarios debían contener el voto derechista descontento con el gobierno de Cambiemos pero “entregarlo” nuevamente luego. Fue necesario que lo hicieran antes de 2023 y para eso (y por otras causas) debió retornar Macri. De tal modo, la estrategia de “limpieza” macrista se truncó en el camino. Si a esto sumamos los aciertos del oficialismo, la expectativa previa de una derrota histórica que iniciara una “transición” hacia un seguro cambio de gobierno desdibuja el triunfo y liderazgo de Rodríguez Larreta y mantiene con vida electoral a Macri, pero más aun al peronismo...».

La nota completa aquí:

https://www.elpaisdigital.com.ar/contenido/hay-un-derrotado-electoral-que-vive/33558

martes, 14 de septiembre de 2021

Un PASO de cisne negro

"Dura derrota del oficialismo nacional, gran triunfo opositor. Apuremos algunas precisiones para intentar luego algunas razones porque –convengamos– ni Juntos esperaba estos resultados...

...todo contrato electoral tiene accountability: Cambiemos “prometió” en 2015 derrotar al kirchnerismo y por eso fue premiado en 2017, el Frente de Todos prometió en 2019 encender la economía y llenar la heladera y eso no ocurrió. Perdió algo más que al electorado volátil, y éste nacionalizó las elecciones. ¿No consideraron el arrastre de la crisis, el arribo de la pandemia? No tienen por qué y eligieron mandar un mensaje. ¿Votaron a los que favorecieron despidos, cierres de pymes y nos endeudaron mientras ahora prometen terminar con la indemnización por despido? Sí, es la otra opción de poder a mano en el cuarto oscuro y por ella optaron. En una nota previa apuntamos que el oficialismo había decidido no hablar en campaña de algunos temas espinosos: salarios e inflación, subsidios e incrementos tarifarios. Tiene poco margen para continuar esquivándolos...

...Sí se probó acertado, en cambio, el diagnóstico de Juntos en referencia al desgaje de su electorado decepcionado y su posterior estrategia, ofreciendo salidas en “disidencia” por derecha en CABA y por “centroizquierda/UCR” en PBA. El 33% de Vidal parece poco para el espacio en su centro neurálgico, pero sumando a López Murphy y Rubinstein alcanza casi al 50% del electorado que siempre acompañó al PRO, ¿no es cierto, Fito? El 22% de Santilli en PBA parece poco para un proyecto presidencial, pero con Manes mejora ostensiblemente...".

La nota completa en El País Digital.

lunes, 6 de septiembre de 2021

El cisne negro de las legislativas

Me invitaron a escribir en El País Digital, van un par de fragmentos. Pueden leer el resto de la nota aquí:

«...Con el arribo del SARS CoV-2, cualquier nuevo gobierno en Argentina se hubiera visto enfrentado a la confirmación de que todo tiempo pasado fue mejor. No ocurrió así, ¿cisne negro?: el gobierno de Macri no sólo le permitió al peronismo reconstituirse en un Frente (de Todos gracias al inteligente cálculo de Cristina Fernández) y ganar la presidencia sino que supuso, además, un plus para el tránsito de la cuarentena inicial.

(...)

En 2021 una vez más se hizo presente el pasado y así como el recuerdo del periodo 2015-2019 había ayudado al FdT ahora servía a los fines del jefe de gobierno porteño, quien ganó la interna antes de jugarla. Macri a Europa y Vidal a la Ciudad Autónoma, en un movimiento que intenta ser el del equipo que entrega la pelota y se refugia en su campo para recuperar aliento. Ese equipo parece estar corriendo sin poder cambiar el aire. Se entregó sólo cuando intentó desmarcarse de su propio pasado. ¿El rival es el Frente de Todos? No, ¿cisne negro?, es la propia derecha radicalizada, los liberales, que aprovechan no haber formado parte de Cambiemos para correrlo. Paradójicamente, esto le sirve a Camb… Juntos ya que llevan el debate hacia la agenda liberal. Además, los candidatos liberales funcionan como buffers para el descontento del ¿ex? votante macrista: pueden así descargar la bronca por el fracaso de #sugo (disculpen la licencia tuitera) para retornar luego cuando se vislumbre un proyecto de poder como el que la suma de la UCR al PRO significó. La prueba de esto es el retorno de Macri, quien potencia a los liberales para a la vez redirigir ese voto hacia Vidal en CABA y Santilli en provincia de Buenos Aires. De otro modo hubiera debido ¿disfrutar? el verano europeo.

En el Frente de Todos priorizaron la salud en pandemia y la selección de candidatos acompañó: Gollán en provincia de Buenos Aires o Rossana Chahla en Tucumán. Pero montados en la campaña de vacunación y a la espera del resultado electoral prefieren no agitar aguas y evitan temas espinosos: salarios e inflación, subsidios y los continuos incrementos tarifarios, reforma impositiva; hasta la enunciada reforma judicial duerme el sueño de los héroes. En algunos avanza callado mientras en otros deja hacer en un peligroso abandono del enforcement estatal...».

sábado, 17 de octubre de 2020

Elecciones en Bolivia

Ese es el hilo que subimos a twitter acerca de las elecciones en bolivia.

Pero el propósito de reabrir momentáneamente el blog es subir lo que escribimos en enero sobre la institucionalización del MAS, cuando todavía no era claro si dejarían que el partido de Evo Morales participara en las elecciones. El sólo hecho de que así sea es un triunfo político del MAS. Sus chances en las elecciones son altas, pero desconfiaría de todas las encuestas. Vamos con el artículo:

La institucionalización del MAS como respuesta al golpe en Bolivia.

La inestabilidad actual en Bolivia no es sólo producto de un golpe de Estado. Hay un hilo que conecta el exilio obligado de Evo Morales con su largo período en el poder ejecutivo. Hasta su triunfo electoral en 2005, el país vivió en una sostenida inestabilidad política en el contexto de un constante control por parte de las élites económicas —que eran también políticas— y las fuerzas armadas que formaban parte de ese poder permanente. No abundaremos en los mecanismos del golpe ni en cómo arribó al poder Áñez pero sí en algunas particularidades que hacen a la singularidad del proceso de —¡ejem!— reorganización en Bolivia (y Sudamérica).

El innegable rol de Estados Unidos

EE.UU. avanzó rápidamente para conseguir una victoria en la segunda nación más "bolivariana" del subcontinente luego de sucesivas derrotas en su objetivo principal: Venezuela. Sí, sí, Bolsonaro, Macri y la subsumisión a las estrategias geopolíticas del aún imperio global. Pero por cada decisión EE.UU. paga precios: la intromisión descarada en Bolivia y Venezuela tuvieron el costo de mostrar marcadamente los alineamientos en la región y disgregar internamente aún más a los electorados, tendiendo a una mayor inestabilidad en los subconjuntos nacionales. Esto, claro, sin asegurar en Bolivia nada más, por ahora, que la salida de Morales.

La incapacidad democrática de las elites santacruceñas 

Los años del masismo en el poder podrían ser definidos también como los años de la incapacidad de las clases acomodadas del Oriente boliviano para dotarse de un partido democrático que pudiera representar sus intereses regionales. 

Acostumbrados a un folclore político que excluía al resto del país —al altiplano, en realidad—, los "cambas" se nuclearon siempre en torno al Comité Pro Santa Cruz, suerte de Cabildo en el que los peces de billetera gorda (enrolados en distintas Logias) decidían los destinos políticos de la ciudad (y no tanto así de la región como hasta aquel 2008 del intento de secesión de la Media Luna fértil) sin consultar con la Alcaldía y, ahora, siquiera con el Gobierno Autónomo Departamental, concesión arrancada por Santa Cruz al gobierno de Morales. 

Así, los partidos y figuras políticas tradicionales (MNR, MBL, MIR) supieron ser emergentes de la Bolivia del remedo colonial, asentado en La Paz, Cochabamba y Sucre, motivo de resentimiento para el afectado orgullo camba. Paradójicamente, fue Evo Morales quien finalmente y mejor representó los intereses del Oriente boliviano, al pactar con la Media Luna una suerte de pax que aquietó las aguas cruceñas del Piraí separatista mientras les entregaba cierta autonomía y extendía el cultivo de la, oh sí, soja.

El orden del MAS entre el caos preelectoral

Luego del golpe resultaba difícil vislumbrar el camino de Morales y su representatividad. La formalización de las estructuras partidarias del MAS le permiten ahora pensar en una persistencia. A poco de consumada la destitución, muy amigablemente sugerida por los altos mandos militares, el MAS prestó a sus representantes en el Congreso para asegurar un llamado a elecciones en las que pudieran presentar candidatos. 

Pareció entonces una capitulación pero, a tres meses de las elecciones, puede decirse que con el nombramiento de Arce y Choquehuanca como candidatos, Morales comanda el único partido con una oferta ordenada. Arce como cabeza de fórmula es interpretado como un guiño al electorado centrista, una jugada arriesgada cuando muchos postulaban al militante Andrónico Rodríguez a la presidencia. ¿Aprendizajes electorales de la Argentina reciente?

El desconcierto del resto de los candidatos, sumado al escaso apoyo de Brasil y EE.UU., hace que el llamado de Jeanine Áñez a no "dispersar el voto" el próximo 3 de mayo sea una advertencia y un síntoma. Lo señala también algún editorialista cruceño al decir que “Ortiz, Patzi (...) ya no caben para estas próximas elecciones” mientras pregunta, en un inadvertido lapsus, “¿qué parte del libreto no entendieron?”. Camacho y Pumari reciben también aplazos.

Esta institucionalización del MAS, como inteligente respuesta a un golpe pergeñado contra un partido personalista que no supo pensar en una fórmula distinta a Morales - García Linera, puede rastrearse y fundarse en expresiones callejeras espontáneas surgidas al calor de la represión ejercida por las fuerzas de seguridad en noviembre pasado: el pedido no era tanto por un retorno de Morales como por la continuidad del respeto que habían ganado en la vida pública y política (muy a pesar de los cambas y elites paceñas) los olvidados de siempre en Bolivia, las cholas y cholos, los y las campesinas. No se trataba de un politizado grito de "Evo volvé" sino un más extendido "¡la Whipala se respeta, carajo!”. La semiología de esta frase permite sostener esperanzas en el hermano, vecino y plurinacional Estado: los antes olvidados anunciaban así que habían llegado para quedarse y no para retornar a un estatus pre MASista.

miércoles, 28 de agosto de 2019

¿Vacío de poder o desempate catastrófico?

En años en que la medialuna fértil boliviana ponía en jaque al gobierno de Evo Morales, su principal ideólogo y soporte intelectual, el vicepresidente Álvaro García Linera, acuñó el concepto de empate catastrófico para graficar la situación en la que una oposición, que se hacía fuerte en las calles y dotada de musculación territorial (en el más llano sentido de la palabra: eran los dueños de la tierra), desafiaba a un gobierno fuerte electoralmente pero que había perdido el manejo de la agenda y era amenazado, además, por intereses allende las fronteras de Bolivia. Empate porque la oposición no podía ganar las elecciones mientras el gobierno no podía efectivamente gobernar, y catastrófico porque se prolongaba en el tiempo, sin visos de resolución política y pacífica, afectando así el desenvolvimiento de la vida política y económica del hermano país.

Argentina enfrenta un momento similar pero que involucra activamente a tres actores protagónicos y varios de reparto. Estos primeros son, sabemos, el oficialismo nacional, el peronismo nucleado en el Frente de Todos y, claro, el FMI. Éste último, la oposición y aún algunos analistas macristas devenidos ex macristas hablan del vacío de poder que ensombrece el panorama político pero sobre todo económico luego de las PASO. ¿Vacío? El poder es energía y ésta no se desvanece, no desaparece sino que se transforma. Y si de transformación hablamos, nos referimos a un momento de transición, del pasaje de un estado (de cosas) a otro, distinto.

Podemos apelar a García Linera para señalar que no es un vacío de poder, en términos estrictos, lo que ocurre mientras escribimos estas líneas. Se trata del desarrollo de algo evolutivo, que comenzó a tomar forma en el momento mismo en que Mauricio Macri pronunció su "ahora vamos por todo". ¿No dijo eso, dicen ustedes? Recuerden, como lo hace Tomás Aguerre, aquel discurso poselectoral del presidente en 2017 en el que inauguró un "reformismo permanente" que incluía reformas jubilatoria, laboral, fiscal y hasta electorales: "hace poco más de una semana los argentinos dimos un enorme paso, confirmamos nuestra decisión de cambiar, decidimos profundizar la transformación que comenzamos juntos". En diciembre de ese mismo año comenzó a hacer agua al enfrentar una resistencia que tomó las calles frente a su reforma jubilatoria. El macrismo entonces, envalentonado por su reciente triunfo, respondió antes con balas de goma y gases que con política. Dicen que fue Lincoln quien sostuvo que si querés probar el carácter de un hombre, dale poder. Luego llegaron el cierre del crédito externo, agotado, la devaluación y el pedido de auxilio al Fondo Monetario Internacional, otro actor de esta comedia o tragedia de enriedos.

A grandes rasgos, este desempate presenta a los involucrados jugando los roles que pueden desempeñar y no otros al azar: el gobierno en uno doble, como contendiente electoral pero también como gobierno a cargo; el peronismo, el Frente de Todos también como contrincante electoral pero, a la vez, construyendo ya su muy posible legitimidad de ejercicio para cuando sea elegido y el último actor, el FMI, en su rol de... FMI. Es decir, como garante institucional de las reformas que todo proyecto de subordinación requiere. ¿O creen que Donald Trump le pone dólares en el bolsillo a Mauricio en defensa del libre mercado porque el populismo sería algo intrínsecamente malo, de izquierda, casi una amenaza comunista? Si el rol del FMI es éste, ¿cuándo le conviene entonces operar? ¿Ahora, en el momento de mayor debilidad de Macri y en el que Alberto Fernández aún no cuenta con el aval formal para ejercer el poder ejecutivo, o cuando Alberto sea efectivamente presidente y cuente con las herramientas que sus atributos le otorgarían? Pero claro, la respuesta es ahora mismo, mal que le pese a Mauricio Macri quien ve, con resignación, que la puesta en escena del Fondo Monetario hace más opresivo el dolor de ya no ser al añadirle la conciencia de ese "vacío de poder" que, sí, lo aqueja.

¿Y Alberto? ¿Qué tiene para ganar si firma a libro cerrado el pliego de peticiones del FMI? Nada, por supuesto, y sólo puede perder poder simbólico; no sólo de cara a su necesario electorado sino también frente al FMI mismo cuando le toque negociar ya como presidente. Mucho menor incentivo tiene para darle aire a un gobierno que todavía dice que quiere ganar, lo extorsiona y maltrata públicamente y decide unilateralmente un desfinanciamiento a las provincias. El macrismo parece no conocer otra forma de negociar que la extorsión. Como señaláramos, representa un fracaso no sólo económico sino también político. Mientras, juega a convencer a los propios de que aún puede ganar para que no abandonen el barco y se incremente, así, esa diferencia de 15 o 16 puntos que lo dejaría peor parado en la repartija de poder legislativo. Esto es fácil de observar: no están yendo por los votos de Alberto sino ensanchando la fractura entre las percepciones políticas. La grieta, bah, leitmotiv electoral y justificación última de un Cambiemos que agoniza.

Existen tensiones a ser resueltas, sobre todo en referencia al lugar que ocupará cada uno de estos actores en relación al poder. Por eso viene el FMI con una agenda política y no de trabajo, por lo mismo Macri intenta comprometer en su plan a Fernández mientras Alberto le escapa al abrazo de eso. Por eso hablamos de desempate catastrófico y no de empate, porque es una situación que tiende a su resolución, en un primer momento electoral (aunque 60 días parezcan una eternidad en la Argentina actual). Además, porque el término desempate permite presumir de algo parecido a una conceptualización... para ponerlo en términos académicos, lo suficientemente piola y ganchera. Y decimos catastrófico por razones obvias, ya que los tironeos de este ménage à trois involucran una mayor degradación económica que empuja a más gente a la pobreza y afecta la calidad de vida de los sectores medios y populares. Lo que nos lleva a una pregunta última y fatal: ¿quién de estos tres actores tiene algún incentivo para ceder y a la vez ganar en ese movimiento? ¿El FMI, que debe negociar cuando sus acreedores están más débiles? ¿Alberto Fernández para no recoger ningún fruto electoral mientras se despoja de poder para una muy próxima negociación? ¿O el gobierno —como se lo señalan puntualmente analistas que constituían su factótum— para no terminar como Raúl Ricardo Alfonsín?

Una última anotación: quizás el FMI tendría también algo para ganar si cediera en su posición. ¿O sería acaso deseable la implosión del partido de oposición que enarbola su agenda y la de sus financistas?

martes, 20 de agosto de 2019

El macrismo, una deuda económica y política

El momento exige enfocar la incoherencia que demuestra el macrismo en materia de gestión económica, pero no se trata de algo novedoso, producto de la urgencia electoral o una bruta corrida cambiaria inserta en el desarrollo electoral; lo mencionamos en varias ocasiones cuando todavía éramos blogueros K bancados por la etérea pauta del reconocimiento social (!): la ornitológica economía macrista, instaurada para regocijo de capitales golondrina y fondos buitres, entregaba la contradicción de un mega endeudamiento externo junto a una gran depreciación de la moneda local. Si hubiera sido sólo eso ya sería insólito, pero además mostraba altos y crecientes índices inflacionarios en medio de una prolongada recesión económica. No mencionemos la caída del empleo junto a la del salario real porque, aunque la ortodoxia no suela asociarlos, forman parte de un proceso que se retroalimenta y uno de los objetivos del macrismo.

Pese a que parecería que intentamos hablar de economía, esta introducción no tiene otro sentido que marcar el fracaso de los CEO en lo que debería haber sido su materia, el manejo de las cuentas públicas. En vista de esto, que ya se presumía en 2016, es que los analistas comenzaron a enfocar por entonces en lo que consideraron un acierto del macrismo: su manejo político. Desde esta página humilde señalamos infinidad de veces que no se trató de otra cosa que una extorsión: el gobierno nacional conseguía apoyo legislativo del peronismo enarbolando la bandera del "golpismo PJ" (¡dejen gobernar!) mientras por abajo circulaban las carpetas. Desde una supuesta debilidad se hacían fuertes en la rosca, que no es equivalente a hacer política. Vamos a eso, entonces.

¿Cómo arribó Cambiemos a estas últimas elecciones? Cómo gobernó: con el PRO y con sus socios radicales estudiando si renovaban o no su apoyo con la esperanza de conseguir más espacio del que escasamente siempre les otorgaron. Tan así fue que los gobernadores radicales desdoblaron sus comicios y Macri quedó peleando sólo, junto a sus laderos Vidal y Rodríguez Larreta. Decíamos, hace tiempo, que llegar a las elecciones nacionales sin tener que competir contra el arrastre de los oficialismos provinciales constituiría el mal menor para Mauricio Macri. Esto era así, claro, antes de que el retroceso estratégico de Cristina habilitara la reunión de los islotes peronistas dispersos. Y así fue que Mauricio debió competir contra Alberto, Cristina y los peronismos provinciales con el resultado conocido (¿o no tan conocido? Fueron 20 y no 15 puntos de diferencia). Lo superestructural explica una parte importante del resultado, y ese es el fracaso político del macrismo y Mauricio, quien desde el PEN no pudo, quiso o supo articular algo más grande que el PRO como partido político o Cambiemos como mera herramienta electoral. ¿Podría haberlo conseguido con su plan económico y social? No es difícil aventurar que no, si hasta quien se mostraba como su mayor interlocutor entre los peronistas territoriales, Juan Urtubey, decidió acompañar como vice a Lavagna antes que a Cambiemos.

Existen razones políticas, además, para este fracaso de Macri en la articulación de algo superador y es el permanente sueño húmedo de la oligarquía argentina desde donde el PRO se desprende: el de terminar con el peronismo, el de recuperar al menemismo sin un Menem, el de comandar el país sin invitados indeseables irrumpiendo en el salón. Aunque su último banquinazo político lo mostrara buscando a Urtubey y finalmente Pichetto, Macri tenía el mandato de terminar con el kirchnerismo primero y el peronismo después. Y aquí volvemos a la solución superestructural del peronismo a los problemas argentinos: fue posible porque Macri había costurado antes y por abajo los jirones en que se habían dividido los votantes peronistas. Macri creyó que pasando a retiro a la planta peronista cortaba de raíz el "cáncer", sin recordar algo que se debatía por la bloguería allá por 2010 y es la estructura rizomática del movimiento y su anclaje social.

Además de talento político y visión estratégica, el macrismo careció de un justificativo distinto a ser el Otro del peronismo en un país en el que hasta los grandes empresarios son peronistas en épocas de crisis. No supo construir otro relato porque aspiró, primero, a la despolitización de la sociedad; luego vio que sólo montado en la grieta podía sostenerse sin resultados económicos, y se lanzó entonces a incrementar la fractura en la mirada social desde un terreno moral para esconder lo profundamente ideológico de su gestión. ¿Esta ausencia de referencia histórica es posterior o previa a la búsqueda permanente que hizo el macrismo de circunscribirse al presente? Desde sus inicios en el gobierno de CABA, el macrismo buscó justificación en los microrelatos de la cotidianidad, en el ahora, mientras ese presente fue de penurias. Un sinsentido. No hubieron tampoco Sarlos, Abrahams o Fragas que pudieran "hablar" al macrismo o insertarlo en un marco histórico que fuera distinto al de nuestras pasadas experiencias neoliberales, que pudieran dotarlo de ideas fuerza en torno a las cuales construir capital simbólico. El macrismo buscó deliberadamente que lo hablara el granperiodismo y no la intelectualidad; los Novaresios, Majules o Fantinos, ¿qué densidad podían otorgarle? Pero a la vez, ¿qué podían construir desde el ajuste, la precarización laboral, la caída del empleo y del salario real? El macrismo necesitaba algo que el kirchnerismo no le dio cuando Macri arribó al poder y que el macrismo sí le está entregando ahora a Alberto Fernández aunque el Frente de Todos no lo quiera: una crisis sobre la cual aterrizar.

lunes, 12 de agosto de 2019

Dimensiones de las PASO 2019

1. Dimensión electoral: triunfo contundente, inesperado para este humilde bloguero que prefería el pesimismo de la sinrazón al optimismo de la esperanza. ¿Fue esto último lo que determinó el voto para Alberto y Cristina? En alguna medida, pero esa esperanza no existiría sin el agobio de un presente social y económico decepcionante. En 2015 perdieron primero Cristina, Scioli, Massa y entonces, después, ganó Macri con una correcta estrategia al hacer confluir el antikirchnerismo y utilizar las PASO y generales como trampolín al balotaje. En este 2019 no podía ganar Macri por responsabilidad de su gestión pero algunos intereses lo sostenían. Ese espacio abandonado por Macri habilitó la reunión (tardía; y eso era un elemento importante en mi análisis previo) de Todos, Todas y Todes. Como en 2015, ahora también perdió primero el oficialismo. No recordar esto, luego, puede llevar a golpearse contra la realidad como le ocurrió al macrismo.

2. Dimensión geopolítica: la banca del FMI, de los EE.UU., del recientemente elegido Bolsonaro hablan de la importancia asignada a estas elecciones. El mapa geopolítico se encuentra en ebullición, con más o menos dos polos enfrentados en las figuras de EE.UU. vs. China y Rusia, en una suerte de nueva Guerra Fría comercial. Venezuela es parte fundamental de esta nueva ecuación pero también lo fueron la caída en desgracia del PT brasileño, el giro de Lenin Moreno en Ecuador o los disturbios políticos en Perú que derribaron a PPK y amenazan ahora a Vizcarra, aunque con razones más locales que continentales.

Recién asumido, Macri sobreactuó alineamiento con EE.UU. y, pese a su apuesta fallida por Hillary, Trump luego lo abrazó considerando a Maduro, la injerencia china en la región y el polvorín en que se convirtió Medio Oriente para su país. Sin proponérselo, quizás, el electorado argentino le propinó una derrota muy dolorosa a la administración republicana, al FMI y a la nueva estabilidad que buscan instalar en el subcontinente, corrida bastante hacia la centroderecha

3. Dimensión mediática: desde los diarios, la radio, la TV y la web, el granperiodismo argentino bancó a Macri ocultando la realidad económica y centrando su atención en el pasado K. Fue divertido, desde un punto de vista para nada neutral, ver cómo operaban anoche en TN con una agenda que podríamos resumir en dos mensajes: uno para Macri que rezaba "no te vamos a acompañar al cementerio, master" y otro para Alberto Fernández que podríamos graficar en "¿y si nos tomamos un café, che?". Hay que pagar por los medios lo que valen y no lo que ellos creen valer. Para el caso, también anoche Novaro y Fraga se cansaron de pedirle a Macri que declinara la candidatura para llegar a diciembre evitando una salida alfonsinista. De estadista, Mauricio pasó rápidamente a ser una suerte de copia fallida del peor Alfonsín y el único De la Rúa: un inútil. Tirar por la borda al hombre para salvar la ropa de las políticas neoliberales es un truco viejo ya. Si escuché bien, desde TN casi pidieron una entrega anticipada de poder también.

4. Dimensión económica: estamos viendo la toma de ganancias de los que fueron promotores y soportes del macrismo, apresurados ante la salida de un gobierno al que siempre consideraron propio pero al que nunca hicieron más que esquilmar. El macrismo les dio todo y ellos, recién hace pocas semanas y con la boca fruncida, le entregaron una paz cambiaria que se adivinó desde el principio efímera.

En resumen, Macri y Cambiemos creyeron que podrían castigar a su electorado ante el convencimiento de que la oposición no existía y se agotaba en Cristina, que manejarían la agenda electoral desde Comodoro Py y los medios y que lo importante era mantener la paz cambiaria sin corregir el deterioro bruto del poder adquisitivo. Un error de novatos para quienes presumían ser pragmáticos y el mejor equipo. Luego de vender optimismo y liviandad new age resultaron en exceso ideológicos y esto fue percibido por buena parte de la sociedad luego del triunfo en las legislativas 2017, cuando Mauricio volvió a ser Macri al aprobar una reforma jubilatoria apelando a la represión de las protestas que generaron.

miércoles, 12 de junio de 2019

10 reflexiones apresuradas en este cierre de alianzas atolondrado

Todavía en caliente, intentemos algunas aproximaciones a lo que sería la configuración del escenario electoral hasta el momento:

1.- Movió Cristina y precipitó los acontecimientos en todos los espacios (excepto en el FIT. ¿Por qué tanta maldad, viejo?). Desde el periodismo oficialista inmediatamente resurgieron las voces de los que reclamaban un Plan V, H o Y. Por suerte el macrismo confirmó a Mauricio antes de que se les acabaran las letras del abecedario.

2.- Aún así Macri apeló a un Plan. No alfabético pero sí numérico. O simbólico, qué se yo. El Plan π. El Plan 3,141592Chetto. Un plan infinito (?). Pero corto de miras: no apuntó al electorado sino a los mercados. ¿Podía apelar al electorado? ¿Vos decís? ¿Con quién? Difícil. No hizo mal: necesita antes a los mercados que a los votos para llegar con vida al momento de las urnas. ¿Cuál sería la señal hacia los mercados? Que en un eventual segundo mandato tendría gobernabilidad como en este primero, con Michelángelo y su celular caliente. Por ahora, sobrevive colgado al FMI y a la benevolencia de Trump (?), que lo quiere por bueno y no porque necesite respaldo para avanzar sobre Venezuela, ¿eh? No, nada que ver.

3.- Pichetto no suma ningún voto peronista. Los votos familiares deberíamos consignarlos como pichettistas, porque de eso se trató: supervivencia. Sabía que su tiempo había terminado en Río Negro y sólo le quedaba el paraguas macrista, al que apeló siendo mejor soldado de Mauricio que varios mauricistas. ¿Le resultará complicado borrar con el codo todo lo que hizo antes para hacer macrismo llegado el caso? ¿Complicado para qué, si no hará política electoral?

4.- El café veloz entre Alberto Fernández y Massa se concreta mientras escribimos estas líneas. Massa suma votos. No tantos. Pero la verdadera aritmética se da al neutralizar su capacidad de daño, esa que utilizó en 2015 para asegurarle a Macri el balotaje que le dio el PEN y la decantación de votos antikirchneristas entonces. Sumarlo, así, permite incrementar las chances de recuperar la provincia de Buenos Aires (sin un Felipe Solá que reste votos peronistas) y ello habilita a pensar en un triunfo en primera vuelta o, en el caso de segundo turno, que el camino de octubre a noviembre sea para la dupla Fernández lo que fue para Macri en 2015. PBA define buena parte de la elección y la movida de Cristina con Alberto fue también un granito de arena para reconfigurar el Partido del Balotaje.

5.- En Twitter adelantamos que Urtubey se bajaría: Lavagna tiene un partido nacional en el Socialismo santafesino. Qué difícil la ancha avenida cuando desde el ejecutivo se polariza y desde la principal oposición también, con acento en el rechazo al macrismo. Les deseamos mucha suerte porque le restan más a Mauricio que a Fernández². Podrían recibir votos antiperonistas desencantados con Miquelányelo en la fórmula de la ex Alianza Cambiemos.

6.- Retornando al oficialismo, la movida Pichetto no es un espejo a la que realizó Cristina con Alberto: eso hubiera sido entronizar a Vidal y llevarse más peronistas macri-friendly: reconfigurar la coalición como hizo CFK, que inmediatamente recibió los avales de los gobernadores peronistas, prescindentes hasta entonces de lo nacional. A Macri lo saludaron, en cambio, los gobernadores radicales que amagaron con retirarse.

7.- Pero el macrismo sí debe reconfigurar su vínculo con la sociedad; ya no desde el antiperonismo que lo constituyó: ser el Otro del peronismo que gobierna desde hace 40, 70, 100, 1.000 años. El pasado incluye al peronismo y ahora Cambiemos también. Ya Pinedo y otras espadas del espacio adelantaron que se acabó la dicotomía P-antiP (uy, ¡qué difícil!) y que ahora será el supuesto republicanismo vs. el populismo. Como si no fueran populistas, ja.

8.- Qué lindos tiempos para los verduleros que tienen encuestadoras, pero las de verdad ya se están realizando y el macrismo viene perdiendo ciudades capitales y votos. 200.000 sólo en Tucumán. Puede perder mucho también en Santa Fe y no realizó movida alguna que le permitiera pensar en recuperar votos en el Conurbano. En el NOA puede llevarse palizas como las de Tucumán (62 a 20) y en el Jujuy que Morales maneja con lógica peronista perdió casi 15 puntos de 2015 a 2019.

9.- ¿Qué será, entonces? ¿El republicanismo o el bolsillo? ¿El supuesto respeto institucional o las tarifas impagables? ¿Los blanquitos chicos de camperita cheta añorando el mundo que describió Fukuyama a fines de los '80 o los sucios populistas hablando de empleo y consumo? ¿Será la política o el marketing?

10.- Porque tenía que haber un 10. Venite a San Martín, Leo Pisculichi. ¡Que viva el fútbol!

miércoles, 22 de mayo de 2019

Fernández para armar un nuevo Partido del Balotaje

Volvemos, un ratito. No como otros que no vuelven más. ¿O sí?

El tablero político mostraba hasta hace poco no sólo cierta inmovilidad, similar a la estasis sanguínea que determina falta de oxigenación y pasaje a metabolismo anaerobio con producción de ácido láctico y consecuente acidosis y... bueno, una cagada para la vitalidad del tejido, digamos. El tejido político en este caso. ¿A qué nos referimos? A los (no) candidatos que no se instalaban. A que nada novedoso conmovía el escenario o la dinámica más que la forzada introducción de  Lavagna que venía a suplir —antes que a ensanchar— la ausencia de un candidato para la angostita avenida del medio, en vista de la incapacidad para superar el dígito por parte de los cuatro jinetes de Alternativa Federal.

Resulta que Cristina movió y su jugada tuvo la fuerza suficiente para descomponer la situación de quietud que lentamente llevaba al macrismo a conservar chances de reelección pese a su fallida economía. ¿Significa esto que Fernández² ya ganó? Ni por asomo, pero se abrieron ahora presunciones sobre una mayor factibilidad, y no sería ésto ya sólo responsabilidad de la ineptitud macrista sino, además, de una reconfiguración del esquema que arribará a las PASO, generales y eventual balotaje.

¿Cómo hubiéramos llegado de no mediar el encumbramiento albertofernandis... en realidad el autodescenso cristinista? Con Cristina candidata, bastante floja de apoyos pese a que de mala gana muchos gobernadores se hubieran sumado para negociar legisladores nacionales; con Macri apostando a un nuevo balotaje antikirchnerista y con alguien de la Ancha Avenida del Cantero del Medio de la Avenida intentando llevar votos hacia el macrismo en noviembre como ocurrió en 2015. Sí, la reedición del Partido AntiK del Balotaje.

En fin; no. Había que meter un volantazo. ¿Qué ocurrió a partir de eso? Gobernadores peronistas que no estaban mirando lo nacional saludaron la decisión, Schiaretti se apuró a convocar una nueva reunión de AF (¿Alberto Fern...? No, dejá), sectores radicales, macristas y parte de la prensa le solicitan a Macri un gesto similar y activar el Plan Vidal, algo así como un "Tévez conduce desde el banco para que brille Mauro Zárate" (?). Mientras, el macrismo sigue perdiendo elecciones provinciales. Pero no cualquieras: pierde también en las grandes ciudades y en Santa Fe y Córdoba.

Ya muchos analistas ahondaron en conclusiones a partir del gesto: la humildad y belleza de Cristina (los kirchneristas), el establecimiento del fin de la grieta (los antigrietistas), la renovada perversidad de CFK (los macristas), el arrastre de los gobernadores (los pejotistas), pero pocos se detuvieron en cuáles serían las consecuencias prácticas de este giro electoral (sí, ya sé: ganar, ¿pero cómo?). Algunos apuntaron: ganar en primera vuelta con un peronismo unido. ¿Es posible? No parece que todos vayan a participar en unas PASO contra AF-CFK pero si no, la jugada habilita algo que no leí aún (corríjanme): un nuevo, otro, Partido del Ballotage, como llamó Ignacio Zuleta a Cambiemos (y que sumaba por entonces a Massa y al resto de opciones electorales que cabalgaban sobre el rechazo al kirchnerismo). La idea es entonces, a partir de ahora, que sea sólo el macrismo el que se enfoque en Cristina, vaciando ese discurso antiK en el resto de las fuerzas. En la mesa de arena, éstas tendrían mayores incentivos para confrontar con Macri, permitiendo que un eventual balotaje encuentre a esos votos más cerca del PJ que del gobierno. Justamente al revés que en 2015. ¿Es tan matemático? No, claro, pero con Cristina candidata hubiera sido más fácil reeditar el partido del balotaje que favoreció antes a Mauricio Macri.

lunes, 23 de octubre de 2017

Follow the yellow brick road a 2019

Pese a encontrarse con un Congreso en buena medida adverso, en 2015 se dijo que Macri contaría con el PEN, PBA y CABA, los mayores presupuestos a nivel nacional y un esquema de poder distinto al del kirchnerismo inicial, que debió apalancarse en la opinión pública y los resultados económicos para alinear a su grupo de poder. El macrismo entra en una van —metáfora de aquel kirchnerismo— pero debe negociar con pocos afuera para arribar a sus consensos, bastante estándares para el credo liberalconservador, debemos agregar.

Ese macrismo, que en palabras de Michetti agredece a los héroes que bancaron el cambio y aún no lo sienten —eslogan sintomático de la economía y política comunicacional macrista si los hay—, puede decir sin faltar a la verdad que triunfó en su primer test electoral en el poder. Podrían tentarse entonces, cuando encuentren algunas (pocas) resistencias para sus cacareadas reformas, a nuestro conocido “si no les gusta, armen un partido y ganen las elecciones". Lo dirán sus periodistas, sin dudas, pero en lo que a manejo de percepciones se refiere tendrán tino, y lo demuestra el hecho de que apuntaran y acertaran en sus blancos: desbancaron a Urtubey en Salta y destrozaron a Massa en PBA y hasta en Tigre. Los peronistas blancos que se autoconstruían y eran publicitados por los medios porteños como alternativas racionales para una continuidad macrista fueron los grandes derrotados en estas legislativas.

El massismo esperaba conservar en este 2017 los casi 20 puntos con los que resistió con aguante en 2015. Era lo que Ias encuestas prePASO le auguraban. Se acercó, en cambio, al 15%, perdiendo casi los mismos puntos que sumó la lista de María Eugenia Vidal - María Eugenia Vidal (sic) por sobre lo que le pronosticaban en agosto. Anoche, la lista Massamarga (licencia poética) apenas arañó los 11 puntos, pudiendo sumarse su pérdida y la mayor participación para explicar el resultado cambiemista en PBA. Resulta así evidente que el cálculo político de Massa en 2015, de evitar un triunfo peronista y favorecer una alternancia que lo posicionara mejor de cara al pejotismo, resultó nuevamente fallido. Ya le había ocurrido en 2013/2014. Ahora, en la derrota salteña del urtubeycismo, ¿cuánto hubo de castigo por su macrifriendlismo si la Unidad Ciudadana provincial alcanzó el 22,5%, a escaso punto y medio de la lista del gobernador? ¿Y cuánto dirigió de su propio voto Urtubey hacia la lista amarilla con tanto elogio al macrismo? La ancha avenida podía ser una alternativa de emergencia al kirchnerismo, más para el Círculo Rojo que para un sujeto social inexistente. Y negar al kirchnerismo, que interpela a un colectivo, no resultó ganador. Ambos, Urtubey y Massa, prefirieron extemporáneamente la construcción de su perfil nacional antes que el resguardo de sus territorios. Y lo pagaron caro.

Quienes entendieron que las elecciones eran distritales —y sólo nacionales para Macri— fueron los gobernadores peronistas que consiguieron triunfos en sus provincias. El peronismo aguanta los trapos en Tucumán (y Manzur ya lanzó su campaña 2019), Catamarca, Formosa, La Pampa, Río Negro, San Luis, San Juan, ¿Misiones?, ¿Santiago del Estero? El caso tucumano resultó una prolongación de lo que escribimos en relación a las PASO, así que poco queda por agregar más que Manzur puede aspirar ahora a nacionalizar su figura (al contrario de lo que señalamos de Urtubey) y que José Cano puede correr la suerte de otros derrotados consuetudinarios. ¿Hay espacio para una liga de gobernadores? Bastante menos que el que hubo para condicionar y negociar con De la Rúa (el PJ contaba entonces con PBA, y candidatos en gateras para reemplazar al aliancista como finalmente ocurrió) pero el peronismo necesita un proyecto de futuro que tome en consideración la coyuntura y las aspiraciones del electorado y que habilite la emergencia de un liderazgo claro en un mapa que contiene al macrismo y liderazgos territoriales desperdigados.

¿Qué queda como dique de contención al macrismo? Poco. Deberemos continuar renegando con nuestro sindicalismo herbívoro y temeroso del carpetazo, algo lógico si enfrente se mancomunan el oficialismo, el poder judicial, los servicios y los medios en una ensalada que no permite diferenciar bien qué factor es ingrediente y cuál aderezo. ¿Y del Congreso, leitmotiv de estas elecciones, qué podemos esperar? El macrismo pudo en 2016 legislar merced a la chequera y a la extorsión con la gobernabilidad; en este 2017 se les complicó por errores propios pero, fundamentalmente, por su política económica en un año electoral. 2018 será diferente: no podrán apelar a la extorsión pero, además, será el año en que la reforma laboral y la poda de derechos sociales a la que aspiran deberá sortear el escollo del Congreso, menos adversativo merced, lamentablemente, a la voluntad popular.

Para una próxima entrega quedan Cristina, Vidal y la PBA.

martes, 15 de agosto de 2017

2017 y la democracia de la derrota

Pasaron las primarias y nos dijeron que algunas cosas que dábamos por supuesto fueron sólo eso: hipótesis que luego la cruda verdad desnudó; y así quedamos, medio en bolas. Pero intentemos apuntar algunas cuestiones que no pude leer en ningún análisis, quizás porque leí pocos, sepan disculpar.

1. El peronismo no es sólo PBA. No haremos un pormenorizado, pero sí diremos que el empate/derrota del peronismo en PBA obturó que éste, en frentes provinciales, triunfó ampliamente en Tucumán, Catamarca, Río Negro, Chaco, ¿a Santiago del Estero cómo le decimos? En definitiva, puede que desde el puerto se dificulte ver el bosque porque parecen creer que el peronismo nace en la primera zanja de Alsina y finaliza en la frontera del Conurbano o quizás un poquito antes. No.

2. En Tucumán el Frente Justicialista le sacó casi 22 puntos de diferencia a Cambiemos, duplicando la distancia que separó a ambos en la recordada elección a gobernador de 2015. Tucumán era contabilizada como una de las provincias ganables por Macri, considerando que contaban con un candidato competitivo, instalado, muchos años de peronismo al frente de la gobernación, el antecedente del fraude que nunca fue y los presupuestos del PEN para disciplinar (al oficialismo distrital) y construir (la victoria del —oh— cambio). Hicieron todo mal desde Nación y la UCR local y el PJ tucumano resultó fortalecido de cara a 2019. Es la provincia más grande gobernada por el PJ y consiguió 200.000 votos de distancia. Pero ocurrió algo similar en Catamarca con el ya tradicional Frente Cívico y Social derrotado por el oficialismo provincial o también en Chaco. Entonces:

3. El mapa no varió mucho del de los resultados que arrojó 2015. En general ganaron los oficialismos, con las excepciones de Santa Cruz, Neuquén y Córdoba. ¿Cómo le decimos a la Docta? ¿Perdió el cordobesismo? ¿Ganó nuevamente el amarillismo? ¿Son antes antikirchneristas? ¿Son la prolongación del interior bonaerense?

4. El kirchnerismo te hizo creer que podías tener un celular con un salario medio y el macrismo te hizo creer que ganó por 7 puntos en PBA. Es cierto que a partir de las expectativas creadas por las encuestas publicadas, el empate parece antes un triunfo cambiemista. Pero mientras Cristina perdió sólo 1 punto de lo cosechado por Aníbal Fernández en 2015 (35 vs. 34), la lista del #cambio perdió 5 puntos de los 39 alcanzados por Vidal entonces. Sí, fueron 4 puntos más de los pronosticados por los encuestadores, pero es posible que se trasladaran desde los 19 puntos de Solá en 2015 (vs. los 15 de la fórmula Massa-Stolbizer este domingo). Ergo:

5. El macrismo fue más exitoso para instalar el eje político futuroM vs pasadoK que Unidad Ciudadana en imponer un debate basado en la economía macrista excluyente. Entonces:

6. A Macri lo vo-ta-ron. Sirve de consuelo el “2 de cada 3 le dijeron que no", pero no saltás el cerco repitiéndolo sin un Clarín de tu lado. Desde 2012 no damos pie con bola para entender qué quieren las mayorías. Lo irónico es que lo único que parece ofrendar Cambiemos es novedad, buena onda y antikirchnerismo. Es probable que los golpeados por la economía macristas no sean aún suficientes. O no alcancemos a comprender aún al nuevo sujeto histórico, más liberal, que el macrismo sí. ¿O es que no existe este sujeto todavía?

7. Teoría de los subconjuntos peronistas en PBA. En Salta y Chaco, los PJ y Unidades Ciudadanas locales fueron separados y sin embargo ganaron. Pero de presentarse juntos, en internas, las diferencias hubieran sido mayores. En PBA, desde 2012, el peronismo sufre fragmentaciones y arribó a estas legislativas divido en tres opciones filoP: moyanismo social sin Moyano, kirchnerismo sin malos modales y cristinismo sin poder. Lo ominoso es que éstos se inscriben en diagramas de Venn que no pueden sumarse sin excluir algún subconjunto. Podés intentar lad sumas UC+Cumplir o Cumplir+1País pero nunca adicionar al kirchnerismo con Massa. Nótese la personalización. Es un problema del distrito que puede no impedir recuperar la gobernación bonaerense, pero que complica las chances nacionales del peronismo por la dispersión del voto que promueve. Como ocurrió en 2015.

8. A futuro. Lo que 2015 legó y este resultado —que no sancionó a Cambiemos— afirmó es el retorno de la democracia de la derrota. La persistencia del kirchnerismo en PBA y los peronismos enfrentados al PEN en las provincias otorgan esperanza, pero un sistema que persiste inscripto en el clima de 2015, bajo la sombra del balotaje y en un marco de relativa paz social disminuye las probabilidades de ganar (o gobernar los primeros tiempos) contra Clarín, la SRA, las multinacionales, los bancos y sin un decidido apoyo del sindicalismo todo. ¿Las condiciones bajo las que llegó y operó en principio el kirchnerismo fueron excepcionales? Hasta ahí. Cambiemos puede reproducirlas con su política económica, pero no en el corto plazo. Y 2019 no queda tan lejos.

lunes, 27 de marzo de 2017

Que este blog y Kicillof digan si son kirchneristas

Escribimos poco y lo que sigue no es precisamente un análisis sino, aunque odiemos las compilaciones, un grandes éxitos (?) del blog. Sepan disculpar, como deberán también disculpar a Kiss&Love. ¿Qué dijo Axel ayer nomás?:

«El exministro de Economía y actual diputado nacional Axel Kicillof sostuvo hoy que una candidatura de la exmandataria Cristina Kirchner le es "muy funcional" al Gobierno, y consideró que la elección de medio término debe ser para "plebiscitar" la gestión del presidente Mauricio Macri y no la de la líder del Frente para la Victoria.

"Al Gobierno le resulta muy funcional que esta elección se discuta en términos de si gana Cristina o pierde Cristina. ¿Este es un plebiscito a Cristina Kirchner en 2017? Si Cristina terminó de gobernar con un millón o medio millón en la plaza y se fue...Estamos plebiscitando a Macri", recalcó el dirigente kirchnerista, dando a entender que no es conveniente exponer a su jefa política ya que podría tergiversarse el sentido de esta elección de medio término, que tiene que ver con evaluar el desempeño del Gobierno de Cambiemos...».

¡Que Axel diga si es kirchnerista! ¡Que muestre el “no fue magia" tatuado en el pecho! Porque, bueno, a este bloguero lo acusan con epítetos peores por decir cosas como ésta, de diciembre del año pasado:

«...Uno de los grandes interrogantes es hoy Cristina: ¿va o no va? Tiene votos, tiene piso y tiene techo. Tiene, además, un sabor dulce para el macrismo. Desglosemos: 1) el macrismo está tensando la situación elástica que dejó el kirchnerismo en la macro pero también en la microeconomía; el deterioro es evidente. Aún así, las demografías electorales pueden no obedecer únicamente a este factor, y si bien esto aleja a muchos del 51% nacional del balotaje (o aún de los resultados de octubre en PBA: 39,5% a 35,2% para Vidal vs. Aníbal F. y 32,9% a 37,1% para Macri vs. Scioli), la situación (a hoy) no es tal que los obligue a refugiarse invariablemente en el kirchnerismo. 2) Descontando el concurso de la prensa oficialista, plebiscitar al macrismo no será el único eje electoral. 3) Buceando en las profundidades de las macrinomics y las macripolitiks, el peronismo realmente existente, antes preocupado por su supervivencia, buscará refugio en sus distritos. En este cálculo, las de 2017 deberían ser elecciones nacionales para Macri y una sumatoria de comicios locales para el peronismo. Ahora sí, finalizado el desglose, podemos decir que Cristina candidata nacionalizaría las legislativas, rememorando el clima de noviembre de 2015. El macrismo, por supuesto, recibirá como maná poder apelar a su reflejo primitivo, aquello que le dio constitución, su eje de campaña desde siempre: el antikirchnerismo; y entonces cada contendiente distrital, sea formoseño o riojano, podrá sustraerse del debate local o de sus insustancialidades constitutivas para discutir con Cristina y el gobierno que terminó en diciembre pasado...».

Gracias, Axel, por tanto. Perdón, Los Huevos y las Ideas, por tan poco. Después, si les apetece (?), pueden darse una vuelta por Twitter y occservar con ánimo arqueológico (?) mi tuit fijado.

lunes, 5 de diciembre de 2016

2017 (parte II)

En el posteo que inicia esta saga (!) señalamos que las elecciones de 2017 significan casi todo para el macrismo puesto que, visto el escaso aval recibido, son la llave que abre un horizonte de sustentabilidad política que permita el arribo de “inversiones", imprescindibles para pensar luego en una reelección o continuidad. Para el peronismo, en cambio, no son definitorias, ya que de todos modos debería aguardar a 2019 para ordenarse en torno a una o dos figuras. Por ahora, entropía peronista. Cerrábamos entonces señalando que “el sistema político tenderá a dar soporte a Macri aduciendo razones de supervivencia (y que) Cambiemos no necesita hacer mucho más que pisar el freno de su ajuste para conseguir buenos resultados en 2017". Intentemos, ahora, sobrevolar las estrategias y dificultades que enfrentarán las principales fuerzas que animaron 2015 de cara a las próximas legislativas.

Cambiemos, Mauricio Macri.

El momento económico no es bueno. El combo recesión + inflación; déficit + deuda; bicicleta financiera + caída de la actividad y consumo no implica para el macrismo un incendio aún, como sí hubiera sido para un kirchnerismo gobernante. El gobierno quemó su etapa de Luna de Miel, pero patea aún algunas pocas cenizas al andar. Se avizora un “giro populista", pero poco se apunta que, de darse, será respetando su demografía electoral: contención apenas a los sectores populares e impulso del consumo a los sectores medios, procambistas. El plan es Tarjeta + Obra pública. No alcanzará lo segundo, que demanda tiempos que el macrismo no tendrá y un impulso que no está en el ADN de su plan económico, aunque provenga de la Patria Contratista. Para lo primero, confían en una dinámica de endeudamiento en plástico que viene muy ejercitada por nuestros sectores medios urbanos. Por supuesto, la burbuja que esto crearía —ya que no alcanzaría para eyectarnos del círculo vicioso en el que nos introdujeron Prat Gay y Sturzenegger— sería luego una preocupación, pero es una muestra más de cuánto está dispuesto a avanzar en la tercerización el macrismo, cuando este costo era asumido antes por el estado K, con posibilidades de financiación de las que carece la clase media. ¿Alcanzaría? Difícil cuando se trata no de un Plan A sino un Plan D.

Como señaláramos, el macrismo pretendía descargar en 2016 todo el ajuste posible, para “rebotar" durante el año electoral. El peronismo realmente existente y la CSJ lo enfrentaron en referencia al tarifazo. Los MMSS en referencia al ajuste en “gasto" social. El propio Macri se boicotea, cuando busca crear condiciones para su economía ornitológica (de buitres y golondrinas), porfiando en una flexibilización laboral con enfoque en “productividad", como sinónimo de mayor margen empresarial, o cuando detiene la obra pública con el sólo fin de evitar un mayor rojo fiscal. Pero la dimensión económica no será el único eje electoral, y vale recordar que aún no vimos a los principales presupuestos estatales y a los medios adictos jugados al triunfo y continuidad. ¿Alcanzará la dimensión política para un resultado decoroso? ¿Ser, todavía, lo nuevo? ¿Prenderá aún el relato de la corrupción K? ¿Explotarán a Cristina? El no al e-vote, con seguridad, será un argumento de campaña. Pretendían usarlo por la positiva, lo harán por la negativa.

No tienen, aún, candidato en PBA. ¿Tienen a Facundo Manes en (cuac) mente? Saldrán a poner el cuerpo Vidal y Macri, pero como bien sabe Insaurralde, no es tan simple “trasladar" el voto. De todos modos, la reciente derrota de la “reforma política" en el Senado obliga al macrismo a recalcular: ya no alcanzará con “empatar" para cabalgar un Congreso dividido vía billetera; está obligado a sumar representación legislativa para negociar desde una mayor fortaleza. También para redistribuir geográficamente (aún más) el ajuste.

Renovando la renovación.

Massa fue advertido: si pretende liderar algún peronismo, en 2017 debería demostrar con qué. Ello sólo basta para entender por qué amaga con no presentarse y sumar, en (nuevo) cambio, al Gen y a Libres del Sur. Este acercamiento a Stolbizer y Donda (progresistas en lo social, conservadoras en lo económico) tiende a dos objetivos: blindarse de antikirchnerismo (condición sine qua non de cualquier sistema de alianzas que pueda contenerlo y, además, preparación por si la emergencia de Macri es vía honestismo, en un símil 1999) y para tomar oxígeno cuando sólo se tiene a sí como figura convocante. Una alianza como única posibilidad de supervivencia, más en el candelero político que en lo estrictamente electoral.

Terciará en PBA y buscará sumarse al resultado del “cordobesismo". Poco para 2019, a menos que entonces reciba la “bendición" peronista y el PJ se trasvista como la UCR en Gualeguaychú para Macri. En su contra, el voto radical estaba ya con Mauricio; el voto peronista, si bien disperso, dista de aquel grado de orfandad.

¿Todos unidos triunfaremos?

Las opciones del peronismo —hablamos de PBA— son presentarse más dividido aún u ordenarse como una oferta electoral heterogénea. Esto último por acuerdo o posterior a internas. Como una turba de indios que desconoce o perdió a su cacique, son muchos los actores para pocos espacios. ¿Divididos para mantener la representación legislativa? ¿Juntos a la par porque interesa más derrotar a Macri? Lo primero no asegura números más amplios en el Congreso, y menos aún “manejarlo", como aprendió durante este año el cristinismo. Entonces, ¿internas o lista de unidad? Los intendentes deben recordar lo bien que resultó la disputa Aníbal - Domínguez.

Uno de los grandes interrogantes es hoy Cristina: ¿va o no va? Tiene votos, tiene piso y tiene techo. Tiene, además, un sabor dulce para el macrismo. Desglosemos: 1) el macrismo está tensando la situación elástica que dejó el kirchnerismo en la macro pero también en la microeconomía; el deterioro es evidente. Aún así, las demografías electorales pueden no obedecer únicamente a este factor, y si bien esto aleja a muchos del 51% nacional del balotaje (o aún de los resultados de octubre en PBA: 39,5% a 35,2% para Vidal vs. Aníbal F. y 32,9% a 37,1% para Macri vs. Scioli), la situación (a hoy) no es tal que los obligue a refugiarse invariablemente en el kirchnerismo. 2) Descontando el concurso de la prensa oficialista, plebiscitar al macrismo no será el único eje electoral. 3) Buceando en las profundidades de las macrinomics y las macripolitiks, el peronismo realmente existente, antes preocupado por su supervivencia, buscará refugio en sus distritos. En este cálculo, las de 2017 deberían ser elecciones nacionales para Macri y una sumatoria de comicios locales para el peronismo. Ahora sí, finalizado el desglose, podemos decir que Cristina candidata nacionalizaría las legislativas, rememorando el clima de noviembre de 2015. El macrismo, por supuesto, recibirá como maná poder apelar a su reflejo primitivo, aquello que le dio constitución, su eje de campaña desde siempre: el antikirchnerismo; y entonces cada contendiente distrital, sea formoseño o riojano, podrá sustraerse del debate local o de sus insustancialidades constitutivas para discutir con Cristina y el gobierno que terminó en diciembre pasado.

De hocico al piso, el voto electrónico y la posibilidad latente de fraude serán una preocupación menos, pero habrán más, habida cuenta de que las herramientas están en manos de Cambiemos, el Poder Judicial, los medios, AEA. Mientras, para 2017 el macrismo promete política electoral cuando sólo entrega su política económica. Massa persevera en su intento por evitar ser deglutido por la polarización, algo cada vez más difícil, mientras observa cómo Vidal le roba peones. El peronismo se debate en el desorden mientras decide entre ser tributario pasivo de la tendencia macrista por abrazar el desastre o propone, en cambio, una emergencia política, sea esta en continuidad (puaj) o alternancia al proyecto gobernante.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Love Trump's hate

No era así el pésimo eslogan de campaña de Hillary, pero fue así como el discurso de Trump “trickled down" a los white uneducated, que vieron mermar sus fuentes de trabajo vía globalización, “Shaina" y la excusa de la inmigración descontrolada: el odio le ganó al amor. Pasó acá y también allá, con candidatos que no sólo no enamoraron sino que presentaron elevados niveles de rechazo.

¿Perdió Hillary? ¿Ganó Trump? Un poco de ambas. La peor candidata que podían presentar los demócratas frente a un supuesto outsider. Una campaña que hizo foco en demonizar al realDonald vs. promesas irrealizables y just common sense (para decir demagogia) por parte del anaranjado magnate. ¿Ganó el populismo, horrible populismo? No hagan que Laclau se corchee: populismo no es sólo decir lo que el público quiere escuchar. Las Trumponomics, en cambio, se parecen más al recetario tradicional del conservadurismo republicano (recortar taxes a los ricos, también salud pública y gastos sociales, por ejemplo) que al ideario peronista como quieren vendernos en la tele macrista. Pero retornemos. Hay más razones, claro: la participación (Hillary, 7 palos menos de votos que Obama vs. Trump, con sólo 1,5 palos menos que Romney); el voto del rust belt, Ohio, Pennsylvania, a priori azules, a la larga rojos enmarcados en razones similares a las que explicaron el Brexit; redes sociales vs. medios tradicionales, Rusia, WikiLeaks, etc., etc. Todo ha sido dicho ya.

¿Qué podemos pensar entonces? ¿Qué cabría esperar de una Trump administration? En principio, resulta una incógnita. El New York Times (con una importante participación accionaria del mexicano Slim), dijo re caliente: “we don’t know if he has the capacity to focus on any issue and arrive at a rational conclusion". Tranqui, eh. Como para que tenga y guarde. Uno querría agarrarse de su discurso de aceptación, moderado y calmo, para evitar pensar que es un monkey with a granade que va a enquilombar el comercio mundial, destruir economías dependientes del dólar (y en Latinoamérica no tenemos sólo a la Alianza del Pacífico, sino que debemos sumar a Temer y Macri), embarcarse en war trades con Shaina (aka as China), favorecer el desmembramiento de la Unión Europea, etc. Por lo pronto, una de las posibilidades es que produzca justo eso. O parte de eso. Otra posibilidad, más ansiolítica, es que en vista de que llegó sólo, sin equipo, y que su partido dominará ampliamente el Congreso, se avenga a encauzar un gobierno republicano como los conservadores mandan, entregando el gobierno al Partido y reservándose la figuración. Nombres como Giuliani o Gringitch ya suenan para su gabinete. En tal caso podríamos esperar, esperanzados (!), algo más parecido a la presidencia W. Bush que a la del host de The Apprentice. Sí, ya se, no suena inspirador, pero antes que rezar para que vengan los marcianos a invadirnos y respirar aliviados con un Mars Attack liberador, dejenmé con George W.

¿Que van a haber más tiros en yanquilandia, dicen? ¿Van a tirar abajo el Obamacare? ¿Chau a Roe vs Wade y todo el progresismo liberal norteamericano? ¿Que van a perseguir musulmanes, mexicanos y los van a cagar a palos más que ahora? Sí, puede ser. Pero votaron eso, chicos. Como acá votamos xenofobia, endeudamiento y bicicleta financiera con políticas anti industriales. A comerla o armar un partido para ganar las elecciones. A propósito de esto último, Obama y Hillary son Cristina y Scioli, y los demócratas deberán reencontrar su lugar en el mundo (político norteamericano) y reinventarse bajo un nuevo liderazgo. ¿Warren? ¿Michelle 2020? Es pronto para saberlo.

¿Y para Argentina, qué podríamos esperar? Amén de los groseros errores de política exterior del team Malcorra/Macri/Lousteau, no mucho en términos políticos pero sí en términos económicos si el realDonald termina siendo un mono con navaja. Turbulencias diplomáticas, difícil: al contrario de lo pregonado por el discurso del “oh, qué felicidad, ¡volvimos al mundo!", lo cierto es que les importamos tres carajos y tendrán preocupaciones geopolíticas más urgentes. No deberíamos dejar de anotar, de todos modos, que supeditamos nuestra política exterior a la candidatura de Malcorra a ONU para perder por sobreactuación hacia una administración norteamericana que se iba y que, a la postre, también perdió. No era lo más probable, pero tampoco era imposible. De todos modos, resulta más preocupante que el plan económico del macrismo fuera *abrimos comillas* consensuado *cerramos comillas* *igual seguimos haciendo comillas por un rato* con el secretario del Tesoro de Obama y que, además, la nueva administración trumpista deberá demostrar cuánto respeta la tradicional independencia de la Reserva Federal yanqui. Let's pray for Vidal, but first raise your hands to the Lord for Sturze & Prat Gay.

Gran idea, además, abrirse irresponsablemente a la globalización golpeando al mercado interno mientras la primera es cuestionada en los países centrales. ¿Se revalorizan los Estado-nación? Puede ser. ¿Estamos frente al fin del imperialismo norteamericano? Difícil: es más probable que, así como le tocó antes a la socialdemocracia europea lidiar con soluciones a problemas que la alejaron de los Estados de bienestar, la ciudadanía esté encargando ahora a los conservadores un retorno a cierta protección social por parte de estos Estados. Así, tan contradictorio como suena.

Mientras todas estas incógnitas se resuelven, podemos entretenernos intentando acertar el tono Koleston de Donald J., contando los días para el encarcelamiento prometido de Hillary o tomando nota de cómo lleva adelante Juliana su lenta, pero segura (?), transformación en Melania. Solo queda por decir: crooked Trump voters.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Boleta Única Electrónica: el Caballo de Troya de la transparencia

¿El macrismo propone una reforma política? No, solo un cambio en la manera de votar: el famoso voto electrónico, al que no quieren denominar así sino, como en CABA, boleta única electrónica. ¿Es solo el PRO intentando venderse como lo nuevo? Un poco. ¿Es la vieja sabana en papel por otros medios como señala Andy Tow? También. ¿Es favorecer a MSA, la empresa que tiene el monopolio de la BUE en el país? Claro, pero no solo eso.

Las denuncias mediáticas de fraude en las últimas —pero también en pasadas— elecciones fungen como justificativo. Existen, de todos modos, muchos argumentos para oponerse: desde la pérdida del control ciudadano y partidario sobre el acto electoral, soberanía que es “estatizada" para ser luego concesionada a una empresa privada, hasta las posibilidades ciertas de hackeo. Los sistemas en pugna son:

1. el que tenemos, de boleta partidaria de papel, re linda (?).

2. los sistemas cordobés y santafesino de boletas únicas de papel, feos (!) porque favorecen los personalismos, el desanclaje por categorías entregando legislativos con mayor fragmentación y la proliferación del voto en blanco y anulado. Los analizamos y comparamos brevemente en 2011.

3. el voto electrónico de Salta y CABA, distintos entre sí ya que el medio es el mensaje (?) y el entorno y diseño de pantallas modifica el modo de votar y lo que se vota, pudiendo interferir con la voluntad del elector. Aquí un buen muestreo de ambos por Juan Pablo Ruiz Nicolini.

Es el sistema de CABA el que propone Macri, por supuesto. Ocurre que no se trata de BUE —como señalamos al principio— sino de voto electrónico liso y llano. Delia Ferreira lo explicó en 2015 y la crítica es válida para el debate en curso, ya que el control no solo no puede hacerlo cualquier hijo de vecina con entrenamiento básico en lectoescritura, conocimiento somero de los derechos y obligaciones electorales, sino que no puede realizarlo nadie sino la máquina que computa los votos:

«...El escrutinio de mesa lo hace la máquina a través de la lectura del chip que contiene la boleta. Lo impreso se lee en voz alta y los fiscales pueden controlar -si el procedimiento es lo suficientemente pausado- que lo que aparece en la pantalla es lo mismo que está impreso. Pero lo que cuenta es lo que contiene el chip. Una vez que el chip ha sido leído por la máquina esos votos se han computado y las autoridades de mesa no pueden alterar manualmente lo que el lector del chip marcó. Si alguien planteara una objeción después que el chip fue computado, ya no habría forma de volver atrás o descontar ese voto...».

Jorge Landau recuerda, en sus consideraciones, que en Alemania se declaró inconstitucional el voto electrónico por la pérdida del control ciudadano que conlleva; Holanda abandonó también el VE por la posibilidad de pérdida del secreto que implica la utilización de chips emisores de radiofrecuencia. Hasta Richard Stallman realizó un alegato contra el VE

Habiendo señalado todo lo anterior, debería ser clara la inconveniencia de migrar al voto electrónico. Pero como señaláramos cuando se utilizaron las elecciones en Tucumán para instalar la figura del fraude a nivel nacional —y vaya si aquello ayudó a estimular y fidelizar el voto antiperonista, tan importante en el ajustado balotaje—, había que ser ciego para no advertir que la estrategia implicaba más que sólo octubre/noviembre de 2015: serviría para golpear al nuevo gobierno si hubiera sido este peronista (al modo brasileño) o para habilitar al voto electrónico y la pátina de transparencia en caso de triunfar Macri, como finalmente ocurrió. Entonces, a pesar de todos los contras del voto electrónico que propone el macrismo, mi impresión es que no existen argumentos políticos para oponerse mas que —como intentará la oposición— la adopción de la boleta única en papel en lugar de la electrónica. Menos aún cuando el debate es tan técnico, cuando los medios oficialistas lo utilizan como bandera porque será, probablemente, la única promesa electoral que el macrismo podrá reclamar como cumplida camino a 2017 —y porque sirve para recortar espacio al tarifazo o la economía hecha pomada— y, por si fuera poco, cuando existe una considerable masa social, tilinga, que cree que si lo propone Macri, es en detrimento del peronismo (falso: al FpV le hubiera convenido, por ejemplo, modificar su reforma electoral y anular las PASO en 2015 y, además, —como apunta Pablo Torres— unas primarias optativas, como propone el macrismo, favorecen el voto clientelar) y que solo por ser nuevo, debe ser mejor. ¿Mi pronóstico? El voto electrónico sale con fritas. Y si no sale, sería una derrota más grave para Macri que la aprobación de la ley antidespidos luego vetada.

viernes, 5 de agosto de 2016

"Son las elecciones de medio término, estúpido" (Bloomberg le copia a este blog)

¿Qué sostenemos desde febrero? Que las elecciones de 2017 son el examen que Macri debe rendir para conseguir que los dólares vengan. Dijimos en mayo:

«¿Qué implica 2017 para Macri? Casi todo: arribó al PEN con un Congreso desfavorable pero, más importante aún, es el examen que debe rendir frente a sus sponsors y posibles financistas offshore —entiéndase “financistas más allá de nuestras costas", ¿por qué deben ser siempre mal pensados?—. Es la sustentabilidad política en el tiempo la que daría “confianza" a los que harían “llover inversiones" —léase capitales de riesgo/golondrina— y no las “reglas claras de juego" que descuentan para un gobierno como el de Cambiemos, de restauración conservadora o, mirando ahora la región, pos-populista».

¿Qué dice Bloomberg ahora en “La nueva y mejorada Argentina es todavía un lugar complicado para invertir"?

«...De ocho managers de fondos de inversión consultados para este artículo, siete dijeron que están conteniendo/refrenando inversiones, principalmente por los controles pero también por la alta inflación y por la preocupación de que el tono pro-mercado pueda cambiar otra vez luego de las elecciones de medio término a fines de 2017...»

Paradoja cruel: lo que Macri necesita para ganar esas elecciones son, justamente, las inversiones que el mercado financiero solo quiere habilitar luego de que el gobierno gane las legislativas. O, por lo menos, que no resulte demasiado evidente que el peronismo está presto para reasumir en 2019. Dependerá, creemos también, si ese peronismo es el macrista—friendly (léase Massa/Urtubey) o, al decir de Prat Gay, uno que pueda referenciarse en un “desconocido de Santiago del Estero" (podemos leer como emergente del peronismo más territorial; no, no sueñen, ningún kirchnerista puro tiene chances, al menos evaluadas desde el presente).

Va la captura de la nota de Bloomberg. La tradujo tu vieja:

viernes, 3 de junio de 2016

¿Keiko o PPK? Enfrentamiento entre matices de la Derecha en Perú

Este domingo, Perú elige entre Keiko Fujimori o Pedro P. Kuczynski, en la segunda vuelta de un proceso electoral que contó con algunas particularidades y otras situaciones que parecen de corte más tradicional para la política peruana.

No se trata de una disyuntiva entre modelos políticos. Nada hace pensar en que puedan existir grandes diferencias entre los programas económicos de Keiko o PPK. En las pasadas elecciones presidenciales existía temor por un posible cambio, cuando el actual presidente Humala triunfó en balotaje por muy escasa diferencia frente a la hoy más probable ganadora hija de Alberto Fujimori. En un contexto latinoamericano distinto, con un Brasil bajo un PT poderoso, con el FpV dominando la escena Argentina, Ollanta, ex aliado del chavismo y luego del Partido dos Trabalhadores, lideró un gobierno que se apartó poco y nada de los lineamientos fijados en los '90 por el fujimorismo, profundizados luego por Toledo y Alan García: apertura económica, TLCs, inversiones extranjeras y una distribución desigual de la renta. Aún así le reconocen a Humala un gobierno solidario que lideró una reforma educativa que muestra algunos resultados.

Retratamos algunas particularidades de estas elecciones en un posteo anterior, apuntemos ahora algo sobre este ballotagge y las continuidades.

El establishment peruano tomó claro partido por su candidato, Pedro Pablo, cuando en el primer turno la preocupación era bien otra y se llamaba Verónika Mendoza, la candidata más a la izquierda del sistema y la que prometía revisar concesiones mineras. Se descontaba el primer puesto de Fujimori, y para este momento la carta a disputar tendría al antifujimorismo como figura. Pero antes un interrogante: ¿qué ocurrió para que un país que tuvo una importante tradición de izquierda se debata entre matices derechistas? Uno nacionalista —Keiko— y otro más liberal o pro mercado —algunos sindican a PPK como el candidato de la Embassy—. Para no extendernos, dos nombres: Velazco y Alan García en los '80. El primero como dictador, el segundo como presidente democrático, protagonizaron ambos gobiernos de corte estatista y antiimperialistas. La hiperinflación y la guerrilla de Sendero Luminoso, con secuestros, muertes y migración interna desembocaron en Fujimori (padre) y el Perú de hoy, integrante de la Alianza del Pacífico.

En el reparto de votos de la primera vuelta, Keiko Fujimori ganó en Lima y en todo el norte a excepción de Cajamarca. La base de sus votos estuvo en los sectores D y E, los más pobres. Durante su gobierno, Fujimori padre no sólo liberalizó la economía peruana sino que desplegó, además, un aparato clientelar de soporte para las clases populares. El recuerdo del triunfo sobre Sendero, el despliegue del aparato durante estos años y un gran trabajo territorial —Keiko fue la única candidata que recorrió el país desde su derrota frente a Humala— explican los resultados y la probabilidad cierta de su triunfo.

Kuckzynski es, en cambio, un hombre del establishment. Acompañó a Vargas Llosa en su fallida aventura política y fue luego ministro de Alejandro Toledo. Tercero en las pasadas elecciones, segundo en esta primera vuelta, será en balotaje el depositario del voto antifujimorista. Su base son los sectores A y B: ganó solo en Arequipa y fue segundo en Lima y en otros departamentos. Así como Keiko debió luchar contra el antifujimorismo, PPK debió enfrentar la percepción de que gobernará para los ricos. Si el desafío de Fujimori asienta en un clivaje político, el de Kuczynski es claramente económico.

La encuestadora IPSOS fue entregando simulacros electorales durante los pasados tres domingos. Todos le otorgaron una ventaja creciente a Keiko: medio punto primero, casi cuatro luego y poco más de 6% en la última medición. ¿Está todo dicho entonces? Probablemente, pero no deberíamos descartar una sorpresa: ninguna encuesta daba ganador a Humala en el último ballotagge presidencial; ser si bien la diferencia entonces era menor y dentro del margen de error.

No solo porque su hija pueda ser la próxima presidenta es que estas elecciones tienen a Alberto Fujimori en escena. Los cortes clasistas del voto y las estrategias desplegadas por ambos sectores rememoran el enfrentamiento entre Fujimori (padre) y Mario Vargas Llosa en 1990. Hace 26 años un ignoto hijo de japoneses derrotó al Nobel de Literatura representando a los pobres vs. los blancos ricos. PPK es hoy Vargas Llosa para el clivaje sectores bajos/altos. Pero si en 1990 el voto “anti" castigó también al escritor, ahora es Keiko quien lo sufre, y PPK recibe la adhesión de todo el arco político —incluida Verónika Mendoza— para evitar el regreso del autoritarismo y la corrupción con que el imaginario político peruano recuerda al fujimorismo de Alberto. El domingo sabremos qué clivaje prevaleció, si el político para alegría de PPK o el socioeconómico en beneficio de Fujimori.

jueves, 7 de abril de 2016

Las elecciones de este domingo en Perú

Sí, ya se, están todos relocos con las cuentas offshore de Mauricio o con la detención de Lázaro y Jaime. Mientras, en nuestro país todo lo que no es relato tiene que ver con ajuste, despidos, aceleración inflacionaria, caída de la actividad y del consumo. Cambiamos. Por suerte, el gobierno de Macri es justo en la repartija de cargas y les quita por igual a todos: remedios a los jubilados, retenciones al campo, impuestos a los autos de alta ga... Ah, ya veo. Mala mía. Bueno, pero este domingo 10 de abril son las elecciones en la hermana república del Perú y en junio la segura segunda vuelta. Copiamos y pegamos tuits en lugar de elaborar un texto porque ya termina el ciclo del lavarropas y recién recuerdo que olvidé revisar los bolsillos de los vaqueros. ¿Ven que lavar guita es algo bastante común? Vamos con Perú: