Los siglos 19 y 20 significaron saltos cualitativos en lo que respecta a desarrollo productivo pero, aún así, fueron, especialmente el siglo pasado, de los más sangrientos en nuestra historia, algo en apariencia contradictorio, pero no tanto si pensamos que fueron las guerras, mundiales y fría, las que determinaron, en buena medida, los adelantos tecnológicos y, luego, con los resultados de los enfrentamientos bélicos puestos, los paradigmas que regirían en adelante el mundo y sus alrededores. En 1989, con la caída del Muro de Berlín, convencieron a la gran mayoría de que el fin de la Historia significaba haber alcanzado el punto cúlmine en el desarrollo humano y, era entonces obvio, y lógico, el paradigma triunfante reinaría por los siglos de los siglos, amén. Así el Mercado y todos sus instrumentos eran quienes podían asegurar la paz y la prosperidad. Y entonces, por supuesto, la felicidad. ¿Qué sabían Los Beatles? El amor. Ja. El liberalismo daba paso al neoliberalismo (o éste se abrió paso a las patadas), y más importante que todo, ahora era el comercio globalizado el paradigma último y triunfante. Y maximizaría sus ganancias a como diera lugar porque, bueno, eso era lo virtuoso, lo bueno. El egoísmo como pistón y cemento social. Capos.
Hasta el siglo 19 Europa regía el mundo. Luego de la I Guerra Mundial ya no fue así, y entonces nació la Unión Europea, como una comunidad económica antes que política, buscando conservar un espacio de poder. La unificación comercial vendría a resolver, pensaban, los problemas que habían llevado históricamente a los países europeos a luchar. Por espacio vital o por recursos. La actual crisis de los países periféricos europeos pone de manifiesto que esta presunción se trató de un terrible error. Esto es, pensar que el librecomercio podía resolver todo como si, efectivamente, fuera Dios en la Tierra con las tablas de Moisés bajo el brazo. O no se trató de un error, ya que la Historia no es otra cosa que la historia de opresores y oprimidos que luchan por ya no serlo.
Recientemente David Cameron, como primer ministro de la nación europea líder en euroescepticismo, dijo que el objetivo de la UE no debería ser “conseguir la paz, sino asegurar la prosperidad” y, por ello, amenaza con un referendum sobre la pertenencia de Gran Bretaña a la UE para negociar con Bruselas la recuperación de márgenes de autonomía británicos [1]. Es decir, cambiar la tendencia en cuanto al direccionamiento actual del poder: más para los Estados. Kirchnerista, tsk, tsk.
El triunfo de Hollande sobre Sarkozy, el triunfo de las oposiciones en las diversas elecciones y el crecimiento de la Derecha xenofoba en Europa son síntomas de que el intento de crear una identidad europea, por sobre las nacionales e históricas (uno de los objetivos de la UE), ha fracasado. Por el lado de este paradigma resta saber si podrán sostener el Euro, objetivo último.
China representa un nuevo paradigma: capitalismo de Estado o marxismo de Mercado, je. Debe todavía desarrollarse, pues los trabajadores, la creciente clase media, los nuevos actores sociales, no podrán ser controlados por siempre por el Partido Comunista Chino (menos en un mundo en el que la batalla cultural, ay, la lidera Hollywood). No son pocos quienes desde los medios presionan por reformas (ah, los Melconians del mundo [2]). El progresivo aumento de la conflictividad social, con manifestaciones catalogadas como masivas por el propio PCCH, constituyen muestra de que China deberá, forzosamente en el futuro, encarar políticas imperiales y no sólo comerciales. Entonces, para el capitalismo globalizado, habrá llegado el tiempo de "modernizar" África. Ya es territorio de disputa entre EE.UU. y la emergente potencia asiática.
Pensemos en Latinoamérica. Recientemente el brasileño Marco Aurelio García decía: “Los éxitos de las experiencias de gobierno de izquierda y de centroizquierda en América del Sur no pueden ocultar, sin embargo, sus límites cuyo examen crítico es fundamental para la continuidad de esas experiencias y, sobre todo, para su profundización" [3].
Vivimos todavía la década posneoliberal, un modelo distinto al de cualquier otra parte del mundo. Modelo en el que el Estado recupera márgenes que antes había resignado al Mercado, pero bajo la premisa de que una mayor igualdad social permite un desarrollo más armónico y hace a los países más sustentables. No es poco, para una región que periódicamente se vio sacudida por crisis económicas, sociales y fue históricamente coto de caza de los distintos imperios de nuestra Historia. Pero este paradigma no puede ser eterno, Diana Conti: más temprano que tarde se verá confrontado por los límites de las economías de mercado y por nuevos desafíos: el ambientalista será uno importante, colocando en veredas distintas al fundamental desarrollo con el necesario cuidado del ambiente/comunidades originarias. Ya se observa esta dicotomía en Brasil, Perú, Chile, Bolivia y, en menor medida todavía, en nuestro país. Tampoco es posible pensar que Estado y Mercado arriben a alguna clase de equilibrio, por eso la tensión y los tironeos son y serán moneda corriente si pretendemos algo parecido a un capitalismo más humano y menos financiero.
[1] http://internacional.elpais.com/internacional/2013/01/23/actualidad/1358924833_389106.html
[2] http://victimofred.wordpress.com/2013/01/08/solzhenitsyn-quote-adds-to-reform-clamour/ (nota del Financial Times).
[3] http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-213749-2013-02-13.html











