martes, 29 de octubre de 2019
El duhaldismo que no viene
miércoles, 28 de agosto de 2019
¿Vacío de poder o desempate catastrófico?
En años en que la medialuna fértil boliviana ponía en jaque al gobierno de Evo Morales, su principal ideólogo y soporte intelectual, el vicepresidente Álvaro García Linera, acuñó el concepto de empate catastrófico para graficar la situación en la que una oposición, que se hacía fuerte en las calles y dotada de musculación territorial (en el más llano sentido de la palabra: eran los dueños de la tierra), desafiaba a un gobierno fuerte electoralmente pero que había perdido el manejo de la agenda y era amenazado, además, por intereses allende las fronteras de Bolivia. Empate porque la oposición no podía ganar las elecciones mientras el gobierno no podía efectivamente gobernar, y catastrófico porque se prolongaba en el tiempo, sin visos de resolución política y pacífica, afectando así el desenvolvimiento de la vida política y económica del hermano país.
Argentina enfrenta un momento similar pero que involucra activamente a tres actores protagónicos y varios de reparto. Estos primeros son, sabemos, el oficialismo nacional, el peronismo nucleado en el Frente de Todos y, claro, el FMI. Éste último, la oposición y aún algunos analistas macristas devenidos ex macristas hablan del vacío de poder que ensombrece el panorama político pero sobre todo económico luego de las PASO. ¿Vacío? El poder es energía y ésta no se desvanece, no desaparece sino que se transforma. Y si de transformación hablamos, nos referimos a un momento de transición, del pasaje de un estado (de cosas) a otro, distinto.
Podemos apelar a García Linera para señalar que no es un vacío de poder, en términos estrictos, lo que ocurre mientras escribimos estas líneas. Se trata del desarrollo de algo evolutivo, que comenzó a tomar forma en el momento mismo en que Mauricio Macri pronunció su "ahora vamos por todo". ¿No dijo eso, dicen ustedes? Recuerden, como lo hace Tomás Aguerre, aquel discurso poselectoral del presidente en 2017 en el que inauguró un "reformismo permanente" que incluía reformas jubilatoria, laboral, fiscal y hasta electorales: "hace poco más de una semana los argentinos dimos un enorme paso, confirmamos nuestra decisión de cambiar, decidimos profundizar la transformación que comenzamos juntos". En diciembre de ese mismo año comenzó a hacer agua al enfrentar una resistencia que tomó las calles frente a su reforma jubilatoria. El macrismo entonces, envalentonado por su reciente triunfo, respondió antes con balas de goma y gases que con política. Dicen que fue Lincoln quien sostuvo que si querés probar el carácter de un hombre, dale poder. Luego llegaron el cierre del crédito externo, agotado, la devaluación y el pedido de auxilio al Fondo Monetario Internacional, otro actor de esta comedia o tragedia de enriedos.
A grandes rasgos, este desempate presenta a los involucrados jugando los roles que pueden desempeñar y no otros al azar: el gobierno en uno doble, como contendiente electoral pero también como gobierno a cargo; el peronismo, el Frente de Todos también como contrincante electoral pero, a la vez, construyendo ya su muy posible legitimidad de ejercicio para cuando sea elegido y el último actor, el FMI, en su rol de... FMI. Es decir, como garante institucional de las reformas que todo proyecto de subordinación requiere. ¿O creen que Donald Trump le pone dólares en el bolsillo a Mauricio en defensa del libre mercado porque el populismo sería algo intrínsecamente malo, de izquierda, casi una amenaza comunista? Si el rol del FMI es éste, ¿cuándo le conviene entonces operar? ¿Ahora, en el momento de mayor debilidad de Macri y en el que Alberto Fernández aún no cuenta con el aval formal para ejercer el poder ejecutivo, o cuando Alberto sea efectivamente presidente y cuente con las herramientas que sus atributos le otorgarían? Pero claro, la respuesta es ahora mismo, mal que le pese a Mauricio Macri quien ve, con resignación, que la puesta en escena del Fondo Monetario hace más opresivo el dolor de ya no ser al añadirle la conciencia de ese "vacío de poder" que, sí, lo aqueja.
¿Y Alberto? ¿Qué tiene para ganar si firma a libro cerrado el pliego de peticiones del FMI? Nada, por supuesto, y sólo puede perder poder simbólico; no sólo de cara a su necesario electorado sino también frente al FMI mismo cuando le toque negociar ya como presidente. Mucho menor incentivo tiene para darle aire a un gobierno que todavía dice que quiere ganar, lo extorsiona y maltrata públicamente y decide unilateralmente un desfinanciamiento a las provincias. El macrismo parece no conocer otra forma de negociar que la extorsión. Como señaláramos, representa un fracaso no sólo económico sino también político. Mientras, juega a convencer a los propios de que aún puede ganar para que no abandonen el barco y se incremente, así, esa diferencia de 15 o 16 puntos que lo dejaría peor parado en la repartija de poder legislativo. Esto es fácil de observar: no están yendo por los votos de Alberto sino ensanchando la fractura entre las percepciones políticas. La grieta, bah, leitmotiv electoral y justificación última de un Cambiemos que agoniza.
Existen tensiones a ser resueltas, sobre todo en referencia al lugar que ocupará cada uno de estos actores en relación al poder. Por eso viene el FMI con una agenda política y no de trabajo, por lo mismo Macri intenta comprometer en su plan a Fernández mientras Alberto le escapa al abrazo de eso. Por eso hablamos de desempate catastrófico y no de empate, porque es una situación que tiende a su resolución, en un primer momento electoral (aunque 60 días parezcan una eternidad en la Argentina actual). Además, porque el término desempate permite presumir de algo parecido a una conceptualización... para ponerlo en términos académicos, lo suficientemente piola y ganchera. Y decimos catastrófico por razones obvias, ya que los tironeos de este ménage à trois involucran una mayor degradación económica que empuja a más gente a la pobreza y afecta la calidad de vida de los sectores medios y populares. Lo que nos lleva a una pregunta última y fatal: ¿quién de estos tres actores tiene algún incentivo para ceder y a la vez ganar en ese movimiento? ¿El FMI, que debe negociar cuando sus acreedores están más débiles? ¿Alberto Fernández para no recoger ningún fruto electoral mientras se despoja de poder para una muy próxima negociación? ¿O el gobierno —como se lo señalan puntualmente analistas que constituían su factótum— para no terminar como Raúl Ricardo Alfonsín?
Una última anotación: quizás el FMI tendría también algo para ganar si cediera en su posición. ¿O sería acaso deseable la implosión del partido de oposición que enarbola su agenda y la de sus financistas?
jueves, 26 de octubre de 2017
Vidal y Cristina en la madre de todas las batallas
¿Maternidad política? Hasta ahora, PBA no alumbró a ningún candidato ganador de elecciones nacionales, pero si habilitó partos en nuestra historia reciente; el de Menem y el sindicalismo en 1989; del kirchnerismo, cuando Cristina y Néstor le arrebataron el bastión a Chiche y Duhalde; y del macrismo, cuando una casi ignota Vidal le ganó a la lista de Aníbal Fernández. PBA es un hito ineludible de cualquier elección nacional pero podés ganarla y aún así perder, como le ocurrió a Scioli. O perderla y aún ganar, como le ocurrió a la Alianza UCR-Frepaso.
Este domingo, PBA se tiñó de verdadero amarillo por primera vez, pero era multicolor desde 2013, hace ya cuatro años. Porque, sí, ganaron María Eugenia Vidal y Macri, aunque los que ingresarán al Senado serán los candidatos fantasma (una nueva categoría, luego de los testimoniales), Esteban Bullrich y Gladys González. Pero vaya una solicitud para los constructores del mito Vidal, la nueva figura de la política nacional: aflojen un poco, che, que Vidal fue antes el resultado de una suma de cálculos políticos equivocados y en menor medida forzados. Sin Massa 2013 y Felipe Solá 2015, sin Cristina y Aníbal, ambos Fernández, con Florencio Randazzo, es probable que no habría María Eugenia, la del beboteo maternal porque en política, para el macrismo, la mujer ocupa el lugar de humanizar primero a Mauricio e interpelar a un machismo todavía importante desde un lugar de no-desafío después. Caso distinto al de Cristina, que le ponía fichas a su imagen de Jefa y era entonces la Yegua. Una figura, si no feminista, femenina desde el desafío al ego machote.
Ampliemos. Dos machos poronga, pretendidos alfa, se cagaron para aceptar el desafío de la provincia. Perdón, La Provincia. Massa desde el FR, y FR, Florencio, desde el FpV. Ambos, como Urtubey en este turno, prefirieron antes la construcción de un perfil nacional, descansar para ello en los medios y entregar la provincia envuelta en papel regalo. Sí, estamos historiografiando porque comprender este triunfo cambiemista como si de una foto se tratara (¡oh, la maravillosa Vidal, oh, la maravillosa campaña!) es laburo del periodismo macrista que thatcheriza a la gobernadora. Y para ello les pagan, muy bien. A ver, Mariú, ¿cuánto hay para que subas una carta de puño y letra, que justo tenés ahí, a Los Huevos y las Ideas? No te quiero comprometer, eh. La leo yo, si querés. No te quiero comprometer.
La ventaja de ser ya oficialismo, manejar los resortes institucionales, presupuestarios, los medios, los tiempos, la pavimentación y la succión de votos massistas, avenideros, todo eso puede servir para explicar el triunfo de la fórmula Vidal - Vidal sobre Cristina - Taiana, pero sería imposible sin sumar todo lo anterior a la ecuación.
¿Y Unidad Ciudadana? ¿Fue, como dijo Dilma, la fuerza política que más creció en estas elecciones porque no existía y metió 37 puntos? No, eso es joda: fue el instrumento con el que Cristina se hizo cargo de una demanda de los intendentes PJ-PBA y del propio macrismo, que también buscó hacerla candidata. Porque le convenía a su campaña y a la malaria económica con la que enfrentaban elecciones, pero también porque perder con ella sería menos costoso que arriesgarse a hacerlo con alguien que construyera su carrera política a partir de un triunfo o derrota digna. ¿Fue UC y CFK senadora un error, entonces? No, era lo que había, dados los tiempos y el contexto, y eso entendió la gran mayoría de los territoriales PJ, que prefirió no subirse a un caballo que de antemano se sabía perdedor y que prometía un —otra vez— extemporáneo compromiso para 2019. No había, además, mejor candidata que Cristina porque ningún intendente pudo antes construir un polo suficiente que atrajera al conjunto. CFK fue no sólo la del piso más alto sino la que permitía un mayor cobijo al posponer los egos propios del intendentismo bonaerense. Gran elección de Cristina, entonces. Por sobre mis propias expectativas en un contexto en el que el gradualismo, las promesas y certezas del macrismo a la zona núcleo —sumados a los aportes del poder judicial, medios y servicios— podía hacernos prever, fuera del microclima tuitero de aliento cuasi barrabrava, de una derrota aún peor.
Ya leemos, claro, cuestionamientos a CFK por “hacer a la derrota del peronismo" en Salta y Chaco. Una lectura interesada, para continuar ensanchando la grieta interna entre kirchneristas de Cristina y peronistas del Perón herbívoro, cuando tanto uno como otro caso presentan particularidades distritales. En el anterior posteo apuntábamos sobre el privilegio del perfil nacional con el que insistió Urtubey, descuidando 2017 por pensar en 2019, en una lectura demasiado lineal del protomenemismo durante el alfonsinismo. Y algo de eso tuvo también el randazzismo bonaerense.
En Twitter y acá señalamos en repetidas ocasiones, tan temprano como en 2016, que para los distintos peronismos estas serían elecciones locales, de resistir el embate cambiemista para poder proyectarse nacionalmente luego, en base al resultado obtenido. Algunos no entendieron eso (Urtubey y Randazzo), otros sí (los gobernadores peronistas que revalidaron sus triunfos 2015). No existió para este turno un proyecto de poder unificado, un programa o una promesa que pudiera expresarse en una o un par de personas, aliadas, como ocurrió con en 1997, prefigurando el triunfo de De la Rúa en 1999. De ese modo, todas las elecciones eran distritales excepto, claro, para el presidente. Lo que llaman el Partido del Estado, que disfrutó antes el FpV. Y PBA, acostumbrada a ser la vedette nacional, malacostumbró a la política de mirada centralista a pensar que una definición allí implica en forma definitiva algo nacional. En un turno ejecutivo podría ser, pero justo quienes pretendían liderar una superación del kirchnerismo esquilmaron el traste a la jeringa en 2015, rehuyendo de la Maldición Bonaerense, pero entregando al intendentismo a lamer botas amarillas. Y a los brazos ciudadanos de Cristina en estas legislativas.
lunes, 23 de octubre de 2017
Follow the yellow brick road a 2019
Pese a encontrarse con un Congreso en buena medida adverso, en 2015 se dijo que Macri contaría con el PEN, PBA y CABA, los mayores presupuestos a nivel nacional y un esquema de poder distinto al del kirchnerismo inicial, que debió apalancarse en la opinión pública y los resultados económicos para alinear a su grupo de poder. El macrismo entra en una van —metáfora de aquel kirchnerismo— pero debe negociar con pocos afuera para arribar a sus consensos, bastante estándares para el credo liberalconservador, debemos agregar.
Ese macrismo, que en palabras de Michetti agredece a los héroes que bancaron el cambio y aún no lo sienten —eslogan sintomático de la economía y política comunicacional macrista si los hay—, puede decir sin faltar a la verdad que triunfó en su primer test electoral en el poder. Podrían tentarse entonces, cuando encuentren algunas (pocas) resistencias para sus cacareadas reformas, a nuestro conocido “si no les gusta, armen un partido y ganen las elecciones". Lo dirán sus periodistas, sin dudas, pero en lo que a manejo de percepciones se refiere tendrán tino, y lo demuestra el hecho de que apuntaran y acertaran en sus blancos: desbancaron a Urtubey en Salta y destrozaron a Massa en PBA y hasta en Tigre. Los peronistas blancos que se autoconstruían y eran publicitados por los medios porteños como alternativas racionales para una continuidad macrista fueron los grandes derrotados en estas legislativas.
El massismo esperaba conservar en este 2017 los casi 20 puntos con los que resistió con aguante en 2015. Era lo que Ias encuestas prePASO le auguraban. Se acercó, en cambio, al 15%, perdiendo casi los mismos puntos que sumó la lista de María Eugenia Vidal - María Eugenia Vidal (sic) por sobre lo que le pronosticaban en agosto. Anoche, la lista Massamarga (licencia poética) apenas arañó los 11 puntos, pudiendo sumarse su pérdida y la mayor participación para explicar el resultado cambiemista en PBA. Resulta así evidente que el cálculo político de Massa en 2015, de evitar un triunfo peronista y favorecer una alternancia que lo posicionara mejor de cara al pejotismo, resultó nuevamente fallido. Ya le había ocurrido en 2013/2014. Ahora, en la derrota salteña del urtubeycismo, ¿cuánto hubo de castigo por su macrifriendlismo si la Unidad Ciudadana provincial alcanzó el 22,5%, a escaso punto y medio de la lista del gobernador? ¿Y cuánto dirigió de su propio voto Urtubey hacia la lista amarilla con tanto elogio al macrismo? La ancha avenida podía ser una alternativa de emergencia al kirchnerismo, más para el Círculo Rojo que para un sujeto social inexistente. Y negar al kirchnerismo, que interpela a un colectivo, no resultó ganador. Ambos, Urtubey y Massa, prefirieron extemporáneamente la construcción de su perfil nacional antes que el resguardo de sus territorios. Y lo pagaron caro.
Quienes entendieron que las elecciones eran distritales —y sólo nacionales para Macri— fueron los gobernadores peronistas que consiguieron triunfos en sus provincias. El peronismo aguanta los trapos en Tucumán (y Manzur ya lanzó su campaña 2019), Catamarca, Formosa, La Pampa, Río Negro, San Luis, San Juan, ¿Misiones?, ¿Santiago del Estero? El caso tucumano resultó una prolongación de lo que escribimos en relación a las PASO, así que poco queda por agregar más que Manzur puede aspirar ahora a nacionalizar su figura (al contrario de lo que señalamos de Urtubey) y que José Cano puede correr la suerte de otros derrotados consuetudinarios. ¿Hay espacio para una liga de gobernadores? Bastante menos que el que hubo para condicionar y negociar con De la Rúa (el PJ contaba entonces con PBA, y candidatos en gateras para reemplazar al aliancista como finalmente ocurrió) pero el peronismo necesita un proyecto de futuro que tome en consideración la coyuntura y las aspiraciones del electorado y que habilite la emergencia de un liderazgo claro en un mapa que contiene al macrismo y liderazgos territoriales desperdigados.
¿Qué queda como dique de contención al macrismo? Poco. Deberemos continuar renegando con nuestro sindicalismo herbívoro y temeroso del carpetazo, algo lógico si enfrente se mancomunan el oficialismo, el poder judicial, los servicios y los medios en una ensalada que no permite diferenciar bien qué factor es ingrediente y cuál aderezo. ¿Y del Congreso, leitmotiv de estas elecciones, qué podemos esperar? El macrismo pudo en 2016 legislar merced a la chequera y a la extorsión con la gobernabilidad; en este 2017 se les complicó por errores propios pero, fundamentalmente, por su política económica en un año electoral. 2018 será diferente: no podrán apelar a la extorsión pero, además, será el año en que la reforma laboral y la poda de derechos sociales a la que aspiran deberá sortear el escollo del Congreso, menos adversativo merced, lamentablemente, a la voluntad popular.
Para una próxima entrega quedan Cristina, Vidal y la PBA.
martes, 15 de agosto de 2017
2017 y la democracia de la derrota
Pasaron las primarias y nos dijeron que algunas cosas que dábamos por supuesto fueron sólo eso: hipótesis que luego la cruda verdad desnudó; y así quedamos, medio en bolas. Pero intentemos apuntar algunas cuestiones que no pude leer en ningún análisis, quizás porque leí pocos, sepan disculpar.
1. El peronismo no es sólo PBA. No haremos un pormenorizado, pero sí diremos que el empate/derrota del peronismo en PBA obturó que éste, en frentes provinciales, triunfó ampliamente en Tucumán, Catamarca, Río Negro, Chaco, ¿a Santiago del Estero cómo le decimos? En definitiva, puede que desde el puerto se dificulte ver el bosque porque parecen creer que el peronismo nace en la primera zanja de Alsina y finaliza en la frontera del Conurbano o quizás un poquito antes. No.
2. En Tucumán el Frente Justicialista le sacó casi 22 puntos de diferencia a Cambiemos, duplicando la distancia que separó a ambos en la recordada elección a gobernador de 2015. Tucumán era contabilizada como una de las provincias ganables por Macri, considerando que contaban con un candidato competitivo, instalado, muchos años de peronismo al frente de la gobernación, el antecedente del fraude que nunca fue y los presupuestos del PEN para disciplinar (al oficialismo distrital) y construir (la victoria del —oh— cambio). Hicieron todo mal desde Nación y la UCR local y el PJ tucumano resultó fortalecido de cara a 2019. Es la provincia más grande gobernada por el PJ y consiguió 200.000 votos de distancia. Pero ocurrió algo similar en Catamarca con el ya tradicional Frente Cívico y Social derrotado por el oficialismo provincial o también en Chaco. Entonces:
3. El mapa no varió mucho del de los resultados que arrojó 2015. En general ganaron los oficialismos, con las excepciones de Santa Cruz, Neuquén y Córdoba. ¿Cómo le decimos a la Docta? ¿Perdió el cordobesismo? ¿Ganó nuevamente el amarillismo? ¿Son antes antikirchneristas? ¿Son la prolongación del interior bonaerense?
4. El kirchnerismo te hizo creer que podías tener un celular con un salario medio y el macrismo te hizo creer que ganó por 7 puntos en PBA. Es cierto que a partir de las expectativas creadas por las encuestas publicadas, el empate parece antes un triunfo cambiemista. Pero mientras Cristina perdió sólo 1 punto de lo cosechado por Aníbal Fernández en 2015 (35 vs. 34), la lista del #cambio perdió 5 puntos de los 39 alcanzados por Vidal entonces. Sí, fueron 4 puntos más de los pronosticados por los encuestadores, pero es posible que se trasladaran desde los 19 puntos de Solá en 2015 (vs. los 15 de la fórmula Massa-Stolbizer este domingo). Ergo:
5. El macrismo fue más exitoso para instalar el eje político futuroM vs pasadoK que Unidad Ciudadana en imponer un debate basado en la economía macrista excluyente. Entonces:
6. A Macri lo vo-ta-ron. Sirve de consuelo el “2 de cada 3 le dijeron que no", pero no saltás el cerco repitiéndolo sin un Clarín de tu lado. Desde 2012 no damos pie con bola para entender qué quieren las mayorías. Lo irónico es que lo único que parece ofrendar Cambiemos es novedad, buena onda y antikirchnerismo. Es probable que los golpeados por la economía macristas no sean aún suficientes. O no alcancemos a comprender aún al nuevo sujeto histórico, más liberal, que el macrismo sí. ¿O es que no existe este sujeto todavía?
7. Teoría de los subconjuntos peronistas en PBA. En Salta y Chaco, los PJ y Unidades Ciudadanas locales fueron separados y sin embargo ganaron. Pero de presentarse juntos, en internas, las diferencias hubieran sido mayores. En PBA, desde 2012, el peronismo sufre fragmentaciones y arribó a estas legislativas divido en tres opciones filoP: moyanismo social sin Moyano, kirchnerismo sin malos modales y cristinismo sin poder. Lo ominoso es que éstos se inscriben en diagramas de Venn que no pueden sumarse sin excluir algún subconjunto. Podés intentar lad sumas UC+Cumplir o Cumplir+1País pero nunca adicionar al kirchnerismo con Massa. Nótese la personalización. Es un problema del distrito que puede no impedir recuperar la gobernación bonaerense, pero que complica las chances nacionales del peronismo por la dispersión del voto que promueve. Como ocurrió en 2015.
8. A futuro. Lo que 2015 legó y este resultado —que no sancionó a Cambiemos— afirmó es el retorno de la democracia de la derrota. La persistencia del kirchnerismo en PBA y los peronismos enfrentados al PEN en las provincias otorgan esperanza, pero un sistema que persiste inscripto en el clima de 2015, bajo la sombra del balotaje y en un marco de relativa paz social disminuye las probabilidades de ganar (o gobernar los primeros tiempos) contra Clarín, la SRA, las multinacionales, los bancos y sin un decidido apoyo del sindicalismo todo. ¿Las condiciones bajo las que llegó y operó en principio el kirchnerismo fueron excepcionales? Hasta ahí. Cambiemos puede reproducirlas con su política económica, pero no en el corto plazo. Y 2019 no queda tan lejos.
domingo, 2 de abril de 2017
#1A
Bajen las cacerolas para que los de atrás puedan ver.
Si el común denominador de la manifestación pro oficialista fue el canto “No vuelven más" (sobre la melodía de la marcha peronista), se confirma que antes que un apoyo a Macri se trató de una nueva manifestación antiperonista. Una prologación de aquellos cacerolazos contra Cristina. Pobre Emilio Monzó.
Delirante en su convocatoria “en defensa de la Democracia", cuando ésta no se encuentra en riesgo; entienden los macristas silvestres, de todos modos —y de ahí el relato “golpista" al que apela el oficialismo—, que la gobernabilidad de Macri en estos casi 16 meses fue una concesión del peronismo. Ya fuera por convicciones liberales (los massistas y peronistas más macristas), por miedo a carpetazos (muchos otros, cuando no debido a amenazas directas de destino judicial) o porque entendieron que golpear a un gobierno débil en lo institucional, pero que además socava su propia legitimidad de ejercicio, no era negocio para nadie.
¿Le alcanza a Macri conservar, mimar, apelar al antiperonismo, exigirle el sacrificio de salir a la calle? Sí, le da oxígeno luego de las multitudinarias manifestaciones en contra. ¿Puede modificar con esto sus expectativas electorales? No. O es muy difícil. Aún así, Macri aprovechó para emplear a fondo la retroexcavadora con la que agiganta la grieta: “sin choripanes", felicitó a los manifestantes, cuando no había saludado a las anteriores marchas, opositoras; se apropió así una vez más del antiperonismo que lo justifica, que lo constituyó, sólo que ahora con la responsabilidad de ser el presidente de todos y no sólo de los que se creen más argentinos que el resto de los argentinos (perdón, Orwell).
Volviendo a los manifestantes (70 mil según Mariano Obarrio, 25 mil según otros), resulta preocupante que cambien los siglos, pasen las décadas y aún así haya quienes pretendan que el peronismo no forme parte del sistema político. La caracterización de la convocatoria (por la Democracia) y los mensajes psiquiátricos de algunos carteles traducen esa bronca que nace de comprender que no sólo forma parte sino que, en ocasiones, es casi el sistema político todo.
En la guerra de relatos, puede servirle al macrismo el estimular ese prejuicio que disocia peronismo y democracia. Desde su responsabilidad histórica es un error; y una continuación, además, en la política de hacerse fuerte desde su debilidad vía extorsión: dame gobernabilidad o sos golpista.
El peronismo puso mucho de su parte para quitarse el mote antidemocrático que le endilgan los sectores que dicen que los mejores días siempre fueron pre-peronistas. Durante los ocho años de Cristina, con Néstor y aún más en estos tiempos macristas, inclusive a costa de desalentar a su propia base electoral. El resto de ese camino deberá ser aportado por Macri y los suyos, tal y como apuntaron sus editorialistas militantes: debe completar su mandato, por primera vez desde 1928, un gobierno no peronista. Entregando recesión y ajuste, por ahora no parecen estar a la altura de lo que les demanda la Historia... si no es con el concurso del peronismo que aborrecen. Háganse cargo, macristas.
lunes, 5 de diciembre de 2016
2017 (parte II)
En el posteo que inicia esta saga (!) señalamos que las elecciones de 2017 significan casi todo para el macrismo puesto que, visto el escaso aval recibido, son la llave que abre un horizonte de sustentabilidad política que permita el arribo de “inversiones", imprescindibles para pensar luego en una reelección o continuidad. Para el peronismo, en cambio, no son definitorias, ya que de todos modos debería aguardar a 2019 para ordenarse en torno a una o dos figuras. Por ahora, entropía peronista. Cerrábamos entonces señalando que “el sistema político tenderá a dar soporte a Macri aduciendo razones de supervivencia (y que) Cambiemos no necesita hacer mucho más que pisar el freno de su ajuste para conseguir buenos resultados en 2017". Intentemos, ahora, sobrevolar las estrategias y dificultades que enfrentarán las principales fuerzas que animaron 2015 de cara a las próximas legislativas.
Cambiemos, Mauricio Macri.
El momento económico no es bueno. El combo recesión + inflación; déficit + deuda; bicicleta financiera + caída de la actividad y consumo no implica para el macrismo un incendio aún, como sí hubiera sido para un kirchnerismo gobernante. El gobierno quemó su etapa de Luna de Miel, pero patea aún algunas pocas cenizas al andar. Se avizora un “giro populista", pero poco se apunta que, de darse, será respetando su demografía electoral: contención apenas a los sectores populares e impulso del consumo a los sectores medios, procambistas. El plan es Tarjeta + Obra pública. No alcanzará lo segundo, que demanda tiempos que el macrismo no tendrá y un impulso que no está en el ADN de su plan económico, aunque provenga de la Patria Contratista. Para lo primero, confían en una dinámica de endeudamiento en plástico que viene muy ejercitada por nuestros sectores medios urbanos. Por supuesto, la burbuja que esto crearía —ya que no alcanzaría para eyectarnos del círculo vicioso en el que nos introdujeron Prat Gay y Sturzenegger— sería luego una preocupación, pero es una muestra más de cuánto está dispuesto a avanzar en la tercerización el macrismo, cuando este costo era asumido antes por el estado K, con posibilidades de financiación de las que carece la clase media. ¿Alcanzaría? Difícil cuando se trata no de un Plan A sino un Plan D.
Como señaláramos, el macrismo pretendía descargar en 2016 todo el ajuste posible, para “rebotar" durante el año electoral. El peronismo realmente existente y la CSJ lo enfrentaron en referencia al tarifazo. Los MMSS en referencia al ajuste en “gasto" social. El propio Macri se boicotea, cuando busca crear condiciones para su economía ornitológica (de buitres y golondrinas), porfiando en una flexibilización laboral con enfoque en “productividad", como sinónimo de mayor margen empresarial, o cuando detiene la obra pública con el sólo fin de evitar un mayor rojo fiscal. Pero la dimensión económica no será el único eje electoral, y vale recordar que aún no vimos a los principales presupuestos estatales y a los medios adictos jugados al triunfo y continuidad. ¿Alcanzará la dimensión política para un resultado decoroso? ¿Ser, todavía, lo nuevo? ¿Prenderá aún el relato de la corrupción K? ¿Explotarán a Cristina? El no al e-vote, con seguridad, será un argumento de campaña. Pretendían usarlo por la positiva, lo harán por la negativa.
No tienen, aún, candidato en PBA. ¿Tienen a Facundo Manes en (cuac) mente? Saldrán a poner el cuerpo Vidal y Macri, pero como bien sabe Insaurralde, no es tan simple “trasladar" el voto. De todos modos, la reciente derrota de la “reforma política" en el Senado obliga al macrismo a recalcular: ya no alcanzará con “empatar" para cabalgar un Congreso dividido vía billetera; está obligado a sumar representación legislativa para negociar desde una mayor fortaleza. También para redistribuir geográficamente (aún más) el ajuste.
Renovando la renovación.
Massa fue advertido: si pretende liderar algún peronismo, en 2017 debería demostrar con qué. Ello sólo basta para entender por qué amaga con no presentarse y sumar, en (nuevo) cambio, al Gen y a Libres del Sur. Este acercamiento a Stolbizer y Donda (progresistas en lo social, conservadoras en lo económico) tiende a dos objetivos: blindarse de antikirchnerismo (condición sine qua non de cualquier sistema de alianzas que pueda contenerlo y, además, preparación por si la emergencia de Macri es vía honestismo, en un símil 1999) y para tomar oxígeno cuando sólo se tiene a sí como figura convocante. Una alianza como única posibilidad de supervivencia, más en el candelero político que en lo estrictamente electoral.
Terciará en PBA y buscará sumarse al resultado del “cordobesismo". Poco para 2019, a menos que entonces reciba la “bendición" peronista y el PJ se trasvista como la UCR en Gualeguaychú para Macri. En su contra, el voto radical estaba ya con Mauricio; el voto peronista, si bien disperso, dista de aquel grado de orfandad.
¿Todos unidos triunfaremos?
Las opciones del peronismo —hablamos de PBA— son presentarse más dividido aún u ordenarse como una oferta electoral heterogénea. Esto último por acuerdo o posterior a internas. Como una turba de indios que desconoce o perdió a su cacique, son muchos los actores para pocos espacios. ¿Divididos para mantener la representación legislativa? ¿Juntos a la par porque interesa más derrotar a Macri? Lo primero no asegura números más amplios en el Congreso, y menos aún “manejarlo", como aprendió durante este año el cristinismo. Entonces, ¿internas o lista de unidad? Los intendentes deben recordar lo bien que resultó la disputa Aníbal - Domínguez.
Uno de los grandes interrogantes es hoy Cristina: ¿va o no va? Tiene votos, tiene piso y tiene techo. Tiene, además, un sabor dulce para el macrismo. Desglosemos: 1) el macrismo está tensando la situación elástica que dejó el kirchnerismo en la macro pero también en la microeconomía; el deterioro es evidente. Aún así, las demografías electorales pueden no obedecer únicamente a este factor, y si bien esto aleja a muchos del 51% nacional del balotaje (o aún de los resultados de octubre en PBA: 39,5% a 35,2% para Vidal vs. Aníbal F. y 32,9% a 37,1% para Macri vs. Scioli), la situación (a hoy) no es tal que los obligue a refugiarse invariablemente en el kirchnerismo. 2) Descontando el concurso de la prensa oficialista, plebiscitar al macrismo no será el único eje electoral. 3) Buceando en las profundidades de las macrinomics y las macripolitiks, el peronismo realmente existente, antes preocupado por su supervivencia, buscará refugio en sus distritos. En este cálculo, las de 2017 deberían ser elecciones nacionales para Macri y una sumatoria de comicios locales para el peronismo. Ahora sí, finalizado el desglose, podemos decir que Cristina candidata nacionalizaría las legislativas, rememorando el clima de noviembre de 2015. El macrismo, por supuesto, recibirá como maná poder apelar a su reflejo primitivo, aquello que le dio constitución, su eje de campaña desde siempre: el antikirchnerismo; y entonces cada contendiente distrital, sea formoseño o riojano, podrá sustraerse del debate local o de sus insustancialidades constitutivas para discutir con Cristina y el gobierno que terminó en diciembre pasado.
De hocico al piso, el voto electrónico y la posibilidad latente de fraude serán una preocupación menos, pero habrán más, habida cuenta de que las herramientas están en manos de Cambiemos, el Poder Judicial, los medios, AEA. Mientras, para 2017 el macrismo promete política electoral cuando sólo entrega su política económica. Massa persevera en su intento por evitar ser deglutido por la polarización, algo cada vez más difícil, mientras observa cómo Vidal le roba peones. El peronismo se debate en el desorden mientras decide entre ser tributario pasivo de la tendencia macrista por abrazar el desastre o propone, en cambio, una emergencia política, sea esta en continuidad (puaj) o alternancia al proyecto gobernante.
viernes, 25 de noviembre de 2016
Voto electrónico y 2017
En reunión con algunos gobernadores PJ, el bloque de senadores del espacio concluyó que no pueden acompañar el cambio en la manera de votar. Macri debe decirle adiós a su capricho electoral, pero también a su intransigencia en la negociación política.
En agosto habíamos apuntado que “el voto electrónico sale con fritas. Y si no sale, sería una derrota más grave para Macri que la aprobación de la ley antidespidos luego vetada". Equivocamos el pronóstico, pero no así —creo— el análisis de la que por entonces no parecía una probable derrota macrista. ¿Qué pasó? Creyeron que muñequeando fondos a las provincias, agitando el fantasma del fraude que no fue y extorsionando con Cristina y el kirchnerismo, les alcanzaría. También yo lo creí así. Pero los tiempos políticos evolucionan mientras el momento económico, feo por dónde se lo mire, persiste.
La conducción política del intento de “reforma" fue espantoso; ni siquiera los medios adictos al macrismo tenían argumentos y debían publicar la opinión de informáticos y politólogos, revelando todos las vulnerabilidades (conocidas) del sistema. Frente a eso, el ¿argumento? de modernidad pareció poco. Nunca terminó de quedar claro para qué quería Macri el voto electrónico: ¿para librarse de la necesidad de fiscalizar y bajar los costos de mantener a la UCR adentro? Puede ser. Los mal pensados apuntaban en cambio hacia algún curro en la compra de un sistema caro. Los más mal pensados (que en política son más aún) decían que para hacer fraude. Lo cierto es que esta derrota obliga al macrismo a recalcular 2017.
Andrés Malamud apuntaba en Twitter los posibles gobiernos en stock: de mayoría, de coalición y de minoría. En el Senado, Cambiemos corresponde a este último. La negociación política, entonces, es casi mandatoria a menos que se apalanque fuertemente en la opinión pública. No fue el caso y Macri no quiso negociar sacar el chip o la Boleta Única en papel, ofrecimientos del PJ realmente existente. Como corolario, los gobernadores y senadores peronistas dijeron, por primera vez, “no, macho" a un proyecto de importancia vital para el macrismo. Entonces, si Cambiemos estaba feliz con sus triunfos legislativos 2016, debe mirar con preocupación el porvenir: si creía que por el desempeño del Congreso este año le alcanzaba con “empatar" (o no perder por mucho) las próximas legislativas, descansando en el alineamiento vía látigo o chequera de diputados y senadores, está obligado ahora a buscar un triunfo legislativo que le otorgue mejores números a la hora de negociar primero y votar proyectos después. Para eso, la estrategia de dividir al peronismo en PBA no sólo no alcanzaría sino que podría ser hasta contraproducente. Sabemos: los resultados pueden leerse de una manera el lunes siguiente a una elección, pero los números legislativos podrían obligar a mayores “compromisos" republicanos luego.
domingo, 11 de septiembre de 2016
Subrrepresentame esta, Fidanza
El título no es, de modo alguno, una falta de respeto para casi el último de los analistas republicanos que pueden ser leídos y debatidos. Señala Eduardo F. en LA NACION: “...la coalición de gobierno debe trazar bien la estrategia si quiere que su proyecto dure ocho años. No resultará fácil. El peronismo ya posee una figura fuerte, que es Sergio Massa, un dirigente hecho, como Néstor Kirchner, para remontar sin prejuicios una eventual desilusión social...". Evidentemente se trata de: a) una expresión de deseos o, b) la convicción de que la política se hace únicamente desde los medios porteños.
Valga entonces el recuerdo sobrerrepresentado (aunque Tucumán está sub): Menem era riojano y le ganó a Cafiero. Kirchner, de Santa Cruz. Puesto en términos políticos, tenés que tener al PJ-PBA para llegar (o PBA, como demostraron 2015, Macri y Vidal), pero no es mandatario “ser" el PJ-PBA. Ahí están Duhalde y Scioli para comprobarlo. Es una simplificación, claro, ya que fue PBA quien determinó que fuera Kirchner y no un Menem que, en 2003, ganó en el NOA y NEA.
Quizás allí residan algunas de las razones que llevaron a Massa a “apurar" el salto de un municipio rico a Nación sin electrocurarse con la gobernación bonaerense.
Volvamos a Fidanza antes de ahondar en lo anterior. No se equivoca cuando apunta: “...Los condicionantes estructurales no prescriben. Podrían, sin pretender agotar el tema, enumerárselos así: primero, el peronismo es la fuerza dominante del sistema; segundo, un gobierno no peronista resulta la excepción y, sin mayorías legislativas y con economía en retroceso, es débil; tercero, si el peronismo está dividido, esa debilidad se matiza pero no desaparece; cuarto, una mejora de la economía debería fortalecer al Gobierno; y quinto, el peronismo en el llano termina reorganizándose en torno a la figura más fuerte, si la posee...".
Puesto así, parece bastante simple el peronismo: “¿quién mide? Vamos con él". Cuando pensó así, y resolvió la superestructura (el PJ-PBA como uno de sus mayores órganos representantes), perdió con Duhalde y Scioli. El primero “era" el peronismo bonaerense y el segundo fue quien el peronismo de la Provincia, en mayor medida, seleccionó dadas las condiciones. Y este último apunte nos parece fundamental: son las condiciones las que mejor explican algunos procesos, y leerlas es el trabajo de quien pretenda conducir.
Pero, Eduardo, Fidanza querido (?), Menem y Kirchner no lideraron al peronismo sino cuando arribaron a Casa Rosada. Antes fueron contendientes y apuestas de sectores del peronismo, bonaerense y nacional. Massa y Cristina lo saben, y como alas derecha/posmoderna e izquierda/moderna, cotejan por el centro y cetro peronista, que aún en tiempos de liquidez pospartidaria son necesarios para arrimar la bocha. De todos modos, siempre existe la “amenaza" que genera terror en el republicanismo, expresada en forma acabada por Prat Gay: “...cada diez años nos dejamos cooptar por un caudillo que viene del Norte, del Sur, no importa de dónde viene, pero de provincias con muy pocos habitantes, con un currículum prácticamente desconocido...".
viernes, 5 de agosto de 2016
"Son las elecciones de medio término, estúpido" (Bloomberg le copia a este blog)
¿Qué sostenemos desde febrero? Que las elecciones de 2017 son el examen que Macri debe rendir para conseguir que los dólares vengan. Dijimos en mayo:
«¿Qué implica 2017 para Macri? Casi todo: arribó al PEN con un Congreso desfavorable pero, más importante aún, es el examen que debe rendir frente a sus sponsors y posibles financistas offshore —entiéndase “financistas más allá de nuestras costas", ¿por qué deben ser siempre mal pensados?—. Es la sustentabilidad política en el tiempo la que daría “confianza" a los que harían “llover inversiones" —léase capitales de riesgo/golondrina— y no las “reglas claras de juego" que descuentan para un gobierno como el de Cambiemos, de restauración conservadora o, mirando ahora la región, pos-populista».
¿Qué dice Bloomberg ahora en “La nueva y mejorada Argentina es todavía un lugar complicado para invertir"?
«...De ocho managers de fondos de inversión consultados para este artículo, siete dijeron que están conteniendo/refrenando inversiones, principalmente por los controles pero también por la alta inflación y por la preocupación de que el tono pro-mercado pueda cambiar otra vez luego de las elecciones de medio término a fines de 2017...»
Paradoja cruel: lo que Macri necesita para ganar esas elecciones son, justamente, las inversiones que el mercado financiero solo quiere habilitar luego de que el gobierno gane las legislativas. O, por lo menos, que no resulte demasiado evidente que el peronismo está presto para reasumir en 2019. Dependerá, creemos también, si ese peronismo es el macrista—friendly (léase Massa/Urtubey) o, al decir de Prat Gay, uno que pueda referenciarse en un “desconocido de Santiago del Estero" (podemos leer como emergente del peronismo más territorial; no, no sueñen, ningún kirchnerista puro tiene chances, al menos evaluadas desde el presente).
Va la captura de la nota de Bloomberg. La tradujo tu vieja:
martes, 24 de mayo de 2016
2017
Quebremos, para empezar, un presupuesto germinal de la derrota del FpV-PJ en 2015: “tenemos razón y por eso vamos a ganar", pensar que la pura prepotencia de la realidad sería suficiente. Pasó Durán Barba, reactualizó el mantra lisérgico flower power de los '60, gritó canchero en su tonada cantarina “la realidad es lo que percibimos como real" y Mauricio Macri bailó donde nunca había tirado pasos. Sólo así podemos explicar un gobierno que en los datos duros es clasista combativo de derecha (bancos, multis, agro, mineras) y en las redes sociales —nucleares de su voto— se abraza con un vendedor ambulante de tortillas al rescoldo, sufre la discriminación del Papa y se preocupa —¡oh!— por generar empleo. Ahora sigamos; o empecemos.
La de 2017 es una elección nacional sólo para Mauricio Macri. Es, en cambio, una sumatoria de elecciones locales para el peronismo y, para el resto de la oposición, una oportunidad para incrementar las tajadas que puedan recibir luego.
¿Qué implica 2017 para Macri? Casi todo: arribó al PEN con un Congreso desfavorable pero, más importante aún, es el examen que debe rendir frente a sus sponsors y posibles financistas offshore —entiéndase “financistas más allá de nuestras costas", ¿por qué deben ser siempre mal pensados?—. Es la sustentabilidad política en el tiempo la que daría “confianza" a los que harían “llover inversiones" —léase capitales de riesgo/golondrina— y no las “reglas claras de juego" que descuentan para un gobierno como el de Cambiemos, de restauración conservadora o, mirando ahora la región, pos-populista. Un Congreso más favorable le permitiría, además, hacer el ajuste fino del ajustazo a brocha gruesa con el que pinta de amarillo la Patria. ¿Cómo? Castigando más al interior (con el imaginario de provincias inviables siempre al alcance de la mano) que al polvorín de la PBA, posibilitando el rescate de una María Eugenia Vidal que podría arrastrar al fango a la administración nacional, amén de ser una de las cartas sucesorias. Esto no podría realizarse sin una reconfiguración de las fuerzas parlamentarias.
Si para el peronismo no hay 2019 sin 2017 (cómo robaron con eso en 2013), para Mauricio Macri no hay gobierno sin 2017. En términos históricos, las elecciones del próximo año, ¿serán 1993 o 1997? En el peor de los casos pueden ser las legislativas del voto Clemente/feta de salame, octubre de 2001, pero para eso sería necesario que Mauricio continuara siendo Macri con más ajuste y nuevos tarifazo y devaluación.
¿El peronismo debe ganar en 2017 para aspirar a 2019? No necesariamente, y Macri2015 lo prueba. Como vertebrador de la oposición real y posible al oficialismo, el PJ-FpV no sufre las urgencias de Cambiemos y goza de más tiempo; pero adolece algunas taras que el gobierno no padecerá. En primer lugar, es oposición y cuenta con menores recursos. En segundo término, carece de un liderazgo aglutinador que pretenda delinear una estrategia pero, además, que pueda luego capitalizar nacionalmente un triunfo. Tercero, las “empresas a las que les interesa el país" y financian campañas tienen más interés en el país de Macri que en uno peronista. Finalmente, la minoría intensa opositora no debería descontar un estallido como bala de plata frente al macrismo: aquí creemos que no se producirá por múltiples razones. La situación elástica que dejó en la macro y microeconomía el gobierno de Cristina como una de las principales. Tanto es así que el oficialismo mete mano —¡oh, un Estado interventor!—, deteriora todos los indicadores económico/sociales y aún así no debe sufrir un paro general.
Si enfocamos los actores con mayor protagonismo y proyección del peronismo, veremos que la realidad descrita fundamenta algunos movimientos: el del PJ-PBA respaldando a Scioli pese a la derrota, pero reuniéndose también con Cristina; el pacto de Urtubey con su predecesor Romero, única chance de conseguir un triunfo plebiscitario en Salta que nacionalice su figura; Capitanich, desde la intendencia de Resistencia —con aguante—, notoriamente desdibujado desde el desembarco de Cristina en Comodoro Py. Massa (y Urtubey) proponiéndose al empresariado como pos-macristas que podrían hacer lo que a Mauricio y Cambiemos, por limitaciones de estructura y concepción política, se le complica.
Mientras, el macrismo incrementa el gap entre realidad y relato mucho más allá de lo que el kirchnerismo intentó. ¿Eso debería alcanzar para que el electorado castigue a Cambiemos en las próximas elecciones? Ni soñando. Pero será el imperio de lo fáctico lo que sustentará las chances de esta coalición pro mercado en la que el Mercado, aún, no confía para cabalgar el país contencioso, estatista y nebulosamente peronista. El macrismo deberá encontrar un relato que encauce el tránsito que propone a ese “segundo semestre" que no llega porque con el.antikirchnerismo no le alcanzará. El peronismo, por otro lado, podrá surfear en los reclamos laborales y sociales, pero deberá esperar a 2019 para aglutinarse en torno a una figura o dos, representando a los intereses sociales en pugna con el capitalismo salvaje macrista. Entre tanto, continuará braceando en el río revuelto post ballotage, avistando siempre el peligro de los carteles que en la costa señalan “Esto no es Normandía. No desembarque para golpear a Macri". No mencionamos al Führer solo para evitar la Ley de Godwin, claro, aunque Goebbels envidiaría el aparato comunicacional del oficialismo y piensa que Durán Barba es un tipo espectacular.
Como toda legislativa, las elecciones de 2017 dirán más del oficialismo que de la oposición. Pero a pesar de que el “segundo semestre" no llegará para traccionar las boletas de Cambiemos, el estallido tampoco se hará presente para hundirlo. Podemos presumir con alto grado de certeza que se incrementará la protesta social, pero el sistema político tenderá a dar soporte a Macri aduciendo razones de supervivencia. ¿Qué queremos decir entonces? Que no cualquiera le gana a Macri en 2019 y que Cambiemos no necesita hacer mucho más que pisar el freno de su ajuste para conseguir buenos resultados en 2017.
lunes, 16 de mayo de 2016
Sobre Macri, el Frente Ciudadano y la situación en Tucumán, en la Paco Urondo
Las necesidades políticas y económicas del gobierno colisionan entre sí, ¿o acaso es posible realizar el ajuste y transferencia de recursos que el macrismo considera necesarios y, a la vez, construir consenso y estabilidad política? Charlamos de esto, del peronismo y de la situación social en Tucumán con la Agencia Paco Urondo. A continuación un extracto pero pueden leer la charla completa en la APU:
“...las mentadas inversiones sólo llegarán cuando el oficialismo genere “certidumbre”, tanto política como económica.
Las certezas económicas son las que va entregando: devaluación, tasas altas, apertura económica y eso que mencionás como turbulencias pero que, para el gobierno, forman parte del plan. El desempleo es una de las anclas seleccionadas para moderar la inflación. Esta última podrá bajar, pero el salario real, el poder adquisitivo, no se recuperarán. Pero para que la “esperanza” con que “el mundo” mira a la Argentina se traduzca en dólares contantes y sonantes, el gobierno necesita de sustentabilidad política en el tiempo, y ese es el verdadero desafío de Cambiemos: ¿puede gobernar la protesta social que ya sacó a la calle?, ¿puede gobernar con el Congreso? Las recientes advertencias sobre la “mala comunicación” oficialista no eran materia para el análisis semiótico sino político: claramente le decían al oficialismo “no se encierren en el PRO y hagan política, no garrote, con el peronismo”. No son giles Pagni, Carrió o Silvia Mercado, están mirando lo que ocurre afuera: en Brasil, por ejemplo...
APU: ¿Qué implica la reaparición de CFK? ¿Cómo analiza el lanzamiento del Frente Ciudadano?
...Veo difícil llevarla a la práctica porque implicaría debatir algo que la realidad no puede aún imponer, que es la cuestión del liderazgo. Pretender que 2017 zanje esa cuestión implica ganar en PBA, pero el riesgo es alto cuando considerás el número de variables en la ecuación: Cristina, Scioli, los intendentes, Massa, Macri y Vidal, ¿Carrió? Mi impresión es que pretender imponer un liderazgo antes de 2019 no es sólo utópico, sino que resultaría contraproducente...
APU: Lo llevo a la realidad local, de su provincia natal, Tucumán: ¿Cómo ve la situación social en torno a la inflación, el parate de la actividad o el tarifazo? En una reciente entrevista el bloguero Manolo Barge nos decía que como ocurrió en el 89 o en 2001 la situación social iba a estallar antes en el interior que en PBA.
RT: Es cierto que en el '89 y 2001 explotó antes en el interior que en PBA. Tucumán también supo ser punta de lanza de muchos acontecimientos nacionales, como los cierres de ingenios, el Tucumanazo o el horror del Operativo Independencia. De todos modos, tengo dudas y pienso si no se dará, acaso, esta vez en PBA el inicio de una protesta social de escala. Por caso, la caída de la actividad es palpable en mi provincia (carezco de cifras pero amigos comerciantes, fleteros en corralones o los mismos taxistas me cuentan de un descenso, a ojímetro, de un 40% o mayor aun de la actividad, recaudación y/o clientes), pero no existen acá protestas como la del personal de salud al gobierno de Vidal o un clima enrarecido como al interior de la Policía Bonaerense.
Sí hubieron protestas de taxistas por el incremento del GNC y de trabajadores del Ingenio San Juan por deudas, pero creo que si el macrismo decide seguir golpeando el bolsillo (una nueva devaluación, otro ajuste tarifario), las condiciones de un estallido podrían generarse antes en PBA debido a la sinergia que su gobierno debería realizar con la Nación para que Macri tuviera éxito en su plan constrictivo. ¿Puede Macri ahogar más a las provincias peronistas del NOA/NEA que a PBA para salvar a Vidal? Podría, pero sólo si consiguiera un triunfo plebiscitario a nivel nacional en 2017 de modo tal que alterara las relaciones de fuerza en el Congreso. Por ahora, no parece el caso".
lunes, 18 de abril de 2016
La oposición en tiempos de selfies
Vamos con lo interesante, que es la tensión remanente entre pejotismo y kirchnerismo ya que, creemos, allí se dirime la disyuntiva del proyecto antagónico al macrismo. Antes señalemos que quizás sea todavía temprano en tiempos políticos, aunque los tiempos electorales ya apremien a más de uno. Es por eso que los movimientos de cada actor tienden al bronceado de su persona bajo los reflectores de la atención social, que no es lo mismo que la mediática aunque se confundan. Así Massa y Stolbizer ensayan un despegue desde el filo-oficialismo, así Carrió fluctúa entre ser Lilita o Carrió, así Urtubey busca las tapas de las revistas del corazón. Cristina, Scioli y Gioja, Capitanich, piensan en otra pelea, aunque lo de CFK se parezca un poco más a la estrategia de los mencionados en la oración precedente. Tiempos de selfies.
La última novedad de la interna del PJ fue que no habrá internas. No es una novedad, claro, pero vistos los diferentes posicionamientos frente al macrismo por parte de los integrantes del ¿ex FpV? (¿Cristina lo sepultó con su propuesta de un Frente Ciudadano?), eran muchos los que imaginaban una interna para medir longitudes peneanas y dirimir el liderazgo. Eyaculadores precoces. Pragmáticamente, el PJ decidió privilegiar lo judicial –y entonces lo electoral– antes que promover una disputa de clivaje ideológico. La espada de Damocles de la intervención (no resuelta aún) puede servir en bandeja el instrumento electoral al macrismo para colocar a un interventor amigo –pienso en De la Sota– y, desde allí, el descalabro que imaginan: no sólo se llevarían la financiación electoral del partido sino que habilitarían la intervención de los PJ provinciales. Para 2017 y 2019 tendríamos entonces a la lista oficial del PJ compitiendo contra la de Manzur en Tucumán, para alegría de Cano o Amaya. En PBA, Cambiemos haría usufructo de dividir aún más al PJ bonaerense y Vidal ni siquiera necesitaría resucitar las botas de goma para zambullirse en algún charquito. Por si no queda claro, sin el Partido Justicialista podemos asegurar ocho años de macrismo y quizás más aún. Ah, ¿pero Cabandié dice que la gente no piensa en el PJ? Tiene razón, pero quizás él debería.
La otra novedad fue el llamado a la conformación de un Frente Ciudadano antimacrista por parte de Cristina, que contenga al PJ pero lo desborde. ¿Es novedad que la ex Presidenta pretenda saltear la intermediación pejotista y conservar su “jefatura”, sin licuarla en una mesa más horizontal? Not at all, podría tuitear @CFKArgentina. Pero existen dos problemas y una paradoja. La última es que CFK es aun la dirigente que puede alardear del mayor caudal electoral dentro del universo nacional y popular, pero que sin el concurso del peronismo de gobernadores e intendentes podría reeditar el derrotero de Menem en 2003. Dicho en términos arquitectónicos: es la que posee el piso más alto y el techo más bajo. Lo cual traduce también el incómodo lugar que deberían soportar quienes decidieran convivir en su espacio. Ese es el primer problema al que hacemos referencia: el peronismo no aceptará sin más reeditar la estructuración del FpV cuando Cristina no es ya la cabeza del PEN. Resultaría inconveniente, además, a los fines de supervivencia política de los peronismos provinciales. El otro problema es que el pejotismo tampoco puede prescindir de ella si pretende volver a ser partido de gobierno y no sufrir o retroceder más aún frente al macrismo, una perspectiva para nada descabellada.
Ateniéndonos a los párrafos precedentes, las novedades apuntadas carecen de novedad alguna: son el PJ y Cristina haciendo lo que el PJ y Cristina saben hacer. Pese a que alguien apuntó que Macri consiguió dividir el campo político desde su figura (o en la típica modalidad gobierno vs. oposición), acá creemos que el macrismo no puede difuminar a lo que ¿fue/es? el FpV en el collage del campo opositor sin su propio concurso. Es decir: el peronismo conserva su propia dinámica interna dentro de la oposición. No por nada Massa y Cristina, desde vertientes opuestas, ponen el ojo en la estructura y buscan negociar desde posiciones con poder de daño. De todos modos, el enchastre judicial del Partido demuestra la miopía estratégica que supieron perpetrar. Quizás estuvieran demasiado seguros del triunfo, no lo sabemos, pero es un error en el que no pueden reincidir: no cualquier indio que llegue, de cualquier modo, puede ganarle a Macri sólo porque Mauricio no está dejando cagada por cometer.
Para cerrar el panorama, señalamos que 2017 sólo podría ser definitivo para el macrismo: en caso de triunfo, se blinda de cara a 2019. Para el peronismo, para Cristina, para Scioli, Urtubey o Capitanich (acá descontamos a Massa: seguirá jugando para Macri como en 2015), 2017 es sólo una estación de paso con vistas a 2019. Solo entonces podrá resolverse la cuestión que tensiona en sobrevuelo al espacio: la del liderazgo vacante.
viernes, 1 de abril de 2016
Junto con la ley cerrojo, ¿se derogaron el FpV y la luna de miel macrista?
¿Alguien dudaba de que el gobierno obtendría la derogación de la ley cerrojo? Aunque podemos leer análisis desgarrados por la traición del peronismo en el Senado, aquí creemos que era políticamente inviable aparecer bloqueando el único plan del gobierno recientemente elegido en la urnas. Todo se desprende de eso, así que lo consignamos:
1. La ley cerrojo cayó porque Macri ganó las elecciones.
Los senadores y el peronismo pagarán un costo político, pero será con seguridad menor al que pagarían poniendo palos en la rueda. Y es que la sociedad no politizada, allí donde el voto se define menos por cuestiones ideológicas que por el bolsillo, no tiene al tema buitres como una preocupación sino como algo que debe ser resuelto, como corresponde, por el gobierno, que para eso lo votamos, no para que nos rompa las bolas con cadenas nacionales y dólar. ¿Están locos? No: sólo no son como ustedes. El voto de 2015 buscó un nuevo tipo de orden: colocar el calefón en la cocina, el bidet en el baño y a la política un poco más lejos de la mesa familiar, adonde pretendió situarla el kirchnerismo.
Miremos ahora a los senadores del PJ ¿Podían acaso, luego de departir gratos momentos de confraternidad con sus respectivos gobernadores, votar por la negativa? Podían, ¿pero cuál era el incentivo para hacerlo? ¿Votar en contra hubiera solucionado las ahogadas cuentas provinciales? Me dirán —me dijeron:— “hay que pensar en la Patria". La Patria no paga los sueldos o evita que se incendien las provincias y Macri las intervenga. Las provincias necesitan al PEN porque también lo necesitaron durante el kirchnerismo. Entonces:
2. El peronismo en gestión no puede ser antes ideológico que pragmático; o no sería peronismo.
¿Significó esto un triunfo de Pichetto? No, Michelangelo también perdió, junto al peronismo en esta lose-lose situation que resultaba, aún así, el mal menor. Veamos. En 2001 el peronismo, en oposición al aliancismo, votó pero no votó la ley de Déficit Cero que, como buitre de entonces, exigía el FMI para continuar con sus desembolsos. Aportó al quórum y retiró a sus senadores de la votación, permitiendo a De la Rúa conseguir la aprobación. Si el peronismo hubiera contado con una conducción que permitiera negociar con el macrismo como un conjunto antes que por cuerdas separadas, podría haber aportado al quórum y las manos necesarias para derogar la ley preservándose de cara a la historia. En cambio, el número de voluntades positivas (54 a 16) traducen que:
miércoles, 3 de febrero de 2016
Otoño kirchnerista, invierno cafierista
El macrismo advierte que llegó para impulsar una agenda inconveniente para su propio desarrollo político: debe demostrar gobernabilidad en las malas. Para eso debe contribuir a "las malas" con despidos, devaluación, mayor inflación y tarifazos. En definitiva, se trata de empobrecer al soberano y ver si Mauricio puede manejarlo. En el debate entre gradualismo y shock, ¿eligieron? shock gradual y no parecen mantener la alegría de Prat Gay al anunciar las primeras medidas. Mientras tanto, el incipiente macrismo no puede hacer kirchnerismo económico por obvias razones políticas ni tampoco el macrismo económico que idealizó debido a que no recibe todos los dólares que necesita desde el agro o los centros financieros. No cumplieron dos meses y ya los tienen agarrado de las pelotas.
Afuera de eso, el peronismo se debate. ¿Afuera, realmente?
Lo que hay realmente afuera es una sociedad que espera a Macri; que le otorga tiempo y espacio --y Cambiemos los exprime como a un trapo húmedo en el desierto-- como si no sospechara que la pusieron a cocinar con la llama alta. Si la psicosis colectiva tuviera algún aroma, podría ser parecido al del humor social de estos diciembre y enero.
El peronismo se debate de todos modos, cruzado por necesidades económicas en las provincias y simbólicas en el imaginario nacional. También parece estar sufriendo una disociación psicótica: las advertencias del kirchnerismo económico son las más lúcidas pero el kirchnerismo puro las desprecia para abrazarse al frepasismo que necesita de una intermediación periodística de la que carece. El peronismo ortodoxo, en cambio, advierte que el partido importante es el del bolsillo, pero a la vez parece pretender un abrazo con el macrismo que golpea a la víscera más sensible. Ambos caminos solo pintan aun más de amarillo los paisajes de la patria. Hay que pasar el otoño del kirchnerismo sin caer en el invierno del cafierismo.
miércoles, 16 de diciembre de 2015
En la pelea por la República yo me pongo del lado del más débil, que es el bolsillo
Oh, divino Montesquieu.
Escribo en pelotas y sepan disculpar, pues he rasgado mis vestiduras, tal el tenor del dolor que aqueja mi espíritu republicano. Oh, atribulado francés al servicio de la Corona británica, oh, debate del partido Republicano, oh, IV República francesa. ¡Oh, jueces nombrados por decreto!
Mirá lo que conseguiste, Mauricio, capo, que le pidan al peronismo que tome las banderas republicanas y las lleve a la victoria parlamentaria. Necesitábamos un Plan Bicameral para Todos, qué fútbol ni que tres carajos.
Cambiamos pero las necesidades de quienes ejercen el poder no cambiaron. ¿Macri quiere torcerle el brazo al peronismo como demostración de poder? Puede ser, y te clava jueces consustanciados con su proyecto porque... es su proyecto, ¿no?
¿No? Ok.
Goza de su Luna de Miel, lo advertimos, y la exprime a puro bombardeo: cuando querés putearlo por alguna medida/decreto/anuncio, ya tenés encima dos o tres más y te perdés, mandás todo al carajo y mah sí, si total a este pelotudo lo votaron.
Un gesto de autoridad de Macri, pero qué conveniente calificarlos a gusto y necesidad. ¿Un gesto de autoridad de un DT? Qué bien. ¿Ese DT es Passarella? Qué mal. ¿Un gesto de autoridad de un Presidente? ¡Muy bien! ¿Ese Presidente es Cristina? ¡Ahhhhh, Dios mío, la República, la República! ¿Es Mauricio? #Awww, la República...
¿Y quiénes saltan? De la Sota, Massa y Stolbizer. ¿Porque son republicanos? Las pelotas son republicanas. Saltan porque Macri quiebra el compromiso que asumieron con sus votantes, como colectoras y aliados implícitos de Mauricio en ballotage. Macri aliena así a quienes son o deberían ser sus aliados. Maldispone, así también, a quienes podría necesitar para garantizarse gobernabilidad más allá de los cien días de gracia: el peronismo en el Congreso.
Interrumpimos esta transmisión para un aviso parroquial: cortenlá con debatir la idoneidad de Rosenkrantz y Rosatti; Macri clausuró esa instancia al saltear el Congreso. Gracias.
Oh, la cartera de la dama.
La República y los decretos nombrando jueces son nimiedades comparadas a la baja de retenciones, a la habilitación para aumentos de precios y la internacionalización de la canasta básica. Son bruma mediática para esconder a los corsarios del salario, tapando una devaluación anunciada a gritos y esperada a llantos que ya repercutió en poder adquisitivo —y lo seguirá haciendo—, sumado a los anuncios de paritarias ligadas a la productividad. ¿Que cómo medís la productividad de un empleado público? Oh, es muy fácil: lo despedís y esperás. Si la ciudadanía lo nota, era productivo. Si no, viva la racionalización del Estado y la mentalidad empresaria en el manejo de lo público.
De todos modos, debo reconocer que no me jode que Macri tome a Montesquieu de las mechas, lo de vuelta, le baje los pantalones o como llamaran a esas cosas que usaban, lo ponga en cuatro y lo sodomice hasta encender brasas con su culito francés; lo que me jode son los zarpazos en continuado y sin cortes comerciales al bolsillo del tipo de a pie: inflación acelerada, quita de subsidios, incremento del costo (ya usurario) en el uso de tarjetas y transferencia de recursos al sector agroexportador (más aún cuando uno de los objetivos es reprimarizar la estructura económica nacional).
Lo hemos adelantado: hacer oposición progre, republicana, porteña, ser el FpV de CABA, boqueando para afuera y levantando la mano adentro, es asegurar macrismo para 2017 y 2019. Exagerar defensa institucional cuando antes aplaudíamos el cinismo realpolitikero es penoso, y una jactancia del periodismo noventista, ese que critica formas y no contenidos. ¿Macri clausura el Salón de la Mujeres Argentinas y lo convierte en oficina para Michetti? Oh, sí, nos indignemos, justo lo que pretende Mauricio. Entrega cualquier símbolo del kirchnerismo a los lobos para que nadie señale que un dólar a 15 mangos favorece a los especuladores (agro e industriales) mientras seca la billetera del laburante. ¿Macri va a compensar en jubilaciones, IVA o incrementos en AUH, AUEmb? Permítanmé la carcajada.
La crítica republicana y de las formas no solo no mueve el amperímetro social (y Macri agradece el concurso de su prensa militante), sino que además no permite capitalización política por parte de ningún actor. Negocio redondo para Cambiemos, aunque deba soportar temporalmente la irritación de la vieja guardia de la UCR. El peronismo puede, pero no debe, funcionar en espejo a la oposición que enfrentó en el pasado. Aquí consideramos que Macri no ganó por sus promesas de institucionalidad sino, en buena medida, por el hartazgo que en los últimos años generó la batalla cultural kirchnerista sin sostén económico. Permitirle a Macri desplegar su propia batalla cultural, cuando pretende utilizarla como traje antiflama frente a los fuegos económicos que prevé desatar, sería estúpido por demás. El peronismo será oposición ordenándose alrededor de los intereses sociales en pugna o no será nada. La disputa no se circunscribe ya al control del Estado sino que es, ahora, en defensa del poder adquisitivo del salario, empleo, consumo y actividad.
Es el bolsillo, estúpido, y no la República.
jueves, 3 de diciembre de 2015
El peronismo en entropía
"...Coloquialmente, suele considerarse que la entropía es el desorden de un sistema, es decir, su grado de homogeneidad. Un ejemplo doméstico sería el de lanzar un vaso de cristal al suelo: tenderá a romperse y a esparcirse, mientras que jamás será posible que, lanzando trozos de cristal, se construya un vaso por sí solo. No obstante, considerar que la entropía es el desorden de un sistema sin tener en cuenta la naturaleza del mismo es una falacia. Y es que hay sistemas en los que la entropía no es directamente proporcional al desorden, sino al orden (...) hay muchas transiciones de fase en la que emerge una fase ordenada y al mismo tiempo, la entropía aumenta (...) por ejemplo cuando el agua y aceite tienden a separarse. También en la cristalización de esferas duras: cuando agitamos naranjas en un cesto, éstas se ordenan de forma espontánea...".
Pueden observarse ambas posturas entre los adherentes/militantes del peronismo: están quienes pretenden separar la paja del trigo y quienes sostienen que andando se van a acomodar los melones. Ambas prefiguran, al final del camino, un espacio de unidad. Entropía por la homogeneidad o entropía por el orden. Dos comentaristas en el posteo anterior sirven como ejemplos de lo anterior. Jorge sostiene que el 48,66% de Scioli no es el sciolismo, y que deberíamos tener presente que si el peronismo hoy puede reivindicarse como tal es gracias al kirchnerismo, que removió la mácula menemista: "¿Significa esto que Cristina lidera? No lo creo (...) Queda la incertidumbre (...) lo más sensato sería volver a ser Frente: juntar esos apoyos iniciales que supimos tener aprovechando el potencial marco de cohesión que uno supone generarán las políticas de Macri (...) Y aprovechemos la situación para detectar aquellos que militan en el peronismo acomodaticio, que son de la misma calaña que "el gallego" y el tigrense". ¿Opción por la homogeneidad? Martín de Encuentro Latinoamericano, por su parte, hace hincapié en "una debilidad que pudo ser uno de los grandes errores del oficialismo en las últimas elecciones: que nos haya unido, y a última hora, el espanto (Esto) complicó la unidad y la militancia del candidato propio. Si lo que viene es un FPV/PJ/etc. dividido entre los que dicen que se hizo todo bien, "Cristina 2019 ya" y los que dicen que se hizo todo mal, "Massa al poder", conseguir la unidad va a ser jodido. Más en ausencia de una conducción definida y aglutinante". Opción por el orden.
Acá acordamos con ambos, pero con alguna salvedad. Por ejemplo, creo que tanto Massa como De la Sota continuarán referenciándose en un peronismo antikirchnerista para, a la vez, jugar al cafierismo macrista. Contemplarlos entonces para lo que viene, intentar incorporarlos –digo–, resultará una pérdida de tiempo. Cualquier gestión en esa dirección implicará muscular a esa tercera fuerza y restarle energías al propio ordenamiento. Y ya que apelamos a los primero nombres propios, vamos con los del peronismo, porque sin ellos no hay política. Es claro que, pese a la derrota, son dos los dirigentes que tienen visibilidad y predicamento, es decir peso propio: Cristina y Scioli. Pese a sus diferencias, ambos comparten una característica: a partir de diciembre no contarán con poder institucional o territorial propiamente dichos, sino con la ascendencia que conserven sobre diputados/intendentes/gobernadores. De todos modos, La Cámpora, como expresión del cristinismo, haría bien en hacer pocas o ninguna ola; y la Ola Naranja no es o fue otra cosa que el despliegue electoral del sciolismo. Sigamos con los nombres propios. ¿Gobernadores? Urtubey, Manzur, Peppo. ¿Intendentes? Capitanich, algunos de la PBA, Magario, Cascallares, Insaurralde, Mussi. Con estas nominaciones, pudimos leer ya las primeras operaciones de prensa en lo que al control del PJ se refiere: que Scioli propone a Urtubey, que Cristina quiere y no quiere presidirlo, que una interna, Scioli al PJ-PBA; lo cierto es que antes de mediados de 2016 el partido debe ser encausado. Y convertirse en la plataforma desde la cual hacer una oposición ordenada y sensata al macrismo. No podemos dejar de anotar que ahora, como oficialismo, serán Macri y Vidal quienes dispondrán de herramientas para sentar el tono de la disputa, el terreno y los tiempos. Si lo hacen bien (y no como pareciera ser hasta ahora), tendrán ocho años. Si se equivocan escuchando a quienes quieren shock, ya, no aguantan más al kirchnerismo y lo quieren tirar del tren (!), tendrán solo cuatro. El peronismo deberá reconocer esta nueva realidad, acostumbrado como estuvo al dominio de la acción y la agenda.
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3. Considerando el periodo de gracia del que dispondrá el macrismo, y la banca que los grandes medios ya realizan de su futuro gobierno, no restan dos años para las legislativas2017 sino, tan solo, uno. El FpV cometió muchos errores, pero uno de los más groseros fue patear las definiciones electorales hasta el final.
6. Hacer antimacrismo progre-capitalino solo nos asegurará muchos años de gobierno amarillo. Si los reflejos culturales antimenemistas le ganan a la defensa del bolsillo de las clases populares, Mauricio podrá disfrutar de la pizza con champán sin sobresaltos.
7. Listo, peguenmé.
domingo, 29 de noviembre de 2015
Breve recorrido por los hitos electorales del periodo 2013-2015
Marzo/2014: “…creo que el lógico desgaste de tantos años de gestión kirchnerista, algunos errores forzados y de los otros, el escenario regional e internacional, más el desarrollo de las legislativas y los movimientos posteriores del FpV y FR permiten, ahora, una lectura distinta del fenómeno pos. Hace un tiempo la disyuntiva podría haber sido profundización kirchnerista vs. poskirchnerismo opositor. Hoy el escenario, creo, tiende a un enfrentamiento electoral entre una “alvearización” del kirchnerismo vs. un poskirchnerismo bastante menos kirchnerista que el año pasado…”.
Podemos decir ahora que, en la campaña, ese poskirchnerismo fue un poquito más kirchnerista de lo que suponíamos, pero tampoco al punto del continuidad con cambios de Massa en 2013 o Scioli en 2015. Macri jugó al cambio con algunas continuidades y, entre otras cuestiones, lo ayudó –o no evitó, como hubiera sido un relato de solo ruptura– a llegar.
Noviembre/2014: “…Es en la UCR donde se ha desencadenado una rebelión de los coroneles, y se comporta en los hechos como una federación de caudillos provinciales que privilegian lo local sobre lo nacional. De todos modos, contrario a la extendida reflexión de que el radicalismo se está suicidando, creo que aún sin un candidato medidor supo en este último tiempo proyectarse como una sombra sobre todo el arco opositor. Si podrán instrumentar de modo conveniente el tiempo que compraron pateando definiciones hacia adelante es una incógnita, pero al menos no se bajaron el precio enganchándose ahora mismo como furgón de cola del PRO o el FR…”.
Se engancharían recién en 2015, vía convención de Gualeguaychú, siguiendo la doctrina Sanz, que tuvo una visión más nacional y jugada que las conservadoras de Morales o Cano (más preocupados por sus destinos provinciales), la que triunfó. En el blog señalamos en abril de 2014 que el negocio para la UCR se llamaba Mauricio Macri: “…Para el radicalismo de la provincia de Buenos Aires, condenado a resistir con Stolbizer y el apellido Alfonsín en elecciones desde hace tiempo, el espanto se llama Sergio Massa y su Frente Renovador. ¿Por qué? Porque desde que abandonó el FpV, el ex intendente de Tigre hizo usufructo de su pertenencia peronista pero fue sobre los votos de la representación republicana, vaciando de significado la existencia del radicalismo como partido de oposición (…) La lógica entonces es de superviviencia pura. Si el peronismo pretende ocupar todo el campo, el republicanismo antikirchnerista se abroquela para intentar alambrar a sus dirigentes y electores. Los sistemas políticos tienden a la homeostasis pero primero a la conservación. Y para ello el radicalismo bonaerese y algunos de sus referentes provinciales necesitan de un paraguas nacional del que carecen y podría ser Mauricio Macri…”. Vale señalar que Julio Burdman lo vio primero, en septiembre de 2013: “El PRO debería abandonar su estrategia histórica de mirar al PJ y comenzar a mirar al panradicalismo”.
En Marzo/2015 apuntábamos una razón: “La UCR decidía en Gualeguaychú si se entregaba como partido a una facción opositora o si se fragmentaba para el rapiñaje por parte de Macri y Massa. Decidió por el primero y hay razones que avalan su decisión: encuestas, historia, electorado y oportunidad (…) decíamos que en la UCR se verificaba una rebelión de coroneles, los candidatos a gobernador con chances que privilegiaban sus necesidades distritales aún antes de que el Comité Nacional se expidiera. No fueron ellos los que decidieron el destino nacional de la UCR sino que, en la Convención, primaron en cambio los intereses del radicalismo de los grandes distritos: la CABA, la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, allí donde decíamos que iba Macri mientras Massa se dirigía al NOA. Los convencionales de la PBA desoyeron a quien debería ser su referente, Alfonsín, y siguieron a Sanz. Es lógico, de todos modos: los acuerdos distritales se mantendrán pero la UCR contará ahora con una candidatura traccionante y lugares en las listas (razones de supervivencia para la UCR-PBA) y quizás con algún que otro ministerio, de arribar Macri a la presidencia…”.
Sanz vio algo que los demás no: el voto radical ya se encontraba migrando hacia el opositor no peronista mejor posicionado. Pragmáticamente, la UCR siguió el camino de sus propios votos.
Luego, algo sobre la interna del FpV, en mayo de este año: “El horizonte de continuidad del kirchnerismo se encadenaba entre Néstor y Cristina, no había otro plan. Luego del fallecimiento de Kirchner y el 54%, el oficialismo consideró más importante evitar un síndrome de pato rengo que construir, si querés, una Dilma. Scioli es entonces tributario voluntario e involuntario de ese déficit de construcción de un candidato del riñón. Pero además, recurro nuevamente a la figura del alvearismo, tendencia que el propio kirchnerismo intentó practicar en 2012 (rápidamente abortada) y luego sí más decididamente a partir de la derrota legislativa en PBA en 2013. Me parece que el perfil de Scioli se relaciona con eso (…) no existe otro candidato dentro del FpV que tenga el nivel de conocimiento y esa intención de voto…”. Por entonces y antes de las PASO, quisieron operar un acuerdo Macri-Massa. Veían con acierto que en la PBA se jugaba buena parte del futuro de la elección nacional: “…No veo a Macri habilitando una gran PASO cuando Massa se desangra solo día a día. De no mediar las Primarias, que actuarán a modo de primera vuelta, ya estarían acordando. Pero Macri cuenta con sumar el voto útil opositor luego de agosto: es al FR al que corre más el reloj. El establishment, en cambio, es más pícaro y puede jugar en la mesa de arena sin ensuciarse. Sabe que un triunfo importante del PJ-FpV en la PBA aleja las chances de un ballotage para cualquiera oposición. Y en consecuencia presionan”.
Cómo los ayudamos en PBA.
Tucumán también fue muy importante para el triunfo final de Macri: permitió desplegar la Operación Fraude. Decíamos entonces: “Las denuncias de fraude fueron aventadas aun antes de los comicios. Inmediatamente luego de las PASO, cuando la disputa se circunscribió a lo provincial –y habiendo visto los números del FpV, que solo perdió frente a Cambiemos en Yerba Buena, nuestro San Isidro local–, Cano y el radicalismo todo, Macri cuando vino a apoyar la fórmula del Acuerdo por el Bicentenario, se dedicaron a preparar el terreno para desconocer y deslegitimar el resultado. Pero es, en parte, lo que viene ocurriendo desde siempre. En esta ocasión, la diferencia estuvo en que se utilizó a Tucumán como plataforma para introducir la figura del fraude a nivel nacional, pensando en octubre. Aunque funciona a varios niveles, siendo uno de ellos el circunscribir la disputa en términos peronismo/antiperonismo. Peronismo como sinónimo de todo lo malo, claro (…) La manifestación estuvo fogoneada, eso fue claro. No solo por la irresponsabilidad de políticos de la oposición, medios y periodistas, sino por el activismo digital también. Me tocó sufrir el accionar de los trolls en Twitter, me llegaron cadenas de whatsapp con mentiras, si entrabas a Facebook era el festival de las imágenes diseñadas. Ahora, todo eso necesariamente actúa sobre una base fértil que es el descontento que movilizó distintos cacerolazos desde el 2012, y por distintos motivos. Agregaría, además, que en San Miguel de Tucumán o Yerba Buena se replica ese espíritu porteño, que no comprende al interior. De la provincia de Tucumán, en este caso”.
Fue un gran golpe de Cambiemos: Cano se portó como un soldado y la oposición toda debió encolumnarse detrás del reclamo republicano que servía solo a Macri, el opositor que había quedado posicionado luego de las PASO. Funcionó como un sistema de engranajes:
1) le restó votos clasemediero y urbano al FpV (solo en Tucumán: 57% en las PASO; 51% en la elección provincial; 48% en octubre y recién en noviembre retornamos al número de las PASO, 58%);
2) habilitó la posibilidad de desconocer un posible triunfo de Scioli en primera vuelta y
3) mantuvo el antiperonismo en sangre del votante opositor a niveles casi tóxicos, en aras de mantener el voto bronca antikirchnerista que premió a Macri en octubre/noviembre.
Luego, con el triunfo de Macri puesto, charlamos con la APU acerca del futuro del peronismo, ahora en la oposición, y las posibilidades a las que se asoma el futuro gobierno de Mauricio Macri. La subiremos completa, solo para tenerla también aquí, en el próximo posteo.