Mostrando las entradas con la etiqueta EE.UU.. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta EE.UU.. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de noviembre de 2016

Populismo y globalización: Brexit, Trump y... China

Uno de los sentidos que se tejen alrededor del populismo es su calificación como opuesto a la globalización, sea por hacer su crítica, por tener un sentido electoral (y por lo tanto, local) o porque economía y política puede circular por carriles separados. Así, el discurso proteccionista es populismo aunque, desde el discurso liberal, la praxis luego entregue barreras arancelarias, fitosanitarias y subsidios a la propia producción. Este sinsentido se repite ad nauseum y el populismo termina degradado a la categoría de “todo lo malo que no me gusta".

La teoría política, post factum, quiere ver en el triunfo de Trump —así como luego del Brexit una condena a la globalización y sus consecuencias. Es innegable que las reaganomics primero (el tatcherismo en el Reino Unido) y los procesos que Toffler sintetiza para su Tercera Ola, después, constituyeron cimientos para los púlpitos desde los que predicaron los brexiters y el realDonald. Claro, si imaginamos que esos escenarios se construyeron sobre las espaldas de los habitantes de los suburbios y la ruralidad, castigados por la economía financiera y la deslocalización empresaria. Pero, contrario a lo que sostiene la prensa liberal que quería a Hillary en el Salón Oval, no fueron el único material de construcción en lo que al triunfo de Trump respecta.

Repasando resultados, podemos decir que Rusia tuvo un protagonismo importante durante la campaña electoral, pero qué poco se mencionó el hecho, fundamental, que éstas se fueron las primeras elecciones norteamericanas en las que China, al convertirse en factoría mundial y actor global, y el sudeste asiático todo en polo tecnológico, tuvieron influencia decisiva. Muchas fotos de Putin, pocas del politburó que en su momento lideró Deng Xiaoping.

Hay más razones. También la norteamérica blanca (masculina y femenina) se “defendió" con el voto —y algunas trapisonerías electorales, en los estados del sur— de las minorías que apoyaban a Clinton. ¿Tiene que ver eso con la globalización? Sí, y con la inmigración que conlleva, pero en un sentido distinto al económico y relacionado estrechamente con lo social.

¿Qué queremos decir? Se le ha adjudicado a Trump —y también a brexiters como Boris Johnson— el apelativo “populista" para explicar las razones de sus éxitos. En la prensa liberal y antitrumpista, el populismo es simplificado como “decir lo que el electorado quiere escuchar". Es más complejo, no sean hijos de puta, responde Laclau. Todos son populistas, agrega —o nos tomamos la licencia poética de darle voz—. Incluso Hillary, cuando (tarde) hizo populismo del peor al demarcar el campo político con Donald J. como hito fronterizo. Antes, fueron escasos sus esfuerzos por encadenar las demandas disímiles de las minorías cuyos votos solicitaba. Planteó el EE.UU. del futuro, multicultural, respetuoso de la diversidad y las demandas de género, pero sólo pudo intentar articular estas propuestas en rechazo al magnate presidente electo. Trump, en cambio, con Make América Great Again y su foco en la casta política (I'm sorry for la troskeada, pero el realDonald la troskeó bastante), a la que no tildó de equivocada sino de inútil, hizo populismo antes y mejor, consiguiendo el voto de incluso un 30% de los mismos inmigrantes a los que prometía echar a patadas. En términos económico, EE.UU. fue puesto a elegir entre los '80s reaganianos y los '90s clintonianos. Pero desde un enfoque social, la dicotomía fue planteada entre pasado y futuro, siendo el primero, para una parte pequeña pero determinante del electorado, el recuerdo del añorado american way of life.

Aterrorizados aún por un triunfo que creían imposible cuando sólo era improbable, algunos analistas, interesados, hablan de una ola de populismo que destruiría más temprano que tarde al mundo. Están los que quieren ver el mundo arder y están los que se conforman con pronosticarlo. Pero si bien tanto Trump como los brexiters se apoyaron en eslóganes populistas, apelaron antes a un conservadurismo romántico y casi cinematográfico. En el caso Trump, un retorno al americanismo, la nostalgia de un pasado idílico en el que sólo iban a la guerra para detener nazis y sucios comunistas. Más que populista, Trump es lo que él reconoció ser: un conservador, en este caso, popular. Y cualquiera de nosotros puede entender a qué se refiere el término: “volvamos a la época de nuestros abuelos en la que... (acá) los chicos podían jugar en la vereda o (allá) teníamos al american dream delante de nuestras narices y el sky era el limit". En ocasiones, el pasado queda más cerca que el futuro.

Además de considerar que con Trump asistiríamos a un supuesto fin de la globalización, el imperialismo norteamericano ha sido puesto también en entredicho en su efectividad como factor cohesivo del lábil por diverso tejido social. Debe haber algo así, momentáneo, pero la constante apelación de Trump a su capacidad para destruir a ISIS desmiente parte del postulado. Así, ambos argumentos, el fin de la globalización y el expansionismo imperial norteamericano, se demuestran apresurados.

La globalización es hace tiempo una fuerza que supera largamente las posibilidades de control por parte de un Estado, así sea este el más poderoso del mundo en términos militares, culturales y —todavía— económicos. ¿La caída o reconfiguración de tratados como el NAFTA o el TPP implican algo distinto a un tiempo para repensar los modos en que el comercio mundial se moldea a sí mismo? ¿Más estado y menos mano invisible? Si consideramos que ya les tocó a las socialdemocracias europeas gestionar recortes al estado de bienestar, y se asimilaron a las derechas que las precedieron (con relativo éxito para el capitalismo financiero, desastroso para los sistemas políticos que vieron monocromatizadas sus ofertas electorales), es dable suponer que con el mismo grado de éxito (es ironía) los conservadurismos que vendrán —traccionados por los mismos condicionantes que explican el Brexit y a Trump— serán llamados a gestionar el rebote electoral que ahora pide por más estado-nación y menos economía global. Pero no se tratará de cambio de paradigma alguno, sólo un grado de variación en las relaciones de fuerza que navegan las aguas de una economía global, en la que China ganó en injerencia en detrimento de un EE.UU. que debe aún decidir si continúa siendo el gendarme mundial.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Love Trump's hate

No era así el pésimo eslogan de campaña de Hillary, pero fue así como el discurso de Trump “trickled down" a los white uneducated, que vieron mermar sus fuentes de trabajo vía globalización, “Shaina" y la excusa de la inmigración descontrolada: el odio le ganó al amor. Pasó acá y también allá, con candidatos que no sólo no enamoraron sino que presentaron elevados niveles de rechazo.

¿Perdió Hillary? ¿Ganó Trump? Un poco de ambas. La peor candidata que podían presentar los demócratas frente a un supuesto outsider. Una campaña que hizo foco en demonizar al realDonald vs. promesas irrealizables y just common sense (para decir demagogia) por parte del anaranjado magnate. ¿Ganó el populismo, horrible populismo? No hagan que Laclau se corchee: populismo no es sólo decir lo que el público quiere escuchar. Las Trumponomics, en cambio, se parecen más al recetario tradicional del conservadurismo republicano (recortar taxes a los ricos, también salud pública y gastos sociales, por ejemplo) que al ideario peronista como quieren vendernos en la tele macrista. Pero retornemos. Hay más razones, claro: la participación (Hillary, 7 palos menos de votos que Obama vs. Trump, con sólo 1,5 palos menos que Romney); el voto del rust belt, Ohio, Pennsylvania, a priori azules, a la larga rojos enmarcados en razones similares a las que explicaron el Brexit; redes sociales vs. medios tradicionales, Rusia, WikiLeaks, etc., etc. Todo ha sido dicho ya.

¿Qué podemos pensar entonces? ¿Qué cabría esperar de una Trump administration? En principio, resulta una incógnita. El New York Times (con una importante participación accionaria del mexicano Slim), dijo re caliente: “we don’t know if he has the capacity to focus on any issue and arrive at a rational conclusion". Tranqui, eh. Como para que tenga y guarde. Uno querría agarrarse de su discurso de aceptación, moderado y calmo, para evitar pensar que es un monkey with a granade que va a enquilombar el comercio mundial, destruir economías dependientes del dólar (y en Latinoamérica no tenemos sólo a la Alianza del Pacífico, sino que debemos sumar a Temer y Macri), embarcarse en war trades con Shaina (aka as China), favorecer el desmembramiento de la Unión Europea, etc. Por lo pronto, una de las posibilidades es que produzca justo eso. O parte de eso. Otra posibilidad, más ansiolítica, es que en vista de que llegó sólo, sin equipo, y que su partido dominará ampliamente el Congreso, se avenga a encauzar un gobierno republicano como los conservadores mandan, entregando el gobierno al Partido y reservándose la figuración. Nombres como Giuliani o Gringitch ya suenan para su gabinete. En tal caso podríamos esperar, esperanzados (!), algo más parecido a la presidencia W. Bush que a la del host de The Apprentice. Sí, ya se, no suena inspirador, pero antes que rezar para que vengan los marcianos a invadirnos y respirar aliviados con un Mars Attack liberador, dejenmé con George W.

¿Que van a haber más tiros en yanquilandia, dicen? ¿Van a tirar abajo el Obamacare? ¿Chau a Roe vs Wade y todo el progresismo liberal norteamericano? ¿Que van a perseguir musulmanes, mexicanos y los van a cagar a palos más que ahora? Sí, puede ser. Pero votaron eso, chicos. Como acá votamos xenofobia, endeudamiento y bicicleta financiera con políticas anti industriales. A comerla o armar un partido para ganar las elecciones. A propósito de esto último, Obama y Hillary son Cristina y Scioli, y los demócratas deberán reencontrar su lugar en el mundo (político norteamericano) y reinventarse bajo un nuevo liderazgo. ¿Warren? ¿Michelle 2020? Es pronto para saberlo.

¿Y para Argentina, qué podríamos esperar? Amén de los groseros errores de política exterior del team Malcorra/Macri/Lousteau, no mucho en términos políticos pero sí en términos económicos si el realDonald termina siendo un mono con navaja. Turbulencias diplomáticas, difícil: al contrario de lo pregonado por el discurso del “oh, qué felicidad, ¡volvimos al mundo!", lo cierto es que les importamos tres carajos y tendrán preocupaciones geopolíticas más urgentes. No deberíamos dejar de anotar, de todos modos, que supeditamos nuestra política exterior a la candidatura de Malcorra a ONU para perder por sobreactuación hacia una administración norteamericana que se iba y que, a la postre, también perdió. No era lo más probable, pero tampoco era imposible. De todos modos, resulta más preocupante que el plan económico del macrismo fuera *abrimos comillas* consensuado *cerramos comillas* *igual seguimos haciendo comillas por un rato* con el secretario del Tesoro de Obama y que, además, la nueva administración trumpista deberá demostrar cuánto respeta la tradicional independencia de la Reserva Federal yanqui. Let's pray for Vidal, but first raise your hands to the Lord for Sturze & Prat Gay.

Gran idea, además, abrirse irresponsablemente a la globalización golpeando al mercado interno mientras la primera es cuestionada en los países centrales. ¿Se revalorizan los Estado-nación? Puede ser. ¿Estamos frente al fin del imperialismo norteamericano? Difícil: es más probable que, así como le tocó antes a la socialdemocracia europea lidiar con soluciones a problemas que la alejaron de los Estados de bienestar, la ciudadanía esté encargando ahora a los conservadores un retorno a cierta protección social por parte de estos Estados. Así, tan contradictorio como suena.

Mientras todas estas incógnitas se resuelven, podemos entretenernos intentando acertar el tono Koleston de Donald J., contando los días para el encarcelamiento prometido de Hillary o tomando nota de cómo lleva adelante Juliana su lenta, pero segura (?), transformación en Melania. Solo queda por decir: crooked Trump voters.

viernes, 25 de marzo de 2016

Obama en la Argentina de Macri

¿Dejó algo la visita del presidente norteamericano a nuestro país? Amén del sinnúmero de demostraciones de cholulismo proimperialista de diversos comunicadores sociales enrolados en el periodismo militante antimilitante, poco. Me dirán: el espaldarazo político a Mauricio Macri, que necesita como nómada en el desierto del agua que lave las manchas de su política económica. Sí. Me recordarán la desclasificación de documentos concernientes a la última dictadura militar argentina, claro, pero ese no era el objetivo del viaje sino un gesto de Obama para ser bienvenido. Algo que Mauricio no tuvo en cuenta, por ejemplo, antes de viajar al Vaticano para aquellas fotos que resultaron en un gran fiasco político y un dulce de leche de relaciones públicas en el que el PRO debió remar.

Mientras, Mauricio Macri reversionó la teoría de los dos demonios en su mensaje de ayer, pidiendo “#NuncaMás a la violencia". En Alfonsín podía comprenderse: tenía los fusiles del partido militar todavía en la nuca. En Macri puede ser un gusto que se da, ya que el mensaje es un gran resumen de todo lo que Cambiemos quiere significar: la unión de todos los argentinos, incluidos los que quieren a Jorge Rafael como pretendía Duhalde en 2011. Este retorno a los '80 no es sino un retroceso en términos históricos y políticos. El Estado debería jugar un papel pedagógico en lo que a responsabilidades institucionales respecta, más allá de las necesidades coyunturales del relato macrista. En definitiva, el mensaje de Macri agranda en lugar de zurcir la grieta y las multitudinarias plazas de ayer, en todo el país, lo testimonian.

Pero retornemos a Obama. ¿Sólo el cambio de signo político lo impulsó a visitarnos? ¿Tanta energía política demanda el libre mercado? ¿No será el giro a la derecha que ya vive nuestro subcontinente una de las razones? No, sí y también. Pero EE.UU. piensa la geopolítica en términos más amplios que la escasa complejidad con la que el gobierno de Macri encara la cuestión —la condena a Venezuela a poco de asumir y la timidez rayana con la irresponsabilidad en el tardío pronunciamiento sobre la actualidad brasileña—. Para EE.UU. resulta más preocupante el avance de China en el tablero mundial, aliada a la Rusia de Putin, que felicitar al nuevo gobierno por su aperturismo neoliberal. Así, la visita de Obama tuvo como objetivo principal colocar un freno, aunque más no sea político, a la expansión de la influencia vía inversiones del gigante asiático en el subcontinente.

Resulta gracioso, de todos modos, que sean los países del Acuerdo del Pacífico los que mayores capitales chinos concentran en inversiones mineras. Resulta tragicómico que, en nuestro país, Macri reciba el espaldarazo político de un presidente norteamericano ajustando las últimas oraciones de su inclusión en los libros de Historia mientras, para el gobierno de Cambiemos, es mucho más importante el aporte financiero del swap con China negociado por el kirchnerismo.

Se fue Obama y hay que guardar las banderitas norteamericanas hasta el 4th of July. Consultado al respecto, Martiniano Molina señaló el afianzamiento de las relaciones bilaterales y agregó, como dato de color, lo importante que para eso resulta el hecho que el presidente americano sea negro pero no de alma*.

*NdelE: Martiniano Molina no dijo nada de lo señalado, sólo confundió el Pozo de Quilmes con un desperfecto asfáltico que debe ser bacheado. La aclaración corresponde porque ya no vivimos en tiempos del kirchnerismo: ahora se reprime, encarcela y los jueces citan a indagatoria por un tweet. Cambiamos.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Elecciones legislativas en EE.UU.: Obama lame duck (o lame black swan)

Los demócratas siempre me impresionaron como nuestros boinas blancas, timoratos y tan citadinos; los republicanos, en cambio, ostentan ese ansia de poder que los emparenta a nuestro peronismo. También en los modos el paralelismo garpa, aunque el bipartidismo yanqui tiene mucho del gerenciamiento de la política que Horowicz llamó democracia de la derrota. ¿Se pueden trazar más paralelos? El GOP tiene algo de peronismo en la base de su composición social... si EE.UU. no fuera un país de inmigración, ya que latinos y afroameri... y negros, bah, suelen optar por los demócratas (auque las últimas elecciones vienen mostrando que ese postulado puede ser puesto en duda). Es más complicado, claro, pero los demócratas hacen pie en las grandes urbes y los republicanos son más fuertes en los estados conservadores, sobre todo los del cinturón bíblico. En términos económicos ambos son liberales, aunque los demócratas tendrían un poquitín más de sensibilidad social y menos cariño por las reaganomics. Pero todo esto es una descripción superficial introductoria a dos notas que explican bastante acabadamente la paliza que los republicanos le propinaron al partido Demócrata en las legislativas nacionales/ejecutivas estaduales de ayer. El primero es un análisis previo que por su nivel de aciertos bien podría haber sido escrito con los resultados puestos. El segundo es del NYT y tiene un dejo de nostalgia por los tiempos de Obama que podrían haber sido y no fueron. Ahora que lo pienso, un poco como todo el mundo, hasta los muchachos que votan los Nobeles. No es el caso de este blog, claro, que hubiera votado (!) por Hillary en la interna, ante la presunción de que podría ser una presidenta más fuerte que el hawaiiano musulmán y marxista. ¿Debido al origen sureño de la carrera política de los Clinton en Arkansas? ¿A causa de la pelea que sostuvieron cuando el impeachment? ¿O sería que Barack impresionaba como una copia de presidente hollywoodense interpretado por Morgan Freeman, bueno hasta el hartazgo? En fin, basta de divague.

El análisis previo nos presenta un mapa de situación que debería haber jugado en favor de los demócratas: “…Hace seis años, cuando Obama ganó la presidencia y el partido ganó el control de las dos cámaras del Congreso, la tasa de paro rozaba el 11%, el déficit federal iba camino del 10% del PIB, el sistema financiero se hundía, la economía se contraía a un 8% anual (…). Seis años después el paro está por debajo del 6%, el déficit por debajo del 3%, los bancos son estables y tienen un sistema regulatorio completamente nuevo, la economía crece por encima del 3% (y lleva años de expansión continua) (…) el partido aprobó la mayor expansión del estado de bienestar americano desde los años sesenta (la reforma de la sanidad) y los salarios finalmente están empezando a repuntar (…) los resultados de los últimos seis años dan para estar orgullosos… pero los demócratas van a perder estas elecciones horriblemente de todos modos…

…la campaña de Obama y el partido demócrata ha sido bastante vergonzosa. El presidente es bastante impopular, en no poca medida porque ha sido incapaz de vender sus éxitos, y el su partido en vez de plantarse y decir que las cosas van bien se ha pasado los últimos meses haciendo lo que saben hacer mejor, esconderse para que los republicanos no les peguen. La campaña del GOP, mientras tanto, ha sido peculiar: quejarse que Washington no funciona (en no poca medida por su culpa), decir que la Casa Blanca está llena de inútiles que no han conseguido detener la epidemia de ébola en Estados Unidos (que no existe), decir que ISIS va a dominar el mundo de forma inminente (no) y prometer que van a bajar impuestos (eso siempre)…”
.

Bueno, he ahí un link más entre los demócratas y nuestra UCR en el poder (y –ay– con el kirchnerismo en modelo 2012/2013): los problemas de comunicación. What we´ve got here is failure to comunicate. Some men we just can reach… En fin, debe ser más profundo, y quizás se encuentre ligado a un problema de autoridad o a la incapacidad para liderar en un momento determinado. Nothing is for ever, cantaba Rudolph Páez. Un exceso de consensualismo, de diálogo, ejecutado conscientemente por Obama desde el inicio de su primer mandato. El análisis de Roger Senserrich continúa y volveremos a él para cerrar. Vamos con el análisis post electoral de Ross Douthat, bloguero (!) del NYT. Pinta el panorama para el Great Ol' Party luego de los comicios: “..Control del Senado, victorias fáciles en estados en los que se corrían carreras empatadas y victorias aún más fáciles en estados republicanos, un final para comerse las uñas en Virgina y una victoria inesperada en Carolina del Norte (…) baste decir que lo que esta noche vimos aparecer no encaja fácilmente en los modelos que vienen siendo aplicados para analizar la política norteamericana –modelos que permitieron prever una buena performance republicana pero no una tan buena, esta barrida tan geográficamente extendida. Bajo esta luz, estos resultados refutan implícitamente la escuela de análisis y estrategia “el pasado es prólogo” que observa tendencias existentes y asume que éstas pueden sólo continuar, que estudia estrategias ganadoras y asume que pueden repetirse a perpetuidad...

…En este caso, lo que fue sobrestimado y juzgado erróneamente fue la efectividad del plano (blueprint en el original) demócrata de 2012, con su atractivo de cuestiones sociales y selección de votantes target ligados a la tecnología que se suponía funcionaban en tándem con tendencias demográficas para cementar una nueva coalición socialmente liberal y multicultural que hiciera insostenible la posición del GOP, obligándolo a un reboot ideológico (…) Por el contrario, los políticos republicanos y su partido se las arreglaron para adaptarse, y –como suele suceder– cuestiones que resonaban en un contexto político determinado aparecen como menos importantes que los fundamentals en otro contexto…”
. Douthat parece demasiado pesimista, pero termina al estilo de los panfletos de izquierda, en los que cualquier situación es en realidad una oportunidad para el advenimiento de la revolución del proletariado. Dice: “…es una elección, es una legislativa, la estructura de las fuerzas sociales todavía pintan bien para los demócratas y su coalición presidencial puede ser reensamblada por Ella (¿Hillary?) en 2016…”.

Debo advertir aquí que no considero equivocado el razonamiento: esta derrota no implica per se un triunfo republicano en 2016. Lo que sí, no creo que todo pueda atribuirse a la (mala) imagen poco ejecutiva que actualmente presenta Obama. Recapitulemos: elecciones ejecutivas 2008 ganadas por los demócratas, legislativas 2010 por los republicanos, ejecutivas de 2012 para los demócratas y las elecciones de medio término de ayer nuevamente para los republicanos. Obama fue lame duck (pato rengo) o lame black swan (cisne negro rengo) desde 2010 por mérito republicano y desde 2008 por responsabilidad propia debido a su espíritu pactista/conciliador. Su aporte más reformista fue la Health Care y pasó lavadísima por el tamiz del GOP. Aun así pudo revalidar su primer mandato. Pero adelantamos que volveríamos con Senserrich para finalizar. Coincidimos ampliamente cuando el analista sostiene: “…el mejor predictor de voto en las presidenciales es cómo va la economía, en las legislativas sin embargo es la popularidad del presidente (…) la valoración del jefe del ejecutivo tiene poco que ver con los resultados económicos (…) y mucho con cosas más generales como imagen de competencia, el nivel de rencor partidista en Washington, crisis fuera del control del gobierno pero que son vistas como su responsabilidad igual (…). Los medios leerán grandes mensajes en los resultados del martes, pero la realidad seguirá siendo la misma: Estados Unidos va (bastante bien), Washington seguirá bloqueado, el presidente está ya bastante de vuelta de todo…”.

jueves, 31 de julio de 2014

Buitres, Kiss&Love, Brito, Grondona, Susana. No nos organizamos...

Ya lo dice la famosa sentencia, ese axioma moderno del amor líquido en tiempos del cólera whatsappero: sólo hay un modo de que cojamos todos, y es organizados, compañeros. La organización vence al tiempo, me dicen mis amigos cabareteros, que serán quilomberos pero también peronistas. Entonces tantos temas para un solo día son un flood de noticias que hasta impidió la conferencia del Primer Argentino que es Alejandro Sabella. Y así no se puede vivir, con tanta inseguridad noticiosa, oiga.

Vamos por orden, entonces. Lo primero fue el ¿amague?, ¿será?, de una —supuesta— propuesta de bancos privados para comprar los bonos en poder de Singer & Co. Algo así con un Bailout Inverso. Gol de mediacancha, celebraban en el ágora tuitero. Mascherano, Romero, el Papa y ahí nomás, detrás, Jorge Brito de Banco Macro (ahora que lo pienso, ¿el nombre será para sobrecompensar algo? Otrosí: ¿Brito sería ahora el Gral. Alais del kirchnerismo? Les regalo el tema para el paper). Ámbito Financiero sigue sosteniendo —en soledad, debemos agregar— que habrá acuerdo entre los privados. Entretanto, pensemos en el peor escenario.

El peor escenario es que murió Grondona (no, aquí no vamos a hacer el chiste fácil de Marian... ups). Y claro, se conmueven los cimientos del fútbol argentino, porque si Diego es D10S y Lionel el Messías, Grondona era San Pedro, la piedra sobre la que se edificaba la AFA. Reproducimos a continuación el debate que su muerte repentina desató:

Grondona era un hijo de puta.
Pero era nuestro hijo de puta...
, pero hijo de puta...
Nuestro.

Y así ad eternum.

Volvamos al #GrieFault. Argentina no está en default, dicen los representantes nacionales. La afirmación tiene su lógica leguleya: nosotros pagamos, la guita no llegó a los boneholders por culpa de Griesa, ergo no vamos a garpar un mango más por ningún seguro, apúrenlo a Griesa antes de que vaya a besarle el anillo a Grondona en el trono del Hades. Pero la esperanza de un arreglo que nos evitara la declaración de Defol (ese juega en Racing, ¿no?) existía, debido a las versiones periodísticas y el comportamiento de la bolsa. Entonces aparece Kiss&Love para la conferencia y cuando dice “fondos Buitre" en lugar de hold outs algunos dejamos de darle a las matracas. Luego dice “fructífera" y vuelan nuevamente las serpentinas al aire. Kiss& sigue hablando y me recuerda a esa amiga de mi esposa a la que querés clavarle la silla en la jeta para que se calle cuando viene a comer pero no y le decís “ah, mirá vos..." mientras pensás por qué Gallardo no lo puso a Kranevitter. A continuación se pelea Kiss&Love con los titulares de la prensa, mirás alrededor tuyo para ver si estás en 2008, 2009 y no, estamos en 2014 y #LaConchaDeTuMadreSabella todo. La cuestión que no hubo arreglo y desde Mascherano para abajo pasan a ser todos hijos de puta: Griesa, Pollack, Singer, Kici, Brito y el hijo de puta de mi hermano que llega tarde ya para ir al paddle. Estaba escuchando también a Kiss&. Y todo el partido las pelotas buenas son obra de Don Julio que desde el Cielo nos ayuda, capo, y las que quedan en la red son culpa de Grondona que desde el Infierno nos sigue cagando y la puta que lo parió.

Como los buitres. Lo dijo Kiss&: Singer corta el queso y Griesa es su pastor. Buitres, si quieren alimentarse, ahí tienen el cadáver de Gro—CENSURADO POR EL DEPARTAMENTO DE LEGALES—. ¡Hijos de puta! Ok, me calmo, tal como me calmé cuando la Corte Suprema norteamericana rechazó la apelación de Argentina a la Griesentencia: vamos al default nomás, me dije entonces. Técnico, selectivo, burocrático (?), no-default o como prefieran. Porque era fácil entender que los Buitres no pretendían negociación alguna sino cobrar el 100% y cobrar los seguros contra default. Con este... u otro gobierno (lo aclaro porque no leí ese dato en ningún análisis, y me parece importante). Porque, dígame, si ustedes fueran buitres y tuvieran a la ley norteamericana, a Griesa de su lado, ¿qué estímulo tendrían para negociar con la consiguiente reducción de ganancia? Entonces, el llamado de Griesa, y la introducción del espeshalmastah Pollack significaba nada más que “vayan, siéntense y entréguenles lo que piden". Alguien como Macri, acostumbrado a estar de ese lado del mostrador en el plano local, entiende eso perfectamente.

Pensar que ningún bonista reclamaría la RUFO en caso de pagar la Griesentencia es abonar la fantasía de que los Reyes no son los padres. Aventuremos entonces posibles escenarios: a) una continuación del que venimos sufriendo, con recesión en ciernes, descenso de la actividad y presión sobre el tipo de cambio; b) una exacerbación de lo anterior; c) el paraíso socialista, con nacionalización del comercio exterior, cierre de importaciones, progroms para el antikirchnerismo y Massa Presidente 2015; d) ninguno de los anteriores porque vienen los Aliens y nos hacen pomada, se llevan toda el agua y a nosotros para trabajar como esclavos en sus fábricas de naves espaciales guerreras y productos cosméticos a base de páncreas masticado de bebés panda.

Acá esperamos que la opción (a) sea la que el destino nos depare —o la (d), total...— y que mientras tanto, Ámbito Financiero esté tirando la posta y no el pescado podrido que algún insider trafica.

...

¡Ah, Susana! Cierto. Volvió. Porque a las malas noticias no les gusta caer a la fiesta con las manos vacías.

lunes, 31 de marzo de 2014

En el Norte empiezan a entender que la distribución del ingreso es un debate sobre el poder

Un interesante artículo, en inglés (no tengo tiempo de traducírselos, sepan disculpar; hay muchos traductores online), que a partir de un reciente libro de Thomas Pikkety, analiza los desafíos que plantea la desigualdad para ser superada. Copio y, al final, un muy breve comentario:

«Six years after the Wall Street Crash, a book was published that revolutionised economic thinking and set the tone for policy for decades to come.  That book was, of course, The General Theory written by John Maynard Keynes.  Has history just repeated itself?

Thomas Pikkety’s book Capital in the Twenty-first Century* has beaten Keynes’s record appearing five years and six months after the 2008 Crash. Nevertheless, it does look set to create just as much debate.  Whether it will recast policy in the same way is less certain but, if there is any justice, it should although maybe not in the way Pikkety himself suggests.

Pikkety’s central claim is that material inequality persists because the wealthy earn their income in a different way to everyone else. The rich get rich because of the return they make on their investments in capital which for Pikkety encompasses land, housing, shares, machinery, intellectual property amongst other elements.  The rest of us poor schlubs have to rely on income from selling our labour.

Nothing that original there but Pikkety’s key contention, based on a vast study of historical data, is that the return on capital always outstrips economic growth which is what determines any rise in income from labour.  So the rich will keep getting richer while everyone else increasingly lags behind. The only exception to this is an anomolous period in the middle of the twentieth century when, due to a strange coincidence of factors, growth outstripped the return on capital meaning inequality consequently fell.

This insight has the power to influence public debate about the economy hugely. Instead of the current obsession with relative levels of pay, tax and benefits, it could force a much more profound discourse about ownership.  Pikkety points out that the source of inequality is not ownership as such but a complex interplay of legal, historical, political, social and cultural factors which allow ownership to be incredibly concentrated meaning that the financial benefits of that ownership flow to the few.  Fiddling about with fiscal, regulatory and labour market policy (a not too inaccurate characterisation of current political debate) will never make a significant difference to such profound forces.

This plays in to the divide I outlined in my last post. Those in the Conservative and Labour parties who believe we need a broader distribution of power away from the unholy alliance of big state and big business are closer to offering a solution to Pikkety’s contradiction than those who think growth driven by corporations or by government is the answer. In fact, Pikkety’s analysis has the potential to give major empirical weight and provide an economic focus for the ‘Littleendians’ that is currently lacking.

But that raises the more disappointing aspect of Pikkety’s analysis.  His one hit solution is the introduction of a punitive global tax on wealth. Leaving aside the fact that the idea is, in many ways, a total non-starter it surely repeats the mistake socialists and social democrats have made for decades namely that the solution to the concentration of economic power is a countervailing concentration of political power.

As a recent detailed empirical study of public spending across the world showed, it is an approach that becomes less effective – both in terms of improving social outcomes and generating economic growth – the more it is relied upon. It also, of course, generates all sorts of constraints on freedom of choice which extend well beyond the immediate impact on the yacht-buying classes to affect the whole of society.

Far better surely to explore how capital ownership could be spread much more evenly without the need for the intervention of an over-bearing state. Could we not, for example, imagine a world where intellectual property is far more widely shared as a result of the unfolding empowerment through new technologies, a much stronger focus in school on creativity and a liberalisation of patent and copyright law?...».

El artículo continúa (completo aquí) pero allí está lo central. Seamos buenos entre nosotros —en honor al payaso mediático— y traduzcamos un par de ideas:

1. La desigualdad persiste porque los ricos ganan sus ingresos de manera distinta al resto de los mortales: sus retornos por inversiones siempre le ganan al crecimiento económico, que es lo que determina el incremento de lo que perciben los asalariados por su trabajo. Entonces los ricos se hacen más ricos mientras el resto se retrasa cada vez más.

2. Esta perspectiva tiene el poder de influenciar el debate público, obsesionado respecto a salarios, impuestos y beneficios y forzar una discusión sobre propiedad.

Todo muy comunista, podemos ver.

3. La propiedad está concentrada por motivos históricos, legales, políticos, sociales y culturales. Y el debate actual por mejorar la distribución del ingreso no toma en cuenta este factor.

4. Los que creen que necesitamos una mayor distribución del poder, lejos de la diabólica alianza entre grandes propietarios y grandes negocios, están más cerca de ofrecer una solución a la contradicción de Pikkety que aquellos que piensan en el crecimiento liderado por corporaciones o los gobiernos.

Mi breve impresión, ahora sí: el diagnóstico es acertado. El debate por la distribución del ingreso, por una mayor equidad, es una discusión acerca del poder y no sobre cómo se direcciona el dinero únicamente. No es algo que acá desconozcamos, por supuesto, pero que las proclamas en EE.UU. contra el 1% más rico sea encauzada ahora también en el plano teórico es algo, levemente, esperanzador. Imposible de pensar sin la crisis de las sub prime. Cuestionar el american way of life es sintomático, no puede negarse. Pikkety propone un impuesto a la riqueza que sea global. El autor de la nota —Adam Lent—, desde una visión demasiado liberal como para permitir una verdadera redistribución, propone flexibilizar los derechos de autor, las patentes, para estimular la creatividad. Ufff, muy Benjamin Franklin todo.

Un diagnóstico acertado y dos propuestas que no modifican en lo más mínimo el problema planteado: la concentración del poder (y por ende del dinero, o al revés, que si el resultado es el mismo, se'igual). Así no se puede, malditos comunistas new age (!). Sigan ocupando Wall Street, chicos.

sábado, 15 de febrero de 2014

Venezuela: conflicto y geopolítica

Es imposible que alguien pueda no estar dolido por lo que está ocurriendo en Venezuela. Claro, algunos fingen muy bien ese dolor mientras por dentro celebran la posibilidad de que el gobierno de Maduro pudiera caer. Entienden bien que la Venezuela del chavismo fue punta de lanza de los gobiernos de nueva izquierda latinoamericana y que recuperar Venezuela, para la geopolítica que juegan las potencias (y fundamentalmente EE.UU.), puede significar algo similar para los movimientos restauradores del resto del subcontinente. Las expectativas son siempre un factor importante en cómo se resuelven luego los apoyos en pos de nuevos equilibrios. La geopolítica quizás no permita entender el conflicto en curso per se, pero sí nos permite comprender su conveniencia/inconveniencia para los distintos actores, internos y externos, su inserción en el plano local venezolano y subcontinental, y el porqué de las distintas opiniones y aproximaciones mediáticas al respecto.

A fines informativos, este posteo no tendrá objetivos ídem. Para eso están la TV, los diarios, twitter, etc. Claro, la información que reproducen no sólo es confusa sino tendenciosa. Existe una guerra de relatos puesta a disposición de la lucha geopolítica. Los medios del establishment, pertenezcan al país que pertenezcan, retratan el conflicto en desarrollo como un atropello a manifestaciones democráticas por parte de un gobierno fascista y dictatorial. Los medios que simpatizan con las expresiones de izquierda se enfocan en las intenciones destituyentes, golpistas, de grupos que buscan un retorno a la Venezuela prechavista. Existe algo de verdad en ambas expresiones: el gobierno venezolano reprime y muchos opositores a Maduro buscan terminar con la experiencia chavista apelando a la violencia. Quienes hablan de un intento de golpe a la democracia venezolana (¿hace falta recordar que el año pasado la mayoría del pueblo venezolano eligió a Maduro como Presidente?) no presentan pruebas concluyentes, y por eso este posteo se refiere a la cuestión geopolítica, que permite a grandes rasgos comprender la situación dentro de un mapa mayor. Por su parte los opositores a Maduro presentan pruebas absolutamente ridículas, apelando a imágenes viejas o de conflictos distintos al que actualmente se desarrolla en Venezuela (pruebas gráficas acá, inventariadas por el periodista Horacio Torres). Mientras portales como Infobae reproducen la condena de la CIDH dependiente de la OEA a la censura de medios opositores (el canal colombiano NTN24), el director general de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones venezolana denuncia un esquema de guerra electrónica con montajes de videos y fotografías y ataques por incremento de tráfico.

Alejado de los hechos, mi impresión es que se trata de un intento claro por golpear al gobierno del PSUV. Analizando la relación de fuerzas, Otto Rock y Abel Fernández concluyen que la administración de Maduro cuenta con el suficiente apoyo popular como para evitar su derrocamiento. Pero debemos señalar aquí también que las condiciones económicas (y políticas luego de la muerte de Chávez) se han deteriorado, o continuaron el deterioro que ya se advertía durante los últimos tiempos del ex Presidente venezolano. Sobre ese descontento es que se montan muchos de los argumentos con los que la oposición golpea al gobierno del PSUV. Parte de esas condiciones nacen en una Venezuela país productor de petróleo pero que, por otro lado, debe importar una gran mayoría de los insumos que consume, siendo alimentos el rubro más sensible. Un esquema promovido por todas las anteriores administraciones al chavismo, que entrega el país atado de pies y manos al poder de especuladores internacionales y nacionales. La inflación en alimentos se explica en buena medida por ello, y más aún si sumamos el mayor acceso que las clases populares tuvieron a salud, educación y alimentación. La inclusión como motor de la inflación. O la inflación como reacción de los sectores acomodados. Según la CEPAL, la pobreza rondaba el 49% en 1999, mientras que en 2013 cayó al 27%. Lo mismo para la indigencia, que en poco más de una década disminuyó del 21% al 10%. El Gini ha mejorado sensiblemente en estos años, y también la distribución del ingreso. Motivos que también sirven para explicar las reacciones que enfrentan algunos gobiernos de la región, entre ellos el nuestro.

Para explicar mejor esta guerra de relatos, y cómo los distintos intereses juegan la partida geopolítica, podemos observar cómo critican y se alarman por Venezuela aquellos que jamás elevaron la voz cuando el golpe y asesinato de periodistas en Honduras. Quienes protestan contra la represión –que el gobierno boliviariano ejerce mediante hidrantes y balas de gomas contra quienes atacan edificios públicos– tampoco denunciaron que el accionar de Piñera en Chile fuera el mismo contra quienes claman por educación pública gratuita y de calidad. Por el contrario, Chile era y es uno de los modelos propuestos por estos sectores. Pero probablemente sea el reciente golpe institucional contra Fernando Lugo en Paraguay el que mejor se relacione con los acontecimientos venezolanos. No protestaron tampoco los medios del establishment cuando derrocaron a Lugo, golpe promovido exitosamente para abortar cualquier posibilidad de una reforma agraria que entregara tierras a campesinos, y así la sojización del Paraguay pudiera concentrarse en las pocas y usuales manos. Paraguay fue un límite a la plena incorporación de Venezuela al Mercosur. Protagonistas de esta pulseada geopolítica, Argentina y Brasil aprovecharon la crisis paraguaya para darle la bienvenida a Venezuela al bloque comercial sudamericano. Como moneda de cambio a su reincorporación al bloque ahora, el gobierno del paraguayo Cartes no se opone al ingreso de Venezuela. La advertencia que representa Unasur (y el protocolo de Usuahia) debería constituir un freno al intento desestabilizador, pero el caso de Lugo juega a favor de los opositores venezolanos.

Nadie puede desentenderse de las consecuencias de la resolución del conflicto, en una u otra dirección. Aquí, como Abel y Otto creemos que se resolverá respetándose el estado de derecho. Pero sería ingenuo no advertir que el programa de “lucha” de la oposición venezolana (y sus apoyos internacionales) apuestan a una pelea de largo aliento que desemboque, probablemente, en un referéndum revocatorio, mecanismo previsto en la Constitución venezolana en su artículo 72: “Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables. Transcurrida la mitad del periodo para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscriptos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato…”. Para finalizar, deseamos que el conflicto finalice cuanto antes y sin que debamos lamentar más muertes.

jueves, 17 de octubre de 2013

Shutdown/showdown yanqui: GOP, Obama y RomneyCare

Canta la compañera peronista de Favio, Katy Perry: “…It’s a blacked out blur / But I’m pretty shure it ruled / Damn / (…) / Last friday night / Yeah, we maxed our credit cards / And got kicked out of the bar…”. Así, los norteamericanos se despiertan hoy como de una resaca luego de una bajada de cortinas gubernamental que duró un par de semanas. No los rajaron a patadas del bar, pero casi casi, como señalaban acertadamente en Tiempo Argentino: «…el “garante” de la seguridad mundial está a punto de provocar un desastre económico y trasladarlo al mundo y a los inversores que confiaron en EE.UU. El impacto será recesivo o más aún, gestando una gran depresión mundial. Ese efecto en 2009 disparó el desempleo al 10% en EE.UU. y elevó las tasas de desempleo en todo el mundo y empobreció a los pueblos…». Por ahora, la amenaza fue abortada, pero reverdecerá a principios del próximo año. Tienen, de todos modos, menor resto los republicanos para volver a colocar al “país de la libertad” y “la democracia del mundo” al borde de la quiebra.

En lo que a nosotros respecta, este paso de baile hacia el abismo que jugaron republicanos y demócratas es un recordatorio de las bondades institucionales que significan no sufrir una esKribanía en el Congreso, de las envidiables virtudes republicanas del equilibrio de poderes. En 2010, merced al freno que para el tiránico kirchnerismo determinaron legislativamente las elecciones de 2009, nos quedamos sin Presupuesto. Ah, las instituciones… fortalecerlas sin enunciar el objetivo.

Volviendo a NorteamériYANQUILANDIA, las lecturas, hoy, son que Obama ganó (es el negro –con un chorrito de leche, un cortado en jarrita, digamos– más capo del mundo) y los republicanos perdieron. Y sanseacabó. ¿Es tan así? Desde aquí nos permitimos la duda, por ser jactancia de los intelectuales: es cierto que Obama ganó la pulseada, pero primero debió atravesarla, con un gobierno paralizado en el que ni las cuentas de twitter oficiales funcionaban, y al costo de billones de dólares en pérdidas. Emerge ahora fortalecido, de todos modos. Los republicanos no consiguieron, por el momento, su objetivo de seguir golpeando el ObamaCare (el plan de salud de Obama que, por cómo finalmente salió, luego de gentiles negociaciones en las que primaron el diálogo y el consenso –lloran de felicidad nuestros republicanos vernáculos–, es denominado por algunos analistas norteamericanos como RomneyCare*), y las encuestas los encuentran en el piso en lo que a opinión pública respecta. ¿Pero perdieron? En la pulseada que al interior del GOP (viejo gran partido) juegan las palomas y los halcones del Tea Party, éstos últimos sacan una luz de ventaja: las palomas serán acusadas de haber capitulado. El Tea Party viene escalando posiciones al interior del partido Republicano. En la pasada elección colocaron al candidato a vicepresidente, Paul Ryan; en la próxima es probable que seleccionen a la cabeza de la boleta. No es un dato alentador para nadie.

A modo de corolario, una perlita. El senador por Arizona John McCain dijo el domingo: “Democrats, they better undestand something. What goes around comes around. And if they try to humiliate Republicans, things change in American politics, and I know what’s like to be in the majority and in the minority, and it won´t be forgotten…”. Amenazame que me gusta.

* Sobre el Obama o RomneyCare, este muy buen artículo (recomendada por @lucasllach), que pone en perspectiva la pelea por el plan de salud. Resumido: los republicanos no pueden quejarse ahora del plan ya que fue votado luego de repetidos compromisos (o capitulaciones) demócratas –nuevamente, ¡oh, el consenso!– como una reforma a la ley de seguro médico antes que una reestructuración integral del sistema de salud nacional. Señala que Obama, para pasarla, debió adoptar el plan hecho ley por Mitt Romney como gobernador de Massachusetts.

** También esta nota de opinión: El Tea Party quiere llevar a Norteamérica nuevamente al siglo 18.

sábado, 12 de octubre de 2013

Más sobre la derechización del kirchnerismo

Derecha e izquierda es un tópico que no forma parte del debate público desde hace algún tiempo. No creo que sea imprescindible actualizarlo pero, a partir de un comentario de Esther al posteo anterior, puede resultar interesante para quienes apoyamos (con distancia analítica, je) al oficialismo. Más aún cuando el gobierno decidió recientemente acatar resoluciones del CIADI y cancelar juicios en aras de destrabar créditos del Banco Mundial (y como guiño a los EE.UU. en nuestra disputa con los fondos buitres). ¿Es de derecha arreglar? ¿Sería de izquierda renunciar al CIADI porque es moralmente más elevado? ¿Es de derecha guiñarle un ojo a los EE.UU. y no a… la nueva China comunista de Mercado? (por si no los leyeron, hubieron muy recomendables posteos y comentarios al respecto: en la MAK, en lo de Abel y en lo de Mariano; yo dejé mi impresión en la MAK).

Resulta algo abstracto el asunto de la derechización en un mundo globalizado y liberal, coincidamos. Depende de percepciones personales y categorizaciones con límites algo difusos. De la resolución de tensiones dirimidas en razón del poder que detenten las partes (en ese sentido, tener un ejército, bombas, drones y portaaviones resulta una ventaja; manejar las finanzas internacionales, también). Por si fuera poco, este debate interesa mayormente a quienes les es importante saberse colocados a la izquierda. A los que no, bueno, les importa tanto como memorizar una receta de Maru Botana (!). Para rematarla, no sólo nadie se reivindica como representante de la derecha en nuestro país, sino que están de moda otras caracterizaciones: progresismo, conservadurismo, republicanismo, gestionadurismo (!!), loquelagentequierismo (!!!). Hay otras, por supuesto, y todas cumplen algún papel en la asignación de espacios simbólicos en el imaginario social (fah, chupate esa mandarina, Forster).

Antes del comentario de Esther, un comentario mío respecto a la derechización. Algún tiempo atrás algunos sostenían ya que el kirchnerismo es la derecha posible y con DD.HH. Por acá señalábamos que corporizaba lo más a la izquierda que nuestra sociedad tolera, y que tampoco había nada a su derecha. Que es peronismo, en definitiva. Tan simple y tan complejo como eso. Ahora, debemos agregar, sí surgió algo, y no precisamente a su izquierda (pretende, en realidad, desplazar al kirchnerismo del centro).

Basta de cháchara. Con ustedes, Esther (es largo, pero tiene sustancia):

“…Leí varios de los blogs linkeados en tu artículo y comentarios al respecto. Citaré algunas frases, pero explico que lo haré sólo porque me dispararon ideas y me resultan útiles para hilarlas, así que por esas razones me atrevo a extraerlas del contexto general del pensamiento de sus autores: reconozco de antemano que estoy extrayéndolas de ese contexto.

1)El kirchnerismo es peronista.
De allí derivo en que el kirchnerismo sabe qué es el poder, quiere tenerlo y usarlo.

2) «[…]por acá decíamos que era lo más a la izquierda que soporta la sociedad […] (Ricardo, aquí).
Eso implica que el kirchnerismo no intenta hacer una revolución para tomar el poder . Es de izquierda, pero una que quiere tener poder dentro de los límites marcados por la sociedad, esto es: lo que las personas de a pie desean o esperan, las restricciones impuestas por los poderes fácticos, las que conlleva un sistema democrático y republicano y las que conlleva pertenecer a un mundo donde existen otros países además del nuestro.

3) En función de lo anterior, Néstor y Cristina han caminado durante diez años en el borde de una cuchilla extremadamente delgada. Un avance significativo o extemporáneo contra los poderes fácticos los desequilibraría (125, por ejemplo); un "aplastamiento" significativo los dejaría por fuera de ser la izquierda posible y querible. En ese fillo del cuchillo Néstor decide, por ejemplo pagar la deuda reestructurándola: ni el no pago de la izquierda ni el pago con endeundamiento de la derecha. Si fuera el no pago, los poderes fácticos lo sacan del poder en dos días; si fuera el pago total con endeundamiento dejaría de ser un proyecto "nacional y popular".

3) Me pregunto: ¿los poderes fácticos están dispuestos a seguir cediendo un poquito de su terreno? Respuesta: no lo sé.

4)Me pregunto: ¿y la gente de a pie, común y corriente? ¿Piensa de la misma forma que hace diez años, se puso más a la izquierda, se puso más a la derecha?

La hipótesis de partida que uso es que la sociedad se derechizó. Porque hoy está mejor que hace diez años y naturalizó ese estado y quiere más. Pero quiere más en el mundo que estamos, y en el mundo que estamos "querer más" es querer más cosas que comprar con dinero. No se nos ocurre querer más en, por ejemplo, el ámbito espiritual, ético, intelectual u otros, sino más cosas que se pagan con dinero.

En función de lo anterior, la derechización del kirchnerismo no es un post-kirchnerismo: es seguir siendo kirchnerismo, ya que si la sociedad se corre hacia la derecha, tendrá que ser lo más a la izquierda que esa sociedad acepta. En otras palabras: la identidad del movimiento permanece, lo que cambia es la sociedad en la que está.

5)Si esto fuera así (ojo, son sólo hipótesis de alguien con escasa cultura política), entonces estamos ante una situación inédita en nuestro país: nunca antes un gobierno o movimiento progresista tuvo la oportunidad de correrse hacia la derecha en una forma controlada por sí mismo, acotada, minimizada. Siempre fue destrozado por golpes militares o bien por violentos giros hacia la derecha civiles (menemismo, por ejemplo).

6) Pero, para que este corrimiento a la derecha sea acotado, mínimo, y, añado, circunscripto en el tiempo, se requiere de un movimiento que sea capaz de retener el poder y al mismo tiempo mantener una ideología nacional y popular y un trabajo fuerte al respecto.

7) Llegado a este punto de mi ¿razonamiento? (me da un cierto pudor suponerlo así) pienso en: «A falta de batalla cultural, la blogosfera se recicla como fabricante de etiquetas» (Oscar Cuervo, blog de Abel).

«Respecto a lo que dice Oscar Cuervo, tengo la impresión de que existe cierta nostalgia -no sólo por lo que dice mas arriba, sino que lo percibo en otros blogueros, comentaristas y lectores que me lo plantean fuera de la web-, cierta nostalgia, decía, por la época de la resistencia bloguera. Más que por la lectura de los blogs, por el clima de época y su significación, creo» (Abel, en los mismos comentarios).

«Finalmente, el tiempo demostró que los blogs son espacios individuales, aunque se identifiquen con un espacio mayor, colectivo, y tengan entre sus objetivos –como en cualquier debate político– pensar a la sociedad, sus posibilidades, sus determinantes, condicionantes» (Ricardo, este artículo).

La batalla cultural no sólo no terminó: está en pañales todavía. La batalla cultural más importante no es contra los medios de comunicación hegemónicos (aunque esta es imprescindible) sino dentro de la sociedad. Si la sociedad se derechiza entonces implica que hay que pelear dentro de la sociedad un cambio cultural. Si ese cambio cultural no se da entonces quedará un único camino: una continua y progresiva derechización de los gobiernos hasta que provoquen otro 2001-2002 y regresemos al inicio.

A mi modo de ver, es aquí donde está el gran desafío y donde está la épica más importante. Se requiere pensar a la sociedad y también actuar en ella. Es un desafío donde la blogosfera tiene mucho para hacer. Incluso la blogsofera está, necesariamente, preparada para encarar uno de los problemas a tener en cuenta en una épica de esta naturaleza, y que aparece dicho por Ricardo: "Finalmente, el tiempo demostró que los blogs son espacios individuales, aunque se identifiquen con un espacio mayor". Me refiero a que en esta nueva sociedad en la que vivimos, signada por la "vida virtual", existe un componente de individualismo muy fuerte, justamenta porque es virtual, es abstracta, es instantánea, deleteable, en fin, posmoderna. Como eso no tiene vuelta atrás, es importante pensar en función de la amplia experiencia blogera que ustedes tienen de qué forma se puede instalar comportamientos menos individualistas en una sociedad que tiende a la bruma virtual, al estado gaseoso.

También creo que la experiencia setentista es fundamental en estas instancias. Es una experiencia valiosísima, a mi modo de ver, porque abarca desde la crisis entre la juventud con el líder hasta los riesgos de pretender ir más a la izquierda de lo que la sociedad permite (pongo solo dos ejemplos, enumerarlos a todos sería larguísimo). Y es una experiencia que ha demostrado ser la más importante en el tiempo: hoy, décadas después, continúa marcando caminos y trasvasándose a sí misma a las nuevas generaciones.

Con respecto a esto último, los más jóvenes son demasiado importantes como para desprotegerlos. En los setenta se asesinó a una generación. En los ochenta, se destruyó, por otros mecanismos, a otra (la juventud alfonsinista, que era numerosísima); en los noventa, a otra (gracias al menemismo).

En síntesis, y disculpándome por lo extenso del comentario, me parece que no hay post-kirchnerismo sino kirchnerismo que evoluciona, que, como se ha dicho en estos blogs, es tiempo de pensar con calma y sin pegarse la cabeza contra las paredes, que una derechización es posible de darse pero que, más que salir huyendo, eso requiere pensar en estrategias para movilizar culturalmente a la sociedad para "tironear" otra vez más a la izquierda.
Creo que si no hay futuro con el kirchnerismo no tenemos futuro alguno. Salvo una revolución, y eso no lo considero ni posible ni probable…”
.

Les advertí que era extenso pero jugoso. Un par de consideraciones (cortitas, aunque si llegaste hasta acá seguro podés escuchar El Salmón de Calamaro de principio a fin; una experiencia, debo reconocer, que nunca me preocupé por adquirir): el primer punto 3 me parece una condensación magnífica. En respuesta al segundo punto 3, creo que es cierto lo que algunos marcan como situación de empate entre el oficialismo y el establishment (éste último le perdió el miedo, sabe que lo necesita en el actual contexto más que antaño; y actúa en consecuencia). El punto 5 es un –vg– punto de vista muy interesante: “…nunca antes un gobierno o movimiento progresista tuvo la oportunidad de correrse hacia la derecha en una forma controlada por sí mismo…”. Discrepo, de todos modos, porque controlar las variables de cambio no implica controlar los factores que obligan a ese cambio. Pero es válido lo que señala. Respecto al punto 6, no puedo estar más de acuerdo. Finalmente, Esther (y muchas gracias por tomarte el tiempo y trabajo de elaborar un comentario así; merecía ser posteo, espero te parezca bien), creo, respecto a la batalla cultural, algo que sostengo desde hace tiempo (y con lo que aburro a mis amigos/lectores/comentaristas): es la economía, son los resultados de la gestión, los que permiten, secundariamente, desplegar batallas culturales. Lo contrario es predicar en el desierto o sólo para los convencidos (algo que el kirchnerismo, lamentablemente, practicó luego del triunfo de 2011).

Ahora sí, como suele decir una filósofa balconera que se separó de uno que le dio ficción a Lanata: lo dejo a sus criterios.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Siria: algunas hipótesis

La inminencia de un ataque norteamericano (que se encuentra cada vez más sólo en sus intenciones: Rusia quedó parada del otro lado y el parlamento británico votó en contra de participar, China aboga por una resolución política y sólo Francia apoya un ataque) dispara la pregunta inmediata del por qué. Petroleo, dirán inmediatamente casi todos, y tendrán razón, pero siempre existen razones geopolíticas y comerciales si de los yanquis go home se trata. Lamentablemente, estas situaciones habilitan también las consabidas lecturas conspiranoicas que terminan, de algún modo, justificando a los EE.UU. al invalidar las críticas razonables por englobarlas dentro de las alocadas teorías conspiracionistas. Mi propia teoría conspiranoica es que éstas, las estupideces conspiranoicas que algunos portales web aman difundir, constituyen un trabajo de contrainteligencia.

Ahora me saco el gorrito de papel metalizado, porque no me importa si los Aliens escuchan o no; ¡que escuchen y vengan a darnos una mano y, de paso, instauran el socialismo intergaláctico y hacen felices a los posadistas!

Ejemplo de conspiranoiquismo: "Los bancos centrales y los organismos financieros internacionales que causaron nuestro colapso actual, que sigue evolucionando, no permitirán que la destrucción de la economía de EE.UU., o del dólar, o de los mercados mundiales, no sea cubierta por un acontecimiento que oculte su culpabilidad". Y: "Al examinar brevemente a la insurgencia siria, veremos que se trata de una organización de monstruos. Amorales vampiros y desdichadosasesinos cuyos crímenes han sido ampliamente documentados, incluyendo las ejecuciones en masa de soldados prisioneros, torturas y decapitaciones de inocentes civiles, mutilación y canibalismo". Canibalismo. ¿No te dan ganas de que los yanquis bombardeen y se acabe el festín caníbal que seguramente se hacen con los bebés de los enemigos? Estos escritos siempre se acompañan de algunos datos plausibles, para otorgarles algún marco de seriedad: "El pacto dedefensa mutua entre Siria e Irán, sus fuertes vínculos con Rusia, la base naval rusa en sus costas, el avanzado armamento ruso en su arsenal, su proximidad a vulnerables rutas marítimas de petróleo, hacen de esta nación un catalizador perfecto para una catástrofe global".

Pero retomemos la seriedad que caracteriza a este blog y veamos algunas hipótesis razonables para explicar la intención norteamericana de bombardear Siria:

1. Los sauditas (dominados por la comunidad Wahabi) quieren terminar con el régimen sirio alawita como parte de la búsqueda de un nuevo balance de influencia en la región.

2. Israel y EE.UU. quieren destruir los nexos del eje Siria-Irán y Hezbollah.

3. El complejo militar-industrial estadounidense quiere expulsar a su competidor, Rusia, del mercado de Medio Oriente.

Los detalles, en el link (está en inglés).

Respecto a los intereses geopolíticos norteamericanos, una lectura posible es que una intervención en Siria, exitosa, supondría una pérdida de influencia de Rusia en la región. Eso desestabilizaría a Irán, por la que podrían ir luego (un viejo objetivo de los EE.UU. No estuvo lejos de una intervención militar no hace mucho) y así, intervendrían la ecuación energética china, con consecuencias previsibles sobre su crecimiento económico y su creciente influencia.

Son muchos supuestos, pero si algo nos demostró EE.UU. en las últimas décadas es que no teme intervenir por sus objetivos imperiales aunque las consecuencias de sus actos tengan un final más que incierto.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El bombardeo a Siria en la opinión pública norteamericana

¿Qué espera EE.UU. para bombardear Siria por causas humanitarias? ¿Que rebalse Guantánamo? ¿Que sigan muriendo norteamericanos a causa de un sistema de salud privado? Si hay algo que no puede discutirse de EE.UU. es su profunda preocupación por lo humano, como cuando Bush acudió presto a socorrer a las víctimas del Katrina en New Orleans o los bombardeos humanitarios en Irak que tenían el sólo propósito de evitar que Hussein utilizara sus weapons of mass destruction. Campiones (sic) de la libertad, supieron siempre respetar los resultados de las urnas sin alterar jamás una elección nacional en Florida. ¿Qué espera entonces Obama para armar algún escándalo sexual, un trío con Michelle y algún líder sirio, y encontrar la excusa perfecta en un bombardeo para taparlo? Lástima que se desembarazó de Hillary Clinton, que podría haberlo asesorado recordando el bombardeo de Bill a Sudán. Menos mal, entonces, que nombró a Kerry, que recientemente comparó a Assad con Hitler y Saddam. Supongo que se habrá dado cuenta de ello cuando cenaba con Basher Al-Assad en 2009. Tiene un poco de lag cerebral, por eso recién lo recordó ahora.

Terminemos con la ironía y vamos a los datos:

1. EE.UU. siempre justificó sus intervenciones imperiales (sus guerras, bah) apelando primero a una manipulación de la opinión pública. El efecto CNN, lo llaman.

2. Lamentablemente, respecto a Siria la opinión pública en el gran país del norte les da la espalda: el 59% se opone a un bombardeo directo mientras un 36% lo apoya. Un 51% se opone a que sean los aliados los que bombardeen (aunque el parlamento británico votó en contra de una intervención militar) y un 46%, en ese caso, lo apoya (picarones, que la sangre siria manche las manos de otros). Un 70% se opone a armar a los rebeldes sirios y un 27% se muestra a favor de esa iniciativa. Aquí el paper de la encuesta.

3. ¿Casualmente? en diciembre de 2012 un 63% de los norteamericanos se mostraba a favor de una intervención... siempre y cuando el gobierno sirio utilizara armas químicas contra su propia población. Les recuerdo: los norteamericanos festejan Halloween y creen en las brujas...

4. Acá otra encuesta que muestra la oposición del público norteamericano a una intervención militar sobre Siria.

La tiene más complicada Obama que sus predecesores. Son los riesgos de estar siempre apelando al Lobo, como el Pastorcito Mentiroso.

martes, 27 de agosto de 2013

Buitres, deuda y política (internacional y doméstica)

Nuevamente encabezamos un post con una reflexión del Capitán Medibacha. La dejó como comentario en el posteo anterior y creo que por su densidad política -y por ser muy completa-, merece no perderse en el mar de comentarios blogueros. Dijo:

«...1.- No me extrañaría demasiado que la Corte Suprema de los EEUU demore su decisión en contra de la Argentina hasta cerca del final del Gobierno de Cristina.-
2.- Allí estará esperando Massa, el candidato de la "embajada",para -si gana- hacer un giro de 180°, pagarles a los buitres y reubicar a la Argentina entre los obedientes al establishment financiero global.- Lluvia de dólares por unos años a costa de volver a quedar arruinados con la deuda.- De nuevo sopa.-
3.- Es obvio que frente a este panorama ningún "buitre" con dos dedos de frente entraría en el 3° Canje, ni en el 4°, ni en el 5°.- Les bastará esperar unos años con la esperanza de que llegue al Gobierno el Capriles argentino y les pague el 100% de los papeles que adquirieron por centavos.- Obviamente, más los intereses devengados y las costas del juicio.-
4.- En cuanto a que el resto de los acreedores que aceptaron la reestructuración de la deuda (93%) canjeen sus títulos por otros a cobrarse en nuestro país, lo veo difícil.- Solamente los bonos en manos del Estado o de entes oficiales (ANSES) aceptarían sin discutir el cambio del mecanismo de pago, admitiendo cobrar en Bs.As. en lugar de Nueva York.- En cuanto al resto ¿Si uno tuviera bonos de deuda argentinos que vencen en el 2035, sujetos a las leyes de Nueva York y pagaderos allí, los canjearía por otros bonos sometidos a los Jueces argentinos y pagaderos aquí? Hummm..
5.- En definitiva, me parece que la Argentina debería también analizar la viabilidad de una respuesta drástica: "Hemos hecho todos los esfuerzos, tenemos la plata y estamos dispuestos a pagar puntual y religiosamente a todos los acreedores que entraron en la reestructuración; ahora bien, tengan cuidado de no mandarnos igual al default por no pagarles a unos sinvergüenzas que pretenden ganancias usurarias a costa de nuestro pueblo; si pagando religiosamente nos mandan igual al default, bueno no le pagamos un mango más a nadie y se acabó".-
6.- Los argentinos deberemos mirar detenidamente la posición que asuma cada uno de los candidatos y partidos políticos en esta gravísima cuestión y votar en consecuencia.- Hay que señalar a los que juegan para el enemigo.-».

Coincido punto por punto, claro. Para agregar, estoy convencido de que la respuesta argentina, hasta ahora, fue siempre la del punto 5. Lógica, además: si uno reestructuró una deuda y obtuvo una grandísima aceptación, no puede privilegiar a quienes no se acogieron al mecanismo. Todo esfuerzo hubiera sido inútil y, además, pagar religiosamente a quienes aceptaron el canje también lo hubiera sido.

Retrocediendo a los puntos 1, 2 y 3, es claro que la cuestión, lo dinerario, pretende ser solucionado políticamente. Tanto por los buitres, que esperan un cambio político -idealmente para ellos de este gobierno, pero con paciencia pueden esperar hasta 2015 por un cambio de signo político (aún cuando sea bajo las siglas del PJ)-, como el Gobierno argentino, que pretende prime la racionalidad y no se ponga en jaque el sistema financiero todo al imposibilitar cualquier reestructuración (que no sea en los términos del deudor, aclaremos). No hay otro modo que el político, insistimos.

Yendo a la política doméstica, si bien la resolución del tribunal neoyorkino pone nuevamente la cuestión deuda sobre nuestras cabezas, el oficialismo puede hacer usufructo de su histórica posición sensata y en defensa de los intereses nacionales, colocándolo nuevamente en el centro de la escena. Hacia 2015 no será éste, el de la deuda, un tema menor.

miércoles, 24 de julio de 2013

Detroit, Argentina y el municipalismo del fin de ciclo neoliberal

Miguel Brindisi -ex jugador estrella y actual DT de Independiente- apoya su mano derecha en el hombro izquierdo de Dave Bing -ex jugador estrella de básquet y alcalde de Detroit- y le dedica un lacónico I know, brother... Matías Almeyda, atrás, asiente con un ligero movimiento de cabeza mientras observa, compungido, la triste y conmovedora escena: la ciudad de Detroit, otrora cuarta ciudad de los EE.UU. y su centro fabril automotor, ha quebrado. Los motivos no pueden ser encontrados en un par de administraciones locales (aunque un ex alcalde, Kilpatrick, haya sido condenado recientemente por corrupción): han sido distintas políticas federales a lo largo de muchos años las que contribuyeron paultinamente al traslado de industrias fuera de Detroit y EE.UU. con la consecuente pérdida de empleos. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) sobre todo.

En Argentina, mientras tanto, Martín Insaurralde y Sergio Massa disputan una diputación en el distrito madre de todas las batallas peronistas. Ambos arribaron al escenario iluminados por los reflectores de una administración nacional que generó las condiciones para que se potenciaran, política y electoralmente, los encargados del primer escritorio del Estado al que los ciudadanos acuden en busca de respuestas a nuevas demandas: «...los jefes municipales son buscados por los líderes nacionales y provinciales de todo el país para dar relieve y poder territorial a la oferta política. La administración local alcanza así resonancia más allá de su frontera, constituyéndose en un resorte crucial del éxito político...», dice Eduardo Fidanza en Las demandas sociales, de Laclau a Massa e Insaurralde., un artículo que no consigna que desde que la renovación cafierista jubilara al ala sindical del manejo partidario, desde que los barones del Conurbano bonaerense se vieran obligados a contener en sus respectivos territorios los efectos devastadores del neoliberalismo noventista y desde que el kirchnerismo privilegiara la municipalización en el envío de fondos y obras, las intendencias fueron paulatinamente ganando peso específico y abandonando su rol de reparto para convertirse en protagonistas del escenario político. Que lo certifique sino el Moyano modelo 2010, a cargo del PJ-PBA pero sin poder alguno por carecer del apoyo de los territoriales. Que lo certifique también el municipalismo modelo 2001, inserto en el país del fin de ciclo neoliberal. Lo describió como nadie La Mississipi Blues Band:

El municipal (Bit Hippie, 2001)

La reputa madre que lo reparió,
toda la paciencia se me terminó, allá voy,
voy a salir en las noticias de hoy.
En el ministerio me voy a encadenar,
cuando vengan las cámaras yo voy a contar mi dolor,
y si me pasan en directo mejor.
Yo soy de tierra adentro,
me tuve que venir a la ciudad,
ya me cansé de cuentos,
ahora van a ver lo que es un municipal.
Van a tener que escucharme,
todo lo que yo voy a decirlo al juez de la Nación.
Estoy cansado de esta humillación.
En el ministerio me voy a encadenar,
y al que no le guste que se vaya a cagar.
Así soy. Voy a salir en las noticias de hoy.
Trabajo a reglamento,
y vivo francamente mal.
Me deben cinco sueldos,
ahora van a ver lo que es un municipal.
Ya nada puede asustarme,
si me toca bailar con la más fea que sea rocanrol.
No tengo nada sólo tengo mi honor.
En el ministerio me voy a encadenar,
vine desde lejos sin apoyo gremial
y acá estoy, voy a salir en las noticias de hoy.
Hay tantas irregularidades...
hay tantos paraísos fiscales...
¿A quién le va a importar? Todos cambian de canal...
Sólo soy un municipal en las noticias de hoy.

miércoles, 6 de marzo de 2013

El demonio y el diablo

Chávez y Bush; siempre de acuerdo, Diego, al cristal con el que se mire. Pero nunca la elección de los términos es inocente, aunque uno crea que sí. Estamos atravesados por el lenguaje, dicen los psicólogos que saben (pero los bitles saben más). Es así que los distintos cristales encuentran su razón en nuestras distintas historias, sensibilidades, lecturas, en suma, en eso que denominamos cosmovisión.

Chávez es el Demonio porque este suele ser el término con el que nombran al Malo las clases ilustradas. Y las clases ilustradas suelen ser, por lo general, las que monopolizan los recursos. Las clases populares, predispuestas, también por lo general, a una menor intermediación, suelen referirse a ese, el Malo, como Diablo. El Diablo. Quizás porque Demonio remite a algo más abarcativo: demonios hay muchos, y por eso “demonio" es un significante vacío (ah, cómo pelamo' lectura', vieja) y Diablo no (o no tanto), el Diablo es un personaje con cuernos, cola, tridente y coloráu como verija con picazón. El Diablo es Bush.

Quizás estas referencias merezcan ser contextualizadas porque no todos ven 678, y quienes piensan que se informan a través de TN quizás tampoco capten de buenas a primeras que eso que se presenta como información aséptica es, en primera instancia, la demonización de una figura. Chávez fue permanentemente demonizado (Stalin, Hitler y el nene de La Profecía eran más buenos) y Chávez, en Naciones Unidas, se refirió a Bush como el Diablo.

Bush representó, en el relato chavista, la causa y suma de todos los males que habían aquejado a Venezuela en el pasado. Fue Braden. Bush o Chávez. Chávez en cambio fue, como bien describe Fabbro en P/12 [1]: «el espejo invertido con el cual las almas bien pensantes de Occidente armaban su propia imagen de demócratas honestos».

Imagen, porque de eso se trata. El personaje público es una imagen de uno mismo proyectada. Proyectada por uno, por otros, amigos y enemigos, por los medios de comunicación. Y Chávez fue una medida de lo Malo en toda América, tal su estatura continental. Es más fácil, claro, cuando uno está sentado sobre la tercera reserva mundial de petróleo, un recurso estratégico que las elites venezolanas pre chavistas manejaban únicamente con mentalidad rentista. Chávez fue lo Otro, que siempre siempre es algo malo (estamos programados así, doña, qué va'cé...) porque quienes se miraban en oposición al Chávez/Demonio podían luego venderse a sí mismos como demócratas atenienses, de honestidad impoluta y compromiso cívico despojado de cualquier baja pasión humana.

Con lo hermoso que es ser humano. Si tuviera un Humanómetro me atrevería a decir que Chávez y el resto de los líderes sudamericanos populistas fueron y son más humanos que much... Eh, perdón... Sí... Ah, muchas gracias. Listo: me llegó el Humanómetro que había encargado. Ahora sí: Chávez y el resto de los líderes populistas sudamericanos fueron y son más humanos que muchos de los que calzan traje de señores estadistas y señores ejemplos a seguir.

[1] http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-215202-2013-03-06.html

jueves, 14 de febrero de 2013

Paradigmas viejos y nuevos

Los siglos 19 y 20 significaron saltos cualitativos en lo que respecta a desarrollo productivo pero, aún así, fueron, especialmente el siglo pasado, de los más sangrientos en nuestra historia, algo en apariencia contradictorio, pero no tanto si pensamos que fueron las guerras, mundiales y fría, las que determinaron, en buena medida, los adelantos tecnológicos y, luego, con los resultados de los enfrentamientos bélicos puestos, los paradigmas que regirían en adelante el mundo y sus alrededores. En 1989, con la caída del Muro de Berlín, convencieron a la gran mayoría de que el fin de la Historia significaba haber alcanzado el punto cúlmine en el desarrollo humano y, era entonces obvio, y lógico, el paradigma triunfante reinaría por los siglos de los siglos, amén. Así el Mercado y todos sus instrumentos eran quienes podían asegurar la paz y la prosperidad. Y entonces, por supuesto, la felicidad. ¿Qué sabían Los Beatles? El amor. Ja. El liberalismo daba paso al neoliberalismo (o éste se abrió paso a las patadas), y más importante que todo, ahora era el comercio globalizado el paradigma último y triunfante. Y maximizaría sus ganancias a como diera lugar porque, bueno, eso era lo virtuoso, lo bueno. El egoísmo como pistón y cemento social. Capos.

Hasta el siglo 19 Europa regía el mundo. Luego de la I Guerra Mundial ya no fue así, y entonces nació la Unión Europea, como una comunidad económica antes que política, buscando conservar un espacio de poder. La unificación comercial vendría a resolver, pensaban, los problemas que habían llevado históricamente a los países europeos a luchar. Por espacio vital o por recursos. La actual crisis de los países periféricos europeos pone de manifiesto que esta presunción se trató de un terrible error. Esto es, pensar que el librecomercio podía resolver todo como si, efectivamente, fuera Dios en la Tierra con las tablas de Moisés bajo el brazo. O no se trató de un error, ya que la Historia no es otra cosa que la historia de opresores y oprimidos que luchan por ya no serlo.

Recientemente David Cameron, como primer ministro de la nación europea líder en euroescepticismo, dijo que el objetivo de la UE no debería ser “conseguir la paz, sino asegurar la prosperidad” y, por ello, amenaza con un referendum sobre la pertenencia de Gran Bretaña a la UE para negociar con Bruselas la recuperación de márgenes de autonomía británicos [1]. Es decir, cambiar la tendencia en cuanto al direccionamiento actual del poder: más para los Estados. Kirchnerista, tsk, tsk.

El triunfo de Hollande sobre Sarkozy, el triunfo de las oposiciones en las diversas elecciones y el crecimiento de la Derecha xenofoba en Europa son síntomas de que el intento de crear una identidad europea, por sobre las nacionales e históricas (uno de los objetivos de la UE), ha fracasado. Por el lado de este paradigma resta saber si podrán sostener el Euro, objetivo último.

China representa un nuevo paradigma: capitalismo de Estado o marxismo de Mercado, je. Debe todavía desarrollarse, pues los trabajadores, la creciente clase media, los nuevos actores sociales, no podrán ser controlados por siempre por el Partido Comunista Chino (menos en un mundo en el que la batalla cultural, ay, la lidera Hollywood). No son pocos quienes desde los medios presionan por reformas (ah, los Melconians del mundo [2]). El progresivo aumento de la conflictividad social, con manifestaciones catalogadas como masivas por el propio PCCH, constituyen muestra de que China deberá, forzosamente en el futuro, encarar políticas imperiales y no sólo comerciales. Entonces, para el capitalismo globalizado, habrá llegado el tiempo de "modernizar" África. Ya es territorio de disputa entre EE.UU. y la emergente potencia asiática.

Pensemos en Latinoamérica. Recientemente el brasileño Marco Aurelio García decía: “Los éxitos de las experiencias de gobierno de izquierda y de centroizquierda en América del Sur no pueden ocultar, sin embargo, sus límites cuyo examen crítico es fundamental para la continuidad de esas experiencias y, sobre todo, para su profundización" [3].

Vivimos todavía la década posneoliberal, un modelo distinto al de cualquier otra parte del mundo. Modelo en el que el Estado recupera márgenes que antes había resignado al Mercado, pero bajo la premisa de que una mayor igualdad social permite un desarrollo más armónico y hace a los países más sustentables. No es poco, para una región que periódicamente se vio sacudida por crisis económicas, sociales y fue históricamente coto de caza de los distintos imperios de nuestra Historia. Pero este paradigma no puede ser eterno, Diana Conti: más temprano que tarde se verá confrontado por los límites de las economías de mercado y por nuevos desafíos: el ambientalista será uno importante, colocando en veredas distintas al fundamental desarrollo con el necesario cuidado del ambiente/comunidades originarias. Ya se observa esta dicotomía en Brasil, Perú, Chile, Bolivia y, en menor medida todavía, en nuestro país. Tampoco es posible pensar que Estado y Mercado arriben a alguna clase de equilibrio, por eso la tensión y los tironeos son y serán moneda corriente si pretendemos algo parecido a un capitalismo más humano y menos financiero.

[1] http://internacional.elpais.com/internacional/2013/01/23/actualidad/1358924833_389106.html

[2] http://victimofred.wordpress.com/2013/01/08/solzhenitsyn-quote-adds-to-reform-clamour/ (nota del Financial Times).

[3] http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-213749-2013-02-13.html