En estas últimas semanas se instauró con fuerza de moda ser alguien más, Charlie Hebdo, Nisman, o identificarse desde la negación a la caracterización de esos personajes. Habíamos advertido aquí que no coincidimos con que deba ser el eje de ningún debate, porque —al fin y al cabo— se trata de una disputa semiótica donde cada bando intenta dotar de un significado distinto al disparador del parteaguas y no tiende ningún principio de resolución. Así, Charlie Hebdo sería la corporización de la libertad de expresión occidental frente al ataque fundamentalista musulmán y Nisman, el fallecido fiscal de la causa AMIA, un corajudo héroe, reconvertido por la muerte en mártir, que luchó por la Justicia, se enfrentó a la tiranía del kirchnerismo y, a causa de ello, apareció muerto en su departamento.
No vamos a transcribir aquí los detalles de cada caso. El que haya arribado a este texto los conoce o debe volver inmediatamente a postear estados bajo emoción violenta en Facebook. En definitiva, la visión que ahora tengamos de Nisman o Charlie Hebdo, de sus orígenes y derivaciones, termina por ser una cuestión de Fe. Cuando las circunstancias y contextos son desconocidas o decidimos, directamente, descartar algunos datos y tomar sólo aquellos que verifiquen nuestros prejuicios o intereses estamos frente a una conducta perfectamente humana... que debe necesariamente ser superada por el juicio que las instituciones que a tal fin hemos creado puedan desarrollar.
Qué difícil la mesura cuando nuestro sistema límbico toma por asalto al neocórtex y lo somete como rehén. Una abogada amiga sostuvo que para ella sería muy difícil trabajar como fiscal en una causa como la de Nisman, soportando presiones o amenazas, imposible si uno tiene hijos... para inmediatamente sostener que le volaría la tapa de los sesos a Cristina aunque eso destruyera a su familia. De allí los TT mundiales #CFKasesina o #TodosSomosNisman. ¿Usted quiere ser el Nisman que describen Santiago O'Donnell y los cables de la Embajada norteamericana o prefiere ser el que imagina suicidado por alguna oscura maniobra del poder político? ¿No quiere ser Charlie Hebdo o prefiere evitar pensar en el colonialismo occidental que comercia sangre por petroleo y lleva en cambio la libertad cargada en la punta del fusil? Tiempos extraños, difíciles y fascinantes nos han tocado. El mundo ya no es tan simple como antaño, cuando contamos cada vez con más información a nuestra disposición.
¿Qué podemos esperar del caso Nisman? Lo que ya desde ayer temprano pudimos observar: el intento por convertir la cuestión en el clivaje que determine el resultado electoral de este año. En Facebook dicen que estás con los asesinos o con los que quieren que se enjuicie a Cristina. En Twitter dicen que el kirchnerismo comenzó negando la inflación y termina negando un asesinato o, la contraparte, que a Nisman lo mandó a suicidar Magnetto para voltear a CFK. En los medios masivos, aquellos enrolados en la oposición (TN, radio Mitre) no dicen —pero dan a entender— que fue Cristina quien apretó el gatillo. Los medios oficialistas, por su parte, destacan datos duros (la no intervención de terceros en la escena, que determina con mayor probabilidad que se tratara de un suicidio) y leen la operación que el fiscal intentaba liderar contra el gobierno. Hay que decirlo, también: la acusación de Nisman no parecía sostenerse y la reacción del oficialismo parecía la adecuada para dar por tierra con ella. Pero más allá de toda esta batalla por el significado, las implicancias de la muerte de Nisman son graves. Jorge Asís tuiteaba que el gobierno debió cuidar al fiscal como si de cristal se tratara. Qué difícil. Sí podemos extraer un par de conclusiones: la primera es que aquellas corrientes que animaron los cacerolazos continúan allí, aunque se mantuvieran larvadas, subterráneas. Sin la fuerza de cuando el cepo al dólar, tristemente o no tanto. Demanda ahora, nebulosamentr, Justicia. Una demanda clasista, claro, porque luchar por una Justicia mejor sólo sería posible si hiciéramos de ésta algo distinto que el arma que sostiene en término último el status quo, encarcelando al pobre y palmeando en la espalda al que cuenta con colchón financiero. No, se trata de manifestarse en contra de este gobierno y poco más. La segunda es que el hecho da inicio, temprano, en enero ya, a un año electoral que será muy caliente. No sólo se pone en juego la Caja del Estado, sino que es el Poder mismo el que flota en el aire, y aquellos postergados en el área decisoria durante estos años no van sino a pujar por el retorno de la democracia de la derrota. Como tercera conclusión, en relación al caso específico, algo que me enseñaron en semiología: si escuchamos ruidos de cascos galopando, debemos pensar antes en caballos que en cebras. Pero casi todos parecen estar pensando en unicornios.




