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domingo, 29 de noviembre de 2015

Breve recorrido por los hitos electorales del periodo 2013-2015

Vaya una selección de fragmentos que sirven para releer lo que fue ocurriendo en los últimos años y, quizás, sirvan para tener una visión más global de lo que finalmente ocurrió en este año electoral. Extractos casi todos de las charlas que mantuvimos con la Agencia Paco Urondo:

Marzo/2014: “…creo que el lógico desgaste de tantos años de gestión kirchnerista, algunos errores forzados y de los otros, el escenario regional e internacional, más el desarrollo de las legislativas y los movimientos posteriores del FpV y FR permiten, ahora, una lectura distinta del fenómeno pos. Hace un tiempo la disyuntiva podría haber sido profundización kirchnerista vs. poskirchnerismo opositor. Hoy el escenario, creo, tiende a un enfrentamiento electoral entre una “alvearización” del kirchnerismo vs. un poskirchnerismo bastante menos kirchnerista que el año pasado…”.

Podemos decir ahora que, en la campaña, ese poskirchnerismo fue un poquito más kirchnerista de lo que suponíamos, pero tampoco al punto del continuidad con cambios de Massa en 2013 o Scioli en 2015. Macri jugó al cambio con algunas continuidades y, entre otras cuestiones, lo ayudó –o no evitó, como hubiera sido un relato de solo ruptura– a llegar.

Noviembre/2014: “…Es en la UCR donde se ha desencadenado una rebelión de los coroneles, y se comporta en los hechos como una federación de caudillos provinciales que privilegian lo local sobre lo nacional. De todos modos, contrario a la extendida reflexión de que el radicalismo se está suicidando, creo que aún sin un candidato medidor supo en este último tiempo proyectarse como una sombra sobre todo el arco opositor. Si podrán instrumentar de modo conveniente el tiempo que compraron pateando definiciones hacia adelante es una incógnita, pero al menos no se bajaron el precio enganchándose ahora mismo como furgón de cola del PRO o el FR…”.

Se engancharían recién en 2015, vía convención de Gualeguaychú, siguiendo la doctrina Sanz, que tuvo una visión más nacional y jugada que las conservadoras de Morales o Cano (más preocupados por sus destinos provinciales), la que triunfó. En el blog señalamos en abril de 2014 que el negocio para la UCR se llamaba Mauricio Macri: “…Para el radicalismo de la provincia de Buenos Aires, condenado a resistir con Stolbizer y el apellido Alfonsín en elecciones desde hace tiempo, el espanto se llama Sergio Massa y su Frente Renovador. ¿Por qué? Porque desde que abandonó el FpV, el ex intendente de Tigre hizo usufructo de su pertenencia peronista pero fue sobre los votos de la representación republicana, vaciando de significado la existencia del radicalismo como partido de oposición (…) La lógica entonces es de superviviencia pura. Si el peronismo pretende ocupar todo el campo, el republicanismo antikirchnerista se abroquela para intentar alambrar a sus dirigentes y electores. Los sistemas políticos tienden a la homeostasis pero primero a la conservación. Y para ello el radicalismo bonaerese y algunos de sus referentes provinciales necesitan de un paraguas nacional del que carecen y podría ser Mauricio Macri…”. Vale señalar que Julio Burdman lo vio primero, en septiembre de 2013: “El PRO debería abandonar su estrategia histórica de mirar al PJ y comenzar a mirar al panradicalismo”.

En Marzo/2015 apuntábamos una razón: “La UCR decidía en Gualeguaychú si se entregaba como partido a una facción opositora o si se fragmentaba para el rapiñaje por parte de Macri y Massa. Decidió por el primero y hay razones que avalan su decisión: encuestas, historia, electorado y oportunidad (…) decíamos que en la UCR se verificaba una rebelión de coroneles, los candidatos a gobernador con chances que privilegiaban sus necesidades distritales aún antes de que el Comité Nacional se expidiera. No fueron ellos los que decidieron el destino nacional de la UCR sino que, en la Convención, primaron en cambio los intereses del radicalismo de los grandes distritos: la CABA, la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, allí donde decíamos que iba Macri mientras Massa se dirigía al NOA. Los convencionales de la PBA desoyeron a quien debería ser su referente, Alfonsín, y siguieron a Sanz. Es lógico, de todos modos: los acuerdos distritales se mantendrán pero la UCR contará ahora con una candidatura traccionante y lugares en las listas (razones de supervivencia para la UCR-PBA) y quizás con algún que otro ministerio, de arribar Macri a la presidencia…”.

Sanz vio algo que los demás no: el voto radical ya se encontraba migrando hacia el opositor no peronista mejor posicionado. Pragmáticamente, la UCR siguió el camino de sus propios votos.

Luego, algo sobre la interna del FpV, en mayo de este año: “El horizonte de continuidad del kirchnerismo se encadenaba entre Néstor y Cristina, no había otro plan. Luego del fallecimiento de Kirchner y el 54%, el oficialismo consideró más importante evitar un síndrome de pato rengo que construir, si querés, una Dilma. Scioli es entonces tributario voluntario e involuntario de ese déficit de construcción de un candidato del riñón. Pero además, recurro nuevamente a la figura del alvearismo, tendencia que el propio kirchnerismo intentó practicar en 2012 (rápidamente abortada) y luego sí más decididamente a partir de la derrota legislativa en PBA en 2013. Me parece que el perfil de Scioli se relaciona con eso (…) no existe otro candidato dentro del FpV que tenga el nivel de conocimiento y esa intención de voto…”. Por entonces y antes de las PASO, quisieron operar un acuerdo Macri-Massa. Veían con acierto que en la PBA se jugaba buena parte del futuro de la elección nacional: “…No veo a Macri habilitando una gran PASO cuando Massa se desangra solo día a día. De no mediar las Primarias, que actuarán a modo de primera vuelta, ya estarían acordando. Pero Macri cuenta con sumar el voto útil opositor luego de agosto: es al FR al que corre más el reloj. El establishment, en cambio, es más pícaro y puede jugar en la mesa de arena sin ensuciarse. Sabe que un triunfo importante del PJ-FpV en la PBA aleja las chances de un ballotage para cualquiera oposición. Y en consecuencia presionan”.

Cómo los ayudamos en PBA.

Tucumán también fue muy importante para el triunfo final de Macri: permitió desplegar la Operación Fraude. Decíamos entonces: “Las denuncias de fraude fueron aventadas aun antes de los comicios. Inmediatamente luego de las PASO, cuando la disputa se circunscribió a lo provincial –y habiendo visto los números del FpV, que solo perdió frente a Cambiemos en Yerba Buena, nuestro San Isidro local–, Cano y el radicalismo todo, Macri cuando vino a apoyar la fórmula del Acuerdo por el Bicentenario, se dedicaron a preparar el terreno para desconocer y deslegitimar el resultado. Pero es, en parte, lo que viene ocurriendo desde siempre. En esta ocasión, la diferencia estuvo en que se utilizó a Tucumán como plataforma para introducir la figura del fraude a nivel nacional, pensando en octubre. Aunque funciona a varios niveles, siendo uno de ellos el circunscribir la disputa en términos peronismo/antiperonismo. Peronismo como sinónimo de todo lo malo, claro (…) La manifestación estuvo fogoneada, eso fue claro. No solo por la irresponsabilidad de políticos de la oposición, medios y periodistas, sino por el activismo digital también. Me tocó sufrir el accionar de los trolls en Twitter, me llegaron cadenas de whatsapp con mentiras, si entrabas a Facebook era el festival de las imágenes diseñadas. Ahora, todo eso necesariamente actúa sobre una base fértil que es el descontento que movilizó distintos cacerolazos desde el 2012, y por distintos motivos. Agregaría, además, que en San Miguel de Tucumán o Yerba Buena se replica ese espíritu porteño, que no comprende al interior. De la provincia de Tucumán, en este caso”.

Fue un gran golpe de Cambiemos: Cano se portó como un soldado y la oposición toda debió encolumnarse detrás del reclamo republicano que servía solo a Macri, el opositor que había quedado posicionado luego de las PASO. Funcionó como un sistema de engranajes:
1) le restó votos clasemediero y urbano al FpV (solo en Tucumán: 57% en las PASO; 51% en la elección provincial; 48% en octubre y recién en noviembre retornamos al número de las PASO, 58%);
2) habilitó la posibilidad de desconocer un posible triunfo de Scioli en primera vuelta y
3) mantuvo el antiperonismo en sangre del votante opositor a niveles casi tóxicos, en aras de mantener el voto bronca antikirchnerista que premió a Macri en octubre/noviembre.

Luego, con el triunfo de Macri puesto, charlamos con la APU acerca del futuro del peronismo, ahora en la oposición, y las posibilidades a las que se asoma el futuro gobierno de Mauricio Macri. La subiremos completa, solo para tenerla también aquí, en el próximo posteo.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Una mancha del centro a la periferia: 10 apuntes post ballotage

Intentemos, todavía en caliente, una disección del resultado. Existen razones para el triunfo de Macri y razones para la derrota de Scioli. No son necesariamente las mismas aunque expliquen, ambas, el resultado electoral. Empecemos por la derrota del FpV.

1. Se resolvió la incógnita post 25oct: el voto de UNA resultó más opositor que peronista. El 71% a 28% de Córdoba es un mazazo tremendo. De la Sota, Massa, ¿pueden intentar liderar al peronismo como boquean? Tu vieja puede votarlos algún día, este humilde bloguero no lo hará. ¿Qué ocurrió para que la docta tuviera, en espejo, resultados del interior tucumano o santiagueño? Podemos enumerar: quienes viven de o alrededor de la agroindustria recuerdan todavía 2008 y creyeron tanto las promesas de Scioli como de Macri; eran dos proyectos de país y votaron a favor del suyo. Córdoba tiene además una rica tradición radical, pero no pueden haber sido gratis la revuelta policial de 2013 –cuando dejamos a los cordobeses librados a su suerte– y el impacto de la caída de la demanda brasileña sobre la industria automotriz, que opera desde 2012 con un esquema de suspensiones laborales.

2. Si Brasil quedó partida en Norte/Sur luego del ballotage entre Dilma y Aécio Neves, Argentina quedó partida al medio luego de la segunda vuelta entre Scioli y Macri. Todo lo que quede afuera de las razones de este posteo, se explica en este mapa:

Una mancha que se extiende del centro a la periferia
3. PBA. Ya señalamos antes la subestimación del electorado y la sobrestimación de los fierros. En esta nota de El Estadista desarrollan muy bien los resultados de la primera vuelta, pero desagreguemos nuestra hipótesis: en PBA se hizo todo mal. Desde la gestión de Scioli –a la que siempre, propios y extraños, calificaron como deficitaria– hasta el camino desarrollado para arribar a la candidatura de Aníbal Fernández. Desde estas páginas señalamos temprano la inconveniencia de hacer de Scioli el enemigo, cuando casi todo indicaba que sería el candidato posible, pero se prefirió estirar la cuerda y hacer –por ejemplo– de los maestros, alumnos y padres, rehenes de una interna política. El kirchnerismo duro operaba entonces bajo la hipótesis de que afuera del peronismo no existía nada. Y con muy poquito nos ganaron. Luego, o mejor dicho antes, la PBA fue siempre el terreno de disputa del peronismo: un gobernador sin poder de fuego propio, los intendentes con poder de aparato pero con el presupuesto per cápita comiéndoles los talones, el kirchnerismo que quiso bajar las escaleras para hacerse de la escritura, siguiendo la tesis de la casa peronista de dos pisos de Eduardo Fidanza y, finalmente, el quiebre de Massa en 2013. Luego, el desfile de más de diez candidatos para intentar, sobre el final, una imposición de Randazzo que, valga decir, operaba como factor de unidad. Florencio prefirió jugar al peronista blanco –y algún día quizás lo vote tu vieja, pero este bloguero soberbio jamás– y arribamos a la peor interna: Domínguez, un candidato con altos niveles de desconocimiento, versus Aníbal, el candidato con mayores índices de rechazo pero, además, quien menos caminó la Provincia. Si Randazzo servía para buscar los votos de Massa, las apelaciones de Aníbal a la pureza K y su defensa de La Cámpora no podían sino continuar alienando a esa porción del electorado. Lluvias, operaciones de prensa, una candidata sin prontuario (ni siquiera político): todo jugó luego a favor de una renovación política que era demandada por los bonaerenses y preferimos no ver.

4. La derrota del FpV en Jujuy me duele más que la de PBA, pero un peronismo cerrado frente a la sociedad, que no pudo o quiso renovarse, y el cuco Milagro Sala, bien explotado por Morales y Massa, determinaron el resultado en la Tacita de Plata. Para ahondar en el factor Tupac, se hizo de la organización un canto a los sectores populares, cuando representan a una fracción de ellos (y los resultados de UNA en octubre y Cambiemos ayer lo certifican), pero no se advirtió que representaba también un abandono por parte del Estado de funciones de su competencia. Muchos peronistas o filoperonistas jujeños me habían adelantado su voto a Massa, y quizás luego a Macri, en base a su rechazo a la organización.

5. El FpV. Scioli no le agradeció en su discurso de aceptación a Cristina. No han sido pocos los compañeros, aquí en Tucumán y en las redes sociales, que sostienen que CFK le jugó en contra y que allí reside buena parte de la explicación. También, valga decir, se puede leer (porque es una opinión más bien porteña) que Scioli no aportó los votos que faltaban para llegar al 40 o 45% en primera vuelta y cualquier candidato del riñón hubiera realizado una elección similar. ¿Mi visión? Ni lo uno ni lo otro. La realidad del peronismo involucraba a Scioli, los gobernadores, Cristina, La Cámpora, el progresismo, etc., y la alquilimia electoral alcanzada era no solo la posible sino la que mejor contenía a todos: Scioli contra Cristina no hacía la elección que hizo y el kirchnerismo puro, sin Scioli, no hubiera realizado la elección de DOS. Así como es un delirio sostener que Randazzo hubiera sido un mejor candidato –hubiéramos peleado el tercer lugar con Massa–, también me parecía irreal pedirle a Cristin que no fuera Cristina. Los motivos, además, exceden a estos meses de campaña.

6. Vamos con motivos generales y que hacen al imaginario mucho más que un par de spots. Una campaña no dura un par de meses: en el cuarto oscuro sospesamos la totalidad del último periodo. En materia económica, estos cuatro años fueron de aguante y no de conquistas. En 2012 decidimos diferir el pago de costos políticos por la sintonía fina y terminamos pagándolos igual. En este blog sostuvimos que la conflictividad que promovía la batalla cultural era bien tolerada y hasta festejada cuando tenía soporte en crecimiento e inclusión, pero cuando esto último flaqueaba, el relato operaba en la fidelización del núcleo duro pero, a la vez, expulsaba a adherentes/simpatizantes/votantes por la más simple mecánica de la teoría de conjuntos. Si guglean “gestión batalla cultural secundariamente loshuevosylasideas” verán que desde 2011 es una preocupación por estos lares. Señalamos también entonces la necesidad de abrir la representación que el 54% significaba. Se decidió por la contraria y la estrella con la que brilló Massa en 2013 obedeció a esto: representó a los que el kirchnerismo había dejado ir. Inseguridad y narcotráfico fueron sus caballitos de batalla junto con la expectativa de un peronismo sin kirchnerismo. Terminó, como acá lo adelantábamos, operando como colectora del macrismo. Un Marco Enríquez-Ominami cualquiera. Señalamos también cómo la autorreferencialidad, el comisariato político y la disposición de capital político en batallas infructuosas irían en detrimento del propio kirchnerismo. Pero bueno, este es un humilde blog. Perdió Scioli, pero perdió el peronismo todo. Lo que es más triste: contribuimos a que perdieran los sectores populares que necesitan de una presencia estatal activa en la defensa de sus intereses. Eso y no otra cosa es lo terriblemente imperdonable.

¿Vamos con las razones del triunfo de Macri?

7. Alertamos durante estos años algunas cuestiones respecto al campo opositor. Por ejemplo estas dos: un quiebre de Massa supondría incrementar las chances del no-peronismo en 2015, y que el negocio para la UCR estaba con Macri y no con Massa. Tristemente, no nos equivocamos.

8. Leeremos en estos días, hasta hartarnos, artículos sobre lo que mencionamos en el punto 6: la renuncia a representar del kirchnerismo. Pero esa explicación no termina de cerrar si vemos las propuestas de Macri: no supusieron llenar ese vacío. Pero fue lo que entendió su electorado, así que no hizo falta. Macri creció desde su 24% en las PASO al 34% en octubre y este 51% en ballotage: fue finalmente depositario del voto útil opositor. Lo votaron antes por su condición de antikirchnerista genuino (Massa siempre pareció impostado) que por su macrismo en construcción. Lo emocional antes que lo racional. Por supuesto, deberemos rever esas tesis del #findelperiodismo y la capacidad de penetración de los aparatos mediáticos. En 2011 mismo lo sostuvimos para Clarín: “la derrota no es un estado permanente, sino que depende de factores temporales, coyunturales y estratégicos”.

9. La demanda de oxígeno. Como las clásicas limpiezas norteamericanas de primavera, luego de la temporada otoño/invierno, la sociedad demandaba nuevos aires, nueva dirigencia, nuevas caras. Macri, Scioli y Massa en pole position desde 2013 enunciaban el corrimiento de la sociedad a posiciones conservadoras y centristas, pero también una demanda por menos confrontación. Pero no la confrontación entendida en clave kirchnerista, contra grupos de poder, sino tan solo que sacaran la disputa de su campo de percepción. Una propuesta que Scioli y el peronismo no pudieron ni podían ofrecer y que Macri, implícitamente, con su pretendida revolución de la alegría, prometía. Quedó claro, con el correr de la campaña, que la kirchnerización de Scioli implicaba disputa: mantener el empleo, el salario, consumo, gradualismo en el combate a la inflación fueron promesas de confrontación. Macri, en cambio, dejó que su condición de nueva fuerza y su alianza con el Mercado y los grupos de medios hablaran por él. No significa esto que su gobierno no enfrentará peleas, pero estas bajarán de los medios a la calle. Serán efectivamente corridas del campo de percepción. Si el FpV enfrentó a la SRA, a la AEA, a Clarín, el gobierno de Cambiemos –si cumple sus escasas promesas–, enfrentará conflictividad social por parte de sindicatos, estatales, maestros y jubilados. Esas demandas podrán parecer ajenas a quienes no sean directamente afectados.

¿Qué le faltó al FpV? ¿Qué debe corregir el peronismo con miras a 2017? Enumeremos algunas cuestiones. Quizás las desarrollemos en un próximo posteo: a) Faltó escuchar abajo. Nos jugaron en contra la comunicación unidireccional y la falta de intermediación; b) Faltó segmentación en el discurso y en la campaña. La estrategia de redes sociales del macrismo será, con seguridad, objeto de estudio. No tuvimos más que algunos comunicadores, el macrismo tuvo a todos los demás y, c) Faltó diseñar una estrategia con tiempo. Para el 2017 queda un año y no dos si contamos la luna de miel de la que gozará Macri.

Falta el punto 10, ¿no es cierto? Ahí va:

10. El Tata Martino ha gozado durante demasiado tiempo de la protección mediática que le deparó esta campaña electoral. No tiene más tiempo. O juega con Pastore, Di María más abajo y el Pipa Higuaín arriba (o busca otro 9), o renuncia en 2016. Basta. Cambiemos.

martes, 17 de noviembre de 2015

Qué subyace en cada voto y las razones del mío

¿Qué subyace en cada voto? ¿Qué piensa un votante de Scioli y qué uno de Macri? Las razones pueden ser demasiadas pero intentemos resumirlas muy simplemente: el de Macri está cansado del kirchernismo, quiere que se vaya la señora y también cree que se necesita más liberalismo y menos intervención estatal: que la gente pueda disponer de su plata como quiera, digamos. En el votante de Scioli predominan la adscripción peronista, la defensa del modelo kirchnerista y una cierta sensibilidad que implica a la solidaridad como un valor (ojo, el votante macrista puede también tener dicha sensibilidad, solo que en modo Ayn Rand: el egoísmo entendido como solidaridad), la certeza emocional de que los humildes ocupan un espacio mayor en el plano de la conciencia de un gobernante surgido de las filas del PJ.

La subjetividad manda, y creo que ahí estuvo parte del mérito de la campaña de Macri, que hizo una de amor y esperanza; pero que se centra –fundamentalmente– en la esperanza de rajar al kirchnerismo por parte de quienes lo odian. Bueno, eso y un montón de cosas más hicieron de Macri el presidenciable que es hoy: desde el contexto económico que no será de crisis (que, en algún sentido, hubiera ayudado al peronismo disidente por aquello de la gobernabilidad: era la esperanza de Massa allá lejos en 2013) pero tampoco es de bonanza. Hace cuatro años que no se aplica de esas medidas típicamente kirchneristas de transferencia directa de guita al pobrerío. Estamos más bien en un limbo económico y mi impresión es que la colaboración de Cristina en estos cuatro años, para con la Historia, fue evitar caer en una de nuestras clásicas crisis (que fueron por lo general de deuda, pero nos encontramos ante restricción externa y cuellos de botellas en la industria por todas partes).

La campaña de Scioli estuvo bastante dirigida a ese votante, al que ve la situación económica estancada pero no en crisis. Si me preguntan a mí, un exceso de racionalidad; pero quizás era difícil hacer una campaña más emotiva si tenés la emocionalidad en parte alquilada por el macrismo y en parte depositada a plazo fijo por el kirchnerismo. Salió por ese lado prometiendo mantener lo bueno del estos años pero adelantando desarrollo, substitución de importaciones, competitividad vía logística, en algún momento habló de minería y de inversiones pero para infraestructura y no para amarrocar guita en el banco perdiendo con los intereses como hizo Macri en el gobierno de CABA.

Ahora, más allá de adscripciones políticas, de sensibilidad social (que creo tenerla y me parece fundamental que el tipo que no se encuentra favorecido en términos económicos y sociales no sea arrojado a pampa y la vía por la meritocracia de orden protestante republicana que representa el macrismo), más allá de quién sea Scioli o si gobernara bien o mal la provincia de Buenos Aires, mi voto se explica –también– en que creo que llegamos a un punto de inflexión. Ya fueran interrupciones del orden democrático por golpes cívico–militares o las propias crisis económicas que favorecían los volantazos, la pendularidad de nuestra política y econonomía (¿cuál viene primero? ¿Cuál es la razón de la otra?) explican en parte nuestras restricciones, nuestros cuellos de botellas industriales, la previsión de quienes tienen guita guardada en el colchón para invertirla acá adentro (y prefieren sacarla afuera o guardarla a la espera de sí, ay, una devaluación bruta y brusca que los haga ganar mágicamente un montonazo en contante y sonante, con lo cual salir a comprar inmuebles o activos a precio vil a causa de la crisis, etc.), el hecho de que inteligentemente la gente todavía desconfíe de los bancos, etc., etc. Bueno, las propuestas de Macri, las escamoteadas al gran público pero que soltaron en exabruptos Melconian, Prat Gay o los mismos Michetti, Macri, y las propuestas de Scioli hacen ancla en ese punto de inflexión. Claro, Macri habla de esperanza y Scioli de desarrollo. Es más fácil lo primero, no genera ataduras o compromisos frente a la ciudadanía en caso de ganar. Y es muy difícil lo de Scioli: ¿fabricar componentes acá? ¿Recuperar industria pesada? ¿Conseguir mejoras en productividad que no se relacionen con devaluación del salario considerado como gasto? Ufff, dejá de mentir, Daniel. Pero para mí hay que intentarlo, aunque sea.

Bueno, se está haciendo demasiado largo, mejor resumo (ah, Scioli habla de cuidar el mercado interno; Macri nunca, y no es otra cosa que guita en la calle). Creo que tenemos la oportunidad de continuar con algo de kirchnereconomics, con una visión más nacional, y el compromiso implícito de evitar una crisis que lesione la legitimidad de ese modelo económico, u optar por la salida fácil de Macri. Quizás la kirchnereo demasiado pensando en términos históricos, pero considero que nos merecemos un país que derrote nuestra historia de crisis cíclicas. Puesto a pensar en el camino de una hipotética (y probable) presidencia de Macri, creo que los amarillos podrían optar por dos caminos: uno, de economía kirchnerista un poco más abierta, pero cuidando las variables básicas de salario, empleo, consumo; y otra que, creo, será a la que apelarán porque es el compromiso que tienen con sus votantes y sponsors: liberar cepo y devaluar. Son lo mismo, es una misma medida, pero para el clase media que quiere comprar dólares es darle chiquitaje y a los que juntaron dólares a lo pavote es multiplicarles la guita exponencialmente (y como eso luego se traslada a precios, etc., es una transferencia de guita fenomenal –el "¿quién paga, Mauricio?" de Scioli en el Debate–). Mi desesperanza es que Macri sería un gil y optaría por esta última, pensando en morigerar los costos vía dólares dulces de deuda (FMI, los mismos buitres engrosando su capital futuro, caso Black Rock). Por supuesto, esto implica que en algunos años nos vamos a encontrar nuevamente buscando un gobierno que junte guita en el BCRA y pague los intereses al tiempo que habla mal del FMI, de los fondos buitres que nos reclamen esa nueva deuda y que exalte la Vuelta de Obligado, ponga una estatua de Juana Azurduy en lugar de una de Colón y todas esas cosas que implican un empezar de nuevo otra vez. Pero bueh, esa es mi impresión nomás.

lunes, 16 de noviembre de 2015

10 apuntes sobre #ArgentinaDebate

El debate celebrado anoche constituye uno de esos hechos que, como una película, un libro o cualquier manifestación artística, permite distintas interpretaciones a partir de los diferentes sesgos cognitivos. El macrismo querrá ver ganador a Mauricio, el peronismo sostiene que ganó Scioli. Apuntaremos algunas opiniones, sesgadas pero objetivables:

1. Scioli tenía una doble misión: proponer las suyas pero, a la vez, exponer las propuestas que Macri escamotea al público luego de los deslices discursivos de Melconian y Prat Gay. La cumplió.

2. Macri también tenía dos objetivos: evitar caer envuelto en la estrategia de Scioli y plantearse por arriba del conflicto. Falló con creces en ambas y dejó asentado que se pone nervioso y pierde la paciencia con muy poco. Recién una hora luego, cerca de las 22:05, pudo recuperar el tono y mensaje de su apertura. Scioli lo pinchó un poco y Macri no soportó el cuestionamiento, cayendo en lo que cualquier manual de estilo contraindica, la descalificación ad-hominem: “parecés un panelista de 678", “tu planteo es autoritario, cínico, conservador".

3. Scioli dejó algunas frases para el recuerdo: “seguís insistiendo en debatir con el anterior gobierno. Debatí conmigo", “si no pudiste resolver el tema de los trapitos, ¿en serio creés que vas a poder resolver el narcotráfico?" o “Macri vetó además de los semáforos para ciegos y la ley de fertilización asistida, la oficina contra la trata (...) Evidentemente es más cómodo poner la responsabilidad en otro".

4. Macri dejó una imborrable: “me rindo". Pero además se le escapó el estilo altanero que tan bien venía escondiendo, por ejemplo cuando dijo “tenés que respetar los tiempos Daniel, por favor".

5. Macri le habló a los propios, defensivamente, al centrar sus ataques en Cristina, Aníbal Fernández o Berni. Scioli, en cambio, apeló a los votantes massistas, a los científicos, maestros y trabajadores.

6. En las redes sociales puede palparse la mejora en el humor de los adherentes y militantes oficialistas. La respuesta del macrismo se agota en “Scioli no respondió ninguna pregunta". Ergo, Scioli emergió ocupando el centro del debate.

7. ¿Ganó Scioli? ¿Perdió Macri? Un dato que permite una aproximación: Scioli salió a hablar desde temprano esta mañana con radios jugadas por la oposición. Macri en modo silencio de radio. 

8. Otro: Scioli dice hoy que él planteó un debate de cara al futuro y Macri debatió con el pasado. Mérito suyo.

9. Scioli se ocupó de plantear el enfrentamiento entre dos modelos de país y repitió que Macri representa al ajuste, la devaluación, el endeudamiento y los fondos buitres. Macri habló de esperanza, que para muchos de sus votantes no es otra que desalojar al kirchnerismo.

10. ¿Alcanzará? Solo podremos saberlo el próximo domingo.

Como dato de color, una charla en uno de mis grupor de Whatsapp: votan a Macri para que no haga lo que promete. ¿No es divertido?


lunes, 26 de octubre de 2015

Two of us: ballotage y 10 razones para explicarlo

Llegó el gran día y se transformó —si existiera un Quintín K— en un día macrista de mierda. Ni siquiera en los peores cálculos de un desgarrado cartabiertista o en los mejores cálculos de un republicano pagnista se preveía un resultado como el que finalmente se dio. ¿Qué pasó?

1. Las encuestas: exactamente al revés que en las PASO, cuando los encuestadores les taparon la boca a todos acertando de modo bastante ajustado, en esta ni el más amarillo se animó o vio lo que ocurriría. Horangel y Lilly Sullos dicen que son todos unos chantas.

2. El FpV perdió muchos votos en el camino de las PASO a la general y el macrismo los sumó. Esto, que parece una verdad de perogrullo, es lo que debe ser explicado. Empecemos por dónde para intentar llegar a los por qué.

3. La PBA: ¿Vidal gobernadora? Una porteña sin historia en el distrito, desconocida, sin equipos, ¿más Armendáriz que Armendáriz? Su triunfo representa un voto castigo a Aníbal Fernández, Scioli y a la misma Cristina. Pero nos ordenemos, porque las razones existen aunque aparezcan rutilantes recién con el resultado puesto:
a) el FpV, en su totalidad, subestimó al electorado bonaerense. Pensó que tenía la vaca atada y lo sometió, primero, allá lejos en el tiempo, a la disputa entre kirchnerismo y territoriales. Esta tensión se hizo más evidente en ocasión de los múltiples tironeos entre Cristina y Scioli, con el soberano como rehén de la política de conventillo; b) esta misma disputa es la que propició el quiebre del peronismo territorial y explica en buena medida el quiebre de Sergio Massa (volveremos sobre esto). Luego de disputas y quiebre, c) la gestión de Daniel Scioli, calificada por muchos como deficitaria (desde lejos no termina de ser esa mi impresión, pero confiemos en quienes trajinan la PBA). Si a este combo le sumamos d) una interna feroz organizada a las apuradas por la defección de Randazzo y e) el triunfo posterior de Aníbal Fernández, quien partió con la más alta imagen negativa entre los candidatos (y fue luego convertido en La Morsa), mas f) las lluvias producto del Súper Niño, tenemos una receta para el desastre y razones para que los bonaerenses entreguen, llave en mano, la provincia a Vidal.

4. La Región Centro: se esperaban mejoras en los números para el FpV. En Córdoba ocurrió, pero es evidente que el “cordobesismo" se nutre más de su componente antikirchnerista que del peronista. Así, Macri superó en Córdoba a Massa, quien hizo muchos esfuerzos por sumar el voto de De la Sota. En Santa Fe también mejoró Cambiemos y en Entre Ríos fue sintomática la buena elección a gobernador de un impresentable como Alfredo De Angeli. Hasta Del Sel podíamos explicar; los números del Mellizo ex Federación Agraria se explican en las ganas de desalojar al FpV y la tracción de Macri como candidato a competir un ballotage.

5. El NOA/NEA: si bien la apuesta de los gobernadores de la región por Scioli se probó acertada —con excepción de Jujuy; también volveremos a esto—, los números para DOS disminuyeron desde las PASO a la general. En Tucumán en -9 (PASO) y -2 puntos desde la elección a gobernador. Quizás Santiago pueda haber escapado a la lógica. Los números para Massa en la región, además, se mantuvieron desde las Primarias. En todas partes, mejoró Macri.

6. Jujuy. Demasiados años de gobiernos peronistas ininterrumpidos, muchos de ellos con Fellner. Un gran laburo —vale reconocer— territorial de Morales, el más peronista de los radicales. Triunfo de Massa en la categoría a Presidente (traccionando a Morales) y la candidatura y visibilidad de Milagro Sala que operaron en detrimento del FpV. Los números del Frente Renovador se explican en buena medida en sus críticas a la Tupac Amaru y en las promesas de combatir el narcotráfico en frontera con las Fuerzas Armadas. En San Pedro de Jujuy perdió un histórico que parecía imbatible, el turco Moisés.

7. Macri. Si tuviera que explicarle su crecimiento al politólogo sueco amigo de Mario Wainfeld, debería decirle: a) muchos años de peronismo —no son pocos los votantes que solo vivieron bajo el kirchnerismo y no conocieron de primera mano los estragos de las políticas neoliberales—; b) una gran campaña en redes sociales, con mucho dinero en publicidad pero, además, una correcta estrategia de viralización. Prevaleció el mensaje de que había que votar a Macri para evitar un triunfo de Scioli en primera vuelta; y c) Macri comenzó a recabar estos números cuando en Gualeguaychú el radicalismo adscribió a su candidatura. Siguiendo los votos que ya mudaban, con seguridad, pero aportando ahora lo suyo la UCR en las disputas por las gobernaciones. Caso sintomático: Brizuela en Catamarca, muy cerca de Corpacci. En Tucumán, al votar desdoblado, no alcanzó siquiera el 30% (26 con algo). Ah, d) Mauricio todavía se ríe de quienes le aconsejaban pactar con Massa y agradece mucho el peronismo dividido.

8. Massa. Evitó la polarización, aunque no le alcanzó para acercarse siquiera a Macri como prometían. Así, como señalamos en innumerables ocasiones en el blog (y a contramano de lo sostenido por casi todo el kirchnerismo), Massa se transformó en el garante del ballotage, al sustraer votos que antes formaron parte del 54% de 2011 y otorgarle al filoperonismo (sectores medios bajos) enojado con el kirchnerismo una vía por la cual expresar su descontento sin caer en el voto a Macri. Más peronista en PBA, más opositor en el interior, el voto de Massa resultará clave para el ballotage. ¿En sus votantes prevalecerá el eje peronismo - antiperonismo en beneficio de Scioli o el eje kirchnerismo - antikirchnerismo para favorecer a Mauricio Macri? El correr de los días irá develando ese misterio. Por lo pronto, podemos decir que Massa cumplió hasta ahora el rol de Marco Henríquez Ominami en Chile, cuando por primera vez triunfó la derecha con Sebastián Piñera.

9. ¿Por qué, mamá? Resulta evidente que el antiperonismo expresado en Macri y el antikirchnerismo expresados en Macri y Massa resultaron más potentes de lo que las PASO permitieron prever. La situación económica e institucional del país —como bien dijo Cristina: una elección en un país normalizado—, otorga además un colchón para que buena parte de la ciudadanía (sectores ABC1 o con sus pautas culturales, de grandes centros urbanos y con necesidades básicas satisfechas) se animen a intentar un cambio por el cambio mismo. Deberemos reconocer, en este sentido, que contrario a la data de la que disponíamos, el aparato de medios y propaganda goebbeliana (!) de la CABA tiene todavía injerencia en la construcción de la realidad y, por ende, en el direccionamiento del voto ciudadano.

10. Quien piense que la campaña fue determinante, subestima al electorado concediéndole solo memoria reciente para elaborar sus decisiones. Estarán, por supuesto, equivocados, y sus análisis girarán en torno a contrafácticos. Habrá que apedrearlos en la calle (!). La clave de la elección pasará por comprender al electorado. Si no lo hace Scioli, lo estará haciendo Macri, así que a modo de consejo, si pretenden desgarrarse por lo que viene en cuanto agenda, pónganse ratisalil, usen vendas y pidan el cambio cuando sientan que se contracturan.

martes, 20 de octubre de 2015

#LosHuevosPresidenteDeLosBlogs

Ahora que la campaña entra en su recta final, podríamos decir que en una semana no hay tiempo para modificar lo que dos meses, diez meses, dos años o cuatro u ocho o doce no pudieron. Entonces, cuando la única incógnita electoral es si Scioli ganará en primera vuelta este domingo –y clausurará, por fin, este clima de elecciones permanentes–, o deberá esperar a noviembre para derrotar en balotaje a Macri (la desazón del campo más furiosamente antiK se explica por esto: el estancamiento de Macri desde las PASO hasta hoy predice mejor que nada el resultado de una hipotética segunda vuelta), aprovechamos para hacer autoproselitismo y acariciar el ego con algunos aciertos de este blog a lo largo de estos años. Sepan disculpar el narcisismo.

En agosto de 2011 alertamos contra el riesgo de subirse al carro de la victoria comodísima de Cristina, algo que finalmente ocurrió con el recordado “vamos por todo”: “…No todo el voto es convencido, ideológico, de defensores del "modelo". Además de los votos de Cristina, de los compañeros gobernadores, de los aliados, del voto cruzado, hay que considerar también la existencia de ese voto no ideológico, no convencido, pragmático. Y también debe haber un voto castigo a la oposición (…) El frente externo, si bien opera favoreciendo a CFK, puede complicar la gestión. Existen votantes conservadores. Y el oficialismo deberá atender también sus demandas. Significa incorporarlas al mix que es el kirchnerismo, algo que puede causar algún malestar en los sectores más progres…”. Cuatro años después, sirve en parte para explicar por qué es Scioli el candidato y por qué los tres principales contendientes se posicionan desde el centro hacia la derecha del arco político.

En junio de 2013 previmos que, de quebrar, Massa no podría sostenerse pese a su por entonces probable y luego refrendada victoria en la PBA. Decíamos: “...En un clima comunicacional hiperpolarizado, de ingresar a la arena se vería compelido a tomar posición por uno u otro lado, pagando costos en cualquiera de los casos. Aún si intentara un casi imposible equilibrio (…) Pensar en un gobierno 2015 sin el kirchnerismo es proyectar un gobierno herido (y) Nadie por fuera del peronismo oficialista representa una amenaza para 2015. De Narváez perdió…”. Vaya si se le cumplió el Síndrome De Narváez a Sergio. Ahora, si en lugar de buscar cómo regresar al peronismo planea convertirse en líder de la oposición, comenzaremos a leer que a Massa lo acecha el fantasma del Síndrome Carrió, con todo lo que ello implica.

También en 2013, en ocasión del cierre de listas que catapultó al estrellato efímero a Massa y a Martín Insaurralde como su competidor, fue usual leer en los medios que el gran perdedor había sido Scioli (“de un lado quedó ubicado el kirchnerismo, del otro Massa y finalmente obsoleto, sin lugar, Scioli”, decían) y que aquello, prácticamente, finalizaba su carrera política (por lo menos dentro del oficialismo). No estuvimos de acuerdo: “…creemos que no hay que darlo por muerto, ya que la obsesión del sciolismo, desde siempre, fue ser bendecido por el dedo cristinista, y las chances no han sido clausuradas. Más bien este acto de fe, al correr detrás de CFK y haber renunciado a construir estructura (o sustraérsela al oficialismo), lo posiciona…”. No nos equivocamos. También sostuvimos entonces que “…Aunque la ecuación política de sumarlo a la campaña por su miedo al efecto Massa (sobre su propio futuro político) sin abrirle la lista parezca maquiavélicamente brillante, es una ofensa (y van, aunque también volvieron) a quien hoy todavía aparece como la posibilidad de aterrizaje más calmo a la experiencia kirchnerista, y que frente a la posibilidad de una derrota en estas legislativas podría ser la alvearización deseada…”.

Ya por entonces hablábamos de alvearización para referirnos, apelando a diversos planos del imaginario alvearista, a una continuidad aunque no fuera esta pura. Pensando en un requerimiento de la sociedad por una “normalización” de la disputa política, en el pasaje de una etapa personalista a una más abierta –lo que sería, imaginábamos, un reclamo del peronismo luego de ser columna durante estos años kirchneristas–, pero también considerando la impronta del propio candidato cuando las circunstancias parecían apuntar hacia él (algo que advirtió, mal, Sergio Massa, quien se postuló como el Scioli que buscaba el establishment para que finalmente lo descartaran). Nos sorprendió luego el kirchnerismo, gratamente, cuando él mismo dio inicio a la etapa alvearista: “Les tenemos malas noticias: fue el propio kirchnerismo el primero en hacer algo parecido al poskirchnerismo. Comenzó a ensayarse luego del triunfo del 2011: la alianza con Moyano estaba rota, CFK se acercó a la UIA, se intentó algo de sintonía fina como eufemismo para un ajuste que, vale decirlo, se proyectó sobre los sectores más acomodados de los deciles superiores (…) Se habla de giro a la derecha, de retorno al peronismo conservador, de abandono del progresismo (…) ¿Porque mandamos gendarmes al conurbano? ¿Porque se busca pactar con gremios y empresarios como una herramienta para contener la inflació? ¿Porque arreglamos con Bergoglio modificaciones al Código Civil? Sí, todo eso está a la derecha del anterior kirchnerismo, ¿pero está a la derecha de las opciones de poder al oficialismo, el panrepublicanismo, Macri o Massa? (…) Entonces resta Representatividad o demasiada espalda, como Ramón Díaz en River. Se probó lo segundo en estos años, se intenta lo primero ahora (…) a no llorar como vírgenes desfloradas y troskas cuando siempre supimos que se trataba de un reformismo burgués tibión y putito…”. En este de “la ancha avenida de Scioli” también debatimos la alvearizació y la dinámica que le daba sustento.

Luego, en 2014, advertimos que la UCR finalmente arreglaría con Macri y no con Massa. El tiempo probó acertado el análisis. Señalamos que en 2015 primaría lo local sobre lo nacional, y así se fue construyendo el probable triunfo del FpV en este turno electoral. Hacia fin de año, cuando todavía era sentido común que en caso de balotaje el peronismo perdería contra cualquiera (Macri o Massa), advertimos que también en segunda vuelta podría triunfar el oficialismo.

En este 2015 señalamos por qué no era negocio para Macri arreglar con Massa y muchas cosas más, pero ya se hizo largo, Martino aún no renunció y este próximo domingo puede definirse quién conducirá el país por los próximos años. Si es Scioli, esperamos que su primera medida sea la repatriación de Alejandro Sabella o la extradición del Cholo Simeone, ya que no agarrar la manija de la Selección en estas circunstancias debería estar tipificado en el Código Penal.

jueves, 15 de octubre de 2015

Contrafácticos de campaña

La carrera electoral que aún nos convoca estuvo plagada de teorías contrafácticas para explicar por qué la realidad —esa hija de puta—  no fue amoldándose a los deseos de las distintas fuerzas, candidatos o periodistas. Aquí intentaremos un breve repaso porque el blog es mío y hago lo que quiero.

1. Bastaba ser el candidato de la oposición para ganarle al FpV en ballotage: el presupuesto que guió las campañas de Macri y Massa. En un remedo de 2003, consideraron que el candidato oficialista, fuera quien fuere, sería Menem vs. Kirchner. Uno puede preguntarse si efectivamente lo creyeron o fue el único relato que pudieron presentar, considerando que es el escenario que intentaron crear los medios “independientes". Sea una u otra la razón, desnuda no solo miopía política sino un déficit de creatividad tremendo. El sciolismo, más encorsetado por el relato kirchnerista, supo en cambio saltar el cerco y proponer una idea de futuro apelando a la idea de “desarrollo".
Como venimos sosteniendo, la elección no se encuentra finiquitada cuando todavía debe expresarse el soberano, pero aun en caso de ser necesaria una segunda vuelta, parece muy difícil que Macri, o aun Massa, puedan triunfar sobre Scioli. Ya 2013 verificó al FpV como primera fuerza nacional y la evolución de las encuestas antes y luego de las PASO —fundamentalmente— hicieron lo propio con el verso de “si el 60% que no votó al kirchnerismo...". Ocurre que es un poquito más complejo que las categorizaciones que la prensa utiliza para simplificar y operar.

2. Si Macri y Massa se hubieran juntado le ganarían al kirchnerismo. En esto el macrismo no se equivocó: una alianza así hubiera trasladado votos desde Massa a Scioli, acercando al FpV al 45% definitivo. Para Macri no era negocio regalarle al del FR —como en 2013— votos en la PBA para que luego, de arribar a un ballotage, no tuviera a Sergio en la boleta porque en PBA no existe segunda vuelta (menos aun conociendo la afición de Massa por cagarse en los acuerdos). Este escenario hipotético le hubiera servido al FR para acercarse a la Gobernación; no para ganarla pero sí para evitar la diáspora y constituirse en un factor de peso en esa provincia. Continuando con la política ficción, suponemos que esto era alentado por el establishment para fortalecer a Massa y tener a alguien musculado dentro del peronismo para empujar con su agenda y pretensiones.
La opción de Macri, en cambio, fue siempre peronismo vs. antiperonismo en un ballotage. Muy difícil: no le tocaron las condiciones ni demandas de las que gozó en 1999 Fernando De la Rúa.

3. Si Massa llega al ballotage le gana a Scioli: Sergio como Marina Silva. Hablamos largo y tendido sobre esto (busquen en la etiqueta “Brasil"), pero podemos resumirlo así: en Brasil buscaron encumbrar a Silva considerando que en un ballotage Rousseff vs. Marina, los votos más decididamente opositores de Aécio Neves irían hacia la opositora. No así los de Marina que, como los de Massa, se repartirían entre Dilma y Neves.
Lamentablemente —para Massa— esto es contrafáctico aún en Brasil, y acá creemos que Rousseff le hubiera ganado de todos modos a Silva. Entre otras cosas porque, como el FR, el partido de Marina no contaba con la estructura y apoyos necesarios y los saltos al vacío solo ocurren en situaciones de crisis extremas.

4. Si el radicalismo se hubiera aliado al Frente Renovador y no a Macri hubieran demostrado visión estratégica por el punto 3. Que gracioso: Sergio quería “ayudar" a la UCR a ganar gobernaciones e intendencias para luego, en caso de ganar, recurrir al peronismo. El radicalismo sabía, además, que sus votos son más antiperonistas que los de Massa y ya estaban, en buena proporción, con Macri, quien además medía mejor en los distritos grandes y más tradicionalmente radicales.

5. Randazzo hubiera sacado lo mismo que Scioli porque el candidato es el proyecto. Esta miopía de algunos dentro del oficialismo me provocó algún dolor de cabeza. Si la candidatura de Scioli “trae" al PJ nuevamente al centro de la escena, una de Randazzo hubiera refrendado (en los papeles, la realidad puede luego ser cruel) una continuidad más pura del kirchnerismo. Claro que tenía el pequeño problema del altísimo desconocimiento e instalación de Florencio: un candidato no se construye en un par de meses y si entre Scioli y el electorado no existe un alto vínculo emocional, con Randazzo éste hubiera sido nulo. Existían problemas de ingeniería electoral, además: gobernadores e intendentes querían a Scioli como candidato pero, más importante quizás, Scioli mismo se quería como candidato. Un quiebre del dispositivo oficialista fue siempre el sueño húmedo del establishment y sus voceros: hubiera acercado a Macri a la presidencia y a Cristina a convertirse en la madre de la derrota y pasar a la Historia, al igual que Menem, como alguien que jugó en contra de su propio partido. ¿El Modelo como proyecto en ese caso? Bien, gracias.

Con seguridad se me escapan otros contrafácticos de esta campaña. Para evitarlo, vamos a intentar unos cuantos, si total es gratis:

1. La corrupción del kirchnerismo, el macrismo y el massismo catapultan a Margarita y Rodríguez Saá a segunda vuelta. A una semana del ballotage van cabeza a cabeza en las preferencias hasta que Stolbizer promete crear un Ministerio de la Felicidad a cargo de Hermes Binner, todo el mundo lo toma como un buen chiste y genera una corriente de simpatía que la deposita en la Presidencia.

2. Scioli, Macri y Massa se alian para crear el partido Cambiemos por la Renovación de la Fe, la Esperanza y el Deporte. Stolbizer va como Parlamentaria al Mercosur y los tres precandidatos proponen a Carrió para la Corte Suprema, Sanz como jefe de gabinete y Cobos como vice del que resulte ganador en la interna.
Del Caño obtiene el 54% en octubre y en la ceremonia de asunción dice que lo del control obrero de las fábricas está muy bien pero que el mundo cambió y le toma juramento a Melconián como ministro de Economía.

3. Con los votos del aparato, la fórmula Sanz-Llach le gana la interna a Macri y Carrió. Todos se preguntan qué mierda pasó, se cagan de risa y dicen no, está bien, volvamos a votar.

4. Perón resucita, ve cómo juega la Selección, tira un 5x1 y el pueblo enardecido sale a quemar a Basile, Batista, Bielsa y Martino. Como les falta uno para los 5, queman también a Caruso Lombardi y el humo impide que se realicen las elecciones pero igual la fórmula Perón-Scioli gana con el 78% de los votos contra la fórmula del Arcángel Gabriel-Michetti.

domingo, 11 de octubre de 2015

A dos semanas: el peronismo y el no peronismo

¿Qué se puede decir que no haya sido dicho a dos semanas de concurrir a las escuelas para votar? Veamos lo dicho entonces, pero intentemos profundizar.

Scioli gana el 25 de octubre. ¿Será presidente en primera vuelta? Casi todas las encuestas, incluso la de Poliarquía hoy en LA NACION, lo dan ganador si los márgenes de error favorecen al FpV y no así a Macri. Lo dijimos: el voto se encuentra estabilizado en compartimientos prácticamente estancos. Lo cual resulta un problema para DOS pero uno mayor aun para Cambiemos: la evolución post PASO indica que no hubo traslado de “voto útil" hacia el segundo, lo cual puede constituir un adelanto importante de lo que podría ocurrir en caso de una segunda vuelta electoral. Dicho de otro modo: no es tan voluminoso el antikirchnerismo (como lo creían los think tanks opositores) y se reparte entre Macri y en menor medida Massa. El antiperonismo duro, por su parte, parece también haber alcanzado su techo con el casi 30% de Cambiemos (pero Poliarquía parece advertir que es aún menor). Estos datos son los que llevan a figuras comprometidas con la oposición, pero que no comen vidrio, a decir que Scioli ya ganó.

En este blog preferimos ser más cautos, aunque fuimos los primeros en sostener públicamente que el FpV también tenía chances de triunfar en ballotage cuando todos sostenían lo contrario.

Esto vendría a certificar que, en caso de segunda vuelta, muchos votos del massismo, del cordobesismo, migrarían a Scioli. Pero también existe un voto antineoliberal —o antiMacri en esta circunstancia histórica— que explica en parte por qué no creció Cambiemos desde las PASO (ya apuntamos que el caso Niembro es pobre como razón, y que antes actuó como un stop o lomo de burro en el camino de la campaña amarilla.

Sirvieron también los resultados de las PASO y la evolución posterior de los números de las encuestas para certificar que el kirchnerismo no chocó el barco y los pronósticos catastróficos del arco opositor más antiK restó verosimilitud a sus diagnósticos y propuestas posteriores. Perdió de este modo Macri. También que el peronismo había comprendido los desafíos de la hora, y como un sistema mismo, tendería hacia la homeostasis y no se dejaría barrer sin más. Poco de vegetal y más de animal en dicha actitud. Perdió así Massa, quien además comprendió a poco de triunfar en 2013 que debía republicanizar su discurso pues el quiebre con el kirchnerismo supuso también un quiebre con el peronismo.

Como advirtieron muchos ya, fue Scioli quien cometió menos errores en esta carrera electoral. Macri sumó más errores no forzados y Massa de ambos, forzados y no. Es justo reconocer también que pese al deseo de todo el arco opositor —la prensa, fundamentalmente—, el kirchnerismo duro, pese a sus prevenciones, jugó a ganar con Scioli antes que perder como campeones morales. Cristina ha dado una prueba concreta más de su finísima lectura de lo que la trascendencia histórica implica: aun cuando no se tratara de una continuidad pura, Argentina necesitaba prolongar un ciclo en el tiempo más allá de lo que fueron el menemismo o el propio kirchnerismo. Ni más ni menos que lo que propone la campaña: que no sea volver a empezar, para hacer a la estabilidad económica cortando las clásicas crisis cíclicas nacionales, pero también a la estabilidad política, cuando ha sido el peronismo el único sobreviviente de la crisis de representación de 2001. El no peronismo necesita todavía tiempo para estar en condiciones, alguna vez, de ganar pero también mantenerse en el poder.

jueves, 8 de octubre de 2015

Para judicializar el resultado electoral

Muestran las cartas, son así de pornográficos. Ya debimos soportar que acá, en Tucumán, hablaran —lo que es peor: sentenciaran— de la plena validez del voto (esto es, hay votos que tienen validez completa y otros que valen menos; un tercio, ponele, cuando valen algo) e intentaran anular el resultado electoral. Consiguieron una victoria para sus términos: deslegitimaron el voto popular, judicializaron el resultado de los comicios y comprobaron que pueden conseguir apoyo social que ocupe el espacio público en reclamo: las sucesivas plazas que irrespetuosamente denominaron “Tucumanazo" y los tractores de la Sociedad Rural. El de la prensa podemos descontarlo, puesto que sabían de antemano que podían contar con él.

Tucumán, como señalamos, fue un globo de ensayo para instalar la figura del fraude y cualquier intento por judicializar lo electoral con miras a las elecciones nacionales del 25 de octubre. Como bien apuntó @AldoJarma, Cano no llevó a la Corte Suprema su reclamo pues un fallo de la misma hubiera supuesto un precedente que inhabilitaría a Macri para reclamar luego. Lo descartaron cuando no les sirvió más.

Ayer leíamos a Jesús Rodríguez en LA NACION, hablando —como antes hicieran con la calidad del voto— de la calidad de la gobernabilidad, apelando a razones de orden moral (ajá) y prácticas. Las segundas las resumió Macri en el debate cuando preguntó quién gobernaría en lugar de Scioli: si Cristina, Zannini o La Cámpora. No solo se trata de una proyección psi de los graves problemas que enfrentaría Cambiemos para conseguir algún grado de gobernabilidad, en razón de lo endeble de su conformación y los desafíos legislativos al proyectar un ajuste, sino además de una deslegitimación de la figura presidencial. Lo que hicieron con Néstor y Cristina apelando al “doble comando". Se rasgan las vestiduras por las instituciones y atacan el contrato social que implica el voto popular y a la figura central que determina nuestra Constitución en el PEN.

Ahora leemos a Pagni, que completa el círculo con el que intentarán deslegitimar/anular/judicializar (tache la que no corresponda o marque todas) las próximas elecciones: el voto en blanco. Dice: “...algunos asesores de Mauricio Macri se han planteado un interrogante: ¿cómo debe contabilizarse el voto en blanco para las elecciones del próximo 25? La incógnita debería estar saldada. Pero la jurisprudencia ofrece una laguna. O, lo que es más interesante, posiciones encontradas. La cuestión es estratégica. La Constitución establece que para alcanzar la presidencia hay que obtener el 45% de los votos, o más del 40% siempre que se obtenga una ventaja superior a 10 puntos respecto del segundo. Si el universo sobre el cual se realiza el cálculo incluye los votos en blanco, para alcanzar el 40 o el 45% haría falta un mayor caudal electoral. Dicho de otro modo: aumenta la probabilidad del ballottage...". En Nestornautas realizan un buen análisis de la legislación electoral y marcan algo fundamental: buscarían saltear la Cámara Electoral Nacional como saltearon en Tucumán la Junta Electoral Provincial. Saben adónde tienen amigos o cómo ocasionar mayor daño.

Quieren ser Presidente y no entienden la diferencia entre votos afirmativos y votos válidos. Bah, entienden, pero les importa un carajo la democracia, el voto, la Constitución y la Cámara Electoral. Uno lo entiende del macrismo y hasta de este radicalismo residual del que Alfonsín probablemente renegaría. Pero este tipo de jugadas requieren de la coordinación de toda la oposición para ser efectiva, por eso la foto de Cano, Macri, Sanz, Stolbizer y Massa. Se entiende la apelación republicana de este último, en su disputa por el voto opositor con Macri, pero un peronista bancando la deslegitimación del voto, luego de años de proscripción, me resulta francamente incomprensible. El massismo acompañará la jugada de realizarse esta. Lo adelanta una de sus espadas, el @VascoAmonda en Twitter:


El meollo de la cuestión no hace a la optimización del sistema ni a propósitos superiores de orden moral y/o defensa del voto de la gente, como arguyeron varios luego de Tucumán. Es más simple: Scioli y el FpV sacaron en las PASO, escrutinio definitivo, 38,67% de los votos positivos. Computando los votos en blanco, el porcentaje de votos válidos cae a 36,69%. ¿Cuáles tomar?, preguntan a coro Carlos Pagni, los asesores macristas y el massismo. Republicanos de Capriles.

No se votó aún pero ya pretenden desconocer el resultado y criticar las reglas de juego con las que aceptaron participar y con las que perdieron pero también ganaron elecciones en el pasado. Más que un escenario brasileño, en el que Aécio Neves reconoció su derrota (por muy poquito), buscan un escenario a la venezolana. Algo así como reconocer que son una oposición bananera o gusana.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

La campaña más extraña de tu vida

Lanzada oficialmente la campaña hacia las generales de octubre podemos observar algunas particularidades del actual proceso electoral:

1. Luego de las PASO, el caso Tucumán y las elecciones de Chaco, ha transcurrido el tiempo prudencial y las operaciones de encuestas vuelven a tener centralidad.
2. Macri y Massa enfrentan la campaña más extraña de sus vidas.
3. Scioli es el único que parece postularse para Presidente
4. Tus viejos también tienen sexo.
5. La PBA recupera su matriarcado bélico.
6. El voto se encuentra segmentado de manera bastante estable.

Vamos por partes.

1. Proliferan encuestas nuevas y hablan de modificaciones del escenario electoral que este cronista no alcanza a ver. No cuentan, además, con razones lógicas para explicarlas pero sirven para intentar la instalación de los climas deseados. Así, pese a que en PBA, mother of every battle, Mariú Vidal finalizó a 10 puntos de la sumatoria del PJ-FpV, se lanzan algunos aventurados a pronosticar un primer lugar de la vicejefa porteña que estaría basado en votos de Domínguez que no sumaría Aníbal. Si hubiera que calificarlo, diríamos que el argumento de la película se presta antes para un culebrón venezolano que para la tragedia griega que intentan fabricar con la muerte y droga que asolaría la Provincia de ser elegido el bigote Fernández, The Walrus was Paul.

Otra encuesta muy bonita señala que Massa estaría recortando diferencia con Macri (también) en PBA, debido al tradicional voto republicano del distrito, horrorizado por el caso Niembro. Se me revuelve el guiso en los chinchulines de la risa. 10 puntos separaron a Mauricio de Sergio allí también, y el massismo esgrime esa encuesta como síntoma de que sería el FR, o UNA, vaya uno a saber, el que estaría en ballotage con Scioli y no el PRO, digo Cambiemos.
Lo anterior, en realidad, desnuda el cambio de perspectiva en la campaña, cuando es ahora Macri el objetivo a esmerilar por parte de dos contenientes, Massa antes y Scioli luego. Adelantamos aquí que las encuestadoras se pondrán más serias en un par de semanas.

2. Pobres Durán Barba y Bendixen, el laburo que les tocó: si Macri y Massa pensaban en 2012/2013 que alcanzaba con oponerse al kirchnerismo y recolectar todo el voto útil opositor luego las PASO, alguien les mintió feo. ¿Habrán sido Morales Solá y van der Kooy? Si les creyeron, no merecen ser Presidentes.

Como argumentos de campaña, los pactos “Macri-Scioli" que lanza el massismo y “Massa-Scioli" que esgrime el macrismo no alcanzan ni los talones del “Sindical-Militar" con el que se catapultó Alfonsín (otrosí: todos pactan con Scioli menos el randazzismo emocio... Ok, ok). Massa utilizó el primero para atenuar la polarización que de todos modos se dio (sí, sacó casi el 20% junto a De la Sota, pero igual terminó tercero lejos en su supuesto bastión, la PBA que le daría el 40% de 2013). Señalamos antes los condicionales que no se le cumplieron a Massa para coronar su aventurerismo electoral. Señalemos ahora los que no se le estaría cumpliendo a Macri: a) triunfos radicales sobre los cuales montarse (ay, José Cano; ay, Aída Ayala); b) crisis económica y una corriente de rechazo a Cristina y el peronismo y c) el traslado de voto útil opositor entre las PASO y las generales. Macri aventura entonces el segundo supuesto pacto para traccionar ese voto útil opositor desde Massa luego de comprobar su estancamiento. Eso transparenta a su vez dos cuestiones: lo estanco, estable del voto y algo que ya había adelantado el ballotage porteño entre Larreta y Lousteau, que es la existencia de un voto antiMacri como traducción epocal del voto antineoliberal. Así, Mauricio habría alcanzado el techo del campo neoliberal de cara a una primera vuelta.

3. Parecían coexistir varias campañas en el FpV: la de Scioli, la de Cristina y la de Aníbal. Se observan, desde hace un tiempo, síntomas que hablan de la confluencia de estas tres vertientes. Saludablemente, agregamos. Scioli supo sumar a quienes perdieron internas, encolumna a Aníbal y Cristina se sumará a la campaña.

De los dos con chances (tres si creyéramos las encuestas del massismo), Scioli es el único que se propone para Presidente en el sentido tradicional del término y en el marco presidencialista que prevé nuestra Constitución. Proyectos, presupuesto, orientación, una base institucional sólida y el grado de responsabilidad suficiente para que sus promesas no suenen vacías como las de Massa, o extrañas a su historia como las de Macri. El soporte del peronismo es fundamental como promesa de gobernabilidad. El PJ es un partido de poder pero sabe además para qué quiere ganar en este turno. Construir una continuidad sería, además del triunfo, un triunfo para eso que llaman el pejotismo y un fuerte mensaje hacia su interior. Como sostuvimos: la renovación se tramita adentro.

4. Tus viejos cogen. Aceptalo.

5. La PBA fue en las PASO el distrito que mejor replicó los totales nacionales del FpV, Cambiemos y UNA. Es lícito pensar que una mejora de los resultados allí traducirían un equivalente nacional. Si no es así, es de todos modos la PBA adonde se encuentran los votos que en mayor medida puede recuperar el oficialismo. La estrategia de Massa continúa siendo defensivista, no solo porque pretende retener la mayor cantidad de votos delasotistas posibles sino porque debe evitar antes que sus votos PBA migren al FpV para un triunfo de Scioli en primera vuelta.

6. Pese al desparramo de encuestas que observaremos estas próximas semanas, el voto se encuentra relativamente estable luego de las PASO. La ineficacia de las distintas operaciones antes de las primarias debería ser suficiente para explicarlo. De todos modos es el PRO quien debería estar más preocupado, puesto que el caso Niembro (y la inexperta respuesta al mismo) muestran que por primera vez le entran las balas a ese combo opositor.

Otro síntoma es que continúa la segmentación de las campañas, aunque Macri intenta contraatacar ahora con un pretendido Plan Belgrano que sería su actual “10 km. de subte por año" para el NOA. Si le creen, podríamos lícitamente hablar de la necesidad del voto calificado (es una cruel ironía que quienes lo piden vayan a votar a Macri; no encuentro contradicción más grande). Veamos las ofertas: es Scioli quien se presenta como más catch-all, apelando a la base peronista pero también a las promesas de desarrollo y rentabilidad. En términos electorales, busca la base del voto 2007 de Cristina o la suma de Menem + Kirchner y algo de Rodríguez Saá en 2003. Massa, en cambio, apela al cualunquismo punitivista y deferencia su campaña debido a sus distintas bases: más peronistas en PBA, más opositoras en el interior (sobre todo en el NOA, donde se asoció a radicales y busca parte del voto peronista enojado con el kirchnerismo). El voto opositor de Massa+De la Sota en el NOA/NEA pone de manifiesto, también, el techo del campo neoliberal que tiene en Macri a su legítimo representante. Y es Cambiemos, por último, quien intenta amalgamar a las distintas vertientes antiperonistas, aunque los números obliguen a Macri, de cara al 25 de octubre, a peronizar en parte su campaña (plan Belgrano, universalizar la AUH, el apelativo de “compañero" que le prodigó un acabado Moyano). Si no fuera risible, sería preocupante. A menos de un mes, son mayores los esfuerzos por fidelizar el voto propio que por trascenderlos: la campaña más rara de tu vida.

¿Gana Scioli en primera vuelta? ¿Deberá el peronismo esperar a noviembre para allí recibir más votos de Massa/De la Sota/Rodríguez Saá? Las posibilidades de triunfo en octubre están allí pero nada está dicho hasta que se cuenten los votos. Encontró mayores dificultades Macri para fidelizar los votos de Sanz y Carrió que Scioli para receptar los del kirchnerismo duro. ¿Va a judicializar como en Tucumán Macri el resultado? Quizás ante un triunfo en primera vuelta recuerde el poco más de 1% de diferencia entre el escrutinio previsorio y el definitivo en mi provincia, pero arriesgaría que sería un papelón aun mayor. Una última: elijan a qué encuestador van a creer, pero si consumen encuestas al día de hoy, retornen recién la semana previa al domingo electoral.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Debates presidenciales: nuestro país y el caso peruano

Los debates presidenciales como herramientas que fortalecen la democracia, ¿verdad o mito? En principio, no podrá ser ese el argumentos que esgriman los candidatos opositores para castigar en los medios a Scioli: luego del jaqueo e intento de golpe institucional en Tucumán, ni Macri, Massa o Stolbizer pueden hablar de cultura democrática.

En principio, no considero que los debates sean esenciales para el fortalecimiento de la democracia ni que deban ser mandatorios para que los candidatos propongan a la sociedad sus ideas/proyectos/visiones. Son, o fueron, en la mayor parte de los casos, vidrieras para la exposición de la personalidad, aplomo o capacidad de respuesta rápida de los candidatos. ¿Son “ganados” los debates siempre por los mejores candidatos? ¿El que gana ve incrementadas sus chances de ganar las elecciones? ¿Influyen en una amplia proporción de votantes? Los cientistas políticos, cuando no están puteando por resultados deportivos en Twitter, acuerdan en que las respuestas a esos interrogantes son… complejas. Pero se pusieron de acuerdo en algunas cuestiones: no influyen en un elevado porcentaje de votantes, que llegan a las instancias de debate con su voto decidido. En noviembre de 2014, Julio Burdman se refería a la materia citando los casos recientes de Uruguay y Brasil. Decía: “…Las dos elecciones que, días atrás, tuvieron lugar en el Mercosur, se resuelven en segunda vuelta. La de Uruguay, que se realizará el próximo 30 de noviembre, no es una definición con tantas incertidumbres (…) La experiencia muestra que quien gana en primera vuelta, suele confirmar el triunfo en segunda, pero Uruguay supo ser la excepción a esta regla (…) El otro balotaje fue el de Brasil, y allí la competencia fue mucho más estrecha. Dilma Rousseff se impuso por pocos puntos (51,6% a 48,4%), coincidiendo bastante con los últimos pronósticos de las más conocidas empresas de opinión pública (IBOPE y Datafolha), que tuvieron un pobre desempeño en la primera vuelta. En la segunda la pegaron. Pero diez días antes de la elección, a mitad de camino entre la primera y la segunda vueltas, esas mismas empresas anticipaban un triunfo, ajustado también, de Aécio Neves…”.

En ambos casos, los debates presidenciales fueron un condimento más en la campaña y no el gol de oro en tiempo suplementario (tanto así que no hay coincidencias acerca de que Dilma haya ganado los debates en los que enfrentó a Aécio o Marina). Antes, fueron las encuestas las que intentaron redireccionar el voto, y el caso brasileño es un ejemplo que merecería figurar en libros especializados. Lo analizamos en tres posteos sucesivos [1], [2] y [3]. Señalamos entonces que se intentó una tercera vía con una cuña del mismo palo con la esperanza de que Silva le recortara votos petistas a Dilma y, a la vez, pudiera ser depositaria del voto antiPT de los pro-mercado que elegían al PSDB de Neves. La primera vuelta ridiculizó esta estrategia y las PASO en nuestro país también para nuestra Marina Silva local, Sergio Massa. La segunda vuelta en Brasil fue una batalla de nervios y nada indica que sería diferente en Argentina, en caso de acceder por primera vez a un balotaje. Tampoco el resultado favorable al oficialismo, claro.

Quienes rememoran debates presidenciales significativos tienen al de Nixon y Kennedy como paradigma. Recuerdan también el de Felipe González y Aznar. Ya han sido analizados y la distancia que nos separa y sus particularidades los tornan anecdóticos. Pero hubo sí un debate presidencial reciente que significó un gol de oro en tiempo de descuento y colocó al ganador en la presidencia de su país. Hablamos de Perú y del debate que protagonizaron Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Seguimos también detalladamente ese caso en el blog: “Perú: análisis de la primera vuelta”, “Keiko y Ollanta hacia la segunda vuelta” y “Algunas conclusiones apresuradas sobre el triunfo de Humala”. A modo de resumen, cuando todos se ilusionaban con un Humala de izquierda, chavista, en esos textos sosteníamos que Perú no viraría en lo que a alineación y política económica se refería, triunfara quien triunfara. El tiempo nos dio la razón (¡cof, cof!). Lo que analizamos lateralmente por entonces fue la influencia que en el resultado tuvieron los debates entre Keiko y Humala. En una elección muy reñida, algunas encuestas daban ganadora a Keiko, patrocinada por el mercado peruano y por el influyente diario El Comercio –lo que le valió una reprimenda y quiebre de relaciones con Mario Vargas Llosa–, mientras otras, menos, colocaban a Humala como ganador. Los debates terminaron por inclinar la balanza a favor del actual presidente. ¿Qué ocurrió? Humala sacó un as de su manga, o más bien deberíamos decir que sacó los trapitos sucios de la manga de Fujimori: “‘Señora Fujimori, usted dice defender los derechos de las mujeres más pobres, sin embargo, durante el gobierno en el que fue usted primera dama, se esterilizaron a 300 mil mujeres sin su consentimiento y usted tenía 26 años, no era una niña´, dijo Humala con la mirada fija en su contrincante. Y siguió: ‘ Además de eso, una persona cercana a su equipo de campaña es el doctor Aguinaga, quien era ministro en ese entonces, y durante su gestión, justamente, se llevó a cabo esta política sobre la base de que para eliminar la pobreza había que eliminar a los pobres. ¿Por qué no hizo nada y qué va a hacer con el doctor Aguinaga?´ Fujimori, que hasta ese pasaje del debate había sido la expositora con más carisma, perdió la postura erguida y la seguridad desapareció de su rostro. ‘No hay nada probado´, respondió…”. El resto es historia conocida.

Retornemos a nuestro país: Scioli declinó participar en un debate y ahora Macri, ante la ausencia del candidato del FpV, pone también en duda su presencia. Correctamente, Scioli evaluó que en un debate lo colocaría en igualidad de condiciones cuando la realidad indica que marcha a diez puntos de Macri y veinte de Massa. Otros factores que debió sospesar son la nula repercusión que su “silla vacía” tendrá sobre su electorado (lo apunta LA NACION: “…el sector del electorado que tiende a penalizar esa conducta es reducido en términos proporcionales y no es un votante tradicional del kirchnerismo”) y el clima espesado a denuncias de fraude y deslegitimación electoral que propició todo el arco opositor, con Tucumán como caso testigo.

Ignacio Zuleta señala en Ámbito que nuestro país vive en campaña permanente, “o sea en debate permanente”, y que un debate en las condiciones propuestas sería “una privatización de la conversación política”. Adherimos a ambos planteos. De cara al 25 de octubre, eludir un debate sin visos de seriedad (basta leer los moderadores seleccionados: Marisa Andino, Bonelli, Novaresio, etc.), es una movida acertada si la intención es triunfar en primera vuelta (los números se muestran ajustados pero allí están). En cambio, las chances de un debate se incrementarían en caso de que el resultado determinara la necesidad de un segundo turno electoral. Pero para saber eso deberemos esperar.

lunes, 31 de agosto de 2015

¿Boleta Única, Voto electrónico o levantar la mano en una plaza?

“Si con este sistema electoral no podemos, quizás con otro sí”, podría ser el razonamiento al que apelan Macri, Massa, Sanz y Stolbizer. O sus promotores en el establishment, que tienen como único fin desbancar al oficialismo. Bueno, no, no es la reflexión que los anima: es la que tratan de vender a su electorado y –aspiran– a sus potenciales nuevos votantes. La opinión pública como objetivo con el sistema electoral como excusa.

No debería ser necesario explicar la irresponsabilidad de intentar cambiar un sistema de votación a menos de dos meses de los comicios, pero ya lo dijo Sergio: si los argentinos queremos, en 48 hs. nos ponemos de acuerdo. Claro, no considera que los argentinos todavía no se pusieron muy de acuerdo respecto a Messi y la Selección, Tévez como jugador del pueblo o sobre si Fantino es o se hace (las dos cosas, apuntamos aquí). De todos modos, como dijimos, cambiar el sistema de votación es una excusa, el fraude la excusa para la excusa. Todo es una gran excusa para justificar una probable derrota, para deslegitimar el hipotético triunfo del peronismo y mantener al sistema político en jaque merced al aparato de medios opositor y sus peones actuando en el teleteatro de nuestras vidas políticas por TN.

Julio Burdman señaló recientemente en Bastión Digital por qué las modificaciones que se proponen son, en realidad, una excusa. Apuntó: “Hace un tiempo ya que hay un cierto consenso político en Argentina acerca de la necesidad de actualizar el mecanismo de votación. Pero hay un factor que entorpece el cambio: el discurso deslegitimador que adoptó una parte de la dirigencia política y social para tratar el asunto (…) ¿Qué dice el discurso entorpecedor? (…) Dice, en resumidas cuentas, que el peronismo hace trampa, y que hay que cambiar el sistema para que el peronismo deje de hacer trampa. Obviamente, ante esas acusaciones nunca demostradas ni respaldadas en evidencia, el peronismo se pone a la defensiva. Aún cuando la mayoría de los dirigentes del oficialismo esté de acuerdo con la necesidad de hacer cambios en la forma de votar, jamás se prestará a participar en un debate que los ubica en ese lugar…”.

Se trata de una encerrona, colocar al oficialismo en una posición incómoda: si admite los pedidos de modificar el sistema electoral, estaría implícitamente admitiendo la existencia de fraude. Si no lo hace… ¡es porque quiere ganar con fraude! ¡Todos a las plazas! ¡A guglear fotos de marchas de antorchas en Honduras! En ajedrez, lo que intenta la oposición se llama Stalemate, claro que en política existe la posibilidad de saltar los escaques de jaque moviendo al Rey, por ejemplo, como a un caballo. Lo que se dice, salir del laberinto por arriba.

La solución para la falta de fiscales, o de ciudadanos que coloquen un voto de Macri en las urnas, es la boleta única, o la electrónica, o alquilar equipos de votación a cualquier empresa privada y que al sistema lo maneje Samsung o mi vecino, que vende posnets. Como decíamos en la Agencia Paco Urondo, “...va a ser un tema de campaña, y formará parte de la propuesta de Macri en base a la implementación intempestiva que hizo de la Boleta Única Electrónica en CABA...”. Juan Pablo Ruiz Nicolini (@tuQmano) señaló, antes de las elecciones en la Ciudad Autónoma, las diferencias entre la implementación del sistema en Salta y en CABA: “Uno de los problemas de la aplicación del nuevo sistema en la C.A.B.A. reside en los cortos plazos entre las sanciones de las normas que regulan los preocesos electorales y las fechas de los comicios. Este problema de timming atenta contra una efectiva y necesaria capacitación del electorado (…) Mientras que en el pionero caso de Salta el proceso de implementación del sistema que llevó a la elección del Gobernador por parte de la totalidad del electorado tomó más de 6 años, cuatro de los cuales se realizaron elecciones, la C.A.B.A. determinó que todos los habilitados para elegir Jefe de Gobierno utilicen el sistema en las próximas elecciones. Así las cosas, resulta claro que la experiencia porteña no satisface por lo menos dos de los requisitos básicos estipulados por Tula: la gradualidad en la implementación y una extensa campaña de difusión pública”.

Existe cierto consenso entre los cientistas políticos acerca de la necesidad de actualizar el sistema de votación. También respecto a que hacerlo de buenas a primeras para octubre sería suicida. Como casi todo lo que ocurre a nivel político en el país, por defección de las fuerzas opositoras, resolver estas cuestiones recae sobre las espaldas del oficialismo (son históricas ya las marchas y contramarchas de los representantes opositores en el Congreso, vaciando el recinto en las votaciones para apoyar las medidas tomadas en soledad por el oficialismo a medida que se acercan las elecciones). Cualquier modificación, necesariamente, surge de la resolución de las tensiones que los equilibrios de fuerzas en un momento determinado suponen. Burdman lo apunta con claridad en su texto. De todos modos, estas consideraciones no podrían estar completas sin considerar los pros y contras de cualquier modalidad factible de ser implementada. En el caso de la Boleta Única de papel, método que aparecería con mayores posibilidades de ser implementado considerando los tiempos, habíamos realizado una crítica en este blog antes de las elecciones de 2011 (es que es un clásico: ponen en debate la cuestión en tiempo electoral, cuando discutirla sería irresponsable). Considero que amerita copiar el post aquí, casi completo:

“…Miguel Ángel Duarte, profesor de Derecho Político en la UNC, señala las ventajas y desventajas del SBU. Entre las primeras: permite que el elector arme su propia combinación al optar por candidaturas de distintos partidos para tramos diferentes; refuerza la identidad de los partidos por medio de sus simbolos e ideas principales; se supera la confusión provocada por las sumatorias, características del Sistema de Boletas por Partidos; genera mayor transparencia al momento de optar por las candidaturas; otorga mayor equidad a la competencia electoral, puesto que todos los partidos tienen aseguradas sus propuestas de candidaturas en la mesa al momento del comicio

Detengámonos un segundo en las ventajas. Armar la propia combinación es algo que, siguiendo una línea de pensamiento netamente liberal, suena bien, ¿no? Algo así como ir al supermercado y elegir los productos que más nos gustan. Sólo que los partidos políticos tienen una razón de ser: permiten que las ideas encuentren un cauce orgánico que les permita desarrollarse. Por eso de que la organización vence al tiempo: no existe forma de llevar adelante un proyecto si no es a través de una estructura que les de soporte.

Escapa a mi comprensión como el SBU podría reforzar, como dice el punto 2, las identidades partidarias. La transparencia suena deseable también, pero todo sistema tiene sus flancos para ser explotados. Respecto al punto 5, puede sonar soberbio, pero yo no le confiaría la cosa pública a un partido que no puede asegurar ni la presencia de sus boletas en el cuarto oscuro.

Vamos a las desventajas señaladas por el docente de la UNC: un personaje famoso puede obtener más votos que los dirigentes políticos tradicionales, tal como se pudo observar en el caso Santa Fe, y que haciendo uso de los más sencillos avances tecnológicos, sorprendentemente, la picardía electoral facilita la permanencia del “voto clientelar” o “de intercambio” con una simple foto tomada por un teléfono celular al momento de votar, tal como se suscitó en la localidad de Pilar, según denuncias que se hicieron públicas.

¿Sólo esas dos? ¿Nada acerca de que atenta contra la disciplina partidaria? Algo que podría luego favorecer la fragmentación de los votos en el Congreso, actuando como limitante para la consecución de consensos. ¡Consenso y diálogo! Volviendo a lo que decíamos más arriba, respecto al punto 1 de las ventajas: ¿queremos una democracia de partidos políticos o de liderazgos personales? ¿No es precisamente este último rasgo el que caracterizan una y otra vez como nocivo nuestros editorialistas opositores?

Sabemos que el SBU fue utilizado en las últimas elecciones de Santa Fe y Córdoba. Repasemos los resultados a modo de conclusión.

Córdoba:
Elecciones de 2005; categoría diputados nacionales: votos en blanco 4,29%; votos nulos 4,18%.
Elecciones de 2007; categoría diputados nacionales: votos en blanco 6,73%; votos nulos 1,34%.
Elecciones de 2011, con el SBU, categoría Gobernador y Vice: votos en blanco 2,47%; votos nulo 2,29%. A cargos ejecutivos, claro. Atención en la categoría Legisladores Distrito Único: votos en blanco 18,67%; votos nulos 2,09%.

Santa Fe:
Elecciones de 2005; categoría diputados nacionales: votos en blanco 8,89%; votos nulos 3,17%.
Elecciones de 2007; categoría diputados nacionales: votos en blanco 9,07%; votos nulos 0,74%.
Elecciones de 2011, con SBU, categoría Gobernador y Vice: votos en blanco 2,30%; votos nulos 4,24%. Categoría diputado provincial: votos en blanco 8,30%; votos nulos 8,13%.
Y tomando como ejemplo el distrito de Belgrano: categoría Gobernador: votos en blanco 2,37%; votos nulos 3,54%; categoría diputados: votos en blanco 14,54%; votos nulos 9,37%
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miércoles, 26 de agosto de 2015

Tucumán como punto de partida para octubre/noviembre

Máxima de la hora: todo aquello que sirva para golpear al peronismo será amplificado, aunque implique disminuir a la democracia.

Triunfo del FpV: claro, incuestionable. 14 puntos porcentuales. Más de 100.000 votos. Victoria en la urnas, derrota en la opinión pública. Si uno de los objetivos era evitar una celebración del PJ-FpV, en la primera de las dos elecciones ejecutivas que restan camino a octubre, pueden darse por satisfechos. ¿Al costo de deslegitimar la voluntad popular? ¿Y cuándo les importó?

Triunfo opositor: antes que celebrar sus victorias en ¿Capital?, Yerba Buena, Concepción y Bella Vista, prefirieron nacionalizar las sospechas de fraude como peones sacrificables en la estrategia del antikirchnerismo rabioso. Así, los grandes medios colaboraron estableciendo la línea editorial y Cano, Amaya, Macri, Massa y Stolbizer certificaron su grado de responsabilidad política: nulo. Pasó corriendo el Teorema de Baglini y les gritó que le dan lástima. Se dio una vuelta el fantasma de Alfonsín, le preguntó a la JR cómo hará para grafittear su cara con la palabra democracia en las paredes tucumanas y volvió a repetir que se quiebre...
Cano, con su actitud golpista, deslegitimadora, bien puede haber sepultado sus chances de ser, alguna vez, gobernador de la provincia.

#FraudeEnTucumán: urnas quemadas (algunas por candidatos del radicalismo, otras por luchas internas dentro del mismo oficialismo), episodios de violencia relacionados a esto, no alcanzan para cuestionar el triunfo del PJ-FpV o su magnitud. Aún si todos los votos de las urnas quemadas se computaran únicamente para Cano, representarían alrededor de 11.000 votos, un 10% de lo que necesitarían para empatar —ya no ganar— la elección. La Junta Electoral Provincial, el Observatorio Electoral de la UNLP y la Dirección Nacional Electoral descartaron cualquier sospecha de fraude. La misma oposición lo hizo, al no realizar presentación alguna ante la Justicia. Se dirigieron, en cambio, al Tribunal de Justicia Inmediata Periodística. Son gente seria.

#Tucumanazo fue otra cosa, aunque alguien adulterara hasta la Wikipedia, porque manchar la memoria de las luchas estudiantiles y obreras contra la dictadura en 1970, en las redes sociales, no es suficiente. Se trató de un cacerolazo, de la misma magnitud y composición social de los de antaño. Votantes capitalinos que replican el razonamiento porteño sin comprender el interior, provincial en este caso.

Represión. Repudiable e innecesaria, pero estaríamos sesgados de no computar la responsabilidad de los medios y los referentes opositores en la exaltación de los ánimos. Hasta los mismos periodistas de La Gaceta reconocían en Twitter que la gente suelta que manifestara debía estar advertida de las ganas de pudrirla de instigadores como La Bancaria. Por si faltaran pruebas, el paro convocado inmediatamente por el sector.

Rol de la oposición. Irresponsable y hasta hijo de puta, al mandar familias a la Plaza a resolver algo que ellos no pueden electoralmente. No les da la nafta en las urnas pero sí para incendiar todo. Primero solicitan abrir las urnas, se lo conceden y entonces piden votar de nuevo. Exigen institucionalidad y República, pero a los demás, como corresponde.
No puede soslayarse en el análisis los ejércitos de trolls dedicados a amplificar las acusaciones de fraude, en muchos casos con imágenes falsas. Este cronista debió sufrirlos en Twitter, Facebook inundado de gráfica a la que nadie cuestiona legitimidad u origen y WhatsApp viralizando una cadena que sostenía que una jueza nacional, que estuvo la noche de los comicios en el Correo, le habría confiado a su hijo que Cano ganó por 5 puntos pero la amenazaron de muerte para silenciarla.

Rol del oficialismo. Se refiere, fundamentalmente, al sistema de acoples provincial, que permite múltiples listas bajo la categoría legisladores y colabora para peleas internas que, en distritos chicos como San Pablo, puede ser la mecha de actos vandálicos como los ocurridos. Hagamos la salvedad: sistema bancado también por el tándem Amaya/Alfaro y del que José Cano también hizo usufructo. ¿Vale quejarse de las reglas después e intentar jugar el partido de nuevo?

Perspectiva para octubre/noviembre. Tucumán como largada hacia las generales y un eventual ballotage. En una entrada anterior, apuntamos que el proceso político abierto contra Dilma y el PT en Brasil podían ser un objetivo a replicar en nuestro país. Pensábamos por entonces en el escenario de ballotage reñido, de resultado cerrado entre Rousseff y Aécio Neves. Pecamos de ingenuidad: ese proceso se abrió en nuestro país con Tucumán. Deslegitimar el triunfo para golpear. Golpear para conseguir concesiones. Concesiones para malquistar el humor social y todo se transforma en un círculo vicioso que atenta contra la voluntad de la mayoría.
No es tanto un plan orquestado por los Illuminati como una sucesión de oportunidades que van habilitando otras, en las condiciones y contexto que plantean la realidad actual.
Como decíamos al principio, todo aquello que sirva para golpear al peronismo... Porque cabe preguntarse, ¿qué pretenden en Tucumán?, ¿votar de nuevo? Imposible. Como el triunfo del FpV sirve de cimiento para la candidatura del espacio en octubre, el quilombo propiciado en Tucumán por la oposición (con base en las desprolijidades del sistema) sirve para la candidatura de Macri. Pero no en Tucumán, sino en la zona núcleo y en los grandes centros urbanos. Se trata de incrementar las chances de un ballotage recortando las posibilidades de crecer a Scioli y maximizando las de Macri. En términos de albañilería: bajarle el techo a DOS y subirle el piso a Mauricio (estrategia en la que, al apelarse al eje peronismo/antiperonismo, involucra también a los votos de De la Sota y Massa en la región centro; la complicidad de Massa al denunciar fraude entonces se explica solo en su ya reconocida estupidez).

Mientras el kirchnerismo se peroniza, habiéndose alvearizado con Scioli, la oposición se capriliza: “mantener lo bueno" hasta el día de los comicios para deslegitimar el resultado después. Habría que ser ciego para pensar que esto se agota en octubre o aun noviembre.