Los signos que no interrogan tanto como plantean. Un argumento. Tío Plinio querid—¡Soltame, Asís!—. Es que, luego de leer el tratamiento periodístico al discurso de Cristina, apertura del año legislativo pero su penúltimo también; y luego de un 2012, un 2013 complicados, de una lectura equivocada respecto al 54% que, en parte, derivó en legislativas2013 con olor a 2009, Massa en la PBA y el equilibrio alcanzado con el peronismo nacional, sumados a los candentes diciembre y enero, queda bastante claro que no existe ya lugar para el relato de otra épica que no sea la de un “país normal" y, mucho menos, para la praxis de la mera voluntad. Signos alentadores. Para la economía en el mediano plazo (para el largo plazo no son buenas noticias; para el Romeo romántico que muy dentro nuestro pelea siempre contra el enano fascista, tampoco). En política son signos alentadores para quienes apostaron a la continuidad con cambios antes que a los cambios con continuidad. Y en el terreno social, para la política, implica un reconocimiento del poder real de los actores permanentes, aquellos que juegan con la ventaja de no estar sometidos a la voluntad del DT que decide cambios y se llama ciudadanía, pueblo o como gusten.
Una pequeña digresión antes de continuar: ¡lo que hace CFK en pos de que el radicalismo —y el FAP por carácter transitivo— se acojan al Teorema de Baglini! Si alguna vez retornaran al poder, los radicales deberían ser quienes en vida, como hizo Cristina con Alfonsín, la homenajeen con un busto. El racinguismo mostazista aplicado a la política. Fin de la digresión (sí, la gugleamos).
Entonces, para el tratamiento mediático al discurso de Cristina, pueden leer a:
1. J. R. Sentis: Están hablando de nosotros
2. Sergio Villone: El fin de la crispación: el retorno de la concertación.
Y mi posteo de marzo de 2012 a modo de análisis Back to the Future II sin patinetas voladoras. A este lo copio porque es mi blog y hago lo que quiero:
«jueves, 15 de marzo de 2012
El retorno: la épica de un país en serio
...Intentemos (...) un breve repaso de estos años para recuperar perspectiva. La promesa de Néstor Kirchner en 2003 era "un país en serio". Reconstruir, o construir ese país requería atender primero las demandas de los sectores más postergados. ¡Pí-qué-téroscarajo! Sí, nunca es suficiente, porque ese país en serio es una utopía. Rara. Raro eso de prometer normalidad, pero no si consideramos el punto de partida.
El buen humor social, los índices macroeconómicos y la alta popularidad con la que abandonó el gobierno Kirchner son prueba de que la construcción estaba en marcha. Llegó Cristina, para "profundizar el cambio", para institucionalizarlo. Pero pronto su gobierno debió mutar: el cambio, que el kirchnerismo imaginaba gradual, por el enfrentamiento desatado por "el campo" y Clarín como puntas de lanza del poder corporativo, viró en algo más traumático. De ahí el eslogan opositor de que el gobierno busca dividir, enfrentar a los argentinos. Claro, los argentinos fueron siempre ellos. Los "buenos argentinos", al decir de Borges y Bioy en algún cuento de H. Bustos Domecq. O los mejores argentinos.
Entonces uno vuelve de unas vacaciones blogueras y encuentra a la épica algo ausente, reemplazada por la "sintonía fina". Y está bien. El "país normal" que prometía Kirchner debe haberse parecido más al de hoy que al de 2008/2009. Las tensiones cambiaron. No es lo mismo redistribuir pensando en quienes tenían nada que hacerlo hacia los sectores medios. La clase media ha aumentado y, como todo sector que se potencia, requiere que sus necesidades sean atendidas (Hola Moyano, te estamos llamando). Algún interés debe ser, necesariamente, afectado para esto. Pero he ahí que revive aquella zoncera: la clase media tiende a identificarse con los reclamos de los sectores A y B a los que aspiran a pertenecer. El oficialismo lo sabe. El 54% fue resultado tanto de la lucha contra las corporaciones como de haber corrido el discurso hacia el centro, tanto de la AUH como de haber recompuesto poder adquisitivo para las clases media y media alta. Lo advertimos luego de las Primarias. Resultante de esta ecuación, algunos sectores medios y algunos sectores progresistas pueden sentirse defraudados hoy. Pero el cuadro actual no es algo muy distinto a ese país en serio que prometía Kirchner luego de la debacle de 2001. ¿O qué entienden ustedes por país en serio?».
También este de Manolo. Crítico y no (tan) críptico: Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro de la Derecha peronista.











