Mostrando las entradas con la etiqueta 2019. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta 2019. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de agosto de 2019

¿Vacío de poder o desempate catastrófico?

En años en que la medialuna fértil boliviana ponía en jaque al gobierno de Evo Morales, su principal ideólogo y soporte intelectual, el vicepresidente Álvaro García Linera, acuñó el concepto de empate catastrófico para graficar la situación en la que una oposición, que se hacía fuerte en las calles y dotada de musculación territorial (en el más llano sentido de la palabra: eran los dueños de la tierra), desafiaba a un gobierno fuerte electoralmente pero que había perdido el manejo de la agenda y era amenazado, además, por intereses allende las fronteras de Bolivia. Empate porque la oposición no podía ganar las elecciones mientras el gobierno no podía efectivamente gobernar, y catastrófico porque se prolongaba en el tiempo, sin visos de resolución política y pacífica, afectando así el desenvolvimiento de la vida política y económica del hermano país.

Argentina enfrenta un momento similar pero que involucra activamente a tres actores protagónicos y varios de reparto. Estos primeros son, sabemos, el oficialismo nacional, el peronismo nucleado en el Frente de Todos y, claro, el FMI. Éste último, la oposición y aún algunos analistas macristas devenidos ex macristas hablan del vacío de poder que ensombrece el panorama político pero sobre todo económico luego de las PASO. ¿Vacío? El poder es energía y ésta no se desvanece, no desaparece sino que se transforma. Y si de transformación hablamos, nos referimos a un momento de transición, del pasaje de un estado (de cosas) a otro, distinto.

Podemos apelar a García Linera para señalar que no es un vacío de poder, en términos estrictos, lo que ocurre mientras escribimos estas líneas. Se trata del desarrollo de algo evolutivo, que comenzó a tomar forma en el momento mismo en que Mauricio Macri pronunció su "ahora vamos por todo". ¿No dijo eso, dicen ustedes? Recuerden, como lo hace Tomás Aguerre, aquel discurso poselectoral del presidente en 2017 en el que inauguró un "reformismo permanente" que incluía reformas jubilatoria, laboral, fiscal y hasta electorales: "hace poco más de una semana los argentinos dimos un enorme paso, confirmamos nuestra decisión de cambiar, decidimos profundizar la transformación que comenzamos juntos". En diciembre de ese mismo año comenzó a hacer agua al enfrentar una resistencia que tomó las calles frente a su reforma jubilatoria. El macrismo entonces, envalentonado por su reciente triunfo, respondió antes con balas de goma y gases que con política. Dicen que fue Lincoln quien sostuvo que si querés probar el carácter de un hombre, dale poder. Luego llegaron el cierre del crédito externo, agotado, la devaluación y el pedido de auxilio al Fondo Monetario Internacional, otro actor de esta comedia o tragedia de enriedos.

A grandes rasgos, este desempate presenta a los involucrados jugando los roles que pueden desempeñar y no otros al azar: el gobierno en uno doble, como contendiente electoral pero también como gobierno a cargo; el peronismo, el Frente de Todos también como contrincante electoral pero, a la vez, construyendo ya su muy posible legitimidad de ejercicio para cuando sea elegido y el último actor, el FMI, en su rol de... FMI. Es decir, como garante institucional de las reformas que todo proyecto de subordinación requiere. ¿O creen que Donald Trump le pone dólares en el bolsillo a Mauricio en defensa del libre mercado porque el populismo sería algo intrínsecamente malo, de izquierda, casi una amenaza comunista? Si el rol del FMI es éste, ¿cuándo le conviene entonces operar? ¿Ahora, en el momento de mayor debilidad de Macri y en el que Alberto Fernández aún no cuenta con el aval formal para ejercer el poder ejecutivo, o cuando Alberto sea efectivamente presidente y cuente con las herramientas que sus atributos le otorgarían? Pero claro, la respuesta es ahora mismo, mal que le pese a Mauricio Macri quien ve, con resignación, que la puesta en escena del Fondo Monetario hace más opresivo el dolor de ya no ser al añadirle la conciencia de ese "vacío de poder" que, sí, lo aqueja.

¿Y Alberto? ¿Qué tiene para ganar si firma a libro cerrado el pliego de peticiones del FMI? Nada, por supuesto, y sólo puede perder poder simbólico; no sólo de cara a su necesario electorado sino también frente al FMI mismo cuando le toque negociar ya como presidente. Mucho menor incentivo tiene para darle aire a un gobierno que todavía dice que quiere ganar, lo extorsiona y maltrata públicamente y decide unilateralmente un desfinanciamiento a las provincias. El macrismo parece no conocer otra forma de negociar que la extorsión. Como señaláramos, representa un fracaso no sólo económico sino también político. Mientras, juega a convencer a los propios de que aún puede ganar para que no abandonen el barco y se incremente, así, esa diferencia de 15 o 16 puntos que lo dejaría peor parado en la repartija de poder legislativo. Esto es fácil de observar: no están yendo por los votos de Alberto sino ensanchando la fractura entre las percepciones políticas. La grieta, bah, leitmotiv electoral y justificación última de un Cambiemos que agoniza.

Existen tensiones a ser resueltas, sobre todo en referencia al lugar que ocupará cada uno de estos actores en relación al poder. Por eso viene el FMI con una agenda política y no de trabajo, por lo mismo Macri intenta comprometer en su plan a Fernández mientras Alberto le escapa al abrazo de eso. Por eso hablamos de desempate catastrófico y no de empate, porque es una situación que tiende a su resolución, en un primer momento electoral (aunque 60 días parezcan una eternidad en la Argentina actual). Además, porque el término desempate permite presumir de algo parecido a una conceptualización... para ponerlo en términos académicos, lo suficientemente piola y ganchera. Y decimos catastrófico por razones obvias, ya que los tironeos de este ménage à trois involucran una mayor degradación económica que empuja a más gente a la pobreza y afecta la calidad de vida de los sectores medios y populares. Lo que nos lleva a una pregunta última y fatal: ¿quién de estos tres actores tiene algún incentivo para ceder y a la vez ganar en ese movimiento? ¿El FMI, que debe negociar cuando sus acreedores están más débiles? ¿Alberto Fernández para no recoger ningún fruto electoral mientras se despoja de poder para una muy próxima negociación? ¿O el gobierno —como se lo señalan puntualmente analistas que constituían su factótum— para no terminar como Raúl Ricardo Alfonsín?

Una última anotación: quizás el FMI tendría también algo para ganar si cediera en su posición. ¿O sería acaso deseable la implosión del partido de oposición que enarbola su agenda y la de sus financistas?

martes, 20 de agosto de 2019

El macrismo, una deuda económica y política

El momento exige enfocar la incoherencia que demuestra el macrismo en materia de gestión económica, pero no se trata de algo novedoso, producto de la urgencia electoral o una bruta corrida cambiaria inserta en el desarrollo electoral; lo mencionamos en varias ocasiones cuando todavía éramos blogueros K bancados por la etérea pauta del reconocimiento social (!): la ornitológica economía macrista, instaurada para regocijo de capitales golondrina y fondos buitres, entregaba la contradicción de un mega endeudamiento externo junto a una gran depreciación de la moneda local. Si hubiera sido sólo eso ya sería insólito, pero además mostraba altos y crecientes índices inflacionarios en medio de una prolongada recesión económica. No mencionemos la caída del empleo junto a la del salario real porque, aunque la ortodoxia no suela asociarlos, forman parte de un proceso que se retroalimenta y uno de los objetivos del macrismo.

Pese a que parecería que intentamos hablar de economía, esta introducción no tiene otro sentido que marcar el fracaso de los CEO en lo que debería haber sido su materia, el manejo de las cuentas públicas. En vista de esto, que ya se presumía en 2016, es que los analistas comenzaron a enfocar por entonces en lo que consideraron un acierto del macrismo: su manejo político. Desde esta página humilde señalamos infinidad de veces que no se trató de otra cosa que una extorsión: el gobierno nacional conseguía apoyo legislativo del peronismo enarbolando la bandera del "golpismo PJ" (¡dejen gobernar!) mientras por abajo circulaban las carpetas. Desde una supuesta debilidad se hacían fuertes en la rosca, que no es equivalente a hacer política. Vamos a eso, entonces.

¿Cómo arribó Cambiemos a estas últimas elecciones? Cómo gobernó: con el PRO y con sus socios radicales estudiando si renovaban o no su apoyo con la esperanza de conseguir más espacio del que escasamente siempre les otorgaron. Tan así fue que los gobernadores radicales desdoblaron sus comicios y Macri quedó peleando sólo, junto a sus laderos Vidal y Rodríguez Larreta. Decíamos, hace tiempo, que llegar a las elecciones nacionales sin tener que competir contra el arrastre de los oficialismos provinciales constituiría el mal menor para Mauricio Macri. Esto era así, claro, antes de que el retroceso estratégico de Cristina habilitara la reunión de los islotes peronistas dispersos. Y así fue que Mauricio debió competir contra Alberto, Cristina y los peronismos provinciales con el resultado conocido (¿o no tan conocido? Fueron 20 y no 15 puntos de diferencia). Lo superestructural explica una parte importante del resultado, y ese es el fracaso político del macrismo y Mauricio, quien desde el PEN no pudo, quiso o supo articular algo más grande que el PRO como partido político o Cambiemos como mera herramienta electoral. ¿Podría haberlo conseguido con su plan económico y social? No es difícil aventurar que no, si hasta quien se mostraba como su mayor interlocutor entre los peronistas territoriales, Juan Urtubey, decidió acompañar como vice a Lavagna antes que a Cambiemos.

Existen razones políticas, además, para este fracaso de Macri en la articulación de algo superador y es el permanente sueño húmedo de la oligarquía argentina desde donde el PRO se desprende: el de terminar con el peronismo, el de recuperar al menemismo sin un Menem, el de comandar el país sin invitados indeseables irrumpiendo en el salón. Aunque su último banquinazo político lo mostrara buscando a Urtubey y finalmente Pichetto, Macri tenía el mandato de terminar con el kirchnerismo primero y el peronismo después. Y aquí volvemos a la solución superestructural del peronismo a los problemas argentinos: fue posible porque Macri había costurado antes y por abajo los jirones en que se habían dividido los votantes peronistas. Macri creyó que pasando a retiro a la planta peronista cortaba de raíz el "cáncer", sin recordar algo que se debatía por la bloguería allá por 2010 y es la estructura rizomática del movimiento y su anclaje social.

Además de talento político y visión estratégica, el macrismo careció de un justificativo distinto a ser el Otro del peronismo en un país en el que hasta los grandes empresarios son peronistas en épocas de crisis. No supo construir otro relato porque aspiró, primero, a la despolitización de la sociedad; luego vio que sólo montado en la grieta podía sostenerse sin resultados económicos, y se lanzó entonces a incrementar la fractura en la mirada social desde un terreno moral para esconder lo profundamente ideológico de su gestión. ¿Esta ausencia de referencia histórica es posterior o previa a la búsqueda permanente que hizo el macrismo de circunscribirse al presente? Desde sus inicios en el gobierno de CABA, el macrismo buscó justificación en los microrelatos de la cotidianidad, en el ahora, mientras ese presente fue de penurias. Un sinsentido. No hubieron tampoco Sarlos, Abrahams o Fragas que pudieran "hablar" al macrismo o insertarlo en un marco histórico que fuera distinto al de nuestras pasadas experiencias neoliberales, que pudieran dotarlo de ideas fuerza en torno a las cuales construir capital simbólico. El macrismo buscó deliberadamente que lo hablara el granperiodismo y no la intelectualidad; los Novaresios, Majules o Fantinos, ¿qué densidad podían otorgarle? Pero a la vez, ¿qué podían construir desde el ajuste, la precarización laboral, la caída del empleo y del salario real? El macrismo necesitaba algo que el kirchnerismo no le dio cuando Macri arribó al poder y que el macrismo sí le está entregando ahora a Alberto Fernández aunque el Frente de Todos no lo quiera: una crisis sobre la cual aterrizar.

lunes, 12 de agosto de 2019

Dimensiones de las PASO 2019

1. Dimensión electoral: triunfo contundente, inesperado para este humilde bloguero que prefería el pesimismo de la sinrazón al optimismo de la esperanza. ¿Fue esto último lo que determinó el voto para Alberto y Cristina? En alguna medida, pero esa esperanza no existiría sin el agobio de un presente social y económico decepcionante. En 2015 perdieron primero Cristina, Scioli, Massa y entonces, después, ganó Macri con una correcta estrategia al hacer confluir el antikirchnerismo y utilizar las PASO y generales como trampolín al balotaje. En este 2019 no podía ganar Macri por responsabilidad de su gestión pero algunos intereses lo sostenían. Ese espacio abandonado por Macri habilitó la reunión (tardía; y eso era un elemento importante en mi análisis previo) de Todos, Todas y Todes. Como en 2015, ahora también perdió primero el oficialismo. No recordar esto, luego, puede llevar a golpearse contra la realidad como le ocurrió al macrismo.

2. Dimensión geopolítica: la banca del FMI, de los EE.UU., del recientemente elegido Bolsonaro hablan de la importancia asignada a estas elecciones. El mapa geopolítico se encuentra en ebullición, con más o menos dos polos enfrentados en las figuras de EE.UU. vs. China y Rusia, en una suerte de nueva Guerra Fría comercial. Venezuela es parte fundamental de esta nueva ecuación pero también lo fueron la caída en desgracia del PT brasileño, el giro de Lenin Moreno en Ecuador o los disturbios políticos en Perú que derribaron a PPK y amenazan ahora a Vizcarra, aunque con razones más locales que continentales.

Recién asumido, Macri sobreactuó alineamiento con EE.UU. y, pese a su apuesta fallida por Hillary, Trump luego lo abrazó considerando a Maduro, la injerencia china en la región y el polvorín en que se convirtió Medio Oriente para su país. Sin proponérselo, quizás, el electorado argentino le propinó una derrota muy dolorosa a la administración republicana, al FMI y a la nueva estabilidad que buscan instalar en el subcontinente, corrida bastante hacia la centroderecha

3. Dimensión mediática: desde los diarios, la radio, la TV y la web, el granperiodismo argentino bancó a Macri ocultando la realidad económica y centrando su atención en el pasado K. Fue divertido, desde un punto de vista para nada neutral, ver cómo operaban anoche en TN con una agenda que podríamos resumir en dos mensajes: uno para Macri que rezaba "no te vamos a acompañar al cementerio, master" y otro para Alberto Fernández que podríamos graficar en "¿y si nos tomamos un café, che?". Hay que pagar por los medios lo que valen y no lo que ellos creen valer. Para el caso, también anoche Novaro y Fraga se cansaron de pedirle a Macri que declinara la candidatura para llegar a diciembre evitando una salida alfonsinista. De estadista, Mauricio pasó rápidamente a ser una suerte de copia fallida del peor Alfonsín y el único De la Rúa: un inútil. Tirar por la borda al hombre para salvar la ropa de las políticas neoliberales es un truco viejo ya. Si escuché bien, desde TN casi pidieron una entrega anticipada de poder también.

4. Dimensión económica: estamos viendo la toma de ganancias de los que fueron promotores y soportes del macrismo, apresurados ante la salida de un gobierno al que siempre consideraron propio pero al que nunca hicieron más que esquilmar. El macrismo les dio todo y ellos, recién hace pocas semanas y con la boca fruncida, le entregaron una paz cambiaria que se adivinó desde el principio efímera.

En resumen, Macri y Cambiemos creyeron que podrían castigar a su electorado ante el convencimiento de que la oposición no existía y se agotaba en Cristina, que manejarían la agenda electoral desde Comodoro Py y los medios y que lo importante era mantener la paz cambiaria sin corregir el deterioro bruto del poder adquisitivo. Un error de novatos para quienes presumían ser pragmáticos y el mejor equipo. Luego de vender optimismo y liviandad new age resultaron en exceso ideológicos y esto fue percibido por buena parte de la sociedad luego del triunfo en las legislativas 2017, cuando Mauricio volvió a ser Macri al aprobar una reforma jubilatoria apelando a la represión de las protestas que generaron.

miércoles, 12 de junio de 2019

10 reflexiones apresuradas en este cierre de alianzas atolondrado

Todavía en caliente, intentemos algunas aproximaciones a lo que sería la configuración del escenario electoral hasta el momento:

1.- Movió Cristina y precipitó los acontecimientos en todos los espacios (excepto en el FIT. ¿Por qué tanta maldad, viejo?). Desde el periodismo oficialista inmediatamente resurgieron las voces de los que reclamaban un Plan V, H o Y. Por suerte el macrismo confirmó a Mauricio antes de que se les acabaran las letras del abecedario.

2.- Aún así Macri apeló a un Plan. No alfabético pero sí numérico. O simbólico, qué se yo. El Plan π. El Plan 3,141592Chetto. Un plan infinito (?). Pero corto de miras: no apuntó al electorado sino a los mercados. ¿Podía apelar al electorado? ¿Vos decís? ¿Con quién? Difícil. No hizo mal: necesita antes a los mercados que a los votos para llegar con vida al momento de las urnas. ¿Cuál sería la señal hacia los mercados? Que en un eventual segundo mandato tendría gobernabilidad como en este primero, con Michelángelo y su celular caliente. Por ahora, sobrevive colgado al FMI y a la benevolencia de Trump (?), que lo quiere por bueno y no porque necesite respaldo para avanzar sobre Venezuela, ¿eh? No, nada que ver.

3.- Pichetto no suma ningún voto peronista. Los votos familiares deberíamos consignarlos como pichettistas, porque de eso se trató: supervivencia. Sabía que su tiempo había terminado en Río Negro y sólo le quedaba el paraguas macrista, al que apeló siendo mejor soldado de Mauricio que varios mauricistas. ¿Le resultará complicado borrar con el codo todo lo que hizo antes para hacer macrismo llegado el caso? ¿Complicado para qué, si no hará política electoral?

4.- El café veloz entre Alberto Fernández y Massa se concreta mientras escribimos estas líneas. Massa suma votos. No tantos. Pero la verdadera aritmética se da al neutralizar su capacidad de daño, esa que utilizó en 2015 para asegurarle a Macri el balotaje que le dio el PEN y la decantación de votos antikirchneristas entonces. Sumarlo, así, permite incrementar las chances de recuperar la provincia de Buenos Aires (sin un Felipe Solá que reste votos peronistas) y ello habilita a pensar en un triunfo en primera vuelta o, en el caso de segundo turno, que el camino de octubre a noviembre sea para la dupla Fernández lo que fue para Macri en 2015. PBA define buena parte de la elección y la movida de Cristina con Alberto fue también un granito de arena para reconfigurar el Partido del Balotaje.

5.- En Twitter adelantamos que Urtubey se bajaría: Lavagna tiene un partido nacional en el Socialismo santafesino. Qué difícil la ancha avenida cuando desde el ejecutivo se polariza y desde la principal oposición también, con acento en el rechazo al macrismo. Les deseamos mucha suerte porque le restan más a Mauricio que a Fernández². Podrían recibir votos antiperonistas desencantados con Miquelányelo en la fórmula de la ex Alianza Cambiemos.

6.- Retornando al oficialismo, la movida Pichetto no es un espejo a la que realizó Cristina con Alberto: eso hubiera sido entronizar a Vidal y llevarse más peronistas macri-friendly: reconfigurar la coalición como hizo CFK, que inmediatamente recibió los avales de los gobernadores peronistas, prescindentes hasta entonces de lo nacional. A Macri lo saludaron, en cambio, los gobernadores radicales que amagaron con retirarse.

7.- Pero el macrismo sí debe reconfigurar su vínculo con la sociedad; ya no desde el antiperonismo que lo constituyó: ser el Otro del peronismo que gobierna desde hace 40, 70, 100, 1.000 años. El pasado incluye al peronismo y ahora Cambiemos también. Ya Pinedo y otras espadas del espacio adelantaron que se acabó la dicotomía P-antiP (uy, ¡qué difícil!) y que ahora será el supuesto republicanismo vs. el populismo. Como si no fueran populistas, ja.

8.- Qué lindos tiempos para los verduleros que tienen encuestadoras, pero las de verdad ya se están realizando y el macrismo viene perdiendo ciudades capitales y votos. 200.000 sólo en Tucumán. Puede perder mucho también en Santa Fe y no realizó movida alguna que le permitiera pensar en recuperar votos en el Conurbano. En el NOA puede llevarse palizas como las de Tucumán (62 a 20) y en el Jujuy que Morales maneja con lógica peronista perdió casi 15 puntos de 2015 a 2019.

9.- ¿Qué será, entonces? ¿El republicanismo o el bolsillo? ¿El supuesto respeto institucional o las tarifas impagables? ¿Los blanquitos chicos de camperita cheta añorando el mundo que describió Fukuyama a fines de los '80 o los sucios populistas hablando de empleo y consumo? ¿Será la política o el marketing?

10.- Porque tenía que haber un 10. Venite a San Martín, Leo Pisculichi. ¡Que viva el fútbol!

miércoles, 22 de mayo de 2019

Fernández para armar un nuevo Partido del Balotaje

Volvemos, un ratito. No como otros que no vuelven más. ¿O sí?

El tablero político mostraba hasta hace poco no sólo cierta inmovilidad, similar a la estasis sanguínea que determina falta de oxigenación y pasaje a metabolismo anaerobio con producción de ácido láctico y consecuente acidosis y... bueno, una cagada para la vitalidad del tejido, digamos. El tejido político en este caso. ¿A qué nos referimos? A los (no) candidatos que no se instalaban. A que nada novedoso conmovía el escenario o la dinámica más que la forzada introducción de  Lavagna que venía a suplir —antes que a ensanchar— la ausencia de un candidato para la angostita avenida del medio, en vista de la incapacidad para superar el dígito por parte de los cuatro jinetes de Alternativa Federal.

Resulta que Cristina movió y su jugada tuvo la fuerza suficiente para descomponer la situación de quietud que lentamente llevaba al macrismo a conservar chances de reelección pese a su fallida economía. ¿Significa esto que Fernández² ya ganó? Ni por asomo, pero se abrieron ahora presunciones sobre una mayor factibilidad, y no sería ésto ya sólo responsabilidad de la ineptitud macrista sino, además, de una reconfiguración del esquema que arribará a las PASO, generales y eventual balotaje.

¿Cómo hubiéramos llegado de no mediar el encumbramiento albertofernandis... en realidad el autodescenso cristinista? Con Cristina candidata, bastante floja de apoyos pese a que de mala gana muchos gobernadores se hubieran sumado para negociar legisladores nacionales; con Macri apostando a un nuevo balotaje antikirchnerista y con alguien de la Ancha Avenida del Cantero del Medio de la Avenida intentando llevar votos hacia el macrismo en noviembre como ocurrió en 2015. Sí, la reedición del Partido AntiK del Balotaje.

En fin; no. Había que meter un volantazo. ¿Qué ocurrió a partir de eso? Gobernadores peronistas que no estaban mirando lo nacional saludaron la decisión, Schiaretti se apuró a convocar una nueva reunión de AF (¿Alberto Fern...? No, dejá), sectores radicales, macristas y parte de la prensa le solicitan a Macri un gesto similar y activar el Plan Vidal, algo así como un "Tévez conduce desde el banco para que brille Mauro Zárate" (?). Mientras, el macrismo sigue perdiendo elecciones provinciales. Pero no cualquieras: pierde también en las grandes ciudades y en Santa Fe y Córdoba.

Ya muchos analistas ahondaron en conclusiones a partir del gesto: la humildad y belleza de Cristina (los kirchneristas), el establecimiento del fin de la grieta (los antigrietistas), la renovada perversidad de CFK (los macristas), el arrastre de los gobernadores (los pejotistas), pero pocos se detuvieron en cuáles serían las consecuencias prácticas de este giro electoral (sí, ya sé: ganar, ¿pero cómo?). Algunos apuntaron: ganar en primera vuelta con un peronismo unido. ¿Es posible? No parece que todos vayan a participar en unas PASO contra AF-CFK pero si no, la jugada habilita algo que no leí aún (corríjanme): un nuevo, otro, Partido del Ballotage, como llamó Ignacio Zuleta a Cambiemos (y que sumaba por entonces a Massa y al resto de opciones electorales que cabalgaban sobre el rechazo al kirchnerismo). La idea es entonces, a partir de ahora, que sea sólo el macrismo el que se enfoque en Cristina, vaciando ese discurso antiK en el resto de las fuerzas. En la mesa de arena, éstas tendrían mayores incentivos para confrontar con Macri, permitiendo que un eventual balotaje encuentre a esos votos más cerca del PJ que del gobierno. Justamente al revés que en 2015. ¿Es tan matemático? No, claro, pero con Cristina candidata hubiera sido más fácil reeditar el partido del balotaje que favoreció antes a Mauricio Macri.

jueves, 3 de diciembre de 2015

El peronismo en entropía

Luego de la derrota en ballotage, y aun antes, con el triunfo de Vidal en PBA, el peronismo ingresó en una etapa en la que prevalecerá la reorganización puertas adentro. No se trata de la persistencia en el error que acarrea el sistema peronista/kirchnerista, de comunicación endogámica, sino de un proceso necesario para reemerger de cara a la sociedad. Valga decir, además, que no comprender que el macrismo gozará de un periodo de luna de miel, hasta que sus medidas pro mercado impacten en el bolsillo, es de una necedad parecida a la que nos llevó a la derrota. Pero antes de continuar, quizás convenga hacer una breve referencia a la selección del concepto entropía para caracterizar lo que viene. Leemos:

"...Coloquialmente, suele considerarse que la entropía es el desorden de un sistema, es decir, su grado de homogeneidad. Un ejemplo doméstico sería el de lanzar un vaso de cristal al suelo: tenderá a romperse y a esparcirse, mientras que jamás será posible que, lanzando trozos de cristal, se construya un vaso por sí solo. No obstante, considerar que la entropía es el desorden de un sistema sin tener en cuenta la naturaleza del mismo es una falacia. Y es que hay sistemas en los que la entropía no es directamente proporcional al desorden, sino al orden (...) hay muchas transiciones de fase en la que emerge una fase ordenada y al mismo tiempo, la entropía aumenta (...) por ejemplo cuando el agua y aceite tienden a separarse. También en la cristalización de esferas duras: cuando agitamos naranjas en un cesto, éstas se ordenan de forma espontánea...".

Pueden observarse ambas posturas entre los adherentes/militantes del peronismo: están quienes pretenden separar la paja del trigo y quienes sostienen que andando se van a acomodar los melones. Ambas prefiguran, al final del camino, un espacio de unidad. Entropía por la homogeneidad o entropía por el orden. Dos comentaristas en el posteo anterior sirven como ejemplos de lo anterior. Jorge sostiene que el 48,66% de Scioli no es el sciolismo, y que deberíamos tener presente que si el peronismo hoy puede reivindicarse como tal es gracias al kirchnerismo, que removió la mácula menemista: "¿Significa esto que Cristina lidera? No lo creo (...) Queda la incertidumbre (...) lo más sensato sería volver a ser Frente: juntar esos apoyos iniciales que supimos tener aprovechando el potencial marco de cohesión que uno supone generarán las políticas de Macri (...) Y aprovechemos la situación para detectar aquellos que militan en el peronismo acomodaticio, que son de la misma calaña que "el gallego" y el tigrense". ¿Opción por la homogeneidad? Martín de Encuentro Latinoamericano, por su parte, hace hincapié en "una debilidad que pudo ser uno de los grandes errores del oficialismo en las últimas elecciones: que nos haya unido, y a última hora, el espanto (Esto) complicó la unidad y la militancia del candidato propio. Si lo que viene es un FPV/PJ/etc. dividido entre los que dicen que se hizo todo bien, "Cristina 2019 ya" y los que dicen que se hizo todo mal, "Massa al poder", conseguir la unidad va a ser jodido. Más en ausencia de una conducción definida y aglutinante". Opción por el orden.

Acá acordamos con ambos, pero con alguna salvedad. Por ejemplo, creo que tanto Massa como De la Sota continuarán referenciándose en un peronismo antikirchnerista para, a la vez, jugar al cafierismo macrista. Contemplarlos entonces para lo que viene, intentar incorporarlos –digo–, resultará una pérdida de tiempo. Cualquier gestión en esa dirección implicará muscular a esa tercera fuerza y restarle energías al propio ordenamiento. Y ya que apelamos a los primero nombres propios, vamos con los del peronismo, porque sin ellos no hay política. Es claro que, pese a la derrota, son dos los dirigentes que tienen visibilidad y predicamento, es decir peso propio: Cristina y Scioli. Pese a sus diferencias, ambos comparten una característica: a partir de diciembre no contarán con poder institucional o territorial propiamente dichos, sino con la ascendencia que conserven sobre diputados/intendentes/gobernadores. De todos modos, La Cámpora, como expresión del cristinismo, haría bien en hacer pocas o ninguna ola; y la Ola Naranja no es o fue otra cosa que el despliegue electoral del sciolismo. Sigamos con los nombres propios. ¿Gobernadores? Urtubey, Manzur, Peppo. ¿Intendentes? Capitanich, algunos de la PBA, Magario, Cascallares, Insaurralde, Mussi. Con estas nominaciones, pudimos leer ya las primeras operaciones de prensa en lo que al control del PJ se refiere: que Scioli propone a Urtubey, que Cristina quiere y no quiere presidirlo, que una interna, Scioli al PJ-PBA; lo cierto es que antes de mediados de 2016 el partido debe ser encausado. Y convertirse en la plataforma desde la cual hacer una oposición ordenada y sensata al macrismo. No podemos dejar de anotar que ahora, como oficialismo, serán Macri y Vidal quienes dispondrán de herramientas para sentar el tono de la disputa, el terreno y los tiempos. Si lo hacen bien (y no como pareciera ser hasta ahora), tendrán ocho años. Si se equivocan escuchando a quienes quieren shock, ya, no aguantan más al kirchnerismo y lo quieren tirar del tren (!), tendrán solo cuatro. El peronismo deberá reconocer esta nueva realidad, acostumbrado como estuvo al dominio de la acción y la agenda.

No son muchas las certidumbres de cara al futuro, pero anotemos algunas propias:
:
1. Es 2017 o 2021. "No hay 2015 sin 2013" fue el mantra massista que no se verificó (Macri se guardó en aquella legislativa), pero será una obligación para el peronismo si pretende retornar.
2. Si debe renovarse, el peronismo debe hacerlo también en los modos de relacionarse con la sociedad. No dispondrá en este camino del aparato estatal del que gozó durante estos años, y la militancia sola no alcanza (menos aun si baja a evangelizar y no a escuchar). Las políticas de medios y de redes sociales resultaron grandes déficits en la pasada campaña.
3. Considerando el periodo de gracia del que dispondrá el macrismo, y la banca que los grandes medios ya realizan de su futuro gobierno, no restan dos años para las legislativas2017 sino, tan solo, uno. El FpV cometió muchos errores, pero uno de los más groseros fue patear las definiciones electorales hasta el final.
4. El peronismo deberá seleccionar con quiénes y cuándo dar la pelea grande. Si es contra un Macri potente en 2019, debería ser Scioli; contra un gobierno de capa caída, en cambio, la propuesta del peronismo debería ser de una renovación mayor, y podríamos aventurar una interna entre, por ejemplo, Urtubey y Capitanich.
5. Insistir con Cristina 2019 puede actuar como un ansiolítico para el alma política o un analgésico para las magulladuras del 2015, pero no suena sensato o instrumental si anteponemos los intereses de la mayoría al lustre del bronce histórico. Cristina contará con un gran poder simbólico luego de abandonar el PEN, pero no creo que vaya a constituirse en una demanda social que exceda al clamor de la militancia cristinista.
6. Hacer antimacrismo progre-capitalino solo nos asegurará muchos años de gobierno amarillo. Si los reflejos culturales antimenemistas le ganan a la defensa del bolsillo de las clases populares, Mauricio podrá disfrutar de la pizza con champán sin sobresaltos.
7. Listo, peguenmé.