...tenemos 28 años de democracia en la que nos fue muy mal. El proyecto posdictadura fue un regalo de las Malvinas porque nunca creímos en la democracia como sociedad. El "que se vayan todos" es algo que viene de los 70, no se inventó en 2001. La violencia revolucionaria, ERP, Montoneros, no creían en la democracia electoral, republicana, de partidos políticos, y los militares tampoco. Recibimos la democracia por una derrota militar, no la buscamos, no hubo conciencia cívica. Y así son los resultados de los últimos 28 años: dos presidentes rajados, un presidente innombrable y una asociación conyugal...Si no me equivoco, Beatriz Sarlo también ensayó un argumento similar. Patético. Elegir un acontecimiento, que marca simbólicamente el fin del desarrollo de un momento histórico como el de la dictadura (que fue coincidiendo con la caída de las demás dictaduras cívico-militares en nuestro subcontinente, en el que sólo sobreviviría la chilena, casi una década más) para cargar sobre él la responsabilidad de ser punto de inflexión en el curso de esa misma historia no sería siquiera sesgar, sino, directamente, malinterpretar la Historia. Antes de Malvinas hubieron 30.000 desaparecidos y un país viviendo a la sombra del terrorismo de Estado. Es decir, bajo el terror. Un terror que no viví pero que no es necesario experimentar para entender cuán profunda y dolorosa podía ser esa experiencia, esa existencia. Habiendo mencionado eso, ¿vale la pena también agregar la prohibición de toda actividad política so pena de muerte, una muerte que no era muerte sino "desaparición"? Sí, vale la pena. Porque la violencia revolucionaria tampoco lo era todo en los '70. Sí una de las caras visibles de la actividad política prohibida, pero no su suma. Entonces tampoco es legítimo inferir que porque algunos sectores no creyeran en la democracia representativa como hoy la entendemos, no creyeran «en la democracia como sociedad». La democracia, por entonces, podía ser entendida literalmente, como gobierno del pueblo. Un pueblo sometido al terror, valga la redundancia.
Pensar que el «"que se vayan todos" es algo que viene de los '70» es, sí, sesgar toda la historia argentina. Es no incluir el pensamiento anarquista que llegó con la inmigración alentada desde el Estado, es elegir no recordar -o no entender, que no es peor, sólo distinto- la época del "fraude patriótico", los tiempos de dictadura a contramano de la voluntad popular inaugurados, en los papeles, por Uriburu en 1930. El sustrato que permitía los golpes de Estado, el sentido de la historia que autorizaba esas experiencias ilegales e ilegítimas, estaba fundado en la creencia de que era posible "que se fueran todos" para que vinieran los uniformados a "imponer orden" y "ejercer el poder", porque la clase política no había podido, no había querido o no había sabido resolver los problemas y tensiones sociales.
No hubo conciencia cívica, dice Tomás Abraham, sin recordar las plazas que se llenaron en nuestro país desde el '83 a la fecha. Sin entender nuestra idiosincracia, casi.
