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sábado, 3 de diciembre de 2011

El Rey David

Tiene demasiada conciencia de su propia importancia. Sí, gran triunfo el del dobles hoy. Sí, Nalbandian se agranda en la Davis. Sí, es el alma del equipo. Sí, es el jugador argentino que más quiere ganar la ensaladera en toda su historia. Sí, también puede conspirar contra las chances de su equipo con declaraciones como las de hoy: «Me hubiera gustado jugar los cinco puntos pero no se puede por reglamento».

Si yo formara parte del equipo de David, le pediría explicaciones. Claro, yo soy una nena quilombera, ¿pero quién te creés que sos, Nalbandian?: «No es fácil jugar Copa Davis y se puede ver en muchos jugadores de diferentes partido».

Antes de seguir, debo confesar: yo era guillermocorista. Y luego gatogaudista. El unquillense siempre me cayó como vino con sandía. Por declaraciones como estas. Pasó en la final de la Davis, cuando jugamos de local: las disputas hacia el interior del equipo, los tironeos por protagonismo y la locación mermaron las posibilidades en aquel entonces. La empresa de este fin de semana es titánica, pero Nalbandian, en lugar de sacarle presión a Del Potro, el ancho de espadas en este momento, no hace más que sumarle presión con declaraciones como las reproducidas. Luego agregó que: «falta tanto para el quinto partido. Cada uno sabe qué tiene que hacer. Del Potro hizo un buen partido contra Ferrer y no se le dio el resultado. No la va a tener nada fácil con Rafa, es muy duro y más acá».

«Cada uno sabe qué tiene que hacer...». Está bien, David. Salvate solo.

martes, 15 de septiembre de 2009

Del Potro: Un argentino en Nueva York...

Nuestros valores más profundos y la “Argentinian Way of Life”.

Son muchos los que ahora, subidos en la ola triunfalista, analizarán a este argentino en Nueva York por lo que es: el típico canchero argentino, un poco atorrante y querible. Alguien que se enorgullece en quebrar las reglas porque es la “típica picardía criolla”.

Hay un chiste que se cuenta: Si un argentino se quiere suicidar, lo único que tiene que hacer es subir a su ego y tirarse desde ahí.

Hay otro: para construir un Uruguayo, Dios utilizó barro, arcilla, agua y un poco de mierda... pero no mucha, porque si no sale un Argentino.

Ya sabemos: somos los más inteligentes del mundo. Nuestras minas son las más lindas. Si podés cagar a alguien casi que tenés la obligación moral de hacerlo. ¿Esfuerzo? ¿Qué es eso? ¡El más vivo es que el consigue las cosas por izquierda! Y todo se puede arreglar en cinco minutos tomando un café.

Todos estos valores los representa cabalmente en su personaje mediático el actor Guillermo Franchella.

Del Potro es todo lo contrario: humildad, sacrificio, esfuerzo, valentía, ansias de superación.

Pero Del Potro no es el típico argentino.

Podrá compartir su triunfo con todos los argentinos que miramos tenis y los que no. Pero Juan Martín es como Manu Ginóbili: no es el arquetipo de argentino medio que representa tan bien Franchella.

Y su triunfo es de él. El US Open lo ganó él solito. No ganó Argentina, ni el tenis argentino. Ganó Juan Martín Del Potro. Él y su equipo y su familia. Y se lo ganó a Federer, un tipo tocado por la varita mágica que labura como si no tuviera talento. Vale muchísimo más así.

Una buena tenía que haber, entre tantas pálidas de River y la Selección.

Este post es una respuesta a todas las crónicas que se podrán leer estos días sobre el triunfo de Juan Martín: un campeonazo al que querrán presentar como héroe y modelo a seguir. Una manera de vendernos humo. Los argentinos promedio no somos como Del Potro. Somos más parecidos al personaje de Franchella. ¿O no, Pepe?