O la guita (la soja) y el conflicto en la calle. Y siempre el ataque al control del tipo de cambio y a cualquier intento de combatir la inflación. Eso son Moyano, Buzzi & Co.
Por una cuestión intersindical, el ex Hugo bueno toma de rehén la distribución de alimentos y alienta el fantasma de los faltantes en góndola luego del acuerdo de precios, lo que, por supuesto, después constituye una de las excusas perfectas para justificar aumentos de precio. Moyano, así, aunque se escude en el MTA y su lucha contra el neoliberalismo, pierde cualquier autoridad moral. Su interés, por supuesto, es acumular políticamente a través de la demostración de su capacidad de daño. Para lo que venga. ¿Responsabilidad política? Nah... ¿Su nuevo partido político? Un sello para firmar acuerdos, no una plataforma electoral. De otro modo no estaría actuando para los televidentes de TN. Ahora, por intervención de la Secretaría de Trabajo de la CABA, levantó el bloqueo por diez días. Todo bien con Macri, parece decir Moyano.
La Mesa de Enlace, como todos los inicios de año, presiona por una devaluación que ponga más metálico en sus bolsillos. Sí, los productores son también especuladores. No se tocaron las retenciones, pero como quieren cobrar en dólar blue, presionan. Su fuerza reside, precisamente, en la existencia de retenciones y en que este año se espera una cosecha mejor que la de 2012. Alguien dirá «diez años de kirchnerismo y no pudieron cambiar la estructura rentista agroexportadora». Sí, capo, es soplar y hacer botellas. Doscientos años consolidando ese sistema, con breves interregnos (de los cuales el kirchnerismo, digan lo que digan, es uno), y vos pretendés que cambie justo en la época dorada del capitalismo globalizado.
Moyano y la Mesa de Enlace, una estrategia de pinzas para atacar la economía del modelo. Que es dónde duele, claro. A la batalla cultural la saben perdida hace rato. Saben, además, que la única manera de recuperar el dominio cultural es haciendo explorar la economía K, condición necesaria para justificar, luego, cualquier medida antipopular. Y el coraje, la valentía, por supuesto, de las dirigencias políticas que las implementen. Sensatamente, porque para eso sirve llevar la batuta del sentido común.










