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domingo, 2 de abril de 2017

#1A

Bajen las cacerolas para que los de atrás puedan ver.

Si el común denominador de la manifestación pro oficialista fue el canto “No vuelven más" (sobre la melodía de la marcha peronista), se confirma que antes que un apoyo a Macri se trató de una nueva manifestación antiperonista. Una prologación de aquellos cacerolazos contra Cristina. Pobre Emilio Monzó.

Delirante en su convocatoria “en defensa de la Democracia", cuando ésta no se encuentra en riesgo; entienden los macristas silvestres, de todos modos —y de ahí el relato “golpista" al que apela el oficialismo—, que la gobernabilidad de Macri en estos casi 16 meses fue una concesión del peronismo. Ya fuera por convicciones liberales (los massistas y peronistas más macristas), por miedo a carpetazos (muchos otros, cuando no debido a amenazas directas de destino judicial) o porque entendieron que golpear a un gobierno débil en lo institucional, pero que además socava su propia legitimidad de ejercicio, no era negocio para nadie.

¿Le alcanza a Macri conservar, mimar, apelar al antiperonismo, exigirle el sacrificio de salir a la calle? Sí, le da oxígeno luego de las multitudinarias manifestaciones en contra. ¿Puede modificar con esto sus expectativas electorales? No. O es muy difícil. Aún así, Macri aprovechó para emplear a fondo la retroexcavadora con la que agiganta la grieta: “sin choripanes", felicitó a los manifestantes, cuando no había saludado a las anteriores marchas, opositoras; se apropió así una vez más del antiperonismo que lo justifica, que lo constituyó, sólo que ahora con la responsabilidad de ser el presidente de todos y no sólo de los que se creen más argentinos que el resto de los argentinos (perdón, Orwell).

Volviendo a los manifestantes (70 mil según Mariano Obarrio, 25 mil según otros), resulta preocupante que cambien los siglos, pasen las décadas y aún así haya quienes pretendan que el peronismo no forme parte del sistema político. La caracterización de la convocatoria (por la Democracia) y los mensajes psiquiátricos de algunos carteles traducen esa bronca que nace de comprender que no sólo forma parte sino que, en ocasiones, es casi el sistema político todo.

En la guerra de relatos, puede servirle al macrismo el estimular ese prejuicio que disocia peronismo y democracia. Desde su responsabilidad histórica es un error; y una continuación, además, en la política de hacerse fuerte desde su debilidad vía extorsión: dame gobernabilidad o sos golpista.

El peronismo puso mucho de su parte para quitarse el mote antidemocrático que le endilgan los sectores que dicen que los mejores días siempre fueron pre-peronistas. Durante los ocho años de Cristina, con Néstor y aún más en estos tiempos macristas, inclusive a costa de desalentar a su propia base electoral. El resto de ese camino deberá ser aportado por Macri y los suyos, tal y como apuntaron sus editorialistas militantes: debe completar su mandato, por primera vez desde 1928, un gobierno no peronista. Entregando recesión y ajuste, por ahora no parecen estar a la altura de lo que les demanda la Historia... si no es con el concurso del peronismo que aborrecen. Háganse cargo, macristas.

jueves, 19 de febrero de 2015

Golpes duros y golpes blandos

Una de las ventajas que otorga el disfrutar de una democracia en buen grado decantada es que sectores minoritarios pueden agredirla sin causar por ello un perjuicio irremediable. Lo que en otros tiempos podría haber generado un sismo político con implicaciones institucionales hoy se enmarca en una disputa que no es –como antes– orientada de modo únivoco hacia la censura que genera aplicar los términos de la moral sino, en cambio, es entendida como síntoma de las tensiones derivadas del ejercicio del poder que los distintos sectores políticos, económicos, mediáticos y hasta fuerzas extranjeras detentan. No nos referimos, por supuesto, a la marcha convocada por fiscales del PPJJ y medios de comunicación opositores sino al Caso Nisman en general: una acusación (sin evidencia para soportala) contra la Presidenta de un país realizada por un fiscal que luego aparece muerto (y que se presume asesinado aunque las evidencias apunten todas hacia el suicidio).

En el relato del oficialismo, se trata de un golpe blando al modo de las revoluciones de colores o de la así llamada primavera árabe, y se relativiza en consecuencia la marcha de ayer. Vale decir que no son “el pueblo” o “la gente”, como gustan de autotitularse, ni tampoco expresan algo siquiera cercano a una mayoría, pero sí a un sector particularmente influyente de la sociedad que ya había mostrado signos de divorcio allá por 2007 (legitimidad segmentada a la Carrió) y que en 2011, en parte, refrendó al FpV por una conjunción de factores emocionales y económicos. Como sostuvimos, no fue tanto la acusación como la muerte de Nisman la que habilitó la re-emergencia de esa corriente que se había expresado a favor de las patronales del agro y luego en sucesivos cacerolazos impulsados por el cepo al dólar y medidas de tipo proteccionistas. Claro, desde la vereda de enfrente el relato tiene aún menos asideros lógicos: dictadura, asesinato, simulación. Hay mayores dosis de hipocresía, también: el oficialismo tiene menos empacho en señalar –saludablemente, debemos agregar– que se trata de una disputa de poder; desde el campo opositor utilizan la muerte del fiscal para golpear en nombre de las instituciones, de la República o aún de la libertad. Si en un tiempo fue el kirchnerismo el que quería llevarnos al paraíso a patadas en el culo, los sectores opositores pretenden usufructuar Hollywood para erigirse en norteamericanos llevando “democracia” y “libertad” a Medio Oriente.

¿Se tratan de las dos veredas que limitan la grieta? Antes minorías intensas peleando por el sentido, ganando las calles o las redes sociales. Aquí creemos que los amplios sectores sociales que no adversan con ninguno de los dos campos deben ser ganados racional y no sólo emocionalmente –si no se consiguió adherencia con el saturómetro de emocionalidad marcando niveles inusitados, y…–. A pocos meses de las elecciones nacionales y provinciales, el escaso clima de entusiasmo fuera de los núcleos duros podría certificar la anterior afirmación.

El caso Nisman, el #18F y el Poder Judicial implican desafíos para oficialismo y oposición. El primero no debe sólo mantener la amalgama de sus adherentes –tal parece su pretensión– sino ampliar su base electoral; porque puede ganar en segunda vuelta pero sería harto difícil. Cuenta con el activo de los ejecutivos en casi todos los niveles, que está en el centro de la pelea y que pretende seguir gobernando hasta el último día (las urnas aborrecen el vacío de poder). La oposición política, en cambio, se desdibuja hasta el punto de otorgarle importancia a la próxima convención de la UCR nacional. Si el cese de los cacerolazos después de 2013 y en 2014 se atribuía a la representación conseguida por los distintos fragmentos que confrontan con el kirchnerismo, Massa, Macri y los radicalismos deben replantear sus estrategias: la marcha puede ser capitalizada por la oposición de algún modo nebuloso pero no por algún nombre propio. Dicho de otro modo: la representación del oficialismo no está en duda, pero la de la oposición no es patrimonio de quienes imprimirán sus nombres en las boletas. El teorema de Baglini se verifica a medias entonces: son Carrió o Bullrich quienes se inmolan frente a las cámaras, pero a Macri o Massa no parece importarles la posibilidad de heredar un gobierno herido de credibilidad o que ha sido manoseado por la prensa frente a la opinión pública de Occidente.

La respuesta del oficialismo frente al caso ha sido pobre desde el comienzo, con las dos cartas de CFK en Facebook o sus primeros discursos públicos. Golpe blando, advierte ahora 678, pero la respuesta invariable –y pertinente– es para qué querrían voltear a un gobierno en sus últimos meses. Ya no está entre nosotros Raúl Alfonsín para responder a esa pregunta, pero sí Carlos Menem. Sabemos que la aversión del establishment con el kirchnerismo nace y se multiplica con su incumbencia en materia económica y la disputa de poder que ello involucra, en todas direcciones, adentro y afuera del Estado –y recomiendo esto de Sol Prieto para entender el accionar del Poder Judicial en estos últimos tiempos–. Entonces, para responder a la pregunta, el caso Nisman y sus derivaciones deben entenderse también como un modo de desacreditar al kirchnerismo en tanto portador del virus del intervencionismo y condicionar, así, al próximo gobierno, cualquiera fuera este. Pero más aún si pretendiera contener dosis importantes de kirchnerismo en su seno. Si retrocedemos en el tiempo, el reemplazo de Menem por De la Rúa en 1999 no implicaba un cambio de orientación económica, pero Menem sí debió entregar el manejo de la economía al establishment cuando asumió anticipadamente en 1989. Que el kirchnerismo tuviera siempre como una de sus preocupaciones principales desactivar los mecanismos que permiten asestar golpes económicos ha resultado, sin dudas, un golpe duro a los golpes blandos.

viernes, 19 de abril de 2013

“Escuchar" el reclamo del #18A

Luego de -o durante- cada manifestación opositora (125, cacerolazos o paros de gremios opositores), se dijo que el Gobierno debía “escuchar" y obrar en consecuencia. Es de bienpensante. Es confortante. Listo, ya lo dije, que se hagan cargo. Es el horizonte opositor, que se encuentra siempre lejos, en el infinito, y se corre a medida que uno intenta acercarse. Y el peaje siempre es Balcarce 50. A Cristina le reclaman y contra CFK es el reclamo. Un dilema.

¿Pero “qué" debería escuchar? Se ha señalado hasta el hartazgo que el conjunto de reclamos puntuales caceroleros varía desde lo simplemente ridículo (libertad, instituciones) hasta lo francamente contradictorio (apertura del comercio exterior y dólares para ahorro o fuga). Revalúo impositivo rural, cepo al dólar, tragedia de Once y ahora la reforma judicial han sido las excusas para cacerolazos organizados previamente, a los que concurre una minoría intensa culturalmente clasemediera que no saldría a reclamar de no haber asistido a los prolegómenos, al incesante machacar mediático, a traspiés oficialistas también (cepo al dólar implementado a los ponchazos -que de haberse implementado mejor hubiera generado discordia igual-, renuencia a actualizar el mínimo no imponible, otrora las cadenas nacionales), a la fundamental inexistencia de representación política para este sector con posibilidad alguna de acceder al poder y algo que se menciona poco y mal: el gorilismo. Mejor dicho quedaría así: odian que se trate de un gobierno peronista.

Allí reside una porción importante del antikirchnerismo, que no tuvo más que pruritos estéticos para con la vulgaridad menemista. Son negros pero hacen (lo que nosotros queremos). En cambio estos son montoneros (impostores peronistas, renegados de clase, una traición imperdonable) que hacen (pero no lo que nosotros queremos). Disgresión: algunos peronistas más ortodoxos y menos progres señalan que este peronismo interpreta lo que los sectores populares quieren sin preguntárselos de manera directa. Puede ser. Fin de la disgresión.

Sostuvimos aquí que la agrupación política que intentó, fallidamente, representar el característico ánimo antipolítico de esta clase media urbana liberal cacerolera fue el PRO de Mauricio Macri. Falló por incapacidad para la construcción, porque el peronismo se negó a entregarle el espectro conservador y porque el relato que los publicistas le proveen estuvo siempre centrado en la coyuntura y no en una mirada de mediano o largo plazo. Aún así, estamos convencidos de que fue Mauricio Macri quien mejor resumió lo que los caceroleros verdaderamente quieren que se escuche. Lo hizo cuando en 2009 dijo: «se acabó robarles a unos para darles a otros» [1].

La frase es sintomática: “robarles" es el verbo elegido para demostrar, sin necesidad de pruebas, el delito que constituye la redistribución de la riqueza. “Unos", por supuesto, son ellos, los que laburan para que Cristina se los “robe" para luego darles a los “otros", los que no son como “uno", los que “reciben sin trabajar". Estoy convencido de que la absoluta mayoría cacerolera firmaría el sincericidio macrista. Aún muchos que no salen a cacerolear (y hasta votan a Cristina, eh, ojo).

[1] http://registromundo.blogspot.com.ar/2009/07/macri-se-acabo-robarles-unos-para.html

miércoles, 17 de abril de 2013

Caceroleros moyanistas-vandoristas caceroleando por un sueño

¿Caceroleros, moyanistas? Sí, existen coincidencias. Ambos “movimientos", cacerolismo y moyanismo, apuestan a la creación de un clima de descontento social [1] que desvirtúe las chances electorales del oficialismo y, para ello, utilizan un modelo de construcción política similar: en las calles, sin una referencia electoral de peso (Moyano no puede ser candidato y los organizadores del #8N o #18A tampoco) y, en definitiva, la acumulación política que consigan desarrollar es y será prenda de negociación para algún futuro armado electoral.

Moyanistas. Y vandoristas, por creer en que pueden obviar su referenciación política. Algo troscos, también [2], puesto que -piensan- cuanto peor, mejor. Eran, así, antipolíticos. Pre-políticos, ya que renegaban de la intermediación de las organizaciones políticas. Hay quienes quieren ver algún resabio asambleario de 2001. No logro observarlo. Aunque debemos reconocer que, por primera vez, están desnudando su pertenencia partidaria. Convocan al cacerolazo (y los organizadores celebran) Carrió, Bullrich, Amadeo, Macri, Alfonsín, Binner, De Narváez, etc. El furgón de cola del tren fantasma. Aunque sea difícil de creer, se trata de un salto cualitativo, determinado, claro, por las elecciones legislativas. En mi modesta opinión, le resta volumen a la convocatoria (lo que me alegra) porque delimita el campo de protesta enmarcándolo en referencias que ya han sido rechazadas por amplia mayoría. Agreguen significante, caceroleros, y deja de ser vacío. Hace, de todas maneras, a la honestidad de la “propuesta" (encomillada porque es protesta, antes que propuesta). La propuesta, para los que adhieren (no para los convocantes), está mucho más cerca del “que se vayan todos" dosmilunero que de ser un atisbo de programa político. Un rápido repaso nos muestra que cacerolearon primero por el dólar, luego por Once y, finalmente, ahora será por las inundaciones, en contra de la reforma judicial (ya no pueden apelar a la re-reelección [3]) y por el informe de Lanata y su rebote mediático, en círculo vicioso, para corazones antikirchneristas [4]. El componente farandulesco del informe no es caprichoso: convoca más involucrar a Ileana Calabró y a Karina Jelinek que sólo mencionar apellidos de oscuros funcionarios. Cacerolean por un Sueño. Si podemos proponer dos motivos más para la queja, señalaríamos la ausencia de Tinelli y su comitiva de culos y tetas en TV y, tema candente, por la aparición con vida de un video íntimo de la Jelinek ya (no hay momento mejor que éste, Karina Olga).

El heterogéneo sector protestador representa, dentro de su propio imaginario, a los no-legitimadores segmentados de Carrió en 2007. Clase media y media-alta urbana y educada. Más importante en términos de opinión pública que en porcentaje netamente electoral. Y nunca el 45% al que pretendió estirarlo Raquel San Martín el domingo en LA NACION [5]: «...se autodefinen como "ni K ni anti-K", los que estuvieron en la Plaza de Mayo durante los festejos del Bicentenario y volvieron allí en el 8-N (...) un sector electoralmente volátil, sin identificación partidaria ni voceros que lo representen y que, según la encuesta que se mire, puede abarcar hasta el 45% de la población...». Si así fuera, significaría que ningún opositor, llámese Binner, Alfonsín, Duhalde, etc., tuvo votos propios en las últimas elecciones presidenciales. Existirían tan sólo los “votantes K" (54%) y los "ni K ni anti-K" (46%). Exceso de voluntarismo en la nota: los cacerolazos no se componen (mayoritariamente) por desencantados, sino por odiadores. Buscan, sí, influir sobre los desencantados o “independientes".

Es muy probable que junten un buen número este jueves. De todas maneras, repetimos, su influencia se circunscribe al ámbito del humor social, influenciado no sólo por lo mediático sino, además, por diversos factores, entre los cuales la marcha de la economía es el principal. Los caceroleros pueden pretender cumplir ahora el rol que los piqueteros ruralistas de la abundancia terrateniente desarrollaron eficazmente en 2008/2009 pero, al contrario de aquellos, el cacerolismo moyanista vandorista no cuenta con instrumentos de presión económica para lograrlo. Si tan sólo tuvieran el monopolio del dólar blue, ah...

[1] http://loshuevosylasideas.blogspot.com.ar/2012/06/marque-moyano-si-desea-descontento.html

[2] http://loshuevosylasideas.blogspot.com.ar/2012/06/la-violencia-de-la-clase-combativa.html

[3] http://loshuevosylasideas.blogspot.com.ar/2013/03/re-re-la-mirada-mediatica.html

[4] http://loshuevosylasideas.blogspot.com.ar/2012/05/periodismo-para-todos-adrenalina-para.html

[5] http://www.lanacion.com.ar/1572133-ni-k-ni-anti-k-el-limbo-politico-de-los-no-alineados

sábado, 24 de noviembre de 2012

Bourdieu para caceroleros

Un gobierno es chavista cuando no sigue las recomendaciones de la ortodoxia económica, que tan buenos resultados obtiene actualmente en la Unión Europea. Así hasta Obama era comunista para Angelina Jolie (en EE.UU. le temen más a una amenaza enmarcada entre la II Guerra y la Caída del Muro que a un capitalismo populista con retórica socialista antiimperialista latinoamericano del siglo XXI). O peronista -al hawaiiano Barack continuamos refiriéndonos [1]- cuando pensó que los sindicatos podrían ayudar a capear la crisis. O socialdemócrata europeo promotor de un Estado de Bienestar que mantiene al 47% (todos vagos hotdogueros; allá no hay choripanes) para Romney [2] y los del Tea Party, a quienes Dios les entregó en el Monte Sinaí, atado de pies y manos y en pelotas, a Adam Smith. La manzana con 0% de calorías y 0% de manzana.

Cuando el neoliberalismo deja de ser dogma, pierde la categoría de religión y ya no se deposita en su credo toda la fe, bueno, es cuando un gobierno se transforma en chavo-castrista del 8 y aleja a su país del mundo. Horror. ¿Adónde depositamos entonces la pulsión de muerte, Carrió? En el 8N, la resistencia al régimen, of course. Salmón rosado para todos (los que puedan comprarlo) antes que hambre para nadie.

No se para qué me gasto sin ningún cacerolero se aventura más allá de las 4 o 5 oraciones que puede leer en un estado de Facebook. Ojo, que esto no suene como un elitismo. Aunque lo sea, pero lo importante es cómo suena y no el fondo, ¿no? Igual, para mis amigos caceroleros, amantes de la cultura que los acerca a una charla de Jockey Club (la única vez que fui estaban charlando de minas y no del concepto lockeano de libertad), un poco, chiquito, de Pierre Bourdieu, quien osa, pecado, criticar sus consignas sin siquiera haberlos visto cacerolear o banderear en TN:

"...esta utopía suscita una formidable creencia: la free trade faith (la fe en el libre comercio), no solamente en aquellos que viven materialmente de esto como los financistas, los patrones de las grandes empresas, etc., sino también en aquellos que sacan de esto sus justificaciones para existir, como los altos funcionarios y los políticos, que sacralizan el poder de los mercados en nombre de la eficacia económica, que exigen el levantamiento de las barreras administrativas o políticas capaces de molestar a quienes detentan los capitales en la investigación puramente individual de la maximización del beneficio individual, instituido en modelo de racionalidad, que quieren bancos centrales independientes, que recomiendan la subordinación de los estados nacionales a las exigencias de la libertad económica para los maestros de la economía, con la supresión de todas las reglamentaciones sobre todos los mercados, comenzando por el mercado del trabajo, la prohibición de los déficits y de la inflación, la privatización generalizada de los servicios públicos, la reducción de los gastos públicos y sociales...".

Pierre Bourdieu: la esencia del neoliberalismo. Aquí completo (alguien en el mundo piense en ustedes): http://mamvas.blogspot.com.ar/2012/11/pierre-bourdieu-la-esencia-del.html

[1] http://loshuevosylasideas.blogspot.com.ar/2009/10/barack-choripanero-obama.html

[2] http://www.huffingtonpost.es/mobileweb/sebastian-royo/romney-y-el-47_b_1902167.html

jueves, 22 de noviembre de 2012

Del clima destituyente al clima deslegitimante

La primera descripción climática, destituyente, constituyó un hallazgo semántico de Carta Abierta y sirvió para caracterizar un frente de tormenta, con abundantes descargas atmosféricas, que tenía por objetivo crear las condiciones para un abandono anticipado del poder por parte de los Kirchner. No se trató de una modalidad tradicional para lo que se conoce como golpe de estado -aunque el resultado esperado haya sido el mismo- y por esa razón encontrar una definición que describiera mejor el tempestuoso objetivo fue una necesidad en aras de transparentar así lo inconfesable.

Lo inconfesable, hoy, lo que se oculta bajo excusas bienintencionadas como libertad, separación de poderes y respeto a la justicia (elementos republicanos del listado de reclamos caceroleros), la supuesta búsqueda de cercenar la libertad de expresión y única voz crítica (el relato de Clarín) y las motivaciones políticas detrás del paro convocado anteayer por Moyano, Micheli & Co. (algunas de las cuales debatimos en el posteo anterior [1], con invalorables aportes en los comentarios) no es un intento por lograr que Cristina Fernández de Kirchner abandone prematuramente el poder -es decir, un intento de destitución enmarcado en un clima destituyente-, sino que el objetivo inconfesable es restarle legitimidad al PEN para que así, por traslación directa, cualquier acción llevada adelante por el Ejecutivo nacional carezca de legitimidad, por su origen teñido de sospechas de ilegalidad de ejercicio.

Todo intento por conseguir una destitución debe ser necesariamente precedido por una deslegitimación del ejercicio del poder emanado del voto popular. Luego de las elecciones de 2007 esa tarea fue satisfactoriamente cumplida por Elisa Carrió, al instalar aquello de la legitimidad segmentada, ampliamente amplificado el concepto por los voceros del establishment: LA NACION, siempre opositora, y Clarín, ya montado en la etapa pugilística de su estrategia procíclica [2]. Una vez alcanzado el primer objetivo sí puede intentarse el paso siguiente, y apostar por un clima destituyente.

En la actualidad, el accionar opositor, que promueve arietes como el emergente 8N o destina recursos para apropiarse de -y ampliar la- representatividad de opositores como los convocantes al paro del día martes 20, enfoca sus esfuerzos en la constitución de un clima pre-destituyente, un clima de deslegitimación (se sabe: legitimidad es legalidad), debido a que no se encuentran dadas las condiciones para la segunda etapa ya que, más allá de la dificultad que significa cuestionar la legitimidad del 54%, no cuentan con un recambio como Cobos, la conformación del bloque justicialista en el Congreso es más firme y homogénea y, como si no fuera ya poco, carecen de un aglutinador, una partícula de Higgs-Boson que nuclee y amalgame los heterogéneos y disímiles reclamos del cacerolismo liberal (y sus diferentes corrientes internas), el sector agroexportador, el financiero, el mediático y el sindicalismo opositor, para ser encausador de un voto que vaya algo más allá del vulgar fanatismo antikirchnerista.

[1] http://loshuevosylasideas.blogspot.com.ar/2012/11/20n-paro-o-piquetazo.html

[2] http://loshuevosylasideas.blogspot.com.ar/2010/01/clarin-vs-perfil-municion-gruesa.html

lunes, 12 de noviembre de 2012

¿Qué sería hacer post-ochoenismo?

1. Aquí no ha pasado nada, señores, circulen, circulen.
2. Tamaña manifestación obliga a abrazar su agenda de reclamos.

¿Blanco o negro? ¿Vamos por todo, por un poquito, entregamos algo, entregamos todo?  Quizás todas sean lecturas acertadas. What? Yes. Porque es evidente que algo pasó, lo que no necesariamente implica que los reclamos deban ser satisfechos. Atendidos o contenidos pueden ser resoluciones más peronistas pero, ¿escuchar las consignas caceroleras es hacer peronismo? ¿Escuchar el clima de época noventista fue hacer peronismo? Escuchar el humor social siempre es hacerlo, ¿pero qué tan representativo es no ya el número de caceroleros sino el malestar social que explica el ochoenazo?

El relato kirchnerista no es, desde hace un tiempo, tan abarcativo como antes. Cómo durante el 2011 eleccionario, que interpelaba a todos des-del-amorrrrr (sic). Aunque este siga siendo "un país con buena gente", es hoy más el país de la minoría intensa y el de la AUH. Y si algo define a nuestra clase media es un complejo de superioridad que fácilmente se transforma en complejo de inferioridad cuando siente que no es atendida. "Siente". La elección del término no es aleatoria, porque de sensaciones y relato se alimenta, como bienes de consumo cultural. Escucha "vamos por todo" y siente que van por ella: "todo lo que quieran, pero no me reemplacen la esperanza de ingresar al Jockey Club por la realidad mezquina de codearme con la chusma", podrían decir sus voces más desvergonzadas y reaccionarias. Europa y no Latinoamérica. Los países serios y no los bananeros. El Barcelona y no Gimnasia y Esgrima de Jujuy.

¿Escuchamos entonces el reclamo del 8N? Lo resume Diego Reynoso [1]: clausurar la posibilidad una reforma constitucional, liberalizar el mercado cambiario y el comercio exterior, trocar crecimiento por control de la inflación, política de seguridad represiva y no garantista, menor concentración de poder en el Ejecutivo, mayor conservadurismo en oposición al progresismo social y cultural y disminuir o terminar con la asistencia social a los sectores de menores recursos (es fácil imaginar que estarían a favor de una reducción de impuestos a los sectores más favorecidos para "dinamizar" la economía).

¿O mejor "vamos por todo"?, que en el imaginario de la minoría intensa oficialista significa (como bien resume Iris en Diletante Profesional [2]): reforma constitucional inspirada en la del '49, re-nacionalización de los recursos del subsuelo, separación de la Iglesia y el Estado, renuncia al CIADI, más intervención del Estado en las cadenas de formación de precios, fomento de las pymes para el agregado de valor a la producción minera y agraria, reforma impositiva progresiva, sistemas de salud y educación nacionales en vez de los múltiples provinciales, nueva ley de educación universitaria, aborto legal seguro y gratuito, etc. (¡qué miedo te da el "etc.", Biolcati!)

Dilemas: ¿cacerolismo o setentismo? ¿Derecha o izquierda? ¿Borges o Fútbol para Todos? ¿Clase media y alta o sectores populares? Si recapitulamos podemos acordar que cuando el kirchnerismo hizo política para recuperar a la clase media (luego de la "legitimidad segmentada" y el "paro histórico del campo"), no le fue muy bien (2009). Cuando se concentró en su base social (peronismo+progresismo), por otro lado, pudo sortear momentos complicados. Pero siempre le fue mejor cuando al relato lo bancaban los resultados y el momento económico. Fue entonces que ganó elecciones con holgura (quizás demasiada, para algunos). En definitiva, fuera del microclima politizado, lo que quiere la mayoría silenciosa nixoniana es vivir bien. (Uy, la puta, ¿y eso qué es?) Y... estar tranquilos, llegar a fin de mes, consumir, ahorrar algo, mandar a los chicos a la escuela/colegio/universidad, vacacionar, una casita, la jubilación, mirar el futuro con ganas y esperanza, etc. (que miedo te sigue dando el "etc.", Biolcati). Es por eso que acá repetimos, a manera de mantra que ayuda a regularizar la respiración, conseguir el equilibrio interno y combatir el mal de ojo (y el empacho), que es la gestión la que, secundariamente, habilita el desarrollo de batallas culturales y luchas por el sentido. Allí y no en otra parte, a mi modesto entender, es donde debe estar puesta la energía en momentos como estos.

Salú.

[1] http://votosponderados.blogspot.com.ar/2012/11/las-7-demandas-del-8n.html

[2] http://algunascosasnolassabe.blogspot.com.ar/2012/11/sobre-el-8-n.html

viernes, 9 de noviembre de 2012

8N: es la pelea por el relato, estúpido

En realidad es la economía, estúpido, porque si algo expresó la tremenda manifestación de los sectores medios altos anoche -más allá de los ya mencionados hartazgo contra el gobierno nacional y sus formas y la ya endémica crisis de representación opositora- es la existencia de muy diferentes visiones de presente y futuro por parte de los sectores de poder (es decir, de aquellos que tienen la capacidad de imponer y concretar su agenda) en nuestro país.

Vamos por partes, diría Dexter, nuestra moderna reinterpretación de Jack el Destripador. Hartazgo contra el gobierno que tiene más que ver con el desdoblamiento y control del mercado cambiario que con la libertad, más con la existencia de planes de asistencia social que con la corrupción y más con la derrota cultural que les infligió el kirchnerismo en cuanto a modelo de estado interventor que con la honestidad o no de Cristina y la posibilidad, muy lejana, de una re-reelección. Podríamos mencionar a la "inseguridad", real, sentida, pero esta se encuentra indisolublemente ligada a la pelea por el relato, estúpido. Digamos, además, que está absolutamente claro que los reclamos caceroleros tienen nada que ver con las críticas que al oficialismo se le hacen desde sectores afines u otrora aliados.

Por otro lado, para la endémica crisis de representación hay que escarbar en nuestra historia, remota y cercana. A vuelo de pájaro: el fraude patriótico, Braden, el '55, la proscripción del peronismo y las sucesivas dictaduras militares hicieron innecesaria la articulación política del sector. La reconfiguración, también, del radicalismo, que viró de partido popular hacia contracara del peronismo, condenado desde la caída de la Alianza a no ser opción electoral, con la consecuente aparición de las denominadas terceras fuerzas: Alsogaray en su momento, Carrió, segunda en 2007 luego de abandonar el discurso progresista por uno republicano, y Macri, quien buscó hacer usufructo del relato del fin de las ideologías justo cuando estas retornaban a escena.

Quiero detenerme un segundo en Macri, porque su propuesta de 2007 fue la más cercana al ideario cacerolero, que se escuda en excusas republicanas e individualistas (los pedidos por seguridad se resumen en uno y su grupo familiar) para ocultar la vergüenza que significa pedir desregulación y apertura comercial, ya que con agenda neoliberal es casi imposible superar el 30% nacional... a menos que sea con el escudo del peronismo en la boleta, señores del establishment. Pero eso, ustedes, señores del establishment, ya lo saben. La otra posibilidad es que este modelo finalice en crisis, que es precisamente lo que el oficialismo pretende evitar, aunque sea difícil venderlo en envase épico.

Decíamos al principio que la multitudinaria marcha de anoche (felicitaciones, chicos, están haciendo política; ahora se les plantea la disyuntiva de cómo seguir, si construyendo protesta o construyendo propuesta) es una manifestación de dos maneras distintas de comprender la realidad y proyectar hacia el futuro: una centrada en el capital y el individuo, y otra que antepone a lo humano y colectivo, pero sin dejar de atender al capital, que ya dijimos que esto es el reformismo burgués, tibión y putito [1] que a nosotros nos gusta, y no el socialismo que preferiría el compañero peronista Guevara. No hay, además, en nuestro medio mundo occidental y judeocristiano, otros modelos distintos (nadie pensaría, sin animus iocandi, que los señores y señoras caceroleros y caceroleras plantean que debemos parecernos a... China). Es esta pelea, por un modelo social y económico distinto al kirchneperonista, la que se hizo manifestación o carne ayer, pero arropada en una disputa por el relato, como sobrerrepresentación de la realidad.

[1] http://loshuevosylasideas.blogspot.com.ar/2012/08/mientras-todos-le-pegan-aca.html

jueves, 8 de noviembre de 2012

Corporaciones y cacerola, la lucha es una sola (parte 2 de El sol del 8N...)

Un sol para los chicos [1] que tiene tristeza en sus corazones liberales y sufren en la oscuridad de la larga noche kirchneperonista, tercer periodo de un gobierno que hace bandera de la lucha contra las corporaciones.

Degrossi sintetiza bien la relación existente entre el cacerolazo y evitar la desinversión clarinista [2]: es Clarín -y no los políticos opositores que payasean en conferencias contra la re-reelección (todo sea por avivar la protesta, aunque sea indirectamente)- la voz que expresa el ideario político del sector: antikirchnerismo (anti re-re), liberalidad económica (dólar, no "alejarnos" del mundo), inseguridad (aunque los lineamientos económicos que proponen redundarían en un incremento de la delincuencia [3]) y agenda republicana como garante del status quo (que en griego significa: che, vos, negro, no me pises los callos). La incapacidad para comprender (en algunos casos), y la necesidad (en muchos otros) de evitar que se comprenda la relación entre economía y política, está en la base de la protesta a- y antipolítica. Es ideario neoliberal: el Estado entorpece el "natural" desarrollo del comercio y Mercado. No importa que ese paradigma haya sido el imprescindible eslabón inicial para la crisis que encadena a los países desarrollados. El neoliberalismo formateó muchas mentes y se sabe que hay pocas cosas que causen mayor angustia que la propia resistencia a cambiar el sistema de pensamiento. Para todo lo demás existe el Sri Sri Ravi Shankar.

Al oficialismo le preocupa la protesta (una curva de cadenas nacionales mostraría un descenso), pero no debe desvelarlo, ya que con seguridad formó parte del cálculo realizado cuando decidió apostar capital político en el control del mercado cambiario [4]. O en hacer del 7D una nueva madre (feliz día a todas las madres) de todas las batallas. O en agitar la re-reelección, contribuyendo a la politización del sector cacerolero alternantista gubernamental sin alternativa de alternancia a la vista. Hizo poco, además, por fragmentar o restar argumentos a la protesta [5]. Algo siempre necesario porque, ¿qué chico no se queja cuando le imponen límites? ¡Un sol para los chicos! ¡Julián Weich!

La protesta es legítima y pletórica de demandas ridículas como "libertad" (para que el Estado siga financiado el ahorro privado de dólares y su posterior fuga), parar con los "atropellos del Ejecutivo a la Justicia" (porque los grupos económicos y mediáticos tienen el monopolio del atropello o la connivencia) y... eh... no sé, ¿qué más pedían? ¿No parecernos a Venezuela? ¿Acabar con el fascismo? ¿Lanata diputado por la provincia de Clarín? ¿¡Operativos Independencia!? [6] [7] Bueno, todo eso y el michetto-denarvaeismo de cambiar todo lo que nos hace mal por todo lo que nos hace bien. Snif. Política yogurt light con calcio, regulador del tránsito intestinal y de los caos de tránsito porteños.

Es cierto que creció el descontento hacia el gobierno, pero no a niveles de Resolución 125. No se trata entonces de que ha crecido el número de antikirchneristas [8], sino de un clima propicio (una coyuntura económica que no es la de 2010/2011, con un gobierno en fase defensiva luego de una reconfiguración de alianzas y, por supuesto, el 7D en el horizonte) al que se suma una ajustada organización de antipolítica que permite la expresión de un sector que existió y existirá siempre.

Con esa organización (y un posterior éxito callejero a ser amplificado en los LCD Para Todos) buscan generar algunas cosas, a saber: imponer agenda, influir a la Justicia en favor de Clarín, realizar una demostración de fuerza ante el gobierno nacional, cohesionar y encauzar al sector, generar descontento social y, no menos importante, generar culpa en algún porcentaje de ese 54% con la esperanza de crear una nueva espiral de silencio que desacomode el actual equilibrio de fuerzas.

El sol del 8N viene asomando para la República a la espera de partos institucionales varios, cesáreas financieras y abortos para pocos. Un sol. Un sol para los chicos.

[1] http://loshuevosylasideas.blogspot.com.ar/2012/09/caceroleros-conduccion.html

[2] http://nestornautas.blogspot.com/2012/11/en-las-visperas-del-cacerolazo-i.html

[3] http://elhombre3.blogspot.com.ar/2012/11/algunos-motivos-por-los-que-tal-vez-no.html

[4] http://loshuevosylasideas.blogspot.com.ar/2012/09/capital-politico.html

[5] http://artepolitica.com/articulos/politicas-de-estado-2

[6] http://lucascarrasco.blogspot.com.ar/2012/11/el-oso-pando-lanata-necesita-que.html

[7] http://es.m.wikipedia.org/wiki/Operativo_Independencia

[8] http://elblogdelfusilado.blogspot.com.ar/2012/11/a-full-con-manana.html

miércoles, 7 de noviembre de 2012

El sol del 8N viene asomando (parte 1)

Un sol. Un sol para los chicos.

Ningún sector de la oposición puede tan siquiera insinuarle al ochoeneísmo cacerolero capacidad para canalizar sus heterogéneas demandas en elecciones democráticas y, menos aún, luego, en el ejercicio del poder. Para eso querían inventar el Properonismo o, más tarde, al Peronismo Federal Republicano Liberal Libertario y Clarinista. Al Grupo A, en definitiva, ya que el radicalismo, socialismo, pinismo y victoriadondismo eran funcionales a la estrategia. ¿Qué estrategia?: erosionar al poder político; sí, en este caso kirchnerista, pero la erosión de uno afecta a todos, incluyendo al que vendrá mañana. No ocurre el fenómeno decartista de tabula rasa una vez que un nuevo gobierno nace: si el poder en manos del Estado es malo con Cristina, continuará siéndolo con Macri en el gobierno, los dueños de la Argentina en el poder.

Sólo que ya no lo dirán.

Otrosí: el 8N no es espontáneo, aunque algunos piensen que se suman espontáneamente. La espontaneidad como valor. Posmoderno. Opuesto a la necesaria organización. Aunque la cartelería callejera (sin firma; convoca el Espíritu Santo) no sea barata. En fin, ya muchos, incluidos los medios opositores, desnudaron a los encargados de organizar la espontánea movilización. Alguien que no puede ser sospechado de cristinismo como Jorge Asís realizó un resumen en su portal [1]. Se sabe ya que hay fundaciones neoliberales atrás, que partidos políticos, aunque pretendan no figurar, también estarán movilizando: el PRO, algo del radicalismo. También sectores sindicales opositores y, claro, el apoyo y fogoneo mediático aportado por quienes nada inocentemente relacionan al 8N con el 7D: un caceroleo masivo clausura el 7D, piensan. Es decir, la plena aplicación de la Ley de Medios. Se desilusionarán cuando, una vez caída la cautelar, el gobierno no haga más que hacer cumplir la ley. Gobierno corrupto y chavista que quiere hacer cumplir las leyes como si estuviéramos en... EE.UU. o cualquier otro "país serio".

Una marcha por la Libertad para evitar que una ley democrática y republicana afecte a un grupo concentrado mediático,  financieramente diversificado y parte fundamental de nuestra oligarquía. No me digan que, si no fuera trágico y triste, no sería simpático; al modo en que los chicos son simpáticos cuando hacen macanas.

Un sol. Un sol para los chicos que continuará en la segunda parte...

[1] http://www.jorgeasisdigital.com/2012/10/19/el-7-d-depende-del-8-n