Entonces, ¿son tan sorpresivos los porcentajes de CEOP (Bacman)? Un par de apuntes apresurados nos permitirían algunas herejías: 1) los humores sociales están bastante más a salvo del bombardeo mediático que lo que el kirchnerismo duro querría reconocer. 2) la situación económica, complicada por inflación, restricción externa, recesión, presión devaluatoria vía dólar blue, no es percibida como algo terminal ni mucho menos. De otro modo los resultados y las campañas de todos los aspirantes serían muy distintas. 3) el desangre del republicanismo tradicional (UCR+PS+CC) a manos del PRO y el FR permite comprender las fotos del radicalismo con el PRO o el FR en las provincias (nuestra evaluación sigue siendo la misma: no implican armados. Es fotopolítica y no movió votos). 4) lo anterior certifica que FAUnen, PRO y FR disputan el mismo electorado (y de ahí los espasmos republicanos del massismo, el ataque furibundo de Carrió a Massa y el intento de Macri por seguir siendo una tercera vía pura). 5) la estrella de las pasadas legislativas, Sergio Massa, no pudo capitalizar más allá de octubre su triunfo en PBA: ni garrochismo ni postkirchnerismo.
Pero retornemos a Bacman. Sabemos que toda encuesta es una foto y que todo encuestador tiene un empleador, pero hace trampa el de CEOP. Un poquito, al menos, cuando advierte que “…dado que el PRO o el Frente Renovador son todavía marcas poco conocidas, la encuesta se hizo preguntando por el PRO de Mauricio Macri o el FR de Sergio Massa…”. Traducido, la encuesta arroja números para el FpV como conjunto, sin personalizar, y para Macri y Massa como candidatos. Artilugio válido, porque permite una aproximación más ajustada a la realidad del voto que –debemos reconocer– aún debe estar lejos de definiciones terminantes (el casi 16% del NS/NC es botón suficiente). Preguntar por el PRO o el FR hubiera arrojado quizás datos más desalentadores para esas fuerzas. Son las ventajas y desventajas de los partidos unipersonales: tienen candidato puesto y, a la vez, no poseen la ventaja de unas PASO que generen expectativa.
Se entiende bajo ese cristal la evaluación de Bacman: “...al FpV le conviene tener unas PASO porque todos los candidatos tienen votos para aportar. Tanto Scioli, como Randazzo, Sergio Urribarri, Agustín Rossi o Jorge Taiana. Sería muy importante para el FpV la competencia que tire hacia arriba la intención de voto…”. Entonces, si bien coincido en todo lo demás que marca el encuestador (cómo se vota en una presidencial, la potencia de la marca PJ-FpV y lo referido a gobernabilidad), no estoy de acuerdo con esa evaluación. Y aquí retornamos al debate bloguero de la semana anterior: ¿cuál sería la mejor estrategia para el FpV? ¿PASO, lista de unidad, polarización? Mi humilde evaluación es que las PASO sólo serían un lastre si disminuyeran la intención de voto del espacio y de quien se perfila en punta, hoy Scioli. Si en cambio ambos porcentajes se mantuvieran, unas PASO no sólo serían deseables sino que potenciarían a ambos, PJ-FpV y el candidato que de ellas emergiera. Pero unas ordenadas, en la que los precandidatos fueran un par y no legión, porque hay que cuidar al de arriba, pero también a los de abajo. La pregunta sería: ¿aportaría que hubiera más de un candidato para expresar al núcleo duro kirchnerista? La polarización se daría luego en las generales, ordenando el voto K – anti K. Aquí comprendemos contraproducente trasladar esa polarización al interior del dispositivo oficialista, cuando sólo la unidad del espacio daría soporte a la especulación de Bacman: “…si se descartan los no sabe/no contesta, el porcentaje trepa al 40 por ciento. O sea que la posibilidad de ganar en primera vuelta está…”. Es dable pensar, claro, que ese 16% puede inclinarse en mayor medida hacia el carril de la oposición, así como también que en una hipotética segunda vuelta el resto de las fuerzas podrían funcionar como colectoras del candidato opositor. Como vemos, todo puede pasar, incluso que el PJ-FpV se alce con el triunfo en primera vuelta.






