martes, 29 de octubre de 2019
El duhaldismo que no viene
jueves, 12 de septiembre de 2019
El macrismo que no supo, quiso ni pudo
Macri presidente en 2015. Vidal gobernadora de la provincia de Buenos Aires. 71 a 28 en Córdoba, 57 a 42 en Mendoza, 55 a 44 en Santa Fe. Rodríguez Larreta en CABA. Una ola amarilla que avanzó sobre el país desde el puerto, inundando la zona centro. En lo político, un triunfo demoledor. Histórico. Más aun considerando a un partido relativamente nuevo, pretendidamente ahistoricista, que entendía mejor las demandas de aquel presente que un peronismo que arrastraba tres gobiernos y anquilosado en sus modos de vincularse con el electorado independiente; ese porcentaje que suele definir elecciones cuando las hinchadas peronistas y antiperonistas pueden mirarse con bronca porque la situación económica se los permite.
"Cada generación, dentro de una relativa opacidad, tiene que descubrir su misión, cumplirla o traicionarla", apuntó alguna vez Frantz Fanon. Argentina tenía para el macrismo una misión con dos demandas complementarias: la primera, no chocar la calesita para poder llegar al final del mandato. La segunda, entonces, era devolverle al sistema político una necesaria competencia para que no se perpetuara lo que la crisis de 2001 había entregado: un cuasi unipartidismo en donde lo electoral se dirime al interior del peronismo. Recordemos 2005 y 2013. No digamos 2008/9 porque en ese momento se introdujo un actor que no supo, quiso o pudo perdurar (al que Cambiemos representó luego).
¿Qué resultados puede mostrar el macrismo en relación a aquellas demandas? ¿Qué podemos decir en referencia a su misión? La conclusión es que falló. Estrepitosamente. Y en un capricho adolescente, dejará poco en pie detrás de sí. Sólo "Horacio", si no es forzado a un balotaje que puede perder.
¿Falló porque no supo? ¿Porque no quiso? ¿Porque no pudo? El macrismo, al menos el que se expresa mediáticamente, muestra siempre una disociación cognitiva peligrosa: no puede linkear lo social con lo económico. O lo electoral con lo económico, si quieren. Cuando habla de economía —escuchemos— no hablan de la gente. Y cuando hablan del votante, lo hacen aislándolos del contexto en el que les toca desenvolverse o, como mucho, desde una apelación ética. Dicen, así, que tenían la mirada fija en la orilla a la que querían llegar (objetivos económicos) y no voltearon para ver que a la gente se la llevaba el caudaloso río del desempleo y la caída del salario real (lo social). Con este plan económico, ¿podían esperar otros resultados? ¿En Argentina? Cometieron un pecado que suele cometer el antiperonismo: se pelean con la realidad, porque ésta no es la chilena, peruana o brasileña sobre la que quieren operar, y entonces dicen "estamos haciendo lo que se hizo en Chile" o "queremos ir a la velocidad de Brasil" y patinan como bicicleta sin cadena con los condicionantes que no quieren, pueden o saben reconocer.
Esto, que les ocurre en materia económica y social, lo replican a nivel político. Repetimos: Argentina les exigía reestablecer alguna forma de bipartidismo mientras ellos, con otro mandato de sus bases obcecadas, pretendían mantener el unipartidismo pero barriendo al peronismo. Ya ni siquiera apelar a captarlo, fagocitar al PJ desde el poder como cuando Menem entregó las banderas políticas para abrazarse el realismo periférico y bailar con Santiago Soldati según graficara acertadamente José Pablo Feinmann. No: sin resultados de gestión económica, sin bienestar que derramara —ni a eso apelaron— sobre el pueblo trabajador, pretendían imponer una sanción moral que continuara castigando al peronismo del último cristinismo.
¿No supieron? No... sabían lo que querían y no era devolverle al sistema una configuración competitiva, de mayor estabilidad tal como le solicitaron muchos analistas pro mercado y pro radicales. Entonces, ¿no quisieron? No, no quisieron. ¿No pudieron? Falta para octubre, pero todo parece indicar que no, no pudieron. Y es una deuda que ya están cobrándole muchos —hasta el 11 de agosto— simpatizantes, adherentes y mecenas.
jueves, 13 de julio de 2017
La resiliencia de los sectores populares, los '90 y hoy
En un comentario al posteo inmediato anterior, Esther, una de las comentaristas más lúcidas que tuvieron y tienen los blogs que aún no se fueron, hace algunos aportes a la descripción de la Argentina del macrismo:
1. Creo que hay otro factor de resiliencia de los sectores populares: los bienes materiales obtenidos en el gobierno anterior. Te hiciste una casita o ampliaste la que tenías. Compraste tu primer cero kilómetro. Compraste electrodomésticos, dispositivos electrónicos varios. La casita sigue estando. El auto aún está “bastante nuevo”. Todavía no se te rompió el lavarropas ni la heladera. El celular o el televisor última generación ya no son última generación pero te sirven igual.
¿Te preguntás si todo eso lo podrías hacer ahora? Posiblemente no, o por lo menos no hasta que se te queme la heladera y te encuentres que no tenés con qué comprar otra.
2. Creo (sin mayores evidencias salvo mi memoria poco confiable) que en los noventa la línea divisoria entre los qe se salvaron y los que se hundieron pasó, básicamente, por tener o no tener trabajo. Quienes consiguieron o retuvieron el laburo zafaron, o incluso les fue bien, quizás hasta muy bien. Los que no, se cayeron del sistema.
Ahora, creo, las cosas son diferentes; la línea divisoria se está constituyendo dentro del campo laboral; tener trabajo no es o no será sinónimo de “salvarte”. Hay o habrá una fracción considerable de trabajadores que son o serán pobres, incluso muy pobres.
(Hablo en presente y futuro porque, obviamente, el proceso actual aún no ha llegado al término deseado por sus diseñadores.)
3. No sé qué es la “clase media” pero sí que muchos nos creemos parte de ella. La cuestión, no siempre percibida, está en la respuesta a la pregunta elemental: ¿podés mantener tu estilo de vida y sostenerlo en un tiempo largo si te quedás sin laburo o sin la jubilación? Si no es así, si dependés del trabajo en forma directa (ya sea del actual o del que tuviste antes y ahora se transformó en jubilación), entonces pertenecés, antes que nada, a la clase trabajadora. ¿Cuántos nos pensamos desde esta óptica?
4. Hace un tiempo leí, en algún blog o no sé donde, un cartel (que tampoco sé de dónde salió ni quién lo hizo) con la mejor síntesis de todo lo que escribí antes. Decía: “Laburante / no hay laburo / se hace laburo al votar”. ¡Debería ser slogan de campaña! Un slogan que no es pura triquiñuela publicitaria, sino más bien teoría pura puesta en palabras simples.
5. Decís: «¿Es posible en Argentina? Eso es, exactamente, lo que esperan quienes pueden ser el soporte económico de un proyecto macrista y a lo que se refieren como “temor al retorno del populismo"».
Mi temor es, justamente, que en octubre haya demasiados que crean en el relato macrista, porque si a estas alturas siguen creyendo en ese relato es porque quieren creer o ignoran demasiado. En cualquiera de los dos casos estamos ante una matriz cultural bien complicada.
lunes, 10 de julio de 2017
La Argentina macrista
En “2017", un posteo de mayo de 2016, adelantamos las que, a nuestro parecer, constituían las necesidades de Cambiem... del macrismo, bah. Y entre esas la ausencia, por entonces, de un relato que diera cauce a su transitar, habida cuenta que pontificar sobre la meritocracia no alcanza sino para justificar la poda de derechos y servicios sociales del Estado. Ya lo encontraron: el relato del macrismo es la lucha contra las mafias. ¿Los docentes exigen mayor incremento salarial? Son mafiosos. ¿Un empresario de la informalidad quiere pararse de manos? Le allanan y clausuran todo en nombre del combate contra las mafias. La mafia de los trapitos, de los manteros; se viene salvando la mafia de los que explican chistes y la mafia de los familiares que te piden la cuenta de Netflix. ¿El peronismo? Mafia. ¿Los coniceteros? Mafia. ¿Diana? Maffía. Claro, no sería posible sin el concurso mediático y algunas figuras como Carrió o Stolbizer y Massa, actores de reparto en un remedo del honestismo noventista que criticaba la corrupción menemista pero jamás el modelo económico.
En “2017 (parte II)", de diciembre pasado, sostuvimos que el deterioro económico macrista no sería el eje principal de los tiempos electorales, aunque siguiendo la evolución todos los indicadores así debería ser. Por supuesto, el manejo del PEN, PBA, CABA, los buenos términos con Clarín y la banca ideológica de LA NACION dificultan cualquier debate racional (aunque ya pagamos en 2015 el exceso de racionalidad en una campaña). Ocurre además que, si bien el desempleo, la caída de actividad, consumo y los sucesivos tarifazos son notorios a lo largo y ancho del país, impactaron de manera diferente según área geográfica y nivel socioeconómico. Más a las clases populares que ya adversaban al macrismo, más en el conurbano que en el interior. Además, existe un fenómeno poco mencionado: la resiliencia de los sectores populares, que saben acomodar su economía a tiempos de guerra distributiva. Cayeron los consumos de leche, yogur, carne y gaseosas, pero la vecina empezó a vender pizzas y no están a $150. A la vuelta de tu casa una parejita hace ahora empanadas y en la esquina venden sánguches de milanesa y lomitos. Un liberal te diría que no pagan impuestos y alabaría el emprendedurismo, un pragmático te diría que el sueldo no alcanza o alguno se quedó sin laburo y hace lo que puede. Elijan su propia aventura.
El macrismo propone una tendencia a lo descrito: ya no son todos clase media en lo que a consumos culturales y de bienes se refiere sino que nos latinoamericanizamos más, ampliándose la brecha entre pudientes y no pudientes, diferenciándose los patrones de consumos. Si la clase media definió la Argentina moderna y sobre todo a partir del advenimiento del peronismo, una continuidad del macrismo (cuya mejor definición a la fecha pertenece a Ernesto Semán y su “naturalización de la intemperie") tiende a una escisión social más clara en términos económicos, con un sector de la clase media pauperizándose y otra mucho menor que puede disfrutar las mieles de la regresión redistributiva. Una sociedad de ricos y pobres, con patrones culturales y de consumo diferenciados. Al decir de Grobocopatel: somos menos pobres de lo que tendríamos que ser.
¿Es posible en Argentina? Eso es, exactamente, lo que esperan quienes pueden ser el soporte económico de un proyecto macrista y a lo que se refieren como “temor al retorno del populismo".
lunes, 26 de septiembre de 2016
Macrismo: 2017, ¿rebote? y economía ornitológica
De lo realizado por el macrismo en el área económica, mucho es fundamentalismo liberal y bastante inocencia juvenil. You can't see with the sun in your eyes, cantaba Stereophonics. La baja de retenciones al agro puede conjugar ambas caracterizaciones, ya que no sólo se trata de una transferencia fenomenal en la distribución de la torta sino que esperaban, cándidos, que los agroexportadores les aportaran dólares rápido para bancar la salida del cepo y los primeros tiempos de ajuste. Pero es historia conocida, y acá pretendemos avistar la historia que el macrismo piensa escribir en estos tiempos venideros, marketineros y con escaso eros (excepto que seas de los que pueden dolarizarse).
Macri y su equipo económico pretendían imponer la mayor carga del ajuste que están realizando (sí, ok, están incrementando el déficit, pero si hay transferencia regresiva de recursos, fuga, caída de actividad, de poder adquisitivo y consumo, ¿cómo le dicen ustedes?) para este año. Las protestas por los tarifazos y la CSJ le pusieron un límite, pero la recesión que proyectaron —y a la que ya arribamos— es el ancla simple con la que pretenden frenar el incremento inflacionario provocado por sus medidas iniciales. No parece un panorama alentador para las próximas legislativas, ¿pero acaso la judicialización de la política les alcanzaría para obtener un resultado decoroso en 2017? No: pretendían descargar el ajuste ahora para “rebotar" en el próximo año electoral. Está explícito en este texto de Luciano Cohan, un economista cercano al macrismo, cuyo título optimista reza “¿Por qué vamos a crecer?":
«...Creo que Argentina volverá a crecer, y que pasará pronto. Este optimismo, que decae a medida que alargamos el horizonte y pensamos en el mediano y largo plazo, tiene su origen en un doble diagnóstico de la situación económica argentina (...) La primera parte es que creo que detrás el estancamiento del último tercio del kirchnerismo no había un problema de demanda, sino de oferta (...) La producción argentina no pudo seguirle el ritmo a los agónicos cartuchos de demanda que el gobierno derrochaba en apuntalar la actividad (...) Esta situación se complementa con la segunda parte del diagnóstico. Creo que la contracción de 2016 es principalmente un problema de demanda: el impacto contractivo de corto plazo del combo de políticas implementadas desde diciembre (...) concentrar los costos al inicio fue una decisión estratégica que tomó una dinámica que era esperable que tomara. La recesión de 2016 se explica, entonces, por un shock negativo de demanda. Devaluación, suba de tarifas, combustibles y tasas y liberación de precios reprimidos golpeo la capacidad de compra de los salarios. El ajuste fiscal del primer semestre, principalmente en obra pública, afectó la inversión y la política monetaria contractiva, inevitable tras la salida del cepo, hizo su aporte restringiendo la liquidez...».
Luego apunta que, según su visión, «...el shock negativo de demanda ha comenzado a revertirse (y) el país experimenta, desde fines del año pasado, un brutal shock positivo de oferta (...) en 2017 ambos efectos jugarán en el mismo sentido y es muy probable que el país vuelva a crecer. A partir de allí, sin embargo, y agotado el transitorio efecto rebote de la demanda, el país entrará en el mas viscoso terreno del mediano plazo, cuando deberán enfrentarse tensiones de difícil resolución...».
La esperanza del gobierno para enfrentarlas —dice—, es «...la inversión (...) El crecimiento en el mediano plazo - digamos, en la segunda mitad del gobierno de Macri - dependerá, como diría Keynes, de los animals spirits, de la percepción de que el crecimiento será sostenido y que vale la pena hundir capital en infraestructura, comunicaciones, en construcción privada, inversión petrolera, minera o agrícola, en maquinaria industrial, en soft, etc. La estrategia del gobierno es ambiciosa pero arriesgada, en tanto la última ancla es la propia confianza en su éxito...».
¿Estoy de acuerdo con todo lo que dice? No, con la mayoría no. Por ejemplo, no creo que el impacto contractivo de las medidas tomadas desde diciembre sea de corto plazo. Pero bien leído el texto confirma lo que podía presumirse y lo que sostenemos aquí desde febrero: 1) querían ajustar para “rebotar" y 2) las posibilidades de “inversiones" están atadas a la percepción de que el macrismo no será efímero. Dicho de otro modo: que puede ganar (o, de mínima, no perder feo) en 2017, para profundizar entonces sus políticas de cara a 2019 con la posibilidad de reelección o continuidad (¿vía Vidal?) abierta.
La esperanza del macrismo se basa entonces en la esperanza misma. No es un buen plan, si me preguntan. Menos si ese deseo es el de una economía ornitológica, puesto que ¿quiénes podrían “invertir" sino capitales golondrina en bicicleta financiera y buitres en la generación de más deuda? Esto dejando de lado: a) un mundo que busca colocar antes que tomar producción; b) el mayor incremento del déficit que querrán hacer vía el denostado populismo —o “gasto electoral" (que podemos inferir se destinará fundamentalmente a CABA, PBA, Sta. Fe, Córdoba, Mendoza y posiblemente Jujuy)— en contra de las recomendaciones que hará el FMI; c) la necesidad de nueva(s) devaluación(es) por atraso cambiario, d) la profundización del círculo vicioso recesivo en el que nos introdujeron y e) que están consumiendo rápidamente la soga que dejó la “pesada herencia" en la relación deuda/pbi.
Pero más allá del voluntarismo liberal y de clase (considerando también las posibilidades, por ahora menores, de que la economía se les escape de las manos), un rebote ayudado por una inyección de populismo en los distritos mencionados no puede ser descartado. Menos aún un amesetamiento en la caída que sea interpretado como una nueva normalidad: la naturalización de la intemperie al decir de Semán. Se tratan de escenarios que el peronismo deberá considerar para analizar el minué electoral. En definitiva, si bien en su relato predominante el kirchnerismo pretende situar al macrismo en el año 2000/2001 de la Alianza —y hasta el peronismo ortodoxo avienta el fantasma del helicóptero—, las condiciones posicionan a Macri más cerca de algunos momentos del menemismo (quizás a una velocidad mayor de deterioro). De este modo, pronosticar catástrofes que no ocurrirán mientras el oficialismo pueda apelar al endeudamiento o regular el ajuste sólo redundaría en beneficio del elenco gobernante. Hay que buscar otra vuelta de tuerca para criticar a un gobierno que pugna por desempleo, flexibilización, salarios más bajos y economía financiera pero que no colapsará en el corto o mediano plazo.
martes, 23 de agosto de 2016
El macrismo: ¿una novedad política?
Un partido de centroderecha, market friendly, todo lo liberal en lo social que el conservadurismo de las elites argentinas que lo componen permite, arriba al poder por vía electoral y derrotando al peronismo: evidentemente se trata de una novedad para la política argentina, ¿pero cuánto de novedad tiene efectivamente?
El núcleo social de Cambiemos —tomando al radicalismo como lo que es, un mero apéndice electoral— solo ejerció antes el poder junto al partido militar o como ánima del corpus menemista. En elecciones libres, López Murphy fue quien más pudo acercarse, en las circunstancias excepcionales de 2003, sumando un escaso 16%. Desde la muerte de la UCeDé, y más aun desde la fallida experiencia de la Alianza UCR-Frepaso, fue un lugar común señalar la ausencia de un partido de centroderecha asumida. El PRO vino a ocupar ese lugar, por vacancia más que por convicción, cuando en sus comienzos coqueteó con corporizar un neomenemismo. Las elecciones de 2015 demostraron que las elites que adversan a la base electoral del peronismo cuentan con capacidad para conformar una coalición con poder de fuego electoral, manipular el humor social, servirse de los actores políticos subsidiarios y aprovechar la institución ad-hoc del balotaje.
¿Es una novedad, entonces, Cambiemos? ¿No contamos con referencias a las que apelar en nuestra historia? Si existe una línea Rosas-Yrigoyen-Perón para sustentar el imaginario nacional y popular, ¿los grupos de poder que integran Cambiemos podrían referenciarse en la línea Uriburu-Lonardi-Martínez de Hoz o, más reciente, en la que enlaza a Menem, Cavallo y De la Rúa? Como nadie puede ser obligado a testificar en su contra, solo queda lo fundacional o el tibio homenaje a Arturo Illia de junio pasado. Pero aún como novedad, el macrismo puede ser referenciado en su experiencia más cercana: el gobierno que el propio Mauricio Macri y Rodríguez Larreta llevaron adelante en CABA. Son tantos los paralelos que podríamos, con pereza, hablar de que Macri “trasladó" a Balcarce 50 las directrices de su gestión al frente de la Ciudad Autónoma. Recordemos, desde su arribo en 2007, todo lo que está replicando ahora al frente del PEN:
1. Despidos de estatales, calificados como “ñoquis". A poco de su arribo a la jefatura de gobierno, una nota nos recordaba su promesa de «reducir un 33% de los cargos políticos en los ministerios» (pero en cambio) «aumentó los fondos que tiene cada ministro y otros funcionarios para contratar asesores».
2. Ocupación represiva del espacio público vía la UCEP.
3. Avance a prueba/error, buscando los límites de lo permitido: privatización de las bicicletas porteñas, incrementos en el subte o la disminución del número de becas a estudiantes en CABA, por apelar solo a los primeros resultados de Google.
4. Triplicó la deuda en dólares de CABA, utilizando el endeudamiento para gastos corrientes.
5. Negocios para amigos.
6. Incrementos sucesivos y superiores al 100% anual del ABL porteño.
7. En infraestructura priorizó lo electoralista, con bacheo al tope de la ejecución en el presupuesto. Ahora presidente, el Plan Belgrano es motivo de chanzas en el NOA mientras reasigna partidas para CABA y GBA.
8. Subejecución presupuestaria en lo que a políticas sociales y de salud se refiere.
9. Priorización de la educación privada. Ahora, en un contexto de alta inflación e incrementos tarifarios, congela los fondos a las universidades nacionales.
10. Los negocios inmobiliarios, leitmotiv de la creación del PRO, ¿pueden extenderse al Estado nacional?
También formaron parte de sus políticas el culpabilizar al kirchnerismo; el asistencialismo a los barrios del sur y villas, lo que ahora le vale el calificativo de “nueva" derecha; la excelente política de comunicación sumada a la protección mediática; también en CABA supo apalancarse en terceras fuerzas políticas como Proyecto Sur, preludiando lo que el Frente Renovador implicó en 2015 para dividir el voto peronista y garantizar la segunda vuelta. Negoció políticamente por abajo —y el FPV-CABA se comportó como el pan-PJ macri-friendly ahora— para denigrar lo político por arriba, en un juego de balanzas entre política y comunicación.
Visto todo lo anterior, el macrismo representa novedades pero, a la vez, se recuesta en continuidades claras. Puede ser entonces una nueva derecha y, al mismo tiempo, demostrar casi involuntariamente los reflejos de clase de nuestra vieja oligarquía. Por supuesto, lo que en CABA le alcanzó durante años puede no ser suficiente, aunque el salto a Nación le abrió un crédito que está dilapidando. Cuenta con herramientas para salir del atolladero en el que se introdujo por principismo liberal y ya advertimos que le bastaría con moderar el ajuste y sumar la colaboración involuntaria de la oposición, fragmentada y sin conducción, para obtener resultados que no impliquen un certificado de defunción el próximo año.
miércoles, 13 de julio de 2016
El macrismo: between a rock electoral and a hard place económico
Suele equipararse al poder (del Estado) con un violín: es tomado con la izquierda y ejecutado con la derecha. También con un noble equino, con intenciones similares. Estas famosas sentencias no se verifican matemáticamente, pero como toda frase popular encierran vestigios de veracidad o sirven, por lo menos, para justificar giros pragmáticos o aun regresiones distributivas cuyo salvajismo depende de muchas circunstancias.
A qué vamos, se preguntará usted si no soltó ya estas líneas maldiciendo el calesiteo. A que suele existir un divorcio entre las razones del voto y las razones de gestión. Quizás porque votan unos y gobiernan otros, vaya'saber. Ahora, los liberales suelen fingir afectación frente a las razones electorales porque los colocan en desventaja: que Argentina es un país estatista, que prefiere lo público sobre lo privado, que son todos unos zurdos de mierda, digamos. Recientemente listó las líneas de este consenso Carlos Pagni, en La Izquierda Diario, ante una pregunta de @RossoFer sobre la ideología de los argentinos:
1) lo nacional es mejor que lo extranjero.
2) los pobres siempre tienen razón respecto de los ricos.
3) cualquiera sea el tema, a priori, el Estado siempre va a resolver la cuestión mejor que los privados.
Señala luego Pagni que “estos tres axiomas que están en el corazón del discurso del kirchnerismo tienen un arraigo de décadas en la Argentina. Lo raro ha sido lo otro, lo insólito es que aparezca algo más ligado al capitalismo que en algún punto, por cinco minutos ponga en tela de juicio alguna de estas tres tesis, y contra este problema pelea en el fondo Macri". #Ponele. Macri debió colocarse a la izquierda de su electorado en aquella noche de triunfo larretista, cuando su público gritaba “¡noooo!" ante cada arenga del candidato a favor de algunos pilares kirchneristas como AUH, Aerolíneas o YPF estatizados. Pero de ahí a decir que pelea contra eso media la distancia entre la fantasía del optimismo y la melancolía de la realidad.
Ocurre que estos axiomas se verifican camino a las urnas, no tanto así luego. Pero no siempre, o debería ganar solo el peronismo y no es lo que sucede. De todos modos, no es este el “problema contra el que pelea Macri en el fondo", como señalara Pagni y como si de una batalla cultural PRO se tratara. Es 1 persona 1 voto para el domingo electoral y, en cambio, para el resto de los grises días de mandato, el peso de una corporación no es directamente proporcional al número de votos de sus integrantes sino a su capacidad de daño. O a las simpatías, compromisos y visión de país del gobernante de turno. Más aún, si estos axiomas guían la pelea electoral, el sentido común del ejercicio del poder está establecido, en cambio, en las coordenadas de un conservadurismo liberal-de-la-boca-para-afuera y lactante-estatal-del-bolsillo-para-adentro en el que la pax social está dada por la consecución de resultados económicos o, en su defecto, la entrega de las llaves de los despachos en un símil loteo del poder estatal entre corporaciones. Como hizo Cambiemos. Cuánto aguanta esto último es materia de otro posteo. Volviendo, esa suerte de consenso electoral genera una lógica que, luego, la patria corporativa trastoca durante el mandato por uno distinto.
Esto resulta trágico para la mayoría, y más aun para la mayoría silenciosa, ya que un gobierno que desafíe el consenso de ejercicio —si queremos ubicar al kirchnerismo en alguna categoría— está obligado a dar “batallas" culturales y un gobierno cuya gestión colisione contra aquel consenso electoral —sea “nueva" derecha, neoconservadurismo o liberalismo a secas (ubique al macrismo donde prefiera)— no solo no necesita “batallar" en las profundidades del subconsciente nacional sino que, con callar, con no decir lo que realmente hace mientras, en este caso, vende vitalismo y espiritualidad new age, le basta y sobra. Pero esa es la definición misma de batalla cultural: el macrismo no necesita explicar sino apelar a preconceptos como “racionalización", “sinceramiento" y “pagar la fiesta"; el kirchnerismo, en cambio, debió explicar cada medida a partir de 2008 así fueran AFJPs, YPF o AUH, aun cuando maridaran con los axiomas pro estatistas de la argentinidad electoralista al palo. Los consensos electorales y de gestión parecen pertenecer, así, a campos semánticos diferentes.
Quizás sea una de las razones por las que pocos esperan que las promesas de campaña sean cumplidas o, en todo caso, resulte gratuito incumplirlas.
Retornando a Pagni y Macri, lejos se encuentra el desafío macrista de la necesidad de desplegar una batalla cultural, aunque pretenda disfrazar de tal a un honestismo imposible e impracticable para el elenco gobernante. Su pelea de fondo continúa siendo la que señaláramos en febrero y luego en mayo: ¿la política electoral o la económica?, ya que sus necesidades de política económica colisionan con sus necesidades electorales. Y a más de un nivel. Entonces, mientras se aferran al tarifazo, se insinúa también un cambio de pantalla y encontramos a Cambiemos abandonando su prédica de ajuste fiscal y descuidando los propósitos económicos planteados en su primer semestre; ocurre que avistaron las legislativas de 2017, ahí en el horizonte. Bajan tasas, prometen retomar la obra pública, quieren impulsar el otrora adjetivado “deficitario" polo tecnológico de Tierra del Fuego con un canje de celulares y pretenden ampliar el Ahora 12 por la caída del consumo, aún a costa de enterrar su dogma liberal. Promesas todas de difícil cumplimiento, que no servirían para reactivar la economía sino, tan solo, para frenar la carrera hacia el abismo. ¿El objetivo es arribar a un equilibrio bajo la actual situación, sin mejora pero tampoco con mayores dificultades a las ya impuestas para la microeconomía? ¿Eso que Ernesto Semán definió recientemente como naturalización de la intemperie? Suena complicado bajo el contexto regional y global, agravado ahora por un Brexit con consecuencias imposibles aún de mesurar. Más aún si el gobierno, en tan solo siete meses, transita su Plan C (de blanqueo de capitales; el A fue el campo, el B las inversiones post arreglo con Singer). Por si fuera poco, fue el propio oficialismo quién se encerró en la encrucijada, golpeando al mercado interno, consumo y actividad; elementos que fundamentaron el consenso electoral durante los años de kirchnerismo.
2017 es un horizonte para el macrismo y puede ser su último o el hito que le otorgue un periodo de ocho años. Decíamos que su disyuntiva entre lo político y lo electoral funciona a más de un nivel, y esto es así pues quienes pueden acercar dólares (¿para bicicletear? ¿Hay mucho más para hacer si el propio presidente promete “invertir"en Lebacs?), sea en forma de lluvia, llovizna o goteo, necesitan antes que Macri triunfe en su apuesta por liberalizar y primarizar la economía, precarizar el trabajo y que pueda, además, asegurarles un horizonte de control y estabilidad política, algo que solo otorgaría un triunfo legislativo que allane el camino a una reelección. Se plantea así una paradoja: para triunfar en 2017, el oficialismo necesita de lo que podría ocurrir solo luego de un triunfo electoral. ¿Puede el macrismo resolver la situación? Te la debo, no estoy en tema, estamos aprendiendo.
domingo, 8 de mayo de 2016
Manual macrista de cómo NO hacer política
- Hugo Moyano: "Si Evita viviera diría que Macri se está haciendo peronista": En los últimos diez días pisó Balcarce 50 en tres oportunidades después de haber estado ausente de ese lugar durante toda la gestión de Cristina Kirchner.
- Junto a Moyano y Duhalde, Macri inauguró el monumento a Perón
- "Macri le devuelve al trabajador lo que el peronismo le quitó"
- 29/04: Mauricio Macri almorzará con Luis Barrionuevo en el Día del Trabajador
- Sorpresa: Luis Barrionuevo faltó al almuerzo con Mauricio Macri por el Día del Trabajador: El Presidente y Juliana Awada iban a comer locro con el líder gastronómico, pero debieron hacerlo sin él: sobre la hora avisó que no podrá ir. El viernes también se ausentó de la marcha sindical.
- Inserte aquí cualquier nota sobre el mani pulite y Lázaro Báez o una tapa random de Clarín de estos cinco meses.
- Por ejemplo esta: Pagni: "La declaración de Fariña puede ser el principio del fin para Cristina"
- Un Bonadio para encauzar la grieta
- Margarita Stolbizer: "A Lázaro Báez le conviene callarse la boca y esperar una condena leve"
- Garavano sugiere el freno de Macri al Mani Pulite y pide prudencia en la investigación contra Cristina
domingo, 27 de diciembre de 2015
Represión y política
Existe un hecho puntual y cuantificable en cualquier encuesta que quieran hacer: no todo el mundo se opone a la represión de la protesta social y son muchos quienes la consideran necesaria; más aún luego de la etapa kirchnerista, en la que primó el encauce político (sobre todo en los primeros años, aún cuando significara incorporar al dispositivo oficialista a distintos movimientos sociales y/o piqueteros o, más adelante, la manutención de esas alianzas vía fondos estatales) y, cuando no fue posible, se toleraron las manifestaciones. Si el kirchnerismo reprimió —y fue poco o nada— nunca hizo de la represión un justificativo que se agotara en sí mismo.
Con el cambio de gobierno, pero más importante, con la inversión del signo político, se dan o darán un conjunto de factores que harán de la represión un condimento más, no ya un veneno, en la receta con que se prepara el caldo social. Esperamos, por supuesto, equivocarnos.
El desancle autonómico del poder político que fácilmente pueden conseguir las distintas policías —diciembre de 2013 como un hito de sedición que podría ser el antecedente directo de lo que vendrá— será uno de los aspectos fundamentales a considerar. Vamos otros.
Repetimos y se repite hasta el hartazgo que no hay ajuste posible sin represión, que la política económica de la derecha necesita tanto de la benevolente avaricia de prestadores internacionales como de la anuencia, disponibilidad y complicidad de los palos judiciales y policiales. Para resumirlo en cristiano: que el poder político, el judicial y el policial se asocien en sinergia para reprimir. Es el poder político el que crea las condiciones de posibilidad: devaluación, incrementos de precios, internacionalización de productos de la canasta básica, transferencia desde los sectores populares a los del tope de la pirámide y cercenamiento de conquistas sociales y derechos laborales. Ni hablar si se incrementa el desempleo. Cada granito de arena colabora y decanta en la necesidad de justificar y alentar la utilización del monopolio de la fuerza para el control represivo de la protesta.
Ahora, no serán solo los medios y la uniformidad informativa de la que gozará el macrismo: como decíamos al principio —y aunque lastime nuestro corazón progre, izquierdista o humanitario—, el gobierno se apalancará en una porción nada despreciable de la sociedad para tornar la represión en una demanda social. Allí estarán tanto los votos del PRO que reniegan de la negrada sublevada como los votos massistas que peticionaron electoralmente por el ingreso de las FF.SS. a villas o barrios populares. Estarán también algunos votos sciolistas, no sirve negarlo.
Cada realidad local tiene sus particularidades, y así por ejemplo Jujuy cuenta con un movimiento piquetero que subsiste y uno que bien podría retornar con el desenganche de la Tupac de la teta estatal. Allí el reside el germen que nutre la justificación represiva de un sector de las clase media y media baja. Tucumán vivió recientemente un ejemplo claro, cuando la oposición republicana y el periodismo independientísimo pidieron al unísono por la “restitución del orden" y la “paz social" en ocasión de la protesta de los municipales despedidos en la ciudad de Concepción. El interior del país carga con su mochila de exclusión estructural, pero será en PBA —a la que el macrismo y Vidal utilizarán para posicionar a la gobernadora para la sucesión— donde asistiremos al showbizz de la mano dura. Será Vidal quien haga más macrismo original, ese de la UCEP y la inmigración descontrolada, previo a la instalación de la revolución de la alegría.
El proceso de control político de las FF.SS. que intentó el kirchnerismo se corta con Macri. El cercenamiento de derechos y el ajuste serán los vientos que avivarán las llamas sociales. La prédica represiva y la entronización de las libertades individuales en el discurso hegemónico serán habilitación para las policías todas. Así sean la Federal o Gendarmería quienes carguen con el peso de reprimir la protesta, todas serán señales que sabrán leer y decodificar cada fuerza policial y cada agente de seguridad.
miércoles, 16 de diciembre de 2015
En la pelea por la República yo me pongo del lado del más débil, que es el bolsillo
Oh, divino Montesquieu.
Escribo en pelotas y sepan disculpar, pues he rasgado mis vestiduras, tal el tenor del dolor que aqueja mi espíritu republicano. Oh, atribulado francés al servicio de la Corona británica, oh, debate del partido Republicano, oh, IV República francesa. ¡Oh, jueces nombrados por decreto!
Mirá lo que conseguiste, Mauricio, capo, que le pidan al peronismo que tome las banderas republicanas y las lleve a la victoria parlamentaria. Necesitábamos un Plan Bicameral para Todos, qué fútbol ni que tres carajos.
Cambiamos pero las necesidades de quienes ejercen el poder no cambiaron. ¿Macri quiere torcerle el brazo al peronismo como demostración de poder? Puede ser, y te clava jueces consustanciados con su proyecto porque... es su proyecto, ¿no?
¿No? Ok.
Goza de su Luna de Miel, lo advertimos, y la exprime a puro bombardeo: cuando querés putearlo por alguna medida/decreto/anuncio, ya tenés encima dos o tres más y te perdés, mandás todo al carajo y mah sí, si total a este pelotudo lo votaron.
Un gesto de autoridad de Macri, pero qué conveniente calificarlos a gusto y necesidad. ¿Un gesto de autoridad de un DT? Qué bien. ¿Ese DT es Passarella? Qué mal. ¿Un gesto de autoridad de un Presidente? ¡Muy bien! ¿Ese Presidente es Cristina? ¡Ahhhhh, Dios mío, la República, la República! ¿Es Mauricio? #Awww, la República...
¿Y quiénes saltan? De la Sota, Massa y Stolbizer. ¿Porque son republicanos? Las pelotas son republicanas. Saltan porque Macri quiebra el compromiso que asumieron con sus votantes, como colectoras y aliados implícitos de Mauricio en ballotage. Macri aliena así a quienes son o deberían ser sus aliados. Maldispone, así también, a quienes podría necesitar para garantizarse gobernabilidad más allá de los cien días de gracia: el peronismo en el Congreso.
Interrumpimos esta transmisión para un aviso parroquial: cortenlá con debatir la idoneidad de Rosenkrantz y Rosatti; Macri clausuró esa instancia al saltear el Congreso. Gracias.
Oh, la cartera de la dama.
La República y los decretos nombrando jueces son nimiedades comparadas a la baja de retenciones, a la habilitación para aumentos de precios y la internacionalización de la canasta básica. Son bruma mediática para esconder a los corsarios del salario, tapando una devaluación anunciada a gritos y esperada a llantos que ya repercutió en poder adquisitivo —y lo seguirá haciendo—, sumado a los anuncios de paritarias ligadas a la productividad. ¿Que cómo medís la productividad de un empleado público? Oh, es muy fácil: lo despedís y esperás. Si la ciudadanía lo nota, era productivo. Si no, viva la racionalización del Estado y la mentalidad empresaria en el manejo de lo público.
De todos modos, debo reconocer que no me jode que Macri tome a Montesquieu de las mechas, lo de vuelta, le baje los pantalones o como llamaran a esas cosas que usaban, lo ponga en cuatro y lo sodomice hasta encender brasas con su culito francés; lo que me jode son los zarpazos en continuado y sin cortes comerciales al bolsillo del tipo de a pie: inflación acelerada, quita de subsidios, incremento del costo (ya usurario) en el uso de tarjetas y transferencia de recursos al sector agroexportador (más aún cuando uno de los objetivos es reprimarizar la estructura económica nacional).
Lo hemos adelantado: hacer oposición progre, republicana, porteña, ser el FpV de CABA, boqueando para afuera y levantando la mano adentro, es asegurar macrismo para 2017 y 2019. Exagerar defensa institucional cuando antes aplaudíamos el cinismo realpolitikero es penoso, y una jactancia del periodismo noventista, ese que critica formas y no contenidos. ¿Macri clausura el Salón de la Mujeres Argentinas y lo convierte en oficina para Michetti? Oh, sí, nos indignemos, justo lo que pretende Mauricio. Entrega cualquier símbolo del kirchnerismo a los lobos para que nadie señale que un dólar a 15 mangos favorece a los especuladores (agro e industriales) mientras seca la billetera del laburante. ¿Macri va a compensar en jubilaciones, IVA o incrementos en AUH, AUEmb? Permítanmé la carcajada.
La crítica republicana y de las formas no solo no mueve el amperímetro social (y Macri agradece el concurso de su prensa militante), sino que además no permite capitalización política por parte de ningún actor. Negocio redondo para Cambiemos, aunque deba soportar temporalmente la irritación de la vieja guardia de la UCR. El peronismo puede, pero no debe, funcionar en espejo a la oposición que enfrentó en el pasado. Aquí consideramos que Macri no ganó por sus promesas de institucionalidad sino, en buena medida, por el hartazgo que en los últimos años generó la batalla cultural kirchnerista sin sostén económico. Permitirle a Macri desplegar su propia batalla cultural, cuando pretende utilizarla como traje antiflama frente a los fuegos económicos que prevé desatar, sería estúpido por demás. El peronismo será oposición ordenándose alrededor de los intereses sociales en pugna o no será nada. La disputa no se circunscribe ya al control del Estado sino que es, ahora, en defensa del poder adquisitivo del salario, empleo, consumo y actividad.
Es el bolsillo, estúpido, y no la República.
miércoles, 19 de agosto de 2015
Ollas de teflón para las feijoadas de la abundancia
Trazamos recientemente, a medida que se desarrollaba el tiempo electoral en el hermano país, paralelos con la Argentina. Someramente: las terceras posiciones de Marina Silva y Sergio Massa, la estratificación del voto por segmentos sociales y ubicación geográfica, los intentos por recuperar márgenes de acción por parte de los grupos de poder o presión, limitados ante el avance del estatismo (menor en el Brasil del PT; o más imbricado el capital privado con el Estado en el Brasil desde siempre, como lo demuestran los procesos judiciales en marcha). Intentaremos algo parecido con el proceso destituyente en marcha. ¿Golpismo? Puede ser, aunque esa palabra incluya en el imaginario a las FFAA y el quiebre del orden constitucional. No, golpe fue el 7 a 1 en la semifinal. En la región, en cambio, la metodología destituyente en boga pugna por emergencias de tipo institucional, en las que la legitimidad de origen se vea jaqueada por la de ejercicio, abriéndose así caminos para sucesiones menos traumáticas que las de un golpe tradicional. Honduras y Paraguay como ejemplos más claros, pero Ecuador, nuestro país, Venezuela y ahora Brasil enfrentan similares desafíos. Lo que pueda surgir de este atolladero político no es todavía preocupación para sus promotores, enfrascados en golpear a Dilma, el PT y al mismo Lula.
Hay razones, cómo no, porque la hermandad latinoamericana era fácil y hermosa como una garotinha de Ipanema, borracha de cachaça, cuando casi todos los países del subcontinente crecían a tasas chinas empujadas por el boom de las commodities y su foco en el postergado mercado interno. Encontraron además –lo sabían antes, pero era más complicado lograrlo– que políticamente la ecuación también cerraba, no solo por la orientación nuevaizquierdista de la mayoría sino como un modo de incrementar el peso relativo de la región en el concierto mundial. Ahora, cuando los modelos de nuestros países se encuentran cara a cara con algunos limitantes, se torna más difícil proyectar con el futuro como horizonte. Aparecen entonces las presiones por devaluación, apertura comercial, un retorno a políticas de concentración económica. Tanto en Brasil como en nuestro país se habla del “costo” del mercado laboral presionando a la productividad. ¿Qué es eso de pretender escapar de nuestro destino latinoamericano de atraso y subdesarrollo? Los industriales paulistas no son decorado, y el poder relativo del mercado en Brasil es mayor al que el kirchnerismo enfrenta o enfrentaba cuando los superávits gemelos desbordaron las arcas del BCRA. La decisión de privilegiar los acuerdos pactados con el Mercosur, aun ante la presión paulista por tratados de libre comercio con la Unión Europea, no pueden ser obviados en el análisis de la actual crisis de representación en Brasil.
Y entonces llegan los cacerolazos brasileiros con ollas de teflón para preparar feijoadas de la abundancia. Las protestas callejeras en Brasil tienen ya un desarrollo en el tiempo, pero han sido las últimas las que más atención suscitaron al conjugarse con la embestida judicial del Petrolão. Un ataúd con las imágenes de Dilma y Lula, un globo gigante con o primer trabalhador del PT en traje a rayas. Se comieron 7 pero igual salen a la calle: “Abajo el comunismo”, “SOS Fuerzas Armadas”, “#LulaNuncaMais”, “Impeachment” (para el que solo falta –dicen– que el PMDB abandonara el gobierno). Un cacerolazo bien organizado entonces, como corresponde. ¿Es el ajuste, la inflación, el aumento de tarifas? Es todo eso, pero no tanto. El Folha consigna 135 mil manifestantes en São Paulo el #16A. En un distrito con 20 millones no parece un número definitivo, menos aun si observamos la composición social de los manifestantes, similar a la de nuestros caceroleros: clase media y media alta que pide que no haya más corrupción y sí más democracia. Demandas legítimas, pero que no están en los planes de quienes podrían tomar la posta. Algo que los movimientos de izquierda brasileños tienen claro, por suerte, cuando dicen que defender al gobierno es “defender los derechos de los trabajadores, los derechos sociales del pueblo, la democracia, la soberanía nacional, las reformas estructurales y los procesos de integración latinoamericana”. El programa de la derecha se dirige hacia una colisión contra estos postulados en caso de arribar al poder.
Es evidente que Dilma está jaqueada (más allá de los niveles de imagen positiva que le atribuyan), pero no es tanto por las manifestaciones de protesta callejera como por la embestida judicial y los problemas internos de su gobierno: se quiebra su coalición, un ítem más significativo en Brasil, en un gobierno parcelado, que el “no positivo” de Cobos o la renuncia de Chacho Álvarez para Cristina y De la Rúa; no sabe quién o quienes pueden ser los siguientes en traicionarla y hasta Lula reconoce vacilaciones en Dilma. Pero el origen de esta situación no debe ser rastreada únicamente en la horrible horrible corrupción; tampoco, o no únicamente, en los trece años que lleva el PT en el gobierno y el lógico desgaste; ¿en la política económica conducida post elecciones por el banquero Joaquim Levy? No, un temblor que ya se hacía sentir se catapultó a sismo merced a los resultados ajustados del segundo turno electoral. El reñido balotaje entre Dilma y Aécio Neves, 51% a 48%, fue tanto síntoma de las dificultades del PT como un estímulo para la derecha brasileña. La campaña para destronar al partido gobernante ya había sido muy fuerte durante el desarrollo del proceso electoral, cuando intentaron catapultar a Marina Silva pensando en una opción intermedia, un Capriles posible que pudiera acumular todos los votos de la derecha y sustraer algunos de la coalición gobernante. De la contienda electoral, Rousseff emergió más débil aun. La entrega del ministerio de economía, el ajuste fiscal en educación, desarrollo social, la devaluación del real, los gestos amistosos al establishment y la pérdida de instrumentos políticos (Cunha y Temer en Diputados, Calheiros en el Senado, el PMDB al control de los resortes de sucesión presidencial) fueron todos –en distinta medida– tributarios del resultado de las urnas.
Para retornar a nuestro país, la posibilidad de un eventual balotaje que enfrente a Scioli contra Macri nos dirige hacia caminos que Brasil transita en lo que a erosión del poder político respecta. Se ha dicho ya que el próximo Presidente, sea quien sea, encontrará un Estado más fuerte que cualquiera de sus antecesores. Será, también, un Presidente que deberá convivir con una sociedad civil menos paciente y con corporaciones económicas prestas a continuar la batalla, a sabiendas de que la pax que emergerá como mandato de los comicios (Scioli, Macri, Massa o aún De la Sota, todos pelean por el centro) constituirá una herramienta de presión en el futuro. Aun cuando las chances de Macri sean mucho menores, llevar al sistema político hacia un balotaje (algo para lo que pretende colaborar Massa) representaría una victoria en términos de atomización del poder político para el gobierno que surja. Es algo que el oficialismo parece comprender, cuando apuesta sus fichas a un triunfo en primera vuelta. No se trata de evitar solo la chance de otorgarle una posibilidad más a la oposición, sino minimizar las oportunidades de que un futuro gobierno del FpV deba sufrir un desafío como el que hoy viven Dilma, el PT y el pueblo brasileño.
viernes, 24 de julio de 2015
Macri y la centroderecha en Argentina
Recientemente Abel Fernández dedicó tiempo y espacio a debatir las chances del espacio electoral representado (más cabalmente) por el líder del PRO. También @CayetanoAsís, a quien citamos: “…Aquí no queda lugar para ningún Sarkozy. Ni Merkel ni Uribe. Ni siquiera para un Rajoy. La derrota de la derecha es semántica e ideológica. Sobre todo es cultural…”. En parte acordamos y en parte no: hay espacio; pero tiene además un techo que le impide acceder fácilmente a las palancas del PEN. Observemos las elecciones post colapso de la Convertibilidad + Consenso de Washington. En 2003, López Murphy 16% y podríamos debatir cuánto del 25% de Menem fue centroderecha y cuánto peronismo, estabilidad y gobernabilidad (sus guarismos se cimentaron con preponderancia en las provincias del NOA y NEA). En 2007, fue Carrió quien cargó la cruz de representar lo otro del kirchnerismo. ¿Cuánto de su 23% puede atribuirse al ideario de centroderecha si en su enunciación no figuraban privatizaciones o apertura comercial? 2011 fue muy raro, pero en la elección general Duhalde recabó un 5%, habiendo tributado más de la mitad de sus votos PASO en la candidatura de Hermes Binner (17%), quien aglutinó luego de las primarias voto en los barrios porteños adonde el PRO fue más fuerte el pasado domingo. Alfonsín, junto a De Narváez en PBA, sumó un 11%. Como podemos inferir, la centroderecha no presentó un candidato claro desde López Murphy hasta hoy, con Mauricio Macri.
Existen razones del orden estructural, por supuesto, tanto político como económico. Respecto al primero, fue recién a partir de la carnicería perpetrada por la última dictadura militar que nuestra oligarquía aceptó que debía jugar dentro de las reglas que imponía la democracia. Primero Alsogaray y luego el menemismo con una curiosa conjunción de clases para solventar su experiencia en el PEN, pero a partir de la crisis de 2001 solo quedó en pie el peronismo, y volcado hacia posiciones de centroizquierda, nacional y populares. La decapitación del radicalismo, que podía expresar a los sectores antiperonistas y más cercanos al ideario liberal económico, se expresó en candidaturas como la de Leopoldo Moreau en 2003, Lavagna en 2007 y, en la actualidad, como soporte territorial de la aventura presidencial de Macri. No fueron pocos los intentos por resucitar algo parecido al menemismo dentro del peronismo, como lo atestiguan las experiencias en provincia de Buenos Aires de UniónPRO en 2009 y Sergio Massa en 2013. Debemos señalar que esta imposibilidad es tributaria también de que el kirchnerismo no haya chocado el barco, siguiendo a Naomi Klein y la teoría del shock que tantos frutos le rinde a Alemania en la Unión Europea. En el orden económico también nos asisten razones estructurales. Las desarrollábamos en este posteo acerca de los límites para el liberalismo, en 2014: “…Pueden liberalizar y pensar que así les irá bien países que estén transitando una cierta hoja de ruta y que no posean aún una estructura productiva relativamente asentada (lo que no significa suficiente o eficiente, sino establecida). El caso de nuestro país durante los años '90, cuando se destruyó el Estado en base al rapiñaje de las empresas públicas y se crearon oportunidades en el área de servicios. Ni aún los más liberales en la AEA pretenden ahora la completa desregulación porque les propondría competencias externas imposibles de empardar. Preguntar por China a nuestro empresariado prebendario estatal. No, quieren liberalización hasta ahí, para aprovechar aún más posiciones dominantes…”.
El liberalismo-liberal, corriente en oposición dentro del espectro al conservadurismo liberal, no posee en nuestro país (o el mundo) un partido que la exprese, mucho menos un candidato que pueda impulsar esas posiciones, cuando nuestra sociedad presenta raíces distintas a las protestantes norteamericanas, más permeable a ideas como las de Ayn Rand. Latinoamérica y particularmente la Argentina son reductos del estatismo como freno al capitalismo de mercado desregulado (certificado esto por la Universidad de Vanderbilt y sus LAPOP bianuales). El giro discursivo de Mauricio Macri obedece a que "...ocho de cada diez argentinos creen que el Estado debe ser el principal responsable de asegurar el bienestar de la gente...". Entonces, si no podemos ofrecer la mano invisible del mercado, ofrezcamos lo más parecido: la ilusión de que el empresariado es capaz de gestionar mejor lo estatal. La respuesta del oficialismo es simple: Aerolíneas o los fondos de pensión no estaban mejor gestionados por los privados.
sábado, 15 de febrero de 2014
Venezuela: conflicto y geopolítica
A fines informativos, este posteo no tendrá objetivos ídem. Para eso están la TV, los diarios, twitter, etc. Claro, la información que reproducen no sólo es confusa sino tendenciosa. Existe una guerra de relatos puesta a disposición de la lucha geopolítica. Los medios del establishment, pertenezcan al país que pertenezcan, retratan el conflicto en desarrollo como un atropello a manifestaciones democráticas por parte de un gobierno fascista y dictatorial. Los medios que simpatizan con las expresiones de izquierda se enfocan en las intenciones destituyentes, golpistas, de grupos que buscan un retorno a la Venezuela prechavista. Existe algo de verdad en ambas expresiones: el gobierno venezolano reprime y muchos opositores a Maduro buscan terminar con la experiencia chavista apelando a la violencia. Quienes hablan de un intento de golpe a la democracia venezolana (¿hace falta recordar que el año pasado la mayoría del pueblo venezolano eligió a Maduro como Presidente?) no presentan pruebas concluyentes, y por eso este posteo se refiere a la cuestión geopolítica, que permite a grandes rasgos comprender la situación dentro de un mapa mayor. Por su parte los opositores a Maduro presentan pruebas absolutamente ridículas, apelando a imágenes viejas o de conflictos distintos al que actualmente se desarrolla en Venezuela (pruebas gráficas acá, inventariadas por el periodista Horacio Torres). Mientras portales como Infobae reproducen la condena de la CIDH dependiente de la OEA a la censura de medios opositores (el canal colombiano NTN24), el director general de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones venezolana denuncia un esquema de guerra electrónica con montajes de videos y fotografías y ataques por incremento de tráfico.
Alejado de los hechos, mi impresión es que se trata de un intento claro por golpear al gobierno del PSUV. Analizando la relación de fuerzas, Otto Rock y Abel Fernández concluyen que la administración de Maduro cuenta con el suficiente apoyo popular como para evitar su derrocamiento. Pero debemos señalar aquí también que las condiciones económicas (y políticas luego de la muerte de Chávez) se han deteriorado, o continuaron el deterioro que ya se advertía durante los últimos tiempos del ex Presidente venezolano. Sobre ese descontento es que se montan muchos de los argumentos con los que la oposición golpea al gobierno del PSUV. Parte de esas condiciones nacen en una Venezuela país productor de petróleo pero que, por otro lado, debe importar una gran mayoría de los insumos que consume, siendo alimentos el rubro más sensible. Un esquema promovido por todas las anteriores administraciones al chavismo, que entrega el país atado de pies y manos al poder de especuladores internacionales y nacionales. La inflación en alimentos se explica en buena medida por ello, y más aún si sumamos el mayor acceso que las clases populares tuvieron a salud, educación y alimentación. La inclusión como motor de la inflación. O la inflación como reacción de los sectores acomodados. Según la CEPAL, la pobreza rondaba el 49% en 1999, mientras que en 2013 cayó al 27%. Lo mismo para la indigencia, que en poco más de una década disminuyó del 21% al 10%. El Gini ha mejorado sensiblemente en estos años, y también la distribución del ingreso. Motivos que también sirven para explicar las reacciones que enfrentan algunos gobiernos de la región, entre ellos el nuestro.
Para explicar mejor esta guerra de relatos, y cómo los distintos intereses juegan la partida geopolítica, podemos observar cómo critican y se alarman por Venezuela aquellos que jamás elevaron la voz cuando el golpe y asesinato de periodistas en Honduras. Quienes protestan contra la represión –que el gobierno boliviariano ejerce mediante hidrantes y balas de gomas contra quienes atacan edificios públicos– tampoco denunciaron que el accionar de Piñera en Chile fuera el mismo contra quienes claman por educación pública gratuita y de calidad. Por el contrario, Chile era y es uno de los modelos propuestos por estos sectores. Pero probablemente sea el reciente golpe institucional contra Fernando Lugo en Paraguay el que mejor se relacione con los acontecimientos venezolanos. No protestaron tampoco los medios del establishment cuando derrocaron a Lugo, golpe promovido exitosamente para abortar cualquier posibilidad de una reforma agraria que entregara tierras a campesinos, y así la sojización del Paraguay pudiera concentrarse en las pocas y usuales manos. Paraguay fue un límite a la plena incorporación de Venezuela al Mercosur. Protagonistas de esta pulseada geopolítica, Argentina y Brasil aprovecharon la crisis paraguaya para darle la bienvenida a Venezuela al bloque comercial sudamericano. Como moneda de cambio a su reincorporación al bloque ahora, el gobierno del paraguayo Cartes no se opone al ingreso de Venezuela. La advertencia que representa Unasur (y el protocolo de Usuahia) debería constituir un freno al intento desestabilizador, pero el caso de Lugo juega a favor de los opositores venezolanos.
Nadie puede desentenderse de las consecuencias de la resolución del conflicto, en una u otra dirección. Aquí, como Abel y Otto creemos que se resolverá respetándose el estado de derecho. Pero sería ingenuo no advertir que el programa de “lucha” de la oposición venezolana (y sus apoyos internacionales) apuestan a una pelea de largo aliento que desemboque, probablemente, en un referéndum revocatorio, mecanismo previsto en la Constitución venezolana en su artículo 72: “Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables. Transcurrida la mitad del periodo para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscriptos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato…”. Para finalizar, deseamos que el conflicto finalice cuanto antes y sin que debamos lamentar más muertes.
jueves, 24 de octubre de 2013
Pliego de condiciones para 2015
No será un emérito como José Claudio Escribano, ni será una nota formal presentada en persona, feis tu feis -como dicen allí donde solía cortarse el queso-, pero el artículo de Alejandro Fargosi, ayer en LA NACION, bien puede ser leído como un “o si no... ¡resolvieron darse gobierno por un año, putos!". Claro, en el actual contexto ese año pueden ser cuatro y con reelección incluida. Es que pueden asustar todo lo que quieran, capo, pero sólo encontrarán un Presidente/a dócil a sus requerimientos si ese Presidente/a decide -él, solito, en su fuero íntimo, en la profunda soledad plena de vacío y matambre al roquefort de la noche- ser un blandengue y hacerles caso por unos minutos de popularidad, efímeros como docena de empanadas en mi cumpleaños.
Según Fargosi, peor que las armas que tiene La Cámpora (¿se referirá a sus cuentas de Twitter?) es el arsenal con el que el kirchnerismo sostuvo su Estado nazi durante estos años, para terror de los Darines, Gianolas y Caseros de la Patria. ¡La Shima-Uta que los parió!
Sostiene Fargosi que el próximo Presidente sólo será grande si deroga las leyes aprobadas para someter -¡oh!- a la Justicia. Sólo seremos un país democrático si terminamos con las prórrogas de la emergencia y las facultades extraordinarias (admisibles sólo en situaciones de Guerra como la pelea entre Moria y Sofía o Lanata y Luis Ventura). Debe sancionarse un nuevo régimen de coparticipación, derogarse la ley de abastecimiento, legislar sobre transparencia (regular sobre los vidrios polarizados, supongo), derogar -ofcors- la ley de medios y acabar con las persecuciones de la AFIP y, bueno, ¿qué puede decirse del INDEC que no haya sido dicho ya por prestigiosos académicos como Fernando Iglesias? (se lo extraña... ¡Volvé del voley, Fer!). “...¿Lograremos un presidente que nos abra la puerta al futuro y comience su gestión cambiando las leyes que le dan un poder inadmisible en una república?...", se pregunta, para -casi- finalizar.
Nos enternece tanto amor por la República, claro, pero creemos que Martínez de Hoz o Dromi tenían mayor poder de síntesis. En fin, casi que podríamos adelantar, jauretchianamente, que si el próximo Presidente/a cumple alguna de estas requisitorias, debe ser inmediatamente juzgado por alta traición a la Patria o, por lo menos, juzgado en sus capacidades para ser declarado un insigne pelotudo.
La macana es que a Fargosi no le faltan precisamente postulantes para que este vuelva a ser su país normal...
jueves, 17 de octubre de 2013
Shutdown/showdown yanqui: GOP, Obama y RomneyCare
En lo que a nosotros respecta, este paso de baile hacia el abismo que jugaron republicanos y demócratas es un recordatorio de las bondades institucionales que significan no sufrir una esKribanía en el Congreso, de las envidiables virtudes republicanas del equilibrio de poderes. En 2010, merced al freno que para el tiránico kirchnerismo determinaron legislativamente las elecciones de 2009, nos quedamos sin Presupuesto. Ah, las instituciones… fortalecerlas sin enunciar el objetivo.
Volviendo a NorteamériYANQUILANDIA, las lecturas, hoy, son que Obama ganó (es el negro –con un chorrito de leche, un cortado en jarrita, digamos– más capo del mundo) y los republicanos perdieron. Y sanseacabó. ¿Es tan así? Desde aquí nos permitimos la duda, por ser jactancia de los intelectuales: es cierto que Obama ganó la pulseada, pero primero debió atravesarla, con un gobierno paralizado en el que ni las cuentas de twitter oficiales funcionaban, y al costo de billones de dólares en pérdidas. Emerge ahora fortalecido, de todos modos. Los republicanos no consiguieron, por el momento, su objetivo de seguir golpeando el ObamaCare (el plan de salud de Obama que, por cómo finalmente salió, luego de gentiles negociaciones en las que primaron el diálogo y el consenso –lloran de felicidad nuestros republicanos vernáculos–, es denominado por algunos analistas norteamericanos como RomneyCare*), y las encuestas los encuentran en el piso en lo que a opinión pública respecta. ¿Pero perdieron? En la pulseada que al interior del GOP (viejo gran partido) juegan las palomas y los halcones del Tea Party, éstos últimos sacan una luz de ventaja: las palomas serán acusadas de haber capitulado. El Tea Party viene escalando posiciones al interior del partido Republicano. En la pasada elección colocaron al candidato a vicepresidente, Paul Ryan; en la próxima es probable que seleccionen a la cabeza de la boleta. No es un dato alentador para nadie.
A modo de corolario, una perlita. El senador por Arizona John McCain dijo el domingo: “Democrats, they better undestand something. What goes around comes around. And if they try to humiliate Republicans, things change in American politics, and I know what’s like to be in the majority and in the minority, and it won´t be forgotten…”. Amenazame que me gusta.
* Sobre el Obama o RomneyCare, este muy buen artículo (recomendada por @lucasllach), que pone en perspectiva la pelea por el plan de salud. Resumido: los republicanos no pueden quejarse ahora del plan ya que fue votado luego de repetidos compromisos (o capitulaciones) demócratas –nuevamente, ¡oh, el consenso!– como una reforma a la ley de seguro médico antes que una reestructuración integral del sistema de salud nacional. Señala que Obama, para pasarla, debió adoptar el plan hecho ley por Mitt Romney como gobernador de Massachusetts.
** También esta nota de opinión: El Tea Party quiere llevar a Norteamérica nuevamente al siglo 18.
sábado, 12 de octubre de 2013
Más sobre la derechización del kirchnerismo
Resulta algo abstracto el asunto de la derechización en un mundo globalizado y liberal, coincidamos. Depende de percepciones personales y categorizaciones con límites algo difusos. De la resolución de tensiones dirimidas en razón del poder que detenten las partes (en ese sentido, tener un ejército, bombas, drones y portaaviones resulta una ventaja; manejar las finanzas internacionales, también). Por si fuera poco, este debate interesa mayormente a quienes les es importante saberse colocados a la izquierda. A los que no, bueno, les importa tanto como memorizar una receta de Maru Botana (!). Para rematarla, no sólo nadie se reivindica como representante de la derecha en nuestro país, sino que están de moda otras caracterizaciones: progresismo, conservadurismo, republicanismo, gestionadurismo (!!), loquelagentequierismo (!!!). Hay otras, por supuesto, y todas cumplen algún papel en la asignación de espacios simbólicos en el imaginario social (fah, chupate esa mandarina, Forster).
Antes del comentario de Esther, un comentario mío respecto a la derechización. Algún tiempo atrás algunos sostenían ya que el kirchnerismo es la derecha posible y con DD.HH. Por acá señalábamos que corporizaba lo más a la izquierda que nuestra sociedad tolera, y que tampoco había nada a su derecha. Que es peronismo, en definitiva. Tan simple y tan complejo como eso. Ahora, debemos agregar, sí surgió algo, y no precisamente a su izquierda (pretende, en realidad, desplazar al kirchnerismo del centro).
Basta de cháchara. Con ustedes, Esther (es largo, pero tiene sustancia):
“…Leí varios de los blogs linkeados en tu artículo y comentarios al respecto. Citaré algunas frases, pero explico que lo haré sólo porque me dispararon ideas y me resultan útiles para hilarlas, así que por esas razones me atrevo a extraerlas del contexto general del pensamiento de sus autores: reconozco de antemano que estoy extrayéndolas de ese contexto.
1)El kirchnerismo es peronista.
De allí derivo en que el kirchnerismo sabe qué es el poder, quiere tenerlo y usarlo.
2) «[…]por acá decíamos que era lo más a la izquierda que soporta la sociedad […] (Ricardo, aquí).
Eso implica que el kirchnerismo no intenta hacer una revolución para tomar el poder . Es de izquierda, pero una que quiere tener poder dentro de los límites marcados por la sociedad, esto es: lo que las personas de a pie desean o esperan, las restricciones impuestas por los poderes fácticos, las que conlleva un sistema democrático y republicano y las que conlleva pertenecer a un mundo donde existen otros países además del nuestro.
3) En función de lo anterior, Néstor y Cristina han caminado durante diez años en el borde de una cuchilla extremadamente delgada. Un avance significativo o extemporáneo contra los poderes fácticos los desequilibraría (125, por ejemplo); un "aplastamiento" significativo los dejaría por fuera de ser la izquierda posible y querible. En ese fillo del cuchillo Néstor decide, por ejemplo pagar la deuda reestructurándola: ni el no pago de la izquierda ni el pago con endeundamiento de la derecha. Si fuera el no pago, los poderes fácticos lo sacan del poder en dos días; si fuera el pago total con endeundamiento dejaría de ser un proyecto "nacional y popular".
3) Me pregunto: ¿los poderes fácticos están dispuestos a seguir cediendo un poquito de su terreno? Respuesta: no lo sé.
4)Me pregunto: ¿y la gente de a pie, común y corriente? ¿Piensa de la misma forma que hace diez años, se puso más a la izquierda, se puso más a la derecha?
La hipótesis de partida que uso es que la sociedad se derechizó. Porque hoy está mejor que hace diez años y naturalizó ese estado y quiere más. Pero quiere más en el mundo que estamos, y en el mundo que estamos "querer más" es querer más cosas que comprar con dinero. No se nos ocurre querer más en, por ejemplo, el ámbito espiritual, ético, intelectual u otros, sino más cosas que se pagan con dinero.
En función de lo anterior, la derechización del kirchnerismo no es un post-kirchnerismo: es seguir siendo kirchnerismo, ya que si la sociedad se corre hacia la derecha, tendrá que ser lo más a la izquierda que esa sociedad acepta. En otras palabras: la identidad del movimiento permanece, lo que cambia es la sociedad en la que está.
5)Si esto fuera así (ojo, son sólo hipótesis de alguien con escasa cultura política), entonces estamos ante una situación inédita en nuestro país: nunca antes un gobierno o movimiento progresista tuvo la oportunidad de correrse hacia la derecha en una forma controlada por sí mismo, acotada, minimizada. Siempre fue destrozado por golpes militares o bien por violentos giros hacia la derecha civiles (menemismo, por ejemplo).
6) Pero, para que este corrimiento a la derecha sea acotado, mínimo, y, añado, circunscripto en el tiempo, se requiere de un movimiento que sea capaz de retener el poder y al mismo tiempo mantener una ideología nacional y popular y un trabajo fuerte al respecto.
7) Llegado a este punto de mi ¿razonamiento? (me da un cierto pudor suponerlo así) pienso en: «A falta de batalla cultural, la blogosfera se recicla como fabricante de etiquetas» (Oscar Cuervo, blog de Abel).
«Respecto a lo que dice Oscar Cuervo, tengo la impresión de que existe cierta nostalgia -no sólo por lo que dice mas arriba, sino que lo percibo en otros blogueros, comentaristas y lectores que me lo plantean fuera de la web-, cierta nostalgia, decía, por la época de la resistencia bloguera. Más que por la lectura de los blogs, por el clima de época y su significación, creo» (Abel, en los mismos comentarios).
«Finalmente, el tiempo demostró que los blogs son espacios individuales, aunque se identifiquen con un espacio mayor, colectivo, y tengan entre sus objetivos –como en cualquier debate político– pensar a la sociedad, sus posibilidades, sus determinantes, condicionantes» (Ricardo, este artículo).
La batalla cultural no sólo no terminó: está en pañales todavía. La batalla cultural más importante no es contra los medios de comunicación hegemónicos (aunque esta es imprescindible) sino dentro de la sociedad. Si la sociedad se derechiza entonces implica que hay que pelear dentro de la sociedad un cambio cultural. Si ese cambio cultural no se da entonces quedará un único camino: una continua y progresiva derechización de los gobiernos hasta que provoquen otro 2001-2002 y regresemos al inicio.
A mi modo de ver, es aquí donde está el gran desafío y donde está la épica más importante. Se requiere pensar a la sociedad y también actuar en ella. Es un desafío donde la blogosfera tiene mucho para hacer. Incluso la blogsofera está, necesariamente, preparada para encarar uno de los problemas a tener en cuenta en una épica de esta naturaleza, y que aparece dicho por Ricardo: "Finalmente, el tiempo demostró que los blogs son espacios individuales, aunque se identifiquen con un espacio mayor". Me refiero a que en esta nueva sociedad en la que vivimos, signada por la "vida virtual", existe un componente de individualismo muy fuerte, justamenta porque es virtual, es abstracta, es instantánea, deleteable, en fin, posmoderna. Como eso no tiene vuelta atrás, es importante pensar en función de la amplia experiencia blogera que ustedes tienen de qué forma se puede instalar comportamientos menos individualistas en una sociedad que tiende a la bruma virtual, al estado gaseoso.
También creo que la experiencia setentista es fundamental en estas instancias. Es una experiencia valiosísima, a mi modo de ver, porque abarca desde la crisis entre la juventud con el líder hasta los riesgos de pretender ir más a la izquierda de lo que la sociedad permite (pongo solo dos ejemplos, enumerarlos a todos sería larguísimo). Y es una experiencia que ha demostrado ser la más importante en el tiempo: hoy, décadas después, continúa marcando caminos y trasvasándose a sí misma a las nuevas generaciones.
Con respecto a esto último, los más jóvenes son demasiado importantes como para desprotegerlos. En los setenta se asesinó a una generación. En los ochenta, se destruyó, por otros mecanismos, a otra (la juventud alfonsinista, que era numerosísima); en los noventa, a otra (gracias al menemismo).
En síntesis, y disculpándome por lo extenso del comentario, me parece que no hay post-kirchnerismo sino kirchnerismo que evoluciona, que, como se ha dicho en estos blogs, es tiempo de pensar con calma y sin pegarse la cabeza contra las paredes, que una derechización es posible de darse pero que, más que salir huyendo, eso requiere pensar en estrategias para movilizar culturalmente a la sociedad para "tironear" otra vez más a la izquierda.
Creo que si no hay futuro con el kirchnerismo no tenemos futuro alguno. Salvo una revolución, y eso no lo considero ni posible ni probable…”.
Les advertí que era extenso pero jugoso. Un par de consideraciones (cortitas, aunque si llegaste hasta acá seguro podés escuchar El Salmón de Calamaro de principio a fin; una experiencia, debo reconocer, que nunca me preocupé por adquirir): el primer punto 3 me parece una condensación magnífica. En respuesta al segundo punto 3, creo que es cierto lo que algunos marcan como situación de empate entre el oficialismo y el establishment (éste último le perdió el miedo, sabe que lo necesita en el actual contexto más que antaño; y actúa en consecuencia). El punto 5 es un –vg– punto de vista muy interesante: “…nunca antes un gobierno o movimiento progresista tuvo la oportunidad de correrse hacia la derecha en una forma controlada por sí mismo…”. Discrepo, de todos modos, porque controlar las variables de cambio no implica controlar los factores que obligan a ese cambio. Pero es válido lo que señala. Respecto al punto 6, no puedo estar más de acuerdo. Finalmente, Esther (y muchas gracias por tomarte el tiempo y trabajo de elaborar un comentario así; merecía ser posteo, espero te parezca bien), creo, respecto a la batalla cultural, algo que sostengo desde hace tiempo (y con lo que aburro a mis amigos/lectores/comentaristas): es la economía, son los resultados de la gestión, los que permiten, secundariamente, desplegar batallas culturales. Lo contrario es predicar en el desierto o sólo para los convencidos (algo que el kirchnerismo, lamentablemente, practicó luego del triunfo de 2011).
Ahora sí, como suele decir una filósofa balconera que se separó de uno que le dio ficción a Lanata: lo dejo a sus criterios.
