Mostrando las entradas con la etiqueta Maduro. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Maduro. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de febrero de 2014

Venezuela: conflicto y geopolítica

Es imposible que alguien pueda no estar dolido por lo que está ocurriendo en Venezuela. Claro, algunos fingen muy bien ese dolor mientras por dentro celebran la posibilidad de que el gobierno de Maduro pudiera caer. Entienden bien que la Venezuela del chavismo fue punta de lanza de los gobiernos de nueva izquierda latinoamericana y que recuperar Venezuela, para la geopolítica que juegan las potencias (y fundamentalmente EE.UU.), puede significar algo similar para los movimientos restauradores del resto del subcontinente. Las expectativas son siempre un factor importante en cómo se resuelven luego los apoyos en pos de nuevos equilibrios. La geopolítica quizás no permita entender el conflicto en curso per se, pero sí nos permite comprender su conveniencia/inconveniencia para los distintos actores, internos y externos, su inserción en el plano local venezolano y subcontinental, y el porqué de las distintas opiniones y aproximaciones mediáticas al respecto.

A fines informativos, este posteo no tendrá objetivos ídem. Para eso están la TV, los diarios, twitter, etc. Claro, la información que reproducen no sólo es confusa sino tendenciosa. Existe una guerra de relatos puesta a disposición de la lucha geopolítica. Los medios del establishment, pertenezcan al país que pertenezcan, retratan el conflicto en desarrollo como un atropello a manifestaciones democráticas por parte de un gobierno fascista y dictatorial. Los medios que simpatizan con las expresiones de izquierda se enfocan en las intenciones destituyentes, golpistas, de grupos que buscan un retorno a la Venezuela prechavista. Existe algo de verdad en ambas expresiones: el gobierno venezolano reprime y muchos opositores a Maduro buscan terminar con la experiencia chavista apelando a la violencia. Quienes hablan de un intento de golpe a la democracia venezolana (¿hace falta recordar que el año pasado la mayoría del pueblo venezolano eligió a Maduro como Presidente?) no presentan pruebas concluyentes, y por eso este posteo se refiere a la cuestión geopolítica, que permite a grandes rasgos comprender la situación dentro de un mapa mayor. Por su parte los opositores a Maduro presentan pruebas absolutamente ridículas, apelando a imágenes viejas o de conflictos distintos al que actualmente se desarrolla en Venezuela (pruebas gráficas acá, inventariadas por el periodista Horacio Torres). Mientras portales como Infobae reproducen la condena de la CIDH dependiente de la OEA a la censura de medios opositores (el canal colombiano NTN24), el director general de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones venezolana denuncia un esquema de guerra electrónica con montajes de videos y fotografías y ataques por incremento de tráfico.

Alejado de los hechos, mi impresión es que se trata de un intento claro por golpear al gobierno del PSUV. Analizando la relación de fuerzas, Otto Rock y Abel Fernández concluyen que la administración de Maduro cuenta con el suficiente apoyo popular como para evitar su derrocamiento. Pero debemos señalar aquí también que las condiciones económicas (y políticas luego de la muerte de Chávez) se han deteriorado, o continuaron el deterioro que ya se advertía durante los últimos tiempos del ex Presidente venezolano. Sobre ese descontento es que se montan muchos de los argumentos con los que la oposición golpea al gobierno del PSUV. Parte de esas condiciones nacen en una Venezuela país productor de petróleo pero que, por otro lado, debe importar una gran mayoría de los insumos que consume, siendo alimentos el rubro más sensible. Un esquema promovido por todas las anteriores administraciones al chavismo, que entrega el país atado de pies y manos al poder de especuladores internacionales y nacionales. La inflación en alimentos se explica en buena medida por ello, y más aún si sumamos el mayor acceso que las clases populares tuvieron a salud, educación y alimentación. La inclusión como motor de la inflación. O la inflación como reacción de los sectores acomodados. Según la CEPAL, la pobreza rondaba el 49% en 1999, mientras que en 2013 cayó al 27%. Lo mismo para la indigencia, que en poco más de una década disminuyó del 21% al 10%. El Gini ha mejorado sensiblemente en estos años, y también la distribución del ingreso. Motivos que también sirven para explicar las reacciones que enfrentan algunos gobiernos de la región, entre ellos el nuestro.

Para explicar mejor esta guerra de relatos, y cómo los distintos intereses juegan la partida geopolítica, podemos observar cómo critican y se alarman por Venezuela aquellos que jamás elevaron la voz cuando el golpe y asesinato de periodistas en Honduras. Quienes protestan contra la represión –que el gobierno boliviariano ejerce mediante hidrantes y balas de gomas contra quienes atacan edificios públicos– tampoco denunciaron que el accionar de Piñera en Chile fuera el mismo contra quienes claman por educación pública gratuita y de calidad. Por el contrario, Chile era y es uno de los modelos propuestos por estos sectores. Pero probablemente sea el reciente golpe institucional contra Fernando Lugo en Paraguay el que mejor se relacione con los acontecimientos venezolanos. No protestaron tampoco los medios del establishment cuando derrocaron a Lugo, golpe promovido exitosamente para abortar cualquier posibilidad de una reforma agraria que entregara tierras a campesinos, y así la sojización del Paraguay pudiera concentrarse en las pocas y usuales manos. Paraguay fue un límite a la plena incorporación de Venezuela al Mercosur. Protagonistas de esta pulseada geopolítica, Argentina y Brasil aprovecharon la crisis paraguaya para darle la bienvenida a Venezuela al bloque comercial sudamericano. Como moneda de cambio a su reincorporación al bloque ahora, el gobierno del paraguayo Cartes no se opone al ingreso de Venezuela. La advertencia que representa Unasur (y el protocolo de Usuahia) debería constituir un freno al intento desestabilizador, pero el caso de Lugo juega a favor de los opositores venezolanos.

Nadie puede desentenderse de las consecuencias de la resolución del conflicto, en una u otra dirección. Aquí, como Abel y Otto creemos que se resolverá respetándose el estado de derecho. Pero sería ingenuo no advertir que el programa de “lucha” de la oposición venezolana (y sus apoyos internacionales) apuestan a una pelea de largo aliento que desemboque, probablemente, en un referéndum revocatorio, mecanismo previsto en la Constitución venezolana en su artículo 72: “Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables. Transcurrida la mitad del periodo para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscriptos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato…”. Para finalizar, deseamos que el conflicto finalice cuanto antes y sin que debamos lamentar más muertes.

lunes, 15 de abril de 2013

Maduro: 1,59%

Venezuela eligió, “por muy poquito" (NK dixit), a Maduro como su próximo Presidente. El amplio margen que se esperaba luego de la muerte de Hugo Chávez, y que se había recortado al final de la campaña relámpago, terminó siendo de tan sólo 234.935 votos. Si se tratara de una encuesta, y no de una elección, estaríamos hablando de empate técnico.

Titular con el exiguo porcentaje que separó a Maduro de Capriles no significa que no nos alegre el triunfo del PSUV, caro a los intereses de los sectores populares venezolanos y a los intereses de Sudamérica toda (o casi), sino que nos rebela la dilapidación de un capital político que parecía definitivo y, a no dudarlo, la confirmación -como si el fallecimiento de Chávez no hubiera sido suficiente (no lo fue)- de que un nuevo tiempo político se abre en Venezuela: sin su líder y fundador, la Revolución Bolivariana estuvo a punto de sucumbir, acumulando 685.794 votos menos que hace tan sólo seis meses. A pesar de contar con todos los instrumentos institucionales que le aseguren gobernabilidad (merced al triunfo de Hugo Chávez en octubre del año pasado), la legitimidad de Maduro estará en entredicho. Y las operaciones de prensa a la orden del día.

Razones para explicar la victoria pírrica y el casi batacazo de la Derecha venezolana:

1. Maduro, a pesar de ser el heredero legítimo, no es Chávez. No sólo hacia afuera ha quedado mellada su imagen, sino al interior del partido gobernante también. No pocos sindican a Diosdado Cabello para explicar, en parte, la merma del caudal electoral. Se impone un fuerte respaldo del oartido al Presidente electo.
2. Una devaluación mayor al 40%, un mes antes de las elecciones, no es una medida proselitista adecuada. Nunca. La economía venezolana viene golpeada, y en enero decíamos que la principal preocupación del elenco gobernante debía estar puesta en lo que se resume como gestión.
3. En cambio, esto que marcamos, fue desplazado por la épica, cuando no por un misticismo y conspiracionismo preocupantes: un pajarito poseído, las denuncias sobre intentos de asesinatos y cánceres inoculados. La campaña no fue buena, y le permitió inflar el pecho a Capriles, elegido como blanco dando cuenta de la preocupación que despertaba.
4. Una buena estrategia para el día de los comicios del MUD, relatada por Fraschini en twitter [1]: a las 16 hs. el PSUV se consideraba ganador, y la coalición liderada por Capriles metió un importante sprint final.

El escaso margen obtenido obligó a Maduro a ser cauto, e intentar implicar a Capriles en el sostenimiento de la paz social. Capriles, como era de prever, no reconoció su derrota, la supeditó al recuento voto por voto y lanzó una velada amenaza: “en aras de (...) la paz de nuestro pueblo (...) queremos que se haga la auditoría, que se cuente voto por voto" [2]. Capriles, hoy, es más que el Capriles del pasado octubre. De todas maneras se contará cada voto, deberá reconocer el triunfo de Maduro, pero es el “mientras tanto" el que abre interrogantes acerca del clima social, la economía, la seguridad ciudadana y los ríos de tinta que se leerán.

Será responsabilidad de Maduro capear el temporal y recomponer su autoridad. Para ello nada mejor que el respaldo de la Unasur y dar la batalla económica. Como en enero pasado, será importante el respaldo de los líderes sudamericanos, que saben además de la existencia del efecto contagio. Debemos descartar, por supuesto, una solución à la peruana, con un Ollanta Humala que, ante una elección reñida, abrió su gobierno a distintos sectores de la Derecha. En Venezuela no sólo significaría una traición a Chávez, sino el desencanto de tantos chavistas que podría terminar de abrir la posibilidad para que la Derecha Venezolana se alce con un legítimo triunfo en una próxima elección.

[1] https://twitter.com/MJCFraschini

[2] http://www.lanacion.com.ar/1572835-capriles-no-vamos-a-reconocer-el-resultado-hasta-que-no-se-cuente-cada-voto

viernes, 8 de marzo de 2013

Maduro y el desafío del chavismo

En nuestro país, luego del fallecimiento de Kirchner, la candidatura del peronismo era responsabilidad pura -y dependía de la decisión- de Cristina. En Venezuela, el mismo Hugo Chávez despejó cualquier incógnita respecto a la sucesión: su voluntad «plena como la luna llena» señalaba a Nicolás Maduro (dirigente sindical y ex Canciller, pueden leer su perfil en P/12 [1]).

En nuestro país, en 1974, Perón nombró al pueblo como su único heredero. El anciano General no pudo -o no quiso- decantar su legado en la persona de nadie. Ocurrió así lo peor: sus herederos, en la única verdad que es la realidad, fueron Isabelita y ese personaje siniestro llamado López Rega. Daniel. Y la burocracia sindical, porque “renunciar" a Cámpora implicó de hecho el desplazamiento de la JP. Resonaron entonces los ecos del Golpe.

En Venezuela, Maduro conducirá el proceso hacia su elección presidencial. Formalmente, debiera haber sido Diosdado Cabello, Presidente de la Asamblea Nacional, quien condujera la transición. Ocurre que, como dijimos, en el mismo instante de la muerte de Hugo Chávez se dio inicio a la carrera electoral para Maduro, el PSUV y el chavismo todo. Las exequias de un líder, como acá, aunque suene cínico y frío, forman parte de la campaña electoral cuando lo que se pretende es asegurar la continuidad. Así, Cabello a cargo del Ejecutivo y Maduro como candidato no hubiera constituído una buena señal. Ahora, con Nicolás Maduro llevando en sus hombros el peso, la señal de unidad es más fuerte, y habilita la transferencia directa del aura del líder que ya es mito. Las recientes elecciones, con Chávez mortalmente enfermo, adquieren un nuevo significado hoy, como plebiscito de la revolución bolivariana y no sólo de la persona de Chávez, y fueron preámbulo de las que en menos de 30 días se celebrarán.

El futuro se va escribiendo en arena. De cualquier manera, todo hace pensar en que Maduro vencerá a Capriles; pero ya sin el liderazgo carismático de Chávez, el proceso bolivariano deberá esmerarse no sólo en mantener la unidad sino en la consecución de éxitos de gestión, ya que la espalda para los momentos de tensión, que han sido la regla en el caribeño y hermano país, no será ya la misma. Ese es el desafío que el chavismo enfrenta, y no el que la prensa opositora interesadamente le señala [2].

[1] http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-215296-2013-03-07.html

[2] http://rambletamble.blogspot.com.ar/2013/03/que-espera-la-opo-neoliberal-de-nicolas.html