Aún cuando Sergio Massa y Mauricio Macri encarnan figuras con proyección nacional, el Frente Renovador y el PRO constituyen actualmente partidos distritales sin inserción territorial más allá de la PBA y la CABA. A poco más de un año de las elecciones nacionales —y para dotarse de alguna estructura que de soporte a sus aspiraciones—, se encuentran en carrera para cooptar dirigentes locales del radicalismo, habiendo fallado antes sus estrategias de desarrollo electoral primigenias. Éstas eran, para Macri, construir una tercera fuerza nacional (y en cambio terminó ocupando el lugar que el radicalismo se reservaba en la CABA luego del Pacto de Olivos) y, para Massa, montarse sobre su triunfo legislativo 2013 para hacerse del peronismo, a la manera de Cafiero en los '80, luego de vencer en internas a la burocracia sindical. Fin de la teoría garrochista (aunque alguno pueda todavía saltar): el PJ no será fagocitado. Vistos sus últimos movimientos, deben conformarse en cambio Massa y Macri con cinchar por los jirones del bipartidismo tradicional que, como una persistencia identitaria, se niega a morir pese a agonizar en terapia intensiva desde el derrumbe de la Alianza en 2001.
A propósito de la foto de Gerardo Morales y Sergio Massa, con la hermosa ciudad de San Salvador de Jujuy como fondo, se ha comentado mucho y analizado poco. Los diarios no olvidaron mencionar, sí, que Morales estuvo pocos días antes en la presentación como precandidato presidencial de Ernesto Sanz, que el jujeño declaró que Massa sería presidente y él gobernador (para aclarar a las horas que su candidato continuaba siendo Sanz) y tampoco dejaron pasar las declaraciones comprensivas de Sanz y la bronca no contenida de Julio Cobos y Hermes Binner. Volveremos luego sobre esto último.
Morales-Massa, ¿por qué el acuerdo? En principio, es un reconocimiento de que, como oposición, comparten y disputan la misma franja electoral. Partiendo de esa base acuerdan no pisarse los cordones: Massa no le resta posibilidades de llegar a la gobernación a Morales colocando un candidato propio, y es Morales el que a cambio le puede sumar votos al del FR en el distrito. Por eso la foto es en Jujuy y no en Tigre: no es el jujeño el candidato de Massa sino al revés, es Sergio uno de los candidatos del radicalismo jujeño. Este pacto desnuda dos necesidades: la de Morales y el radicalismo de Jujuy, que si tuviera los números suficientes no necesitaría de la alianza con el del FR, y la necesidad de Massa que, si midiera como venden sus operadores, podría apelar a un candidato propio al cual traccionar desde arriba. Desnuda algo más: que con una figura instalada no alcanza y se necesita de una estructura. Marina Silva lo comprobó recientemente. Ah, la vieja política que se niega a morir a manos de la dictadura de la telepolítica.
Sin dudas, este arreglo no puede ser gratis. Conozco boinas blancas en Jujuy que están tragando bilis, e imagino que los que se sumaron al massismo antes no pueden estar felices del puenteo. La “razón (o condición) renovadora" entonces, al contrario de lo que sostienen sus partidarios, se afirmará en acuerdos cupulares. Pronto ocurrirá en Tucumán como en Jujuy, y tendremos a José Cano recibiendo el apoyo de Sergio Massa. La lógica del encuentro replicará la de Jujuy (hasta como parodia: ¡reconocen que al ballotage lo verán con la ñata contra el vidrio!). Traducirá que el massismo no contará tampoco en esta provincia con un candidato propio, mal que les pese a los mellizos Orellana y a Vargas Aignasse, sus referentes locales. Refuerza, todo lo anterior, algo que venimos sosteniendo: en 2015 será primero observar lo local para luego, recién, mirar lo nacional (a propósito de esto último, vaya una advertencia para quienes desde la visión centralista porteña se mofan de Morales o las UCR provinciales: en 2013 ganó en Jujuy, luego de perder en las PASO por poco, y en Tucumán triunfó en Capital y Yerba Buena. Recordemos, además, que el NOA es tradicionalmente un bastión del peronismo. Lo sería también del PT).
¿Y el radicalismo nacional? Se debate entre lo que expresan los dos mendocinos, Ernesto Sanz y Julio Cobos. Mientras el primero consiente los arreglos provinciales —que determinan que el centenario partido nacional se comporte en los hechos como una liga de caudillos provinciales, con amplia libertad para negociar con Macri y Massa— el segundo advierte que ello le resta fuerzas a la fórmula presidencial propia. La razón para esta diferencia de criterios reside en las posibilidades de ambos: Cobos sabe que mide más y debe saborear la nominación; Sanz sabe que no llega. Cobos piensa en los maltrechos pedazos del radicalismo como un todo que puede ser su plataforma, y Sanz piensa en cada uno de esos pedazos y en cómo potenciarlos. Lógica de candidato vs. lógica de hombre de partido. En 2015, lo adelantamos antes que nadie, el radicalismo puede usufructuar su condición antiperonista. Como una liga federal antes que un partido nacional, agregamos con los hechos consumados. Se lo advertimos por entonces a los peronismos provinciales.

