No existen todavía sondeos que midan cuál podría ser el impacto electoral del nuevo Acuerdo Cívic… Frente Amplio UNEN. Cualquier intento de numerología exótica colisionaría, además, debido a lo inconcluso del armado, cuando resta por saber si el PRO de Macri se sumará y cuál sería entonces la reacción de los elementos de pretendida centroizquierda. Existen más factores, pero algo es seguro sin embargo: obliga a todos a recalcular. Era poco lo que podíamos esperar del pan republicanismo o del no peronismo cuando –no hace mucho– parecía que la pelea se dirimiría entre Scioli por el oficialismo y Massa por la oposición. Ese sólo dato basta para reconocer que lo del radicalismo, el socialismo santafesino, Carrió y adláteres constituye un éxito. Moderado, momentáneo, efímero quizás, incapaz de quebrar fatalmente esperanzas en caso de implosionar, pero indudablemente manda a revisar el mapa en la mesa de arena y a repensar estrategias.
El republicanismo que come peronismo y no convida ¿tendrá un sapo en la barriga?Como señalábamos, la posible emergencia de un escenario tripartito constituye un gol para la oposición no política y mediática, al introducirse un elemento más que fortalece las chances de un ballotage y la consecuente
capitalización de una pseudo-colectora, que tribute votos a cualquiera fuera la opción opositora en una hipotética segunda vuelta. Y así, con poco esfuerzo, encontrar en 2015 un gobierno políticamente anémico en comparación a los gobiernos kirchneristas. Aunque la propia dinámica parezca tender a ello, a little help from their friends es siempre bienvenida. Ya analizamos cuáles
pueden ser sus perspectivas. Ahora, niegan ser la Alianza… y tienen razón, debo decir: para ser el frente UCR-Frepaso de 1997-1999 deberían sumar sí o sí a Macri y/o Massa (y que el otro se bajara).
Nuestro Capriles fue De la Rúa/Álvarez.Cuando luego de amagar durante meses, en junio de 2013 Massa finalmente quebró con el kirchnerismo, la esterilidad del campo opositor era un dato incuestionable y a ser explorado. Luego del 54% de 2011 el oficialismo descansó demasiado en esa ventaja. El cálculo del massismo preveía cierto cansancio hacia los oficialismo en todas las instancias, peronistas en su grandísima mayoría, verificado luego en las legislativas y
en otras elecciones. Entonces Massa, inteligentemente, no cuestionó a Pagni y fue por la representación republicana húerfana, a sabiendas de que su pertenencia al peronismo le aseguraría soporte a partir de diciembre de 2015 en caso de triunfo. Quiso ser, ante el kirchnerismo, lo que la Alianza frente al menemismo: su contracara cultural prometiendo mantener los lineamientos principales del modelo. Así como De la Rúa y Álvarez serían los continuadores del menemismo sin Menem ni el incómodo peronismo, Massa pretendió (¿pretende todavía?) constituirse en la opción republicana, con promesa de gobernabilidad, encarnando además su propia pata peronista, y continuar de algún modo al kirchnerismo sin Cristina ni La Cámpora. El peronismo, por supuesto, debería adoptar el nuevo avatar, aunque este reconfigurara la política exterior mirando hacia Washington o prometiera redistribuir –pero no como el kirchnerismo los márgenes del crecimiento económico sino esta vez directamente– el poder, ese monopolio de las decisiones que es lo que mayor irritación provoca entre quienes pueden adjudicarse gran influencia sobre la mano invisible del Mercado.
Frente a una posible convergencia entre FA-UNEN y el PRO, el campo republicano, antikirchnerista, sobre el que intenta (¿intentaba?) construirse el massismo casi en soledad (apelando kirchneristamente a la anomia no peronista), se encuentra ahora habitado por estas dos opciones, que deben pugnar en una disputa que es válido presumir como de suma cero. Ello estrecha el campo de acción del Frente Renovador a nivel nacional y debería conducirlo hacia un retorno a su leitmotiv 2013: la renovación del peronismo de la provincia de Buenos Aires, importante como es de cara a las elecciones generales.
Termodinámica pura, peronismo al palo.La emergencia del massismo, el pasado año electoral, reactivó al peronismo adormecido a pedir de boca de Cristina. La irrupción del frente republicano operará en igual sentido, fortaleciendo la tendencia hacia la aglutinación. En un delicado camino de equilibrio entre la gobernabilidad (bidireccional), e incrementando poco a poco su autonomía –en un proceso que, creo, tendrá su punto cúlmine a más tardar a principio del segundo trimestre de 2015–, el partido justicialista da pasos que demuestran la comprensión de los desafíos que implican el FR y FA-UNEN(+PRO). Como dijimos, es el único que puede intentar revalidar en octubre sin enfrentar un segundo turno que lo coloque a la defensiva frente a la convergencia del antikirchnerismo. Esto solo puede estimular el repliegue defensivo que se observa, luego de más de una década en la que gozó de centralidad absoluta, aún con disputas intestinas. Y entonces se suceden sin solución de continuidad las distintas señales. Pablo Ibáñez
retrata en Ámbito las tensiones que intenta contener (y acumular) el peronismo actualmente, postulándose en modo superador del avatar frentista del FpV. Nada descabellado, nada rupturista, sólo la traducción de la búsqueda de un nuevo equilibrio que represente las posiciones de fuerza de la actual coalición, ya insinuadas en los acercamientos de Scioli al cordobesismo delasotista, en el reconocimiento de Juan Manuel Urtubey a la necesidad de incorporar a Romero a la ecuación peronista con vista a 2015 o en
las declaraciones del moyanista Omar Plaini. Rodríguez Saá mandó también
un mensaje encriptado en un Voyager hacia Saturn… hacia el peronismo:
“el oficialismo va a tener un candidato y Clarín va a tener otro candidato. No me gustaría estar con ninguno de los dos”, dijo, fijándose un precio interesante. Comprender hacia dónde se dirigen las aguas del río turbio de demandas sociales y sintetizarlas es imperativo para cualquier fuerza que pretenda hacerse acreedora del sufragio y residen en el ADN del peronismo. Y para ello el barco debe estar –saludablemente, pensamos– más fuerte y armado.
También
los sectores más decididamente ortodoxos del kirchnerismo comprenden el actual escenario, aunque para la militancia todavía ensayen discursos de barricada como el de Zannini. Es a ellos a quienes
Scioli intenta convencer diciendo que
“es el momento de estar unidos por (…) la victoria en 2015”. Mientras, Urribarri no termina de despegar y Randazzo toma esa posta, recostado en su gestión del transporte metropolitano (que lo posiciona mejor en la PBA) y en diferenciaciones que irán, creemos, en dirección de las demandas de su área de influencia bonaerense. La carrera a 2015 está lanzada y sólo el Mundial le pone algún freno suave.
TEG, Go, el Juego de la Silla o el Chinchón.Más allá de las estrategias de instalación de los candidatos, las sugestivas selecciones de enemigos nos permiten inferir buena parte de los escenarios que las distintas fuerzas pretenden construir o en las que pretenden –piensan– pescar mejor:
El FpV contra FA-UNEN, para convertirlos en la opción antes y en desmedro de Massa.
El Frente Amplio UNEN contra Massa, disputando el voto sobre el que avanzó el Frente Renovador, republicano y en oposición al kirchnerismo.
El Frente Renovador contra Scioli, en su intento por sacarlo del campo de juego y hacer usufructo de la representación peronista y del centro justo de la “continuidad con cambios” al que no pueden acceder sin desdibujarse mientras DOS participe de la contienda.
Scioli contra… ¿quién? ¿
Se toma un cafecito nomás?
No. Sea DOS o algún otro, lo que no puede demorarse más allá de finalizado el campeonato de fúchibol es el esbozo de un panorama de futuro. Defender lo logrado está muy bien, somos todos campeones de la enumeración, pero vimos en 2009 y en 2013 cuánta razón tenía Ricardo Tapia al cantar que
“no me alcanza, hermano, se necesita un poco más”. Apelar al conservadurismo del voto en elecciones ejecutivas es una apuesta magra y, pensamos, perdedora por demás.