viernes, 4 de octubre de 2013

¿El kirchnerismo como anomalía?

El amigo, comentarista (y crítico, je) ram, una de las espadas del kirchnerismo en la blogósfera -tucumano, para más datos-, planteó la inquietud del kirchnerismo como anomalía de nuestra historia (¿o sólo dentro del peronismo más reciente?) como respuesta al desarrollo de un perfil político de los compañeros alvearistas K que se alistan para la carrera a 2015. Dijo: «...no está dicho que lo generacional no sea válido pero, la validez puede venir como confirmación de un derrotero o como una coartada, una excusa, para proponer otra cosa.
Lo que a me parece más central es el carácter de "anomalía" del kirchnerismo - y no dicho por sino planteado por "peronistas" y anti-peronistas.
Y si algo es "anomalía", desentona y se lo trata de sacar del medio. Como sea...».

Veamos: anomalía es una nominación que los factores de poder cargan sobre el peronismo versión kirchnerista. Sabemos que en la capacidad para denominar reside buena parte del poder de la prensa y el refugio último de los intelectuales orgánicos de los sectores liberales-conservadores (su ámbito natural: las claustros universitarios; de ahí el horror de Sarlo al advertir que en los estamentos inferiores predominaba una mirada amable hacia el kirchnerismo). Categorizarlo entonces como anomalía no es inocente: tiene como objetivo generar corrientes de opinión que tiendan a divorciar al kirchnerismo del peronismo, visto este último como depositario de una ortodoxia que el kirchnerismo no supo respetar (este divorcio -es lícito agregar- también forma parte del ideario de algunos sectores del kirchnerismo; todos josepablofeinmannistas de JPF). Ese divorcio generaría, claro, las condiciones para que un nuevo peronismo tenga a mano un discurso que legitime una negación del kirchnerismo, algo que la realidad, hoy, desmiente. Ay.

Otro aspecto fundamental respecto a las anomalías es que su condición de posibilidad reside en la emergencia posterior a una crisis (siguiendo a Naomi Klein). Así, podríamos aprehender al kirchnerismo no como anomalía sino como emergente del crack económico, político y social de 2001: recuperación de la autoridad y poder del PEN, normalización económica, restablecimiento de contratos sociales (juicios contra crímenes de lesa humanidad) y un contexto continental y mundial que hizo posible ensanchar los márgenes de autonomía nacional. El pago de la deuda al FMI, ¿hubiera sido posible sin la conciencia de que el endeudamiento y las condiciones de los organismos de crédito construyeron la crisis? ¿Hubiera sido posible el no al ALCA -profundización neoliberal- sin el Brasil de Lula?. Según el lineamiento de anomalidad, para finalizar, también el menemismo podría ser considerado una anomalía dentro del peronismo, hecho posible por la hiperinflación alfonsinista, los golpes de mercado tanto a Raúl Alfonsín como al Carlos Menem pre-Cavallo y el triunfo cultural del fin de la historia -según Fukuyama y los EE.UU.- luego de la caída del Muro de Berlín; Consenso de Washington de por medio.

Por lo mencionado en el párrafo anterior es que vengo insistiendo en que, desde hoy a 2015, la mayor parte de las energías gubernamentales deberían estar depositadas en la generación de un clima económico, social y político que permita una transición/sucesión ordenada. No sólo porque maximizaría las posibilidades de influir en el proceso sino porque, además, inhabilitaría retrocesos bruscos en el proceso iniciado hace poco más de diez años.

martes, 1 de octubre de 2013

La generación intermedia: los ochentanoventistas (o alvearistas del kirchnerismo)

A Néstor y Cristina Kirchner –representantes de la generación setentista, quienes accedieron al PEN más en razón de la oportunidad que de una construcción previa que los convirtiera en candidatos ineludibles de un peronismo noventizado–, le sigue una generación de políticos más jóvenes que se encuentra ubicada, por gusto y conveniencia, a la derecha si consideramos a ésta como parte del espectro liberal-conservador característico de nuestro país y sus clases dominantes. Vale aclarar que para arribar al presente escenario el kirchnerismo hizo su aporte: al igual que Perón, Alfonsín y Menem –¿resultado de un sistema y ecosistema político fuertemente personalista?– no supieron, pudieron o quisieron crear candidatos propios para una posible sucesión.

Así los Urtubey, Capitanich, Urribarri, Scioli y Massa forman parte de una generación política que creció junto pero no subordinada a un kirchnerismo centralizado, y que construyó poder electoral propio en sus respectivos distritos. Tienen entre 40 y 55 años, la juventud como activo posmoderno y supieron conjugar su pertenencia al peronismo con una mejor relación con las clases medias, aunque también cuentan con buena llegada a los sectores populares. Se educaron políticamente durante los '80s y '90s, observando y absorbiendo de la derrota alfonsinista y el triunfo menemista las lecciones que modelaron reflejos políticos antes que convicciones férreas, y desarrollaron sus carreras políticas a partir de la ocupación de cargos dentro de la estructura estatal. Provenientes de hogares de esa misma clase media, mayormente sin historia de militancia en la resistencia peronista (Urtubey es sobrino de Julio Mera Figueroa, pero no hace del periodo parte de su construcción o discurso) o en la lucha contra la dictadura, entendieron que el poder político era territorio de caza principalmente dentro del zoológico peronista. Así, los principales representantes del ochentanoventismo, Scioli, hijo de una familia radical, y Massa, afiliado al partido de Alsogaray en su juventud, se sumaron al peronismo de la mano de Menem y Duhalde respectivamente.

No abrevan, por lo expuesto arriba, en discursos ideologizados ni hacen de la ideología el soporte de su praxis política: imagen, gestión, relaciones aceitadas con los factores de poder y buenos modos constituyen antes los rasgos sobre los que fueron modelando sus perfiles. Los yernos ideales, aunque sean peronistas (como todos, claro, según San Perón). Entonces derecha, izquierda, liberación, dependencia, son categorías que no forman parte de su esquema de preocupaciones. Plantean que solucionar los problemas de la gente, en cambio, sí. Lo cotidiano como horizonte y lo inmediato como relato. El cómo es lo de menos, y saben que luego de diez, doce años de sobrerrepresentación del relato kirchnerista (que responde a preguntas como "¿para que?", "¿cómo?" y "¿de dónde venimos, mama?") –y fundamentalmente desde 2011, cuando el business del país dividido dejó de entregar respuestas para el corto plazo–, saben, decíamos, que el surgimiento de una corriente de opinión que diera la bienvenida a un clima de menor conflictividad política constituiría un espacio a ser ocupado. Son entonces, por extracción e historia, políticos ideales para montarse sobre el business del país normal, tradicional, o el del país en penumbras y prekirchnerista. El alvearismo propuesto responde no sólo a una actitud conciliadora frente a los poderes fácticos en razón de descomprimir tensiones generadas por el kirchnerismo en su disputa por ensanchar los márgenes del poder formal, sino también a la adaptación y conformismo que una parte importante de la sociedad muestra con el actual estado de cosas, merced a políticas que tendieron durante los últimos años hacia una recomposición social, a la expansión y fortalecimiento de la clase media y a la consecuente emergencia de nuevas demandas. Por lo anterior, y por la experiencia del cafierismo en los '80s, esta generación política mixtura con alguna dosis de republicanismo el coctel neoperonista en ciernes.

Aventurándonos en aspectos puntuales y diferenciales, se dividen los representantes de esta generación política, coyunturalmente, entre Massa y el resto –antes intentaron grados disímiles de diferenciación Urtubey y Scioli–; o, más genéricamente, entre quienes tienen la posibilidad de independizarse presupuestariamente de sus instancias superiores y quienes no. Constituye ello un activo político para Massa, pero puede ser además un boomerang debido al tejido de alianzas al que romper con el gobierno nacional obliga –o, visto desde otro lugar, que esto mismo permite–. Es en ese sentido que, para quienes planean heredar al kirchnerismo, esto puede significar también un activo, puesto que podrán aspirar a encontrarse menos sujetos al retorno de favores hacia los poderes fácticos, con la consecuente retención de mayores márgenes de poder. De todos modos, en una más natural relación con la prensa –y en la intermediación que ésta practica– descansa no poco del capital político de los ochentanoventistas. El futuro mediato les pertenece, y no así a la generación de jóvenes alumbrada a la militancia por el kirchnerismo. Estos últimos, setentistas culturales educados políticamente antes por el progresismo antimenemista que por el menemismo mismo –pero también por el crack de 2001 y los aspectos más románticos de la épica kirchnerista; me estoy describiendo, quizás–, deberán primero aprender a construir poder propio si pretenden tener relevancia en la futura vida política de nuestro país. Y no será sino de la mano de quienes aspiran a conducir el peronismo y el país a partir de 2015.

jueves, 26 de septiembre de 2013

¿Un nuevo esquema político o sólo republicanización del discurso?

Sobre las no tan recientes propuestas de Massa y Moyano de llevar la República hasta los rincones últimos donde se reproduce el barbarismo peronista –limitar la reelección a intendentes y gremialistas–, leemos a Marcos Novaro en El Agente de Cipol:

“…Massa aludió a la necesidad de limitar las reelecciones de los intendentes bonaerenses y casi en simultáneo Moyano anunció una iniciativa para hacer algo parecido con la dirigencia sindical. Ellos, más allá de sus diferencias, comparten el hecho de ser claros beneficiarios del reeleccionismo. ¿Por qué habrían de renunciar a él, siendo que ha demostrado ser tan útil para sus carreras? Parte de la respuesta está en la presión que ejercen en esta dirección la opinión pública, la normativa internacional y un juego institucional que pese a sus deficiencias busca atender esas demandas (…) Sobre ellos, además, actúan incentivos puramente prágmáticos: puede ser más conveniente presentarse como promotores del cambio, de modo de controlarlo, que resistirlo y terminar soportando las consecuencias no deseadas de uno que se les escape de las manos. Para Moyano, por caso, ampliar el pluralismo en los gremios puede ser una mejor opción que permitir que se inscriban nuevas organizaciones, como viene impulsando la Corte Suprema y reclama la CTA. Mientras que para Massa, limitar el reeleccionismo a niveles subnacionales puede que sea una buena forma de partidizar al peronismo. Y también de evitar que, una vez en la Presidencia, jefes territoriales omnipotentes lo extorsionen como hicieron con todos los presidentes hasta la llegada de los Kirchner, y el regreso a la escasez permite anticipar que puede volver a pasarle a quienes los sucedan en el poder…”

En primer lugar, no debemos olvidar que cualquier promesa de campaña, hoy, sólo representa eso: una promesa inscripta en el actual clima económico, político y social. Claro que transparentan de algún modo el sistema de pensamiento de cada candidato y su espacio político; marcan también los límites (o la ausencia de estos) que se plantean los candidatos/espacios para la praxis política y la conducción de un Estado en caso de arribar al poder. Las propuestas para 2015, en cambio, serán de acuerdo al clima del momento y las posibilidades discursivas y de ocupación de espacios en lo que a imaginario social se refiere. Más importante aun, las propuestas se orientarán de acuerdo a las alianzas políticas que se hayan tejido –que obligarán en una u otra dirección– y a la alianza social que se busque construir. Es posible que una fragmentación del poder sea un objetivo importante para algunos sectores, más si abrevan en un ideario republicano y liberal. Mucho más aun si detentan un poder que hoy es, de algún modo, contrapesado. Un retorno al equilibrio prekirchnerista, como señalábamos en el post inmediato anterior.

Pero vamos sobre lo central de lo enunciado por Novaro y prometido por Massa y Moyano: limitar la reelección de intendentes y dirigentes sindicales. Esperen, permítanme antes un momento para la risa. Ah…, listo. Así como desde el massismo miraban con sorna el pedido de internas realizado por Scioli, estos planteos son pocos serios en el terreno de las posibilidades reales del actual cauce político. ¿Qué gremialista, luego de 60 años de hacer usufructo de la prerrogativa, va a renunciar a ella alegremente porque lo plantee Moyano, líder de una de las cinco facciones en las que hoy se encuentra dividido nuestro sindicalismo? ¿Qué intendente con reelección indefinida aceptaría renunciar a la posibilidad, más cuando Massa no es siquiera su referente político? Ni liderando el peronismo nacional... O el intergaláctico.

Aceptando que hay líderes sindicales y líderes sindicales, que hay intendentes e intendentes (lo anterior debe ser leído con la característica inflexión de voz para las segundas opciones), la propuesta, hoy, cuando ni Massa ni Moyano cuentan con el poder suficiente ni la legitimidad requerida (o cuando no existe una vara que imponga la legitimidad necesaria), sólo puede entenderse dentro del espíritu seudo-republicano que prima en cualquier elección legislativa y esta en especial. Es una republicanización del discurso y la imagen. Un modo, además, de diferenciarse y pegarle al cristinismo embarcado hasta no hace mucho en la ilusión reeleccionaria.

Retornando a nuestro primer párrafo, las propuestas para 2013 van delineando las de 2015, pero no deben ser entendidas como las propuestas para 2015. Antes son palabras dulces, seductoras, destinadas a oídos sensibles –tengan éstos poder en serio o sólo poder de voto (y movilización)– en el actual contexto de reacomodamiento de piezas con miras a 2015. Pero también retornamos así al tejido de alianzas y las obligaciones que este supone, claro.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Kirchnerismo, alvearismo y poskirchnerismo

Lo leo y pienso un título demasiado ambicioso: muchos tópicos y de una profundidad que requeriría tratados, cientólogos políticos y algún que otro columnista salido de Gran Hermano porque no hay que dejar la diversión de lado, claro. Sin embargo estos temas están flotando en el aire. Hace una semana acometieron con la tarea (periodística) desde vertientes disímiles Pablo Marchetti en Perfil, Fernández Díaz en LA NACION y Martín Zariello en su blog. Por supuesto que existen atolondrados que pretenden hablar de poskirchnerismo como un modo de dar por finalizado el kirchnerismo. Se intentan comparaciones con la renovación de los ’80, con el interregno duhalde-kirchnerista de 2003-05, con el isabelato (los carroñeros) pero tengo para mí que el periodo que más puede acercarse es el de 1997-99. Primero porque como entonces existe cierto consenso social alrededor del modelo económico, y quienes se postulan –anticipadamente– con posibilidades no reniegan de él sino de algunas cuestiones puntuales derivadas de éste. Segundo, la crítica principal desde el relato opositor mediático es la corrupción (ok, se trata de peronismo; es el reflejo republicano) y tercero –y principal (¿¡por qué para el final entonces, gil!?)–, el kirchnerismo cuenta, como el menemismo entonces, con una herramienta fundamental: el Estado. No tiene además un sucesor “natural” (los paladares negros K fruncen la boquita cuando les nombran a Scioli, como si no formara parte del conservadurismo popular característico de cualquier gobernador peronista, incluído Kirchner en Santa Cruz). Habiendo dicho todo esto, ¿podemos hablar de poskirchnerismo entonces? No, primero hay que hablar algo de kirchnerismo, apresurado.

Existe actualmente una lectura algo lineal de lo que es el kirchnerismo. Puede ser acertada si nos referimos únicamente a lo conseguido merced a su política de construcción netamente defensiva y hasta expulsiva desde 2011 a la fecha, pero luego de 2015 podrán realizarse lecturas más abarcativas, que contemplen sus doce años. Las podemos hacer ahora también, pero en dos años y meses contaremos con un dato fundamental que ahora sospechamos: sabremos si el kirchnerismo pudo llevar el barco a puerto seguro sin chocarlo. Menem pudo hacerlo, pero dejando una bomba de tiempo que explotó en manos de la Alianza. ¿Dejará el kirchnerismo una bomba de tiempo? No se ha endeudado, así que en ese frente podemos respirar. ¿La inflación se espiralizará alla Alfonsín? Ningún economista serio prevé un escenario así. Ha acumulado tensiones el kirchnerismo, sí, ¿cómo no?, pero esas tensiones lo tienen como actor y no como víctima. ¿Qué quiero decir? El alfonsinismo fue víctima de no dominar la economía. El menemismo la dominó al precio de entregarla a sus dueños, y fue víctima, junto al radicalfrepasismo luego, de que esos dueños la llevaran a implosionar. El menemismo, como experiencia noventista, tuvo además un final a nivel continental, con Latinoamérica (o la mayor parte de ella) apelando a gobiernos de ubicados netamente a la izquierda de la experiencia previa. Gobiernos posneoliberales. Volviendo a nuestro país, es dable pensar que la política económica K no llevará a la economía argentina a implosionar. Justamente eso permitirá que muchas de sus bondades (y algunas de sus taras, por supuesto) sobrevivan más allá de 2015. El ejemplo más claro es Massa quien, a diferencia de Francisco De Narváez en 2009 (cuando el objetivo era enterrar la experiencia kirchnerista como un todo), hace equilibrio para no alejarse demasiado (tiene además la ventaja de ser un hasta-ayer-kirchnerista) del beneficio de inventario K. ¿Será una pesada herencia el kirchnerismo? Pregúntenle a Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde o al mismo Kirchner si no la hubieran preferido a la que les tocó en suerte.

Deberíamos todavía definir con mayor puntillosidad al kirchnerismo antes de acometer con el poskirchnerismo, ¿no? Arduo. A ver: posneoliberalismo argentino. Peronismo de las tres banderas. Pragmatismo puro, como señala acertadamente Marchetti. Audacia y cálculo, decía Sarlo. ¿El kirchnerismo es el modelo 2003-07? Entonces sólo era posible en ese momemento. ¿El verdadero kirchnerismo es el post-125, el de la pelea con los agroexportadores y la prensa? Aunque muchos kirchneristas paladar negro gusten de pensar que sí, estoy convencido de que el kirchnerismo excede largamente a la pelea con Clarín y sus derivados. Es antes, como decíamos, en oposición (y aprendizaje) al neoliberalismo noventista y al vacío de poder creado por la Alianza y la crisis de 2001. Es la recuperación de ese poder y el rol articulador (e intromisor) del Estado. Es –quiero agregar a todo lo que suele decirse del kirchnerismo– un modo de resolución de las tensiones tendiente a contemplar primero las necesidades del propio Estado, entendido como representante de aquellos cuyo poder de lobby se ejerce mediamente el voto (esto aun sabiendo que el establishment la levantó en pala: esto no deja de ser capitalismo y bajo las condiciones que la estructura e historia económica de la Argentina impone). ¿Es, además, con una lectura marxista, el Estado burgués que resiste el abandono de algún grado de Estado de bienestar por el que los centros de poder pugnan? Sí, también. Es, podemos concluir, el peronismo de la primera década del siglo XXI inserto en su contexto y posibilidades, internas y externas.

Empecemos a pensar en el “pos”. Me resisto a una interpretación interesada en la que coinciden ciertos kirchneristas ahora (como Blaustein en Artepolitica) y muchos antikirchneristas desde siempre: el kirchnerismo como un progresismo separado del –oh– pejotismo. No sólo porque el peronismo ha sido (quizás aún contra el deseo de muchos kirchneristas de primera línea) el soporte principal de esta experiencia, sino porque sin él hubiera sido directamente imposible. Así, pensar en un FpV con los pies afuera del plato del PJ es el sueño compartido de algunos minoría intensa y de la mayor parte del establishment, que no por nada presionaba por un rompimiento que Scioli resistió y que lidera hoy Massa. El mejor modo de cercar al kirchnerismo para quienes aborrecen de él y un modo de esperar lo peor para volver luego por parte de quienes desde el kirchnerismo se creen vanguardia iluminada. Trotskistas de Cristina.

¿Entonces, el poskirchnerismo, que podría ser? Según los datos que entregaron las últimas PASO (como toda elección, una foto que marca la tendencia): un periodo para descomprimir tensiones generadas por el kirchnerismo. Según este blog, porque esas tensiones son perfectamente soportables cuando se perciben resultados. Cuando no, la tolerancia disminuye. Así Onaindia, en Perfil, preanuncia el retorno de la “austeridad republicana”, aunque sea liderada por un sector del peronismo. Cito: “…el reemplazo de la crispación de las pasiones por la respetuosa tolerancia del disenso…”. Algo que aquí ya el año pasado sindicábamos como una alvearización del kirchnerismo, entendiendo en esa composición que el próximo periodo, sin comprender a parte del kirchnerismo, no sería posible. Pero que un kirchnerismo “ultra” tampoco lo sería. Un retorno, promovido por sectores del establishment y deseado por buena parte de la clase media, a una situación de “equilibrio”. Conservadurismo, sí, pero comprensible y –sobre todo para los primeros– un retorno a una situación de previsibilidad que, no nos engañemos, significa compartir en mayor medida que hoy la dirección de la política económica.

Si ese es el derrotero pensado para el poskirchnerismo, una especie de post-estatismo pero sin posibilidades de regresar al anti-estatismo previo, el peronismo no sería el intérprete ideal, claro. Pero qué dosis importante de real-politik la de los sectores encumbrados, que entienden que es el mejor posible. ¿Necesitará el panrepublicanismo un periodo de transición para tener posibilidades de regresar al poder? ¿O es republicanizar al peronismo un objetivo posible a corto plazo? Son interrogantes que no pueden ser más que aventurados en este momento. El poskirchnerismo, además, será cuando tenga a un legítimo representante y, por ahora, son todos aspirantes. La impronta de un proceso político no puede separarse de algunas características de quien lo lidere. De todos modos, la menor conflictividad política deseada por parte de la sociedad determinará el advenimiento de tiempos más “oscuros” como contracara de la simplificación política planteada por el kirchnerismo y la lucha política en general luego de la Resolución 125. Para autoplagiarnos: trocar el business del país dividido por el business del país en penumbras y con música ambiental en lugar de tanta canción testimonial. Más Axel Fernando celebrando la vida y menos Calle 13 denunciando sus injusticias. Lo siento, Liliana Herrero.

Resta camino, caminantes de todas las vertientes.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Elecciones en Corrientes: ganó Colombi pero con Espínola arrimando el bote

La polarizada elección que le dio la reelección a Colombi (50,87% vs. 45,81% de Camau Espínola, del FpV, con el 100% de las mesas escrutadas) al frente de la provincia nos permite unas breves reflexiones:

1. Corrientes es una provincia hegemonizada por el radicalismo desde el retorno de la democracia. En ese contexto, los resultados de Espínola resultan importantes. El hecho de que las elecciones ejecutivas correntinas coincidan con el calendario de elecciones legislativas a nivel nacional es, además, un dato que no está siendo mencionado por la prensa. La elección 2009, por si no lo recuerdan, enfrentó a dos Colombis dos en ballotage, Ricardo y Arturo, primos (y hasta entonces socios políticos). En aquella elección, el candidato del kirchnerismo, Fabián Ríos, senador nacional, resultó tercero aunque estuvo cerca de entrar al ballotage.

2. Camau Espínola (¿ya hicieron el chiste de que tiene que seguir remándola? Cierto que hacía yatching: le faltó viento de cola) resultó un contrincante más peligroso para el radicalismo correntino. Intendente de la capital provincial desde 2009, es una muestra de la importancia de demostrar ejecutividad para -ejem- aspirar a cargos ejecutivos de mayor responsabilidad. El territorio, el territorio, dirán algunos, y claro que es importante, por la caja, la caja, para hacer política, pero no lo explica todo y el perfil del candidato debe ser también considerado en el combo de "electorabilidad".

3. El momento económico y político juega a favor de las oposiciones. Espínola fue oposición (replicando algo bastante común: capitales enfrentadas a su ejecutivo superior) y, a pesar de ser el estandarte provincial del kirchnerismo nacional, no le fue para nada mal. Los escasos 5 puntos inhabilitan a hablar de debacle del kirchnerismo y ridiculizan aún más las esperanzas de un fin del kirchnerismo que lo entierre bien tapado -propósito de buena parte del establishment económico, político, mediático y de un sector radicalizado de la sociedad-. Por supuesto, un triunfo de Espínola tampoco hubiera significado nada muy distinto, pero hubiera influido positivamente para el oficialismo nacional en cuanto a percepciones y expectativas; aunque mínimamente, debemos reconocer.

4. En el país profundo -por no decir el interior-, los porteñocéntricos y mediáticos límites opositores -kiosqueros, podríamos agregar- se difuminan en beneficio de las identidades políticas con arraigo tradicional. Las tradiciones políticas continúan explicando buena parte del voto y el radicalismo tiene motivos para festejar. Tiene, en los dos años que restan para las ejecutivas de 2015, la posibilidad de construir una alternativa al peronismo que, hoy por hoy, sólo existe dentro del propio peronismo.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Argentina clasificada a Brasil 2014; pero te pido que vuelvan Hernán Díaz y Altamirano

La Selección se clasificó a Brasil, primer objetivo cumplido. Un tránsito relativamente apacible las últimas fechas, cuando el equipo pachorrístico comenzó a asentarse y se desplegó el sabellismo. ¿O no es sabellismo el 4-3-3 que plantea el DT? Si nos atenemos a sus equipos previos, no: lo de Sabella era el 4-4-2 y el equilibrio, planificar sobre las debilidades del rival y un gran compromiso táctico de sus 11 elegidos. En la Selección, el sabellismo tuvo que adaptarse y renovarse -probablemente también una consecuencia del resultado de las PASO (!)- haciendo todo lo contrario (si es que puede hablarse de "contrarios" en el fulbo): 4-3-3, bastante librado arriba a la genialidad de los interpretes, sufrimiento defensivo y un estilo de juego que utiliza al mediocampo como un peaje que, si podemos evitar pagar, mejor. Transiciones rápidas, muchos goles de contragolpe y, si el juego se entretiene en toques, es en 3/4 de cancha a la espera del estiletazo de Messi en forma de pase o gambeta.

No es el Barcelona. Tampoco el Bayern Munich o el Borussia Dortmund, Barcelonas a velocidad y eficacia teutona (y sin el carisma del equipo vasco). Si debemos enlazarlo a alguno de los modelos predominantes hoy debería ser al mourinhismo antes que al guardiolismovicentedelbosquista (!!). Nos pongamos en cientólogos y afirmemos que las condiciones de posibilidad de un equipo con vocación por el contragolpe son una gran presión y un mecanismo defensivo ordenado y que le aporte equilibrio al desequilibrio propuesto en ataque. Pocas cosas más importantes en un contragolpe que, por supuesto, terminarlo en gol, pero, si no es así, los relevos defensivos son lo que le sigue en importancia. Para ejemplo, el segundo gol del modestísimo (irreconocible) Paraguay (¡cuánto lo extraña al Tata Martino!).

Retornemos a Argentina. Al finalizar el partido Messi debió responder a la que es, sin duda, la pregunta más importante de aquí hasta Brasil: ¿ahora qué? Pregunta estúpida, ¿no? ¡¡No, si te acabo de decir que es la más importante!! Traduzcamos qué significa para nosotros (¿quienes?), los peronistas de Messi e Higuaín (¡ah!) (!!!), la pregunta. Si la lista, como dicen, está más o menos definida, si la basestá, si sabemos que Romero; Zabaleta, Garay, Fernández, un tres (que no sea Rojo, Tata Dió', te lo pido por Dalma y Giannina); Gago, Mascherano, Di María; Messi, Agüero e Higuaín es el equipo, si quedan pocas sorpresas, ¿significa que está todo bien o que con eso debemos conformarnos o que nada debe cambiar ya? A tu mama, entonces. Que la clasificación no tape el bosquecito, porque subsisten los problemas ya planteados. Dejemos de dar vueltas y presentemos el planteo: ¿debe jugar Argentina, en Brasil, con un 4-3-3 con los 4 fantásticos arriba? ¿Está obligada a hacerlo? ¿Es lo que mejor resultado daría? ¿O podemos pensar en un 4-4-2 más conservador y equilibrado, que otorgue menos ventajas en esas áreas sensibles ubicadas entre los laterales y el mediocampo de 3 hombres? Son muchas preguntas. Sigamos: ¿jugamos con un 4-3-3 porque pretendemos intercambiar golpe por golpe, porque no tenemos un 8, porque Agüero debe acompañar sí o sí a Messi e Higuaín como Tévez en Sudáfrica?

Demasiadas preguntas. Entreguemos una certeza para el final: Argentina no tiene un banco de suplentes acorde al nivel del equipo titular. Sólo Banega y Lavezzi podrían estar a la altura, en promedio, de los 11 que entran al verde césped. ¿Y Lamela? ¿Pastore está tachado porque el equipo no juega con la posesión del balón, porque juega a otra velocidad? ¿Es Pastore, con Sabella, el Riquelme de Bielsa? ¿Qué hacemos si se resfría Higuaín, jugamos sin 9? Si mañana a Di María le cae un piano de cola en la cabeza, ¿perdemos la transición, vertiginosa, hacia el ataque? Braña, Guiñazú (no convocado esta vez), Ansaldi... ¿no son demasiados Chinos Garcé para una sola una lista? ¿Y Vangioni? ¿Se acostó con la hija de Pachorra, le pateó el perro a Grondona, le quiso afanar la Princesita Karina al Kun Agüero? Como ven, demasiadas preguntas como para que floten tantas certezas a un año todavía del Mundial. Si tuviera que pedirles que contestaran dos (que es lo que estoy haciendo), serían estas: ¿debemos jugar con un 4-4-2 y, en ese caso, Álvarez o Lamela pueden ser el 8 que le está faltando a la Selección?

Como nota de color: cómo se salvó Sabella del tradicional y exitoso clima destituyente (cuando no directamente golpista) de este blog, ¿eh?

martes, 10 de septiembre de 2013

Blog cumpleañero de mierda

Están los que aman envejecer, los que odian cumplir años y también estamos los que nos importa un poquito, no mucho, lo suficiente como para escribir estas líneas. Blog puto, cumpliste cuatro años, guacho... ¿Te acordás lo difícil que parecía escribir un párrafo hace esa pila, poquita, de años?; poquita para un tipo adulto, pero un montón para un bebé de dos días. Bah, el recién nacido no tiene conciencia del paso del tiempo, preocupado como está en no morirse pa' la mierda. Ya llegará el tiempo de que cumpla cuatro años y le regalen alguna cagada que no durará; las cosas durables no suelen ser las regaladas, a menos que sea el regalo de un abrazo de contención amorosa (oh, dice la minita troska que lee a Coelho), o esa pelota de cuero blanca y negra que cambiaste por el álbum de figuritas a los siete y que se te perdió porque tu hermano se la olvidó en la calle. Ladrones hijos de puta. ¡Seguridá...! Uy, ya se coló la política en el cumpleaños: ¡denle un whisky al tío montonero para que se calle y deje de recordar cuando salía calzado o no salía! Por suerte ya no, aunque, bueno, si tenés facebook te darás cuenta que el nivel de fascismo se ve exponencialmente multiplicado y hasta el más buenito anda calzado con un teclado, media neurona y una sobaquera llena de prejuicios para burlarse de los negros, proponer salir a matar chorros pero no a Lanata, porque Jorge no roba: toma prestado sin consentimento para propósitos superiores del orden moral. Bergoglio... ¡Lanata en 5 minutos te limpia el Banco del Vatic... Ehm, no, eso salió mal. Nos fuimos al carajo. No, este es un festejo de cumpleaños, che, ¡que levante! ¡Vamo' lo' pibe' para-lali-bera-ción! Que nos pegó el viejazo amargo, carajo, es de no creer. El blog cumple cuatro años y ya pensás que es un blog adulto. Con pelitos en las pelotinhas blogueras, como si la madurez fuera una cuestión hormonal... Ni bolas podés decir: "pelotinhas". ¿Ves que es un blog adolescente todavía? Al año de vida los blogs caminan solos (bah, a algunos tenés que empujarlos un poquito). A los dos años se hacen los cancheros y creen que puede trepar paredes como el Hombre Araña. Se caen de culo. A los tres años se olvidan de festejar y los cuatro los agarran realpolitikers... ¡Ja! Real-politikers. ¡Cazá esa! ¡Escribís las mismas boludeces que antes, huevón: lo que se te cruza por el mate! Ah, bueh, pasa que los procesos políticos lo hacen madurar a uno. Sí, puto, así no vas a ser un militante no-analista. Bueh, ¿qué querés? Si nunca pude cantar eso de "soldado-delpin-güino". Un odio atávico, telúrico, folclórico casi ya, pero del folclore testimonial, a la milicada. Ah, y también por pretendido intelectualismo. In-te-lec-tua-lismo. 'Cuchamela a la loca esta: intelectual. Porque leyó algún libro. ¡Boludo! ¡A ver si te leíste alguno de Grondona o Aguinis! No, pero sí tengo algunos en la biblioteca. No los leí, eh. Alguna ojeada, quizás. También tengo otros medio marxistoides. Esos son más divertidos, auque acá hace mucho que no polemizamos con el troskaje. Preferimos hacernos los locos y discutir con aquellos que pueden modificar la realidad. Ah, real-politiker. Macho cabrío. Te merecés soplar la vela... [espacio cedido para que rueden los ojos hacia arriba y hagan como que no pueden creer el chiste malísimo y gastado de todos los cumpleaños. Fin del espacio cedido]. Bueno, ¿pero los cumpleaños no son para hacer balances? ¿Ah? ¿Para eso no era Año Nuevo? ¡No, es cuando River desciende! La vida pasa delante de tus ojos: Aimar, Crespo, el Muñeco Gallardo, Toresan... no, Toresani no. ¿Cómo no lo calzó el Diego en Segurola y Habana? Puro blablablá, Maradona. Segurola y Habana, Diego. Mandame para el pasaje. De avión. Yo llevo la remera para el autógrafo. Conozco a uno que dice que tendrían que arrancarle la pija del Diego de la boca con una motosierra. Un amigo, che. Guiño guiño. Messi no genera eso. Nadie se la quiere chupar a Messi. Ni aunque gane... bueh, si gana dos Copas del Mundo sí. Antes no. Y ya como que está medio cagado. Encima nació en la seca, en el crudo invierno Wintefelliano del fútbol nacional: no tenemos centrales, laterales y los ocho que ponen parecen caminantes blancos. Y es sin contar que se trata de un equipo armado por Sabella con retazos de Estudiantes. ¡Cómo se equivocó el Cholo al poner al nene en las inferiores de River! Lo hubiera dejado en el Pincha y hoy estaría convocado a la Selección. ¿Qué hacemos, matamos a Grondona? Nah, vo' dale pa'lante; te falta hablar de música nomás. ¿Y si mejor la ponemo'? ¡Sí, de una! No, música, gil. Andá... Feliz cumpleaños, blog. Seh, seh, dale. Ponela, cagón... Ahí va. Dedicada a vos, Barack. Espiame #esta:



Man thinks ’cause he rules the earth he can do with it as he please
And if things don’t change soon, he will
Oh, man has invented his doom
First step was touching the moon

Now, there’s a woman on my block
She just sit there as the night grows still
She say who gonna take away his license to kill?

Now, they take him and they teach him and they groom him for life
And they set him on a path where he’s bound to get ill
Then they bury him with stars
Sell his body like they do used cars

Now, there’s a woman on my block
She just sit there facin’ the hill
She say who gonna take away his license to kill?

Now, he’s hell-bent for destruction, he’s afraid and confused
And his brain has been mismanaged with great skill
All he believes are his eyes
And his eyes, they just tell him lies

But there’s a woman on my block
Sitting there in a cold chill
She say who gonna take away his license to kill?

Ya may be a noisemaker, spirit maker
Heartbreaker, backbreaker
Leave no stone unturned
May be an actor in a plot
That might be all that you got
’Til your error you clearly learn

Now he worships at an altar of a stagnant pool
And when he sees his reflection, he’s fulfilled
Oh, man is opposed to fair play
He wants it all and he wants it his way

Now, there’s a woman on my block
She just sit there as the night grows still
She say who gonna take away his license to kill?