Lo leo y pienso
un título demasiado ambicioso: muchos tópicos y de una profundidad que requeriría tratados, cientólogos políticos y algún que otro columnista salido de Gran Hermano porque no hay que dejar la diversión de lado, claro. Sin embargo estos temas están flotando en el aire. Hace una semana acometieron con la tarea (periodística) desde vertientes disímiles
Pablo Marchetti en Perfil,
Fernández Díaz en LA NACION y
Martín Zariello en su blog. Por supuesto que existen atolondrados que pretenden hablar de poskirchnerismo como un modo de dar por finalizado el kirchnerismo. Se intentan comparaciones con la renovación de los ’80, con el interregno duhalde-kirchnerista de 2003-05, con el isabelato (los carroñeros) pero tengo para mí que el periodo que más puede acercarse es el de 1997-99. Primero porque como entonces existe cierto consenso social alrededor del modelo económico, y quienes se postulan –anticipadamente– con posibilidades no reniegan de él sino de algunas cuestiones puntuales derivadas de éste. Segundo, la crítica principal desde el relato opositor mediático es la corrupción (ok, se trata de peronismo; es el reflejo republicano) y tercero –y principal (¿¡por qué para el final entonces, gil!?)–, el kirchnerismo cuenta, como el menemismo entonces, con una herramienta fundamental: el Estado. No tiene además un sucesor “natural” (los paladares negros K fruncen la boquita cuando les nombran a Scioli, como si no formara parte del conservadurismo popular característico de cualquier gobernador peronista, incluído Kirchner en Santa Cruz). Habiendo dicho todo esto, ¿podemos hablar de poskirchnerismo entonces? No, primero hay que hablar algo de kirchnerismo, apresurado.
Existe actualmente una lectura algo lineal de lo que es el kirchnerismo. Puede ser acertada si nos referimos únicamente a lo conseguido merced a su política de construcción netamente defensiva y hasta expulsiva desde 2011 a la fecha, pero luego de 2015 podrán realizarse lecturas más abarcativas, que contemplen sus doce años. Las podemos hacer ahora también, pero en dos años y meses contaremos con un dato fundamental que ahora sospechamos: sabremos si el kirchnerismo pudo llevar el barco a puerto seguro sin chocarlo. Menem pudo hacerlo, pero dejando una bomba de tiempo que explotó en manos de la Alianza. ¿Dejará el kirchnerismo una bomba de tiempo? No se ha endeudado, así que en ese frente podemos respirar. ¿La inflación se espiralizará
alla Alfonsín? Ningún economista serio prevé un escenario así. Ha acumulado tensiones el kirchnerismo, sí, ¿cómo no?, pero esas tensiones lo tienen como actor y no como víctima. ¿Qué quiero decir? El alfonsinismo fue víctima de no dominar la economía. El menemismo la dominó al precio de entregarla a sus dueños, y fue víctima, junto al radicalfrepasismo luego, de que esos dueños la llevaran a implosionar. El menemismo, como experiencia noventista, tuvo además un final a nivel continental, con Latinoamérica (o la mayor parte de ella) apelando a gobiernos de ubicados netamente a la izquierda de la experiencia previa. Gobiernos posneoliberales. Volviendo a nuestro país, es dable pensar que la política económica K no llevará a la economía argentina a implosionar. Justamente eso permitirá que muchas de sus bondades (y algunas de sus taras, por supuesto) sobrevivan más allá de 2015. El ejemplo más claro es Massa quien, a diferencia de Francisco De Narváez en 2009 (cuando el objetivo era enterrar la experiencia kirchnerista como un todo), hace equilibrio para no alejarse demasiado (tiene además la ventaja de ser un
hasta-ayer-kirchnerista) del beneficio de inventario K. ¿Será una pesada herencia el kirchnerismo? Pregúntenle a Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde o al mismo Kirchner si no la hubieran preferido a la que les tocó en suerte.
Deberíamos todavía definir con mayor puntillosidad al kirchnerismo antes de acometer con el poskirchnerismo, ¿no? Arduo. A ver: posneoliberalismo argentino. Peronismo de las tres banderas. Pragmatismo puro, como señala acertadamente Marchetti. Audacia y cálculo, decía Sarlo. ¿El kirchnerismo es el modelo 2003-07? Entonces sólo era posible en ese momemento. ¿El verdadero kirchnerismo es el post-125, el de la pelea con los agroexportadores y la prensa? Aunque muchos kirchneristas paladar negro gusten de pensar que sí, estoy convencido de que el kirchnerismo excede largamente a la pelea con Clarín y sus derivados. Es antes, como decíamos, en oposición (y aprendizaje) al neoliberalismo noventista y al vacío de poder creado por la Alianza y la crisis de 2001. Es la recuperación de ese poder y el rol articulador (e intromisor) del Estado. Es –quiero agregar a todo lo que suele decirse del kirchnerismo– un modo de resolución de las tensiones tendiente a contemplar primero las necesidades del propio Estado, entendido como representante de aquellos cuyo poder de lobby se ejerce mediamente el voto (esto aun sabiendo que el establishment la levantó en pala: esto no deja de ser capitalismo y bajo las condiciones que la estructura e historia económica de la Argentina impone). ¿Es, además, con una lectura marxista, el Estado burgués que resiste el abandono de algún grado de Estado de bienestar por el que los centros de poder pugnan? Sí, también. Es, podemos concluir, el peronismo de la primera década del siglo XXI inserto en su contexto y posibilidades, internas y externas.
Empecemos a pensar en el “pos”. Me resisto a una interpretación interesada en la que coinciden ciertos kirchneristas ahora (como
Blaustein en Artepolitica) y muchos antikirchneristas desde siempre: el kirchnerismo como un progresismo separado del –oh– pejotismo. No sólo porque el peronismo ha sido (quizás aún contra el deseo de muchos kirchneristas de primera línea) el soporte principal de esta experiencia, sino porque sin él hubiera sido directamente imposible. Así, pensar en un FpV con los pies afuera del plato del PJ es el sueño compartido de algunos minoría intensa y de la mayor parte del establishment, que no por nada presionaba por
un rompimiento que Scioli resistió y que lidera hoy Massa. El mejor modo de cercar al kirchnerismo para quienes aborrecen de él y un modo de esperar lo peor para volver luego por parte de quienes desde el kirchnerismo se creen vanguardia iluminada. Trotskistas de Cristina.
¿Entonces, el poskirchnerismo, que podría ser? Según los datos que entregaron las últimas PASO (como toda elección, una foto que marca la tendencia): un periodo para descomprimir tensiones generadas por el kirchnerismo. Según este blog, porque esas tensiones son perfectamente soportables cuando se perciben resultados. Cuando no, la tolerancia disminuye. Así
Onaindia, en Perfil, preanuncia el retorno de la
“austeridad republicana”, aunque sea liderada por un sector del peronismo. Cito:
“…el reemplazo de la crispación de las pasiones por la respetuosa tolerancia del disenso…”. Algo que aquí ya el año pasado sindicábamos como
una alvearización del kirchnerismo, entendiendo en esa composición que el próximo periodo, sin comprender a parte del kirchnerismo, no sería posible. Pero que un kirchnerismo “ultra” tampoco lo sería. Un retorno, promovido por sectores del establishment y deseado por buena parte de la clase media, a
una situación de “equilibrio”. Conservadurismo, sí, pero comprensible y –sobre todo para los primeros– un retorno a una
situación de previsibilidad que, no nos engañemos, significa compartir en mayor medida que hoy la dirección de la política económica.
Si ese es el derrotero pensado para el poskirchnerismo, una especie de post-estatismo pero sin posibilidades de regresar al anti-estatismo previo, el peronismo no sería el intérprete ideal, claro. Pero qué dosis importante de
real-politik la de los sectores encumbrados, que entienden que es el mejor posible. ¿Necesitará el panrepublicanismo un periodo de transición para tener posibilidades de regresar al poder? ¿O es republicanizar al peronismo un objetivo posible a corto plazo? Son interrogantes que no pueden ser más que aventurados en este momento. El poskirchnerismo, además, será cuando tenga a un legítimo representante y, por ahora, son todos aspirantes. La impronta de un proceso político no puede separarse de algunas características de quien lo lidere. De todos modos, la menor conflictividad política deseada por parte de la sociedad determinará el advenimiento de tiempos más “oscuros” como contracara de la simplificación política planteada por el kirchnerismo y la lucha política en general luego de la Resolución 125. Para autoplagiarnos: trocar el business del país dividido por
el business del país en penumbras y con música ambiental en lugar de tanta canción testimonial. Más Axel Fernando celebrando la vida y menos Calle 13 denunciando sus injusticias. Lo siento, Liliana Herrero.
Resta camino, caminantes de todas las vertientes.