Las estadísticas marcan poco en el fútbol. Como Fede Fernández en el gol bosnio. Aún así, Argentina supo padecer dificultades en el pasado para vencer a seleccionados balcánicos: un 0 a 0 resuelto por penales en Italia '90, un magro 1 a 0 frente a Croacia en Francia '98 y la excepción que confirma la regla: el 6 a 0 frente a Serbia y Montenegro durante Alemania 2006. Entonces, a pesar de la amistad de Diego con Davor Suker y de los mimos del público snob argentino para Kusturica, Bosnia contribuyó para que el primer partido resultara más duro de lo imaginable. Pero no tanto como Argentina, que puso más de su parte para ello.
Como para todo, hay que comenzar por el principio: #laconchadetumadreSabella, ¿qué es eso de jugar con 5 defensores contra Bosnia? El Checho Batista utilizaba tres números 5 y acá lo matábamos. Antes del partido racionalizábamos tu decisión: es el modo de soltar a Di María, la solución a los espacios que se le abren al rival por detrás de la línea de 3 mediocampistas, la respuesta a un Higuaín entre algodones. La fiebre mundialista provoca alucinaciones y uno se encuentra pensando, casi en trance místico, que puede tratarse una genialidad de Sabella capaz de revolucionar el fútbol mundial, la superación del doble volante central por un retorno al líbero. Claro, después rememoramos que hasta la Bolivia de Azkargorta tenía mejores laterales/volantes en Rimba y Cristaldo y nos queremos matar. Pero sobre todo asistimos al peor primer tiempo de una Selección Nacional en un Mundial, con un 5-3-2 marcadísimo, y entonces preferimos matar a Sabella. Aunque en su defensa debemos señalar que no le tembló el pulso para reconocer su error y retornar a su equipo fetiche del 4-3-3 para el segundo tiempo.
Antes de eso sufrimos la falta de dinámica de nuestros jugadores, concentrados detrás de la línea media, con Mascherano y sus limitaciones haciendo de Gago cuando éste quiere hacer de Pirlo, y Maxi Rodríguez haciendo de Verón cuando éste iba a demorar aquel córner contra Suecia. La soledad de Messi y Agüero arriba entristecía y más cuando disponían del balón y 30 metros los separaban entre sí y del compañero más cercano. En definitiva, todo era una puesta en escena para que esta vez fuera TN el que apelara al #SeJuegaComoSeVive.
Argentina sobró el partido en el PT y la prueba más acabada fue la rabona defensiva en el corazón de nuestra propia área de Marquitos Rojo. El taco de Oscar Ahumada en la Libertadores inmediatamente se reconfortó, al sentirse acompañado en el Olimpo de los Excesos Infames por parte de Jugadores No Talentosos. Los pelados panzones que intentan bicicletas y tropiezan para risa de sus rivales y compañeros en las canchitas de fútbol 5 que asolan los suelos de la Patria, también.
Luego de los cambios en el entretiempo, Argentina recuperó parte de la memoria y hasta Bosnia recordó que no puede dar más de tres pases seguidos sin alterar el orden inmanente del Cosmos y poner en riesgo la línea espacio-temporal de este Universo.
Vamos con el Uno x uno:
Romero (6): fue aquel que se levantó a Eliana Guercio en el cabezazo que sacó abajo, en el primer palo, y no puede decirse que el gol de Bosnia fuera responsabilidad suya. Pero un arquero de equipo campeón la hubiera sacado.
Zabaleta (5): intentó siempre. No pudimos saber muy bien qué, porque nunca llegó a concretar nada.
Campagnaro (5): una corajeada en mitad de cancha, y ese protector bucal que no tiene mucha explicación. Pensamos que puede tener dientes sensibles.
Fernández (5): lento en el gol de Bosnia. El corte de pelo moderno ya ha destruido carreras promisorias como la de Rogelio Funes Mori. Debe raparse con urgencia.
Garay (10): porque Tamara Gorro. Crack mundial.
Rojo (1): si yo hubiera sido bosnio, o herzegovino, luego de esa rabona le practico una artroscopía con los tapones de los botines.
Maxi Rodríguez (3): porque todavía recordamos aquel golazo a México. Si no, el puntaje hubiera sido un 2.
Mascherano (6): aprobado. Cortó, distribuyó y hasta le pegó al arco mejor que el Kun Agüero.
Di María (5,5): alternó buenas y malas. Como positivo: fue el único que intentó jugar al fútbol en el primer tiempo. Lo negativo: cuando la cámara lo enfoca de cerca.
Messi (10): porque en la vida hay que elegir y acá elegimos creer que casi todo depende de él. Su grito desahogado luego del gol permitirá que el periodismo deportivo llene páginas y horas al aire con análisis psi berretas y semiología de cabotaje.
Agüero (1): tan desconocido que hasta la Princesita Karina puteó a Sabella por no ponerlo. Tan intrascendente que nos recordó la intrascendencia de Tévez sin atisbo alguno de melancolía.
Gago (6): nos recordó que a veces un esquema a priori más conservador, y un jugador más defensivo, pueden ser más ofensivos.
Higuaín (6,5): mayor movilidad, profundidad y mejor comprensión con Messi. Aún con un esquema de dos delanteros debe jugar siempre.
Basanta (x): no ingresó y se entretuvo comprando alfajores antes, durante y después del partido.