Oh, divino Montesquieu.
Escribo en pelotas y sepan disculpar, pues he rasgado mis vestiduras, tal el tenor del dolor que aqueja mi espíritu republicano. Oh, atribulado francés al servicio de la Corona británica, oh, debate del partido Republicano, oh, IV República francesa. ¡Oh, jueces nombrados por decreto!
Mirá lo que conseguiste, Mauricio, capo, que le pidan al peronismo que tome las banderas republicanas y las lleve a la victoria parlamentaria. Necesitábamos un Plan Bicameral para Todos, qué fútbol ni que tres carajos.
Cambiamos pero las necesidades de quienes ejercen el poder no cambiaron. ¿Macri quiere torcerle el brazo al peronismo como demostración de poder? Puede ser, y te clava jueces consustanciados con su proyecto porque... es su proyecto, ¿no?
¿No? Ok.
Goza de su Luna de Miel, lo advertimos, y la exprime a puro bombardeo: cuando querés putearlo por alguna medida/decreto/anuncio, ya tenés encima dos o tres más y te perdés, mandás todo al carajo y mah sí, si total a este pelotudo lo votaron.
Un gesto de autoridad de Macri, pero qué conveniente calificarlos a gusto y necesidad. ¿Un gesto de autoridad de un DT? Qué bien. ¿Ese DT es Passarella? Qué mal. ¿Un gesto de autoridad de un Presidente? ¡Muy bien! ¿Ese Presidente es Cristina? ¡Ahhhhh, Dios mío, la República, la República! ¿Es Mauricio? #Awww, la República...
¿Y quiénes saltan? De la Sota, Massa y Stolbizer. ¿Porque son republicanos? Las pelotas son republicanas. Saltan porque Macri quiebra el compromiso que asumieron con sus votantes, como colectoras y aliados implícitos de Mauricio en ballotage. Macri aliena así a quienes son o deberían ser sus aliados. Maldispone, así también, a quienes podría necesitar para garantizarse gobernabilidad más allá de los cien días de gracia: el peronismo en el Congreso.
Interrumpimos esta transmisión para un aviso parroquial: cortenlá con debatir la idoneidad de Rosenkrantz y Rosatti; Macri clausuró esa instancia al saltear el Congreso. Gracias.
Oh, la cartera de la dama.
La República y los decretos nombrando jueces son nimiedades comparadas a la baja de retenciones, a la habilitación para aumentos de precios y la internacionalización de la canasta básica. Son bruma mediática para esconder a los corsarios del salario, tapando una devaluación anunciada a gritos y esperada a llantos que ya repercutió en poder adquisitivo —y lo seguirá haciendo—, sumado a los anuncios de paritarias ligadas a la productividad. ¿Que cómo medís la productividad de un empleado público? Oh, es muy fácil: lo despedís y esperás. Si la ciudadanía lo nota, era productivo. Si no, viva la racionalización del Estado y la mentalidad empresaria en el manejo de lo público.
De todos modos, debo reconocer que no me jode que Macri tome a Montesquieu de las mechas, lo de vuelta, le baje los pantalones o como llamaran a esas cosas que usaban, lo ponga en cuatro y lo sodomice hasta encender brasas con su culito francés; lo que me jode son los zarpazos en continuado y sin cortes comerciales al bolsillo del tipo de a pie: inflación acelerada, quita de subsidios, incremento del costo (ya usurario) en el uso de tarjetas y transferencia de recursos al sector agroexportador (más aún cuando uno de los objetivos es reprimarizar la estructura económica nacional).
Lo hemos adelantado: hacer oposición progre, republicana, porteña, ser el FpV de CABA, boqueando para afuera y levantando la mano adentro, es asegurar macrismo para 2017 y 2019. Exagerar defensa institucional cuando antes aplaudíamos el cinismo realpolitikero es penoso, y una jactancia del periodismo noventista, ese que critica formas y no contenidos. ¿Macri clausura el Salón de la Mujeres Argentinas y lo convierte en oficina para Michetti? Oh, sí, nos indignemos, justo lo que pretende Mauricio. Entrega cualquier símbolo del kirchnerismo a los lobos para que nadie señale que un dólar a 15 mangos favorece a los especuladores (agro e industriales) mientras seca la billetera del laburante. ¿Macri va a compensar en jubilaciones, IVA o incrementos en AUH, AUEmb? Permítanmé la carcajada.
La crítica republicana y de las formas no solo no mueve el amperímetro social (y Macri agradece el concurso de su prensa militante), sino que además no permite capitalización política por parte de ningún actor. Negocio redondo para Cambiemos, aunque deba soportar temporalmente la irritación de la vieja guardia de la UCR. El peronismo puede, pero no debe, funcionar en espejo a la oposición que enfrentó en el pasado. Aquí consideramos que Macri no ganó por sus promesas de institucionalidad sino, en buena medida, por el hartazgo que en los últimos años generó la batalla cultural kirchnerista sin sostén económico. Permitirle a Macri desplegar su propia batalla cultural, cuando pretende utilizarla como traje antiflama frente a los fuegos económicos que prevé desatar, sería estúpido por demás. El peronismo será oposición ordenándose alrededor de los intereses sociales en pugna o no será nada. La disputa no se circunscribe ya al control del Estado sino que es, ahora, en defensa del poder adquisitivo del salario, empleo, consumo y actividad.
Es el bolsillo, estúpido, y no la República.