viernes, 1 de abril de 2016

Junto con la ley cerrojo, ¿se derogaron el FpV y la luna de miel macrista?

Mientras los diarios del oficialismo celebran el triunfo de Macri, los simpatizantes oficialistas destacan la derrota del kirchnerismo (el antiperonismo los puede más) y el kirchnerismo de a pie se lame las heridas cazando traidores por Twitter, deben existir razones para explicarnos lo que ocurrió. ¿Hace falta aclarar que si pensamos que la consigna que definía el momento era “Patria o Buitres" no hace falta este post? Uno quiere suponer que no, pero entendemos la bronca de quienes simplifican una realidad más compleja porque compartimos el enojo: el país ingresará en un nuevo ciclo de endeudamiento y nada hace suponer que Macri tendrá la inteligencia para utilizarlo con fines productivos. Pero vamos por partes, como los buitres con la carroña.

¿Alguien dudaba de que el gobierno obtendría la derogación de la ley cerrojo? Aunque podemos leer análisis desgarrados por la traición del peronismo en el Senado, aquí creemos que era políticamente inviable aparecer bloqueando el único plan del gobierno recientemente elegido en la urnas. Todo se desprende de eso, así que lo consignamos:

1. La ley cerrojo cayó porque Macri ganó las elecciones.

Los senadores y el peronismo pagarán un costo político, pero será con seguridad menor al que pagarían poniendo palos en la rueda. Y es que la sociedad no politizada, allí donde el voto se define menos por cuestiones ideológicas que por el bolsillo, no tiene al tema buitres como una preocupación sino como algo que debe ser resuelto, como corresponde, por el gobierno, que para eso lo votamos, no para que nos rompa las bolas con cadenas nacionales y dólar. ¿Están locos? No: sólo no son como ustedes. El voto de 2015 buscó un nuevo tipo de orden: colocar el calefón en la cocina, el bidet en el baño y a la política un poco más lejos de la mesa familiar, adonde pretendió situarla el kirchnerismo.

Miremos ahora a los senadores del PJ ¿Podían acaso, luego de departir gratos momentos de confraternidad con sus respectivos gobernadores, votar por la negativa? Podían, ¿pero cuál era el incentivo para hacerlo? ¿Votar en contra hubiera solucionado las ahogadas cuentas provinciales? Me dirán —me dijeron:— “hay que pensar en la Patria". La Patria no paga los sueldos o evita que se incendien las provincias y Macri las intervenga. Las provincias necesitan al PEN porque también lo necesitaron durante el kirchnerismo. Entonces:

2. El peronismo en gestión no puede ser antes ideológico que pragmático; o no sería peronismo.

¿Significó esto un triunfo de Pichetto? No, Michelangelo también perdió, junto al peronismo en esta lose-lose situation que resultaba, aún así, el mal menor. Veamos. En 2001 el peronismo, en oposición al aliancismo, votó pero no votó la ley de Déficit Cero que, como buitre de entonces, exigía el FMI para continuar con sus desembolsos. Aportó al quórum y retiró a sus senadores de la votación, permitiendo a De la Rúa conseguir la aprobación. Si el peronismo hubiera contado con una conducción que permitiera negociar con el macrismo como un conjunto antes que por cuerdas separadas, podría haber aportado al quórum y las manos necesarias para derogar la ley preservándose de cara a la historia. En cambio, el número de voluntades positivas (54 a 16) traducen que:

3. Miguel Ángel Pichetto no conduce nada y, en cambio, es arrastrado por los vientos de la coyuntura.

Así, sin conducción, los peronistas del Senado terminaron siendo algo peor que traidores: fueron pelotudos. Pero ahondemos, porque es imposible leer el resultado sin atisbar también un mensaje a la interna del FpV. Más precisamente, al cristinismo sin responsabilidades de gestión que continúa pensando que el candidato era el proyecto. El proyecto perdió, junto con el candidato Scioli. Volver al punto 1.

El peronismo, de todos modos, se anotó un triunfo luego de aportar al triunfo macrista: la responsabilidad, de ahora en más, es puramente del gobierno. Es su plan y ya no podrá apelar a la pesada herencia o a la maldad intrínseca de todo lo que huela a peronismo o kirchnerismo. ¿Conseguirá colocar deuda? ¿A qué tasas? ¿Alcanzará? ¿Vendrá la lluvia de inversiones, nos inundarán los dólares? ¿Para qué se usarán? Son todas preguntas que deberá comenzar a responder el gobierno. De todos modos, no parece muy alentador el panorama, cuando su plan antiinflacionario se reduce a cercenar el consumo, incrementar la tasa de desempleo y controlar los precios vía exclusión. ¿Qué nos deja esto de cara al futuro?

Para el macrismo, un polvorín autoprovocado en el que, creemos, serán los estatales quienes liderarán los reclamos con mayor visibilidad social (para los excluidos del sistema sobran protocolos y balas). Para el peronismo, un mes complejo en el que deberá encontrar cómo conducir la regularización del partido o avenirse a la intervención judicial. Para nosotros, los de a pie, macristas, peronistas, radicales o socialistas de Alicia Moreau de Justo, un futuro con deterioro del poder adquisitivo y reducción del consumo vía incremento de tarifas e inflación. Bienaventurados los buitres, porque de ellos es el reino de los cielos. Por lo menos, los nacionales.

viernes, 25 de marzo de 2016

Obama en la Argentina de Macri

¿Dejó algo la visita del presidente norteamericano a nuestro país? Amén del sinnúmero de demostraciones de cholulismo proimperialista de diversos comunicadores sociales enrolados en el periodismo militante antimilitante, poco. Me dirán: el espaldarazo político a Mauricio Macri, que necesita como nómada en el desierto del agua que lave las manchas de su política económica. Sí. Me recordarán la desclasificación de documentos concernientes a la última dictadura militar argentina, claro, pero ese no era el objetivo del viaje sino un gesto de Obama para ser bienvenido. Algo que Mauricio no tuvo en cuenta, por ejemplo, antes de viajar al Vaticano para aquellas fotos que resultaron en un gran fiasco político y un dulce de leche de relaciones públicas en el que el PRO debió remar.

Mientras, Mauricio Macri reversionó la teoría de los dos demonios en su mensaje de ayer, pidiendo “#NuncaMás a la violencia". En Alfonsín podía comprenderse: tenía los fusiles del partido militar todavía en la nuca. En Macri puede ser un gusto que se da, ya que el mensaje es un gran resumen de todo lo que Cambiemos quiere significar: la unión de todos los argentinos, incluidos los que quieren a Jorge Rafael como pretendía Duhalde en 2011. Este retorno a los '80 no es sino un retroceso en términos históricos y políticos. El Estado debería jugar un papel pedagógico en lo que a responsabilidades institucionales respecta, más allá de las necesidades coyunturales del relato macrista. En definitiva, el mensaje de Macri agranda en lugar de zurcir la grieta y las multitudinarias plazas de ayer, en todo el país, lo testimonian.

Pero retornemos a Obama. ¿Sólo el cambio de signo político lo impulsó a visitarnos? ¿Tanta energía política demanda el libre mercado? ¿No será el giro a la derecha que ya vive nuestro subcontinente una de las razones? No, sí y también. Pero EE.UU. piensa la geopolítica en términos más amplios que la escasa complejidad con la que el gobierno de Macri encara la cuestión —la condena a Venezuela a poco de asumir y la timidez rayana con la irresponsabilidad en el tardío pronunciamiento sobre la actualidad brasileña—. Para EE.UU. resulta más preocupante el avance de China en el tablero mundial, aliada a la Rusia de Putin, que felicitar al nuevo gobierno por su aperturismo neoliberal. Así, la visita de Obama tuvo como objetivo principal colocar un freno, aunque más no sea político, a la expansión de la influencia vía inversiones del gigante asiático en el subcontinente.

Resulta gracioso, de todos modos, que sean los países del Acuerdo del Pacífico los que mayores capitales chinos concentran en inversiones mineras. Resulta tragicómico que, en nuestro país, Macri reciba el espaldarazo político de un presidente norteamericano ajustando las últimas oraciones de su inclusión en los libros de Historia mientras, para el gobierno de Cambiemos, es mucho más importante el aporte financiero del swap con China negociado por el kirchnerismo.

Se fue Obama y hay que guardar las banderitas norteamericanas hasta el 4th of July. Consultado al respecto, Martiniano Molina señaló el afianzamiento de las relaciones bilaterales y agregó, como dato de color, lo importante que para eso resulta el hecho que el presidente americano sea negro pero no de alma*.

*NdelE: Martiniano Molina no dijo nada de lo señalado, sólo confundió el Pozo de Quilmes con un desperfecto asfáltico que debe ser bacheado. La aclaración corresponde porque ya no vivimos en tiempos del kirchnerismo: ahora se reprime, encarcela y los jueces citan a indagatoria por un tweet. Cambiamos.

viernes, 26 de febrero de 2016

Un Bonadio para encauzar la grieta

Claudio Bonadio citó a declarar a Cristina por la venta de dólar futuro llevada a cabo por el BCRA a fines del año pasado. ¿Ocho años de gobierno y doce de kirchnerismo para citar a CFK por eso? Hasta el antikirchnerista más cerril se siente defraudado. Pero ese no es el punto de este texto. Tampoco que quieran indagar a la yegu... a la ex Presidenta con base en la devaluación perpetrada por Macri a días de asumir. Sí, la realpolitik nos va a matar pero es lo único que nos puede salvar.

El propósito de Bonadio no es hacer justicia, por supuesto, sino política. Su colaboración con la administración macrista es evitar que la griet... perdón, La Grieta, troque su clivaje hacia el macrismo/antimacrismo, que es adonde nos lleva con prisa y sin pausa la política económica del nuevo gobierno. Es esta última la que impide no sólo cerrar la grieta sino que, además —para temor de #Cambiemos y hasta del periodismo que lo banca—, amenaza con mudar su eje siguiendo la lógica de perdedores/ganadores del nuevo (y viejísimo) modelo económico, de neto corte neoliberal y, por lo tanto, excluyente. Para decirlo en cristiano: Bonadio cita a indagatoria a Cristina para que el macrismo siga haciendo usufructo del clivaje kirchnerismo/antikirchnerismo. Macri evitaría así mirar la grieta que a sus pies se está abriendo, sólo para encontrar que del otro lado se aúnan política y opinión pública en su contra.

Si la intención del macrismo es retrotraernos a la foto de noviembre-diciembre/2015, y de ese modo pretender que estos meses de devaluación, despidos, mayor inflación, caída del consumo y tarifazo no existieron, debo reconocer que la estrategia es buena. Acerca leña y una llama a las cenizas de la lógica política que tiñó el último tramo del kirchnerismo, justo cuando aliados y colaboradores (Clarín, La Nacion, Massa, Moyano o el mismísimo sector agropecuario que le ofrendó menos de lo prometido) ensayan los primeros pasos de macrismo crítico cuando no de antimacrismo hecho y derecho.

Una jugada de manual que pone de manifiesto un par de cosas, a saber: a) el macrismo tiene claro que debe ser laclausiano, como el kirchnerismo, y hacer populismo construyendo a su enemigo; b) la Luna de Miel llegó a su fin, duró menos de 100 días y los tiempos, para el macrismo, se aceleraron a pasos agigantados; y c) tiene que pedalear en el aire y exprimir políticamente el antikirchnerismo que le dio vida y razón de ser para poder sobrevivir en el desierto que se preocupó por crear.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Otoño kirchnerista, invierno cafierista


El macrismo advierte que llegó para impulsar una agenda inconveniente para su propio desarrollo político: debe demostrar gobernabilidad en las malas. Para eso debe contribuir a "las malas" con despidos, devaluación, mayor inflación y tarifazos. En definitiva, se trata de empobrecer al soberano y ver si Mauricio puede manejarlo. En el debate entre gradualismo y shock, ¿eligieron? shock gradual y no parecen mantener la alegría de Prat Gay al anunciar las primeras medidas. Mientras tanto, el incipiente macrismo no puede hacer kirchnerismo económico por obvias razones políticas ni tampoco el macrismo económico que idealizó debido a que no recibe todos los dólares que necesita desde el agro o los centros financieros. No cumplieron dos meses y ya los tienen agarrado de las pelotas.

Afuera de eso, el peronismo se debate. ¿Afuera, realmente?

Lo que hay realmente afuera es una sociedad que espera a Macri; que le otorga tiempo y espacio --y Cambiemos los exprime como a un trapo húmedo en el desierto-- como si no sospechara que la pusieron a cocinar con la llama alta. Si la psicosis colectiva tuviera algún aroma, podría ser parecido al del humor social de estos diciembre y enero.

El peronismo se debate de todos modos, cruzado por necesidades económicas en las provincias y simbólicas en el imaginario nacional. También parece estar sufriendo una disociación psicótica: las advertencias del kirchnerismo económico son las más lúcidas pero el kirchnerismo puro las desprecia para abrazarse al frepasismo que necesita de una intermediación periodística de la que carece. El peronismo ortodoxo, en cambio, advierte que el partido importante es el del bolsillo, pero a la vez parece pretender un abrazo con el macrismo que golpea a la víscera más sensible. Ambos caminos solo pintan aun más de amarillo los paisajes de la patria. Hay que pasar el otoño del kirchnerismo sin caer en el invierno del cafierismo.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Represión y política

Existe un hecho puntual y cuantificable en cualquier encuesta que quieran hacer: no todo el mundo se opone a la represión de la protesta social y son muchos quienes la consideran necesaria; más aún luego de la etapa kirchnerista, en la que primó el encauce político (sobre todo en los primeros años, aún cuando significara incorporar al dispositivo oficialista a distintos movimientos sociales y/o piqueteros o, más adelante, la manutención de esas alianzas vía fondos estatales) y, cuando no fue posible, se toleraron las manifestaciones. Si el kirchnerismo reprimió —y fue poco o nada— nunca hizo de la represión un justificativo que se agotara en sí mismo.

Con el cambio de gobierno, pero más importante, con la inversión del signo político, se dan o darán un conjunto de factores que harán de la represión un condimento más, no ya un veneno, en la receta con que se prepara el caldo social. Esperamos, por supuesto, equivocarnos.

El desancle autonómico del poder político que fácilmente pueden conseguir las distintas policías —diciembre de 2013 como un hito de sedición que podría ser el antecedente directo de lo que vendrá— será uno de los aspectos fundamentales a considerar. Vamos otros.

Repetimos y se repite hasta el hartazgo que no hay ajuste posible sin represión, que la política económica de la derecha necesita tanto de la benevolente avaricia de prestadores internacionales como de la anuencia, disponibilidad y complicidad de los palos judiciales y policiales. Para resumirlo en cristiano: que el poder político, el judicial y el policial se asocien en sinergia para reprimir. Es el poder político el que crea las condiciones de posibilidad: devaluación, incrementos de precios, internacionalización de productos de la canasta básica, transferencia desde los sectores populares a los del tope de la pirámide y cercenamiento de conquistas sociales y derechos laborales. Ni hablar si se incrementa el desempleo. Cada granito de arena colabora y decanta en la necesidad de justificar y alentar la utilización del monopolio de la fuerza para el control represivo de la protesta.

Ahora, no serán solo los medios y la uniformidad informativa de la que gozará el macrismo: como decíamos al principio —y aunque lastime nuestro corazón progre, izquierdista o humanitario—, el gobierno se apalancará en una porción nada despreciable de la sociedad para tornar la represión en una demanda social. Allí estarán tanto los votos del PRO que reniegan de la negrada sublevada como los votos massistas que peticionaron electoralmente por el ingreso de las FF.SS. a villas o barrios populares. Estarán también algunos votos sciolistas, no sirve negarlo.

Cada realidad local tiene sus particularidades, y así por ejemplo Jujuy cuenta con un movimiento piquetero que subsiste y uno que bien podría retornar con el desenganche de la Tupac de la teta estatal. Allí el reside el germen que nutre la justificación represiva de un sector de las clase media y media baja. Tucumán vivió recientemente un ejemplo claro, cuando la oposición republicana y el periodismo independientísimo pidieron al unísono por la “restitución del orden" y la “paz social" en ocasión de la protesta de los municipales despedidos en la ciudad de Concepción. El interior del país carga con su mochila de exclusión estructural, pero será en PBA —a la que el macrismo y Vidal utilizarán para posicionar a la gobernadora para la sucesión— donde asistiremos al showbizz de la mano dura. Será Vidal quien haga más macrismo original, ese de la UCEP y la inmigración descontrolada, previo a la instalación de la revolución de la alegría.

El proceso de control político de las FF.SS. que intentó el kirchnerismo se corta con Macri. El cercenamiento de derechos y el ajuste serán los vientos que avivarán las llamas sociales. La prédica represiva y la entronización de las libertades individuales en el discurso hegemónico serán habilitación para las policías todas. Así sean la Federal o Gendarmería quienes carguen con el peso de reprimir la protesta, todas serán señales que sabrán leer y decodificar cada fuerza policial y cada agente de seguridad.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

En la pelea por la República yo me pongo del lado del más débil, que es el bolsillo

Oh, divino Montesquieu.

Escribo en pelotas y sepan disculpar, pues he rasgado mis vestiduras, tal el tenor del dolor que aqueja mi espíritu republicano. Oh, atribulado francés al servicio de la Corona británica, oh, debate del partido Republicano, oh, IV República francesa. ¡Oh, jueces nombrados por decreto!

Mirá lo que conseguiste, Mauricio, capo, que le pidan al peronismo que tome las banderas republicanas y las lleve a la victoria parlamentaria. Necesitábamos un Plan Bicameral para Todos, qué fútbol ni que tres carajos.

Cambiamos pero las necesidades de quienes ejercen el poder no cambiaron. ¿Macri quiere torcerle el brazo al peronismo como demostración de poder? Puede ser, y te clava jueces consustanciados con su proyecto porque... es su proyecto, ¿no?

¿No? Ok.

Goza de su Luna de Miel, lo advertimos, y la exprime a puro bombardeo: cuando querés putearlo por alguna medida/decreto/anuncio, ya tenés encima dos o tres más y te perdés, mandás todo al carajo y mah sí, si total a este pelotudo lo votaron.

Un gesto de autoridad de Macri, pero qué conveniente calificarlos a gusto y necesidad. ¿Un gesto de autoridad de un DT? Qué bien. ¿Ese DT es Passarella? Qué mal. ¿Un gesto de autoridad de un Presidente? ¡Muy bien! ¿Ese Presidente es Cristina? ¡Ahhhhh, Dios mío, la República, la República! ¿Es Mauricio? #Awww, la República...

¿Y quiénes saltan? De la Sota, Massa y Stolbizer. ¿Porque son republicanos? Las pelotas son republicanas. Saltan porque Macri quiebra el compromiso que asumieron con sus votantes, como colectoras y aliados implícitos de Mauricio en ballotage. Macri aliena así a quienes son o deberían ser sus aliados. Maldispone, así también, a quienes podría necesitar para garantizarse gobernabilidad más allá de los cien días de gracia: el peronismo en el Congreso.

Interrumpimos esta transmisión para un aviso parroquial: cortenlá con debatir la idoneidad de Rosenkrantz y Rosatti; Macri clausuró esa instancia al saltear el Congreso. Gracias.

Oh, la cartera de la dama.

La República y los decretos nombrando jueces son nimiedades comparadas a la baja de retenciones, a la habilitación para aumentos de precios y la internacionalización de la canasta básica. Son bruma mediática para esconder a los corsarios del salario, tapando una devaluación anunciada a gritos y esperada a llantos que ya repercutió en poder adquisitivo —y lo seguirá haciendo—, sumado a los anuncios de paritarias ligadas a la productividad. ¿Que cómo medís la productividad de un empleado público? Oh, es muy fácil: lo despedís y esperás. Si la ciudadanía lo nota, era productivo. Si no, viva la racionalización del Estado y la mentalidad empresaria en el manejo de lo público.

De todos modos, debo reconocer que no me jode que Macri tome a Montesquieu de las mechas, lo de vuelta, le baje los pantalones o como llamaran a esas cosas que usaban, lo ponga en cuatro y lo sodomice hasta encender brasas con su culito francés; lo que me jode son los zarpazos en continuado y sin cortes comerciales al bolsillo del tipo de a pie: inflación acelerada, quita de subsidios, incremento del costo (ya usurario) en el uso de tarjetas y transferencia de recursos al sector agroexportador (más aún cuando uno de los objetivos es reprimarizar la estructura económica nacional).

Lo hemos adelantado: hacer oposición progre, republicana, porteña, ser el FpV de CABA, boqueando para afuera y levantando la mano adentro, es asegurar macrismo para 2017 y 2019. Exagerar defensa institucional cuando antes aplaudíamos el cinismo realpolitikero es penoso, y una jactancia del periodismo noventista, ese que critica formas y no contenidos. ¿Macri clausura el Salón de la Mujeres Argentinas y lo convierte en oficina para Michetti? Oh, sí, nos indignemos, justo lo que pretende Mauricio. Entrega cualquier símbolo del kirchnerismo a los lobos para que nadie señale que un dólar a 15 mangos favorece a los especuladores (agro e industriales) mientras seca la billetera del laburante. ¿Macri va a compensar en jubilaciones, IVA o incrementos en AUH, AUEmb? Permítanmé la carcajada.

La crítica republicana y de las formas no solo no mueve el amperímetro social (y Macri agradece el concurso de su prensa militante), sino que además no permite capitalización política por parte de ningún actor. Negocio redondo para Cambiemos, aunque deba soportar temporalmente la irritación de la vieja guardia de la UCR. El peronismo puede, pero no debe, funcionar en espejo a la oposición que enfrentó en el pasado. Aquí consideramos que Macri no ganó por sus promesas de institucionalidad sino, en buena medida, por el hartazgo que en los últimos años generó la batalla cultural kirchnerista sin sostén económico. Permitirle a Macri desplegar su propia batalla cultural, cuando pretende utilizarla como traje antiflama frente a los fuegos económicos que prevé desatar, sería estúpido por demás. El peronismo será oposición ordenándose alrededor de los intereses sociales en pugna o no será nada. La disputa no se circunscribe ya al control del Estado sino que es, ahora, en defensa del poder adquisitivo del salario, empleo, consumo y actividad.

Es el bolsillo, estúpido, y no la República.

jueves, 3 de diciembre de 2015

El peronismo en entropía

Luego de la derrota en ballotage, y aun antes, con el triunfo de Vidal en PBA, el peronismo ingresó en una etapa en la que prevalecerá la reorganización puertas adentro. No se trata de la persistencia en el error que acarrea el sistema peronista/kirchnerista, de comunicación endogámica, sino de un proceso necesario para reemerger de cara a la sociedad. Valga decir, además, que no comprender que el macrismo gozará de un periodo de luna de miel, hasta que sus medidas pro mercado impacten en el bolsillo, es de una necedad parecida a la que nos llevó a la derrota. Pero antes de continuar, quizás convenga hacer una breve referencia a la selección del concepto entropía para caracterizar lo que viene. Leemos:

"...Coloquialmente, suele considerarse que la entropía es el desorden de un sistema, es decir, su grado de homogeneidad. Un ejemplo doméstico sería el de lanzar un vaso de cristal al suelo: tenderá a romperse y a esparcirse, mientras que jamás será posible que, lanzando trozos de cristal, se construya un vaso por sí solo. No obstante, considerar que la entropía es el desorden de un sistema sin tener en cuenta la naturaleza del mismo es una falacia. Y es que hay sistemas en los que la entropía no es directamente proporcional al desorden, sino al orden (...) hay muchas transiciones de fase en la que emerge una fase ordenada y al mismo tiempo, la entropía aumenta (...) por ejemplo cuando el agua y aceite tienden a separarse. También en la cristalización de esferas duras: cuando agitamos naranjas en un cesto, éstas se ordenan de forma espontánea...".

Pueden observarse ambas posturas entre los adherentes/militantes del peronismo: están quienes pretenden separar la paja del trigo y quienes sostienen que andando se van a acomodar los melones. Ambas prefiguran, al final del camino, un espacio de unidad. Entropía por la homogeneidad o entropía por el orden. Dos comentaristas en el posteo anterior sirven como ejemplos de lo anterior. Jorge sostiene que el 48,66% de Scioli no es el sciolismo, y que deberíamos tener presente que si el peronismo hoy puede reivindicarse como tal es gracias al kirchnerismo, que removió la mácula menemista: "¿Significa esto que Cristina lidera? No lo creo (...) Queda la incertidumbre (...) lo más sensato sería volver a ser Frente: juntar esos apoyos iniciales que supimos tener aprovechando el potencial marco de cohesión que uno supone generarán las políticas de Macri (...) Y aprovechemos la situación para detectar aquellos que militan en el peronismo acomodaticio, que son de la misma calaña que "el gallego" y el tigrense". ¿Opción por la homogeneidad? Martín de Encuentro Latinoamericano, por su parte, hace hincapié en "una debilidad que pudo ser uno de los grandes errores del oficialismo en las últimas elecciones: que nos haya unido, y a última hora, el espanto (Esto) complicó la unidad y la militancia del candidato propio. Si lo que viene es un FPV/PJ/etc. dividido entre los que dicen que se hizo todo bien, "Cristina 2019 ya" y los que dicen que se hizo todo mal, "Massa al poder", conseguir la unidad va a ser jodido. Más en ausencia de una conducción definida y aglutinante". Opción por el orden.

Acá acordamos con ambos, pero con alguna salvedad. Por ejemplo, creo que tanto Massa como De la Sota continuarán referenciándose en un peronismo antikirchnerista para, a la vez, jugar al cafierismo macrista. Contemplarlos entonces para lo que viene, intentar incorporarlos –digo–, resultará una pérdida de tiempo. Cualquier gestión en esa dirección implicará muscular a esa tercera fuerza y restarle energías al propio ordenamiento. Y ya que apelamos a los primero nombres propios, vamos con los del peronismo, porque sin ellos no hay política. Es claro que, pese a la derrota, son dos los dirigentes que tienen visibilidad y predicamento, es decir peso propio: Cristina y Scioli. Pese a sus diferencias, ambos comparten una característica: a partir de diciembre no contarán con poder institucional o territorial propiamente dichos, sino con la ascendencia que conserven sobre diputados/intendentes/gobernadores. De todos modos, La Cámpora, como expresión del cristinismo, haría bien en hacer pocas o ninguna ola; y la Ola Naranja no es o fue otra cosa que el despliegue electoral del sciolismo. Sigamos con los nombres propios. ¿Gobernadores? Urtubey, Manzur, Peppo. ¿Intendentes? Capitanich, algunos de la PBA, Magario, Cascallares, Insaurralde, Mussi. Con estas nominaciones, pudimos leer ya las primeras operaciones de prensa en lo que al control del PJ se refiere: que Scioli propone a Urtubey, que Cristina quiere y no quiere presidirlo, que una interna, Scioli al PJ-PBA; lo cierto es que antes de mediados de 2016 el partido debe ser encausado. Y convertirse en la plataforma desde la cual hacer una oposición ordenada y sensata al macrismo. No podemos dejar de anotar que ahora, como oficialismo, serán Macri y Vidal quienes dispondrán de herramientas para sentar el tono de la disputa, el terreno y los tiempos. Si lo hacen bien (y no como pareciera ser hasta ahora), tendrán ocho años. Si se equivocan escuchando a quienes quieren shock, ya, no aguantan más al kirchnerismo y lo quieren tirar del tren (!), tendrán solo cuatro. El peronismo deberá reconocer esta nueva realidad, acostumbrado como estuvo al dominio de la acción y la agenda.

No son muchas las certidumbres de cara al futuro, pero anotemos algunas propias:
:
1. Es 2017 o 2021. "No hay 2015 sin 2013" fue el mantra massista que no se verificó (Macri se guardó en aquella legislativa), pero será una obligación para el peronismo si pretende retornar.
2. Si debe renovarse, el peronismo debe hacerlo también en los modos de relacionarse con la sociedad. No dispondrá en este camino del aparato estatal del que gozó durante estos años, y la militancia sola no alcanza (menos aun si baja a evangelizar y no a escuchar). Las políticas de medios y de redes sociales resultaron grandes déficits en la pasada campaña.
3. Considerando el periodo de gracia del que dispondrá el macrismo, y la banca que los grandes medios ya realizan de su futuro gobierno, no restan dos años para las legislativas2017 sino, tan solo, uno. El FpV cometió muchos errores, pero uno de los más groseros fue patear las definiciones electorales hasta el final.
4. El peronismo deberá seleccionar con quiénes y cuándo dar la pelea grande. Si es contra un Macri potente en 2019, debería ser Scioli; contra un gobierno de capa caída, en cambio, la propuesta del peronismo debería ser de una renovación mayor, y podríamos aventurar una interna entre, por ejemplo, Urtubey y Capitanich.
5. Insistir con Cristina 2019 puede actuar como un ansiolítico para el alma política o un analgésico para las magulladuras del 2015, pero no suena sensato o instrumental si anteponemos los intereses de la mayoría al lustre del bronce histórico. Cristina contará con un gran poder simbólico luego de abandonar el PEN, pero no creo que vaya a constituirse en una demanda social que exceda al clamor de la militancia cristinista.
6. Hacer antimacrismo progre-capitalino solo nos asegurará muchos años de gobierno amarillo. Si los reflejos culturales antimenemistas le ganan a la defensa del bolsillo de las clases populares, Mauricio podrá disfrutar de la pizza con champán sin sobresaltos.
7. Listo, peguenmé.