miércoles, 10 de agosto de 2016

Boleta Única Electrónica: el Caballo de Troya de la transparencia

¿El macrismo propone una reforma política? No, solo un cambio en la manera de votar: el famoso voto electrónico, al que no quieren denominar así sino, como en CABA, boleta única electrónica. ¿Es solo el PRO intentando venderse como lo nuevo? Un poco. ¿Es la vieja sabana en papel por otros medios como señala Andy Tow? También. ¿Es favorecer a MSA, la empresa que tiene el monopolio de la BUE en el país? Claro, pero no solo eso.

Las denuncias mediáticas de fraude en las últimas —pero también en pasadas— elecciones fungen como justificativo. Existen, de todos modos, muchos argumentos para oponerse: desde la pérdida del control ciudadano y partidario sobre el acto electoral, soberanía que es “estatizada" para ser luego concesionada a una empresa privada, hasta las posibilidades ciertas de hackeo. Los sistemas en pugna son:

1. el que tenemos, de boleta partidaria de papel, re linda (?).

2. los sistemas cordobés y santafesino de boletas únicas de papel, feos (!) porque favorecen los personalismos, el desanclaje por categorías entregando legislativos con mayor fragmentación y la proliferación del voto en blanco y anulado. Los analizamos y comparamos brevemente en 2011.

3. el voto electrónico de Salta y CABA, distintos entre sí ya que el medio es el mensaje (?) y el entorno y diseño de pantallas modifica el modo de votar y lo que se vota, pudiendo interferir con la voluntad del elector. Aquí un buen muestreo de ambos por Juan Pablo Ruiz Nicolini.

Es el sistema de CABA el que propone Macri, por supuesto. Ocurre que no se trata de BUE —como señalamos al principio— sino de voto electrónico liso y llano. Delia Ferreira lo explicó en 2015 y la crítica es válida para el debate en curso, ya que el control no solo no puede hacerlo cualquier hijo de vecina con entrenamiento básico en lectoescritura, conocimiento somero de los derechos y obligaciones electorales, sino que no puede realizarlo nadie sino la máquina que computa los votos:

«...El escrutinio de mesa lo hace la máquina a través de la lectura del chip que contiene la boleta. Lo impreso se lee en voz alta y los fiscales pueden controlar -si el procedimiento es lo suficientemente pausado- que lo que aparece en la pantalla es lo mismo que está impreso. Pero lo que cuenta es lo que contiene el chip. Una vez que el chip ha sido leído por la máquina esos votos se han computado y las autoridades de mesa no pueden alterar manualmente lo que el lector del chip marcó. Si alguien planteara una objeción después que el chip fue computado, ya no habría forma de volver atrás o descontar ese voto...».

Jorge Landau recuerda, en sus consideraciones, que en Alemania se declaró inconstitucional el voto electrónico por la pérdida del control ciudadano que conlleva; Holanda abandonó también el VE por la posibilidad de pérdida del secreto que implica la utilización de chips emisores de radiofrecuencia. Hasta Richard Stallman realizó un alegato contra el VE

Habiendo señalado todo lo anterior, debería ser clara la inconveniencia de migrar al voto electrónico. Pero como señaláramos cuando se utilizaron las elecciones en Tucumán para instalar la figura del fraude a nivel nacional —y vaya si aquello ayudó a estimular y fidelizar el voto antiperonista, tan importante en el ajustado balotaje—, había que ser ciego para no advertir que la estrategia implicaba más que sólo octubre/noviembre de 2015: serviría para golpear al nuevo gobierno si hubiera sido este peronista (al modo brasileño) o para habilitar al voto electrónico y la pátina de transparencia en caso de triunfar Macri, como finalmente ocurrió. Entonces, a pesar de todos los contras del voto electrónico que propone el macrismo, mi impresión es que no existen argumentos políticos para oponerse mas que —como intentará la oposición— la adopción de la boleta única en papel en lugar de la electrónica. Menos aún cuando el debate es tan técnico, cuando los medios oficialistas lo utilizan como bandera porque será, probablemente, la única promesa electoral que el macrismo podrá reclamar como cumplida camino a 2017 —y porque sirve para recortar espacio al tarifazo o la economía hecha pomada— y, por si fuera poco, cuando existe una considerable masa social, tilinga, que cree que si lo propone Macri, es en detrimento del peronismo (falso: al FpV le hubiera convenido, por ejemplo, modificar su reforma electoral y anular las PASO en 2015 y, además, —como apunta Pablo Torres— unas primarias optativas, como propone el macrismo, favorecen el voto clientelar) y que solo por ser nuevo, debe ser mejor. ¿Mi pronóstico? El voto electrónico sale con fritas. Y si no sale, sería una derrota más grave para Macri que la aprobación de la ley antidespidos luego vetada.

viernes, 5 de agosto de 2016

"Son las elecciones de medio término, estúpido" (Bloomberg le copia a este blog)

¿Qué sostenemos desde febrero? Que las elecciones de 2017 son el examen que Macri debe rendir para conseguir que los dólares vengan. Dijimos en mayo:

«¿Qué implica 2017 para Macri? Casi todo: arribó al PEN con un Congreso desfavorable pero, más importante aún, es el examen que debe rendir frente a sus sponsors y posibles financistas offshore —entiéndase “financistas más allá de nuestras costas", ¿por qué deben ser siempre mal pensados?—. Es la sustentabilidad política en el tiempo la que daría “confianza" a los que harían “llover inversiones" —léase capitales de riesgo/golondrina— y no las “reglas claras de juego" que descuentan para un gobierno como el de Cambiemos, de restauración conservadora o, mirando ahora la región, pos-populista».

¿Qué dice Bloomberg ahora en “La nueva y mejorada Argentina es todavía un lugar complicado para invertir"?

«...De ocho managers de fondos de inversión consultados para este artículo, siete dijeron que están conteniendo/refrenando inversiones, principalmente por los controles pero también por la alta inflación y por la preocupación de que el tono pro-mercado pueda cambiar otra vez luego de las elecciones de medio término a fines de 2017...»

Paradoja cruel: lo que Macri necesita para ganar esas elecciones son, justamente, las inversiones que el mercado financiero solo quiere habilitar luego de que el gobierno gane las legislativas. O, por lo menos, que no resulte demasiado evidente que el peronismo está presto para reasumir en 2019. Dependerá, creemos también, si ese peronismo es el macrista—friendly (léase Massa/Urtubey) o, al decir de Prat Gay, uno que pueda referenciarse en un “desconocido de Santiago del Estero" (podemos leer como emergente del peronismo más territorial; no, no sueñen, ningún kirchnerista puro tiene chances, al menos evaluadas desde el presente).

Va la captura de la nota de Bloomberg. La tradujo tu vieja:

jueves, 28 de julio de 2016

Macri vs. Tinelli: los costos del round boxístico

What we've got here is failure to comunicate, pero no se trata de los hombres a los que el mensaje no llega, Axl querido, sino de una sucesión de errores en términos de estrategia de comunicación; que se facturan con inflación de carrito de supermercado debido, justamente, al aumento de la canasta y las facturas de servicios. Pobre Mauricio, justo en la semana en que intentó apechugar el costo de los inocultables desacoples de un equipo económico descentralizado con la-misma-entrevista a Fantino y Lanata. ¿Fue la reunión misma, el peso simbólico que le otorgaron, el snapchat de cierre con faceswapp incluido? Sí pero no: falló en entregar al periodismo y a la opinión pública una justificación, un ángulo desde el cual comprender la “cumbre" en Olivos. Librados a su suerte argumental, quedó al desnudo la debilidad del momento macrista.

Hubo consenso en la crítica a la frivolidad, pero lo que resultó preocupante para el oficialismo fue que, de modo inevitable, el periodismo debió justificar la crítica con la agenda de la realidad que desde hace meses buscan soslayar. Para apelar al manta de la grieta, no tuvieron otra opción que correrse del eje político kirchnerismo/antikirchnerismo y aterrizar brevemente en la vereda opositora de la grieta económica macrismo/antimacrismo. Así, hubo moncloa en criticar el encuentro con base en el deterioro económico, la conflictividad social, el tarifazo y los desastres perpetrados por las empresas de servicios. Sin poder apelar a la anterior administración, el costo político se carga momentáneamente a cuenta del macrismo. Ya volverán las oscuras golondrinas cargando la pesada herencia.

El oficialismo evaluó, correctamente, que en este contexto de primer semestre persistente, un Tinelli opositor —cobrándoles AFA— solo agravaría el cuadro. Pero erraron la estrategia y el spam via trolls en Twitter se transformó en un boomerang. ¿Quiso hacer kirchnerismo de la resistencia, pegando más fuerte? Un poco. A siete meses de su asunción, eso es más preocupante que recibir una crítica eventual. Si querían alejar el fantasma de la D (de Fernando De la Rúa), lo agigantaron al desnudar un gobierno alejado de los problemas reales, esos que buscan ocultar con el concurso del “periodismo independiente".

Nelson Castro. Intratables coincidiendo con Minuto Uno de Sylvestre. Casero pidiendo gestión y Majul, seriedad. Nada muy distinto a lo que podría haber sido el enfoque de los panelistas de 678. El macrismo colabora así con el clima de son-lo-mismo que-se-vayan-todos, con la paradoja de incrementar a la vez —vía debilidad propia— su extorsión implícita sobre el panperonismo en la cesión de gobernabilidad. El macrismo se comporta entonces como un millenial caprichoso y demandante, que deposita en la oposición la responsabilidad de mantener el sistema político funcionando. No hay, desde esa posición cómoda, pretensión posible de hegemonía y será tarea de otros (periodismo, sindicalismo, peronismo) construirla.

El macrismo invitó entonces a Tinelli a un par de rounds, lo subió al ring pese a pertenecer a una categoría inferior, le entraron varios golpes y las tarjetas terminaron empatadas. Ganó por localía (no se sostendrá la crítica en los medios oficialistas), pero resultó magullada la autoridad presidencial y los rivales pudieron estudiarlo. Volviendo a la comunicación (el verdadero fuerte del gobierno en estos meses de ajuste y recesión), se plantea un problema a futuro: durante la campaña y en el primer trimestre, el marketing macrista consistió en humanizar a Macri, acercarlo al hombre común, familiero, y aplacar la tensión de la intensidad política del kirchnerismo. La frivolidad y lo no político formaron parte importante de ese combo, pero este episodio se reveló como el golpe que coloca al oficialismo, por primera vez, ante el desafío de comunicar gestión y responsabilidad, de pararse sobre su propio capital para hablarle a la sociedad. La pesada herencia no more, señaló el cuervo sobre el dintel de mi puerta. Luego de haber explorado y explotado la senda opuesta, ¿podrá el macrismo “vender" a Macri como un presidente resolutivo, ejecutivo? La situación parece demandar cada vez más al primer Kirchner. El macrismo busca no ser De la Rúa y, a escasos siete meses de su asunción, la realidad parece empujarlo más cerca de la imagen del Menem del segundo mandato. Con la ventaja, es cierto, de contar con una oposición atomizada y no a una Alianza modelo '97 enfrente.

miércoles, 13 de julio de 2016

El macrismo: between a rock electoral and a hard place económico

Suele equipararse al poder (del Estado) con un violín: es tomado con la izquierda y ejecutado con la derecha. También con un noble equino, con intenciones similares. Estas famosas sentencias no se verifican matemáticamente, pero como toda frase popular encierran vestigios de veracidad o sirven, por lo menos, para justificar giros pragmáticos o aun regresiones distributivas cuyo salvajismo depende de muchas circunstancias.

A qué vamos, se preguntará usted si no soltó ya estas líneas maldiciendo el calesiteo. A que suele existir un divorcio entre las razones del voto y las razones de gestión. Quizás porque votan unos y gobiernan otros, vaya'saber. Ahora, los liberales suelen fingir afectación frente a las razones electorales porque los colocan en desventaja: que Argentina es un país estatista, que prefiere lo público sobre lo privado, que son todos unos zurdos de mierda, digamos. Recientemente listó las líneas de este consenso Carlos Pagni, en La Izquierda Diario, ante una pregunta de @RossoFer sobre la ideología de los argentinos:

1) lo nacional es mejor que lo extranjero.
2) los pobres siempre tienen razón respecto de los ricos.
3) cualquiera sea el tema, a priori, el Estado siempre va a resolver la cuestión mejor que los privados.

Señala luego Pagni que “estos tres axiomas que están en el corazón del discurso del kirchnerismo tienen un arraigo de décadas en la Argentina. Lo raro ha sido lo otro, lo insólito es que aparezca algo más ligado al capitalismo que en algún punto, por cinco minutos ponga en tela de juicio alguna de estas tres tesis, y contra este problema pelea en el fondo Macri". #Ponele. Macri debió colocarse a la izquierda de su electorado en aquella noche de triunfo larretista, cuando su público gritaba “¡noooo!" ante cada arenga del candidato a favor de algunos pilares kirchneristas como AUH, Aerolíneas o YPF estatizados. Pero de ahí a decir que pelea contra eso media la distancia entre la fantasía del optimismo y la melancolía de la realidad.

Ocurre que estos axiomas se verifican camino a las urnas, no tanto así luego. Pero no siempre, o debería ganar solo el peronismo y no es lo que sucede. De todos modos, no es este el “problema contra el que pelea Macri en el fondo", como señalara Pagni y como si de una batalla cultural PRO se tratara. Es 1 persona 1 voto para el domingo electoral y, en cambio, para el resto de los grises días de mandato, el peso de una corporación no es directamente proporcional al número de votos de sus integrantes sino a su capacidad de daño. O a las simpatías, compromisos y visión de país del gobernante de turno. Más aún, si estos axiomas guían la pelea electoral, el sentido común del ejercicio del poder está establecido, en cambio, en las coordenadas de un conservadurismo liberal-de-la-boca-para-afuera y lactante-estatal-del-bolsillo-para-adentro en el que la pax social está dada por la consecución de resultados económicos o, en su defecto, la entrega de las llaves de los despachos en un símil loteo del poder estatal entre corporaciones. Como hizo Cambiemos. Cuánto aguanta esto último es materia de otro posteo. Volviendo, esa suerte de consenso electoral genera una lógica que, luego, la patria corporativa trastoca durante el mandato por uno distinto.

Esto resulta trágico para la mayoría, y más aun para la mayoría silenciosa, ya que un gobierno que desafíe el consenso de ejercicio —si queremos ubicar al kirchnerismo en alguna categoría— está obligado a dar “batallas" culturales y un gobierno cuya gestión colisione contra aquel consenso electoral —sea “nueva" derecha, neoconservadurismo o liberalismo a secas (ubique al macrismo donde prefiera)— no solo no necesita “batallar" en las profundidades del subconsciente nacional sino que, con callar, con no decir lo que realmente hace mientras, en este caso, vende vitalismo y espiritualidad new age, le basta y sobra. Pero esa es la definición misma de batalla cultural: el macrismo no necesita explicar sino apelar a preconceptos como “racionalización", “sinceramiento" y “pagar la fiesta"; el kirchnerismo, en cambio, debió explicar cada medida a partir de 2008 así fueran AFJPs, YPF o AUH, aun cuando maridaran con los axiomas pro estatistas de la argentinidad electoralista al palo. Los consensos electorales y de gestión parecen pertenecer, así, a campos semánticos diferentes.

Quizás sea una de las razones por las que pocos esperan que las promesas de campaña sean cumplidas o, en todo caso, resulte gratuito incumplirlas.

Retornando a Pagni y Macri, lejos se encuentra el desafío macrista de la necesidad de desplegar una batalla cultural, aunque pretenda disfrazar de tal a un honestismo imposible e impracticable para el elenco gobernante. Su pelea de fondo continúa siendo la que señaláramos en febrero y luego en mayo: ¿la política electoral o la económica?, ya que sus necesidades de política económica colisionan con sus necesidades electorales. Y a más de un nivel. Entonces, mientras se aferran al tarifazo, se insinúa también un cambio de pantalla y encontramos a Cambiemos abandonando su prédica de ajuste fiscal y descuidando los propósitos económicos planteados en su primer semestre; ocurre que avistaron las legislativas de 2017, ahí en el horizonte. Bajan tasas, prometen retomar la obra pública, quieren impulsar el otrora adjetivado “deficitario" polo tecnológico de Tierra del Fuego con un canje de celulares y pretenden ampliar el Ahora 12 por la caída del consumo, aún a costa de enterrar su dogma liberal. Promesas todas de difícil cumplimiento, que no servirían para reactivar la economía sino, tan solo, para frenar la carrera hacia el abismo. ¿El objetivo es arribar a un equilibrio bajo la actual situación, sin mejora pero tampoco con mayores dificultades a las ya impuestas para la microeconomía? ¿Eso que Ernesto Semán definió recientemente como naturalización de la intemperie? Suena complicado bajo el contexto regional y global, agravado ahora por un Brexit con consecuencias imposibles aún de mesurar. Más aún si el gobierno, en tan solo siete meses, transita su Plan C (de blanqueo de capitales; el A fue el campo, el B las inversiones post arreglo con Singer). Por si fuera poco, fue el propio oficialismo quién se encerró en la encrucijada, golpeando al mercado interno, consumo y actividad; elementos que fundamentaron el consenso electoral durante los años de kirchnerismo.

2017 es un horizonte para el macrismo y puede ser su último o el hito que le otorgue un periodo de ocho años. Decíamos que su disyuntiva entre lo político y lo electoral funciona a más de un nivel, y esto es así pues quienes pueden acercar dólares (¿para bicicletear? ¿Hay mucho más para hacer si el propio presidente promete “invertir"en Lebacs?), sea en forma de lluvia, llovizna o goteo, necesitan antes que Macri triunfe en su apuesta por liberalizar y primarizar la economía, precarizar el trabajo y que pueda, además, asegurarles un horizonte de control y estabilidad política, algo que solo otorgaría un triunfo legislativo que allane el camino a una reelección. Se plantea así una paradoja: para triunfar en 2017, el oficialismo necesita de lo que podría ocurrir solo luego de un triunfo electoral. ¿Puede el macrismo resolver la situación? Te la debo, no estoy en tema, estamos aprendiendo.

domingo, 10 de julio de 2016

Del revisionismo histórico al revisionismo histérico: la angustia de Independencia

Con seguridad, algunos de todos los que hacen el berreta análisis psi del Mauricio-político, ese que coloca en la necesidad de aceptación paterna el origen de la carrera electoral del hoy presidente, encontrarán en la apelación a la “angustia" de separación independista una actualización subconsciente de la relación Mauricio-Franco. La gente se divierte y explica el mundo como puede, qué va'cé. De todos modos, es una suerte que no exista un Manes de la psicología histórica o histérica que, aprovechando el giro histórico psi de Macri, en su necesidad de agradar al Rey jubilado —¿otra actualización? Basta—, largue una gira mediática buscando explicar a través de la castración, el edipo o el Ello las razones de acontecimientos de nuestra historia.

Como no existe, Los Huevos y las Ideas quiere colaborar y acerca a sus pacientes lectores una serie de títulos para los libros que generarán el boom del revisionismo histérico, permitiendo así una breve recuperación de la actividad editorial (más aún, si aparecen los morlacos, acá estamos dispuestos a escribir cualquiera de los libros que a Grijalbo o Sudamericana les parezca interesante. Y a salir de gira mediática también, que los Manes sobran pero faltan los capitalistas). Basta de cháchara, aquí van los próximos éxitos editoriales de la colección La Historia Argentina que Freud No Nos Contó. Chupala, Félix Luna:

— “Terapia breve en el manejo de la angustia de origen libertario". Alfaguara. 2016.

— “El edipo no resuelto de Sarmiento en el desagregado de sus expendios orgiásticos". Grijalbo. 573 pág. 2016.

— “Los componentes cognitivos displacenteros en la relación Oligarquía-Juan Manuel de Rosas". Emecé. 2016.

— “El proceso de socialización en ámbitos académicos ghettizados. Una experiencia en el Cardenal Newmann". Editorial Sudamericana. 2016.

— “Factores psicosociales influyentes en la conducta violenta durante la infancia y adolescencia de una Nación". Grijalbo. 2016.

— “Tabú e incesto en el proceso independista americano. ¿San Martín quería cogerse a la reina de España?". Emecé. 2016.

Consultas por el título de su agrado, por email. Hacemos envíos al exterior y a otros planetas también. Todo es Histeria.

lunes, 27 de junio de 2016

Sos vos, Martino

Lo primero que debió decir Martino luego de una nueva derrota en una final es “renuncio". Lo segundo: “buenas noches". El ostracismo no sería castigo suficiente y los estados modernos han abandonado esa sana costumbre medieval del destierro, así que descartados los castigos ejemplares, solo queda masticar bronca.

Tampoco existe un organismo que pueda ordenar la excomunión de Martino o romperle en pedazos el carné de DT, cuando la AFA no existe. No se trata de una metáfora, la AFA existe en Zurich solo porque aún no nos desafiliaron, pero Angelici, Tinelli, D'onofrio y la jueza Servini con anuencia de Macri están haciendo lo posible porque ello ocurra. Volvamos al fútbol.

Martino es un caso único: no existe otro DT que haya chocado tres equipos que contaran con Messi en cancha. Quizás cuando le realizaron el transplante capilar le injertaron los pelos a demasiada profundidad, afectando su lóbulo frontal; será un misterio que deba resolver la ciencia. Preferentemente post mortem y dentro de poco. Aclaramos que es joda porque con el macrismo no podés saber: lo lee un servicio, se lo pasa a un juez y te citan por cualquier pelotudez.

Ya en Santiago de Chile la Selección sufrió a Martino, quien eligió preocuparse antes por desactivar los circuitos chilenos que por generar fútbol. ¿La “idea"? Bien, gracias, con un poquito de tos pero haciendo reposo. Ahora, en Nueva Jersey, pareció haber comprendido y el equipo fue agresivo en el pressing, arriba. Pero nuevamente se equivocó. Puso en cancha a tres mediocampistas averiados: Di María, quien dio pena, Banega, que fue una sombra, y Biglia, quien debió ser ajusticiado por algún lone wolf yanqui munido de algún arma de repetición y, en cambio, jugó casi todo el partido con una parsimonia que recordó al peor Verón de 2002. Demasiada ventaja: Argentina solo recuperó espíritu, toque y presión con el ingreso de Kranevitter. Aún asi, durante la Copa, las eliminatorias o la anterior copa América, el equipo solo mostró un patrón de juego frente a equipos débiles. Jugó como Argentina debería únicamente frente a EEUU. Lo contraponés al juego asociado de Chile, con movimientos ensayados, ocupación de espacios más aprovechamiento de los vacíos y parecieran dos deportes distintos. ¿El problema es Messi que te obliga a no jugar al fútbol y solo pararte para ver qué hace cuando se la das? No, el problema es el DT que no los mueve para convertirlos en receptores. Con Martino en el banco no hubo nunca el compromiso que les supo arrancar Sabella para funcionar en bloque y no como espasmos individuales.

Luego, los imponderables del fútbol: un pésimo arbitraje, horrible, de un pelado brasileño que quería protagonismo y seguro que estuvo a favor del impeachment a Dilma. Argentina ingresó entonces golpeada al segundo tiempo, y Chile agrandada. La expulsión de Díaz había sido justa y la de Marcos Rojo, en cambio, no. La injusticia golpea y destruye el ánimo. La selección chilena, en cambio, asimiló la situación como un empate que te potencia. ¿Dirá Martino que no supo, no pudo o no quiso levantar la moral de su equipo? No creemos: no es tuitero ni tampoco juega a intenso de la política.

¿Cuánto habrán pesado en la cabeza de los futbolistas las pasadas finales perdidas? ¿O será que la mamá no los abrazó lo suficiente de chicos, Laura Gutman? Pesaron en la de Higuaín, que volvió a fallar como en Brasil pero nunca dejó de buscar y presionar. Pesaron en la de Agüero, que resolvió la que tuvo como el Pipa pero sin poner nunca ganas, como si el espíritu de Verón lo hubiera poseído al igual que frente a Alemania. ¿Pesaron en la de Messi al patear el penal o fue el cansancio? Lo cierto es que durante el partido, quienes no sintieron ese peso fueron los de mejor rendimiento: el propio Lionel, Romero, Otamendi, Kranevitter, Mascherano, Funes Mori y Mercado, que fueron, en ese orden, los mejores de la Selección en cancha.

Ahora renunció Messi, y ni el DT o quienes pelean por AFA se hacen cargo del mensaje. Rompieron al mejor del mundo. Hay que poner una bomba atómica y empezar todo de nuevo, si es que AFA no desaparece y la Selección termina jugando como los Globetrotters, para divertimento de los ganadores del modelo de la globalización. Deberemos sufrir a los que gritan “poné a los pibes que tienen hambre", a los que dicen “es sólo un juego, no pasa nada" y a Aranguren diciendo que al equipo le faltó energía y entonces hay que subir nuevamente las tarifas. A todos ellos, que los mee un elefante con diabetes insípida.

Nos vemos en Rusia2018, si llegamos.

viernes, 3 de junio de 2016

¿Keiko o PPK? Enfrentamiento entre matices de la Derecha en Perú

Este domingo, Perú elige entre Keiko Fujimori o Pedro P. Kuczynski, en la segunda vuelta de un proceso electoral que contó con algunas particularidades y otras situaciones que parecen de corte más tradicional para la política peruana.

No se trata de una disyuntiva entre modelos políticos. Nada hace pensar en que puedan existir grandes diferencias entre los programas económicos de Keiko o PPK. En las pasadas elecciones presidenciales existía temor por un posible cambio, cuando el actual presidente Humala triunfó en balotaje por muy escasa diferencia frente a la hoy más probable ganadora hija de Alberto Fujimori. En un contexto latinoamericano distinto, con un Brasil bajo un PT poderoso, con el FpV dominando la escena Argentina, Ollanta, ex aliado del chavismo y luego del Partido dos Trabalhadores, lideró un gobierno que se apartó poco y nada de los lineamientos fijados en los '90 por el fujimorismo, profundizados luego por Toledo y Alan García: apertura económica, TLCs, inversiones extranjeras y una distribución desigual de la renta. Aún así le reconocen a Humala un gobierno solidario que lideró una reforma educativa que muestra algunos resultados.

Retratamos algunas particularidades de estas elecciones en un posteo anterior, apuntemos ahora algo sobre este ballotagge y las continuidades.

El establishment peruano tomó claro partido por su candidato, Pedro Pablo, cuando en el primer turno la preocupación era bien otra y se llamaba Verónika Mendoza, la candidata más a la izquierda del sistema y la que prometía revisar concesiones mineras. Se descontaba el primer puesto de Fujimori, y para este momento la carta a disputar tendría al antifujimorismo como figura. Pero antes un interrogante: ¿qué ocurrió para que un país que tuvo una importante tradición de izquierda se debata entre matices derechistas? Uno nacionalista —Keiko— y otro más liberal o pro mercado —algunos sindican a PPK como el candidato de la Embassy—. Para no extendernos, dos nombres: Velazco y Alan García en los '80. El primero como dictador, el segundo como presidente democrático, protagonizaron ambos gobiernos de corte estatista y antiimperialistas. La hiperinflación y la guerrilla de Sendero Luminoso, con secuestros, muertes y migración interna desembocaron en Fujimori (padre) y el Perú de hoy, integrante de la Alianza del Pacífico.

En el reparto de votos de la primera vuelta, Keiko Fujimori ganó en Lima y en todo el norte a excepción de Cajamarca. La base de sus votos estuvo en los sectores D y E, los más pobres. Durante su gobierno, Fujimori padre no sólo liberalizó la economía peruana sino que desplegó, además, un aparato clientelar de soporte para las clases populares. El recuerdo del triunfo sobre Sendero, el despliegue del aparato durante estos años y un gran trabajo territorial —Keiko fue la única candidata que recorrió el país desde su derrota frente a Humala— explican los resultados y la probabilidad cierta de su triunfo.

Kuckzynski es, en cambio, un hombre del establishment. Acompañó a Vargas Llosa en su fallida aventura política y fue luego ministro de Alejandro Toledo. Tercero en las pasadas elecciones, segundo en esta primera vuelta, será en balotaje el depositario del voto antifujimorista. Su base son los sectores A y B: ganó solo en Arequipa y fue segundo en Lima y en otros departamentos. Así como Keiko debió luchar contra el antifujimorismo, PPK debió enfrentar la percepción de que gobernará para los ricos. Si el desafío de Fujimori asienta en un clivaje político, el de Kuczynski es claramente económico.

La encuestadora IPSOS fue entregando simulacros electorales durante los pasados tres domingos. Todos le otorgaron una ventaja creciente a Keiko: medio punto primero, casi cuatro luego y poco más de 6% en la última medición. ¿Está todo dicho entonces? Probablemente, pero no deberíamos descartar una sorpresa: ninguna encuesta daba ganador a Humala en el último ballotagge presidencial; ser si bien la diferencia entonces era menor y dentro del margen de error.

No solo porque su hija pueda ser la próxima presidenta es que estas elecciones tienen a Alberto Fujimori en escena. Los cortes clasistas del voto y las estrategias desplegadas por ambos sectores rememoran el enfrentamiento entre Fujimori (padre) y Mario Vargas Llosa en 1990. Hace 26 años un ignoto hijo de japoneses derrotó al Nobel de Literatura representando a los pobres vs. los blancos ricos. PPK es hoy Vargas Llosa para el clivaje sectores bajos/altos. Pero si en 1990 el voto “anti" castigó también al escritor, ahora es Keiko quien lo sufre, y PPK recibe la adhesión de todo el arco político —incluida Verónika Mendoza— para evitar el regreso del autoritarismo y la corrupción con que el imaginario político peruano recuerda al fujimorismo de Alberto. El domingo sabremos qué clivaje prevaleció, si el político para alegría de PPK o el socioeconómico en beneficio de Fujimori.