Suena a frase del
Rabino Bergman o
Narosky pero es -lamentablemente- la descripción que mejor le sienta a
River. Veamos antes por qué ganó
Vélez.
A pesar de que la última línea del equipo de Liniers no es lo que era (como la vieja mula), tuvo Vélez al mejor hombre de la cancha:
Ricky Álvarez: criterio, ubicación, despliegue, corte, distribución, muchas ganas y la jugada del gol de la victoria. Se destacaron
Moralez y también
Silva, que parece un refugiado de guerra cuyo único alimento es el gol. El primero fue un regalo. El segundo, compartido.
Mala tarde la de
Chichizola, quien venía sosteniendo un nivel de Seleccionado juvenil. Responsabilidad en el primero, el segundo puede ser atribuído al infortunio y a la confianza perdida luego del primer gol: falló en retener la pelota ante Álvarez. Disculpemos al arquero: el recurso de pasársela para que patee es una orden que viene de arriba.
En la cabeza del equipo millonario podemos descargar las mayores responsabilidades. Pero veamos primero a los jugadores. Los únicos que tienen hambre de gloria son, no casualmente, los más grandes:
Almeyda y
Pavone. Jugó un buen partido
Pereyra también. El resto del equipo juega para cumplir. Le da lo mismo perder que empatar. Ahora sí, preparate
Jota Jota. Después no digas que no te avisamos. Un DT se expresa mediante la conformación del equipo: nombres y esquema táctico. También por los cambios. En todo falla JJ: el equipo está armado para no perder. Los nombres elegidos se disponen para la defensa del cero propio antes que para vulnerar la valla contraria.
El peor hombre de la cancha, hoy, fue
Acevedo. Y River lo sufrió, ya que es el ex jugador de San Lorenzo el encargado de iniciar las jugadas de ataque. Es el encargado del primer pase, el que debe llegar a los pies de
Lamela o
Lanzini.
Llegado el momento de los cambios, en lugar de optar por Acevedo, el DT elige a Lamela para que entre el jugador estrella del Barcelona, cedido a préstamo para que no opaque a
Messi o
David Villa: el paso cansino y displicente de
Caruso es digno del Camp Nou. Es demasiado para el Monumental.
Luego Jotajota debe -a esta altura no se puede saber si alguien quiere- hacer ingresar a
Buonanotte. Sale Lanzini.
"¿Y Candela?" "¿Y la moto?": son las preguntas que deben flotar en la mente del DT antes de decidir un cambio. Está perdido.
River tuvo dos partidos de local, ante rivales que también transpiran en las copas, y, de seis puntos, pudo cosechar sólo uno. Demasiado poco para quien pelea contra el fantasma del promedio. River jugó ambos partidos como si fuera visitante. Así nos va.
Poné a Riquelme, la putáqueteparió.