A esto:
Las relaciones entre nuestro país y los EE.UU. fueron signadas, en primer término, por la teoría del realismo periférico abonada por Menem (& Co.); luego, por aquella cumbre marplatense en la que Kirchner, Lula y Chávez -como actores estelares- dieron por tierra con la pretensión norteamericana de sumar Latinoamérica al ALCA. Tuvo que conformarse desde entonces, la gran potencia, con influir en la costa oeste del subcontinente. Esa influencia también está declinando, visto el acercamiento de Santos a la UNASUR y el triunfo que significó para la nueva izquierda latinoamericana Ollanta Humala en el Perú. EE.UU., ahora, luego de dedicarse con fruicción a rapiñar en Medio Oriente, enfoca su mirada geopolítica en África. Libia primero, ahora Uganda y más tarde el Congo y la República Centroafricana.
Pero retornemos a Latinoamérica. Puedo asociar, libremente, dos momentos a esa cumbre en Mar del Plata. Uno, el pliego de condiciones de Escribano a Kirchner en 2003, que listaba, entre sus puntos, un alineamiento incondicional con Norteamérica. El otro momento es más personal. Recuerdo a un respetado profesor, quejándose en clase, ya en 2008 claro, de nuestra no alineación con los EE.UU. Rememoraba con bronca esa Cumbre de 2005. Siempre me resulta extraño encontrarme con esa circunstancia. No por rara, que no lo es, sino por la persistencia de esa cultura colonial en nuestra sociedad. Sí, los TLC pueden traer prosperidad en el muy corto plazo. Los números del crecimiento peruano lo certifican. Pero también, a mediano plazo y largo plazo, constituyen un escollo para el acortamiento de la brecha entre pobres y ricos, ya que son tributarios de esa teoría fallida del derrame. Las recientes elecciones en Perú, en las que ganó un populismo de izquierda prometiendo redistribución, son también prueba de ello.
Así, en este desarrollo de las relaciones bilaterales con la potencia del norte, los EE.UU. no perdonaron ese maltrato a Bush en 2005. Tiene razón Morales Solá. Pero eso no impidió que Argentina pudiera desembarazarse del Fondo Monetario y renegociar su deuda externa con la quita más importante hasta entonces. Hoy, EE.UU., y Barack Obama, jaqueado por la crisis financiera y un índice de desempleo de dos cifras, por los Republicanos en el Congreso y por el movimiento de okupas de Wall Street, con su popularidad a la baja y pensando en revalidar su mandato por otros cuatro años, da por finalizado el periodo iniciado en 2005 y solicita un encuentro con nuestra Presidenta. Se invirtieron los roles y, si bien puede ser festejado, creo que más importante resulta entender que la sensata política exterior argentina, llevando a nuestra dignidad como Nacion por bandera, ha sabido transitar un camino que le devolvió a nuestro país el merecido respeto en la comunidad internacional. Argentina es hoy más importante en los foros internacionales que cuando, con Menem, nos constituímos en el alumno perfecto del FMI. Entonces sí que eramos los perfectos idiotas latinoamericanos.
