
Los comicios peruanos colocaron a Ollanta Humala y a Keiko Fujimori en segunda vuelta. Se trata de una gran victoria para Humala, quien en diciembre marchaba 4to. en las encuestas, pero no significa que haya ganado aún: en 2006 también triunfó en primera vuelta para caer derrotado luego a manos de Alan García. El líder nacionalista aprendió la lección: ayer, cuando se conocían los primeros datos declaró que estaba dispuesto a dialogar:
“Estamos dispuestos a ampliar, hacer una gran mesa de gobierno con todas las fuerzas políticas, sociales y laborales que quieran trabajar con nosotros en este proyecto”, aseguró en declaraciones a América TV.
“Nosotros estamos dispuestos a hacer muchas concesiones por la unidad del Perú”.
Movida a la vez inteligente y necesaria, ya que Keiko Fujimori tiene, a priori, más coincidencias ideológicas en el plano económico (no así en el político) con las fuerzas que llevaron como candidatos a Alejandro Toledo, Pedro Pablo Kuczynski y Luis Castañeda.
Creo que sería apresurado decretar que en Perú ganó la izquierda, perdió la derecha y se rechazó el modelo económico neoliberal. En cuanto al primer punto, a pesar de que Ollanta propone temas relacionados con la izquierda latinoamericana actual, ni él ni ningún otro candidato apeló a una dicusión ideológica tanto como al honestismo o a medidas concretas y coyunturales. No podemos tampoco decir que perdió la derecha y el neoliberalismo, si colocó en segunda vuelta a Keiko Fujimori, hija de quien dió el puntapié inicial de un modelo luego mantenido por Paniagua, Toledo y García.
Creo no equivocarme si digo que las campañas apelarán en gran medida al miedo del votante: por la posición nacionalista y tibiamente socialista de Humala y por el pasado del fujimorismo, tan alejado de lo institucional. Para el 5 de junio falta mucho y tanto Ollanta como Keiko deberán tejer alianzas con los candidatos derrotados. Del resultado de las mismas, me atrevo a decir, saldrá el próximo Presidente o próxima Presidenta del Perú.




