lunes, 4 de abril de 2011

El Flaco y Feinmann

Ayer Página/12 publicó parte de lo que será el libro en el que José Pablo pintará sus encuentros con Néstor Kirchner. En ese primer encuentro ya Kirchner le cuenta a JPF cuáles serán los ejes de lo que será su ejercicio de la Presidencia:

1. Unidad latinoamericana:

"No creo que hoy –hoy, eh– construir poder sea algo posible de reducir al ámbito nacional. Y con esto vamos a la cuestión de América latina. Acá ya nadie se libera solo".

2. Recuperación de la investidura Presidencial:

"Pero es cierto. Un Presidente ya no tiene credibilidad. Me la tengo que ganar".

3. Creación de empleo y recuperación de la dignidad del trabajo:

"La pobreza es indigna. Menem humilló a los obreros. Los transformó en mendigos".

4. Recuperación de la política como articulador de lo económico y lo social:

"¡Claro! Miralo a Menem. Les dejó el país a los economistas. Lo hicieron mierda".

5. Gobernar desde las convicciones:

"...soy bravo, peleador. Voy a tratar de armar un gran quilombo antes de que me saquen de aquí. ¿Y sabés cómo me sacan de aquí? De aquí me sacan con los pies para adelante. Solamente así".

Y cumplió, el hijo de puta. Porque para pensar así y para llevar adelante esas ideas había que ser un hijo de puta en la más maravillosa acepción del calificativo. Había que estar loco para querer

"Meterles el dedo en el culo".

domingo, 3 de abril de 2011

Elsa Bor de Lencuentro con el triunfo

Sí, es malo el chiste como título.

Cortito: River no juega mejor o peor cuando funcionan Acevedo y Almeyda: juega o no juega. En los dos últimos encuentros la pareja central, el corazón del equipo, anduvo mal y River no progresó en el campo. Hoy, en cancha de Quilmes, pudimos ver ambos ejemplos: un primer tiempo en gran nivel (los primeros 25 minutos) y un segundo tiempo apagado del Negro y el Pelado que coincidieron con el nivel de River en ambos momentos del partido.

Para que Aníbal Fernández no me deje de mandar el cheque: Quilmes tuvo ocasiones varias en las cuales descontar. Estuvo más cerca del segundo que del primero. Impericia de sus delanteros, reflejos de Carrizo y la mala suerte le impidieron al Cervecero conseguir un resultado.
Extraño en Caruso Lombardi: pone hombres de buen pie en mediacancha. ¿No tiene los suficientes picapiedras para armar un esquema más carusolombardiano?

Le vengo cayendo a Jota Jota: hoy también demoró los ingresos de Lanzini y Funes Mori. Pero creo que puedo ser un poco más generoso: a pesar de la disposición defensiva de la formación, el equipo evidencia una clara mejora y una búsqueda de juego asociado arriba que hoy se vió coronada con el gol más bonito de River en mucho tiempo: el de Ferrari en posición adelantada, je.

Miren al perro, qué lindo caniche toy lleva en brazos...

sábado, 2 de abril de 2011

Manual de conducción política para pedir helado en una reunión social

¿Quién no ha vivido ese tenso momento, luego de zamparse el último bocado de asado en una reunión familiar o de amigos, en el que alguien -inocentemente, como quien tira una idea interesante-, mientras mira a su alrededor para calibrar la recepción al interrogante, dice: "che, ¿pedimos helado?"? Es en ese momento que murmuro: "maldito sea Satanás y maldito seas tú, que buscas sólo la disolución del grupo familiar o del círculo de amistades; pilares, células ambos del tejido social todo". Sí, me la doy de sociólogo hasta cuando hablo conmigo mismo, ustedes perdonenmé.

En fin, el tiempo que transcurre entre la fatídica pregunta y la decisión final es directamente proporcional a la cantidad de pelotudos que se encuentren en la habitación. Mientras más pelotudos hayan, mayor será la demora para una respuesta que debería ser automática: "si, ¡pedí ya, la concha de tu madre!". El "la concha de tu madre" es opcional: depende de la estrechez del vínculo que una a los sujetos involucrados. O a las sujetas involucradas, ¿por qué no?


En una reunión familiar el asunto se liquida con relativa facilidad: generalmente un integrante de la familia es el encargado de cambiar los focos quemados, otro es quien se ocupa de ponerle agua y alimento al gato y putear a los que lo patean, un tercero es el responsable de poner música a la siesta para cagarles la ídem al viejo y al abuelo y, con seguridad, el más boludo de todos se encarga invariablemente de pedir el helado cuando la ocasión lo amerita. Hay que decirlo: insalubre labor la de ese abnegado patriota: la cantidad de gustos a pedir es finito y el nivel de hijadeputez de los integrantes del conciábulo puede ser infinito.

O lo que es lo mismo: siempre estará el o la hija de puto o puta que recordará todas las veces en las que tuvo que bancarse la frutilla de la nona y ahora quiere pedir, por una vez, su helado favorito: crema de maracuyá a la caipiroshka, sabor que probó una vez en una heladería artesanal, de vacaciones en Brasil. Pobre del que intente convencerlo de que es más fácil conseguir la paz mundial que ese sabor, un domingo a la siesta, en San Miguel de Tucumán.

En una reunión social, de amigos o conocidos, pedir helado puede convertirse en una tarea titánica, más complicada aún que enseñarle logaritmos a Belén Francese. A ella se le da mejor la poesía automática. Algo así como estos versos que siguen:

Heladero querido y amado
cualquier sabor usted ponga
me gusta tanto el helado
como lamer una buena (censurado)

En fin, es lo que siempre digo: en este país no hay libertinaje de expresión. Vivimos, finalmente y para horror de Mariano Grondona, en una dictadura del proletariado psicobolche. Volvamos al Tratado Político sobre Cómo Pedir Helado un Domingo a la Siesta en una Ciudad Capital de Provincia.

Decía que, en un grupo de amigos, conseguir que se pongan de acuerdo con respecto a los sabores es más difícil que conseguir un premio Clarín para Orlando Barone. O que -insistimos- Orlando Barone acepte las recomendaciones del personal de vestuario y deje de usar esos buzos y remeras espantosas. Pero a no desesperar, querido lectores, que a partir de esta lectura pedir el delivery de helado será tan simple como encontrar videos pornográficos en internet. O quizás más aun. Este pequeño manual es la respuesta definitiva para tan acuciante dilema. Ya no deberás renegar con esa amiga que quiere sabor durazno al agua para cuidar la figura o con el primo de ese amigo, que vino de colado e insiste con pedir sólo un kilo para dieciocho personas porque es un agarrado. No, estimado y paciente lector: la solución para evitar tanta discusión estéril es pedirle a cada uno de los presentes que enuncie su simpatía política.

Aunque las abuelas suelen decir que de religión y política no hay que hablar en la mesa, veremos por qué las inclinaciones políticas de los participantes nos ayudarán en esta desesperante situación, ya que si se trata de un:

  • clasemediero que intenta parecer oligarca: querrá pedir pasas al rhum o kinotos al whisky.
  • oligarca propiamente dicho: insistirá con pedir vainilla o crema del cielo.
  • progre: cantado que solicitará crema americana con frutilla a la crema.
  • kirchnerista: el sabor que elija Cristina habrá sido su favorito desde niño.
  • setentista ex montonero o estudiante de filosofía y letras: querrá pedir sambayón (dato posta).
  • radical: será el hazmerreir de la reunión y no lo escucharán cuando tímidamente pida cerezas al marraschino.
  • troskista: esperará a saber qué helado quieren todos y luego los denunciará por someterse a los designios capitalistas del empresariado heladero que impide la libre elección de sabores listando a todos cual si fueran ganado para ser arreados hacia un futuro clasista de expoliación rentística de la plusvalía.

Es por eso que el peronista deberá inflar el pecho y decir con autoridad: "¡Basta de pelotudeces, que mierda! ¡Voy a pedir yo y se acabó! Todos van a comer chocolate y dulce de leche granizado y al que no le guste que me diga algo y va a ver... ¡Y viva Perón, carajo!". Luego esperará el aplauso cerrado, que no llegará porque los comensales estarán ocupados comiendo el helado y mascullando insultos por lo bajo acerca de la prepotencia antidemocrática del justicialista de marras.

* Es una contribución más de Los Huevos y las Ideas para el entendimiento de los argentinos.
* Le debo este post a Mundo Aquilante.

Ayudemos a Clarín

Porque desde que lo escuché a Lanata decir que es "sólo un diario" me puse a reflexionar. Quizás Jorgito tiene razón y Clarín no es nada más que un pobre diarito, chiquito y asustado, tiritando de frío y miedo. Algo así como un Oliver Twist pero con posición dominante en el Mercado.

Es por eso que decidí abrir mi corazón y tenderle mi mano al Gran Diario Argentino. Es obvio que por haber despedido a los correctores y confiar en el Word 97 su nivel es cada vez peor y creo que allí reside la explicación para la tapa de hoy. Imbuído de este espíritu colaborativo le acerco entonces a los muchachos clarinistas la corrección del titular de hoy. De nada, chicos. Sé que el diario ya está en la calle, pero pueden, por lo menos, subsanar su error en la edición digital. Ni se gasten en agradecerme, en serio. Besitos.



Acá el original.

Acá Manuel hace la comparativa entre el tratamiento que le dieron Clarín y Tiempo Argentino al aumento del mínimo imponible para el impuesto a las ganancias. Y la prueba de que hasta Blogger se da cuenta de que Clarín miente:

¿Al final cuándo fueron las elecciones, que no me enteré?

Ya en el 2009 Clarín había dicho que las elecciones nacionales se adelantarían para el 10 de marzo de 2010. Claro, el oficialismo tocaba fondo en las encuestas de opinión, y desde el think tank opositor se relamían los colmillos frente a la posibilidad de una entrega anticipada del gobierno.

Llegó el 10 de marzo de 2010. Fui a la escuela en la que voto, a ejercer mi derecho y mi deber cívico y -oh, sorpresa- el portero me miró primero con cara rara, luego pensó que estaría mal informado y al final me despachó con un "rajá, chango, no rompa' la' bola' que estoy laburando, ¿queré'?". Al grito de "¡Magnettista hijo de puta! ¡Portero, basura, vos sos la dictadura!", me retiré, apesadumbrado, triste, solitario y apesadumbrado una vez más.

Resulta entonces que el 28 de marzo del año pasado, luego de las frustradas elecciones anticipadas, Clarín echó a rodar, nuevamente, el rumor del adelantamiento de las elecciones: iban a tener lugar en marzo de este año.

Durante todo el mes tuve mi documento a mano, listo para ir a votar por la compañera Presidenta. Seguramente la fecha del comicio fue anunciada el domingo pasado, día en que la libertad de prensa murió un poquito, la de expresión agonizó, a la democracia le dió un patatús y las instituciones republicanos necesitaron una transfusión de glóbulos rojos. Por eso no me debo haber enterado. ¿Ya ganó Cristina, che?

viernes, 1 de abril de 2011

Más sobre la regulación de contenidos web propuesta por el PRO


Hablé del proyecto del diputado Pinedo para controlar los contenidos en Internet antes acá. Parte de ese post fue citado por esta web, Derecho a leer, de la que extraigo los párrafos citados a continuación (las negritas y rojitas son mías):

"Este proyecto de ley, una mala copia de la Ley Sinde, en realidad trata de responder a una problemática cada vez más frecuente para los proveedores de servicios: la responsabilidad por los contenidos de terceros. Las cartas de intimación legal mandadas a los proveedores de hosting, o la denuncia a blogeros por los comentarios dejados por terceros, y similares, son la punta del iceberg de una problemática emergente. El debate legal es siempre árido y suele dividirse entre los grados y tipos de responsabilidad; si es subjetiva u objetiva y así sucesivamente.

Lo cierto es que el proyecto de Pinedo ni siquiera merece semejante debate, porque la premisa de la cual parte el proyecto está errada. En principio, no es función de un proveedor de servicios, de un ente comercial o no comercial, cumplir funciones de policía. Es sabido que el PRO tiene afinidad particular por este tipo de propuestas, tales como «Compromiso Vial Ciudadano», pero lo cierto es que no es responsabilidad ni de un ciudadano ni de un ente comercial, determinar la «ilegalidad» de un contenido del cual, en principio, no debería ni siquiera saber de qué se trata. De lo contrario viola derechos tales como la privacidad de las comunicaciones, establecidos en la Ley de Telecomunicaciones de Argentina y adherido sucesivamente en otros pactos internacionales".

Más info acá.

* La imagen es de Derecho a leer.

(Microcuento) El diario que ya no puede hacer llover


Juan Baigorri Velar, "el mago de la lluvia" o "el hombre que hacía llover" fue un ingeniero argentino, inventor de una máquina que -aseguraba- provocaba precipitaciones. Cuentan que en una ocasión hizo llover en Santiago del Estero, luego de 16 años de sequía. Cuentan también que le arruinó la siesta a varios. Cuando años después un norteamericano le ofreció dinero por su invención respondió: (fuck you, yanqui del orto. Goujom!) "Soy argentino… Y mi invento es para beneficiar a la Argentina". Un grande.

Como Baigorri Velar antes, y así de grande, hasta no hace mucho existía en la Argentina un diario que -aseguraban- podía también modificar el clima. Nadie quería contradecirlo porque -decían con recelo y en voz baja- con cuatro o cinco tapas negativas modificaba lo que marcaba el barómetro y el agua podía llegarte hasta el cuello. Ese gran diario no era sólo capaz de hacer llover: también podía hacer que brillara el sol para aquel que quisiera seguir sus dictados. Era tal su potencia que podía modificar hasta el clima electoral, vea oiga lo que le digo.

Por esos años, el saber popular tenía una sentencia para dar cuenta de su poder: "nos mean, y los medios dicen que llueve", decían no sin razón. Había -hay algunos todavía- que con esperanza levantaban su cabeza al cielo para beber de esa lluvia que imaginaban purificadora, incapaces de reconocer el sabor amoniacal del orín.

No tan atrás en el tiempo prestó sus servicios a un candidato bastante aburrido. Lo hizo Presidente y lo apoyó porque cumplía sin chistar los mandatos que el diario bajaba. Lamentablemente, luego, tuvo que soltarle la mano: sus lectores perdieron la paciencia y comprensión que el diario, desde sus páginas, pedía. El aburrido voló. Al mismo tiempo, algunos lectores comenzaron a sospechar que eso que decían algunos mayores era cierto: el diario podía modificar el clima, pero sus métodos y tácticas distaban enormemente de ser deportivas.

Llegó, poco después, uno que se dijo bombero y piloto. El gran diario también fue sustento para él, y recibió grandes beneficios a cambio. ¡Por fin volvía a reinar la armonía! Pero he aquí que el bombero/piloto mutó en policía de gatillo fácil y, aunque el diario quiso responsabilizar por los muertos a la crisis, quien era la cabeza del Poder Ejecutivo tuvo que anunciar su retiro anticipado. Apremiaba construir un candidato que siguiera los lineamientos establecidos: alguno vió algo raro, otro no movilizó; finalmente -cosa rara- un pingüino fue ungido delfín.

Mientras el hombre del sur tuvo el respaldo del gran diario, su popularidad opacaba aún a la de aquel barrilete cósmico. Como todo lo que tiene un principio tiene un fin, llegó el momento de la sucesión. El diario, un simple diario, quería que el patagónico fuera reelegido. Éste contradijo al gran diario y al pingüino le siguió una pingüina, emigrada hacía mucho desde la ciudad de las diagonales.

Duró poco ese amor. Como era su costumbre y como su poder se lo permitía, el diario modificó el clima. Subió la presión atmosférica, cesó el viento helado que llegaba desde el sur y, como en la Biblia, el diluvio duró más de tres meses. Ahora los nuevos héroes nacionales eran hombres de alpargatas, bombacha, pañuelo en cuello y al frente de cuatroporcuatros. Los sensores climáticos registraron una alta carga de potenciales eléctricos. Aunque los truenos, rayos y centellas surcaron la atmósfera, la pingüina no se avenía a claudicar. Como nunca antes nadie, presentó pelea. Los editores del diario se miraron entre ellos, extrañados. ¿Qué hace esta loca? -se preguntaron- ¡Andá a comprarte zapatos y carteras, mamita! -le dijeron. Muchos hicieron los coros de esa canción, que fue el hit del verano/otoño/invierno de 2008. Algún despistado aún la tararea de vez en cuando.

La pingüina, junto al resto del pingüinaje, denunció el accionar del diario controlador del clima. Usó la vía legislativa pero lo más importante, lo fundamental, fue que puso -a quienes soportaban las inclemencias del tiempo- a debatir sobre la necesidad o no de las lluvias provocadas, sobre la conveniencia o no de los rayos y truenos creados por ese gran diario. Convirtió, de esa manera, al clima en una cuestión de interés general.

El diario no se resignó. No sería propio de él hacerlo. Invirtió en otros candidatos. Al principio apostó por uno muy Bobos; luego abrió el abanico, a la espera de que alguno se desmarcara del pelotón. Intentó con el candidato que había visto algo raro, puso de su bolsillo para el bombero/piloto, protegió siempre a los hijos de sus papás, Little Richard y el Bostero, y también a un nieto que -convengamos- viene de una familia muy rara, ya que vivían de la Casa (de su) Tía que era, en realidad, propiedad de su abuelo.

Llegamos así hasta nuestros días. El diario es todavía capaz de provocar chaparrones aislados pero carece de esa potencia de antaño. Se encuentra, además, algo desorientado. Se debate entre seguir apoyando a candidatos perdedores o disparar hacia el interior de la pingüinera que lo emasculó. En mejores tiempos una tapa en blanco hubiera significado la última tapa de alguien. Hoy son muchos los que saben que cuando los medios dicen que nos mean puede tratarse, en realidad, de una llovizna.

El diario, en algún momento del camino, extravió la máquina del mago de Villa Luro. Baigorri Velar vuelve a ser el único capaz de modificar el clima. El gran diario perdió esa habilidad y, lo más triste para él, es que lo sabe.

Esta historia aún continúa...