Era lógica y necesaria un renovación, un insuflo de aires nuevos en el periodismo opositor. Bienvenido. Lucrecia Bullrich, en La Nacion, es uno de los exponentes de lo que podrá ser el
nuevo periodismo, que será similar al viejo en cuanto a la defensa de iguales intereses pero gozará de la ventaja de un prontuario limpio y reflejos menos anquilosados que sus predecesores.
Casi desde la pelea por la 125 y hasta las elecciones de junio de 2009, comicios que -como ya dijimos antes- fueron
ganados por la prensa opositora antes que por los candidatos políticos, los medios opositores encontraron oídos abiertos y conciencias permeables a su discurso. Luego, con el debate por la Ley de Medios -antes que su sanción misma-, les resultó complicado sostener su posición cuando empezaron a hacerse públicos los engranajes con los que ponían a rodar ficciones y operaciones de prensa. Si la sociedad había decidido -en parte gracias a la bajada de línea mediática- castigar al kirchnerismo el 28J , la sociedad conoce ahora la manera en que el
periodismo independiente sesga la realidad para acomodarla a sus intereses.
Un nuevo ejemplo de ese sesgo es la nota de la mencionada Bullrich
"Cristina, entre el fuego amigo y la pólvora mojada", que cabalga sobre un perfecto resumen de los argumentos opositores con los que intentan
abrir grietas dentro de la coalición de intereses que sostiene al oficialismo. Estos serían el límite que estableció Urtubey con el gobierno nacional luego de ganar las elecciones o, traducido, el límite que algunos pondrían ante tanta
"intromisión" moyanista en cuestiones políticas y no sindicales. La mención a la apuesta por Wayar va en el mismo sentido. Otro argumento será, como ya
dijimos también antes, las disputas hacia el interior del gabinete. En esta ocasión, sobre las palabras de Garré buscan un enfrentamiento con Aníbal Fernández. Mejor trabajo, Lucrecia, hace Artemio con Filmus. No creo que sea para tanta preocupación pero te agradezco. Y sí, como no podrá faltar en cualquier análisis opositor de acá a octubre, el enfrentamiento del nuevo actor,
la juventud, con la CGT, con el peronismo territorial o con el empresariado.
Subyace en la nota
la apelación al miedo a que todo se desmadre por peleas intestinas. Es claro, si esperan que los opositores políticos sean capaces de escalar en la consideración social podrán estar esperando hasta el 2030, como mínimo.
Lo que me parece interesante es que, al contrario de -por ejemplo- Leonardo Míndez en Clarín, Bullrich no parece escribir desde el odio sino intentando reflejar la realidad como la puede entender alguien que no dispone de toda la información. Es un paso adelante para La Nacion.